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Día: 17 de octubre de 2021 (página 1 de 1)

Auge de las huelgas obreras en Estados Unidos

Decenas de miles de trabajadores estadounidenses, cansados del deterioro de sus condiciones laborales, que se han deteriorado durante el confinamiento, especialmente por un exceso de horas extras.

Es difícil saber el número exacto de huelgas, ya que el gobierno estadounidense sólo registra las que implican a más de 1.000 trabajadores. Pero la tendencia ha sido claramente ascendente desde el movimiento de los maestros de Virginia Occidental en 2018.

Desde el jueves, 10.000 trabajadores del fabricante de tractores John Deere están en huelga, 1.400 del fabricante de cereales Kellogg’s desde el 5 de octubre y más de 2.000 trabajadores del hospital Mercy de Buffalo desde el 1 de octubre.

Unos 31.000 trabajadores del grupo sanitario Kaiser, en la costa oeste de Estados Unidos, también amenazan con dejar de trabajar en breve.

Esta mañana, a última hora, el sindicato audiovisual IATSE ha llegado a un acuerdo con los estudios de Hollywood para desconvocar la huelga de 60.000 trabajadores que estaba convocada para mañana.

En las redes sociales el movimiento ya tiene un nombre: “Striketober”, contracción de “strike” (huelga) y “october” (octubre).

Durante la pandemia, para compensar las numerosas ausencias, “sacrificamos tiempo con nuestras familias, nos perdimos los juegos de los niños, nos perdimos las cenas, para asegurarnos de que las cajas de cereales estuvieran en las tiendas”, dijo Dan Osborn, mecánico de Kellogg’s durante 18 años.

El presidente del sindicato local de la BCTGM se siente engañado. “No pedimos aumentos salariales”, dice. A los trabajadores les importan las largas horas de trabajo y se oponen a la generalización de una categoría de asalariados que no tienen acceso a las mismas prestaciones y a la supresión del ajuste automático de los salarios al coste de la vida, un punto importante en un momento de alta inflación.

La mayoría de los huelguistas “reclaman mejores condiciones de trabajo”, señala una especialista en movimientos laborales de la Universidad de Cornell. “Las empresas obtienen más beneficios que nunca y piden a los trabajadores que trabajen más que nunca”, afirma. Pero ante unos empresarios que se niegan a transigir, los trabajadores “son menos propensos a aceptar convenios colectivos que no satisfagan sus necesidades”, señala.

“Cuantas más huelgas tienen éxito, más huelgas se inician, porque la gente empieza a creer realmente que puede ganar y está dispuesta a arriesgar sus salarios o sus puestos de trabajo”, afirma Josh Murray.

La huelga de Kellogg’s se suma a la realizada en julio por 600 trabajadores de una fábrica de pasteles de aperitivo de Frito-Lay en Kansas, filial de PepsiCo. Dejaron de trabajar durante 19 días para obtener, entre otras cosas, la garantía de un día libre a la semana y aumentos de sueldo.

Tras cinco semanas de huelga, un millar de huelguistas de la empresa de aperitivos Nabisco, filial del monopolio Mondelez, obtuvo en septiembre sus rivindicaciones.

En los últimos años los trabajadores se han beneficiado del auge de diversos movimientos sociales con los que han podido asociarse, como el sindicato de hostelería de Arizona, Unite Here, que ha logrado organizar a los inmigrantes.

Canadá: un hospital vacío durante las sucesivas olas de virus se llena luego con los vacunados

La doctora Rochagné Kilian, médico de urgencias y de familia en los Servicios de Salud de Grey Bruce (GBHS) en Ontario, Canadá, afirma que durante la pandemia sólo admitió en la UCI a dos pacientes que dieron positivo en la prueba de “covid”.

Aclaró, además, que eso no significaba que estuvieran en cuidados intensivos a causa del “covid”, sino sólo que habían dado positivo en algún test. Dijo que su servicio de urgencias estuvo “muerto” durante todas las oleadas de “covid” y que había tomado fotos de las cifras oficiales para demostrar que “no tenían nada que ver” con la falta de pacientes.

Kilian dimitió recientemente de su cargo porque durante la pandemia los servicios de salud de Ontario habían sobrepasado los límites éticos. Criticó el estado de la sanidad en Canadá y afirmó que la atención al paciente individual se había abandonado durante la “farsa que hemos vivido”.

Desde el inicio de la campaña de vacunación la doctora observó un sorprendente aumento del número de pacientes ingresados con problemas cardíacos que no se ajustan a las categorías de riesgo. A medida que más personas recibían la inyección, vio una serie de eventos extraños en sus pacientes. Había “personas que llegaban con hipertensión recién diagnosticada, diabéticos controlados que ya no lo están, sus azúcares son muy altos o muy bajos… El único factor constante… que cambió en sus vidas fue la inyección de un biológico experimental”, dijo Kilian.

La médico también criticó la coerción que se ha ejercido sobre las personas para que admitan una vacuna experimental y la falta de información que han recibido antes de vacunarse.

—http://lesmanchettes.com/societe/sante/1918-dre-rochagne-kilian-80-des-patients-des-urgences-avec-des-problemes-mysterieux-ont-eu-les-deux-vaccins

El bulo de que Rusia utiliza el gas como ‘arma geopolítica’ es desmentido por la propia Comisión Europea

El presidente ruso Vladimir Putin, a principios de esta semana, criticó como «un sinsentido absoluto» las acusaciones generalizadas entre los «expertos» de los medios occidentales de que la crisis energética de Europa se debe a que el Kremlin utiliza el gas como un «arma geopolítica». Ahora parece que la Comisión Europea está discretamente de acuerdo con él. Leer más

El comunismo es una negación detrás de otra

“El comunismo es la posición como negación de la negación”, escribió Marx hace 180 años, en una de sus primeras obras (1). La primera posición de los comunistas es la de negar y la segunda es la de volver a negar.

La dialéctica, escribió Lenin, contiene la negación como “su elemento más importante” (2) y conforma una “actitud” diferente: cuando la clase dominante busca la aceptación del dominado, se encuentra con el rechazo del comunista, que no sólo tiene un aspecto intelectual, sino también práctico.

La aceptación es un acto de sumisión; la negación es el principio de la rebeldía. Conduce a la acción y a la práctica.

Las clases dominantes siempre han educado para la obediencia, mientras que la educación comunista se basa en la desobediencia. Asentir, decir que “sí”, es una postura simple, mientras que la negativa es mucho más compleja. Tiene unas consecuencias que son igualmente negativas (para quien niega).

La naturaleza gregaria de los seres humanos conduce inmediatamente al conformismo, mientras que la negación exige un tiempo de maduración. La aceptación es un acto pasivo que no requiere de un esfuerzo especial porque viene ya establecido por terceros. El alumno se limita a reproducir y repetir lo que aprende de su profesor. El buen cuidadano cumple con las normas que le vienen impuestas.

La negación, por el contrario, es un acto complejo. Sin duda, incluye la duda, el interrogante, pero va mucho más allá de lo que la dialéctica materialista califica como “negación pura y simple”, que conduce al vacío, al nihilismo. Sólo es un momento o una etapa en el desarrollo del conocimiento científico que debe llevar a la práctica, a tomar una “posición” o una “postura”.

Engels puso un ejemplo bien sencillo: en la aritmética un número negativo se convierte en positivo multiplicándolo por otro número negativo: -1. La negación se convierte así en algo “positivo” y “definido”, decía Lenin (3).

Lo que conduce a la práctica, pues, es una doble negación. La “hora final” de la propiedad privada llega cuando “los expropiadores son expropiados” (4). Para construir primero hay que destruir, pero no tiene sentido destruir si no es para construir algo diferente en su lugar.

Es algo que aparece en numerosos debates, donde siempre hay quien se opone y critica, pero no es capaz de plantear una propuesta distinta. Ha recorrido la primera etapa, pero le falta la segunda. Sin ella la negación no se puede transformar en “positivo” y, en definitiva, en una “posición”.

Numerosos movimientos populares se definen de una manera negativa, por el rechazo de lo que no son o no quieren. Por ejemplo, se definen como “anticapitalistas” o “antimperialistas”. Es una etapa positiva y también necesaria, pero insuficiente para llevar a cabo una actividad práctica que acabe con las lacras del capitalismo y el imperialismo.

Las organizaciones revolucionarias, además de disponer de un manifiesto, donde diagnostican las penosas consecuencias de la explotación, elaboran un programa con las medidas prácticas capaces de solucionarlas, así como las vías que se deben tomar para llegar a ellas. De esa manera se llena el continuo que va de la mera crítica del capitalismo a la alternativa socialista, pasando por los estadios intermedios del proceso.

Ningún proceso de cambio social ha sido posible en la historia sin la negación, que es el primer paso y el imprescindible. Si aceptamos que las cosas están bien, no hay por qué cambiarlas. Si no tenemos dudas, nunca haremos preguntas y no podremos avanzar en ningún sentido.

Son muchas las personas que no avanzan porque se reconfortan a sí mismas escuchando siempre el mismo discurso, como los beatos rezando el rosario de manera rutinaria y monótona. Hay quien sólo lee aquello que reproduce una opinión que ya tiene preconcebida. Quiere más de lo mismo porque sólo la repetición y la uniformidad apaciguan su inseguridad.

Por el contrario, la actitud dialéctica, decía Sócrates, es la de quienes indagan, preguntan y buscan. No les basta con una cara de la moneda. Para aprender materialismo estudian el idealismo y para entender el ateísmo leen la Biblia. Una clase social sólo se define por oposición a su contraria. El probletariado nunca podrá triunfar sobre la burguesía si no conoce al detalle su historia, sus características, su pensamiento y sus peculiares formas de organización social y política de su adversario.

La sociología estadounidense ha acuñado un repertorio de expresiones para describir este fenómeno. Las personas que no necesitan expresarse porque otros lo hacen por ellos  forman la “mayoría silenciosa”. Son receptores pasivos. No tienen una opinión propia, ni la necesitan porque son conformistas. Su criterio aparece reflejado en los medios de comunicación, las universidades y demás dispositivos ideológicos establecidos.

Los demás son los “activistas”. Acuden a las reuniones. Participan, escuchan, hablan y preguntan. Han dado el primer paso en un recorrido que, además de colectivo, es también personal y subjetivo. Esa evolución nunca se detendrá si siguen participando, preguntando, criticando y aportando.

(1) Marx, Manuscritos, economía y filosofía, Madrid, 1968, pgs.156 y 164
(2) Lenin, Cuadernos filosóficos, Obras Completas, tomo 29, pgs.204-205
(3) Lenin, idem, pg.86
(4) Marx, El Capital, tomo I, pg.649

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