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Día: 1 de diciembre de 2025 (página 1 de 1)

Se publican los archivos del ‘Escuadrón Rojo’ de la policía de Nueva York

A primera vista, las fotografías de Martin Luther King y su séquito frente al Ayuntamiento de Nueva York no sugieren otra cosa que una alegre celebración pública. Tomadas el 17 de diciembre de 1964, apenas una semana después de que el dirigente de los derechos civiles recibiera el Premio Nobel de la Paz en Noruega, se ve al alcalde Robert F. Wagner recibiendo formalmente a King como si fuera un jefe de estado de visita. Más tarde ese mismo día, Wagner le entregó la Medalla de Honor de la ciudad a King, elogiándolo como “un gran estadounidense que ha regresado a casa tras un gran triunfo en el extranjero”.

Pero algunos detalles de las fotografías dejan claro que la persona detrás de la cámara albergaba una impresión mucho menos halagadora de King. Esto se debe a que las imágenes se conservan en los Archivos Municipales de la Ciudad de Nueva York de la Oficina de Servicios Especiales e Investigaciones, la antigua unidad de inteligencia política de la policía de Nueva York.

A simple vista, las imágenes son mundanas. King sale de un coche, recibido por dos hombres trajeados. En otra toma, King aparece con familiares y confidentes, entre ellos su esposa, la activista Coretta Scott King; su madre, Alberta Williams King; y su amigo y asesor Bayard Rustin, organizador de la Marcha sobre Washington. En una tercera toma, Coretta estrecha la mano de Wagner.

Ninguna de las 14 personas que aparecen de cerca muestra el más mínimo indicio de que se les está tomando una foto; nadie mira directamente a la cámara. Su falta de reconocimiento sugiere que quizá no se dieron cuenta de que estaban siendo fotografiados, y mucho menos por la policía. Pero su inclusión en los archivos del “Escuadrón Rojo” de la Oficina de Servicios Especiales deja clara la opinión de la policía de Nueva York.

Los archivos fueron descubiertos por primera vez en un almacén de Queens en 2016, más de tres décadas después del histórico acuerdo judicial Handschu que ordenó su puesta a disposición de los militantes sujetos de vigilancia por la policía de Nueva York, y dos años después de que una demanda interpuesta por la historiadora Johanna Fernández exigiera su divulgación. Hoy en día, los archivos del “Escuadrón Rojo” de la policía de Nueva York representan la colección más significativa de registros de inteligencia policial de acceso público en Estados Unidos.

‘El mentiroso más notorio de Estados Unidos’

Para la policía de Nueva York, los halagos públicos de Wagner a King importaron mucho menos que los comentarios desfavorables que hizo apenas un mes antes el principal funcionario policial del país, el director del FBI, J. Edgar Hoover. En noviembre de 1964, ante un grupo de periodistas, Hoover condenó a Martin Luther King como “el mentiroso más notorio del país”, criticando duramente al dirigente de los derechos civiles por su sugerencia de que el FBI solo investigaba con renuencia los ataques segregacionistas contra activistas de derechos civiles.

Los comentarios de Hoover pueden parecer pintorescos en nuestra época actual —en la que los políticos lanzan fusilerías repletas de blasfemias contra sus oponentes y el presidente de Estados Unidos publica vídeos generados por inteligencia artificial que lo muestran como un piloto de combate bombardeando con aguas residuales a manifestantes de No Kings—, pero ese insulto logró deslegitimar aún más a King y al movimiento por los derechos civiles ante las fuerzas del orden. Wagner pudo haber elogiado abiertamente a King, pero la policía de Nueva York lo vigiló encubiertamente. Les importaba un bledo lo que pensara su alcalde, porque veneraban al director del FBI como el principal policía del país.

Así como Trump demoniza hoy a los organizadores de izquierdas como “terroristas locales”, tanto los funcionarios federales como policías locales del sur y del norte condenaron a los militantes por los derechos civiles como alborotadores e insurrectos. Así como Trump desacreditó falsamente a Zohran Mamdani tachándolo de “comunista” en los últimos meses (antes de optar por no repetir las acusaciones en una reunión sorprendentemente amistosa con el alcalde electo en el Despacho Oval), los funcionarios difamaron a King tachándolo de “comunista”. Cuando el Departamento de Justicia de Trump acusa a sus enemigos políticos por cargos de fraude, funcionarios públicos de Alabama acusaron sin éxito a King de delitos graves por perjurio en la declaración de impuestos sobre la renta de 1960.

Pero ni la policía de Nueva York ni ningún otra policía local tuvieron que esperar a que los federales los animaran a espiar a King y sus aliados. Una percepción errónea común es que la policía local se conformaba con agredir físicamente a los manifestantes, dejando la sofisticada labor de vigilancia y difamación al FBI de Hoover. Sin embargo, la policía tenía mucha más experiencia en espiar y sabotear a activistas de lo que hemos reconocido, tanto que el infame programa Cointelpro del FBI contra los “extremistas negros”, iniciado en agosto de 1967, debería ser reconocido por federalizar los esfuerzos que los departamentos de policía locales ya habían emprendido para desmantelar el movimiento por los derechos civiles.

Mucho antes de que Hoover denunciara a King como mentiroso, la policía de Nueva York emitió un informe de vigilancia sobre la visita del dirigente de los derechos civiles a Harlem en 1958, al que le siguieron otros informes a principios de la década de los sesenta. Los organizadores de base que apoyaban a King también recibieron una atención no deseada. Mientras se preparaban para la Marcha sobre Washington —ahora ampliamente celebrada en todos los espectros políticos como un momento brillante para la democracia gracias al discurso “Tengo un sueño”—, los asistentes fueron vigilados por la policía.

La policía no se limitó a vigilar a los militantes por los derechos civiles. También desplegaron el engaño y la disrupción con la esperanza de paralizar el movimiento. Cuando Herb Callender, dirigente de una sección del Congreso de Igualdad Racial, se enfrentó a la violencia policial con protestas callejeras en Nueva York en 1964, Boss envió al espía encubierto Ray Wood para infiltrarse en el círculo íntimo del organizador del Bronx. Wood finalmente convenció a sus nuevos amigos para que participaran en un absurdo plan para llevar a cabo una detención cívica contra el alcalde Wagner en el Ayuntamiento, lo que resultó en la detención de Callendar y su ingreso en el pabellón siquiátrico de Bellevue.

En diciembre de 1964, tres días antes de que Boss fotografiara a King, Wood contactó con miembros del pequeño colectivo Frente de Liberación Negro. En poco tiempo, animó a tres militantes vagamente vinculados al colectivo a unirse a él en un descabellado plan para bombardear la Estatua de la Libertad. Wood les insistió durante semanas y convenció a uno de ellos para que se hiciera con una caja de dinamita comprada con fondos del departamento, lo que provocó su inmediata detención. En las portadas de todo el país aparecieron titulares entusiastas que detallaban los esfuerzos de Wood, y la cobertura incluyó una fotografía suya recibiendo un ascenso por su trabajo, con el rostro cuidadosamente apartado para proteger su identidad. En ese momento, el FBI asumió el control del caso y la fiscalía acusó formalmente a los hombres de delitos graves. Los tres fueron condenados basándose únicamente en la palabra de Wood y la caja de dinamita, y cada uno cumplió condena en una prisión.

El procesamiento de esos militantes marcó un hito en el proceso: los federales y la policía de Nueva York transformaron el movimiento por los derechos civiles, ampliamente tolerado y al que espiaban en secreto, en un peligroso movimiento extremista radical al que acusaron públicamente de delitos graves. Todo eso anticipó claramente no solo el Cointelpro, sino también los ataques coordinados locales y federales de hoy contra los antifascistas y “terroristas locales”.

Aquellas vigilancias tuvieron una trascendencia que va más allá de la mera historia. La policía local continúa utilizando armas de espionaje político contra los colectivos progresistas hasta el día de hoy. Durante el primer mandato de Trump, la policía de Los Ángeles, Minneapolis, Portland y Chicago vigiló a los mismos militantes antirracistas que el presidente denostó.

Hay pocas razones para pensar que estas investigaciones cesarán. Los manifestantes contra el ICE [policía de inmigración] y la guerra de Israel contra Gaza son objeto de una vigilancia continua por parte de las fuerzas del orden, sobre todo en Nueva York, donde el alcalde saliente se ha hecho eco de las críticas del presidente a las protestas contra el ICE [policía de inmigración], calificándolas de ataques a las fuerzas del orden. Además, los organizadores locales han intensificado sus peticiones para que la policía de Nueva York disuelva su Grupo de Respuesta Estratégica, una unidad secreta que continúa la labor de Boss asistiendo a las protestas y realizando vigilancias.

Los federales que atacan abiertamente a los manifestantes advierten a la policía que cometerían un error si no vigilaban e investigaban a los militantes. Los insultos y las calumnias dan paso a la vigilancia y la invasión de la intimidad, lo que a su vez sienta las bases para el acoso por parte de los funcionarios y, en algunos casos, deriva en procesos penales.

El tiempo dirá las medidas que va a tomar el gobierno contra los activistas a los que recientemente han tildado de “terroristas”. Pero no podemos perder de vista las acciones de las policías locales que recurren a los federales en busca de orientación, y debemos reconocer que las palabras falsas de un presidente, sin importar lo inverosímiles que sean, tienen consecuencias en la vida real para los militantes que las reciben.

Joshua Clark Davis https://theintercept.com/2025/11/29/mlk-nypd-surveillance-photos/

Burkina Faso rescata una empresa industrial que creará 20.000 empleos

Tras más de quince años de inactividad la fábrica SN-BRAFASO resurge de sus cenizas. Ibrahim Traoré ha inaugurado en Komsilga una fábrica totalmente remodelada gracias a una importante inversión pública. El proyecto revitaliza una emblemática empresa industrial estratégica que se centra en las materias primas locales.

Además, abre nuevas perspectivas de empleo y de desarrollo para la economía burkinesa.

La rehabilitación de SN-BRAFASO es el resultado de una importante inversión de más de 17.000 millones de francos CFA. Con un capital social de 6.000 millones de francos CFA, el estado burkinés posee una participación mayoritaria del 70 por cien en la nueva empresa.

Especializada en la fabricación y venta de bebidas alcohólicas y no alcohólicas, la unidad industrial estaba cerrada desde 2008. Ahora cuenta con una capacidad de producción anual de 600.000 hectolitros.

La reapertura de esta cervecería se enmarca plenamente en la visión de fortalecer el procesamiento local. La fábrica utilizará materias primas locales esenciales para la agricultura del país, como maíz, sorgo y arroz.

La reapertura de la fábrica generará un total de 300 empleos directos: 200 permanentes y 100 temporales. Más importante aún, será un motor para la economía local, ya que se espera que genere aproximadamente 20.000 empleos indirectos, que afectarán a diversos sectores, como la logística, la distribución y, por supuesto, el sector agrícola, responsable del suministro de materias primas.

La remodelación ilustra el compromiso del nuevo gobierno con el impulso del sector industrial y la prioridad concedida a la inversión pública para garantizar la autonomía económica, centrándose en sectores con un fuerte impacto social y transformación local.

‘Es una victoria sobre el imperialismo’

Durante la inauguración, el presidente Traoré expresó su orgullo por la reapertura de lo que describió como una “joya industrial” inactiva durante dos décadas. Describió la reapertura como algo más que un reinicio técnico; en sus palabras, representa “una victoria sobre el imperialismo y un testimonio de la resistencia del pueblo burkinés”.

Instó a la dirección y al personal de SN-BRAFASO a demostrar disciplina, rigor y patriotismo, destacando que la producción de calidad será vital para ganarse la confianza de los consumidores y garantizar la viabilidad a largo plazo de la empresa.

Tras la reapertura, SN-BRAFASO lanzó dos bebidas emblemáticas, las marcas BRAF’OR y BRAFASO, producidas bajo estándares de alta calidad. A mediano plazo, la empresa planea ampliar su gama de productos, incluyendo refrescos y agua mineral, para satisfacer las diversas demandas de los consumidores.

El ministro de Industria, Serge Gnaniodem Poda, recordó la turbulenta historia de SN-BRAFASO. Fundada en 2004, fue adquirida por el Estado en 2012 con un coste de más de 40.000 millones de francos CFA. Sin embargo, los esfuerzos previos de reactivación habían fracasado.

El ministro afirmó que el decidido impulso del presidente Traoré en marzo del año pasado dio inicio a un riguroso proceso de rehabilitación. Tras más de 20 meses de intenso trabajo en Burkina Faso y China, el proyecto se completó con éxito, cumpliendo la consigna “¡Cambiemos el ritmo, todo es urgente!”

—https://www.foodbusinessmea.com/burkina-fasos-president-traore-reopens-sn-brafaso-brewery

‘Una red de lavado de dinero ayuda a Rusia a eludir las sanciones’

El 21 de noviembre la policía británica publicó un comunicado afirmando que una vasta red de lavado de dinero que opera en Reino Unido compró el banco Keremet, de Kirguistán, para ayudar a Rusia a eludir las sanciones occidentales.

Ha creado titulares espectaculares para las noticias. “Por primera vez, vinculamos el narcotráfico con los niveles más altos de crimen organizado, geopolítica, evasión de sanciones, el complejo militar-industrial ruso y actividades relacionadas con el Estado”, declaró Sal Melki, subdirector de delitos económicos de la NCA (National Crime Agency), la central británica que “lucha contra el crimen organizado”.

El truco propagandístico no es nuevo. Reproduce una información del Tesoro de Estados Unidos del mes de enero, que ya señaló al banco con el dedo, pero sin orquestar una campaña de intoxicación como la británica.

Un mes antes, en diciembre del año pasado, la NCA habló de una primera fase de lo que calificaron como “la mayor operación contra el lavado de dinero en una década”. Detuvieron a 128 personas e incautaron más de 25 millones de libras esterlinas en efectivo y criptomonedas en Reino Unido.

La red de lavado de dinero utilizaba cientos de mensajeros en al menos 28 municipios btitánicos para recaudar dinero procedente de redes de narcotráfico, tráfico de armas e inmigración ilegal. Según la policía, el dinero se convertía en criptomonedas y se enviaba por todo el mundo.

Dos redes de habla rusa, conocidas como Smart y TGR, estaban en el centro del lavado de dinero, según la policía.

Durante la segunda fase del operativo, la policía descubrieron que parte del dinero blanqueado se transfería a través de un banco en Kirguistán, el Banco Keremet, que fue adquirido en secreto a finales del año pasado por Altair Holding SA, una empresa vinculada al dirigente de TGR, George Rossi.

El banco Keremet ayudaba a transferir el dinero a Promsvyazbank (PSB), un banco público ruso que financia a empresas, que a su vez la policía británica involucra en el complejo militar-industrial.

No hace falta ser un sabueso muy avispado para saber que se trata del “hawala” y los vetustos canales de cambistas de los que hablamos en el mes de marzo. Como en otros países, en Reino Unido esas redes  paralelas dependen de mensajeros (“hawaladars”) que recorren el país recogiendo bolsas de dinero en efectivo y cambiándolas por criptomonedas, a veces en gasolineras.

Para amplificar la campaña de intoxicación, la NCA desató una gran campaña en su contra de carteles y en línea en inglés y ruso, incluso en gasolineras, advirtiendo a los mensajeros del riesgo de largas penas de prisión por salarios relativamente bajos. “Aún hay otros [mensajeros] como ellos, y sabemos que debemos mantener la presión. Debemos seguir deteniendo a estas personas, procesándolas y castigándolas”.

La NCA no es una fuerza policial propiamente dicha, aunque muchos de sus funcionarios lo son. Colabora estrechamente con las unidades regionales contra el crimen organizado (ROCU), las fuerzas de policía locales y otros departamentos e instituciones públicas.

Los medios de comunicación lo llaman el “FBI británico”. Se creó en 2013 como un departamento gubernamental no ministerial y es el contacto de Reino Unido para centrales extranjeras de policía como Interpol, Europol y otras instituciones internacionales de seguridad.

Los solidarios con Palestina han lanzado numerosos ataques informáticos contra Israel

Los satélites y los sistemas de comunicación espaciales están amenazados por la piratería informática, advierte un nuevo informe, que detalla 237 operaciones cibernéticas dirigidas al sector espacial entre enero de 2023 y julio de 2025, durante la Guerra de Gaza.

El análisis, publicado por el Centro de Estudios de Seguridad (CSS) de la ETH de Zurich, recopila información, incluyendo publicaciones en redes sociales, artículos de prensa y datos de foros sobre ciberdelincuencia, sobre ataques contra el sector espacial israelí e instituciones internacionales (*).

El aumento más drástico de ciberataques contra el espacio se produjo en junio durante el enfrentamiento entre Israel e Irán, cuando se registraron 72 operaciones en un solo mes. Eso representa casi un tercio de todos los incidentes identificados durante el período estudiado.

“Las operaciones cibernéticas contra el sector espacial forman parte de una tendencia general en tiempos de conflicto armado”, afirma el informe, comparando este patrón con actividades similares observadas durante la reciente Guerra de Ucrania.

Todos los actores de amenazas identificados en el sector espacial, excepto uno, eran grupos propalestinos.

El estudio especifica que Hamas no tiene satélites ni sistemas espaciales sobre la Franja de Gaza, y que grupos proisraelíes pudieron realizar operaciones encubiertas.

En octubre de 2023, tras la incursión armada de Hamas, se produjeron diez ataques contra organizaciones como la Agencia Espacial de Israel (ISA) y la empresa de defensa israelí Rafael. Esta escalada sorprendió a los especialistas de todo el mundo y les llevó tiempo organizarse e identificar sus objetivos.

Los solidarios atacaron a 77 organizaciones o empresas relacionadas con el espacio durante el conflicto en Gaza. Rafael, la empresa israelí de tecnología militar Elbit Systems y la ISA fueron los ataques más frecuentes, pero también lo fueron organizaciones estadounidenses, como la NASA.

La mayoría de los ataques se dirigieron a empresas aeroespaciales y de defensa debido a su papel en la fabricación de equipo militar, no por sus actividades en el espacio.

Más del 70 por cien de los ciberataques relacionados con el espacio fueron ataques de denegación de servicio distribuido (DDoS), que saturan un sitio web con solicitudes hasta el punto de que la máquina o la red se saturan y colapsan para los usuarios.

Los ataques DDoS no requieren conocimientos técnicos significativos, son rápidos y pueden servir como distracción para ataques más sofisticados. Otros tipos de ataques incluyeron filtraciones, intrusiones y violaciones de datos.

Algunas ventas o filtraciones de datos se programaron para coincidir con eventos significativos de la guerra, pero es algo difícil de verificar y dicha información podría ser falsa.

“El hecho de que tantos incidentes pudieran identificarse mediante búsquedas manuales en fuentes abiertas sugiere que el verdadero alcance de la actividad contra el sector espacial probablemente sea mucho mayor”, concluye el estudio.

Las operaciones informáticas se han vuelto constantes en el sector espacial. El mayor pico de actividad contra el sector espacial se produjo cuando Israel e Irán libraron una guerra de 12 días en junio, con 72 ciberataques. Durante ese período, grupos pro-palestinos y pro-iraníes atacaron simultáneamente a Israel.

“Las dos guerras se influyeron mutuamente política, militar y retóricamente, y los actores de amenazas activos en un teatro de operaciones a menudo participaban en operaciones relevantes para el otro”, afirma el informe.

Los colectivos solidarios han tomado elementos de ataques exitosos de otras guerras y los han replicado en el contexto de la de Gaza.

Las operaciones cibernéticas contra el sector espacial se están convirtiendo en una constante en las guerras modernos, debido al interés de los piratas por los actores de esta industria.

(*) https://ethz.ch/content/dam/ethz/special-interest/gess/cis/center-for-securities-studies/pdfs/breaking-the-final-frontier-cyberdefense-report.pdf

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