¿Aló, aló?

Se habrán fijado los perspicaces lectores de este blog incomparable que muchos de los informes y noticias, incluso opiniones, proceden de fuentes extranjeras. Uno, que ya es añoso, como los buenos caldos, escuchaba en tiempos de Franco emisoras extranjeras, alógenas, tipo “Radio París” y hasta “Radio Tirana” o “La Voz de Canarias Libre” del MPAIAC canario de Antonio Cubillo, para tratar de enterarse de algo que tuviera que ver con la realidad nacional e internacional. Y no con las “versiones oficiales” de los medios de desinformación de los boletines oficiales del Régimen franquista. A las noticias que daba a las horas en punto Radio Nacional de España (no había apenas otras) se las llamaba “el parte” a lo que la ironía popular añadía «el parte… de guerra». El monopolio de la información (?), pues, era cosa del Régimen (me niego a decir “anterior”) y sus sistemas de consignas (se decía así) que eran los mantras que toda la prensa y demás medios tenían que poner de titulares. Era obligatorio.

Bueno, pues, me ocurre que, en tiempos de “democracia”, me tengo que ir -también- al exterior para tratar de enterarme de algo potable y fiable. Igual que con el general Franco. Y no ya tanto por ver de enterarme de cuestiones y entresijos políticos, que también, pues en las redes hay buena información, si se sabe elegir, como en temas puntuales; por ejemplo, el coronavirus y el tratamiento informativo que dan los massmedia españoles sobre el mismo, que no es sino monolítico, monocorde y que responde, calcadamente, al sistema de consignas franquista sin posibilidad de crítica ni, dicho en términos periodísticos, feedback. El mensaje es el mismo en todo el espectro radiológico y escrito y televisivo, que eso debe ser el “pluralismo informativo”. Y si dan la palabra a algún “replicante” tipo “Blade Runner”, o bien se le trata de desacreditar presentándolo como un bicho raro, semiparanoico, iluminado, negacionista, personalizando, grotescamente, en un Miguel Bosé, o bien se le corta seca y abruptamente la comunicación (que lo he visto yo dos veces en tv, concretamente en “Todo es mentira” y el programa que le sigue de J. Prat en “La Cuatro”).

Tenemos, pues, unos aparatos ideológicos del Estado (hay que hablar así) que, lejos de informar, sólo están para mantener la tensión en el televidente, en el (situacionistamente hablando) “espectáculotariado”, creando una psicosis de miedo informando a diario de los muertos del día ofrecidos en el altar fantasmático al dios Moloch del nuevo virus diabólico (ayer el «terrorismo», anteayer el comunismo), combatiéndolo con mascarillas, distancias, confinamientos, y también fases, toques de queda, estados de alarma, multas, malos tratos, etc., como en la guerra.

No olvidemos que en las primeras comparecencias del portavoz del Gobierno para dar el parte (de guerra), el señor Simón, aparecían militares uniformados, que lo mismo informan de bajas por pandemia que de independentistas encarcelados. Por no hablar de las innumerables contradicciones en que caen nada más abrir la bocota dando la sensación de estar improvisando continuamente por no saber ni de lo que tratan ni lo que traen entre manos, pendientes de lo que hagan o dejen de hacer lo demás. Ahora ya nadie se muere de gripe, todos de Covid-19. Estamos en manos de delincuentes que son capaces de obligar a los niños a ponerse una ineficaz mascarilla causando irreparables transtornos psíquicos que no olvidarán en sus vidas, ya hablan de la “generación del virus”. Lo dicho, unos delincuentes.

comentario

  1. Excelente artículo. Lo felicito.
    Aunque ya no es tan raro encontrar una perla así, es dable decir que cuando ello ocurre nos embarga, al leerlo, una grandísima satisfacción múltiple. Conozco más, disfruto con desenfado del estilo literario, mismo que entraña una forma sarcástica, irónica y tan ingeniosa como el cuento de Quevedo acerca de que la Reina es coja, me refresco en fe y esperanza en nosotros, revaloro nuestra capacidad de lucha y un gran etcétera, nunca antes menor aplicado.

    Otra vez, muchísimas gracias, por insurgir

    Atentamente

    Sebastian

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