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Día: 21 de diciembre de 2021 (página 1 de 1)

La criminalización de la pobreza en Colombia, donde el teror policial no tiene límites

Habitamos el país del miedo y los desconciertos, de las inequidades sociales y las masacres, de la corrupción y otras desdichas. El gobierno de Iván Duque, al que poco le falta para extinguirse, puede ser el peor de los últimos tiempos. Ha estigmatizado y criminalizado con saña la protesta social, y, como si fuera poco, permitido en la violenta represión a las expresiones masivas de malestar la presencia asesina de civiles que disparan así no más a la minga indígena y a otros manifestantes.

El 9 y 10 de septiembre de 2020 fue tiempo de masacre policial. Tras el asesinato de Javier Ordóñez, que se erigió en un símbolo de los caídos por la desaforada brutalidad oficial, la protesta en contra de los abusos de la fuerza pública la reprimieron a balazos. Una reciente relatoría independiente organizada por la ONU, investigación solicitada por la Alcaldía de Bogotá, señaló que en aquellas fechas la policía asesinó a 11 jóvenes.

Tras el crimen de Ordóñez, erigido como el George Floyd criollo, el descontento subió de temperatura. La indignación se hizo sentir y entonces la respuesta a los reclamos fue la bala oficial y también la de algunos civiles. El uso desmedido de la fuerza (así lo calificó la comisión) para conjurar el descontento popular derivó en el asesinato de jóvenes en Bogotá y Soacha. Los agentes se “encarnizaron” contra muchachos de sectores populares.

Hubo, según el informe, una “criminalización de la pobreza de parte de la fuerza pública” y una demostración de diferentes formas de violencia. Ante el estallido social, la respuesta fueron los disparos y no hubo autoridad política, ni ninguna potestad de gobierno para impedir el desafuero de la policía. Ardía Bogotá y las redes sociales, en un clamor desesperado, advertían: “Nos están matando, policías disparando”.

Esos días de incendios de CAI, de abusos de autoridad, de rabia colectiva, tuvieron momentos de largas tristezas y dolores, sobre todo para los familiares de los baleados, de los detenidos arbitrariamente, de los heridos. La relatoría, según lo publicado por El Espectador la semana pasada, da cuenta de diversos momentos de alta tensión, como el testimonio de un muchacho, herido en un brazo y una pierna, que presenció la agonía de un amigo de barrio, Jáider Fonseca, acribillado en inmediaciones del parque de Verbenal.

Esta investigación, cuestionada por el mindefensa Molano, que ha dicho que no se trató de una “masacre policial”, y por la vicepresidenta y canciller, Marta Lucía Ramírez, da cuenta de lo sucedido con las víctimas, como el caso de un joven venezolano, Anthony Estrada Espinosa, que “soñaba con su propio servicio como reparador de tecnología y encontró la muerte en Soacha por la bala que disparó un patrullero”.

La relatoría documentó los asesinatos, las heridas de por lo menos 75 personas por arma de fuego, 43 heridos por armas cortopunzantes, 187 por otro tipo de armas y 216 policías heridos. Y se podría inferir que no se trató de un “lunar” o de la intervención de “manzanas podridas”, sino de una acción policial de desprecio por la vida y, como en ciertos casos, crueldad sin límites, como sucedió con el domiciliario de 26 años Cristian Camilo Hernández, muerto el 9 de septiembre y cuya familia se enteró por las noticias de TV.

“Su hermana Lina alcanzó a abrazarlo mientras agonizaba. Duró media hora abrazada a su cuerpo. ‘Deje de chillarle a ese vándalo, usted debe ser igual, unos ñeros’, decían los policías. Otro pasó y lo escupió. Cristian recibió un disparo en la frente y duró dos horas tirado en la calle”, narra El Espectador citando la relatoría.

Los familiares de las víctimas no solo esperan la reparación y que la institución policial pida perdón por los crímenes, sino que haya justicia. Y, ante todo, como lo expresó el padre de uno de los muchachos asesinados (Freddy Mahecha Vásquez), la policía debe reconocer que “las víctimas del 9 de septiembre no eran vándalos, sino jóvenes trabajadores llenos de sueños”.

La relatoría, que ha puesto en evidencia la crueldad y bestialidad de la policía en aquellas jornadas, le pide a la institución que realice un acto de reconocimiento de responsabilidades y pida perdón por los abusos cometidos. “Un gesto que aumentaría su legitimidad si es acompañado por el presidente de la República”, dice.

Esas fechas funestas, en las que las fuerzas oficiales asesinaron manifestantes, son un testimonio más de nuestra historia sangrienta. Un país de masacres en distintos tiempos y circunstancias, como la de las bananeras en 1928 o la de Santa Bárbara en 1963, cuando el ejército asesinó a 13 trabajadores de Cementos El Cairo, que estaban en huelga.

La investigación determinó que la masacre se produjo por “la ausencia de una orden política y operativa de no utilizar las armas de fuego contra los manifestantes”. Nada raro en un país donde sectores retardatarios proclaman: “Plomo es lo que hay y plomo es lo que viene”.

Reinaldo Spitaletta https://www.msn.com/es-co/noticias/nacional/masacre-policial/ar-AAS0AsC

Los hospitales franceses nunca estuvieron desbordados a lo largo de la pandemia

A pesar de la intensa propaganda, el año pasado los hospitales franceses no se desbordaron en ningún momento. El informe oficial de la ATIH (Agencia Técnica de Información sobre la Hospitalización) no deja lugar a dudas (*). El llamado “covid” fue una actividad menor de los hospitales. Los pacientes de “covid” representaron sólo el 2 por cien de los ingresos hospitalarios

Las cifras son impactantes porque en medio de una supuesta pandemia, la salud de los franceses nunca había sido tan rubusta: durante todo el año pasado, hubo un 10 por ciento menos de hospitalizaciones que en años anteriores.

En el momento álgido de la pandemia, el número de pacientes de “covid” representó como máximo sólo el 3,7 por ciento de la actividad normal de los hospitales. El llamado “covid” no tuvo un impacto apreciable en los ingresos hospitalarios, ni a lo largo del año, ni durante los supuestos momentos de mayor incidencia.

Por el contrario, los hospitales estuvieron infrautilizados y el histerismo sanitario abandonó a muchos pacientes debido a las diversas medidas políticas puestas en funcionamiento por el gobierno. Los responsables de la desorganización hospitalaria fueron las decisiones políticas, única y exclusivamente.

Los defensores del gobierno argumentan que la estadística del número de pacientes ingresados por “covid” no representa adecuadamente la tensión extrema que se vivió en el interior de los hospitales. La ocupación de las UCI es el verdadero signo revelador de la pandemia, según dicen, porque estuvieron completamente saturadas.

No obstante, las cifras muestran con claridad que no hubo absolutamente ninguna saturación en ninguna parte, sea cual sea el indicador utilizado.

Otro argumento de los defensores del gobierno: los pacientes de “covid” permanecieron más tiempo que el resto de pacientes (18 días de media frente a los 8 días de los hospitalizados por gripe en 2019).

Las cifras tampoco les dan la razón. En Medicina, Cirugía, Obstetricia y Odontología, el número de días de hospitalización fue de 69 millones, contra 2,5 millones para los de “covid”, es decir, el 3,6 por ciento.

El último argumento de los defensores de la histeria es la saturación de las UCI. Sin embargo, el informe de la ATIH informa de que los pacientes ingresados en cuidados críticos por “covid” representaron el 5 por ciento del total.

En 2020, al igual que en el caso de la atención convencional, el número de estancias en las UCI se redujo respecto a 2019 en torno al 5,9 por cien. No obstante, el número de pacientes y días en las unidades de cuidados intensivos aumentó un 2,9 por cien con respecto a 2019. Es un aumento muy pequeño. Los pacientes de “covid” representaron el 11 por cien de los ingresados en las UCI y el 19 por cien de los días de estancia en las UCI.

En términos absolutos, el número de camas instaladas en las UCI se duplicó. Pasó de 5.080 en marzo de 2020 a 10.133 el 15 de mayo, antes de volver a bajar a 8.320 camas el 15 de junio. Pero las cfras son engañosas porque se trató de un cambio de nombre: las camas de reanimación aumentaron porque las camas de cuidados continuos se reclasificaron con ese nombre.

(*) https://www.atih.sante.fr/sites/default/files/public/content/4144/aah_2020_analyse_covid.pdf

Muere un niño de 8 años al caer fulminado en el patio del colegio mientras jugaba

Un niño de 8 años murió el jueves en su escuela de Argenteuil, en Francia. El pequeño se desplomó en el patio de recreo mientras jugaba durante la hora del almuerzo. Se dice que ha sufrido un ataque al corazón, cuya causa aún no se ha determinado. Los servicios de emergencia no pudieron reanimarlo y un médico de emergencias lo declaró muerto en el acto.

Los servicios educativos nacionales y el municipio han creado una unidad psicológica. Los bomberos se hicieron cargo de 32 personas, entre adultos y niños, así como de los padres y de la hermana mayor del niño, de 16 años.

“Mis pensamientos, los de los representantes electos del Ayuntamiento, los de los agentes y los del pueblo de Argenteuil están con sus padres, su familia y sus amigos, así como con los profesores y todo el personal de la escuela”, dijo el alcalde de la ciudad, Georges Mothron.

Se ha abierto una investigación para determinar la causa de la muerte, porque el niño no tenía antecedentes médicos. Se va a realizar una autopsia. Pocas horas después de la tragedia, un representante de los padres, abrió un fondo en internet para apoyar económicamente a los padres del pequeño.

Hasta la fecha han recaudado más de 5.000 euros.

—https://actu.fr/ile-de-france/argenteuil_95018/un-petit-garcon-de-8-ans-meurt-dans-la-cour-d-une-ecole-d-argenteuil_47297276.html

Peleas y puñaladas contra la policía rusa por el pasaporte de vacunas

El 22 de noviembre Kazán, la capital de Tatarstán, fue la primera ciudad rusa en exigir pasaportes sanitarios en el transporte público. La nueva norma provocó un caos en las calles. Los autobuses sufrieron retrasos de 20 minutos o más, mientras los conductores se esforzaban por comprobar los pasaportes de los pasajeros, muchos de los cuales iniciaron peleas cuando no les dejaron acceder al autobús.

El Ayuntamiento se rindió. Los pasaportes siguen siendo obligatorios para utilizar el transporte público, pero los conductores ya no los piden.

A principios de diciembre, Ilya Zotov, presidente de la Asociación de Pasajeros de Rusia, decidió investigar por sí mismo si los pasaportes sanitarios de la cpital tártara funcionaban en la práctica.

Sus conclusiones fueron sorprendentes. Viajó en cuatro líneas de autobús diferentes, en un trolebús y también en el metro. Nadie le pidió nada para entrar. En el trolebús, el conductor le preguntó si tenía un pasaporte de vacunas, le respondió que sí (lo cual es cierto), pero no le pidieron que lo mostrara.

En el metro, los pasaportes sanitarios se comprueban a la entrada de la estación, pero puedes mostrar cualquier código (de un familiar, de un amigo), y nadie verifica los datos, escribió Zotov.

El 70 por cien de los pasajeros no llevan mascarillas. “Llego a la conclusión de que todas estas restricciones no son necesarias […] Es mejor que las autoridades de Tatarstán lo admitan honestamente y cancelen los pasaportes sanitarios en el transporte”, concluye Zotov.

Hay una ley, pero nadie la aplica. En una conferencia de Médicos por la Verdad celebrada en Moscú, un corresponsal habló con una activista que dijo haber hecho recientemente varios viajes en autobús en Kazán sin tener que presentar un pasaporte de vacunas.

Uno de los problemas de los pasaportes sanitarios en Rusia es que la gente ha apuñalado y golpeado a los policías que se ponen pesados con los decretos municipales. Es una actitud de resistencia popular que crece cada día. A finales de noviembre, un policía de un centro comercial de Kazán fue apuñalado en el brazo tras pedir a un hombre su pasaporte sanitario.

En algunas regiones de Rusia, la oposición violenta a los pasaportes ha desempeñado un papel clave en el abandono de las leyes que querían extenderlo por todo el país.

El sistema de pasaportes sanitarios tampoco funciona en Biysk porque da lugar a episodios de violencia constante. Una ciudad de Altai ha renunciado a imponer pasaportes sanitarios en sus centros comerciales, en parte por “la actitud muy agresiva de los ciudadanos hacia las normas”.

Según uno de los responsables del centro comercial, en los primeros diez días de la introducción del sistema de control de vacunación en el territorio de Altái, dos policías recibieron una paliza. Hay informes similares procedentes de toda Rusia.

El hostelero de San Petersburgo, Alexander Konovalov, posee decenas de negocios y el mes pasado anunció que no cumpliría las normas sobre pasaportes sanitarios de la ciudad: “Tengo más de 200 establecimientos (entre ellos bares, bares de shisha, panaderías, salones de belleza), en todos mis establecimientos no van a pedir el pasaporte de vacunas. De vez en cuando nos vienen con multas, pero no les hacemos caso. Que vengan”.

Konovalov compartió su pasaporte de vacunas en su cuenta de Instagram, en la que se lee: “Que te follen”. Aún no había sido multado por desobedecer las medidas de “salud pública”.

Docenas de residentes de San Petersburgo han presentado una demanda colectiva contra el gobierno de la ciudad exigiendo la abolición del régimen de pasaportes sanitarios.

Mientras tanto, el partido Rusia Unida de Putin sigue ignorando la oposición masiva a la legislación que quiere convertir en obligatorios los pasaportes sanitarios en todo el país para muchos aspectos de la vida cotidiana.

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