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Día: 2 de diciembre de 2021 (página 1 de 1)

Amazon: más allá de la competencia está la guerra económica

Con la pandemia Amazon ha incrementado su facturación más de un 30 por ciento, hasta casi 400.000 millones de dólares. La multinacional ha logrado un éxito económico en medio de acusaciones constantes de explotación salvaje de sus trabajadores.

Una de las últimas noticias laborales aseguraba que los repartidores se ven obligados a utilizar botellas para orinar y bolsas para defecar, debido a las presiones para cumplir los ritmos de trabajo.

La multinacional utilizó a los propios trabajadores y posiblemente a bots para inundar las redes sociales con comentarios en los que se explicaba que la típica noticia era falsa. Las condiciones de trabajo en Amazon son excelentes.

Estamos en una nueva era de la información. Lo mismo que la pandemia, Amazon es un ejemplo de guerra cognitiva. Dice una cosa y hace la contraria. En medio de una explotación salvaje, lleva a cabo grandes campañas publicitarias sobre el impecable trato hacia sus trabajadores.

La filtración fue un fallo en el control de la información por parte de la multinacional, que tiene una política de imagen para censurar las noticias en su mismo origen. Como cualquier otra multinacional, Amazon dispone de un departamento encargado de silenciar las criticas de los medios de comunicación, tanto con presiones como con sobornos.

También utiliza a los trabajadores, especialmente a los cuadros intermedios, como misioneros de la empresa. En el primer semestre de este año gastó 5,1 millones de dólares para que 120 trabajadores predicaran a favor de sus jefes ante la casta de Washington.

Amazon ha encargado a la famosa Pinkerton, especializada en la represión de huelgas obreras, que espíe a los trabajadores (1). A un directivo que escribió un correo electrónico sobre las condiciones laborales de los trabajadores de un almacén le dieron la opción de dimitir o ser despedido (2).

Al filtrar la información saliente, Amazon consigue una situación de monopolio informativo sobre sí misma, lo que no le impide, sin embargo, tomar la delantera cuando es necesario. Oculta sus defectos y explica que no todos estamos a la altura. No somos capaces entender sus “valores” por una buena razón: “Los dirigentes establecen implacablemente estándares altos que pueden parecer inalcanzables para algunos” (3).

Sin embargo, la verdadera fuerza de Amazon reside en su capacidad para extorsionar a los Estados en los que localiza su red de almacenes, con argumentos que son también conocidos y comunes con otras multinacionales. Promete que creará puestos de trabajo a escala local y que su infraestructura generará empleos indirectos.

Cuando el argumento no convence, amenaza con trasladar sus almacenes a otro país, lo que supone una oleada de despidos que ningún político está dispuesto a asumir. Esta política siempre es eficaz y, además, trae subvenciones.

Cinco parlamentarios estadounidenses han acusado a Amazon de vender marcas falsificadas (4).

En India ha falsificado los resultados de las búsquedas digitales para aumentar las ventas de sus propias marcas. Un estudio de Upstream Commerce reveló que de 857 mercancías ofrecidas por vendedores independientes en el mercado, Amazon fabricaba y vendía el 25 por ciento de las más vendidas.

Pero la guerra de la información funciona así: no hay nadie que se haga eco de estas (y otras) noticias, como las prácticas mafiosas de AT Operalia, una subcontrata de Amazon, en Cantabria (5). Es posible que ni siquiera las consideren como tales noticias.

(1) https://www.vice.com/en/article/5dp3yn/amazon-leaked-reports-expose-spying-warehouse-workers-labor-union-environmental-groups-social-movements
(2) https://www.seattletimes.com/business/amazon-warehouse-jobs-push-workers-to-physical-limit/
(3) https://www.aboutamazon.fr/travailler-chez-amazon/nos-principes-de-leadership
(4) https://www.reuters.com/technology/five-us-lawmakers-accuse-amazon-possibly-lying-congress-following-reuters-report-2021-10-18/
(5) https://abusospatronales.es/casos-de-abusos-patronales/jornadas-interminables-y-represion-antisindical-en-una-subcontrata-de-amazon/

Los virus no muerden (ni siquiera ómicron)

El estatuto alcanzado por una ciencia se puede evaluar de varias maneras y una de ellas es el repertorio de conceptos y definiciones con los que opera habitualmente. Aunque no se definan expresamente, los conceptos indican la madurez que una disciplina ha alcanzado en su desarrollo, de manera que en una ciencia reciente suelen ser ambiguos.

La biología sólo tiene 200 años de historia y la virología la mitad, así que no es capaz de digerir su propia historia y está muy lejos de haber consolidado un elenco definitivo de fundamentos básicos, sobre todo teniendo el cuenta las batallas ideológicas en las que está inmersa desde su surgimiento, por no hablar de batacazos vergonzantes, como la eugenesia, de la que en su momento dijeron que era el colmo de la modernidad científica.

Los libros de texto dejan claro que no saben lo que es un virus, por lo que se expresan de manera errónea cuando aluden a ellos y esos errores los comunican a otras disciplinas, como la medicina, la veterinaria o la farmacia. Cuando alguien pregunta a un médico por las causas de una enfermedad, le responden que es un virus para indicar que no lo saben. El galeno le está diciendo que no sabe la causa de la enfermedad y que no sabe lo que es un virus.

Una de las inferencias más absurdas de los biólogos en torno a los virus es que “se apoderan de la maquinaria celular”. Sin embargo, una célula no es una máquina y un virus no se puede “apoderar” de nada porque es una sustancia inerte.

En relación con la variante ómicron, un biólogo dice que forma parte del “árbol evolutivo” del coronavirus. Son las famosas mutaciones, que ponen de manifiesto dos errores capitales de la virología. El primero es que los virus no son seres vivos y, en consecuencia, no están sometidos a la ley primordial de la biología, que es la de la evolución. Al no evolucionar, los virus carecen de mutaciones.

Desde hace dos años los medios vienen exponiendo imágenes gráficas de los virus como si fueran bolitas de colores, es decir, como organismos autónomos. Sin embargo, los virus forman parte de la fisiología celular y de los seres unicelulares, como bacterias o protistos. Unos y otros no se pueden entender de manera separada, como no se entiende la manzana (virus) sin el árbol (célula). Una manzana sólo evoluciona (crece, se desarrolla, madura) como parte integrante del árbol y se descompone en cuanto se arranca del mismo.

La concepción errónea de los virus tiene varios motivaciones históricas y técnicas. Una de ellas es el descubrimiento del ADN, en donde los biólogos creyeron haber encontrado “el secreto de la vida”, que para ellos fue como la piedra filosofal. La vida era ADN y donde había ADN había vida. Como los virus tenían ADN, eran seres vivos y cuando descubrieron que había virus de ARN, como el coronavirus, no salieron de su error.

Los tropiezos se han ido acumulando. Entre un simio y un ser humano sólo hay un 1 por ciento de diferencia en las secuencias de ADN, mientras que en una misma familia de virus las diferencias llegan al 30 por ciento, a pesar de lo cual se consideran como la misma especie. Obviamente no se trata de mutaciones de un mismo virus, sino de una variabilidad gigantesca en su composición genómica.

Dicha variabilidad sólo se explica por su diferente origen celular, para lo cual es necesario comprender que los virus no son agentes extraños a las células sino parte integrante de las mismas. De una manera parecida, la Luna forma parte de la Tierra y no se puede entender una sin la otra. El fundador de la virología científica y de su primera revista “Archiv für die gesamte Virusforschung”, Robert Doerr, los calificó como “endógenos”. Forman parte de los seres vivos desde que éstos se encuentran en su fase más embrionaria. Por lo tanto, los virus están en el origen de la vida sobre este planeta desde el primer instante.

No obstante, desde la segunda mitad del siglo XIX las ciencias de la vida y la salud consideran a los virus como extraterrestres que colonizan a los seres vivos y los enferman, de donde han derivado la doctrina del contagio y la infección, es decir, de los virus como patógenos, e incluso letales.

Los virus ni son exógenos, ni son tampoco patógenos. Están en todas partes, dentro y fuera de los organismos vivos, en cantidades abrumadoras. Sin ellos no habría vida, ni evolución porque cumplen funciones fisiológicas esenciales. Los virus no entran en las células, sino que las células capturan virus para poder funcionar y para cambiar su metabolismo, al tiempo que los expulsan de su interior, creando nuevos virus, e incluso virus modificados genéticamente de manera natural. Al observar una célula sana se ven virus y al observar una célula enferma también.

En las doctrinas corrientes prevalece la concepción del ADN como una sustancia autorreplicante que se ha transmitido a los virus, incluidos los que sólo tienen ARN, como los coronavirus. Pero los virus no se reproducen a sí mismos, no se reproducen gracias a su ADN ni a su ARN sino gracias a las células. Los virus los crean las células, de manera que células alteradas crean virus igualmente alterados, es decir, las famosas variantes. La célula es el elemento activo y el virus es el pasivo. Los virus son vehículos sin motor (no tienen mitocondrias).

Las células y los virus forman un ecosistema, interno y externo a la vez, junto con otros componentes no menos importantes, como el sistema inmunitario, que es a su vez un complejo de células que mantiene el ecosistema relativamente estable y en marcha. Las heridas cicatrizan de manera natural. El cuerpo repara por sí mismo las alteraciones en su funcionamiento. Una fisiología tan intrincada es difícil de reproducir en un laboratorio, por no decir imposible. La naturaleza no se puede poner delante de un microscopio, por lo que los experimentos “in vitro” se deberían coger con pinzas, en lugar de lanzar las campanas al vuelo, como suele ocurrir con demasiada frecuencia.

Fuera del laboratorio, el ejemplo más característico de la inocuidad de los virus son los asintomáticos. Quienes están en un contacto directo y estrecho con “enfermos infecciosos” no se contagian, sin necesidad de mascarilla ni de protecciones de ninguna clase. Así lo demuestran cuantos experimentos se han llevado a cabo “in vivo”, por no hablar de que no necesitamos que ningún apestado nos “infecte”. Llevamos virus dentro desde que salimos del vientre de nuestra madre.

La empresa francesa Framatome y la rusa Rosatom anuncian un acuerdo de cooperación estratégica

La “transición ecológica” ha puesto a la energía nuclear de nuevo en el candelero, una vez olvidado Fukushima. Será la fuente de energía que más se desarrollará en los próximos años y las empresas comienzan a mover las piezas del tablero.

La empresa francesa Framatome, una filial del holding EDF, y la rusa Rosatom han anunciado esta mañana un “acuerdo de cooperación estratégica a largo plazo destinado a consolidar los esfuerzos de ambas empresas en el desarrollo de tecnologías de fabricación de combustible y sistemas de control” para reactores nucleares.

El acuerdo amplía la relación entre ambas empresas, establecida por un memorando de entendimiento de 2017 que establece el marco para un esfuerzo conjunto en nuevas áreas.

A la vez Rosatom, el gigante nuclear estatal ruso, es competidor de Francia en determinados proyectos de exportación y socio de las empresas francesas. Ha firmado varios acuerdos de colaboración con Framatome, la antigua rama de reactores de Areva que pasó a formar parte de EDF hace unos años, tras una reorganización del sector por parte del gobierno de París.

Es paradógico que el movimiento ecologista, que nació de la mano del movimiento antinuclear y pacifista, acabe fomentando la industria nuclear, que es un subproducto de la bomba atómica y la Guerra Fría.

En los años cincuenta las centrales nucleares no se construyeron para producir energía eléctrica sino plutonio, la materia prima del armamento atómico.

La industria nuclear llegó de la mano de los militares y siempre ha preservado su carácter estratégico, de manera que el acuerdo entre Framatome y Rosatom tiene esa misma naturaleza.

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