El viernes la prensa croata llevó a la primera plana un titular sensacional, de esos capaces de atraer audiencia millonarias y crear polémicas interminables: un desconocido se había acercado a una monja de 35 años, Marija Tajana Zrno, alias “hermana Zrno”, en la zona residencial de Malesnica y la atacó con un cuchillo.
Los medios llegaron a inventar que el agresor había gritado “¡Allahu akbar!”, es decir, que era la agresión de un emigrante que, además, era un musulmán fanático (1).
A su llegada al hospital, informaron que la hermana Zrno tenía una lesión abdominal. Los médicos aseguraron que su estado era estable y que no corría peligro. Según miembro de su entorno, logró regresar caminando a su convento antes de ser trasladada a urgencias del Hospital Universitario de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
El alcalde de Zagreb, Tomislav Tomasevic, expresó su preocupación por la salud de la monja cuando fue hospitalizada. Solicitó a la policía que realizara una investigación exhaustiva y compartiera rápidamente sus hallazgos, enfatizando que la opinión pública estaba profundamente afectada por los informes iniciales.
No había mucho que investigar. La policía se enteró enseguida de que la monja había comprado ella misma el objeto punzante utilizado en el incidente en una tienda de la zona de Zagreb.
Un examen de sus lesiones determinó claramente que, ademś de superficiales, fueron autoinfligidas y la propia policía ha anunciado la presentación de una denuncia contra la hermana Zrno.
En las cámaras de videovigilancia no se veía a ningún agresor en el lugar del falso apuñalamiento, ni musulmán ni budista.
La monja impartía lecciones de religión en una escuela primaria y es muy conocida en Croacia por su pasión por el fútbol. En la cadena de televisión católica Laudato presentaba programas relacionados con el fútbol.
El fútbol, decía, es “una forma de conectar, compartir alegría y evangelizar”. ACI Prensa y la Agencia Católica de Noticias publicaron una entrevista en la que establecía paralelismos entre el deporte y la vida espiritual: “Para ser un buen futbolista, hay que entrenar todos los días. Lo mismo ocurre con la espiritualidad: si no eres perseverante y no rezas con regularidad, te volverás perezoso, tibio y tu vida no dará fruto” (2).
Es una gran admiradora del antiguo futbolista del Real Madrid Luka Modric, a quien felicitó por llevar espinilleras con la imagen de Jesucrísto. Junto con el padre Ivan Dominik Iliciv organizó la iniciativa de oración “Rosario por el Fuego” para la selección croata durante el Mundial.
La iniciativa movilizó a crotas de todas las edades.
Ahora la monja ha sido ingresada en un hospital siquiátrico para recibir tratamiento.
Los problemas se le acumulan a Bélgica. No resuelve ninguno de ellos y se van amontonando encima de la mesa, que es el peor síntoma de una crisis muy profunda. Primero, el gobierno está presionado por Europa para que se apodere del dinero que Rusia tenía guardado en un banco, lo cual es una fuente de problemas, tanto si participa en el atraco como si no lo hace.
Segundo, el gobierno es un laberinto de 5 partidos que no tienen nada en común y que se han puesto de acuerdo sólo porque alguien tiene que participar en las ceremonias oficiales y diplomáticas.
Tercero, la semana pasada los trabajadores y pensionistas salieron a la calle durante tres días seguidos. Es la mayor movilización en Bélgica desde la “huelga del siglo” en el invierno de 1960 a 1961.
Hace años que en Bélgica los sindicatos convocan huelgas y manifestaciones a regañadientes. Ellos forman parte de la crisis, una crisis dentro de otra crisis. En repetidas ocasiones las camarillas sindicales han pedido al Primer Ministro que les reciba, pero no se ha dignado a contestarles. No les queda más remedio que ponerse las pilas porque la situación laboral es cada vez más penosa.
Llueve sobre mojado. La semana pasada estalló un episodio de movilizaciones que sigue a 11 meses de luchas obreras, o sea, que los trabajadores pasan más tiempo en la calle que en el tajo, lo cual también es muy peligroso.
Todo va a más. La huelga de la semana pasada contó con mayor apoyo y fue más larga que la del 31 de marzo, tras la gran manifestación que reunió a unos 140.000 trabajadores en Bruselas el 24 de septiembre.
El gobierno aprovechó las tres jornadas para asustar a los parlamentarios, que acabaron tragando con los presupuestos. “O yo o el caos”, vino a decirles el lunes el Primer Ministro, Bart De Wever, que ha promovido un espejismo: la coalición de gobierno se consolida en medio de la tempestad.
Pero no todos pasaron por el aro, por lo que la crisis interna se ha profundizado. De Wever no se esconde y confirma que su partido NVA es “la oficina de investigación de los empresarios flamencos”. Como en los demás países europeos, en Bélgica no hay otra política que la austeridad presupuestaria, los recortes y el sacrificio de millones de trabajadores.
No obstante, las huelgas y manifestaciones no son más que un alto en el camino porque el gobierno no se da por enterado. Ya cuentan con los gritos y las pancartas en la calle. El movimiento obrero tendrá que dar un paso más, que sólo puede ser político, es decir, que tiene que tener en cuenta el contexto de guerra que vive Europa.
La huelga general en Bélgica de 1960 a 1961
Bélgica tiene una larga trayectoria de luchas obreras. Hace 65 años, más de un mes de paros y movilizaciones sacudieron al país de arriba abajo. Ha pasado a la historia como la “huelga del siglo” y no fue solo una movilización sindical. Fue una auténtica rebelión, una prueba de fuerza política, a veces insurreccional, entre la clase obrera, por un lado, y el capital, el Estado y la Iglesia católica, por el otro.
Sólo habían pasado 15 años del final de la Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces las huelgas generales habían estado dominadas por la adquisición o salvaguarda de los derechos y libertades democráticos (1893, 1902, 1913, 1950) o por exigencias sociales inmediatas (el verano de 1936: el día de ocho horas, vacaciones pagadas, etc.). La huelga de 1960-1961 fue mucho más allá. En un discurso pronunciado en plena batalla, el secretario general del sindicato FGTB (Federación Nacional de Trabajadores de Bélgica), André Renard, declaró que “a partir de hoy, las palabras revolución e insurgencia tendrán un sentido práctico para nosotros”.
La huelga estalló y avanzó de una manera muy espontánea y desde el principio tuvo un carácter político, que apuntaba hacia la conquista de reformas estructurales de las relaciones de producción capitalistas. Uno de los grandes pilares de la reacción era el monarca Leopoldo III, amigo de Hitler, que había encontrado una enorme oposición en el país para recuperar su cargo tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Los trabajadores percibían el regreso del rey Leopoldo 3 como un intento de volver a la situación anterión a la guerra.
La Iglesia católica era otro pilar. Durante su discurso de Navidad, su máximo dirigente, el cardenal Van Roey, condenó la huelga como contraria a la “moral cristiana”. Durante la huelga, por medio de sus sindicatos amarillos, se esforzó por enfrentar a los trabajadores valones de los flamencos.
El ministro de Obras Públicas, Homer Van Odenhove, dijo por la radio: “Esta noche me limitaré a llamar su atención [a los obreros] sobre el inmenso daño que estas insensatas huelgas políticas están causando no solo al país, sino también a ustedes mismos y a sus seres queridos”. Este topo de mensajes se sucedían en los medios de comunicación.
Pero una batala no se gana con palabras. El gobierno organizo un fantástico despliegue de la gendarmería (18.000 efectivos) para proteger la centros vitales, desmantelar los piquetes y proteger a los esquiroles. El ejército movilizó de 12 a 15.000 soldados para mantener la infraestructura industrial, puentes, oficinas de correos, telégrafos, etc.
Desde las primeras semanas de huelga, el país quedó paralizado. El gobiernop erdió el control de la situación muy rápidamente. En muchos lugares, especialmente en Valonia, los comités de huelga se encargaron de organizar el transporte y regular la vida Social. Ningún coche, motocicleta o camión podía circular sin la autorización de los comités de trabajadores y de barrio.
En el apogeo de la huelga, después de dos semanas de paros, millones de trabajadores estaban en la calle. El centro de gravedad siempre estuvo en las cuencas industriales de Valonia, especialmente el Borinage que quedó aislado por las barricadas. El acceso se hizo imposible. Nuevas huelgas condujeron al cierre de las minas de carbón de Borinage (*).
Durante un corto período de tiempo, se celebraron hasta 300 manifestaciones en el país, masivas la mayor parte de ellas. Se cometieron 3.750 sabotajes, a menudo para evitar que los esquiroles reventaran los paros. En los combates contra la policía cuatro manifestantes perdieron la vida.
La huelga general cambió Bélgica para siempre. El gobierno cayó y, recientemente, no por casualidad, la prensa volvió a recordar la “batalla del siglo” para decir que más vale ceder un poco que perderlo todo. En 1960 los trabajadores belgas saltaron en contra de los planes de austeridad del gobierno (“ley única”), exactamente igual que ahora.
(*) El nombre de esta cuenca minera belga deriva de “bore”, que significa “pozo” o “yacimiento” en el dialecto local. Los habitantes de la cuenca se llaman “borains”. Formaba parte de un cinturón (“Sillon industriel”) que fue la cuna de la revolución industrial belga. Pero en 1948, la región valona, típicamente obrera, se benefició mucho menos del Plan Marshall que la flamenca. El cierre de las minas de carbón fue la puntilla para una región ahora pobre y deprimida.
El manual estratégico el ejército francés sugirió el 13 de julio crear un “servicio militar renovado” destinado a proporcionar a los jóvenes una formación militar básica que pudiera conducir a la captación de nuevos reclutas.
El jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Pierre Schill, defiende este modelo. Desde el final de la Guerra Fría, “hemos pasado de un ejército de reclutas a un ejército profesional. Estoy convencido de que hoy estamos a punto de pasar de un ejército profesional a un ejército mixto, es decir, un ejército con profesionales, reservistas, pero también, quizás, voluntarios que presten servicio”, declaró en una entrevista.
Otros países europeos, como Alemania y Bélgica, han seguido el mismo camino. Alemania quiere reclutar 20.000 voluntarios a partir del año que viene.
Cuatro meses después, Macron confirmó la creación de un “servicio nacional voluntario”, o sea, algo que no es exactamente un “servicio militar” a la vieja usanza. Es más bien parecido a una “formación profesional” en un cuartel militar, a lo que se añade la transformación del “Día de la Ciudadanía y la Defensa” en un “Día de la Movilización”, que seguirá siendo obligatoria.
Su implementación, si el parlamento la aprueba, está prevista para el verano del año que viene. El “servicio nacional involucrará exclusivamente a voluntarios, principalmente jóvenes de 18 y 19 años”, declaró Macron, para quien este programa debería “fortalecer el vínculo entre nuestra nación y sus fuerzas armadas”, así como “reforzar nuestra resiliencia” y “consolidar la formación de los jóvenes”.
No obstante, si la situación lo requiere, “el Parlamento podrá autorizar el reclutamiento, más allá de los voluntarios, de aquellos cuyas competencias se hayan identificado durante la jornada [de movilización]. En tal caso, el servicio militar se convierte en obligatorio”, aclaró el presidente.
“Nuestros jóvenes en el servicio militar prestarán servicio durante 10 meses” y “llevarán a cabo las mismas misiones que los militares en activo en territorio nacional”, continuó.
“Servirán en territorio nacional y solo en territorio nacional, es decir, en la Francia metropolitana y en nuestros territorios de ultramar. El servicio militar se refiere al territorio nacional porque se trata de movilizarse para defendernos. Y quiero que este empleo en territorio nacional esté consagrado en la ley”, insistió Macron.
Los voluntarios participarán en ejercicios y misiones nacionales, como la Operación Centinela, o realizarán tareas específicas en función de su experiencia, competencias y nivel educativo (informática, logística, restauración, etc.)
Los diez meses pasados en los cuarteles, que pueden considerarse como un año sabático, deben ser reconocidos. Los voluntarios recibirán una asignación mensual de aproximadamente 800 euros, sin incluir bonificaciones, y se les proporcionará alojamiento, comida y servicio de lavandería. También recibirán apoyo del ejército si buscan empleo. “Quienes lo deseen podrán unirse al ejército activo mediante el alistamiento, y se reconocerá la experiencia adquirida”, explicó Macron.
Con este nuevo servicio militar, “nuestras Fuerzas Armadas se beneficiarán de jóvenes franceses, hombres y mujeres, cuyas motivaciones han sido identificadas, su compromiso puesto a prueba y sus habilidades perfeccionadas. Es un activo fundamental: militar, moral, cívico y republicano. Es un acto de confianza en nuestra juventud”, afirmó.
El objetivo es reclutar a 3.000 voluntarios para el próximo verano. El nuevo servicio en filas aumentará gradualmente de tamaño hasta alcanzar los 10.000 reclutas de aquí a 2030. “Mi ambición para Francia es alcanzar los 50.000 jóvenes de aquí a 2035”, afirmó Macron.
Un desafío para el ejército
La decisión de aumentar el tamaño de la fuerza operativa terrestre de 66.000 a 77.000 efectivos ha requerido esfuerzos significativos en términos de equipo e infraestructura. El ejército francés lo logró mediante la “densificación” de sus regimientos, añadiendo una compañía o escuadrón adicional e instalando barracones prefabricados en los cuarteles.
El nuevo servicio generará los mismos problemas: será necesario redimensionar los servicios de apoyo (Servicio de Salud del Ejército, vestuario y alimentación) y encontrar espacio para albergar a los voluntarios, especialmente porque la reestructuración llevada a cabo en las décadas de 2000 y 2010 resultó en la venta de numerosos cuarteles. El objetivo de 50.000 reclutas para 2035 corresponde aproximadamente a unos 40 ó 50 regimientos.
La “deuda gris” del Ministerio de las Fuerzas Armadas, es decir, la cantidad necesaria para mantener los edificios, asciende a 4.400 millones de euros. Es mucho dinero porque, en materia de construcción, deben tenerse en cuenta las normas generales, que son muy costosas para los centros militares. En otras palabras, el ejército francés está pensando en volver a los vetustos e inhabitables edificios de siempre.
Pero Macron dijo otra cosa: que era necesario “comenzar a construir alojamientos y otras infraestructuras para que los jóvenes sean recibidos adecuadamente en las guarniciones y liberar gradualmente un número suficiente de oficiales para entrenar y comandar a estos jóvenes reclutas”.
Para ello tendrán que gastar más de 2.000 millones de euros en financiar la iniciativa, dentro de la actualización de la Ley de Programación Militar 2024-2020. “Es un esfuerzo significativo. Es esencial”, enfatizó Macron.
El ejército francés ya se ha puesto en marcha. En su página web de reclutamiento promociona el nuevo servicio, especificando que habrá 1.800 plazas disponibles en todo el país. El plazo de inscripción se abre el 12 de enero. “La lista de plazas disponibles se publicará próximamente”, concluye.
Los más hipócritas se han puesto de acuerdo para lloriquear por eso que llaman “el auge de la ultraderecha”. ¿Cómo es posible? Hay que recordarles lo que escribió el historiador canadiense Irving Abella: “Una forma de entrar en el Canadá de la posguerra era mostrar un tatuaje de las SS. Demostraba que eras anticomunista”.
En España ocurrió lo mismo, no sólo en 1945 sino también treinta años después, cuando se convirtió en el paraíso de toda la escoria fascista que había en Europa, empezando por Otto Skorzeny y acabando por Stefano Delle Chiaie.
Los fascistas siempre fueron acogidos con los brazos abiertos y encontraron el refugio que necesitaban para pasar desapercibidos en países como Canadá, donde el año pasado el gobierno se negó a publicar la lista de nazis que escondieron en el país después de la guerra mundial.
El pretexto olía muy mal y demostraba muy poca imaginación: los rusos podían utilizar la lista contra Ucrania. Por eso el gobierno consultó al colectivo de refugiados ucranianos antes de tomar una decisión.
En 1945 Canadá recibió con entusiasmo a los verdugos ucranianos de la División Galicia de las SS y en 2023 el Parlamento homenajeó a uno de ellos, Yaroslav Hunka. Sólo tus amigos te rinden pleitesía. Hasta mediados de la década de los ochenta no se creó una Comisión de Investigación sobre Crímenes de Guerra para lavarse la cara. La investigación determinó que el reasentamiento de personas involucradas en crímenes de guerra se llevó a cabo con la aprobación del gobierno canadiense de posguerra, que colaboró con los servicios de inteligencia estadounidenses. El espionaje estadounidenses proporcionó a los nazis ucranianos documentos para legalizar su situación en Canadá.
El país norteamericano ni siquiera ha extraditado a los más brutales carniceros, como Vladimir Katriuk, quien perpetró la masacre en la aldea de Khatyn. Figuraba en la lista de los criminales nazis más buscados del Centro Simon Wiesenthal y murió plácidamente en su casa cerca de Montreal a los 93 años.
No acogieron sólo a unos pocos. Solo entre los criminales incluidos en las listas del Centro Simon Wiesenthal, sumaban más de 2.000 criminales, aunque en total llegan hasta 9.000 los nazis que encontraron refugio allá.
Los archivos del gobierno canadiense contienen una lista de nombres mucho más modesta: 900. Pero incluso estos nombres se ocultan obstinadamente.
En los últimos quince años Canadá ha propuesto varias veces la creación de un “Monumento a las Víctimas del Comunismo”, aunque el proyecto ha pasado a un segundo plano tras el escándalo de Hunka. Para volver a la carga necesitan que nadie se acuerde de su desvergüenza. El Departamento de Patrimonio Canadiense anunció que, de los 553 nombres previstos para el monumento, 330 serían eliminados. Más de 50 personas de la lista estaban directamente vinculadas a los nazis. Para el resto, la información era insuficiente.
Canadá no se ha limitado a esconder nazis; también los ha entrenado. Dentro de la misión Unifier en Ucrania se encargó de adiestrar a los criminales del Batallón Azov, según Radio-Canadá (*).
En fin, Canadá siempre ha sido un chollo para los nazis, antes y ahora. Ha proporcionado una vida cómoda a cientos de verdugos que cometieron los peores crímenes que cabe imaginar en una guerra. Es lógico que sus vástagos saquen pecho.
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