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Día: 18 de julio de 2022 (página 1 de 1)

Rusia también ha ganado la guerra del gas

El 13 de julio Gazprom declaró que, tras una suspensión de diez días por trabajos de mantenimiento programados desde hace tiempo, el flujo de gas a través del Nord Stream podría no reanudarse. La decisión causó pánico entre los operadores, pero no fue una sorpresa. Es otro caso de profecía autocumplida en las relaciones ruso-europeas desde el inicio de la guerra en Ucrania.

La trama es siempre la misma: los Estados miembros de la Unión Europea se ponen duros con Rusia, la sancionan, entregan armas a Ucrania y pretenden golpear su economía. Sin embargo, a cada paso la cuestión del gas vuelve a salir a la palestra, ya que Europa se da cuenta de que es imposible sustituir por completo el gas de Moscú a corto plazo sin enfrentarse a un verdadero terremoto energético. Esto hace que las sanciones sean nulas y ofrece un arma de presión que Rusia puede utilizar sin coste alguno.

Los gestos simbólicos y demostrativos, las interrupciones o cortes de suministro y las declaraciones son calibrados cada vez por Moscú en un hábil juego de guerra psicológica contra Occidente. Sabiendo, como entiende Rusia, que los mercados, en los que se delega en gran medida la necesidad de fijar el precio de la energía en Europa, sufrirán tensiones e incertidumbres.

Los ganadores son los rusos. Europa trata de diversificar sus suministros con cautela, alejándose de la excesiva dependencia actual de Moscú. Pero no puede prescindir por el momento de algunas de las importaciones restantes del este. Gracias a la estrategia de presión de Moscú, los precios se disparan y Rusia puede armarse aumentando su caja energética incluso en un contexto de disminución de los suministros de Europa: al menos 530 millones de euros diarios han sido garantizados por la Unión Europea a Rusia para las compras de energía desde el 24 de febrero. En unos 140 días de guerra, eso supone 74.200 millones de euros.

Las importaciones europeas encabezan los ingresos rusos. Rusia obtuvo 93.000 millones de euros en ingresos por exportaciones de combustibles fósiles, incluido el carbón, en los primeros 100 días de la guerra (del 24 de febrero al 3 de junio). Estamos hablando de un superávit comercial sin precedentes. La Unión Europea importó el 61 por cien, por valor de unos 57.000 millones de euros.

La dependencia es declarada explícitamente por Europa, que no ha entendido la estrategia de guerra sicológica ensayada por Moscú desde el verano del año pasado. La crisis de precios del pasado invierno puso de manifiesto que Rusia suministraba al noroeste de Europa volúmenes de gas inferiores a los de los años anteriores a la pandemia. En concreto, entre septiembre y octubre del año pasado, cayeron alrededor de un 17 por cien. Mientras tanto, la curva de precios ha mostrado una impresionante subida. El 6 de octubre, las noticias sobre posibles problemas en la certificación del Nord Stream 2 hicieron subir los precios un 30 por cien en pocas horas, hasta los 116,83 euros por MWh.

El 21 de diciembre los envíos rusos a Alemania a través del oleoducto Yamal-Europa cayeron sin explicación alguna, provocando el pánico. El precio, que un mes antes era de 87 euros por MWh, se disparó a 179,18 euros. La guerra en Ucrania no hizo más que prolongar lo que ya estaba en marcha desde hace tiempo: en tiempos de tensión política, a Moscú le conviene tirar de la cuerda y desatar el caos.

El 3 de marzo Rusia cortó el suministro tras la decisión de Alemania de no certificar el Nord Stream 2, lo que hizo que el precio del gas europeo superara por primera vez los 200 euros. La misma dinámica se produjo el 26 de abril siguiente, cuando se cortó el suministro de gas a Polonia y Bulgaria: el precio subió más de un 25 por cien en cuestión de horas, después de haber bajado a los niveles anteriores a la guerra, lo que llevó a muchos países a hacer tratos con Rusia para pagar los contratos en rublos. Después de que en mayo se produjera un nuevo parón, bajando el gas a 80 euros por MWh tras las políticas iniciales de diversificación, a mediados de junio se produjo un nuevo repunte cuando, con motivo del viaje de Mario Draghi, Olaf Scholz y Emmanuel Macron a Kiev, Rusia cortó el suministro a Italia y Alemania.

Desde entonces, la victoria de Rusia ha sido definitiva, lo que ya se podía adivinar por las palabras sobre el “desempleo y la pobreza masivos” a los que se arriesgaba Alemania sin el gas ruso, según el ministro de Economía Robert Habeck, pronunciadas el 15 de marzo. ¿El resultado? Los precios subieron de 81 a 181 euros entre el 13 de junio y el 13 de julio.

Cada vez que el precio se estabiliza o baja, Rusia lanza tácticas de presión y una guerra económica híbrida a la que Europa reacciona desordenadamente, poniéndose entre la espada y la pared y haciendo explícita su dependencia de Rusia.

Con las sanciones, el arma energética se ha convertido en un instrumento legítimo (y previsible) de presión para Rusia, y Europa hará bien preparándose para evitar que Moscú lo explote cuando se acerque el invierno. Los países europeos han estado enviado arsenales de armas a Ucrania y no pueden esperar otra cosa que pasar frío, e incluso hambre.

Rusia pone en marcha una fase más agresiva de la guerra en Ucrania

Rusia anuncia un cambio hacia una fase más agresiva en la Guerra de Ucrania. El ministro de Defensa ruso, Serguei Shoigu, ha ordenado intensificar los ataques “en todas las direcciones operativas”, asegura el New York Times (*).

El sábado Shoigu llegó a Ucrania para inspeccionar a los militares rusos desplegados en el país vecino. El jefe del departamento militar ruso dio las instrucciones necesarias para aumentar aún más las acciones de los militares rusos en todas las áreas operativas con el fin de excluir la posibilidad de que el gobierno de Kiev inflija ataques masivos de misiles y artillería a la infraestructura civil y a la población civil del Donbas y otras regiones.

En el puesto de mando, el General de Ejército Shoigu escuchó los informes de los generales Serguei Surovikin, Comandante del Grupo Sur, y Alexander Lapin, Comandante del Grupo Central, y de otros comandantes sobre la situación actual, la naturaleza de las acciones del enemigo y el progreso de las misiones de combate de las fuerzas armadas rusas.

La orden del ministro de Defensa ruso podría marcar el inicio de una gran ofensiva de las fuerzas dirigidas por Rusia en la región de la ciudad de Donetsk. Es una de las zonas más fortificadas, donde el avance ruso ha sido más lento. Las fuerzas armadas ucranianas desplegadas cerca de la ciudad de Donetsk bombardean a diario a los civiles que viven en la zona, lo que aumenta el número de víctimas.

Moscú ha advertido que su ejército aún no ha puesto toda la carne en el asador, sino que estaba llevando a cabo una operación especial con medios y fuerzas limitadas. Al mismo tiempo, el Kremlin subrayó que estaba dispuesto a negociar desde el principio de la intervención rusa.

“Hoy escuchamos que quieren derrotarnos en el campo de batalla. Bueno, qué puedo decir aquí, que lo están intentando”, dijo Putin el 7 de julio. El Presidente ruso añadió que “todavía no hemos empezado nada”.

Putin dijo que Moscú no abandonaba las conversaciones de paz, “pero los que se niegan deben saber que cuanto más se prolongue, más difícil será negociar con nosotros”, advirtió.

Al mismo tiempo, Putin aseguró que el ejército ruso no movilizará fuerzas adicionales. Rusia no ha declarado la guerra a Ucrania. Si las unidades rusas estacionados en el Donbas y otras regiones de Ucrania no son reforzadas con tropas adicionales de refresco, es difícil que el ejército ruso pueda llevar a cabo la orden de Shoigu.

(*) https://www.nytimes.com/2022/07/16/world/europe/russia-ukraine-donbas-shoigu-pause.html

El petróleo ruso inunda Oriente Medio

Las exportaciones de petróleo ruso a Oriente Medio se dispararon en junio y se espera que vuelvan a aumentar en julio. El mes pasado los envíos rusos de productos petrolíferos a Oriente Medio alcanzaron su nivel más alto en al menos seis años, mientras que las entregas a Europa cayeron alrededor de un 30 por cien.

Los países de Oriente Medio importaron unos 155.000 barriles de combustible ruso al día en junio, el nivel más alto desde al menos principios de 2016. Los datos también muestran que las importaciones empezaron a crecer rápidamente en febrero, cuando Moscú lanzó su operación militar en Ucrania, lo que provocó que Estados miembros de la Unión Europea y otras naciones occidentales impusieran sanciones a Rusia, incluidas sus exportaciones de combustible.

Más de un tercio de todas las importaciones de combustible ruso se dirigieron al puerto de Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos. Las entregas rusas consistieron principalmente en fuel, pero también en gasolina, combustible para aviones y gasóleo, así como otros productos petrolíferos.

Los analistas prevén que los envíos de combustible ruso a Oriente Medio en julio superen los de junio y superen los 220.000 barriles diarios.

Los envíos representan sólo una fracción del total de las exportaciones de petróleo de Rusia y no pueden compensar la caída de los envíos a Europa, que se redujeron en más de 500.000 barriles diarios de febrero a junio, dice Bloomberg, aunque es una ficción. El petróleo ruso que llega a Oriente Medio se desvía luego a Europa a un precio mucho más elevado, por lo que Rusia gana más vendiendo menos.

La Unión Europea impuso un embargo parcial al petróleo ruso el mes pasado, mientras reducía gradualmente los envíos incluso antes, ya que Estados Unidos prohibió los envíos de petróleo ruso en marzo.

La prohibición de la Unión Europea afectará a los envíos de petróleo ruso en alta mar y entrará en vigor en diciembre. Moscú considera que las sanciones de la Unión Europea y de Estados Unidos son ilegales y está tomando medidas para diversificar sus exportaciones, incluso reorientándolas hacia China e India.

Lo mismo que los países de Oriente Medio, luego la India revende el crudo a Europa a un precio muy superior.

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