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Guerra psicológica

Aparece en Kiev un centro de torturas del Batallón Azov

Desde el comienzo de la guerra, el gobierno ucraniano ha buscado carne de cañón desesperadamente. Zelensky y los suyos pagan a subcontratistas privados para localizar a los hombres para reclutarlos, arrastrarlos por las calles, adiestrarlos precipitadamente y obligarlos a luchar en las trincheras.

Dentro de Ucrania, la movilización se ha vuelto cada vez más agresiva a medida que la población disponible para el combate ha disminuido por las muertes, las desapariciones, la emigración y las deserciones.

El reclutamiento forzoso es otro foco de corrupción. El gobierno de Zelensky paga paga a los subcontratistas privados para cazar a los que se niegan a combatir. El dinero entregado a Ucrania por Europa y Estados Unidos paga a esos mercenarios que, sin embargo, también aceptan sobornos para hacer la vista gorda y evitar la picadora de carne.

Los cazarrecompensas cobran del gobierno por cada recluta que capturan, pero si hay una oferta mejor, dejan pasar la pieza. Decir que los reclutadores son odiados por el pueblo ucraniano es decir muy poco. Han creado un barril de pólvora entre la población ucraniana.

Cuando los mercenarios capturan al recluta, entregan a su víctima a los nazis del Batallón Azov, que es el responsable de prepararlos para luchar y morir. El Batallón utiliza la presión física y sicológica para romper la resistencia del recluta en centros militares especializados. Los horrores se suceden hasta que el recluta finalmente acepta ir al matadero.

Se ha comprobado durante años. El horror se agrava teniendo en cuenta que el Batallón Azov tiene un largo historial de ejercicio de un terror ilimitado para lograr sus objetivos.

En el reclutamiento del ejército ucraniano no hay reglas, leyes o límites. Todo está sujeto al sistema de corrupción generalizado que impera dentro de este paisaje infernal que apoyan la Unión Europea y Estados Unidos.

La cámara de los horrores

El lunes se identificó una de las instalaciones de detención provisionales del Batallón Azov en un suburbio de Kiev. La versión de los carceleros es que entre 20 y 40 reclutas estaban en “proceso de transición”. No obstante, reconocen que, además, también mantenían encerrados a desertores que había huido del frente.

Lo que no reconocen es que los secuestrados fueron golpeados, torturados y presionados sicológicamente para convertir a los reacios en soldados listos para el combate. Sin embargo, algunos de los reclutas y desertores quedaron gravemente heridos durante su “transición” y entrenamiento.

Un paramédico fue testigo de hasta 40 reclutas con lesiones importantes en el sótano de la casa que se utiliza como una de las instalaciones de “transición” del Batallón. Pronto se corrió la voz y los vecinos comenzaron a reunirse para enfrentarse a los guardias, que vestían de civil y se negaron a permitir que llegara más asistencia médica para atender a los hombres encerrados en el sótano.

Empezaron a aparecer cientos de vecinos. El Batallón llegó para apoyar a los colegas que habían sido descubiertos y la situación empeoró. Los vecinos se reunieron frente a las instalaciones, tratando de forzar la apertura de las puertas, encender bengalas y arrojar huevos. Entre 20 y 40 hombres estaban detenidos en un sótano, y algunos resultaron heridos.

El portavoz de la Guardia Nacional, Ruslan Muzychuk, identificó la cárcel como una instalación del Batallón Azov utilizada para “acomodar temporalmente” al personal antes de su entrenamiento forzoso. El comandante de la Guardia Nacional, Oleksandr Pivnenko, dijo que cuatro militares fueron llevados al hospital después de los enfrentamientos con los vecinos. El ministro de Interior, Ivan Vyhivskyi, ordenó una investigación interna sobre las condiciones de la instalación.

Es la crisis de reclutamiento más importante de Ucrania. Se produce en medio de un creciente descontento sobre las prácticas brutales de reclutamiento. Ucrania se enfrenta a una creciente presión para mantener a la carne de cañón en los frentes y las trincheras. Las denuncias de secuestros y prácticas de movilización controvertidas han intensificado el malestar sobre las formas de llevar a cabo el reclutamiento.

El bulo y el culo

Los medios de comunicación de Ucrania justifican la brutalidad y las torturas que está llevando a cabo el Batallón Azov, financiadas por Estados Unidos y la Unión Europea. Un corresponsal del periódico Kyiv Independent que asistió al enfrentamiento ha justificado las torturas de los verdugos del Batallón.

Maldita utiliza la información del corresponsal, Francis Farrell, para decir que la noticia es falsa y sostener la versión de los fascistas ucranianos, que es la versión oficial. Sus referencias a la “Guardia Nacional” ocultan que los gestores del centro eran los carniceros del Batallón Azov y, desde luego, nada dicen de la naturaleza fascista de la unidad.

Los inquisidores tampoco dicen que los reclutas y desertores no pueden ser encerrados en el sótano de una vivienda, sino en una cárcel porque, en caso contrario, no se trata de una instalación militar oficial sino de un centro clandestino para mantener secuestrados a los detenidos de manera ilegal.

Es otro caso en el que los inquisidores, en sus esfuerzos por defender siempre las versiones oficiales, forman parte de la intoxicación de los medios convencionales.

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