El periodismo libre acabó hace tiempo en Europa, pero ahora ya es descarado. El ministro de Interior, Alexander Dobrindt, va a proponer un proyecto de ley (1) que abre las puertas a los servicios de inteligencia en las redacciones de los medios de comunicación, al estilo británico.
Como es característico, el borrador se presenta con el pretexto de contener infraestructuras o amenazas extremistas y amplía drásticamente los poderes de vigilancia digital y física de los servicios secretos y, especialmente, de la BfV, la Oficina Federal para la Protección de la Constitución.
Los servicios de inteligencia no solo podrán observar lo que ocurre en la redacción de un medio (vigilancia pasiva), sino que actuarían dentro de ella (intervención activa): desinformando, manipulando fuentes e infiltrando soplones.
El borrador lo llama “defensa activa” y permite que los espías saboteen o interrumpan infraestructuras informáticas de atacantes en lugar de limitarse a recopilar información.
También permite entrar de manera secreta en viviendas particulares con el fin de instalar programas de espionaje en ordenadores y móviles a los sospechosos de terrorismo o amenazas graves.
Los proveedores de telecomunicaciones y plataformas digitales están obligados a facilitar datos de sus clientes en secreto.
Se reduce el control parlamentario del BND, limitando el acceso a información clasificada por parte de los diputados responsables de la supervisión del espionaje.
En 2020 el Tribunal Constitucional alemán declaró inconstitucional la vigilancia masiva internacional del BND, en una sentencia histórica que protegió la libertad de prensa en la era digital. El Tribunal exigió reformar la ley para garantizar una protección especial a periodistas y restricciones más duras a la vigilancia selectiva.
Ahora esos controles también desaparecido. El espionaje tendrá manga ancha. “El proyecto de ley sobre las agencias de inteligencia se suma a numerosas tendencias aterradoras de los últimos tiempos hacia la vigilancia y la intimidación de los críticos del gobierno”, concluye un comentarista (2).
Este tipo de normas represivas siempre van acompañadas de la demagogia, la guerra sicológica y las cortinas de humo. En este caso el ministro Dobrindt y sus secuaces utilizan el apagón en Berlín en enero de este año, que fue parecido al que ocurrió en España el año pasado. Pero en Alemania nadie habla de los detalles técnicos de la red eléctrica. No fue un accidente sino un sabotaje ruso.
No hay pruebas de ningún tipo, ni falta que hace. Los manipuladores han llevado la discusión hacia el terreno que les conviene: los rusos tenían información sobre al tendido eléctrico de Berlín y eso es lo realmente importante. Hay que evitar ese tipo de filtraciones. Hay que dejar de informar, e incluso hay que desinformar para evitar ese tipo de ataques.
(1) https://www.bmi.bund.de/SharedDocs/gesetzgebungsverfahren/DE/Downloads/referentenentwuerfe/OESI2/NDRefG.pdf?__blob=publicationFile&v=1
(2) https://www.nachdenkseiten.de/?p=153844