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Día: 17 de diciembre de 2021 (página 1 de 1)

Los rebeldes yemeníes elogian el cambio de posición de Rusia sobre la Guerra de Yemen

Mohamad-Ali Al-Houthi, dirigente de la organización yemení Ansarollah, ha elogiado la posición de Rusia durante la última sesión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la Guerra de Yemen.

“La posición del representante ruso durante la sesión del Consejo de Seguridad fue responsable; presenta un verdadero diagnóstico de la realidad a la que se enfrenta la República de Yemen, a saber, la arrogancia de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y su encaprichamiento con sus propios intereses y el papel que han comprometido en su misión en la ofensiva contra Yemen”, escribió el dirigente huthí en su cuenta de Twitter.

Durante la sesión del Consejo de Seguridad celebrada el martes, el embajador adjunto de Rusia ante la ONU, Dimitri Polianski, informó de un cambio político en relación con los dos acuerdos de Estocolmo (entre los dos gobiernos de Hadi y Sanaa) y Riad (entre el gobierno de Hadi y el Consejo de Transición del Sur).

El proceso político se está acercando a un punto de no retorno tras el cual será imposible reunir a las diferentes partes del Estado yemení. “La comunidad internacional debe reconocer que los protagonistas son obstinados y no están dispuestos a entablar negociaciones bajo los auspicios de la ONU”, dijo Poliansky.

El embajador ruso afirmó que los esfuerzos del enviado especial de la ONU para Yemen no han tenido éxito y que ya no es posible remitirse al actual compromiso dictado por la resolución aprobada en 2015 y que no tiene nada que ver con la situación sobre el terreno. Pidió una solución que pudiera devolver la guerra a una vía política negociada.

Polianski criticó duramente a los miembros occidentales del Consejo de Seguridad: “Lamentablemente, tenemos que reconocer que nuestros compañeros occidentales han demostrado en varias ocasiones que están dispuestos a sacrificar fácilmente la unidad del Consejo de Seguridad en la cuestión de Yemen para servir a sus intereses egoístas. Utilizan el lenguaje de las sanciones y se niegan a encontrar soluciones”.

Según el delegado ruso, las sanciones del Consejo de Seguridad deben ser exclusivamente para impulsar el proceso político en Yemen y no para forzar la presión sobre ciertos protagonistas de la guerra.

Es la primera vez que Rusia expresa una postura crítica hacia el comportamiento de la ONU y las potencias occidentales en la Guerra de Yemen.

Arabia Saudí desató una guerra contra Yemen en 2015 a la cabeza de una coalición árabe, para imponer a su secuaz el cuestionado presidente dimisionario Abed Rabbo Mansour Hadi e imponer su dominio en un país que considera como su patio trasero. También impone un embargo muy severo en aplicación de la resolución de la ONU que también fue votada por Rusia.

Gracias al apoyo militar y político que recibe de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, se ha permitido las peores masacres contra cientos de miles de civiles, destruyendo el país sin descanso, empujando a millones de yemeníes a la peor situación de hambruna y salud.

Von der Layen: una familia unida por la farmafia

La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se doctoró en medicina. Su apellido de soltera es Albrecht y su marido Heiko es director médico de Orgenesis, una empresa biotecnológica estadounidense especializada en terapias génicas, como las vacunas de Pfizer y Moderna.

Forma parte de su Consejo Científico desde 2019 y ocupa su cargo desde setiembre del año pasado. Los vínculos entre Pfizer y Orgenesis son evidentes. Sus mayores accionistas son los mismos fondos de inversión, según la Bolsa de Nueva York.

Ahora la empresa Orgenesis trabaja en el desarrollo del programa BioShield (*), que tiene la intención declarada de inventar una supervacuna que están probando en ratones.

Previamente Heiko von der Leyen y el vicepresidente de Orgenesis, Vincent Wandamm, trabajaron durante 11 años para GlaxoSmithKline (GSK), una multinacional farmacéutica británica. Antes de incorporarse a GSK, Vandamm fue director de calidad durante ocho años de Pfizer. Muchos otros empleados de Orgenesis también trabajaron previamente en Pfizer.

Poco antes de la pandemia, en agosto de 2019, GSK y Pfizer anunciaron un acuerdo para combinar varios de sus negocios en una empresa conjunta GSK Consumer Healthcare.

Los contratos firmados entre Pfizer y Ursula von der Leyen no sólo son secretos, sino que el intercambio de mensajes de texto y llamadas telefónicas entre ambas partes se han borrado deliberadamente.

Ursula se ha propuesto derogar el Código de Nuremberg para que las vacunas sean obligatorias para los 445 millones de personas que viven en la Unión Europea.

El secretos impide confirmar si Pfizer ha pagado comisiones por la firma del contrato con la Unión Europea, en qué cantidad y, sobre todo, a quién. Pero los conspiranoicos hacemos los siguientes números: a razón de 20 dólares cada dosis, Pfizer ha sacado a la Unión Europea 36.000 millones de dólares. Por un contrato de ese volumen, en Bruselas se paga una comisión del 2 por ciento, es decir, que alguien se ha metido en los bolsillos 760 millones de dólares en comisiones. Es lógico que Von der Leyen preconice vacunar a todos los europeos, y cuantas más veces mejor. Por lo civil o por lo militar.

Ya existió un conflicto de intereses con David, el hijo de Ursula, que trabaja en la consultora McKinsey y, como tal, participaba en los beneficios de la empresa. McKinsey recibió millones de euros por asesorar a la Bundeswehr, el ejército alemán, cuando Ursula era ministra de Defensa del gobierno de Merkel.

La multinacional McKinsey es la empresa que ha diseñado las campañas publicitarias de la pandemia, e incluso se ha encargado de la logística de distribución de las vacunas, como ya informamos en otra entrada.

(*) https://finance.yahoo.com/news/orgenesis-announces-anti-viral-bioshield-130718170.html

¿Cómo es posible que en plena crisis se cierren centrales eléctricas?

En vísperas del invierno y en plena crisis energética, Iberdrola ha cerrado la mayor central de carbón de Europa, que estaba en Longannet, Escocia. Endesa ha cerrado la de Carboneras, en Almería, con el aval del gobierno del PSOE y Podemos.

En 2018 Greenpeace realizó una protesta delante de esa central, exigiendo su cierre, como muestra la foto de portada, porque el carbón es el “principal responsable del cambio climático en el mundo”.

Lo mismo hace Alemania, que ha echado la llave a tres reactores nucleares y 11 centrales de carbón. El país perderá 6,4 GW de capacidad de generación. En total Alemania quiere cerrar 15.000 MW de capacidad de las centrales eléctricas para 2023.

Es posible que las redes eléctricas dejen de permanecer estables porque, por un lado, la expansión de la energía eólica se ha estancado, las instalaciones de almacenamiento que absorben los cortes de energía relacionados con la meteorología apenas están planificadas y la salida de la producción de carbón va más rápido de lo previsto.

Esta política, insistimos, tiene menos que ver con la protección del medio ambiente que con la economía. Debido al aumento de los precios del comercio de emisiones en la Unión Europea, las centrales eléctricas de carbón son cada vez menos atractivas.

El precio de la electricidad en Europa sigue batiendo récords. Las tarifas eléctricas diarias superan los 300 euros/Mwh en España, Francia, Suiza, Austria, Italia, Eslovenia, Croacia, Serbia y Hungría.

En Alemania, los Verdes aplauden con las orejas y, desde que están en el gobierno, aún con más entusiasmo. El nuevo gobierno de coalición ha elaborado más planes para abandonar la producción de carbón antes de 2030. Ya veremos lo que ocurre cuando la población no pueda encender la calefacción en medio del hielo.

Las posibilidades de que se produzcan apagones son muchas, porque es imposible aumentar la oferta y reducir la demanda porque hasta ahora eranlos combustibles fósiles los que permitían mantener el balance energético. El desmantelamiento de la capacidad nuclear y de carbón en Alemania en diciembre hará que, en pleno invierno, la capacidad de generación alemana disminuya en 6,4 GW.

En Alemania la generación a partir de energías renovables fue significativamente inferior a la del año anterior (56 por cien). Los sistemas de energía solar y eólica suministraron conjuntamente 87,3 teravatios hora (Twh) a la red pública, frente a los 102,9 TWh del primer semestre de 2020. Esto se debe principalmente a la fuerte caída del 20 por cien de la energía eólica.

Por otro lado, ha aumentado la generación de electricidad a partir del lignito (+37,6 por cien), la hulla (+38,9 por cien), el gas (+18,6 por cien), la energía hidráulica (+15,9 por cien) y la nuclear (+7,1 por cien).

El gobierno de socialmócratas y verdes va, pues, a contrapelo de lo que la realidad (o sea, el mercado mundial) indica. Tras caer en 2019 y 2020, la generación de electricidad con carbón repuntará un 9 por cien este año, hasta alcanzar un nuevo máximo histórico de 10.350 Twh, ha advertido esta mañana la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Después de caer en 2019 y 2020, se espera que la generación de energía a base de carbón repunte un 9 por cien este año. La demanda de carbón podría alcanzar nuevos máximos históricos el año que viene.

Los altos precios del gas hacen que el carbón sea más competitivo económicamente.

La demanda total de carbón (que incluye no sólo la electricidad, sino también la producción de cemento y acero) aumentará un 6 por cien este año. Seguirá siendo inferior a los niveles récord de 2013 y 2014, pero estos podrían superarse pronto.

“Dependiendo de la climatología y del crecimiento económico, la demanda total de carbón podría alcanzar nuevos récords ya en 2022 y mantenerse en estos niveles durante los dos años siguientes, lo que subraya la necesidad de adoptar medidas políticas rápidas y contundentes”, advierte la AIE.

En consecuencia, no hay nada más alejado del mundo actual que esos planes de “transición ecológica”, en los que los gobiernos europeos están derrochando gigantescas cantidades de dinero público de forma absurda.

La ‘bomba demográfica’ nunca ha existido

La población humana mundial creció de forma espectacular en el siglo XX, pasando de 1.600 millones en 1900 a 6.100 millones en 2000. A medida que crecía, se empezó a culpar a la población de algunos de los problemas más acuciantes y desafiantes, desde la pobreza a la inestabilidad geopolítica o el cambio climático. Pero, ¿cómo es que el hecho del crecimiento demográfico se ha convertido en el problema de la superpoblación, y cómo es que enmarcar las principales preocupaciones del mundo como “problemas de población” ha limitado la gama de posibles soluciones?

Mi nuevo libro, “Building the Population Bomb” (Oxford University Press, 2021), responde a estas preguntas siguiendo el desarrollo de dos teorías científicas sobre la superpoblación, una medioambiental y otra económica, a lo largo del siglo XX. Elabora las redes sociotécnicas que dieron a estas teorías el poder de moldear la población mundial al informar y legitimar las intervenciones gubernamentales y no gubernamentales en la vida íntima de algunas de las personas más vulnerables del mundo.

Ambas teorías sobre la superpoblación surgieron de enfoques científicos opuestos sobre la población que surgieron en Estados Unidos en la década de 1920, en el apogeo del movimiento eugenésico y en medio de intensos debates sobre el valor de la inmigración. Los biólogos se centraron en las tasas de crecimiento global, que leyeron a través de una lente maltusiana para predecir la inminente superpoblación. Propusieron limitar la inmigración y aplicar un programa de control de la natalidad eugenésico.

Los estadísticos y los científicos sociales se centran en las tasas de fecundidad y mortalidad por edades, que leen a través de un prisma mercantilista para predecir una desaceleración desastrosa del crecimiento de la población. Se oponían a la restricción de la inmigración, pero estaban a favor de la eugenesia; tanto si la población estadounidense crecía demasiado rápido como si era demasiado lenta, todos los científicos estaban de acuerdo en la importancia de promover las familias numerosas entre la gente “buena” y las familias pequeñas entre la gente “mala”.

El movimiento eugenésico estadounidense también comenzó a dividirse a finales de la década de 1920. Los antiguos eugenistas, alineados con el enfoque biológico de la población, seguían considerando a los europeos del sur y del este -y a cualquiera que no fuera blanco- como la gente “equivocada” y estaban a favor de la intervención directa del gobierno en la reproducción. Los eugenistas más jóvenes, al alinearse con el enfoque estadístico y socio-científico de la población, se distanciaron del racismo abierto que se había convertido en el sello de los programas de eugenesia fascista en Europa. Estos jóvenes eugenistas también evitaron la intervención del Estado en la reproducción, favoreciendo en su lugar la creación de incentivos financieros y un clima social en el que las personas “buenas” tuvieran familias numerosas y las “malas” tuvieran familias pequeñas, todo ello bajo el pretexto de la libertad reproductiva. Llamaron a este programa “planificación familiar”.

En la década de 1930, la Sociedad Americana de Eugenesia se convirtió en la sede de esta nueva forma de eugenesia. Sus dirigentes consideraron que la emergente ciencia de la población era un aliado clave de su agenda y destinaron fondos a estadísticos y científicos sociales, apoyando su enfoque mercantil de la población. Fueron estos científicos, conocidos como demógrafos, los que el Estado del New Deal reclutó para ayudar a administrar sus programas sociales y económicos.

Los biólogos maltusianos fueron marginados en el establecimiento de la demografía, pero los partidarios de la versión más antigua de la eugenesia -entre ellos empresarios, diplomáticos y científicos naturales- mantuvieron vivo el maltusianismo en la conciencia popular estadounidense. Después de la Segunda Guerra Mundial, tanto los maltusianos como los demógrafos dirigieron su atención al horizonte mundial, donde quedó claro que la población estaba preparada para un rápido crecimiento. América del Norte, Europa Occidental y Oceanía experimentan un “baby boom” de posguerra. Sin embargo, los observadores estadounidenses estaban más preocupados por el rápido descenso de las tasas de mortalidad en Asia, América Latina y el Caribe, mientras que las tasas de natalidad siguen siendo altas.

Los maltusianos compararon la población mundial con la capacidad de carga del planeta, advirtiendo que el crecimiento de la población en cualquier lugar agotaría rápidamente los recursos naturales de la Tierra, estimulando la expansión del comunismo global y conduciendo a la guerra nuclear.

Los demógrafos se centraron en el ámbito nacional, comparando las tasas de crecimiento de la población con las tasas de crecimiento económico. Para ellos, la superpoblación sólo era un problema en el Sur, donde advertían que el rápido crecimiento demográfico impediría el desarrollo económico. Las pruebas empíricas de la teoría demográfica de la superpoblación eran escasas, mientras que las de la teoría maltusiana de la superpoblación eran inexistentes. Sin embargo, las dos teorías se apoyaron mutuamente para producir una intensa ansiedad sobre el crecimiento de la población entre el público estadounidense, el gobierno de Estados Unidos y los dirigentes de los países en desarrollo de todo el mundo.

Los demógrafos y sus patrocinadores extendieron el proyecto de planificación familiar eugenésica del periodo de entreguerras a los países en desarrollo, donde pretendían crear un clima en el que el control de la natalidad estuviera tan ampliamente disponible y fuera socialmente aceptable que fuera casi difícil no utilizarlo. Este objetivo fue facilitado por el DIU, cuyo desarrollo y fabricación fue financiado por el Population Council, una organización no gubernamental con sede en Estados Unidos que también financió la investigación demográfica en el Sur y la formación de estudiantes de países en vías de desarrollo en programas demográficos estadounidenses.

Al principio los maltusianos también veían la planificación familiar como una solución a su problema de población. A través de organizaciones como el Population Reference Bureau y el Population Crisis Committee, los maltusianos pidieron al público y a los responsables políticos estadounidenses que apoyaran el trabajo del Population Council y de otras organizaciones no gubernamentales dedicadas a la planificación familiar.

Por ello, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional comenzó a asignar fondos para este fin en 1965. Sin embargo, a finales de los años 60, los maltusianos se quejaban de que la planificación familiar no hacía lo suficiente para frenar el crecimiento de la población. En cambio, recomendaron que los gobiernos impusieran límites legales a la maternidad. Recibieron el apoyo intelectual de una generación más joven de biólogos, como Paul Ehrlich, que en 1968 publicó “La bomba de población”, y Garrett Hardin, que acuñó la expresión “tragedia de los comunes”, también en 1968. Los demógrafos y sus partidarios caracterizaron el enfoque maltusiano como coercitivo, de modo que todo lo que no fueran límites legales a la maternidad, como los incentivos financieros para aceptar los DIU, se consideraba no coercitivo.

Las dos teorías de la superpoblación derivadas de Estados Unidos se enfrentaron en el escenario mundial en la Conferencia Mundial de Población de 1974, donde los dirigentes del Sur rechazaron todos los esfuerzos para limitar el crecimiento de la población por considerarlos imperialistas. Intelectuales y jefes de Estado de Asia, África y América Latina culpan a las prácticas industriales del Norte de la pobreza y la degradación del medio ambiente. Declarando que “el desarrollo es el mejor anticonceptivo”, exigieron la aplicación del nuevo orden económico internacional definido por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo en 1972. Sin embargo, casi 50 años después, los expertos estadounidenses siguen atribuyendo la pobreza en el Sur y el cambio climático en todo el mundo al crecimiento de la población. Los economistas recomiendan que los países en desarrollo reduzcan sus tasas de natalidad para obtener el “dividendo demográfico”, mientras que los científicos naturales y los bioéticos recomiendan que los gobiernos limiten la natalidad para evitar el cambio climático.

Al igual que a mediados del siglo XX, los científicos naturales y los científicos sociales no se ponen de acuerdo sobre lo que constituye la superpoblación y lo que debe hacerse al respecto. La tensión entre estas dos teorías de la superpoblación, sin embargo, fomenta la creencia popular de que la población humana mundial está creciendo demasiado rápido y que hay que hacer algo al respecto. En conjunto, presentan la población como una cortina de humo para enmascarar las causas más inmediatas de los problemas que atribuyen al crecimiento demográfico, a saber, la desigualdad socioeconómica mundial y la degradación del medio ambiente.

Al centrar el debate en la forma más eficaz y equitativa de frenar el crecimiento de la población -límites legales a la natalidad o planificación familiar voluntaria-, los defensores de la superpoblación eluden soluciones reguladoras y redistributivas más directas para los problemas más acuciantes del mundo. Al enmarcar estas cuestiones como “problemas de población”, Estados Unidos y sus empresas se están saliendo con la suya a costa de los miembros más vulnerables de la población mundial y del propio planeta.

Emily Klancher Merchant https://bigthink.com/the-present/building-population-bomb/

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