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Día: 11 de octubre de 2021 (página 1 de 1)

Moderna recibió 300.000 informes de efectos adversos en sólo tres meses de vacunación

El fabricante de la vacuna Moderna recibió 300.000 informes de efectos adversos tras la vacunación en un periodo de tres meses tras el lanzamiento de su vacuna, según un informe interno de Iqvia, una empresa que ayuda a Moderna a gestionar los informes.

Esa cifra es muy superior al número de informes de efectos adversos sobre la vacuna de Moderna que se encuentran disponibles públicamente en Vaers, el sistema federal que hace un seguimiento de dichos eventos adversos.

Los fabricantes de vacunas como Moderna están obligados por ley a enviar todos los informes de efectos adversos que reciben al Sistema de Notificación de Efectos Adversos de Vacunas, donde se hacen públicos cada semana.

Dirigido por los CDC (Centros para el Control de Enfermedades) y la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos), el sistema Vaers es crucial para el seguimiento de posibles problemas con las vacunas. Ayudó a los científicos a determinar que las vacunas contra el coronavirus pueden causar problemas cardíacos en adultos jóvenes.

La razón de este desfase no está clara. Es posible que Moderna simplemente siga procesando los informes, aunque el número de informes sobre la vacuna de Moderna en el Vaers de la primera mitad de este año se mantuvo casi plano esta semana.

La cifra de 300.000 proviene de una actualización interna proporcionada a los trabajadores por Iqvia, una empresa poco conocida pero enorme que ayuda a los fabricantes de medicamentos a gestionar los ensayos clínicos. Con sede en Carolina del Norte, Iqvia tiene 74.000 trabajadores en todo el mundo y facturó 11.000 millones de dólares el año pasado.

A principios de esta semana, Richard Staub, el presidente de la división de Soluciones de Investigación y Desarrollo de Iqvia, envió una actualización del segundo trimestre de este año que llevaba la etiqueta “Confidencial – Sólo para distribución interna”.

Una persona con acceso a la presentación proporcionó capturas de pantalla de la diapositiva correspondiente, en la que se explica claramente que los 300.000 informes de efectos adversos se recibieron en “un período de tres meses”, no desde la introducción de la vacuna en diciembre, y se diferencia entre ellos y las “consultas de información médica”.

La diapositiva no aclara de qué tres meses se trata, pero se refiere al lanzamiento mundial de la vacuna, que esencialmente tuvo lugar en el primer trimestre de 2021. Tanto si la diapositiva se refiere a los meses de enero a marzo como a los de abril a junio, la cifra de 300.000 empequeñece el número de informes en el Vaers para la vacuna Moderna en cualquiera de los dos períodos.

Una consulta al Vaers revela aproximadamente 110.500 informes de eventos adversos en todo el mundo para la vacuna de Moderna completados de enero a marzo. Todos menos 650 fueron en Estados Unidos. Vaers también incluye 78.000 informes completados de abril a junio, incluyendo 71.400 en Estados Unidos.

Estas cifras exageran el número de informes que Moderna ha proporcionado, porque incluyen muchos informes de pacientes, médicos y otros proveedores de atención sanitaria, además de los de Moderna.

El Vaers se creó en 1990 y está gestionado conjuntamente por los CDC y la FDA, que contratan a General Dynamics para que lo administre. Ha tenido problemas para atender a los cientos de miles de informes que ha recibido sobre las vacunas desde que empezaron a distribuirse en diciembre. Durante gran parte de la primavera, se retrasó meses en hacer públicos los informes.

El Vaers suele caracterizarse como un sistema voluntario. Sin embargo, los médicos y los proveedores de atención sanitaria están obligados a informar de ciertos efectos adversos graves tras la vacunación, incluidas las muertes. Sin embargo, los CDC y la FDA no tienen ninguna forma real de comprobar si lo están haciendo.

Los profesionales de la salud pueden decidir si informan de los efectos adversos menos graves. Muchos han decidido no hacerlo en el caso de las vacunas, porque el volumen de informes ya es muy alto.

Sin embargo, los fabricantes de vacunas deben enviar todos los informes que reciban, tal y como aclara el sitio web de Vaers. Distingue entre los proveedores de atención sanitaria, a los que se «anima encarecidamente» a notificar diversos acontecimientos, y los fabricantes como Moderna, que “están obligados a notificar al Vaers todos los acontecimientos adversos de los que tengan conocimiento”.

—https://alexberenson.substack.com/p/some-actual-news

El antifascismo no son cuatro chavales con cresta pegándose

El pasado 9 de octubre, Emilio Silva el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), ofrecía una visita guiada por el Cementerio Civil de Guadalajara donde la asociación estaba realizando unos trabajos de exhumación de varios antifascistas asesinados.

La frase que se emplea como título de este artículo, la pronunció el mismo Silva en la visita guiada. Lo dice a un mes de que se cumpla el 14 aniversario del asesinato del joven de 16 años Carlos Javier Palomino por parte de un militar neonazi afiliado al partido Democracia Nacional (DN); y cuatro días después de que se cumplan 30 años del asesinato de Sonia Rescalvo, una transexual asesinada a golpes por varios neonazis en Barcelona.

Pero, ¿cuál es el problema de que haya jóvenes que persigan a neonazis y fascistas?

Escribo este artículo desde lo más profundo de mi ser. Soy nieto de una señora que fue rapada y vejada en su pueblo, porque sus padres y hermanos se habían afiliado a las organizaciones del Frente Popular. Una señora que se fue a la tumba sin saber dónde se encontraba su hermano asesinado en el frente de Córdoba. Sus nietos hemos querido continuar su estela. A consecuencia de ello, hemos sufrido agresiones por parte de neonazis, hemos sufrido ataques, seguimientos y detenciones policiales, etc.

Como mi caso, los de miles de hijos y nietos de trabajadores represaliados por el fascismo. Miles que hemos decidido continuar con el legado de nuestros abuelos. Por continuar con esa memoria, hemos sido represaliados y, algunos por ello, sufren la prisión en sus carnes.

Pero somos idiotas. Imbéciles que no sabemos lo qué es el antifascismo y que hemos puesto nuestros cuerpos contra el fascismo de manera gratuita y errónea. No tenemos ni idea.

Pero las intervenciones del sr. Silva no se quedan ahí.

En enero de este año, cuando Pablo Iglesias se atrevió a comparar el exilio republicano con el exilio del president Puigdemont recibió numerosas críticas de personalidades del mundo de la Memoria Histórica. Una de ellas, fue Emilio Silva que le recordó a Iglesias que: “Cualquier comparación entre el Estado del que se fue Puigdemont y la España de la que huyeron los republicanos es desafortunada. La violencia del franquismo no se debe relativizar porque asesinó física y civilmente a millones de personas”

El Estado del que se fue Puigdemont es el mismo estado donde miembros de la Guardia Civil y el Ejército meten «burundanga» en la bebida de una chica para después violarla. El mismo estado del que tuvieron que huir miles de antifascistas por la represión de individuos que, en aquel entonces, no necesitaban burundanga: violaban con fusil, sotana, tricornio o uniforme de falangista.

Pero en ese mismo estado, hay jóvenes que ponen su cuerpo para evitar que individuos como éstos sigan existiendo. Nietos de los que fueron condenados al olvido. Esos jóvenes que no tienen ni idea de antifascismo y que para el presidente de la ARMH no son antifascistas.

Para Emilio Silva, presidente de una asociación que pretende recuperar la memoria de los asesinados por el fascismo; Carlos Palomino de 16 años, que fue asesinado en 2007 por un militar neonazi cuando acudía a una manifestación antirracista: no era un antifascista.

Entonces, ¿qué era Carlos Palomino?, ¿por qué lo mataron?, ¿lo mataron en una pelea de bandas como acostumbran a decir muchos?

Lógica peligrosa. Porque según la afirmación del sr. Silva podemos llegar a pensar que en la democracia actual no hay víctimas del fascismo. Que vivimos en una democracia imperfecta sí, pero democracia. Que los fascistas son cosas del pasado y los que hay ahora son trasnochados, nostálgicos.

Por esa regla de tres, como en España no hay fascistas, los chavales con cresta que han puesto su cuerpo durante los últimos años no son antifascistas y Puigdemont, nada tiene que ver con el exilio republicano: porque España es una democracia. Imperfecta sí, pero democracia. Nada más lejos de la realidad.

Cuando un joven es asesinado en A Coruña por su tendencia sexual, cuando una joven es violada por cinco energúmenos, cuando un inmigrante recibe una brutal paliza o cuando una familia va a ser desahuciada por el fondo buitre de los que son dueños los oligarcas de este país, a quien vemos en esas manifestaciones es a esos jóvenes con cresta. Donde también vemos a policias armados con banderas franquistas en sus furgonetas, pegatinas en sus pistolas, tatuajes, etc. Vemos a antifascistas con cresta y a fascistas uniformados. Lo que no vemos es a antifascistas como Emilio Silva.

 

Pero si nuestros compañeros asesinados por el fascismo no son antifascistas: ¿qué son?

 

 

 

 

 

Al nuevo capitalismo de rostro humano no le gustan los monopolios tecnológicos

Decíamos ayer que las críticas a Facebook, que están absolutamente justificadas, no tienen otro objetivo que imponer una regulación pública de los contenidos de las redes sociales, en general, es decir, reforzar la censura.

Dicho y hecho: hoy el diario británico Morningstar, exponente británico de la izquierda domesticada, publica un artículo (1) exigiendo una regulación de Facebook y demás monopolios tecnológicos (Google, Amazon, Microsoft, Apple), por una obviedad: “no están al servicio de los usuarios”. No son un servicio público, pero deben serlo.

Como es típico de Morningstar, la regulación forma parte de una “lucha antimonopolista” porque las empresas tecnológicas manipulan cantidades ingentes de datos sobre sus usuarios, o que a su vez les da poder de mercado y les permite dominar su sector, eliminando cualquier competencia emergente.

Uno de los ejemplos de esa “lucha antimonopolista” es la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, que dirige Lina M. Khan. El periódico británico no oculta, pues, que su referente está al otro lado del Atlántico.

Khan es una experta en esta “lucha”. En un artículo publicado en 2017 atacó a Amazon y defendió la “libre competencia” y el mercado con toda suerte de banalidades. “La doctrina de la competencia ya no debe centrarse únicamente en el interés del consumidor, sino en la existencia de un poder de mercado que se traduzca en prácticas predatorias que impidan la innovación o la aparición de posibles competidores” (2).

En su estrategia para conquistar su mercado, dice Khan, Amazon ha optado durante mucho tiempo por sacrificar los beneficios para ganar cuota de mercado, lo que le ha permitido cortar de raíz cualquier competencia.

A la empresa Diapers, que vendía productos de belleza y cuidados del bebé en línea, Amazon le impidió deliberadamente desarrollarse rebajando sus precios de venta (dumping) y ofreciendo servicios atractivos a los consumidores con un servicio de suscripción favorable.

Diapers tiró la toalla. Fue absorbida por Amazon que, a partir de entonces, abandonó rápidamente su agresiva política de precios y ofertas promocionales o de suscripción para subir los precios.

Esta práctica dio un nuevo giro cuando Amazon abrió su plataforma a todo tipo de vendedores, lo que le permitió captar enormes cantidades de datos sobre las mercancías de la competencia y adaptar sus políticas de precios a las de los vendedores que utilizan su plataforma.

Posteriormente, Amazon comenzó a ofrecer sus propias mercancías, que competían directamente con los vendedores que utilizaban su plataforma.

Luego Amazon invirtió gradualmente en su propia logística. De ser el mayor cliente de grupos de mensajería como Fedex o UPS, se convirtió en un competidor potencial.

No hay nada nuevo ni original en la tesis de Khan, aunque el monopolismo moderno no se basa sólo en el dumping, sino en el acceso a las grandes bases de datos (consumidores, vendedores, proveedores). Las empresas más grandes reducen los precios para limitar la competencia y controlar un número cada vez mayor de áreas de negocio.

Como las redes sociales deben ser un servicio público, deben ser reguladas, es decir, hay que redactar una legislacion sobre los monopolios tecnológicos, lo mismo que con el agua, la electricidad o las telecomunicaciones.

Luego llegará el siguiente paso: la creación de nuevos modelos de negocio, de empresas de tecnología “responsable”, que serán algo parecido a la “banca ética” y otras de “economía social” que representan al nuevo capitalismo de rostro humano, limpio, sostenible y no binario.

(1) https://www.morningstar.fr/fr/news/215874/gafa–une-r
(2) https://www.yalelawjournal.org/pdf/e.710.Khan.805_zuvfyyeh.pdf

El apoyo de Mongolia al Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial

Mongolia fue uno de los aliados más firmes de la Unión Soviética en la primera mitad del siglo XX. Ambos países resistieron juntos la invasión japonesa de la República Popular de Mongolia en 1939. Cuando la URSS fue atacada por la Alemania nazi el 22 de junio de 1941, los mongoles no se quedaron al margen y declararon la guerra al Tercer Reich ese mismo día.

De 500 a varios miles de voluntarios mongoles participaron finalmente en las batallas contra los alemanes en el Frente Oriental. Eran valorados en el Ejército Rojo por sus excelentes habilidades como cazadores y jinetes, y normalmente eran enviados a servir en la caballería y también eran empleados activamente como exploradores y francotiradores.

Los dirigentes mongoles se dieron cuenta de que no podían enviar sus tropas al oeste: la amenaza japonesa seguía siendo fuerte y el país no estaba en condiciones de reunir una fuerza expedicionaria suficientemente seria. Por ello, la República se propuso ayudar económicamente a su vecino del norte en la medida de sus posibilidades.

Uno de cada cinco caballos del Ejército Rojo procedía de Mongolia y uno de cada cinco abrigos de los soldados soviéticos estaba hecho de lana mongola.

Lejos de Mongolia, la guerra en Europa se convirtió así también en la guerra de este estado asiático. La ayuda que este país, poco poblado y mal dotado, prestó a la URSS fue, en algunos aspectos, tan buena como la prestada por Estados Unidos en el marco del programa Lend-Lease.

Bajo el lema “No debe haber una sola persona en el país que no haya contribuido personalmente al Fondo de Ayuda del Ejército Rojo”, se inició en Mongolia una campaña de recogida de dinero y donativos para las tropas soviéticas.

En octubre, el primer tren partió hacia la URSS, repleto de abrigos y chalecos de piel donados, guantes calientes, botas de fieltro, chaquetas y cinturones. En el siguiente tren, en febrero de 1942, ya se añadieron alimentos: carne, salchichas, aceite, dulces. Los trenes de donaciones continuaron hasta principios de 1945.

Uno de los donantes más generosos fue el aratka (pastor nómada) Enguelin Badam. Donó 16 camellos, 93 caballos, 1.600 ovejas y la suma de 10.000 tugriks, con los que se podrían haber comprado 12.500 ovejas.

Además de los regalos, Mongolia organizaba regularmente entregas masivas de carne, lana, pieles de oveja y caballos a la URSS a precios favorables. Moscú las pagó con productos industriales y alimentarios que el país asiático necesitaba, así como aplicando compensaciones por las deudas mongolas con la Unión Soviética.

A lo largo de la guerra, los mongoles entregaron a Moscú unas 500.000 toneladas de carne (frente a las 665.000 toneladas de carne enlatada de EEUU) y 64.000 toneladas de lana (EEUU – 54.000 toneladas). Uno de cada cinco soldados tenía un abrigo de lana de Mongolia.

De hecho, la República Popular de Mongolia era el único proveedor de pieles de oveja a la URSS. Este producto se utilizó para hacer abrigos para los comandantes del Ejército Rojo.

Los caballos mongoles se convirtieron en uno de los pilares del Ejército Rojo. Durante el primer periodo de la guerra, la URSS perdió casi la mitad de su rebaño: en septiembre de 1942, sólo quedaban 9 millones de las 17,5 millones de cabezas originales.

Durante los años de guerra, el Estado mongol compró a los arats (pastores nómadas) casi 485.000 caballos para la Unión Soviética, y otros 32.000 fueron donados por los propios campesinos. Estos resistentes animales se adaptaron bien a las duras condiciones del Frente Oriental y ayudaron activamente a las tropas soviéticas en el transporte de suministros y artillería hasta que se resolvieron los problemas del transporte por carretera. Uno de cada cinco caballos soviéticos en el frente procedía de Mongolia.

Los caballos tenían excelentes cualidades para caminar”, dijo el general soviético Issa Pliev. El caballo mongol es de pequeña estatura, con una complexión fuerte y patas cortas y fuertes con cascos pequeños y robustos. Es capaz de recorrer cien kilómetros al día durante varios días seguidos… El caballo mongol, resistente y discreto, marchó junto a los tanques soviéticos hacia Berlín.
Tanques, aviones y voluntarios

El 16 de enero de 1942, el gobierno de la República Popular de Mongolia decidió recaudar fondos para construir una columna de tanques como regalo para el Ejército Rojo. Un año después, una delegación mongola encabezada por el líder del país, el mariscal Horloogiyn Choybalsan, presentó a la 112ª brigada de tanques soviéticos 32 modelos T-34 y 21 T-70 construidos con el dinero recaudado.

La brigada 112, llamada “Mongolia revolucionaria”, participó en la batalla de Kursk, donde luchó con éxito contra una de las unidades más gloriosas de la Wehrmacht: la división “Gran Alemania”. Por su valor y heroísmo, los soldados recibieron medallas tanto soviéticas como mongolas.

En el verano de 1943 se formó el 2º Escuadrón de Cazas Aéreos “Mongol Arat”, y el 25 de septiembre fue transferido solemnemente al 2º Regimiento de Guardias de la 322ª División de Aviación de Caza.

“Y entonces, llegó la hora tan esperada. Uno a uno, 12 flamantes aviones de combate La-5 con la inscripción roja brillante “Mongolian Arat” en sus fuselajes surgieron de detrás del bosque. Tras una vuelta de honor sobre el aeródromo, los aviones aterrizaron en un campo especialmente asignado. Los gritos de ‘Hurra, Arat mongol’ y ‘Hurra, pueblo mongol’ ahogaron el rugido de los motores”, dijo el Teniente General de la Fuerza Aérea Alexander Semionov ese día.

El escuadrón participó en batallas cruciales como la Operación Bagration, así como en las operaciones de Berlín y Praga. La manutención del personal del escuadrón (así como de las tripulaciones de los tanques de la brigada “Mongolia Revolucionaria“) corrió a cargo, en parte, de los mongoles, que nunca olvidaron recompensar a sus hombres por su valentía.

—https://fr.rbth.com/histoire/87226-mongolie-urss-seconde-guerre-mondiale

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