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Día: 6 de mayo de 2023 (página 1 de 1)

El dólar se ha debililtado al mismo ritmo que se ha militarizado

En España el gobierno y sus medios de propaganda siguen contando un cuento de hadas. Todo va bien o muy bien. Las cifras de empleo son las mejores de la historia. La inflación ya no sube tanto. El PIB ha crecido más de lo esperado…

Pero si repasamos las noticias de las agencias internacionales lo que leemos es otra cosa.

En Estados Unidos la crisis bancaria se agrava a cada paso y se avecina otra disputa sobre el techo de la deuda. ¿Se declarará en quiebra la mayor potencia económica mundial?

La cotización del petróleo se mantiene en niveles aceptables. Los precios no se han disparado gracias a la recesión en ciernes. En Alemania esperaban una caída del 2,3 por cien de los pedidos industriales y el descenso ha sido del 10,7 por cien (cinco veces más).

El precio del oro se puso ayer en 2.039 dólares. Ha subido un 27 por cien desde otoño del año pasado. La plata ha subido casi un 30 por cien desde principios de marzo.

Los artículos sobre la desdolarización llenan las columnas de los medios de comunicación. Nadie duda de que ocurrirá, las apuestas son sobre cuándo ocurrirá.

Amenaza con convertirse en una cuestión de seguridad nacional, es decir, en parte de la guerra económica. Una caída repentina de la demanda de dólares podría provocar una inflación mayúscula y una crisis aún mayor de la deuda en Estados Unidos.

Pero los economistas no prestan atención a las noticias bélicas: Estados Unidos y sus secuaces europeos sancionaron a Rusia, embargaron sus activos y la expulsaron del sistema de pagos Swift. En otras palabras, se pusieron la soga en el cuello.

Todos los países del mundo ha caído en la cuenta de lo más obvio: el dólar no puede ser un “medio de atesoramiento”, como decía Marx. Los países sólo pueden acumular dinero de verdad, o sea, oro. Una divisa sólo puede funcionar como reserva si es segura, si está siempre disponible, pase lo que pase, aunque estalle una guerra mundial.

Las monedas fiduciarias son para los siervos, se decía antiguamente, sólo el oro es dinero, la moneda de los reyes. Ha sido necesaria una sacudida militar para que el mundo entero abra los ojos estupefacto y busque una alternativa al dólar, que en ningún caso puede ser el yuan, ni ninguna otra divisa fiduciaria. Sólo el oro es capaz de desempeñar ese papel.

El dólar se ha debililtado al mismo ritmo que se ha militarizado. Pero para funcionar como reserva, una moneda debe inspirar confianza por sí misma, no por la fuerza de las armas. “Cuando las barbas de tu vecino (Rusia) veas pelar, pon las tuyas a remojar”, dice el refrán. El mundo ya no se fía del dólar porque no se fía de Estados Unidos y de la manera en que ha manipulado la moneda desde 1945.

Para Estados Unidos lo peor de todo es que muy pronto el mundo verá que esta caída del dólar les viene muy bien, por una sencilla razón: la mayor parte de la deuda soberana está nominada en la divisa estadounidense. Si el dólar se deprecia, tendrán que devolver menos dinero.

La pesada carga de los refugiados ucranianos

La Guerra de Ucrania es tan extraña que la mayor parte de los refugiados han escapado para arrojarse en brazos del enemigo. Rusia ha acogido más refugiados ucranianos que cualquier otro de la Unión Europea, e incluso que todos ellos juntos.

Lo que ocurre con la mayor parte de los ucranianos, refugiados o no, es que nadie los considera como tales y los llaman de otra manera, como “prorrusos”, por ejemplo.

Pero en 2014 los “prorrusos” eran “proucranianos” y así lo demostraron firmando los Acuerdos de Minsk.

El éxodo de los ucranianos fuera de su país no es nuevo. Uno de los países más poblados de Europa ha ido perdiendo a una gran parte de sus habitantes en las últimas décadas.

La guerra ha sido la última plaga que ha sacado de Ucrania en masa a la población. Hace un año eran noticia de portada porque no hay nada más triste que esas familias en las paradas de los autobuses y las estaciones de tren, cargados de maletas, con los niños en brazos y los abuelos llorando.

La tristeza siempre busca un culpable, que en este caso era Rusia… siempre que ocultes al espectador que la mayor parte de los refugiados huían hacia el enemigo precisamente.

En la otra orilla, en occidente, los refugiados ucranianos fueron acogidos al principio con los brazos abiertos porque había cámaras de televisión para grabar tan triste momento.

Luego nadie volvió a acordarse de ellos. Ahora ya no hay más imágenes tristes de personas sollozando por la tierra perdida. Lo que hay son números fríos, presupuestos y gastos. Poco a poco los rubios ucranianos se van convirtiendo en los negros senegaleses. Son otra de esas pesadas cargas que tenemos que soportar los europeos para demostrar al mundo nuestro buen corazón.

Porque, además de soportar los gastos de mantenimiento de millones de ucranianos, tenemos que enviarles radares, cañones, obuses, blindados, municiones… un equipamiento que no teníamos y que, además, hemos tenido que reparar, limpiar y repintar.

Le está ocurriendo a toda Europa. Por ejemplo, Rumanía ya no entrega más fondos a los refugiados ucranianos para pagar la vivienda. Ya se han gastado 500 millones de euros y no les queda más dinero. Estamos en crisis.

El programa eslovaco de subsidios al alojamiento para refugiados ucranianos era de 24 euros al día para adultos y 12 euros por niño. Expira a finales de este mes y el Ministerio de Economía ya ha advertido que no hay dinero para más.

Tras haber acogido a 1,6 millones de refugiados en su territorio, Polonia ha eliminado gradualmente las ayudas a la vivienda de unos 10 dólares en moneda local, así como el transporte público gratuito.

La República Checa ha gastado unos 23.000 millones de coronas checas (1.100 millones de dólares) en los cerca de 500.000 refugiados ucranianos que ha acogido. El Estado ya no pagará a las almas caritativas que han acogido refugiados ucranianos en sus casas. Tendrán que buscarse una casa por su cuenta y si están en edad de trabajar, deberán ponerse a la faena o regresar a su país.

Las cámaras de televisión han apagado los focos porque los refugiados ucranianos ya no son noticia y la retirada de las ayudas tampoco. Nadie llora ni se compadece por los presupuestos públicos.

Lo mejor es que los ucranianos vuelvan a su país. Cuando llegaron sollozamos y cuando los expulsemos aplaudiremos. Estamos hartos de ellos. Una vez que vuelvan podrán tomar las armas y defender sus casas, incluso los niños, los ancianos y los inválidos.

La guerra los necesita.

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