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Autor: Redacción (página 1241 de 1372)

Las armas utilizadas en los atentados de París proceden de la CIA

El diario estadounidense Palm Beach Post informa que una pistola semiautomática M92 utilizada en el ataque terrorista de París fue vendida por la empresa Century International Arms, que tiene su sede en Delray Beach, Florida. Es una pantalla de la CIA que comercializa armamento militar sobrante, no solamente del ejército estadounidense sino de terceros países.

En 2011 las comunicaciones interceptadas por WikiLeaks indicaban que la empresa vende armas a “intermediarios no autorizados”, uno de los cuales es un traficante israelí de armas.

No es la primera vez que Century aparece implicada en operaciones dudosas. En 2011 el Center for Public Integrity denunció que centenares de fusiles rumanos WASR-10 (una variante del famoso Kalachnikov ruso) que la empresa de Florida comercializa han aparecido también en crímenes cometidos en México por los cárteles de las drogas.

El Palm Beach Post asegura que al menos siete de las armas utilizadas o descubiertas tras los atentados de París del 13 de noviembre proceden de una fábrica serbia gestionada por Century.

A finales de los ochenta, durante el escándalo Irán-Contra, directivos de dicha empresa y el antiguo policía John Rugg declararon a una comisión del Senado de Estados Unidos que Century suministraba armas, incluidos cohetes y lanzagranadas, a los contrarrevolucionarios nicaragüenses.

Rugg dijo que la empresa estaba relacionada con Richard Secord, un general de la Fuerza Aérea que había trabajado para la CIA durante los bombardeos secretos dirigidos contra el Pathet Lao, durante la guerra de Vietnam.

Secord dejó el ejército de Estados Unidos en 1983 cuando se descubrió el tráfico ilegal con el antiguo agente de la CIA Edwin P. Wilson. Luego apareció implicado en el suministro de armas a la contrarrevolución nicaragüense junto con el coronel Oliver North.

Tras su proceso en 1989, North admitió que la Operación Tipped Kettle suministró armas a los contras nicaragüenses en contra de la enmienda Boland y que dicha Operación fue ordenada por William Casey, entonces director de la CIA, así como por el Secretario de Defensa, Caspar Weinberger.

El hecho de que la pistola M92 tenga relación con Secord y la CIA no demuestra que el espionaje estadounidense esté detrás de los atentados de París sino que es quien controla la mayor parte del tráfico de armas en todo el mundo y, en especial, a los grupos yihadistas.

Es otra demostración de que sin la intervención de la CIA y de sus pantallas, las armas no habrían llegado a las manos ni de los talibanes afganos, ni de Al-Qaeda, ni de los diferentes grupos yihadistas, como el Califato Islámico o Boko Haram.

http://www.mypalmbeachpost.com/news/news/crime-law/dealer-gun-linked-to-paris-attack-came-through-del/npgwf/
http://www.palmbeachpost.com/news/news/wikileaks-secret-cables-detail-delray-firms-role-i/nLxsM/

El Mossad asesinó con plutonio al dirigente palestino Yaser Arafat

El Mossad, el centro israelí de espionaje, asesinó al dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yaser Arafat, envenenando su café, informó el jueves el rotativo libanés Ad-Diyar.

El Mossad supo que el dirigente palestino empezaba el día con una taza de café instantáneo con leche. Infiltró a uno de sus mercenarios entre los guardaespaldas y le encargó mezclar el café original con otro que estaba contaminado con plutonio.

El infiltrado accedió a llevar a cabo esta tarea a cambio de una gran suma de dinero y de obtener asilo en occidente bajo una nueva identidad.

El plutonio fue administrado en pequeñas dosis para deteriorar la salud del dirigente palestino de manera progresiva, para de este modo no causar alarma y que no se descubriera que el Mossad estaba detrás de su muerte.

El mencionado diario asegura también que el infiltrado accedió a llevar a cabo esta tarea a cambio de una gran suma de dinero y de obtener asilo en Occidente bajo una nueva identidad.

Tras cumplir con sus órdenes y causar la muerte de Arafat, indica el diario libanés, el espionaje israelí ayudaron al infiltrado a someterse a varias operaciones de cirugía plástica para que no se le pudiese reconocer por sus rasgos faciales.

Según Ad-Diyar, el espía israelí viajó primero a Canadá y posteriormente a Estados Unidos, convirtiendo a Obama en encubridor del asesinato.

El pasado 11 de noviembre, la comisión palestina de investigación sobre la muerte de Arafat anunció haber identificado al autor del asesinato del dirigente palestino, y acusó al régimen israelí de estar detrás de su muerte.

“La comisión de investigación ha conseguido identificar al autor del asesinato del difunto dirigente Yaser Arafat”, se limitó a informar el jefe de la comisión, Tawfiq Tirawi, pero se negó a revelar el nombre del sospechoso o a difundir más detalles acerca de la investigación o la acusación.

Arafat murió el 11 de noviembre de 2004 a los 75 años. Para encubrir el asesinato, inicialmente no se efectuó ninguna autopsia, pese a reclamarlo su viuda, Suha Arafat.

Desarticulada una red israelí que traficaba con órganos de refugiados sirios

La policía turca ha arrestado a un israelí por vender órganos humanos de refugiados sirios en Estambul.

Boris Walker, también conocido como Boris Wofman, fue arrestado por llevar a cabo operaciones quirúrgicas ilegales con refugiados sirios en clínicas turcas.

Los clientes de la red recibían un órgano a cambio de pagar entre 70.000 y 100.000 euros, según la acusación dirigida contra él. Por el contrario, los refugiados sirios que donaban los órganos recibían una cantidad muy baja.

Wolfman estuvo buscado por la Interpol por tráfico de órganos en el pasado. Puso anuncios en periódicos rusos para encontrar a potenciales donantes y no explicó a los donantes los riesgos físicos y psicológicos que corrían. Además les negó cualquier información necesaria antes de tomar su decisión.

Wolfman fue acusado de tráfico de órganos humanos en el pasado en Kosovo, Azerbaián y Sri Lanka entre los años 2008 y 2014.

Entonces formaba parte de otra red dirigida e integrada por siete israelíes que llevó a cabo “decenas de operaciones” entre 2008 y 2014, según fuentes del Ministerio de Justicia israelí. Esta red explotaba la necesidad económica de los donantes y la angustia de los receptores para ganar grandes cantidades de dinero.

Uno de los miembros de la red, Avigad Sandlar, visitaba a pacientes en Israel con vistas de proponerles la adquisición de órganos de personas que vivían en Kosovo, Azerbaián y Sri Lanka.

El tercer inculpado, Moshé Harel, actuaba también en Kosovo con un médico turco, Yusuf Ercin Sonmez.

Un cuarto miembro de la red era el doctor israelí Zaki Shapira, considerado como un experto en materia de trasplantes de órganos. Fue jefe de servicios para este tipo de intervenciones en el Hospital Beilinson, cerca de Tel Aviv, hasta su jubilación en 2003.

El pasado año otro israelí, Gadelya Tauber, fue detenido en la ciudad brasileña de Recife. Estaba considerado como el jefe de una red israelí implicada en el tráfico de órganos humanos y en búsqueda y captura internacional desde 2009, cuando fue detenido en Italia y logró huir. Tauber llegó a bordo de un vuelo procedente de Sao Paulo y fue detenido por policías brasileños.

Durante estos cuatro años, Tauber circuló libremente por varios países como Israel, Estados Unidos y Canadá cambiando frecuentemente de residencia.

Según los cargos que constan contra él, el israelí organizó desde 2002 una red de tráfico de órganos a partir de Brasil. Él engañó a 47 brasileños de barrios pobres de Recife y Pernambuco para que le vendieran sus órganos. Estos últimos eran enviados al Hospital de Sant Agostini en Durban (Sudáfrica), donde sus órganos eran extraídos y transplantados en pacientes israelíes que esperaban sobre todo un riñón. Las víctimas firmaban una falsa declaración afirmando que los destinatarios de esos órganos pertenecían a su familia.

Cada operación proporcionó a Tauber y otros miembros de su red en Israel y Brasil una suma de 150.000 dólares estadounidenses. Los brasileños donantes recibían una pequeña suma de entre 5.000 y 30.000 reales brasileños (entre 2.200 y 13.200 dólares) por sus órganos. En total, la red se embolsó más de 4 millones de dólares por estas operaciones.

Tauber fue condenado por un tribunal italiano a 11 años y 9 meses de cárcel, pena que fue posteriormente reducida a 8 años y 9 meses. Cuando emprendió la huida, él debía todavía cumplir 4 años y 9 meses en prisión. El gobierno brasileño pidió la extradicción de Tauber a fin de que cumpliera el resto de su pena en Brasil.

Otras 12 personas fueron detenidas en Brasil como reclutadores de donantes. En Sudáfrica, 20 médicos y enfermeras que practicaban las intervenciones quirúrgicas han sido también detenidos.

Esta red de tráfico de órganos fue desarticulada en mayo de este año. Se dedicaban a vender en Israel los órganos humanos que obtenían en países como Kosovo, Azerbaián, Sri Lanka y Turquía.

Fuente: http://www.almanar.com.lb/spanish/adetails.php?eid=113958&cid=23&fromval=1

Provocaciones continuas hacia Corea del norte

Desde hace algunos años una de las diversiones favoritas de los gringos descerebrados consiste en hacerse detener en Corea del norte como una forma de provocación gratuita, de salir en algún programa de televisión y denunciar la terrible dictadura en la que viven los habitantes de Corea del norte.

Uno de esos descerebrados se llama Joo Won-Moon, un estudiante de 21 años de la Universidad de Nueva York que fue liberado el 5 de octubre de este año después de cumplir cinco meses de cárcel en Corea del norte.

El joven es de origen surcoreano, aunque reside permanentemente en Estados Unidos. Interrumpió sus estudios durante un semestre para viajar. En el transcurso de su periplo se le ocurrió la gracia de entrar ilegalmente en Corea del norte desde China, después de franquear una valla de alambre de espinos.

Interrogado por la CNN en mayo, cuando estaba preso, explicó que su acción no fue improvisada, sino plenamente deliberada: “Quería que me detuvieran”, explicó. En la entrevista el estudiante no demostró tener muchas luces en la cabeza:

“Pensé que entrando ilegalmente en la República Popular Democrática de Corea tendría lugar un gran acontecimiento y que con un poco de suerte eso tendría efectos positivos sobre las relaciones entre Corea del norte y Corea del sur”.

Joo Won-Moon no es el único ciudadano estadounidense que lo ha intentado.. En abril del año pasado Matthew Miller también entró ilegalmente en Corea del norte a través de China como turista. Dijo que era un pirata informático y que su objetivo era que la Marina de Estados Unidos abandonara de Corea del sur.

Le capturaron por dejar que su visado de tres días caducara y, aunque pidió asilo político, le detuvieron. Según la agencia de prensa coreana KCNA, tuvo la estúpida idea de vivir la vida de un preso para ser testigo de la situación de los derechos humanos dentro de las cárceles coreanas.

Fue condenado a seis años del cárcel, durante los cuales creía que podría aprovechar para discutir con los norcoreanos de una manera que el turismo convencional no permite. Pero tuvo mala suerte: le liberaron a los ocho meses.

En 2009 otro estadounidense, Robert Park, también se hizo detener al atravesar el río Tumen, entre China y Corea del norte, gritando “¡Corea y Estados Unidos os aman!” mientras rompía un retrato de Kim Jong-Il, que entonces era el Presidente del país.

Ls detuvieron y pasó 43 días en las mazmorras de Pyongyang, tras declarar a la agencia Reuters que no quería que Obama intercediera. Tras su detención, dijo que le habían violado y torturado.

Tras salir de la cárcel, Joo Won-Moon viajó a Corea del sur, donde le pueden volver a meter en la cárcel por viajar a Corea del norte sin permiso del gobierno, pero es muy posible que eso no lo cuente la prensa.

En una entrevista con “Daily Beast”, Robert Ascherman, estudiante de la Universidad de Nueva York reconoce que se siente aliviado y, al mismo tiempo, enojado: “Estoy contento por haber sido liberado pero creo que es una vergüenza que haya estaadoo detenido tanto tiempo. Seis meses de cárcel simplemente por habeer atravesado una frontera es absurdo y eso ha sido una experiencia difícil”.

Además de tonto, este estudiante es idiota. No sabe que su país estuvo en guerra con Corea del norte y que, como aún no se ha firmado un acuerdo de paz entre ambos países, él es un enemigo.

Fuente: http://www.thedailybeast.com/articles/2015/10/05/americans-are-trying-to-get-arrested-in-north-korea.html

Las guerras del Cáucaso (3)

Shamil Basaiev
La guerra de Chechenia forma parte de un plan de ruptura de los lazos entre Europa y Asia y, por intermedio de los independentistas wahabíes, un golpe de los imperialistas estadounidenses para reventar la Federación Rusa. A los imperialistas nunca les bastó con erradicar el socialismo de la URSS sino que necesitaban desmembrarla. Estados Unidos ya controla Azerbaián y Georgia, país que ha dado su apoyo en numerosas ocasiones a los independentistas chechenos, a pesar de que históricamente las relaciones entre georgianos y chechenos han sido tensas. En respuesta, los rusos apoyan en Georgia a los separatistas de Osetia del sur. Asistimos, pues, a un reacomodo estratégico en el que el control y dominio de la región del Cáucaso, Asia Central y sus reservas energéticas desempeñan un papel fundamental en la pugna entre las potencias imperialistas: Estados Unidos, de un lado, y la Unión Europea, de otro, con Rusia en medio.

Así lo explicó Mijail Alexandrov, especialista del Instituto CIS de Moscú, en el diario del Ministerio de Defensa ruso, Krasnaia Zvezda: “La situación en Osetia del norte precisa ser vista en el contexto de la creciente batalla por el control de la Transcaucasia entre Rusia y las potencias anglosajonas. Los anglosajones pretenden expulsar a Rusia de la Transcaucasia y, para ello, precisan desestabilizar la situación en el norte del Cáucaso y en Rusia en general”.

La desestabilización de Rusia mediante la manipulación de las tensiones políticas entre las poblaciones del Cáucaso y Asia central está en la pauta de Washington desde la época de la URSS. Una de sus primeras postulantes fue la francesa Helène Carrère d’Encausse, así como Alexander Benningsen, profesor de la Sorbona, y el orientalista británico Bernard Lewis.

Miembro de la Academia francesa, Hélène Carrère d’Encausse nació en París en 1929 con el apellido Zourabichvili. Proviene de una familia zarista que se refugió en Francia tras la Revolución de Octubre. Sus ancestros fueron funcionarios imperiales, llegado uno de ellos a presidente de la Academia de Ciencias en tiempos de Catalina II. Desde hace muchos años está considerada como una de las mayores expertas en asuntos soviéticos. Su obra más conocida, “L’Empire éclaté” (La explosión del Imperio) se publicó en 1978. En 1992 fue consejera del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, financiando las manipulaciones en el interior de los antiguos países del bloque socialista y de la recién desaparecida Unión Soviética. Dos años después fue diputada del Parlamento Europeo y vicepresidenta de la Comisión Asuntos Exteriores y Defensa. Fue una asesora muy cercana a Chirac en asuntos orientales durante su etapa como Presidente de la República Francesa. Como sus escritos sobre la URSS (incluida una biografía de Lenin) gozan de gran reputación en todo el mundo, para conocerla más de cerca es conveniente mencionar una entrevista en la televisión rusa NTV en la que explicó así los estallidos incendiarios en París a finales de 2005:

“Esas gentes llegan directamente de sus aldeas africanas. Pero la ciudad de París y las otras ciudades de Europa no son aldeas africanas. Por ejemplo, todo el mundo se asombra: ¿por qué los niños africanos están en la calle y no en la escuela? ¿Por qué sus padres no pueden comprar una vivienda? Las razones son claras: muchos de esos africanos, os lo aseguro, son polígamos. En una casa hay tres o cuatro mujeres y 25 niños. Viven tan hacinados que ya no son casas, sino ¡dios sabe qué! Se comprende por qué esos niños corretean por las calles”.

Esa es toda la ciencia de la académica Carrère d’Encausse.

La estrategia imperialista de manipulación de las poblaciones musulmanas de la URSS se concreta a partir de la invasión soviética a Afganistán en 1979. Afganistán fue el campo de entrenamiento de las redes de yihadistas, financiadas, entrenadas y mantenidas por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Arabia saudí y Pakistán, de donde provienen los islamistas que portan la marca de Al-Qaeda.

En aquella época, la política de Carter estaba bajo la dirección del consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, luego autor del libro “El gran tablero de ajedrez mundial: la supremacía estadunidense y sus imperativos geoestratégicos”, donde ya aludía (1997) a los Balcanes euroasiáticos. Brzezinski afirma en su obra que el interés de Estados Unidos como primera potencia verdaderamente mundial es asegurar que ninguna potencia rival llegue a controlar Eurasia o, lo que es lo mismo, que sólo la controlen ellos. El consejero de Carter también es consejero de la sociedad petrolera BP Amoco, con reconocidos intereses en la zona: “Eurasia es el tablero sobre el que se desarrolla el combate por la primacía global […] La tarea más urgente consiste en velar para que ningún Estado o reagrupamiento de Estados tenga los medios para expulsar a los Estados Unidos de Eurasia o debilitar su papel de árbitro”. Brzezinski es partidario de la partición de Rusia en tres: la Rusia europea, la Rusia de Siberia, y la Rusia del extremo oriental, con vistas a debilitarla en el combate por la primacía de su tablero euroasiático.

El Pentágono no ha dejado de provocar a Rusia para que lleve a cabo acciones agresivas contra los chechenos, tanto en el plano militar como diplomático, para debilitar su todavía frágil alianza con Alemania y Francia. La injerencia imperialista tiende a prolongar el drama checheno haciendo al Kremlin único responsable del mismo.

Las grandes potencias imperialistas se disputan el control del Cáucaso y de los recursos del Mar Caspio. La cuestión chechena es una cuestión estratégica internacional: por allí pasa una red de oleoductos indispensables para la explotación rusa del petróleo del Mar Caspio. Los rivales de Rusia, especialmente Estados Unidos, están interesados en que el conflicto perdure y que se extienda incluso a todo el Cáucaso. Los esfuerzos que Estados Unidos despliega en la región son visibles. Ha instalado a sus peones en Georgia, cuyo ejército controlan, como controlan el espacio aéreo desde su base de Inçirlik, en Turquía.

La desestabilización de Rusia se juega en varios frentes simultáneamente. Lituania acoge en su territorio el “Kavkaz Center” (Centro Caucásico), desde donde Basaiev difundió el comunicado en el que reivindicaba la carnicería en la escuela de Beslán, además de los atentados contra los dos aviones civiles rusos perpetrados una semana antes. La masacre fue revindicada en internet por Basaiev pero su sitio no ha sido molestado. No satisfecha, Lituania pidió explicaciones a Rusia por el trágico desenlace de su ataque en Beslán, como si fuera Putin y no Basaiev el responsable de la masacre. Vilnius realiza así un doble juego para desestabilizar a Moscú y perturbar las relaciones euro-rusas.

En Chechenia coexisten dos gobiernos, uno pro-ruso y otro en el exilio en Londres. Un año después de la matanza de la escuela de Beslán, su máximo responsable Shamil Basaiev, fue proclamado viceprimer ministro de ese gobierno checheno en el exilio. Su portavoz, Ahmed Zakaiev, disfruta de asilo político. En Washington su ministro de Relaciones Exteriores, Ilyas Ajmadov, también disfruta del asilo político de los imperialistas. Una de las sedes de este gobierno está en un local de la la “Freedom House” que dirige el antiguo director de la CIA James Woolsey, y su financiación corre a cargo del Comité Norteamericano para la paz en Chechenia, copresidido por Zbigniew Brzezinski y por su ejecutor, Alexander Haig hijo. Estados Unidos también ha concedido asilo político a Ilyas Ahmadov, acusado de crímenes de guerra y ayudante del independentista Aslan Masjadov. Ahmadov fue contratado por la organización “National Endowment for Democracy”, donde participan el sionista Paul Wolfowitz (antiguo ministro de Defensa), Frank Carducci (antiguo director de la CIA) y el general Wesley Clark (antiguo Comandante en Jefe de la OTAN). Por eso, el New York Times no califica a los chechenos de terroristas sino de resistentes y, un año después de la masacre de Beslan, Basaiev, con una orden internacional de busca y captura, concedía una entrevista a una cadena estadounidense de televisión.

Cuando Ahmed Zakaiev fue detenido en Copenhague, Rusia solicitó formalmente su extradición implicándole, entre otros actos, en el secuestro de 1.000 personas en el Teatro Duvrobka de Moscú, que se había producido apenas una semana antes. Pero el embajador de Dinamarca en Moscú advirtió de que las leyes danesas no permitían su extradición a Rusia.

El oligarca ruso Berezovsky, perseguido por evasión fiscal, también está refugiado en Londres, bajo el asilo político del gobierno. Desde allí mueve varios de los hilos del ajedrez geopolítico del Cáucaso en interés de sus jefes. Como en Irak, de nuevo, petróleo y guerra van de la mano también en Chechenia.

Washington habla un doble lenguaje cuando pide al Kremlin que negocie con el gobierno checheno en el exilio: “¿Por qué no se reúnen ustedes con Osama Bin Laden, lo invitan a Bruselas o a la Casa Blanca para iniciar conversaciones, para preguntarle lo que quiere y dárselo, a fin de que los deje en paz?”, respondió Putin. La presión estaba destinada a obligar a Putin a negociar con Masjadov, es decir, a reventar la Federación Rusa a cambio de la etiqueta democrática, como aceptó Yeltsin disolver la URSS para ganar los favores de la Casa Blanca, o como obligó a Milosevic a negociar en París con la fantasmagórica UÇK de Kosovo, antes de destituirlo.

Las guerras del Cáucaso (2)

El presidente ruso Boris Yeltsin

Entonces comenzó otra etapa de la historia de Chechenia, la primera guerra (1994-1996), que empezó como un enfrentamiento interno. En mayo de 1993 los enfrentamientos armados se trasladaron al centro de Grozni. Tres distritos de la capital proclamaron su lealtad a la oposición. Dudaiev envió a sus milicias para recuperar el control de estas zonas y, al mismo tiempo, con el fin de contrarrestar las acusaciones de dictador, anunció la celebración de elecciones legislativas en 1995 y presidenciales en 1996. En un atentado dirigido contra Dudaiev, falleció su ministro del Interior.

Yeltsin envía tropas para atacar Grozni, estabilizar la región, frenar las tendencias independentistas y garantizar la variante rusa de los oleoductos que cruzan el Cáucaso. La guerra se prolongó durante varios meses. La ofensiva acorazada se produce por tres frentes pero choca con una fiera resistencia. Grozni padece un bombardeo intensivo que destruye su centro histórico. La guerra costó más de 50.000 muertos y una importante cantidad de refugiados. Los chechenos se repliegan hacia las montañas y los rusos consiguen ocupar una gran parte del territorio.

Pero la guerra provocó una fuerte crisis política en el interior de Rusia. Actuó como aglutinante de la oposición a Yeltsin. Parte de las fuerzas armadas, de la cúpula de la Iglesia ortodoxa y de las masas se manifestaron en contra de una política vacilante hacia Chechenia que sólo respondía a los vaivenes de la correlación de fuerzas en el Kremlin. Negociaban cuando la popularidad del Gobierno era mínima (junio de 1995) o cuando estaba en juego su continuidad (elecciones de agosto de 1996) y, por otro lado, desencadenaron acciones militares extremadamente violentas (por ejemplo, la conquista de Samachki), como medio de afianzar su influencia en el país.

La guerra fue encarnizada, en especial para el pueblo checheno, pero también para el ejército ruso, objeto de las represalias de las milicias chechenas, que no claudicaron en su lucha por la independencia. En 1995 Basaiev dirigió durante dos días el secuestro de 2.000 personas en el hospital de Budionnovsk (sur de Rusia) que dejó un saldo de 150 muertos y 400 heridos, en su mayor parte pacientes o personal médico. En abril de 1996 Dudaiev fue asesinado por el lanzamiento de un misil teledirigido por el ejército ruso. Su cuerpo no apareció.

En agosto de aquel año Yeltsin decidió modificar su estrategia. Encomendó a Alexander Lebed, un general ruso, secretario del Consejo de Seguridad y opuesto a la intervención militar en el Cáucaso, negociar la paz con Yandarbiev. Son los llamados Acuerdos de Jasaviurt que establecieron el fin de las hostilidades, la retirada de los tanques rusos y una moratoria de cinco años sobre el estatuto político de Chechenia, tras el cual se convocatoría un referéndum. El plan supone, de facto, la autonomía total.

Comienza una nueva etapa para Chechenia, que no dudó en utilizar los acuerdos alcanzados para actuar como si de un Estado independiente se tratase. Prueba de ello fue la proclamación, inmediatamente después del acuerdo, de la ley islámica, la declaración por parte del Parlamento checheno del ruso como idioma extranjero e incluso la solicitud de establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre los dos Estados.

En enero de 1997 unas elecciones presidenciales reconocidas tanto por la OSCE como por el Kremlin, otorgaron a Masjadov la presidencia del gobierno. El nuevo presidente tuvo que hacer frente a dos grandes problemas: la situación económica cada vez más precaria y los embates de los sectores wahabitas dirigidos por Basaiev.

En agosto de 1999 Vladimir Putin fue elegido primer ministro y en diciembre Yeltsin renunció a la presidencia. Pero el acontecimiento más importante de aquel año fue la invasión del Daguestán, vecino de Chechenia, por Basaiev y sus seguidores. Fue un intento de provocar una nueva guerra a una escala aún más vasta con la esperanza de generar un levantamiento islámico en toda la región. Tras los chechenos estaban los wahabitas saudíes y Estados Unidos, interesados en desestabilizar la región e impedir la consolidación de la paz.

Empezó así la segunda guerra en la que Putin arrasó Grozni, bombardeada masivamente de septiembre a marzo del siguiente año. Cuando los rusos toman Grozni en la primavera de 2000, las operaciones militares de gran envergadura -bombardeos masivos de ciudades y pueblos- se trasladaron del llano a la montaña, donde las batallas continuaron. Los rusos ejecutaron duras operaciones de limpieza, con el objetivo de localizar a los islamistas entre la población civil.

Aunque las fuerzas rusas lograron conducir a los agresores de vuelta a Chechenia rápidamente, los islamistas redoblaron sus fulgurantes y demoledores golpes. En septiembre de aquel año Rusia padece tres atentados que, en una semana de horror, dejaron 230 muertos.

A diferencia de la anterior, esta segunda guerra generó escasa oposición en Rusia. Estaba estratégicamente vinculada a la daguestaní y también complicó las relaciones con Georgia, una república sumida durante años en una profunda crisis. Se abrió así un nuevo frente de guerras chechenas añadido a otros conflictos del Cáucaso con epicentro en el corredor de Pankisi (frontera común checheno-georgiana).

En marzo de 2000 Putin inició su presidencia designando en junio al antiguo jurisconsulto musulmán (muftí) de Chechenia, Ajmad Kadirov, como presidente del gobierno local. Después del 11 de setiembre de 2001, tendrá un buen argumento para justificar la prolongación de la guerra en Chechenia como parte integrante de la guerra contra el terrorismo fundamentalista.

En octubre de 2002 se produjo el secuestro del teatro Dubrovka de Moscú, dirigido por Movsar Barayev, sobrino de Shamil y acusado de varios crímenes sanguinarios. La policía terminó con los 41 secuestradores.

El comando checheno recibió ayuda de numerosos cómplices en Moscú para preparar la operación. Los insurgentes fueron informados sobre lo que ocurría fuera del teatro por un centro analítico. Ese centro recogía información de varias fuentes, incluido el cuartel general de la operación de rescate, la procesaba y enviaba instrucciones a los secuestradores. Es muy probable que se tratara de una agencia de espionaje imperialista, posiblemente británica o estadounidense, con el apoyo de algunos miembros de los propios servicios secretos rusos.

En marzo de 2003 se celebró un referéndum que aprobó un proyecto de constitución elaborado por el gobierno ruso, concediendo a Chechenia el estatuto de república autónoma dentro de la Federación rusa. En septiembre fue elegido presidente el títere Ajmad Kadirov, que al año siguiente fue ejecutado por los comandos wahabitas de Basaiev.

El 29 de agosto de 2004 Rusia convocó elecciones en Chechenia. Los estadounidenses y sus aliados wahabitas trataron de sabotear los planes de Moscú por todos los medios posibles. Cinco días antes de las elecciones, el 24 de agosto, dos aviones, un Tupolev 154 de la línea Moscú-Sochi y un Tupolev 134 de la línea Moscú-Volgogrado, explotaron en pleno vuelo provocando la muerte de 90 personas. Las Brigadas Islamistas (Kataib al-Islambuli) se atribuyen la acción. Una semana después la misma organización hizo estallar una bomba en el metro de Moscú, frente a la estación Rizhskaya, provocando 10 muertos y unos 50 heridos.

Sin embargo, el llamamiento de los imperialistas estadounidenses y sus aliados independentistas a boicotear el escrutinio obtuvo poco éxito, ya que el promedio de participación alcanzó el 79 por ciento. El general Alí Aljanov, candidato favorable a Rusia, ganó las elecciones sin dificultad. Los observadores internacionales atestiguaron unánimemente la limpieza del escrutinio, incluso los de la Liga Árabe, mientras los estadounidenses denunciaron una farsa organizada por el virrey Putin. Mala perdedora, la prensa imperialista vio en aquel resultado la prueba de una manipulación.

Las rivalidades imperialistas quedaban al descubierto. Dos días después se celebró una cumbre ruso-germano-francesa en Sochi para apoyar a Putin. En ella Chirac y Schröder, que tenían puntos de vista muy diferentes sobre la guerra, le felicitaron por restablecer la democracia en Chechenia.

El respaldo europeo a Putin no frenó a los independentistas. Tres días después de las elecciones, las sangrientas provocaciones wahabitas continuaron con una de sus operaciones más definitorias: el secuestro de 1.181 rehenes en la escuela de Beslán, en Osetia del norte, una República autónoma de la Federación Rusa.

El doctor Leonid Roshal, que ya había desempeñado el papel de negociador durante el secuestro del Teatro Duvrobka, llegó para negociar con los asaltantes. Sin embargo, sorprendentemente, éstos no plantearon ninguna petición. El macabro juego no consistía en negociar nada sino en crear una crisis, dejar que la situación se deteriorara. Se negaron a dar de comer y beber a los rehenes, que tuvieron que ingerir su propia orina para sobrevivir. Luego mataron a 20 de ellos cuando un miembro del comando fue herido por la policía rusa.

Al día siguiente, el antiguo presidente de Ingushetia, Ruslan Aushev, trató de mediar y obtuvo la liberación de algunos rehenes. El jefe del comando declaró que actuaba siguiendo órdenes de Shamil Basaiev. Al final del segundo día, empezaron a llegar a Beslán los periodistas extranjeros. Fue entonces cuando, inesperadamente, el jefe del comando exigió la presencia de varias personalidades para plantear que no daría de beber a los niños hasta que Putin anunciara por televisión la independencia de Chechenia.

Al tercer día, los secuestradores permitieron a los médicos a evacuar los cadáveres de 21 rehenes que empezaban a descomponerse debido al calor y la humedad. Se oyó entonces una explosión, sin que se sepa si se trató de un disparo hecho por el padre de algún alumno desde el exterior de la escuela o, lo que parece más probable, el estallido accidental de una de las bombas. La explosión desencadenó un tiroteo generalizado en medio del cual las tropas rusas se lanzaron al asalto, que causó 376 muertos, entre ellos 11 soldados rusos, 31 secuestradores y 172 niños.

Sólo un secuestrador sobrevivió y fue juzgado. Las autopsias revelaron que 22 de los 32 secuestradores eran toxicómanos que murieron en estado de abstinencia por falta de droga. La identificación de los atacantes sigue siendo incierta. La prensa imperialista volvió a arremeter con saña contra Putin, acusado de ser responsable de la carnicería por mantener una atroz guerra colonial en Chechenia y, a la vez, por haber organizado un asalto a ciegas.

Expertos rusos dejaron entrever que la operación había sido preparada por los servicios secretos británicos para debilitar a Rusia. Luego, el Kremlin reconoció que el asalto había sido preparado por una potencia extranjera y planteó la cuestión al Consejo de Seguridad de la ONU, que rehusó debatir un proyecto de resolución, limitándose a emitir un comunicado de condena del secuestro y de los atentados contra los aviones en el que exhortaba a la “comunidad internacional” a cooperar con Rusia para detener y juzgar a los culpables. Pero la “comunidad internacional” no se dio por enterada y siguió protegiendo a los secuestradores.

El 8 de marzo de 2005 Masjadov fue abatido en el curso de una refriega con tropas rusas. Su familia había sido secuestrada en febrero al parecer por los hombres de Ramzan, el hijo del asesinado Kadirov.

El 13 de octubre de ese mismo año en la república rusa de Astemirov-Balkaria una unidad de 100 wahabitas chechenos y árabes dirigidos por Anzor Astemirov asesinó al menos a 24 funcionarios de policía y civiles.

Al año siguiente, el 10 de julio de 2006, días previos a la cumbre del G8 en Petersburgo, murió Basaiev en condiciones no esclarecidas. Las fuentes chechenas consideran que sucedió como consecuencia de una explosión accidental, mientras Moscú atribuyó la autoría a sus tropas.

Las guerras de Cáucaso (1)

Cuando se vislumbra el final de la etapa soviética, los imperialistas comienzan a meter la cuchara en la región, aprovechado la debilidad de la Rusia de Yeltsin. Se producen varias guerras sucesivas, que se desarrollan en paralelo a la ampliación de la OTAN hacia el este, en un intento de cercar a Rusia.En 1988 a través de Norilsk
Eugenia Gaier, los imperialistas promueven la creación de la Asociación de los Pequeños Pueblos (AsPP), de la que forma parte Chechenia. Por su parte, los chechenos impulsan en 1991 la creación de la Confederación de los Pueblos Montañeses del Cáucaso, una organización pancaucásica originariamente de carácter estrictamente cultural que experimentó una rápida transformación y pasó a convertirse en una formación básicamente política, dotada incluso de milicias armadas. Esta Confederación desempeñó un importante papel en los conflictos del Cáucaso norte y la Transcaucasia, desplegando una intensa actividad política.

En la república checheno-ingush se constituyó, también en 1991, el Congreso Nacional del Pueblo Checheno (CNPC), organización de oposición informal al Gobierno central, que tenía la independencia como objetivo. Estaba presidido por un militar soviético de origen checheno, el general Dzhojar Dudaiev, un veterano de Afganistán que había dirigido una unidad de bombarderos estratégicos soviéticos en Estonia entre 1987 y 1990.

En aquellos momentos, Doku Zavgaiev, primer secretario del PCUS y presidente del Soviet Supremo de Chechenia-Ingushetia, era el máximo dirigente de la República y respaldó el golpe de Estado del Comité de Emergencia en agosto de 1991. Dudaiev, por el contrario, se opuso. El fracaso del golpe en Moscú actuó como un revulsivo en Chechenia. Provocó otro golpe en Grozni, esta vez triunfante. Yeltsin vió entonces la oportunidad de librarse de la vieja guardia y el 15 de septiembre, con el apoyo del Congreso Nacional del Pueblo Checheno, ordenó la disolución del Parlamento, destituyó a su presidente y creó un Consejo Supremo Provisional con la tarea de asumir el poder hasta la celebración de elecciones el 27 de octubre.

Los ingushes no participaron en ellas. Dudaiev obtuvo el 85 por ciento del respaldo popular. Sin embargo, fueron los jefes de los clanes los que eligieron a Dudaiev como Presidente. La población está dividida en 131 clanes, de los cuales 28 desempeñan un papel principal y esa estructura social arcaica se completa con los jefes religiosos y los ancianos. El 1 de noviembre se proclama la independencia de la República de Ichkeria (nombre autóctono de Chechenia) de la que Ingushetia permanece al margen.

Aslan Masjadov

También regresa Aslan Masjadov para participar en la creación de las Fuerzas Armadas, de las que es nombrado comandante en jefe. Masjadov tenía sobre sus espaldas una dilatada carrera militar. Antiguo oficial del ejército soviético, estudió en la Academia de Artillería de Leningrado y estuvo destinado en Hungría entre 1978 y 1981. Equipa al nuevo ejército checheno con el material que dejaron abandonado las tropas soviéticas.

Hasta entonces Yeltsin había defendido las declaraciones de independencia de todos los pueblos, ya que le resultaban útiles para debilitar el poder de su antecesor, Gorbachov. Pero tras el contragolpe de Estado, no reconoció los resultados electorales en Chechenia e impuso el estado de emergencia. Poco después, el Parlamento anuló la orden para evitar un enfrentamiento abierto con los dirigentes chechenos.

Desde el principio Chechenia vivió inmersa en una permanente crisis que afectó a todos los sectores del país y nunca hubo mecanismos institucionales para resolverla. La proclamación de independencia dio lugar al éxodo de los rusos residentes en la región, que se cifra entre 45.000 y 240.000 personas. La presidencia de Dudaiev se caracterizó por su tono personalista y autoritario. Las divisiones internas dentro de los independentistas, paralizaron a la nueva República. En junio de 1993 se produjo un choque entre el Presidente y el Parlamento; los diputados destituyeron a Dudaiev y al primer ministro Mamodaiev, y éstos ordenaron su disolución.

La nueva República articuló su política sobre dos grandes pilares. El primero, de índole religiosa, basado en el islam como elemento cohesionador, no sólo de la sociedad
chechena, sino fundamentalmente de todos los pueblos musulmanes del Cáucaso norte, es decir, el panislamismo. El segundo, el reforzamiento de la CoPC para consolidar la unidad política de los pueblos del norte del Cáucaso. Sin embargo, la Confederación fue adoptando paulatinamente una actitud conciliadora en las relaciones con Moscú, en contra de las tesis antirusas propiciadas por los chechenos.

Entre 1991 y 1994 la respuesta rusa a la independencia de Chechenia fue ambigua: no se reconoció pero tampoco se adoptaron acciones en contra. De hecho, Moscú pareció aceptar la independencia. Practicó una política a la vez de conciliación (negociaciones con los dirigentes chechenos) y de desestabilización (bloqueo económico, apoyo a la oposición, ataques armados). En mayo de 1992, la misma Federación Rusa que negaba legitimidad a los dirigentes chechenos, firmaba con ellos un acuerdo por el que se aceptaba la retirada de las tropas rusas estacionadas en la zona y la distribución, a partes iguales, de los arsenales disponibles en su territorio. Para Moscú cualquier intento secesionista era inaceptable. El reconocimiento de la independencia chechena suponía un precedente para otros pueblos de la Federación, que provocaría su desestabilización.

El norte del Cáucaso constituye una región estratégica para las relaciones de Moscú con Transcaucasia (Georgia, Azerbaián, Armenia) y las potencias rivales en la zona, Irán y Turquía. Económicamente, Chechenia era la zona de paso del petróleo proveniente del Caspio y de los países de Asia central.

El bloqueo impuesto por Moscú y los problemas que derivados del petróleo afectaron drásticamente a la economía chechena, ya extraordinariamente debilitada durante la era Gorbachov, que había llevado hasta las estribaciones del Cáucaso recortes de salarios, escasez de comida y desempleo. Luego, la primera guerra con las tropas federales rusas empobreció aún más a los chechenos. La penuria económica condujo a la aparición de dos fenómenos nuevos en la región:

— la consolidación de redes criminales que se lucraron con la independencia y desestabilizaron la sociedad chechena
— el debilitamiento de las órdenes sufíes, que fueron incapaces de funcionar en estas condiciones, siendo sustituidas por el wahabismo.

Estos nuevos fenómenos, si bien tienen raíces internas en la propia evolución de la sociedad chechena, fueron alentadas por el imperialismo, singularmente por Estados Unidos. El wahabismo en Chechenia comenzó a expandirse en los años ochenta, durante el desmantelamiento de la URSS por Gorbachov y luego tras la guerra de Kosovo. En plena bancarrota económica chechena, los wahabíes llevaron mucho dinero desde algunos países del Golfo y esto incrementó notablemente su popularidad en la región. A través de Arabia saudí, los imperialistas estradounidenses expandieron un nuevo tipo de religión y con ella su influencia política.

El dinero procedente de países tales como Arabia Saudí, Pakistán y Afganistán era abonado a los que se convertían al wahabismo y a aquellos que reclutaban a otros para unirse a la secta militante. Directamente como estado o a través de religiosos prominentes y hombres de negocios, Arabia Saudí apoyó el independentismo checheno bajo la supervisión de Estado Unidos. Como dijo el antiguo Secretario de Estado norteamericano James Baker: “Solo en la medida de nuestros intereses debemos oponernos al integrismo”.

El wahabismo se originó en Arabia Saudí en la segunda mitad del siglo XVIII sosteniendo una interpretación estricta del islam que rechaza las innovaciones introducidas en la religión tras la muerte de Mahoma. Unió a las tribus de la península arábiga y a principios del siglo XX proporcionó los fundamentos sobre los que se construyó el moderno estado de Arabia Saudí. Algunas interpretaciones wahabíes están vinculadas estrechamente al régimen saudí y denuncian todas las formas de disidencia que amenazan el orden político actual en el reino. Se opone la veneración de los santos, las peregrinaciones a los mausoleos y otras manifestaciones de religiosidad popular, algo muy habitual en las órdenes sufíes. También niega el papel del maestro, que es muy importante para los sufíes. Por todo ello, los wahabíes consideran al sufismo como una desviación de las enseñanzas islámicas originales.

Entre los musulmanes del Cáucaso, y entre los chechenos en particular, están muy extendidos los ritos funerarios. Cuando alguien fallece, existe un ritual de condolencias que es seguido por los parientes del fallecido y todo el pueblo. Sin embargo, los wahabíes creen que es inútil realizar un ritual de condolencias y que basta con enterrar al fallecido. Con la crisis los chechenos ni siquiera podían sufragar las costosas tradiciones funerarias. Así pues, muchos jóvenes comenzaron a pensar que los wahabíes enseñaban principios que tenían más relevancia para la vida actual en Chechenia y que las tradiciones funerarias se hallaban en oposición a los auténticos principios islámicos.

A través de Arabia saudí, la penetración wahabita fue un instrumento de presión de Estados Unidos dirigido contra Gorbachov y corrió paralela con el rearme de los talibanes en Afganistán. Al salir los soviéticos de Afganistán  en 1989, los imperialistas enviaron a los que entonces se llamaban muyahidines pasaron diez años después a combatir en la guerra de Kosovo que, finalmente, acabaron en el Cáucaso luchando por la independencia de Rusia.

El máximo exponente del apoyo de los wahabitas al independentismo checheno fue el saudí Ibn al-Jattab, cuyo nombre real era Samir Saleh Abdalah Al-Suwailem. Tras la guerra de Kosovo, se trasladó en 1999 a Chechenia y participó con Basaiev en la invasión del Daguestán. Fue asesinado en circunstancias nada claras en 2002.

Como Osama Ben Laden, Basaiev, aunque checheno, era de religión wahabita y combatió como muyahidín en Afganistán contra los soviéticos, donde el ISI (los servicios secretos paquistaníes), lo entrenaron en secuestros y otras operaciones terroristas. El ISI servía de puente entre la CIA y los combatientes islámicos afganos. Allí se
entrevistó con los ministros pakistaníes Aftab Shahban Miran y Nazerrullah Babar, más el jefe de los servicios secretos, Javed Ashar, todos ellos colaboradores de la CIA. Basaiev reaparece como peón de la CIA en 1991, cuando se unió a Yeltsin en las barricadas durante el intento de golpe del Comité de Emergencia en Moscú.

La influencia wahabí dividió a Chechenia. Los sufíes aún componen probablemente el 95 por ciento de la población. Las órdenes sufíes trataron de mantener las distancias con respecto a la guerra chechena. Muchos dirigentes religiosos optaron por abandonar Chechenia para buscar refugio en la vecina Ingushetia o en otras partes de Rusia, dejando el campo libre a los wahabitas, que aunque representan una minoría, son un grupo muy organizado con ambiciones independentistas, que está tratando de promover sus propios intereses (y los de sus patrocinadores) en toda la región del Cáucaso. Los wahabitas tuvieron que enfrentarse con las órdenes sufíes locales. La política wahabí en Chechenia ha intensificado el independentismo, atrayendo la brutal represión rusa y extendiendo así su propia influencia frente a los sufitas. Tras ellos, antes y después de la caída de Gorbachov, siempre ha estado la larga mano de los imperialistas estadounidenses.

En agosto de 1994, tres meses antes de la intervención rusa, Dudaiev contaba con menos de 5.000 hombres armados y el gran muftí prohibió a los musulmanes que tomaran las armas. Sin embargo, disponía de un formidable arsenal de armas: un elevado número de aviones (unas 200 unidades, no todas operativas debido al reducido número de pilotos cualificados) y helicópteros, carros de combate, piezas de artillería, gran cantidad de fusiles y lanzagranadas, ametralladoras y fusiles, unas 20.000 granadas de mano y hasta 15 millones de balas. La aviación fue prácticamente destruida en su totalidad en los primeros días de la intervención rusa.

La conquista del corazón de los pueblos de oriente (y 5)

El capitán Theodor Oberländer

Entre otras funciones, el capitán Theodor Oberländer había sido delegado regional en Prusia oriental de la VDA (Verein für das Deutschtum im Ausland, Asociación para la promoción de la identidad alemana en el extranjero) y en 1955 fue ministro “des Vertriebenen”, que podemos traducir como ministro “para los alemanes emigrados o expatriados”. Desde el final de la guerra había formado el “Bund der Vertriebenen”, la Liga de los Emigrantes, un partido nazi integrado en la vida política de la República Federal de Alemania y hacia aquellas fechas fusionado con la CSU. Oberländer no solamente salvó su vida sino la de muchos nazis impidiendo que cayeran en manos soviéticas. Sabía que en manos de los imperialistas todo iba a ser diferente y que Alemania sería lo que tenía que ser. Sólo había que intentar lo mismo por otras vías. La República Federal de Alemania tenía que convertirse un III Reich sin cruces gamadas… pero con los mismos nazis de siempre.

La VDA es una asociación privada que desde la unificación alemana en 1871 despliega las posiciones pangermanistas con las que los imperialistas alemanes han justificado siempre su expansionismo. Se trata de crear enclaves alemanes, como ya hicieron en 1920, y germanizar Dinamarca, Yugoeslavia, Polonia y determinadas regiones de la URSS. Para ello crearon un banco en Holanda que blanqueaba dinero procedente de operaciones secretas. Con fondos públicos alemanes compraron empresas y grupos de prensa en el extranjero. Había que formar poderosos consorcios de intereses que reclamaran la autonomía cultural, luego la independencia y, finalmente, la anexión a Alemania.

Bajo el nazismo, la VDA ocupó un lugar central en la estrategia hitleriana, sobre todo en Checoslovaquia. El espionaje sólo era una de sus variadas funciones.

A comienzos de la II Guerra Mundial, las minorías alemanas en el este de Europa prestaron una ayuda logística muy importante para la entrada de la Wehrmacht. Los miembros de la VDA desempeñaban funciones policiales, perseguían a la resistencia y exterminaban a la población local. En la URSS los especialistas de la VDA seguían un programa de germanización y, como en Argentina en 1973, secuestraron a niños que podían formar parte de dichos programas para integrarlos en familias alemanas. Los que no podían ser asimilados eran entregados a la SS para su exterminio.

En 1945 los aliados prohibieron la VDA clasificándola entre las organizaciones nazis importantes y confiscando sus propiedades. Pero dos años después los viejos cuadros ya la habían revitalizado de nuevo, a pesar de la prohibición. Su jefe entonces era Hans Steinacher y su lema “raza y hegemonía”. Lo único que cambió fue su rabioso antisemitismo.

A partir de 1952 las biografías se cruzaron. Oberländer es nombrado ministro para los alemanes emigrados y, con su apoyo, la VDA, sin cambiar su nombre, recupera su estatuto oficial y sus sólidos contactos con el Ministerio de Asuntos Exteriores, que recomienza a utilizar a los afiliados de la VDA para “tareas precisas en el extranjero”.

En 1961 Steinacher mantiene una entrevista con el gobierno federal para realizar “trabajos conjuntos” y obtiene financiación secreta para ejecutarlas. Todas las redes de la VDA en el este de Europa coinciden con las antiguas que previamente había tendido Reinhardt Gehlen y forman parte del espionaje previo y posterior a la guerra mundial.

Tras Steinacher, Rudolf Aschenauer dirige la VDA hasta finales de los años setenta. Su biografía es como la de Oberländer y todos los demás: nazi y miembro de la SA, las tropas de asalto, tras la guerra mundial fue abogado de la organización nazi “Stille Hilfe” (Ayuda Silenciosa) que defendía a los criminales de guerra en los procesos judiciales. En los años cincuenta perteneció a diversos movimientos nazis y servía de enlace entre el “Deutsche Reichspartei” (Partido del Imperio Alemán) y el Ministerio del Interior, cuyo titular era Schröder, otro de sus colegas en la SA.

En muchos aspectos, por ejemplo en la diplomacia, la política oficial alemana llega a confundirse con la política nazi de la VDA y destacados miembros de esta asociación ocupan cargos clave no solamente en partidos políticos alemanes sino incluso en la Presidencia de la República y en la Unión Paneuropea. Por supuesto, en nómina también figuran europarlamentarios, de esos que denuncian el genocidio checheno de 1944…

Así que volvemos a hablar de Chechenia.

En enero de 1995 el máximo dirigente de la VDA, Karsten Schlamelcher, apareció muerto en su apartamento, muy cerca de Bonn. Su familia dijo que había sido asesinado, pero el caso se cerró sin averiguar los culpables. Schlamelcher era conocido en Alemania como el hombre de la maleta: tras la caída del muro de Berlín era quien llevaba el dinero alemán, millones de marcos, hacia el este y los Balcanes, hasta el punto de que había convertido a la VDA en un poder fáctico en los antiguos países del Pacto de Varsovia. El carácter aparentemente privado de la VDA no le impidieron percibir fuertes sumas procedentes de fondos reservados que no eran precisamente subvenciones. Sólo en 1990 y 1991 recibió de los ministerios alemanes del Interior y de Asuntos Exteriores, cien millones de marcos, teóricamente para repatriar a los alemanes que vivían en el exterior. En realidad se trataba de vincular a esos países al imperialismo alemán, sacándolos de la influencia de Estados Unidos.

Schlamelcher recorrió todo el este de Europa. Curiosamente sólo se denunciaron las actividades de la VDA en países como Dinamarca o Bélgica, es decir, en occidente, pero sabemos que su penetración en el este y en los Balcanes fue mucho más intensa. La división y la guerra de Yugoeslavia son obra directa de esta tarea subterránea porque no era suficiente con liquidar el socialismo: había que dividir aquellos países, repartirse las áreas de influencia, alejar a los competidores y rivales.

Chechenia es otro ejemplo parecido de eso.

La conquista del corazón de los pueblos de oriente (4)

El general soviético-checheno Dudaiev
El 23 de febrero de 1944 los chechenos estaban o en el exilio o en su país, o combatiendo en el Batallón Bergmann o combatiendo en el Ejército Rojo. La inmensa mayoría estaban en su país y combatiendo en las filas del Ejército Rojo. Los demás, los que acompañaban a la Wehrmacht en su retirada, se dedicaban a ahorcar guerrilleros en Grecia. Sin embargo, los que se quedaron en la URSS fueron introducidos -todos- en 180 trenes y trasladados al otro lado del Mar Caspio, a Kazajistán.

A partir de aquí todo lo demás es falso y forma parte de la guerra sicológica imperialista:

— no fueron trasladados a Siberia
— no murió la mitad en el trayecto porque duró unas pocas horas
— no se trataba de ninguna venganza.

En este punto habría que establecer muchas precisiones históricas. La evacuación no cayó sólo sobre los chechenos sino sobre varios pueblos caucásicos. En aquellos trenes entraron -insistimos- todos los chechenos: también los militantes del Partido bolchevique, los funcionarios soviéticos, los cooperativistas de los koljoses, etc. Por tanto, no sólo se desplazó a la sociedad sino que se desplazó al Estado, a la propia República chechena, con todo lo que se pudo poner sobre los raíles: no marcharon las escuelas pero marcharon los maestros, no marcharon los hospitales pero marcharon los médicos, y así sucesivamente.

Menos atrevidos, algunos como Jruschov no hablan de genocidio pero sí de deportación, de castigo. El Ejército Rojo no se vengó sino que impartió justicia con los chechenos colaboracionistas en cuanto los capturaron, especialmente al finalizar la guerra mundial. No era el caso de los que se quedaron, que fueron evacuados por razones puramente militares.

En febrero de 1944 la guerra continuaba y aún no se podía saber si Alemania estaba en condiciones de contratacar, en qué dirección lo haría y si, en tal caso, Turquía entraría en ella o no. Lo cierto es que al otro lado de la frontera estaban desplegadas gran número de divisiones turcas.

No hay ninguna guerra moderna sin grandes desplazamientos de población. En la guerra civil española, el gobierno del PNV envió por barco a Londres a una buena partida de niños vascos y lo mismo hizo el Frente Popular, que envió otro contingente a Moscú. Cuando al final de la guerra cayó Barcelona, salieron a Francia casi dos millones de republicanos, cuatro veces más que los chechenos. Lo que diferencia a los desplazamientos soviéticos durante la II Guerra Mundial de todos los demás (y de todas las demás guerras) es que, en lugar de caóticos, fueron cuidadosamente preparados y planificados para que las poblaciones padecieran el mínimo posible. En 1941, antes del comienzo de la guerra, Stalin (de quien dicen que el ataque nazi le pilló de improviso) también desplazó grandes contingentes de población, unas por razones económicas y otras, como los alemanes del Volga, por evidentes razones políticas. No es por casualidad que todos esos desplazamientos afectaran a poblaciones fronterizas o que podían ser alcanzadas por la guerra. Como bien sabían los imperialistas, las fronteras fueron siempre el punto débil de la defensa soviética y la guerra con Finlandia y las anexiones de los países bálticos en 1940 tenían ese objetivo estratégico.

El desplazamiento era puramente temporal. En 1956 el pueblo checheno retornó a su tierra natal. La República Autónoma de Chechenia e Ingushetia volvió a figurar en los mapas (imaginamos que también en el de Michelín y en el de Repsol). Se establecieron diversas reparaciones para ellos. El gobierno soviético otorgó facilidades especiales para la educación superior de los chechenos, lo cual permitió que se graduaran numerosos profesionales e incluso oficiales del Ejército soviético. Por ejemplo, Dudaiev y Masjadov, los dos primeros dirigentes de Chechenia tras la caída de la URSS, eran de aquellos niños deportados durante la guerra y alcanzaron -nada menos- que el rango de generales del Ejército soviético. Nos tratan de hacer creer en una oposición irredenta de los chechenos a integrarse en la URSS que nosotros no advertimos por ninguna parte. Se nos antoja un poco difícil comprender cómo aquellos dos niños, Dudaiev y Masjadov, que padecieron tan salvaje deportación y que vieron exterminar a su pueblo (a sus familiares, a sus vecinos, a sus amigos) a manos del Ejército soviético, se integraran luego en ese mismo Ejército, cómo juran bandera, alcanzan el grado de generales y se les pone al mando de escuadrones enteros de bombarderos atómicos. Y se nos hace imposible comprender cómo luego, en 1991, vuelven a su país y su pueblo les elige como máximos dirigentes de la nueva República…

Aquí algo falla estrepitosamente. Las cosas no encajan. Por ejemplo, nos quieren hacer creer que al regresar de su deportación a los chechenos se les habían quitado sus propiedades, cuando todos pensábamos que la propiedad privada se había abolido en la URSS…

Por cierto, hablando de este retorno, tenemos otra duda aritmética: cómo es posible que Chechenia haya padecido el primer y único genocidio de la historia en el que regresan más habitantes de los que tuvieron que marchar. La propaganda imperialista nos quiere hacer creer que la mitad de los chechenos murieron durante el viaje que los trasladó a Kazajistán; si salieron 400.000, llegaron 200.000 a su destino y cincuenta años después -a pesar de un continuo genocidio soviético- eran 1.200.000, eso significa que la población se había multiplicado por seis, lo cual arroja un fabuloso crecimiento demográfico.

¿Genocidio o “baby boom”?

La conquista del corazón de los pueblos de oriente (3)

Georgiano con el uniforme nazi
Dentro de la Wehrmacht se formaron en 1942 unidades de combate georgianas, azeríes y norcaucásicas a las que se le dio el nombre de Legiones Voluntarias Orientales. A diferencia de otras parecidas, como las bálticas, no formaban parte de la Waffen SS sino del ejército regular alemán y estaban dirigidas por mandos alemanes. Estas Legiones eran las siguientes: de Turkestán, de Azerbaián, de Georgia, de Armenia, de los Tártaros y de los Montañeses, que es donde se integraron los chechenos (“Nordkaukasische Sondergruppe”) formando tres batallones: los 801, 802 y 803. Cada batallón musulmán disponía de un “mullah” para las ceremonias religiosas y para arengar a la tropa en la batalla contra los impíos bolcheviques. Habían sustituido la media luna por la cruz gamada, cualquier cosa antes que la hoz y el martillo. En total las Legiones Orientales sumaban 90.000 mercenarios encuadrados en 90 batallones (seis divisiones) de los que sólo 20 entraron en combate en el Cáucaso; a ellos hay que añadir 200 compañías con labores de retaguardia, es decir, para hacer el trabajo sucio represivo. Estas fuerzas eran superiores a las que Alemania dispuso en la región durante la I Guerra Mundial. Los mercenarios de estas Legiones fueron reclutados por el general Ernst Köstring: alemán nacido en Moscú, participó en la I Guerra Mundial, luego fue asesor del atamán Skoropadski durante la guerra civil rusa y la etapa de “independencia” de Ucrania y, finalmente, desde 1927 fue agregado militar de la embajada alemana en Moscú hasta el dia antes del ataque a la URSS. Otro personaje de las Legiones era el general Bicerachov, un fanático zarista que ya había combatido a los bolcheviques en Bakú en 1918 a sangre y fuego. Otra joya era el príncipe cherkés Klyc-Girej, antiguo comandante de la “División Salvaje”, la caballería caucásica que había participado en la I Guerra Mundial y luego contra el Ejército Rojo en la guerra civil. Las hordas que se aprestaban a “liberar” el Cáucaso, además de los jefes nazis, tenían mandos autóctonos de esta calaña.

Pero esto no es lo principal ni tampoco lo más interesante; lo verdaderamente significativo es que, además de esas Legiones, y siempre bajo el mando de oficiales alemanes, los nazis formaron unidades autóctonas del Abwehr, el Servicio de Inteligencia Militar, para la cual realización de operaciones “especiales”, espionaje, sabotaje y guerra sicológica, tanto en el frente como en la retaguardia. Eran conocidas con el nombre de “Brandenburgo” y fueron las primeras en utilizar a los viejos contrarrevolucionarios y exiliados, lo cual es lógico porque el espionaje y el sabotaje son la antesala de la guerra.

Entre las operaciones “especiales” de los brandenburgueses está la creación de la “Organización Tamara” anotada en el Diario de Operaciones del Alto Mando del Ejército alemán tres días antes del ataque a la URSS. Su objetivo era desencadenar una insurrección en Georgia a las órdenes del teniente Kramer y del suboficial Hauffe, ambos del Abwehr, aunque promovida por comandos especiales compuestos por georgianos. Estos comandos se reclutaron y entrenaron en Rumanía, un país que formaba parte del Eje fascista y donde desde 1917 había una colonia muy importante de exiliados zaristas y “nacionalistas”. El jefe del Abwehr en persona, el almirante Canaris, pasó revista a “sus” hombres durante la jura de bandera. Es fácil imaginar a todos aquellos “nacionalistas” (en realidad contrarrevolucionarios de la más baja estofa) vestidos con uniforme alemán, jurando lealtad eterna y ofrendar su vida para mejor gloria de Alemania y su Führer.

La “Organización Tamara” fracasa por el propio fracaso del Plan Barbarroja y la dilatación de la guerra.

Entonces el Abwehr encomienda a Theodor Oberländer, un profesor universitario convertido en capitán del servicio de inteligencia militar, la formación de la Unidad Especial Bergmann (“Sonderverband Bergmann”). El capitán Oberländer era otro experto conocedor de los pueblos caucásicos, materia de la que impartía sus cursos en la Universidad y que vio entonces la oportunidad de llevar sus teorías a la práctica. Su concepción era similar a la de Rosenberg: para ganar la guerra no se podía aplastar a los pueblos de la URSS, sino todo lo contrario, había que aprovecharlos, engañarlos y prometerles cualquier cosa, incluso la “independencia”, con tal de utilizarlos como carne de cañón contra la URSS.

Oberländer dividió la unidad Bergmann en tres compañías: en la primera estaban los georgianos, en la tercera los azeríes y en la segunda los norcaucásicos, entre ellos los chechenos. Desde Berlín se impidió que las unidades extranjeras que combatían en la guerra dentro del ejército alemán sobrepasaran el rango de un batallón, por lo que la unidad Bergmann llegó a ser el Batallón Bergmann, si bien sus fuerzas reales eran muy superiores. Sus tareas eran las propias de las operaciones “especiales”: preparar el terreno para la llegada de las fuerzas de vanguardia, promover el descontento entre la población, socavar la retaguardia del Ejército Rojo, incendio, sabotaje, etc. Es ocioso subrayar que muchas de estas operaciones se realizaban previa infiltración tras las líneas enemigas, vistiendo uniformes del Ejército Rojo y con armamento soviético. Una vez conquistado el Cácaso y mientras los alemanes seguían avanzando, la misión del Batallón era de “limpieza” represiva: ahorcar a los comunistas, a los koljosianos, a los guerrilleros, a los funcionarios soviéticos y, finalmente, formar los ejércitos de los nuevos Estados “independientes”

Pero el Batallón Bergmann no era más que uno de tantas otras fuerzas autóctonas que luchaban bajo uniforme alemán contra sus propios compatriotas (lo cual resulta también muy “nacionalista”), y no en el frente precisamente sino en las tareas más sucias y criminales de retaguardia. Ya hemos mencionado el caso de las Legiones de Voluntarios; vamos a enumerar algunas otras:

— RNNA o Ejército Nacional del Pueblo Ruso al mando del coronel Bojarski (seis batallones, unos 10.000 criminales) que no luchaba en el frente sino contra la guerrilla en tareas policiacas de “limpieza”
— el 120 Regimiento de Cosacos del Don al mando del coronel Kononov, unos 3.000 también dedicados a labores policiacas de retaguardia
— el Ost Ausbildung Regiment “Mitte”, cinco batallones bajo la dirección del teniente coronel Janenko; también realizaba operaciones antiguerrilleras
— RONA o Ejército de Liberacion del Pueblo Ruso, casi 20.000 pistoleros a las órdenes del general Kaminski, siempre en misiones de “limpieza”
— la Brigada Druzina del teniente coronel Rodionov, creada por la Waffen SS.

Dentro de los planes de guerra del Cáucaso, el Ministerio alemán de Asuntos Exteriores convocó una reunión con los dirigentes en el exilio de los pueblos autóctonos del Cáucaso para abordar la ocupación como una auténtica liberación y atraerse así a Turquía a esta campaña. Presidió la reunión el conde Von Schulemburg, el mismo que había dirigido a las tropas alemanas destacadas en Georgia al final de la I Guerra Mundial, el mismo que en 1939, cuando era embajador en Moscú, preparó la firma del Pacto Molotov-Von Ribbentrop. En la reunión había muchos viejos conocidos que llegaron hasta Berlín desde Turquía. Estaba el checheno Said Beck Shamil; estaba el ingushe Dzabagi, antiguo Presidente de la República de los Pueblos del Cáucaso; estaba Jakub, dirigente del partido azerí “Mussawat”; estaba Bagration, príncipe heredero de Georgia…

Los temas de negociación no sólo concernían a la limpieza de comunistas del Cáucaso; también había que expulsar de allá a todos los rusos, eslavos y, en general, a los no originarios de la región. La limpieza debía ser a la vez política y étnica.

No vamos a narrar la guerra del Cáucaso que, al mando de Von Kleist, se inició en el verano de 1942 y llegó justo hasta el rió Terek, penetrando sólo unos pocos kilómetros en territorio checheno. Seis meses después, en diciembre del mismo año, los nazis y sus acompañantes volvieron a fracasar y recularon hasta las estepas del Don. Con ellos huyeron los colaboracionistas que no pudieron ser inmediatamente apresados. En combates feroces, las Legiones Orientales tuvieron numerosas bajas y se tuvieron que unir al Batallón Bergmann que, fuera de su ámbito y de la misiones previstas, tuvo que reconvertirse en Crimea en una unidad de combate, algo para lo que no estaba entrenado.

Al final de la guerra, conscientes del destino que les esperaba, las compañías del Batallón Bergmann trataron de entregarse a los británicos y a los norteamericanos, sabedores de que con ellos tenían más posibilidades de salvar el pellejo que con los soviéticos. No todos lo lograron; algunos fueron entregados al Ejército Rojo, identificados y pasados por la armas. Ya hemos presentado muy brevemente las biografías de algunos de aquellos pretendidos “libertadores” del Cáucaso. Podemos explorar la biografía de algunos otros que lograron escapar, como el comandante azerí Fatalibejli-Dudanginski, un desertor del Ejército Rojo que se pasó al bando contrario, donde ascendió en el Batallón Bergmann y llegó a mandar una compañía cuando cayeron muertos los mandos alemanes. No fue capturado al final de la guerra y de la represión se pasó a la política, llegando a convertirse en uno de los dirigentes del exilio anticomunista azerí. Pero no se libró de su justo castigo: un agente del contraespionaje soviético le ejecutó en Munich en 1954. El mariscal Von Kleist fue capturado por los ingleses en 1945, entregado a los yugoeslavos, quienes a su vez lo entregaron a los soviéticos, donde murió en un presidio en 1954. Escapó Theodor Oberländer, el creador del Batallón, que luego fue diputado y ministro en la República Federal de Alemania en la década de los años cincuenta. Fue juzgado en rebeldía en la República Democrática Alemana en 1960 y condenado por crímenes de guerra a cadena perpetua. Había dirigido la matanza de Lvov. Lamentablemente la sentencia no se pudo ejecutar. Tras la caída del muro, Oberländer tuvo la desfachatez de limpiar -era su especialidad- su memoria: en 1993 inició un pleito para anular la sentencia dictada en Alemania oriental y lo peor es que lo logró porque -dijeron los nuevos tribunales “democráticos” de Berlín- el fallo anterior se había fundado en pruebas “falsas”. Pudo morir plácidamente cinco años después en Bonn con la conciencia muy tranquila.

Para mayor gloria del Batallón Bergmann, vamos a finalizar narrando que continuó cumpliendo las funciones para las que había sido adiestrado, especialmente la lucha antiguerrilera en Ucrania, Grecia y Yugoeslavia, cuyos habitantes conocieron la brutalidad y el salvajismo de sus métodos de “limpieza”. La II Compañía, en la cual servían precisamente los chechenos, fue destinada al final de la guerra a Polonia; más concretamente fue la que aplastó inmisericordemente la sublevación del ghetto de Varsovia…

El uniforme de los soldados de las Legiones Orientales sólo se diferenciaba del de la Wehrmacht por un pequeño detalle: en su gorro llevaban como insignia un “kindjal”, la navaja caucásica. Los chechenos que asesinaron dentro de las unidades alemanes, son criminales de guerra, aunque imaginamos que también serían absueltos por los tribunales imperialistas alemanes, como su jefe, el capitán Oberländer. Limpieza de sangre, limpieza étnica, limpieza política… la política nazi e imperalista es siempre limpia y por eso queda también limpia de pruebas. A ellos sí hay que absolverles; a nosotros, los comunistas, a los que estamos en las barricadas contra el fascismo, a nosotros hay que condenarnos. Nosotros además de criminales somos mentirosos. Y somos criminales porque llevamos al pueblo checheno al “genocidio” el 23 de febrero de 1944.

Vamos a comprobar también esto…

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