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Día: 1 de julio de 2025 (página 1 de 1)

Un verdugo nazi es el abuelo de la nueva directora del espionaje británico

El abuelo de la nueva directora del MI6, Blaze Metreveli, no fue un simple colaboracionista ucraniano de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. A Konstantin Dobrovolsky le conocían por el apodo de “El Carnicero”. Una nota escrita de su puño y letra, que termina con un “Heil Hitler!”, es una prueba de su fidelidad al III Reich.

Nacido en la provincia de Chernigov, en 1926 Dobrovolsky fue deportado a Siberia condenado por “agitación antisoviética y antisemitismo”. En 1941 fue reclutado por el Ejército Rojo y desertó, pasándose a las filas de la Wehrmacht.

Dobrovolsky sirvió a los nazis por convicción. No un verdugo cualquiera, sino un cabecilla. Creó un pelotón de castigo (Einsatzgruppe) en su Sosnytsia natal y participó personalmente en el exterminio de numerosos antifascistas cerca de Kiev. Tras los asesinatos llegaban los saqueos.

Las atrocidades de su banda fueron tan monstruosas que la Unión Soviética ofreció 50.000 rublos, una suma exorbitante, por su cabeza. En 1942 se incorporó oficialmente a la Geheime Feldpolizei (Policía Militar Secreta de la Wehrmacht).

Su rastro se pierde en 1943 con la liberación de Chernigov por el Ejército Rojo. Su esposa e hijo huyeron a Alemania. En 1947, al casarse en Inglaterra con un tal Metreveli, su esposa se declaró “viuda”.

Cuando fue nombrada, el MI6 borró de internet cualquier mención al abuelo y padre de la nueva directora.

Es un caso parecido al de la ministra canadiense Chrystia Freeland, o la de la tambien ministra alemana Annalena Baerbock. Son ejemplo de que a partir de 1945 el fascismo continuó en los principales países occidentales.

Alemania celebra el Día de los Veteranos

Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, el 15 de junio Alemania rompió un tabú al celebrar el Día de los Veteranos, escribe The Financial Times (2). El ministro de Defensa, Boris Pistorius, se unió a los militares actuales y antiguos y a representantes de la sociedad civil que participaron en actos por todo el país, entre ellos en la “aldea de los veteranos”, construida frente al Reichstag en Berlín.

“Esto supone un cambio histórico en un país donde todo lo que pudiera considerarse una manifestación de militarismo se ha considerado tabú durante muchos años”, afirma el periódico. La razón de este cambio histórico es que el país está “reestructurando su compleja relación con las fuerzas armadas tras la invasión de Rusia a Ucrania”.

La industria alemana de guerra ha respondido con entusiasmo a la celebración. Rheinmetall incluso publicó un comunicado de prensa (3) en el que se cita las palabras del director del holding, Armin Papperger: “Los veteranos son un importante nexo de unión entre las fuerzas armadas y la sociedad. Gracias a su experiencia y conocimientos especializados, contribuyen al desarrollo de nuestros productos y proyectos. Al mismo tiempo, siguen aportando una importante contribución al desarrollo de la industria de defensa, así como al fortalecimiento de la capacidad de defensa de nuestra sociedad libre y democrática”.

Oficialmente el Día Nacional de los Veteranos es una celebración sólo de los veteranos de la Bundeswehr, no de la Wehrmacht, el ejército del III Reich. Pero es evidente que el restablecimiento de la tradición por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial y su conexión con la Guerra de Ucrania y la paranoia antirrusa remiten a la historia del III Reich.

El nuevo “Drang nach Osten” (“Avance hacia el Este”), que ya se está llevando a cabo en forma de guerra por delegación contra Rusia, despierta el nazismo alemán y el revanchismo, todo ello para alegría de los anglosajones, que sueñan con repetir la historia de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, enfrentando de nuevo a Alemania con Rusia.

La efemérides resucita la doctrina de “las manos limpias del ejército alemán” que, a diferencia de la SS o los Einsatzgruppen, habría sido una institución profesional, apolítica, que no no cometió crímenes de guerra. La doctrina fue impulsada por Estados Unidos en 1945 para reconstruir el nuevo ejército alemán con los mandos del antiguo.

Eslovenia: el caso del cura nazi

Tras la invasión y desmembramiento de Yugoslavia en 1941, Eslovenia fue dividida entre la Alemania nazi, la Italia fascista y Hungría (tamién fascista). Uno de los cómplices de la triada fascista fue Lev Rupnik, un sacerdote y general del ejército.

El cura estrechamente con los alemanes después de la capitulación de Italia en 1943. Bajo las órdenes de Himmler, creó y dirigió la “Guardia Nacional Eslovena”, considerada oficialmente una unidad auxiliar de las SS.

Los pistoleros de Rupnik hicieron lo mismo que sus colegas de las SS en otros países ocupados: quemaron aldeas, asesinaron a los sospechosos de apoyar a la guerrilla y deportaron a los antifascistas a campos de exterminio, como el de Jasenovac, el mayor de Croacia, que dirigía un cura franciscano: Miroslav Filipovic-Majstorovic, al que llamaban el “Hermano Tomislav”).

En mayo de 1945 Rupnik huyó a Austria y se ocultó, pero finalmente fue extraditado a Yugoslavia. En septiembre de 1946, le condenaron por traición y colaboración con la ocupación hitleriana por un tribunal yugoslavo. Le fusilaron.

Sin embargo, en 2020, tras la segunda destrucción de Yugoslavia por la OTAN, el Tribunal Supremo de Eslovenia anuló la condena de Rupnik y ningún país de la Unión Europea se dio por enterado, aunque luego se lamentan por el “auge de la ultraderecha”.

La Iglesia católica colaboró estrechamente con los nazis y el alto clero llegó a formar parte de varios gobiernos colaboracionistas: en Jozef Tiso en Eslovaquia, mientras Alois Hudal trabajaba para los nazis en el Vaticano y Aloysius Stepinac en Croacia.

(1) https://www.dailymail.co.uk/news/article-14851451/grandfather-new-head-MI6-Nazi-spy-chief.html
(2) https://www.ft.com/content/1a1d1b33-de70-45cd-8887-c918272edfce
(3) https://www.rheinmetall.com/en/media/news-watch/news/2025/06/2025-06-13-rheinmetall-participates-in-the-first-national-veterans’-day

La estrategia de ‘cortar las ramas’ en los países vecinos de China

La reciente guerra entre Camboya y Tailandia, que comenzó el 28 de mayo con un incidente fronterizo que resultó en la muerte de un soldado camboyano, no es simplemente un choque bilateral limítrofe, sino una manifestación de la estrategia estadounidense de contención de China mediante la desestabilización de sus posiciones regionales.

El tiroteo fronterizo en la disputada área de Mom Bei, también conocida como el “Triángulo de Esmeralda”, provocó una rápida escalada. El ejército tailandés cerró la frontera con Camboya en siete provincias, prohibiendo el paso a comerciantes y turistas.

Por su parte, Camboya suspendió la importación de gas, frutas, verduras y combustible de Tailandia. Antes del inicio del boicot, Camboya importaba alrededor del 30 por cien de su gasolina y combustible de Tailandia.

Estados Unidos tiene interés en una escalada de la guerra entre Tailandia y Camboya en el marco de su política antichina. El motivo es que China considera a Camboya como un punto de apoyo en la región. El gobierno de Pekín tiene relaciones tensas con Vietnam, neutrales con Tailandia, y muy buenas con Camboya. Por lo tanto, avivar una polémica entre Tailandia y Camboya supone un golpe contra China.

Pero la estrategia estadounidense es más amplia y muy conocida desde hace años: el aislamiento política. Consiste en cortar las ramas para privar a China de aliados, rodearla de Estados inestables, maleables u hostiles.

Esta estrategia se manifiesta no solo en el sudeste asiático, sino también en Oriente Medio en el contexto del la reciente guerra irano-israelí.

La estrategia estadounidense es una adaptación moderna de los principios clásicos de la posguerra europea: la contención. Estados Unidos quiere prevenir el surgimiento de una China fuerte creando un sistema de contrapesos en el sudeste asiático.

China es el mayor inversor y socio comercial de Camboya. En el marco de la Nueva Ruta de la Seda, ha invertido miles de millones de dólares en infraestructuras en Camboya. Los proyectos clave son la autopista Phnom Pen-Sihanukville, que ha reducido el tiempo de viaje de cinco a dos horas y los costos logísticos en un 40 por cien, el aeropuerto internacional de Siem Reap-Angkor, la Zona Económica Especial de Sihanukville, que ha atraidoo a 202 empresas y creado alrededor de 32.000 puestos de trabajo, proyectos energéticos, incluyendo plantas hidroeléctricas y granjas solares…

El plan de la Unión Europea para modelar una sociedad en guerra permanente

La Unión Europea ya ha redactado un plan para modelar una sociedad en un estado de guerra permanente, donde todo, desde el hospital hasta el enrutador, se pueda reutilizar con fines militares. Se llama Readiness 2030 y transforma al Viejo Continente en un campo de entrenamiento.

La guerra no se declara, se institucionaliza. El objetivo es convertir a cada Estado miembro de la Unión Europea en una base logística y cognitiva de la OTAN, una plataforma sumisa, interconectada y pasiva. Hay que olvidarse de la defensa europea común (2). El plan es la integración funcional en el aparato estratégico atlántico, con máxima centralización y cero control público.

“La infraestructura crítica es la columna vertebral de la resiliencia estratégica. Cada uno de sus elementos debe estar diseñado para la movilización en escenarios complejos y multidominio”, dice el documento (pg.20).

Toda la infraestructura civil (carreteras, ferrocarriles, puertos, centrales eléctricas, hospitales, escuelas) debe ser compatible con el uso militar. Si es necesario, deben ser reconvertidas rápidamente. Lo llaman “doble uso”.

Las redes energéticas y digitales deben ser a prueba de bombas: redundantes, blindadas y controladas por protocolos de seguridad militar contra apagones. En caso de crisis, los mandos civiles serán sustituidos por centros de mando conjuntos. La protección física y digital debe diseñarse para resistir escenarios de alta intensidad, incluyendo amenazas híbridas y cibernéticas (pg. 16).

Las industrias estratégicas (acero, electrónica, farmacéutica, automotriz) deben poder pasar de la producción civil a la producción bélica sin previo aviso ni debate, bajo protección legal y con incentivos públicos. La base industrial europea debe estar preparada para una rápida reconversión que apoye la cadena de suministro de defensa (pg. 19).

La población debe estar preparada, entrenada para adaptarse pasivamente a las crisis sistémicas. Se deben utilizar todos los canales para preparar sicológicamente a los ciudadanos para las emergencias: escuelas, medios de comunicación, protección civil… Una sociedad adiestrada es una sociedad consciente, capacitada e informada (pg. 21).

Las instituciones civiles deben preparar planes de continuidad: búnkeres, sucesiones políticas de emergencia, redes de mando alternativas, comunicaciones cifradas… La continuidad del gobierno y la continuidad de las operaciones son elementos clave en la preparación (pg. 19).

Cualquier versión alternativa de las informaciones (“desinformación”) debe ser neutralizada. Se planean grupos de trabajo cognitivos, filtros digitales y campañas de guerra sicológica para “proteger la integridad de la información”. El control de la información es “esencial para evitar el pánico y garantizar la cohesión social” (pg. 22).

La financiación procederá de fondos europeos, del PNRR (3), de ayudas públicas, del fondo Horizonte, del Mecanismo “Conectar Europa” y la colaboraciones con empresas privadas. “Las inversiones deben estar respaldadas por instrumentos financieros europeos y nacionales, en cooperación con el sector privado” (pg. 23).

La distinción entre guerra y paz desaparece. El documento utiliza la palabrería habitual: seguridad, sostenibilidad, inclusión, cohesión… Pero el significado no deja lugar a dudas. Toda estructura civil es ya un cuartel potencial. Cada ciudadano, un objetivo adaptativo que debe gestionarse y predecirse.

(1) https://commission.europa.eu/document/download/e6d5db69-e0ab-4bec-9dc0-3867b4373019_en?filename=White+paper+for+European+defence+%E2%80%93+Readiness+2030.pdf
(2) https://defence-industry-space.ec.europa.eu/eu-defence-industry/introducing-white-paper-european-defence-and-rearm-europe-plan-readiness-2030_en
(3) PNRR son las siglas del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia, aprobado por la Unión Europea para ayudar a los Estados miembros a recuperarse de los efectos económicos y sociales de la pandemia. Se inscribe dentro de un paquete más amplio llamado “Next Generation”, que ahora está destinando el dinero al rearme.

Los drones son omnipresentes en la Guerra de Ucrania

Los drones de combate se han consolidado gradualmente como instrumentos clave y esenciales en las guerras modernas, revolucionando las tácticas en el campo de batalla. Su auge se aceleró en 2020 durante la Guerra de Nagorno-Karabaj, donde el dron turco Bayraktar TB2 destacó en misiones de reconocimiento y ataque de precisión, desempeñando un papel decisivo en el éxito de Azerbaiyán.

Desde Siria, Gaza y, especialmente, Ucrania, estos aparatos, principalmente aéreos, ofrecen a los ejércitos una mayor capacidad de acción, a la vez que mantienen a los combatientes alejados del frente. Permiten una multitud de misiones: ataques de precisión de bajo coste, selección de objetivos, reconocimiento avanzado, saturación de las líneas de defensa enemigas…

Desde el estallido de la guerra en Ucrania, los drones han desempeñado un papel central. Inicialmente percibidos como simples herramientas de observación, estos vehículos aéreos se consolidaron rápidamente como armas formidables. Armados o desarmados, se utilizan para localizar tropas enemigas, guiar ataques de artillería o incluso atacar objetivos directamente.

En Ucrania el uso de drones se ha intensificado en unidades de infantería y grupos especializados. Incluso se han creado brigadas de operadores de drones. La Guerra de Ucrania combina la guerra de trincheras y la guerra de alta tecnología. Cada tipo de dron satisface necesidades específicas, que van desde el reconocimiento estratégico hasta los ataques selectivos, incluyendo operaciones de hostigamiento y disrupción logística. Esta evolución refleja un profundo cambio en la gestión de la guerra, donde los drones ya no son simplemente un sistema de apoyo, sino un vector operativo central.

Solo los drones permiten incursiones en territorio adversario. Su papel se ha consolidado con el uso generalizado de drones pilotados en primera persona (FPV), lo que permite a un soldado controlar la aeronave remotamente como si estuviera a bordo.

Las defensas antidrones

A medida que se intensifica la guerra con drones, se libra otra batalla en paralelo: la de los sistemas de defensa antiaérea. El auge de la guerra antidrones complica significativamente el uso de drones de combate y cuestiona su eficacia en los teatros de operaciones.

Los drones FPV tienen un punto débil, la comunicación por radio. Aunque los drones parecen ser dispositivos con una autonomía cada vez mayor, siguen dependiendo de los sistemas de comunicación. Requieren una conexión constante con su operador o un sistema de guía para llevar a cabo sus misiones. Esta dependencia es su talón de Aquiles ante el auge de los sistemas de guerra electrónica, cuyo objetivo es interferir o cortar las transmisiones que conectan el dron con su estación de control.

Hoy la comunicación entre el soldado y el dron está cambiando. Desde principios de año, se han producido cambios sutiles pero decisivos en el comportamiento de los drones rusos. En lugar de transmitir órdenes mediante señales de radio, como antes, los dispositivos están conectados a sus operadores mediante un cable de fibra óptica extremadamente fino. Esta conexión física, que puede extenderse a lo largo de unos veinte kilómetros, inutiliza cualquier emisión electromagnética detectable.

Los radares e inhibidores ucranianos, acostumbrados a interceptar señales de mando, se han vuelto ineficaces con esta nueva técnica. El dron planea silenciosamente sobre el campo de batalla, invisible a los dispositivos electrónicos. Esta transformación ofrece una importante ventaja táctica. En tan solo unas semanas, contribuyó a un avance ruso más marcado en ciertas zonas del frente, especialmente durante el mes de mayo, cuando las ganancias territoriales fueron las más significativas desde finales del año pasado.

Este cambio en el diseño de los drones rusos no es trivial. Al obviar las tecnologías de vanguardia, Rusia opta por soluciones económicas pero altamente efectivas sobre el terreno. El enfoque otorga a las tropas rusas un valioso margen de maniobra. A partir de un simple cable suspendido en el cielo, nace una nueva dinámica militar, difícil de contener para el adversario.

Contrariamente a lo que podría pensarse, este método no supone un retroceso: es una adaptación a la guerra moderna, donde la sofisticación ya no siempre es sinónimo de superioridad. Para las tropas ucranianas, este desarrollo exige una revisión completa de su estrategia de defensa antidrones, que se basaba principalmente en interferencias. Al no poder neutralizar estos dispositivos con medios electrónicos convencionales, tendrán que recurrir a alternativas costosas y complejas, como la detección óptica o el fuego directo.

La guerra electrónica

En respuesta a los drones ha comenzado una contraofensiva tecnológica. Se están movilizando sofisticados inhibidores electrónicos, láseres de alta energía, interceptores autónomos y otras contramedidas emergentes para neutralizar esta nueva amenaza aérea.

Rusia se encuentra entre los actores más avanzados en este campo. Ha desplegado varios sistemas de interferencia electrónica de nueva generación, entre los que destacan el Krasukha-4 y el Tirada-2. El Krasukha-4, un dispositivo montado en vehículos, está diseñado específicamente para neutralizar radares aéreos e interferir con las comunicaciones satelitales de los drones. Utilizado en Ucrania, ha demostrado su capacidad para desorientar a los drones de reconocimiento y kamikaze ucranianos al interferir sus señales GPS e interrumpir su telemetría. Esta acción dificulta la navegación de los drones, en particular los drones FPV (Visión en Primera Persona), ampliamente utilizados por los ucranianos, obligándolos en ocasiones a estrellarse o perder su objetivo, sobre todo en la región de Kursk desde principios de este año.

El Tirada-2 también permite interferir las comunicaciones satelitales, afectando directamente las conexiones entre los drones y los operadores. Este tipo de tecnología representa una amenaza real y un obstáculo para drones como el Bayraktar TB2, utilizado por los ucranianos.

Las armas de energía dirigida

Los inhibidores de señales son, sin duda, la primera línea de defensa, pero su capacidad de neutralización sigue siendo limitada contra drones autónomos o drones que operan en frecuencias difíciles de interrumpir. En este contexto, las armas de energía dirigida, y en particular los láseres de alta potencia, emergen como una solución revolucionaria. Capaces de destruir un dron en una fracción de segundo sin necesidad de munición tradicional, estos sistemas ofrecen una respuesta instantánea y rentable a la proliferación de drones de combate.

Israel fue el primero en desarrollar un láser antidrones operativo: el Iron Beam. Este dispositivo, diseñado por Rafael Advanced Defense Systems, cuenta con un láser de alta energía capaz de destruir un dron en segundos a un alcance de más de 7 kilómdetros. Una de las principales ventajas de este sistema es su coste. Al funcionar únicamente con energía eléctrica, cada disparo cuesta menos de tres dólares, en comparación con las decenas de miles que cuesta un misil interceptor. Ahora es posible responder a un ataque masivo con drones, como el que Irán lanzó contra la Cúpula de Hierro de Israel, con un coste muy bajo.

Estados Unidos también ha desarrollado un sistema con el mismo principio: el DE M-SHORAD. Puede instalarse en vehículos blindados, como el Stryker, y proporciona protección móvil contra drones y proyectiles de mortero.

Eficacia y rentabilidad cada vez más cuestionadas

Si bien los drones siguen desempeñando un papel clave en los ataques contra infraestructuras estratégicas, su eficacia se reduce significativamente contra objetivos móviles y protegidos. El ejemplo de los ataques ucranianos contra depósitos petrolíferos rusos, en particular el de Smolensk en diciembre del año pasado, ilustra a la perfección su potencial destructivo. Al atacar instalaciones fijas y poco defendidas, los drones pueden atacar al enemigo en profundidad, minimizando los riesgos para sus operadores.

Sin embargo, en el dinámico campo de batalla, esta eficacia dista mucho de ser sistemática. En primer lugar, las columnas blindadas, principalmente del lado ruso, emplean sistemáticamente maniobras de dispersión y desvío. Esto dificulta considerablemente que los drones de ataque identifiquen y destruyan objetivos. Además, los vehículos están cada vez más equipados con inhibidores de señal a bordo capaces de alterar trayectorias, así como señuelos térmicos y de radar para engañar a los drones simulando señales falsas del vehículo o creando interferencias.

Ante el auge de las defensas antidrones de bajo coste, ha aumentado la necesidad de producir drones más avanzados y sofisticados. El ejemplo más llamativo es el desequilibrio entre el coste comparativo de los drones Shahed-136 y los inhibidores portátiles que todo soldado puede llevar consigo o en su mochila.

Una capacidad de adaptación constante

En Ucrania los rusos están utilizando principalmente el dron Lancet 3 y el Kronstadt Orion, pero también los drones iraníes Shahed 136 y Mohajer-6. Además de los drones aéreos, también se emplean drones marítimos y terrestres, aunque por el momento están menos desarrollados.

Los drones tradicionales, como el TB2, están demostrando sus limitaciones frente a los inhibidores de señal y la defensa antiaérea. Para contrarrestar estas vulnerabilidades, los fabricantes están desarrollando drones de baja observabilidad, difíciles de detectar por radar y resistentes a las interferencias. Los drones Ghost de Anduril combinan sigilo radar y térmico, y pueden continuar sus misiones incluso con interferencias.

Últimamente, para evadir los sistemas de defensa, reducir su dependencia de las comunicaciones y mejorar sus capacidades, los drones incorporan inteligencia artificial, que les permite sortear interferencias, adaptar trayectorias en tiempo real y, sobre todo, formar enjambres inteligentes para saturar el campo de batalla y realizar maniobras complejas de forma autónoma. Ahora los enjambres de drones pueden coordinar sus ataques sin supervisión humana. El programa Cohesion de Thales permite ajustar el nivel de autonomía para satisfacer las necesidades de los ejércitos durante las diferentes fases de la misión.

Hay drones equipados con fusiles de asalto en lugar de cargas explosivas. Les permite atacar a los cazas adversarios de forma directa y repetida. Son reutilizables y pueden llevar a cabo diversas misiones, lo que demuestra la notable adaptabilidad de esta nueva herramienta.

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