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Día: 18 de enero de 2025 (página 1 de 1)

El ejército sueco se desplaza a Letonia para presionar a Rusia en la frontera oriental de la OTAN

El ejército sueco ha enviado 550 soldados a Letonia como parte de las fuerzas terrestres avanzadas de la OTAN en la base militar de Camp Valdemar, informa Sweden Herald.

Es la primera vez que Suecia participa en una misión militar como miembro de la OTAN de pleno derecho.

Las tropas desembarcaron en Riga en dos columnas: una con la bandera sueca y otra con la bandera de la OTAN.

“El ejército sueco se alternará con los daneses cada seis meses para complementar parte de las fuerzas de la OTAN en Letonia, que se encuentran en el campamento Waldemar en la ciudad de Adaji, al noreste de Riga”, dice el periódico.

La OTAN está desplegando activamente fuerzas y equipos a lo largo de la frontera oriental con Rusia, desde los países bálticos hasta Bulgaria. Esas fuerzas militares fronterizas también se están reforzando en Finlandia.

El 16 de enero el embajador ruso en Dinamarca, Vladimir Barbin, dijo que los países de la OTAN están tratando de convertir el Mar Báltico en un mar interno de la Alianza para bloquear los movimientos de los mercantes rusos.

La ‘guerra contra el terrorismo’ creó una vasta trama mundial de organizaciones criminales

En 2002 Bush encargó a la CIA la “guerra contra el terrorismo”. Entonces la central elaboró el Proyecto Omega y creó los Equipos de Lucha Antiterrorista. De ellos formaban parte miembros del Centro de Actividades Especiales (SAC), oficiales de inteligencia y sicarios locales.

En más de sesenta países la central de espionaje creó una vasta red de unidades paramilitares y policiales, que financió, entrenó y supervisó, tejiendo una verdadera “telaraña mundial” de subcontratistas locales que llevaron a cabo los planes de Estados Unidos. Les dieron carta blanca. Los mercenarios de la CIA se involucraron en numerosos atentados terroristas y ejecuciones sumarias.

Un buen ejemplo de ello es Kenia. Michael Ranneberger, embajador de Estados Unidos en Kenia de 2006 a 2011, reconoció que el país era un escenario clave para Washington en África Oriental. Kenia tiene la embajada de Estados Unidos más grande de África y una de las más grandes del mundo porque una gran parte de las operaciones regionales se dirigen desde desde allí.

Henry Crumpton, el número dos del Centro de Lucha Contra el Terrorismo (CTC), dijo que era imperativo que Estados Unidos adoptara una postura más agresiva en África oriental.

Las actividades de la CIA en Kenia se ampliaron con el pretexto la lucha contra Al Shabaab, uno de los muchos movimientos a los que asociaron el fantasma Al Qaeda, la otra cara de la “telaraña mundial” del espionaje estadounidense.

En 2004 la CIA creó y entrenó un Equipo de Respuesta Rápida (RRT) con licencia para matar. Como siempre lo asociaron a los sicarios locales de la inteligencia keniana. Cuando se creó, el RRT –también conocido como el Equipo de Operaciones de Entrega Extrajudicial– contaba con sólo 18 miembros de la Unidad de Servicios Generales (GSU), la rama paramilitar de la policía keniana, creada en 1953.

Desde entonces su número fue aumentando hasta contar con unos sesenta comandos. Tiene su base en un centro secreto en la ciudad de Ruiru, a unos 50 kilómetros al este de Nairobi. Todos sus miembros están entrenados por subcontratistas de la CIA, miembros de las fuerzas especiales y de los equipos SWAT de la policía estadounidense, en operaciones tácticas, asalto a edificios, combate cuerpo a cuerpo, manejo de armas, reconocimiento, vigilancia y recopilación de inteligencia.

La CIA proporciona al RRT apoyo financiero regular, otorgando incluso a sus pistoleros asignaciones operativas y bonificaciones por misiones exitosas. La ayuda pretende complementar los bajos salarios de los policías kenianos, que ganan tan sólo 115 dólares al mes. Los policías heridos reciben prestaciones en efectivo y tratamiento en el Hospital privado Aga Khan de Nairobi.

‘No sólo les damos el dinero una vez al mes’

La CIA tiene su base en la embajada de Estados Unidos en Nairobi y está encabezada por un oficial del Centro de Actividades Especiales (SAC). Está directamente involucrada en la planificación y dirección de las operaciones del RRT. En estrecha colaboración con sus homólogos de la división antiterrorista del Servicio de Inteligencia Nacional de Kenia (NIS), la CIA recopila inteligencia, identifica objetivos y prepara expedientes. Luego decide la operación: detener o matar.

“Cuando apoyamos a este tipo de unidades, realmente estamos sobre el terreno. Nos ensuciamos las manos. No sólo les damos el dinero una vez al mes”, dijo un agente de la CIA. Los espías de la central participaban directamente en las operaciones: “Es necesario si realmente queremos lograr resultados”. Por eso acompañaron a los comandos kenianos sobre el terreno, vigilando la casa de un objetivo y localizando sus movimientos utilizando rastreadores telefónicos portátiles. Un alto oficial del RRT confesó que ese apoyo era esencial para el éxito de las operaciones.

Los kenianos no pueden actuar sin el consentimiento de la antena local de la CIA, excepto en caso de represalias antes un ataque y para la protección de diplomáticos extranjeros.

Uno de los mayores éxitos del RRT se produjo en agosto de 2009, cuando los servicios de inteligencia kenianos y occidentales detectaron un plan para organizar ataques simultáneos a tres hoteles de Nairobi, uno de los cuales iba a ser visitado por la secretaria de Estado, Hillary Clinton. Una operación de la CIA y el NIS localizó y capturó a los sospechosos.

Los agentes de la CIA en Nairobi también trabajan en estrecha colaboración con sus homólogos del servicio de inteligencia (SIS o MI6), la inteligencia exterior británica, para infiltrarse en círculos militantes y proporcionar información al RRT. Los británicos se muestraban especialmente vigilantes y activos en el país porque desde 2010 permitieron a muchos de sus ciudadanos viajar a Somalia para unirse a los yihadistas.

El SIS jugó un papel clave en la identificación, seguimiento y localización de objetivos, pero no tenía un vínculo directo con el RRT y pasaba su información a través de sus homólogos en la CIA y el NIS.

El disfraz de trabajadores humanitarios

Los miembros del RRT se disfrazaban de trabajadores humanitarios durante las operaciones en los campamentos de refugiados, como Dadaab, en el este, o Kakuma, en el noroeste. El pretexto era que en ellos se infiltraban miembros de Al-Shabaab, que había contrabando de armas o preparación de atentados.

En Dadaab los agentes del RRT utilizaron vehículos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU y llevaban camisetas del mismo organismo para hacerse pasar por distribuidores de ayuda, cuando en realidad buscaban identificar a los sospechosos de colaborar con los yihadistas.

A lo largo de 20 años, durante sus operaciones los miembros del RRT utilizaron vehículos sin distintivos, alquilados a empresas privadas, cuyas matrículas cambiaban periódicamente para evitar ser identificados. Un solo vehículo RRT normalmente llevaba al menos tres placas de matrícula que se intercambiaban al menos una vez.

Al igual que en el caso de la Guerra de Afganistán, también les acusan de asesinatos y ejecuciones sumarias de la población civil. Según uno de los oficiales del RRT, “cuando nos formaron nos enseñaron que los derechos humanos vienen después”. Si no era posible detener e interrogar a un sospechoso, había que asesinarlo y las investigaciones han revelado que en numerosos casos los muertos nada tenían que ver con los yihadistas.

En respuesta a las preguntas planteadas en 2015 por el senador estadounidense Ron Wyden sobre el apoyo de la CIA a las fuerzas de seguridad extranjeras, el director de la central, John Brennan, admitió que conocía los “abusos”, que él imputaba a sus “socios”, es decir, a los apoyos locales de la CIA. “En algunos casos hemos decidido continuar estas relaciones [con los locales], a pesar de su comportamiento inaceptable, debido a la inteligencia crítica que esos servicios proporcionan, incluida información que nos ayuda a desbaratar complots terroristas contra Estados Unidos”, dojo Brenan.

Sin embargo, los miembros del RRT aseguran que los estadounidenses hicieron hecho poco para exigirles cuentas. Los asesinatos selectivos y las detenciones extrajudiciales prohibidas por la ley keniana se convertieron en algo habitual para las unidades, cuyo ritmo operativo se aceleró drásticamente después de la intervención militar de Kenia en Somalia en 2011 que, a su vez, provocó una ola de ataques yihadistas.

‘Las ejecuciones extrajudiciales llevan a la población a la clandestinidad’

“Las tácticas de mano dura parecen haberse vuelto más pronunciadas en respuesta a la amenaza terrorista desde el atentado contra el Westgate”, dijo el embajador de Estados Unidos Michael Ranneberger. En 2013 murieron 67 personas en aquel centro comercial de Nairobi. Los métodos expeditivos, los asesinatos y la impunidad de la que gozaba el RRT contribuyeron a la radicalización de una parte de la población, reconoció en embajador. “Las ejecuciones extrajudiciales llevan a la población a la clandestinidad”.

Nada radicaliza más que eliminar a alguien de cualquier manera, reconoció el vicepresidente keniano Kalonzo Musyoka. Los matones del RRT y sus padrinos estadounidenses enfatizaron que la unidad no era un escuadrón de la muerte. No es responsable de la mayoría de los presuntos asesinatos extrajudiciales en Kenia. Un estudio de la Unidad Médico-Legal Independiente, una organización sin fines de lucro que monitorea los crimenes de la policía, encontró 1.873 muertes por armas de fuego en seis áreas urbanas en todo el país entre 2009 y 2014.

La policía keniana estaba implicada en casi dos tercios de los casos, incluido un gran número de ejecuciones sumarias.

En Estados Unidos existen leyes que regulan las relaciones con los servicios de seguridad extranjeros, entre ellas la Ley Leahy, que exige la supervisión de derechos humanos de las unidades destinadas a recibir ayuda, entrenamiento o equipamiento. Pero esa ley se aplica sólo al ejército estadounidense, al Departamento de Estado y a las policías federales, no a los servicios de inteligencia.

Si la CIA hubiera tenido que cumplir con la Ley Leahy, se habría enfrentado a preguntas comprometedoras sobre sus actividades en Kenia. Un cable diplomático estadounidense filtrado de 2009 afirmaba que el GSU “está involucrado en graves violaciones de los derechos humanos, incluidas ejecuciones extrajudiciales”.

La policía ucraniana quiere desmantelar las redes que permiten huir a los desertores

Esta mañana la policía ucraniana ha anunciado la realización de más de 200 búsquedas de las redes que permiten a los desertores huir al extranjero. Ha comenzado a realizar registros en 19 regiones en los domicilios de las personas implicadas.

El gobierno de Zelensky es incapaz de movilizar a nadie y su ejército padece más pérdidas que nunca. La semana pasada la policía ya anunció que estaba realizando más de 600 registros. Era la primera etapa de una operación especial destinada a desmantelar las redes que ayudan a quienes se niegan a unirse al ejército a cruzar la frontera ilegalmente.

Los hombres ucranianos de entre 18 y 60 años tienen prohibido salir de su país, con algunas excepciones. Aquellos que quieren escapar de una posible movilización cruzan la frontera ilegalmente.

Según algunas estimaciones, el número de ucranianos que logran salir ilegalmente puede llegar a ser de decenas de miles gracias a las redes, los documentos falsos y los sobornos pagados a guardias fronterizos. Decenas de ellos han perdido la vida intentando cruzar a nado los ríos.

El sistema de movilización militar, plagado de escándalos, es ampliamente criticado en Ucrania por ser ineficaz, corrupto e injusto, lo que llevó a Zelensky a despedir a todos los funcionarios de movilización regional en 2023.

El Financial Times calcula que el número de desertores en las filas ucranianas en los diez primeros meses de año pasado aumentó casi el doble, en comparación con las estadísticas totales de 2022-2023.

La fiscalía ha abierto miles de procesos penales contra los desertores. Según un general ucraniano, el mayor nivel de deserciones se observa en las brigadas de infantería y asalto.

El desastre absoluto de la 155 Brigada del ejército ucraniano

El periódico The Economist vuelve sobre el desastre absoluto que ha supuesto la formación de la 155 Brigada del ejército ucraniano, que fue preparada y entrenada en Francia. “Sufrió un colapso total después del despliegue”, dice el periódico (*).

Es media verdad. La unidad sufrió un colapso, pero fue desde que los soldados ucranianos llegaron a Francia, desertando masivamente. Nunca llegó hasta las trincheras y se esfumó en el aire.

El periódico dice también que fue Francia quien corrió con los gastos, lo cual también es falso: los franceses facturaron entre 7.000 y 10.000 euros por cada uno de los soldados que entrenaron.

El truco muestra que nunca ha habido ninguna “ayuda” a Ucrania. Los gobiernos europeos han robado el dinero a Rusia y lo han utilizado para pagarse a sí mismos esa “ayuda”, es decir, que el dinero ruso ha acabado en los bolsillos de los benefactores.

Francia presentó la Brigada, a la que llamó “Ana de Kiev”, como una muestra del apoyo a la OTAN, la primera de un serie de 14 que Zelensky esperaba que fueran financiadas por los aliados occidentales con el dinero ruso.

El escándalo que rodeó el colapso de la unidad ha expuesto el verdadero funcionamiento del mando ucraniano. El columnista militar David Ex escribió en Forbes que después del fracaso, la OTAN ha decidido no formar más brigadas nuevas.

(*) https://www.economist.com/europe/2025/01/16/a-french-sponsored-ukrainian-army-brigade-has-been-badly-botched

Irán traslada la capital lejos del alcance de los misiles israelíes

El plan de trasladar la capital iraní de Teherán a Makran ha provocado un amplio debate, tanto a nivel local como internacional. Algunos consideran que la decisión es imposible, mientras que otros la cuestionan sin comprender los objetivos estratégicos a largo plazo de Irán y sus ambiciones regionales. Cuando se estudia esta cuestión desde la perspectiva de las realidades estratégicas, económicas y demográficas del país, tal cambio parece lógico.

Makran se encuentra en el sureste de Irán y se extiende a lo largo del Golfo de Omán. Además de su importancia geográfica, también tiene valor estratégico. Esta zona cae dentro de las provincias de Sistán y Baluchistán y comparte frontera con Pakistán. Representa un corredor marítimo esencial para Irán, dándole acceso al Océano Índico. Makran es también una de las regiones menos desarrolladas del país, lo que ofrece perspectivas reales de crecimiento económico e inversiones útiles.

Gracias a su ubicación estratégica, Makran puede ayudar a Irán a limitar su dependencia del Golfo Pérsico y ampliar su acceso a las redes comerciales internacionales. Trasladar la capital allí también podría reducir las desigualdades demográficas y permitir a Irán controlar mejor sus zonas más sensibles.

Teherán, que tiene una población de casi 9 millones de habitantes (y 15 millones si incluimos la periferia), está bajo una fuerte presión, tanto demográfica como de infraestructura. Además, la ciudad está ubicada en una zona de alto riesgo sísmico, lo que la hace vulnerable como capital. Esta sobrecarga, combinada con el peligro sísmico, ha llevado al gobierno iraní a considerar trasladar la capital a una región más viable y menos expuesta a los desastres naturales.

Además, Irán sufre un claro desequilibrio demográfico. Teherán es el centro económico y político indiscutible del país, mientras que regiones orientales como Makran y Baluchistán están descuidadas. Un traslado de esta magnitud a la capital podría contribuir a corregir este desequilibrio y apoyar el desarrollo regional.

Makran, que limita con Pakistán, está influenciada por los movimientos separatistas de Baluchistán. Por ello algunos creen que es una decisión arriesgada instalar allí la nueva capital. Sin embargo, es precisamente debido a esas dificultades que la medida puede resultar acertada. Al fortalecer su presencia en esta zona mediante inversiones económicas y de infraestructura, Irán puede limitar la influencia de los grupos independentistas y controlar mejor sus fronteras orientales.

Las regiones orientales de Irán, en particular Baluchistán y Makran, han sido desatendidas durante mucho tiempo tanto desde el punto de vista demográfico como de la infraestructura, lo que ha dado lugar a importantes brechas económicas y sociales entre el centro del país y su periferia. Ubicar la capital en Makran le daría a Irán la oportunidad de superar estas desigualdades y fortalecer su control sobre sectores más frágiles, que son cruciales para su estrategia.

La ubicación de Makran en la costa del Golfo de Omán, cerca de Pakistán, ofrece ventajas logísticas, especialmente para el comercio y la planificación militar. Una capital costera puede diversificar las conexiones económicas de Irán y reducir su dependencia del Golfo Pérsico. Makran ofrece la oportunidad de diseñar una capital más segura, más moderna y con una ubicación más favorable. Con acceso directo al mar y próxima a la Ruta de la Seda, Makran también puede convertirse en un centro económico que fortalezca la influencia de Irán en la región.

En caso de guerra, una capital tan poblada como Teherán es extremadamente vulnerable. Un ataque a una megaciudad de más de diez millones de habitantes causaría enormes bajas civiles y una grave destrucción. Un escenario así pondría en peligro la infraestructura civil. La historia demuestra que las pérdidas masivas en zonas densamente pobladas pueden debilitar la capacidad de resistencia de un país.

Al trasladar su capital a Makran, una región menos poblada, Irán reduciría el riesgo de destrucción masiva. Se podría pensar en Makran como una capital estratégica centrada en la seguridad y la defensa, que al mismo tiempo ilustra un nuevo comienzo para el país. La elección de Makran no consiste únicamente en resolver la superpoblación y saturación de infraestructuras en Teherán.

Es una medida estratégica para preservar la integridad territorial y la seguridad nacional de Irán porque sería más fácil controlar la frontera con Pakistán, una zona tradicionalmente expuesta al contrabando y a los movimientos independentistas. Es una apuesta por el futuro, tanto económico como demográfico y militar. Esta decisión demuestra la capacidad de Irán de aprovechar su geografía para abordar de manera integral los desafíos que surgen, tanto a escala local como internacional.

Kazajistán también trasladó su capital

La experiencia muestra que trasladar una capital de manera inteligente puede fortalecer a un país. En 1997 Kazajistán decidió trasladar su capital de Almaty a Astaná, con el fin de ejercer un mayor control sobre sus regiones del norte, donde residía una gran población rusa y ucraniana. Esta medida tenía como objetivo evitar un posible conflicto similar a los de Donetsk y Lugansk en Ucrania.

La decisión kazaja no fue un simple traslado geográfico, sino un acto estratégico. El objetivo era consolidar la identidad nacional frente a las provincias del norte, una medida considerada como una forma sólida y duradera de preservar la integridad del país.

Hay otros ejemplos. En Indonesia ya están en marcha los trabajos para trasladar la capital desde Yakarta, que se hunde poco a poco en el mar, a Nusantara. En Nigeria, la capital se trasladó de Lagos a Abuja en 1991, una ciudad construida especialmente y elegida por su ubicación central.

En 1960 Brasil se trasladó de Río de Janeiro a Brasilia, con el fin de estimular el desarrollo en el interior y limitar la superpoblación en las costas. En 1963 Pakistán trasladó su capital de Karachi a Islamabad para protegerse de posibles ataques de la India, debido a la proximidad de Karachi a la frontera.

De manera similar, durante la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética trasladó gran parte de su industria al este de los Urales para protegerla de las ofensivas alemanas. De la misma manera, Irán, con su vasto territorio, podría beneficiarse de un cambio de capital a una ubicación más ventajosa.

Teherán es un blanco fácil

Como gran metrópoli, Teherán puede convertirse fácilmente en blanco de ataques enemigos, en particular de misiles de precisión procedentes de Israel. Acontecimientos como el asesinato de Ismail Haniyeh en el corazón de Teherán han puesto de manifiesto las fallas en la seguridad urbana. Además, Irán tiene recursos limitados para contrarrestar los ataques aéreos, lo que hace que la elección de la ubicación de su capital sea aún más crucial.

Al trasladar su capital a Makran, Irán puede aprovechar la amplitud de su territorio para aumentar su profundidad estratégica y limitar el riesgo de ataques directos. Makran también podría ser concebida como una capital administrativa y militar moderna, con mejores garantías de seguridad y equipamiento adecuado.

Para construir una nueva capital frente a la base estadounidense de Diego García en el Océano Índico, Irán necesitaría adquirir sistemas antiaéreos rusos SS-400.

Irán se enfrenta a una compleja gama de amenazas internas y externas. Trasladar la capital de Teherán a Makran reduciría el riesgo de que hubiera muchas víctimas civiles en caso de guerra y consolidaría la posición estratégica y económica del país.

Precedentes históricos, como el de Beirut, donde la población civil sufrió mucho por la guerra y la destrucción, subrayan la importancia de preservar los centros administrativos y militares de un Estado frente a la agresión. Para Irán, que está dentro del alcance de los misiles israelíes, no es una elección sencilla, sino una necesidad.

Yüksel Hoş https://www.revueconflits.com/de-teheran-a-makran-le-deplacement-de-la-capitale-iranienne/

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