‘Amigo de todos y enemigo de ninguno’ (el petróleo ruso en la crisis de Sri Lanka)

En uno de sus últimos actos como jefe de Estado, el presidente saliente de Sri Lanka, Gotabaya Rajapaksa, dio un paso largamente demorado al hablar por teléfono con Putin, para solicitarle el suministro de combustible que tanto necesita a crédito.

Nunca antes se había vivido en Sri Lanka una crisis de combustible de esta magnitud. Algunos han muerto esperando durante días en colas kilométricas de combustible. En este momento de extrema necesidad, el hecho de que el gobierno se escabulla en la búsqueda de ayuda de Rusia es un rompecabezas que invita a la especulación. Los dos Estados mantienen relaciones diplomáticas cordiales y la Federación Rusa, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, presta un apoyo vital a Sri Lanka en los foros internacionales. Dadas las circunstancias, la compra de combustible a bajo coste a Rusia no tiene por qué interpretarse como un desplante a los amigos occidentales de Sri Lanka. Sri Lanka afirma seguir una política exterior neutral, describiéndose como “amigo de todos y enemigo de ninguno”. Es de suponer que esta neutralidad es la base sobre la que Sri Lanka, junto con India, Pakistán y docenas de otros países, se abstuvo de votar sobre dos resoluciones de la Asamblea General de la ONU que condenaban las operaciones militares de Rusia en Ucrania.

La declaración del Kremlin sobre la llamada telefónica iniciada por la parte ceilandesa llamó la atención sobre la larga relación entre ambos Estados. “En el contexto del 65 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, que se celebra este año, se confirmó la disposición mutua a seguir desarrollando progresivamente los lazos tradicionalmente amistosos entre Rusia y Sri Lanka”, decía el comunicado. Aunque no se mencionó específicamente el tema del suministro de combustible, el comunicado ruso dice que “los presidentes discutieron asuntos actuales de la cooperación comercial y económica bilateral, en particular, en energía, agricultura y transporte”.

La neutralidad internacional de Sri Lanka

La narrativa sostenida de los medios corporativos occidentales que demonizan a Rusia en este conflicto ha eclipsado el hecho de que gran parte de África, Asia y América Latina han preferido no tomar partido en la guerra por delegación de Estados Unidos y Rusia en Ucrania. “La comunidad mundial se mantiene al margen de tomar partido entre Estados Unidos y Rusia”, afirma el analista político y ex diplomático indio M.K.Bhadrakumar. “Ni un solo país del continente africano y de la región de Asia occidental, central, del sur y del sudeste asiático ha impuesto sanciones contra Rusia”.

¿Qué es lo que impide tender la mano a un país amigo que tiene las mismas exportaciones que necesita Sri Lanka? El mensaje de otros interlocutores, como el ex presidente Maithripala Sisirsena, que recibió una respuesta a su carta a Putin, así como las declaraciones del embajador ruso, han demostrado que no hay ningún obstáculo por su parte si se dan los pasos necesarios.

Tal es el malestar por las relaciones con Rusia que el ministro de Energía, Kanchana Wijesekera, se retractó de su declaración a los medios de comunicación internacionales, a finales de mayo, de que Sri Lanka había comprado una partida de crudo ruso. Según Reuters, “el envío de 90.000 toneladas fue encargado a través de Coral Energy, con sede en Dubai, dijo Wijesekera, añadiendo que el pago facilitaría la reanudación de la única refinería del país, cerrada desde el 25 de marzo”. Dos semanas después, el ministro declaró al Sunday Times que el envío “no era de una empresa rusa”, sino “una oferta de una empresa con sede en Dubai, Coral Energy”. Pero al día siguiente, el Primer Ministro Ranil Wickremesinghe declaró en una entrevista a la emisora india Wion que, en efecto, “compramos un cargamento a Rusia”.

Los informes dicen que, con las sanciones de la Unión Europea que impiden a las grandes empresas comerciar con los productores de petróleo rusos, los comerciantes más pequeños están aprovechando la oportunidad de enviar petróleo ruso comprado con grandes descuentos. ¿Estará Sri Lanka a la altura de la tarea de adoptar un enfoque diplomático calibrado para resolver la crisis del combustible, en medio de este tenso entorno internacional?

No es ningún secreto que las potencias occidentales ejercen su considerable influencia para obligar a los Estados más pequeños a cumplir con sus políticas, en su intento de contener a sus rivales. Pero la India, miembro de la Cuarta Conferencia, compra abiertamente petróleo a Rusia, mientras que la propia Unión Europea sigue dependiendo en gran medida de la energía rusa, aunque intente reducir esa dependencia.

El miedo a negociar con Rusia

Algunos representantes del grupo “independiente” de partidos políticos afines al gobierno, como el Frente Democrático de Izquierda, el Partido Comunista de Sri Lanka y el Frente de Libertad Nacional, han denunciado la reticencia del gobierno a negociar con Rusia. Acusan de que este fracaso se debe al miedo a enfadar a Estados Unidos y a la Unión Europea. En una sesión informativa conjunta del grupo, emitida por la televisión nacional, el portavoz del Frente Nacional de la Libertad, Mohamed Muzzamil, alegó que el gobierno ha sido presa de la “estrategia Indo-Pacífica” de Estados Unidos.

Irónicamente, un editorial sobre Sri Lanka en el Washington Post, que dejó al descubierto los fundamentos geopolíticos de la ayuda estadounidense a Sri Lanka, dio crédito a esta crítica. Como se cita en el Sunday Times del 22 de julio, la columna titulada “Sufriendo en Sri Lanka: Estados Unidos debe ayudar a contener una crisis de la deuda que podría extenderse por todo el mundo”, expresaba la preocupación de que el presidente Putin “pudiera utilizar el dolor de Sri Lanka para ampliar la influencia rusa en la región del Indo-Pacífico”. Argumentando que Estados Unidos debe utilizar su poder como mayor accionista del FMI para ayudar a los países a reestructurar sus deudas, dijo: “Sri Lanka presenta una oportunidad para que el gobierno de Biden diseñe un rescate junto con otros miembros del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad: India, Japón y Australia. Esto podría mitigar el sufrimiento y mostrar a todo el Indo-Pacífico que vale la pena tratar con Estados Unidos en lugar de con China o Rusia”.

En un encuentro con los medios de comunicación en Colombo, al día siguiente de la llamada telefónica de Rajapaksa a Putin, la embajadora de Estados Unidos, Julie Chung, declaró que Estados Unidos no aplica sanciones a terceros países que importen petróleo ruso. Sin embargo, señaló que sí hay sanciones contra los bancos, la logística, el transporte y la financiación rusos. Esto último se traduce en problemas para los terceros países que desean comerciar con Rusia a la hora de realizar los pagos, aunque no haya sanciones directas contra ellos. Así que la conclusión es que los terceros países sí se ven castigados por las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea. Bhadrakumar, citando un informe de la UNCTAD, ha llamado la atención sobre las alarmantes consecuencias mundiales del bloqueo de los canales bancarios para el comercio con Rusia. Los más afectados son los países menos desarrollados, especialmente en África, que dependen en gran medida de Rusia para el trigo, observó.

El enviado de Estados Unidos había dicho que “Sri Lanka también debe tener en cuenta el hecho de que el presidente Putin ha iniciado un ataque brutal, no provocado e injustificado contra un país soberano: Ucrania”. Sin embargo, muchos analistas, incluso occidentales, han demostrado que las causas del conflicto entre Rusia y Ucrania son más profundas de lo que la narrativa occidental quiere hacernos creer. En particular, John Mearsheimer, profesor distinguido de Ciencias Políticas y codirector del Programa de Política de Seguridad Internacional de la Universidad de Chicago, ha argumentado que “Occidente, especialmente Estados Unidos, es el principal responsable de este desastre”.

El gobierno de Sri Lanka está ahora a merced del FMI, controlado por Estados Unidos, para que lo rescate de la catástrofe económica. Pero, además, ¿es incapaz de adoptar una posición de principios en sus relaciones exteriores? Por ejemplo, ¿cómo se refleja en el país el hecho de que el ministro de Energía anuncie la decisión de Sri Lanka de levantar la prohibición de la Qatar Charity, coincidiendo con su viaje al estado rico en petróleo en busca de combustible?

El ex embajador en Rusia, Saman Weerasinghe, no tuvo pelos en la lengua para hablar de la política exterior de Sri Lanka, en un acto televisado organizado el mes pasado por la Sociedad de Amistad Sri Lanka-Rusia, al que asistió el embajador ruso Yury Materiy. Weerasinghe lamentó que los 800 millones de dólares ofrecidos en concepto de ayuda a proyectos por parte de Rusia no se hayan aprovechado durante su mandato. Lamentó el incidente en el que un vuelo de Aeroflot fue retenido en Sri Lanka, y preguntó por qué no se había presentado una disculpa a nivel diplomático.

El problema era que la política exterior de Sri Lanka se formulaba en algún “otro país”, alegó, a diferencia de las políticas exteriores de otros países, que se formulan en casa. Se trata de una acusación condenatoria, que no guarda relación con ninguna crisis mundial. Dada la actual inestabilidad política del país, con el telón de fondo de una épica lucha por el poder que se desarrolla en la escena mundial, los acontecimientos en la estratégica Sri Lanka serán observados de cerca en los próximos meses.

—https://www.newswire.lk/2022/07/24/factum-perspective-will-sri-lanka-slip-up-over-russian-oil/

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