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Día: 8 de noviembre de 2021 (página 1 de 1)

La mitad de la población de Estados Unidos se quedará sin su vivienda dentro de 4 años

Cada año la población de personas sin hogar va en aumento en Estados Unidos y para los próximos 4 años se vaticina que un 49 por ciento se quedará sin techo. Los motivos de esta tendencia son múltiples; pero las cifras son abrumadoras. Los informes del Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) indican que el año pasado ya había 580.466 personas sin Hogar en Estados Unidos.

El recuento que se efectúa para determinar la cantidad de indigentes se realiza anualmente, esto es para diagnosticar la cantidad de fondos federales que cada estado y sus ciudades necesitaran para estos fines. Cabe mencionar aspectos que van ligados a esta situación que van desde malas políticas económicas, estereotipos sociales, violencia, alto costo de las viviendas, políticas bancarias, problemas de salubridad etc.

Pese a la existencia de recursos destinados a suplir las necesidades de estas personas en “shelters” o centros de acogida, Estados Unidos no ha dispuesto recursos suficientes en ninguno de los gobiernos demócratas o republicanos para eliminar esta problemática que se visualiza como “la crisis de los países ricos” y que se agudizó después de que la burbuja inmobiliaria explotara en 2008.

Desafortunadamente, llevando a familias enteras a vivir a la intemperie; siendo California, San Francisco, New York, Texas y Florida los lugares con esta extrema fragilidad social.

Muchos desamparados son estigmatizados por su raza, sexo, orientación sexual, también lo son aquellas personas con diferentes problemas mentales, drogas, alcohol, las víctimas de violencia y son quienes deambulan por las calles. La categorización social no excluye ni siquiera a los veteranos de guerra.

El creciente aumento de los precios de las viviendas (renta o compra), hacen imposible que una persona que vive literalmente de un sueldo pueda sostener un estándar de vida que se corresponda con “la norma”. Es por ello, que muchos al perder capacidad de cumplir con sus obligaciones ante entidades financieras, terminan perdiendo sus propiedades. Por el dilema asequibilidad versus falta de vivienda.

Los costos del mercado de compra y venta, los altos intereses sumadas a las exigencias de las entidades bancarias hacen posible que financieramente las personas pierdan la capacidad de pago; evidenciándose los altos niveles de desigualdad en los Estados Unidos en torno a los desamparados.

La gran cantidad de personas en las calles, está provocando un tema de salubridad pública, ya que muchos de los estados no cuentan con la cantidad de baños portátiles para que esas personas puedan hacer sus necesidades, llevándolos a usar patios, aceras y contenedores para sus necesidades. Asi como también la basura que generan.

Pero mientras el compromiso moral de la sociedad estadounidense de poder facilitar un espacio digno donde las personas puedan vivir siga viéndose eclipsado por la burocracia partidista, el sueño esta lejos de ser realizable. Porque los interés de los grupos que ostentan el poder aniquilan la probabilidad.

Esta nación experimenta varias pandemias que superan la del covid-19, comenzando con el tema de los desamparados. Aquellos que entienden que este país es un pasaporte a “la libertad” puede que cambien de parecer, ya que la indigencia será la nueva forma de como todo lo que no le sirve al Tio Sam, simplemente se expulsa a las calles.

Quienes deambulan en las calles solo desean salir de la lista que los incluye como los derrotados del sistema, quienes no necesitan ropas de marca, ni ser reconocidos en las plataformas sociales, son quienes no presumen de objetos caros y cuyo único anhelo es simplemente tener un techo en sus cabezas que dignifique la miserable vida que les ha tocado vivir.

—https://acento.com.do/opinion/homeless-la-epidemia-de-las-personas-sin-hogar-9003352.html

Los confinamientos y pasaportes sanitarios se imponen en varias regiones de Rusia

Tras el fin del confinamiento oficial, las regiones de Rusia lo han prolongado una semana más, imponiendo códigos QR en los transportes urbanos, condicionando en casi todos los casos el acceso a restaurantes, bares, tiendas, instalaciones deportivas y establecimientos públicos a un documento cuya duración se ha reducido a 6 meses. Casi todos… excepto la capital. Se alzan voces para dar la alarma, pero parece que el cable ha sido cortado.

Durante el confinamiento general de la primavera del año pasado en Rusia, todavía se podía pensar que las élites gobernantes creían realmente en ello, creían que la economía podría lograr por fin este milagro digital tan esperado, que los padres estarían contentos de quedarse en casa y trabajar sin tener que viajar, que los niños (a los que por definición no les gusta la escuela) se verían aliviados de esta carga. Pero la realidad ha superado la fantasía, la economía ha caído en picado, los trastornos mentales han aumentado y los niños -por un tiempo- han empezado a amar la escuela (que es el único efecto positivo).

El confinamieto sólo convence a los convencidos. El viceprimer ministro de Economía anunció de antemano que tendrá un coste para la economía, que ya lucha por recuperarse de dos años de experimentos sociales; los rusos no se manifiestan, pero ignoran esta dudosa legalidad a la que niegan toda legitimidad. La gran guerra sanitaria ha dado paso a una pobre batalla mundialista. La primera víctima de este campo de batalla es el Estado, al que tanto le costó reconstituirse tras los años noventa, y que vuelve a estar desacreditado, vuelve a ser disfuncional.

Al igual que en los noventa, cuando Rusia fue atacada ideológicamente por sus regiones, con la creación local de todas esas ONG y diversos programas internacionales para la defensa de los derechos humanos y la transformación de la sociedad, hoy son de nuevo las regiones las que se activan para poner al país de rodillas.

Moscú y San Petersburgo anunciaron inmediatamente que no prolongarían el confinamiento: el peso comercial es demasiado fuerte. Por otro lado, muchas regiones dudaron y finalmente prorrogaron el confinamiento una semana. Hay que recordar que durante estas “vacaciones” hay que pagar el salario y el empresario no debe cobrar, pero sus ingresos bajarán. Económicamente, esto es un suicidio colectivo.

Además, aunque los códigos QR, que no son nada populares, existen ahora en todas las regiones de Rusia, se refuerzan en algunas regiones, pero no en Moscú. La capital ya probó la operación este verano y el fulgurante fracaso de los códigos QR en bares y restaurantes duró sólo dos semanas. Sólo se mantendrán en los teatros y museos, que ahora ven caer su asistencia de forma dramática, pero la orientación progresista de su gestión permite esta toma de poder… por ahora.

Por otro lado, los códigos QR están apareciendo en la mayoría de las regiones, sine die, para bares, restaurantes, pabellones deportivos, tiendas e instalaciones públicas, lo que hace las delicias de la ministra de Sanidad, Tatiana Golikova, que aparece en la foto de portada con Putin. Así, por ejemplo, Tatarstán exige códigos QR en los centros comerciales, Primorsky (Extremo Oriente) en tiendas, instalaciones deportivas, establecimientos culturales, bares y restaurantes y SPA, la región de Rostov en peluquerías, tiendas, hoteles, salones de belleza y saunas, etc. Cabe destacar las regiones que exigen códigos QR para acceder a las tiendas de alimentación, como la de Smolensk, sin que ello plantee dudas en los organismos públicos federales. Por no hablar del aspecto moral, que obviamente ha desaparecido del discurso público dominante, ¿cómo va a sobrevivir la economía de estas regiones, que ya está en mal estado?

Yendo más allá, algunas regiones están imponiendo códigos QR en el transporte urbano; es cierto que el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, había dicho que esto no estaba previsto a escala federal, sino que era una cuestión de las autoridades locales. En Tatarstán, por ejemplo, los mayores de 18 años ya no podrán utilizar el transporte público sin un código QR o un certificado de anticuerpos. Esta medida ha sido adoptada por la región de Kamchatka y se está estudiando en Omsk. Mientras que la región de Altai ha abandonado finalmente la idea, Ufa, en Bashkiria, analiza la cuestión de forma bastante positiva.

Aunque muchas compañías aéreas se declaran partidarias de utilizar los códigos QR para comprar billetes o embarcar, incluso en los vuelos nacionales, dos regiones han impuesto los códigos QR para los vuelos nacionales en estas regiones (Khabarovsk y Kamchatka).

Estos experimentos sociales no son en absoluto del gusto de la población. La asociación de pasajeros se ha dirigido a la viceprimera ministra Golikova, que apoya activamente el desarrollo de los códigos QR en toda Rusia. Según su dirección, creen que esta medida provocará quiebras en serie de las empresas de transporte y un colapso de las operaciones de transporte urbano, mientras que los beneficios para la salud de la medida son muy cuestionables. Recordamos los llamamientos masivos e individuales de los ciudadanos a la Fiscalía exigiendo la cancelación de los códigos QR.

Por cierto, la validez de los códigos QR acaba de ser ampliada, obviamente, a 6 meses, lo que significa que deben ser revacunados dos veces al año.

Si el efecto sanitario de estas extrañas medidas progresivas es muy incierto, los efectos económicos, sociales y políticos son seguros. El declive económico resultante es visible en todos los países que los utilizan, así como el aumento del descontento social y el descrédito de los dirigentes. Rusia no es una excepción, y los índices de satisfacción de la política interior, social y económica lo demuestran perfectamente. Si uno quisiera hacer implosionar a Rusia, no lo haría de otra manera.

Karine Bechet-Golovko https://russiepolitics.blogspot.com/2021/11/russie-apres-le-lockdown-les-qr-codes.html

Austria se dispone a confinar en sus casas a los no vacunados de manera indefinida

Austria ha dado un paso más hacia la imposición de un confinamiento total a las personas no vacunadas, después de prohibirles el acceso a una larga lista de lugares públicos.

La prohibición de acceso entrará en vigor esta semana y se aplicará a cafés, bares, restaurantes, teatros, estaciones de esquí, hoteles, peluquerías y cualquier evento en el que participen más de 25 personas.

Las medidas repercutirán en el 36 por ciento de la población que no se ha querido vacunar.

Después de proporcionar un plazo de cuatro semanas para las personas que han recibido una dosis de la vacuna y pueden proporcionar una prueba PCR negativa, se eliminará la opción de proporcionar una prueba negativa.

El gobierno ha establecido un límite de ocupación de la UCI que, si se supera, activará las medidas de confinamiento sólo para las personas no vacunadas.

En cuanto el número de unidades llegue a 600, es decir, un tercio de la capacidad total, se pondrán en marcha las nuevas restricciones. Este número es actualmente de 352, pero está aumentando en 10 por día.

Las restricciones se extenderán más allá de los pasaportes de vacunación, exigiendo a las personas no vacunadas que se queden en casa y sólo salgan por razones “esenciales”, como la compra de alimentos.

Es probable que estas medidas se apliquen de la misma manera que durante el primer confinamiento, con controles policiales sobre el terreno para preguntar a los que circulan por la calle si tienen permiso para salir de su casa.

Austria sería el primer país importante en imponer exclusivamente medidas de arresto domiciliario a las personas no vacunadas, pero esto podría acabar reproduciéndose en otros lugares.

—https://www.rt.com/news/539515-austria-ban-unvaccinated-bars/

La policía perfila sus armas represivas en los espectáculos deportivos

El mes pasado se celebró en París la feria Milipol, una de las mayores del mundo dedicadas a la seguridad interior. Es un lugar de encuentro internacional para las fuerzas represivas, con la flor y nata de las empresas especializadas en técnicas de control de multitudes.

Los acontecimientos deportivos están sirviendo de campo de pruebas para probar dichas técnicas. El año pasado se probó en Metz un nuevo dispositivo de reconocimiento facial a la entrada del estadio. Durante el torneo de Roland Garros la Federación Francesa de Tenis, en colaboración con Cofis, un grupo de presión de empresas privadas de seguridad, acogieron varios experimentos de control de masas.

El Mundial de Rugby de 2023 también servirá para ensayar nuevas técnicas y al año siguiente los Juegos Olímpicos de París darán otra oportunidad a los drones, el reconocimiento facial, los análisis del comportamiento, de las redes sociales, etc.

En 2010 en Río de Janeiro la empresa IBM creó un Centro de Operaciones Integradas, un “centro de mando y coordinación” para preparar los Juegos Olímpicos de 2016. El centro aglutinaba los datos de la ciudad, de los barrios, del transporte, de la meteorología, etc., para obtener información en tiempo real y construir modelos predictivos. Fue el comienzo de la fantasía de una ciudad dirigida por “control remoto”.

Este verano los Juegos Olímpicos de Tokio han sido una exhibición de artilugios tecnológicos (coches autónomos, robots, etc.) y los primeros programas del reconocimiento facial para filtrar el acceso a determinados lugares mediante el escaneo de los rostros de los atletas, periodistas, etc. El sistema fue suministrado por la empresa japonesa NEC y la francesa Atos.

Mientras en Tokio el reconocimiento facial se implementó con una población muy limitada a causa de la pandemia, los Juegos Olímpicos de París 2024 serían el primer gran evento en desplegar este tipo de dispositivos en millones de visitantes. El Ministerio del Interior ya ha comprado 600 drones para utilizarlos en los Juegos Olímpicos.

Los grandes eventos se están convirtiendo en aceleradores y transformadores de la represión política. Permiten incorporar a la corriente principal ciertas tecnologías y prácticas hasta ahora ilegales, rompiendo así las barreras que impeden su generalización: leyes, jueces, derechos, etc.

En Francia la industria de la represión ha formado varios grupos de presión para presionar a fin de que los diputados y jueces no pongan obstáculos al despliegue de los dispositivos de vigilancia. Uno de ellos es Gicat (Grupo de Industrias Francesas de Defensa y Seguridad Terrestre). Su cabecilla, Gérard Lacroix, subraya que los Juegos Olímpicos serán una apuesta esencial para las empresas privadas de seguridad, que pretenden convencer a los parlamentarios de que es necesario cambiar “ciertas leyes” demasiado preocupadas por los derecho y las libertades públicas.

Pero hay varios grupos de presión parecidos, como la referida Cofis y Safe Cluster. El gobierno francés ya ha comenzado a apoyar financieramente estos proyectos a través de la Agencia Nacional de Investigación, especialmente experimentos de videovigilancia automatizada: control de las redes sociales, reconocimiento facial…

Se creará una nueva comisaría, prototipo de la policía del futuro. En Saint-Denis se ha instalado un “centro de supervisión urbana”, un parque técnico equipado con 93 cámaras, que se ampliará a 400 cámaras para los Juegos Olímpicos. El sistema de videovigilancia dispone de un programa de inteligencia artificial para automatizar la grabación de las infracciones, la identificación de los autores, el envío de las multas…

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