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Día: 11 de noviembre de 2022 (página 1 de 1)

La mayoría de países europeos entrará en recesión a finales de este año

La Comisión Europea espera que la zona del euro y la mayoría de los Estados miembros entren en recesión en el último trimestre de este año. También ha elevado fuertemente sus expectativas de inflación, debido a la subida de los precios de la energía vinculada a las sanciones contra Rusia.

La zona euro debería entrar en recesión a finales de año debido a los elevados precios de la energía, relacionados con las sanciones a Rusia, que están erosionando el poder adquisitivo de los salarios, según acaba de anunciar la Comisión Europea en un comunicado oficial. “Se espera que la Unión Europea, la zona del euro y la mayoría de los países miembros entren en recesión en el último trimestre de este año”, dijo el ejecutivo de Bruselas.

En Europa todos los indicadores económicos van mal. La Comisión ha revisado a la baja su previsión de crecimiento para el año que viene hasta el 0,3 por cien para los países que comparten la moneda única, frente al 1,4 por cien previsto anteriormente.

También ha elevado fuertemente su previsión de inflación en la eurozona para el año que viene hasta el 6,1 por cien, desde el 4 por cien previsto anteriormente. “La Unión Europea se encuentra entre las economías avanzadas más afectadas, debido a su proximidad geográfica a la zona de guerra y a su fuerte dependencia de las importaciones de gas de Rusia”, dice el comunicado.

“La crisis energética está erosionando el poder adquisitivo de los hogares y pesando sobre la producción. Los indicadores de confianza han caído bruscamente”, añade. Como resultado, “las cifras previstas para 2023 son significativamente más bajas para el crecimiento y más altas para la inflación”.

Bruselas también espera que la inflación sea más alta de lo previsto, con un 8,5 por cien, frente al 7,6 por cien que se esperaba anteriormente, debido principalmente al aumento de los precios de la energía relacionado con las sanciones a Rusia.

Rusia y los talibanes: un matrimonio de conveniencia

La firma de un acuerdo entre Rusia y los talibanes en septiembre de este año supone el primer gran acuerdo económico internacional para los talibanes.

Pero más allá del anuncio de que Rusia suministrará gas, petróleo y trigo a Afganistán, no se han hecho públicos los detalles de los pagos y los precios. No está claro cómo afrontarán los dos países las sanciones occidentales y su exclusión del sistema bancario mundial.

El acuerdo se produce en un contexto de conversaciones comerciales entre los talibanes y sus vecinos regionales y de conversaciones de Rusia con varios países no occidentales sobre contratos petroleros a largo plazo.

El valor económico de las relaciones comerciales entre Afganistán y Rusia puede ser bajo, pero el aumento de los compromisos y las asociaciones bilaterales es una baza diplomática para Rusia y los talibanes. Muestra a las grandes potencias que ninguno de los dos países está aislado.

Los talibanes intentan diversificar sus socios comerciales y mejorar las relaciones con sus vecinos regionales. Las sanciones internacionales, seguidas de la congelación de activos por parte de Estados Unidos, han afectado a las empresas afganas (y especialmente a la población). Desde agosto del año pasado, la economía se ha contraído un 20-30 por cien.

La llegada del invierno ha hecho que los talibanes se apresuren a asegurar las importaciones de petróleo y gas. Las negociaciones con Irán, Kazajistán y Turkmenistán están en marcha. En julio de este año, el Ministerio de Comercio e Industria afgano firmó un contrato con una empresa petrolera turcomana para el suministro de combustible y firmó un acuerdo con Irán para la compra de petróleo.

Los talibanes tenían inicialmente grandes expectativas de inversión china, que no se ha materializado. Pekín sigue siendo reacio a invertir y desconfía de que los talibanes hayan cortado los lazos con los yihadistas uigures.

Rusia es una opción natural para los talibanes porque es un socio comercial existente y tiene importantes recursos energéticos. Los talibanes se han mantenido neutrales en el conflicto entre Ucrania y Rusia, pidiendo oficialmente contención a ambas partes.

Las empresas petroleras rusas han seducido a los compradores no occidentales con precios sin competencia. Países como Sri Lanka, India, Turquía y China han seguido comprando petróleo a Rusia a pesar de las sanciones occidentales.

Los precios más bajos son atractivos para los países que se enfrentan a una inflación creciente, a interrupciones en la cadena de suministro y a contratiempos económicos debidos a la pandemia.

Pero no parece que el Kremlin vaya a reconocer oficialmente a los talibanes. Su exclusión de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) de septiembre, es la muestra más clara de ello.

No está claro si Afganistán mantendrá su estatuto de observador en la OCS, ya que la comunidad internacional no ha reconocido a los talibanes como gobierno legítimo de Kabul.

Asia central está preocupada por la mejor manera de protegerse de cualquier posible desbordamiento de la violencia desde Afganistán. Putin ha expresado en repetidas ocasiones su preocupación por la posibilidad de que militantes que se hacen pasar por refugiados afganos crucen a los Estados vecinos para planear actos terroristas.

El llamado Califato Islámico ha intensificado su propaganda contra Rusia. La califican de “gobierno cruzado”, o sea, cristiano, y “enemigo del islam”, y han animado activamente a combatir a Rusia.

El atentado suicida del 5 de septiembre contra la embajada rusa en Kabul ilustra la preocupación por la creciente presencia del Califato Islámico de la provincia de Jorasán, en Afganistán. Fue el primer ataque a una embajada extranjera desde que los talibanes tomaron el control de Kabul en agosto de 2021.

Pero el Califato Islámico no sólo ataca a Rusia, sino también a los talibanes. Desde 2014 el Kremlin y los talibanes comparten la opinión de que el Califato Islámico es una amenaza importante y ambas partes han intercambiado información sobre ellos.

La incorporación de antiguos combatientes talibanes y centroasiáticos a las filas del Califato Islámico ha aumentado la gravedad de la amenaza.

Los talibanes siguen buscando el reconocimiento internacional como gobierno de Afganistán. Pero con una economía en el limbo y las continuas hostilidades con las organizaciones yihadistas, son conscientes de que deben priorizar el flujo de ayuda y recursos hacia el país. La estabilidad política y socioeconómica es de suma importancia para los talibanes si quieren mantener su control sobre Afganistán.

La negativa de Rusia a reconocer oficialmente a los talibanes como gobierno legítimo de Afganistán y su clasificación como organización terrorista desde 2003 no han obstaculizado sus relaciones bilaterales hasta ahora. Por el momento, el compromiso entre Rusia y los talibanes continuará.

Los talibanes ven a Rusia como un socio económico atractivo, capaz de ofrecer suministros de petróleo y gas más baratos que la economía afgana necesita desesperadamente. Para Rusia, los talibanes representan la opción más estable en la matriz de seguridad en evolución de la región y, por el momento, la única parte que puede frenar la expansión del Califato Islámico. No hay ninguna razón para que ninguna de las partes renuncie a estas ventajas.

—https://www.eastasiaforum.org/2022/11/03/russia-and-afghanistans-partnership-of-convenience/

Si los rusos entregaron Moscú a Napoleón, ¿por qué no entregar Jerson a la OTAN?

Ocurrió hace ya más de doscientos años. Napoléon había ganado a los rusos la batalla de Borodino y esperaba que le entregaran las llaves de Moscú para entrar en medio de un desfile triunfal. Más bien imperial.

Fue en setiembre de 1812 y la “Grande Armée”, el más formidable ejército jamás reunido hasta entonces, no encontró a nadie por las calles. Ni soldados ni vecinos. “La ciudad estaba desierta, como una colmena sin reina”, escribió Tolstoi en “Guerra y paz”. La población había abandonado la capital después de prender fuego a las casas y los establos, la mayor parte de las cuales eran de madera. El incendio duró seis días y es posible que fuera entonces cuando se acuñara la expresión “tierra quemada”.

Tras descansar, vagar por las calles y saquear los restos, las tropas francesas se disponían a retirarse para pasar el invierno. El general Kutuzov les cortó los suministros y Napoleón regresó a París, mientras sus soldados caían diezmados, más por el hambre y el frío que por las bayonetas rusas.

A la retirada de Kutuzov le siguió la retirada de Napoleón porque el mundo real es así. No es un desfile. No funciona según los gustos o las apetencias de nadie. Sigue sus propias leyes y no hay jugador de ajedrez que haya ganado una partida sin sacrificar al menos un peón. Ninguno.

Mijail KutuzovUn ejército de 700.000 soldados reclutados por toda Europa perdió la guerra después de ganar todas las batallas, por lo que Stalin tenía razón cuando recomendaba a los generales del Ejército Rojo que no leyeran sólo a Clausewitz. También debían repasar las campañas militares de Kutuzov, el general tuerto al que los pintores de cámara siempre giraban la cabeza hacia el lado más favorable.

Kutuzov perdió la Batalla de Borodino porque no es fácil frenar una embestida de 700.000 hombres armados. Pero luego acabó con la vida de casi todos ellos, que murieron en la penosa retirada de Moscú, que se prolongaría durante tres meses interminables. Lo que no ganó de frente, lo ganó por la espalda. A lo largo de miles de kilómetros hasta París, el gigantesco ejércto napeolónico fue dejando un rastro de cadáveres, heridos, enfermos, prisioneros, caballos, carretas, cañones, fusiles…

Napoleón estaba en la cumbre de su poderío en Borodino. Tres meses después su declive había comenzado. Es el mayor desastre de la historia militar. No fue exactamente en Moscú sino en la retirada de la capital imperial, que para los rusos tiene una enorme carga afectiva. Apenas permaneció un mes en ella, esperando inútilmente la negociación de un tratado de paz con el emperador Alejandro I.

En las televisiones rusas los tertulianos recuerdan hoy a Kutuzov, el general que hace doscientos años fue capaz de convertir una derrota, la entrega de la capital al adversario, en una victoria. Si fueron capaces de entregar Moscú, ¿por qué no entregar Jerson? Incluso hay factores mucho más favorables porque esta vez el adversario no ha ganado ninguna batalla. Se limita a ocupar el territorio que les permiten los rusos.

A los demás, sobre todo a la población de Jerson, le asaltan las dudas porque sólo hace un mes y medio que votaron a favor de incorporarse a Rusia. Ahora les piden que abandonen sus casas y no saben si volverán pronto a ellas.

También hay quien supone que la retirada es consecuencia de una previa negociación, o bien que es un requisito previo para sentarse a negociar. Es posible que, como Napoleón, alguno tenga que esperar un mes antes de levantarse de la mesa sin mirar cara a cara a su adversario.

En medio de una guerra todo son cábalas y dudas. Los ánimos cambian con cada batalla. Se disparan con los avances y se hunden con los retrocesos. Deberían acordarse de aquel general ruso que era tuerto.

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