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Día: 11 de junio de 2021 (página 1 de 1)

El hackeo que desabasteció las gasolineras de Estados Unidos en mayo apunta al propio FBI

Colonial Pipeline, el oleoducto que abastece de gasolina a gran parte del territorio de Estados Unidos, sufrió un ataque informático a principios de mayo y la compañía respondió cerrando preventivamente todas sus operaciones de abastecimiento durante varios días, lo que provocó una crisis energética temporal de envergadura en todo el sureste de los Estados Unidos, con colas kilométricas delante de las gasolineras. Leer más

Las vacunas de Pfizer y Moderna tendrán un «examen de urgencia» en EEUU por las inflamaciones cardíacas padecidas por los inoculados

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) anunciaron ayer que convocarán una «reunión de emergencia» de sus asesores el próximo 18 de junio, para discutir varios reportes que informan «algunos casos pero más de los esperados» de inflamación cardíaca después de la inoculación de las vacunas de Pfizer y Moderna. Leer más

El presidente es el vicepresidente

La senadora Liz Cheney, la hija del Vicepresidente de Estados Unidos en tiempos de George W. Bush, ha realizado unas declaraciones contra Trump que muestran la profundas disensiones que sacuden a los más altos círculos de Washington y, en particular, dentro del Partido Republicano.

Su discurso será una sorpresa para quienes hayan visto la película “El vicio de poder”, un juego de palabras donde el “vicio” es el “vice”, o sea, Dick Cheney, que de facto fue quien ejerció las funciones de Presidente, ya que Bush era un inepto total.

En suma, Liz Cheney imputa a Trump lo que su padre llevó a cabo sin ninguna clase de escrúpulos, gracias a una de esas “interpretaciones creativas” de la Constitución que realizaron el abogado David Addington y John Yoo, asesor del Ministerio de Justicia.

Por decirlo más claramente: lo de Dick Cheney fue un Golpe de Estado dulce, aprovechando los atentados contra las Torres Gemelas el 11 de setiembre de 2001.

En España estamos acostumbrados a que tanto el Tribunal Constitucional como el Tribunal Supremo lleven a cabo ese tipo de “interpretaciones creativas” de las leyes. No hay más que leer el informe de indulto a los presos del “procès”.

Quienes ejercen el poder, sean Cheney o sean jueces, no están sometidos a ninguna ley; es la ley la que está sometida a quienes tienen poder para “interpretarla” de una forma u otra.

Por eso el reciente discurso de Liz Cheney sobre el “Estado de Derecho” es tan interesante, y hay que recordar que es la número tres en el escalafón del Partido Republicano.

Cuando Dick Cheney era Presidente de facto, aprobó el programa de torturas de la CIA, que no eran tales sino “interrogatorios reforzados”, y cuando en la película se dejan de eufemismos y le llaman a las cosas por su nombre, Cheney no puede ser más claro: las torturas dejan de serlo cuando las practican los sicarios de Estados Unidos.

Las sutilezas jurídicas funcionan de esa manera hipócrita, pero cuando ni siquiera es posible hacer malabarismos con las palabras, hay que recurrir a las mentiras puras y duras, como en el caso de las “armas de destrucción masiva”, otra de las grandes hazañas fabricadas por Cheney para justificar la invasión militar de Irak en 2003.

Cheney y Rumsfeld, el jefe del Pentágono, comenzaron su carrera a la sombra de Nixon y Kissinger, aunque nunca estuvieron de acuerdo con su línea política. El Watergate les dio la oportunidad que esperaban para cambiar el rumbo trazado por el Partido Republicano después de la derrota de Vietnam.

La época dorada llegó con otro Presidente pelele del Partido Republicano, Reagan, y la posterior caída de la URSS. En los años noventa el mundo se convirtió en el erial que padecemos en la actualidad. Ya no había necesidad de respetar ningún compromiso internacional porque quien los garantizaba había desaparecido. Estados Unidos podía ejercer un poder omnímodo, dentro y fuera de sus fronteras.

Pero no hay peor cosa que entregar facultades ilimitadas a un burócrata oscuro y mediocre como Dick Cheney, una personalidad que contrasta poderosamente con la su mujer y su hija, bastante más capaces intelectualmente, aunque tampoco demasiado. De esa combinación surgen frutos conjuntos, como el libro “Excepcional: Por qué el mundo necesita una América poderosa”, firmados por el padre y la hija, pero donde el primero no hace otra cosa que figurar en la portada.

Al margen de escribir un libro con la muleta de su padre, durante años la senadora Cheney apenas ha tenido relieve político ninguno. La oportunidad le ha llegado con Trump o, mejor dicho contra Trump, porque las esferas políticas de Washington están marcadas por la mediocridad de esos personajes. Cuando alguien despunta es sólo ante las cámaras de la televisión. Detrás de él alguien mueve los hilos.

Antes ese “alguien” era Dick Cheney, que envió a Colin Powell a dar la cara con las “armas de destrucción masiva”. El Vicepresidente siempre se mantuvo en la oscuridad, e incluso alardeaba de que no concedía entrevistas ni hablaba con reporteros. En el mundo moderno quien realmente ejerce el poder político nunca se asoma a los micrófonos y quien se arrima a ellos es porque no puede tomar decisiones.

Las constituciones son papel mojado; el presidente es el vicepresidente.

Francia reduce el número de tropas que ocupan el norte de África

Tras más de ocho años de ocupación militar, ayer Macron anunció el cierre de algunas bases y una reducción de tropas francesas en el Sahel, que será sustituida por una “alianza internacional” con participación europea.

Francia viene sufriendo un revés tras otro en el norte de África y la situación se ha complicado en las últimas semanas. El país clave en la región, Malí, ha sufrido dos golpe de Estado en menos de un año, lo que ha llevado a París a suspender sus operaciones conjuntas con el ejército malienses.

El presidente de Chad, Idriss Deby, un peón fiel a cualquier orden procedente de París, murió recientemente.

Francia mantiene a más de 5.000 soldados dentro de la Operación Barjan, que Macron da por terminada “como operación exterior”. Ahora busca socios, no sólo en Europa, sino también entre los Estados de la región.

En 2023 las tropas francesas se reducirán a la mitad, que seguirá siendo una presencia “significativa”, dice el comunicado oficial. París cuenta con la internacionalización de la ocupación para acompañar en el combate a unas fuerzas locales insuficientemente equipadas y entrenadas.

La lucha contra los yihadistas se hará con fuerzas especiales estructuradas en torno a la Operación Takuba, que tiene un alcance europeo.

En febrero, durante una cumbre en Yamena con los miembros de la organización G5 Sahel, que reúne a cinco países de la zona (Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger y Chad), el presidente francés aplazó el plan de reducción de tropas para mantener la ocupación militar.

El pretexto para la ocupación militar del norte de África son los yihadistas. En la región operan el Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS) y las organizaciones afiliadas a Al-Qaeda agrupadas en el GSIM (Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes).

Ante la proximidad de las elecciones presidenciales de 2022, la ocupación militar militar a largo plazo también plantea crecientes dudas en Francia, donde 50 soldados han muerto en combate desde 2013.

Macron deploró que la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) haya reconocido al coronel Assimi Goita como presidente de la transición en Mali, tras un segundo golpe de Estado por su parte en nueve meses.

Pero a su vez Macron ha sido criticado en Francia por apoyar la transición militar en Chad tras la muerte de Idriss Deby, que sentó un precedente para los golpistas de Mali.

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