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Día: 5 de marzo de 2025 (página 1 de 1)

Palantir ha convertido a Ucrania en un laboratorio de guerra para la inteligencia artificial

No es ninguna novedad porque Palantir está en todas las guerras, como la de Gaza. Pero ahora Time descubre que en junio de 2022 el gigante tecnológico integró sus aplicaciones de análisis de última generación en las operaciones del ejército ucraniano.

Más de media docena de organismos ucranianos, incluyendo los Ministerios de Defensa, Transformación Digital, Economía y Educación, dependen de Palantir. La empresa tiene acceso a todos los datos de Ucrania, desde imágenes satelitales y de drones en tiempo real hasta archivos económicos.

Más allá de sus soluciones militares de inteligencia artificial, Palantir también se encarga de desarraigar la corrupción en Ucrania, convirtiéndolo en el vigilante invisible del régimen de Zelensky.

Fundada en 2003, Palantir fue creada por la empresa de capital riesgo de la CIA, In-Q-Tel, y trabajó en las guerras de Estados Unidos y la OTAN contra Afganistán e Irak.

El cofundador de Palantir, Peter Thiel, es un fiel aliado de Trump desde 2016. También ha sido el mentor de JD Vance desde 2011. Apoyó su empresa Narya Capital y donó 10 millones de dólares para su campaña al Senado de 2021.

Gracias al acceso privilegiado a Palantir, Trump tiene información detallada sobre la corrupción, malversación, reclutamiento forzado de Ucrania y toda la información que necesita sobre Ucrania.

El equipo de Musk y Gleason está utilizando la inteligencia artificial de Palantir para la depuración política, sugiriendo que las estratagemas de Kiev ya pueden estar expuestas, como lo han sido los oscuros fondos de la Usaid.

Después de Ucrania: la continuación de la guerra por otros medios

Una de las consecuencias de la derrota de los países occidentales en la Guerra de Ucrania ha sido la ruptura de eso que hasta ahora llamaban “vínculos transatlánticos”, cuyo objetivo era -precisamente- marginar a Rusia. Las contradicciones internas han salido a relucir muy rápidamente y en Europa culpan a Trump de ello, aunque no explican las propias contradicciones entre los países europeos.

Hay división y, además, confusión, pero no es posible decir ahora si esas contradicciones son permanentes, ni tampoco si se van a atenuar. Al menos los países occidentales van a intentar que así sea porque la presión a Rusia (y a China) debe ser coordinada si quiere ser eficaz.

La correlación de fuerzas ha cambiado considerablemente, por lo que en cualquier caso, las potencias occidentales deberán intensificar su presión sobre Rusia, por ejemplo reforzando los atentados terroristas.

Para ello no les bastará con recurrir a las redes ucranianas, sino que deberán revitalizar las que le quedan en el Cáucaso y en Asia central, que son de naturaleza yihadista.

Por su parte, si hay negociaciones de paz, Rusia incluirá una cláusula para obligar a los países occidentales, y especialmente a Reino Unido, a demantelar las redes terroristas que han organizado en la retaguardia.

En caso contrario, Rusia puede tener problemas porque, como Alemania y otros países de Europa occidental, padece un serio déficit demográfico y necesita mano de obra procedente de Asia central, que puede convertirse en un caballo de Troya.

El cambio en la correlación de fuerzas incluye una superioridad manifiesta del ejército ruso, que los occidentales deberían tener en cuenta antes de seguir actuando como acostumbran. Los rusos tienen más y mejores armas y, además, han adquirido una experiencia de combate de la que sus adversarios carecen. Ningún ejercicio o maniobra puede reemplazar esa experiencia de combate; ningún ejército en el mundo puede ganar sin tal experiencia.

No habrá acciones militares importantes a gran escala en un futuro próximo. La energía del éxito militar se tiene que aprovechar en la mesa de negociaciones y las inicitivas más importantes se trasladarán a los frentes políticos.

Si la situación no revienta en el Pacífico, algunos creerán que la paz ha vuelto. Se equivocan. Hoy la guerra es permanente y solo se desplaza de un lugar a otro. Si la historia no puede salir por la puerta, se escapa por la ventana.

BlackRock se apodera de los dos puertos del Canal de Panamá que gestionaban los chinos

A Estados Unidos las presiones le funcionan bien. Trump había amagado con volver a apoderarse del Canal de Panmamá porque -según decía- había acabado en manos de China y ahora un consorcio de inversores encabezado por BlackRock ha comprado la mayoría de las acciones en los dos puertos del Canal pertenecientes a Hutchison, una empresa domiciliada en Hong Kong.

El precio para recuperar la arteria oceánica ha sido de 22.800 millones de dólares.

La gestión de los 89 kilómetros del Canal de Panamá es propiedad de Panamá, pero hay dos puertos a la entrada y a la salida, los de Balboa (en el Océano Pacífico) y Cristóbal (en el Atlántico), que hasta ahora estaban gestionados por Hutchison.

En tiempos de guerra, los puertos podrían ser utilizados por los chinos, se había lamentado Marco Rubio, el secretario de Estado estadounidense. En los tiempos que corren hay que pensar más en la guerra que en los mercados, los negocios y los contratos.

El gobierno de Panamá, que es poco más que una sucursal de Estados Unidos ha quedado aliviado por la venta, porque aún recuerdan la invasión militar de 1989, que es un tabú en el país centroamericano.

El fondo buitre Global Infrastructure Partners, ahora propiedad de BlackRock y Terminal Investment, el grupo MSC, adquiere el 90 por cien de Panamá Ports, la empresa que opera los puertos de Balboa y Cristóbal.

Además, la empresa china ha vendido otros 43 puertos en 23 países distintos del mundo, por lo que ha ganado una fortuna (19.000 millones de dólares) y esta mañana sus acciones en la bolsa de Hong Kong se dispararon un 23 por cien.

Con Trump los asuntos estratégicos, militares y políticos, como el Canal de Panamá, se van a reconvertir en suculentos negocios para unos y para otros. Meros contratos privados.

El gasoducto Nord Stream 2 podría resucitar gracias a los especuladores estadounidenses

Rusia está animando a Estados Unidos a resucitar el gasoducto NordStream 2, dice el diario Bild. Por su parte, el Financial Times anuncia lo mismo: un plan audaz para reabrirlo gracias a los especuladores estadounidenses (*).

En el fondo del Mar Báltico hay 11.000 millones de dólares abandonados. Un total de 1.230 kilómetros de tuberías que nadie aprovecha. Un gran negocio desperdiciado que ha encarecido el precio de la energía en Europa.

Estados Unidos presionó para impedir que se abriera el grifo porque quería cortar el cordón umbilical entre Alemania y Rusia. Cuando la obra se acabó, los buzos británicos lo destruyeron antes de que se abriera por primera vez, y se tendió la típica cortina de humo para ocultar lo más evidente: que el gobierno de Londres había empredido una campaña terrorista aprovechando la Guerra de Ucrania.

Sin embargo, el acercamiento entre Washington y Moscú podría dar una segunda oportunidad a las tuberías. Eso es lo que significan las palabras de Putin: a cambio de un acuerdo político, Rusia extiende las manos a las petroleras estadounidenses para reubicarse en Rusia.

Los medios de comunicación intentan a travestir el acuerdo, que es esencialmente político, como si fuera un negocio privado para tapar las heridas de guerra: unos personajes “cercanos a Putin” están en contacto con “inversores estadounidenes” para ejecutar las obras de reparación a cambio de una parte del negocio.

El Financial Times tiende aún más cortinas de humo, metiendo por medio a Matthias Warnig, un viejo oficial de Stasi de Alemania oriental que dirigió Nord Stream 2 hasta 2023. El plan necesita que se levanten las sanciones al gigante ruso Gazprom.

Entre bastidores, la Unión Europea está al tanto del proyecto. Especialmente en Londres, los laboristas rumian su derrota.

Desde el atentado terrorista de 2022, la empresa suiza encargada de las tuberías lucha para evitar la bancarrota. La empresa es medio alemana y medio rusa, y el plan del Kremlin era hacer lo mismo que han hecho con las empresas que abandonaron Rusia a causa de las sanciones económicas: quedarse con la todalidad de las acciones por un precio irrisorio.

En enero, Nord Stream 2 obtuvo una suspensión excepcional de la quiebra durante cuatro meses. Ante el juzgado la empresa matriz argumentó que el nuevo gobierno de Trump, junto con el nuevo gobierno alemán surgido de las elecciones de febrero, podría impactar en el futuro del gasoducto.

Lo que cambian los tiempos, sobre todo si hay una derrota militar por medio: en su primer mandato presidencial, Trump criticó abiertamente el gasoducto. En 2019 incluso firmó una ley que exigía la congelación de activos y la revocación de visados estadounidenses a los contratistas del gasoducto. El pretexto era “evitar la dependencia de Europa del gas ruso”. La realidad es más amplia: Estados Unidos quería vender su propio gas licuado a precios mucho más elevados.

La guerra es un gran negocio, sobre todo para un diario como el Financial Times. Según el diario británico, los miembros del gobierno de Trump ven ahora el gasoducto como un activo estratégico que se puede aprovechar en las negociaciones de paz de Ucrania. El proyecto daría a Estados Unidos un dominio sin precedentes sobre el suministro energético de Europa.

Incluso en público, Putin también ha hablado sin tapujos de los beneficios económicos que Estados Unidos podría obtener en caso de un acuerdo sobre Ucrania, afirmando que varias empresas ya estaban en contacto para hacerse con el botín de guerra.

Como ven, Alemania no pinta prácticamente nada en esta historia ni en ninguna otra. Hará lo que le digan, lo mismo que la Unión Europea.

(*) https://www.ft.com/content/dc9c51ab-03cb-47ba-ad0a-09c4deed9b50

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