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Día: 10 de enero de 2025 (página 1 de 1)

Un mecanismo que garantiza la hegemonía de Estados Unidos sobre el mundo: Swift

Varios grandes bancos internacionales, la mayor parte de ellos con sede en países europeos, crearon el sistema de mensajería Swift en la década de los setenta para organizar sus transacciones interbancarias.

Posteriormente, la red se expandió hasta convertirse en la herramienta de mensajería principal del sistema bancario internacional, una infraestructura imprescindible para los actores del comercio internacional, como las empresas aseguradoras, por ejemplo.

Estados Unidos se unió a la red Swift en 1977 y, como no es una institución pública, al principio el espionaje se llevó a cabo de forma muy discreta. El gobierno de Estados Unidos consideró que la confidencialidad de los datos bancarios era un asunto privado.

El espionaje de las transacciones financieras se normalizó en 1998, cuando Swift se trasladó a internet, una red controlada por Estados Unidos. Corrientemente lo llaman “Finint” o inteligencia financiera. Es muy sencillo: las transacciones bancarias internacionales van por las redes digitales que, a su vez siempre pasan por Estados Unidos en alguno de sus tramos.

Hasta 2001 esa vigilancia se llevaba a cabo de manera ilegal, hasta que los atentados contras las Torres Gemelas ofrecieron el pretexto perfecto para convertir en legal lo ilegal. Tres años después se creó la Oficina de Antiterrorismo e Inteligencia Financiera dentro del Departamento del Tesoro. También aprobaron les leyes excepcionales para la “lucha contra el terrorismo” y el gobierno de Estados Unidos exigió a Swift acceso a sus datos para bloquear la financiación del “terrorismo”.

No obstante, la vigilancia no es excepcional: se extiende todas las transacciones bancarias manejadas por Swift, incluyendo aquellas que involucraban cuentas no domiciliadas en Estados Unidos. En 2006 se confirmó que el control también se extiendía a cuentas vinculadas a países aliados, como los europeos. Nadie se sorprendió y, desde luego, nadie protestó. El espionaje financiero era una realidad mucho antes de que la Unión Europea diera su aprobación.

Posteriormente, el control sobre Swift está sirviendo también para reforzar las sanciones, tanto a los países, como a los bancos, como a las personas individuales. Sancionar significa, entre otras cosas, excluir de la red Swift y, por lo tanto, del comercio internacional.

Es una trampa para ratones. Si Estados Unidos acusa a un banco ​​de violar las sanciones, puede ser sancionado a su vez, con consecuencias catastróficas para sus negocios. En 2014 el banco BNP Paribas, que había realizado transacciones de petróleo iraní, prefirió declararse culpable ante los tribunales estadounidenses por haber violado las sanciones y pagar una multa récord de 9.000 millones de dólares, que no ser excluido de Swift.

Incluso los bancos chinos tienen que ser muy cautelosos con Rusia, por más que eviten utilizar dólares en sus transacciones. Rusia y China han creado sistemas alternativos a Swift, pero eso es sólo una parte del problema porque siguen utilizando internet y, por lo tanto, no escapan a la vigilancia del Tesoro estadounidense.

Tanto Swift como internet son mecanismos que garantizan la hegemonía de Estados Unidos sobre el resto del mundo, algo que no está al alcance de ningún otro país en el mundo.

La industria del lujo ya no es lo que era

La industria del lujo no sigue algunas de las leyes más simples del capitalismo. No se mide por el número de compradores ni el aumento de las mercancías vendidas, sino por sus exorbitantes precios. Sin embargo, en las últimas décadas hay cada vez más clientes por el crecimiento de los mercados emergentes de Asia. Las marcas ya no son exclusivas de los magnates occidentales.

En 2023 las ventas mundiales de la industria del lujo alcanzarán los 400.000 millones de dólares, frente a poco más de 100.000 millones de dólares en 2000. La capitalización de mercado combinada de las diez principales empresas de lujo occidentales se acercaba a un billón de dólares, frente a los 300.000 millones de dólares de 2013.

En 2000 China tenía 39.000 millonarios y en 2023 ya tenía 6 millones, más que cualquier otro lugar excepto Estados Unidos, y el doble que en Gran Bretaña, el tercer mayor hogar de millonarios. El mercado chino representará alrededor del 15 por cien de las ventas mundiales de artículos de lujo en 2023, cinco veces más que en 2000.

Sin embargo, el mercado del lujo se ha contagiado de los demás, busca nuevos compradores y hace rebajas. Las marcas ponen a la venta una selección de mercancías a precios más reducidos. Gucci, por ejemplo, ha comenzado a vender calcetines blancos, que cuestan “sólo” 200 dólares, una ganga comparado con sus bolsos de 3.600 dólares.

Varias marcas, desde Armani hasta Valentino, han lanzado submarcas más económicas, que incluyen ropa más informal. Hace apenas 30 años el lujo no necesitaba adjetivos. Ahora la industria habla de un lujo “accesible”. Los compradores que gastan 2.000 dólares o menos al año en mercaderías de lujo –una miseria en comparación con el promedio de la industria– representan casi dos tercios de las ventas totales.

Como consecuencia de ello, la industria está perdiendo impulso. El poder adquisitivo de occidente se ha debilitado por los altos tipos de interés y en China el gasto en lujos se ha frenado por la caída del mercado inmobiliario y una campaña del gubierno contra la ostentación de riqueza. En lugar de llevar bolsos de marca, los millonarios chinos guardan sus pertenencias en bolsas de plástico.

Los precios han aumentado en los últimos años. Las mercancías de lujo son un 54 por cien más caras hoy que en 2019. Un bolso Dior Lady de tamaño mediano cuesta ahora 5.900 euros, frente a los 3.200 euros de 2016. Andrea Guerra, el director de Prada, otra marca de lujo que ha aumentó drásticamente sus precios en los últimos años, califica las subidas de precios como un “error flagrante”.

Algunos protagonistas del mercado temen no volver a ver nunca las vertiginosas tasas de crecimiento de los últimos años. Después de todo, sólo hay un número determinado de compradores dispuestos a pagar 200 dólares por un par de calcetines y ningún mercado emergente tendrá tantos millonarios en la próxima década como tuvo China en la anterior.

Aunque tal vez este pesimismo sea un poco exagerado. La desaceleración de la industria del lujo en China no es tan grave como parece. Es cierto que el gasto en lujo en el país cayó un 26 por cien el año pasado, pero se debe a que ahora muchos chinos gastan más cuando viajan al exterior, particularmente a Japón, donde la moneda se ha debilitado frente al yuan. El gasto en lujo de los chinos en todo el mundo solo disminuyó un 3 por cien el año pasado, según algunas estimaciones.

Las filas de los multimillonarios siguen aumentando. Habrá 86 millones de millonarios en todo el mundo en 2027, frente a los 60 millones actuales. La revista Forbes contabilizó 2.781 multimillonarios el año pasado, superando el récord anterior establecido en 2021. El gasto de esos compradores adinerados no sigue los altibajos de la economía.

Eso explica que las marcas de lujo sigan centradas en los oligarcas más ricos. Brunello Cucinelli, que vende suéteres de cachemira de 6.000 dólares, aumentó sus ventas un 12 por cien entre los primeros nueve meses del año pasado. Hermes, que fabrica los bolsos más codiciados del mundo, vio aumentar su facturación un 14 por cien durante el mismo período.

Pero las empresas tienen que tener cuidado con extender el mercado demasiado a quienes no son realmente unos magnates. Una marca que se difunde mucho deja de ser “exclusiva” y se desvaloriza. Por ejemplo, Rolex vende relojes más asequibles, pero en volúmenes muy limitados para que no se note demasiado. En las fiestas de fin de año, quienes recibieron regalos de Versace no se sintieron halagados: la marca vende el 40 por cien de sus productos con descuento, lo cual está muy mal vito entre los auténticos magnates.

¿Suministra Rusia misiles de crucero a los yemeníes?

En la misma medida en que Israel ha logrado golpear al Eje de la Resistencia en Oriente Medio (Gaza, Líbano, Siria), ha revalorizado el papel de los huthíes en la región. Son menos vulnerables que otras fuerzas antimperialistas. Disponen de armas modernas y potentes y continúan acosando a los sionistas con misiles y drones, a pesar de las represalias israelíes y la asistencia de la OTAN.

Bruselas reconoce que “ontener a los huthíes plantea riesgos importantes. Tel Aviv carece de información sobre el grupo y sus capacidades operativas. El éxito de Israel depende de su capacidad para encontrar y destruir las instalaciones militares de su aliado iraní, una tarea que sigue siendo difícil de alcanzar. La dificultad radica en la ubicación geográfica: el norte de Yemen se encuentra a unos 2.000 kilómetros del Sinaí. Además, los huthíes no sólo están concentrados en sus fortificaciones en la costa del Mar Rojo, sino que están dispersos por un vasto territorio desértico y montañoso”.

Sin embargo, Israel ha intensificado sus ataques contra ellos en las últimas semanas. A finales de diciembre Netanyahu informó: “Hemos llevado a cabo ataques aéreos contra el aeródromo de Sanáa, contra la infraestructura energética y contra varios objetivos militares en los puertos”.

Durante uno de los ataques casi muere el director de la OMS, Tedros Ghebreyesus, que se disponía a volar desde Addis Abeba a la capital yemení, pero se trata de personajes internacionales de relieve, que viajan a Kiev como si volvieran a casa, sabiendo que no les va a pasar nada.

En vísperas de Año Nuevo volvieron los ataques aéreos israelíes sobre Saná, así como a lo largo del estrecho de Bab El Mandeb. Se produjeron después de que los huthíes lanzaran su quinto ataque con misiles contra Israel en una semana, y los aviones de combate F/A-18 Hornet y F-35 llevaron a cabo un bombardeo nocturno de represalia. Durante el día se lanzaron dos misiles Tomahawk desde el destructor “Arleigh Burke”. En total, los aviones militares estadounidenses realizaron 12 incursiones aéreas contra dos barros diferentes de la capital yemení.

Los huthíes no se cruzaron de brazos y abrieron fuego contra los barcos de la Quinta Flota de Estados Unidos y, de paso, contra los mercantes en tránsito. El representante oficial de la inteligencia militar de Ansarollah, Yahya Sari, anunció el ataque contra el portaaviones estadounidense Harry Truman con drones y misiles de crucero, impidiendo así un ataque aéreo que preparaban los estadounidenses. También dispararon un misil hipersónico contra el aeropuerto Ben Gurion y un misil balístico Zulfiqar a una central eléctrica al sur de Jerusalén.

El ejército israelí respondió casi a diario a los ataques con cohetes y drones, la mayoría de los cuales fueron interceptados por las defensas antiaéreas israelíes y no causaron daños significativos. Pero han puesto a prueba los nervios de Tel Aviv.

El ejército israelí actúa a ciegas contra los huthíes. Los ataques israelíes se dirigen principalmente contra infraestructuras civiles y estratégicas, más que contra instalaciones militares (puestos de mando, bases de armas y emplazamientos de misiles), cuyas coordenadas no conocen.

Sin embargo, el cuartel general de la OTAN se muestra confiado: “Sin los hutíes, Israel habría decidido hace tiempo una escalada directa contra Irán”. Pero surge una pregunta: ¿dónde consiguen los yemeníes los misiles de crucero y, sobre todo, los misiles balísticos de última generación? Podemos suponer lo mismo de Irán. Entonces surge otra pregunta: ¿es sólo de Irán?

Un analista retirado de Oriente Medio en el Congreso de Estados Unidos, Kenneth Katzman, sospecha de Rusia. “La decisión de Moscú de armar a los huthíes está directamente relacionada con el hecho de que Vladimir Putin, después de que Kiev comenzara a bombardear la retaguardia rusa con misiles estadounidenses, decidió lanzar una guerra híbrida contra Washington en el sudeste. Desde hace algún tiempo, los rusos no sólo suministran armas a los huthíes, sino que también les señalan los objetivos”.

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