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Día: 18 de mayo de 2021 (página 1 de 1)

La Unión Europea no dará el pasaporte sanitario a quienes se vacunen con dosis rusas o chinas

La Unión Europea sólo concederá el pasaporte sanitario a quienes se hayan vacunado con los fármacos elaborados por empresas occidentales: Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Johnson y Johnson, ha reconocido Clement Beaune, Secretario de Estado francés de Asuntos Europeos, en declaraciones a los medios de comunicación.

Por el momento, Bruselas excluye las vacunas rusas (Sputnik, a la que todavía se resiste la Unión Europea) y chinas (Sinovac, actualmente en evaluación por la Agencia Europea del Medicamento). Dado que la mayor parte del Tercer Mundo se está vacunando con ambas vacunas, no podrán viajar, por más que hayan sido inoculadas.

Para decirlo más claramente: la población de los países que no hayan comprado vacunas a las grandes multinacionales farmacéuticas, no tendrán pasaporte sanitario.

El documento estará disponible a través de una aplicación móvil o en papel. “También será posible cruzar las fronteras europeas presentando una prueba PCR negativa de menos de 48 horas o un certificado de recuperación de Covid-19”, añadió Beaune.

El pasaporte sanitario, un documento para chantajear a la población a fin de que se vacune en masa, sigue avanzando por falta de oposición popular. Las imposiciones de la Unión Europea podrían hacerse efectivas en torno al 20 de junio.

Estas medidas se adoptan como preludio a la reapertura de las fronteras entre los países de la Unión Europea cuando vuelva la temporada de calor el mes que viene.

Se supone que el pasaporte facilitará la reapertura, su imposición como requisito para la reanudación de los vuelos internacionales no es del agrado de Rusia.

La Unión Africana también está preocupada no sólo por la protección de los datos personales, sino también por el hecho de que se convertirá en una fuente de discriminación en los viajes para muchos países del continente.

Control de masas: cámaras ‘inteligentes’ de vídeo vigilarán al público en los conciertos

Antiguamente, en los conciertos musicales las cámaras apuntaban al escenario; ahora apuntan también al público. El pretexto es vigilar a los que no llevan mascarilla.

El 29 de mayo en el AccorHotels Arena está convocado un concierto del grupo Indochine para un concierto experimental organizado por Prodiss, el sindicato francés de espectáculos musicales y variedades.

El concierto acogerá a 5.000 personas y las mascarillas son obligatorias para participar en el estudio Spring, cuyo objetivo es medir la peligrosidad sanitaria de un concierto en una sala cerrada.

En Marsella prepararon otros dos conciertos experimentales, pero fueron cancelados a última hora.

En un comunicado de prensa, la AP-HP (Asistencia Pública – Hospitales de París) anuncia que ha firmado un acuerdo con la empresa Datakalab, que se encargará de evaluar el número de espectadores que respetan el porte de mascarilla, e incluso si la llevan correctamente colocada.

Todo ello se hará gracias a las cámaras instaladas en la sala, que filmarán al público y analizarán automáticamente las imágenes gracias a un programa informático desarrollado por la empresa.

El reconocimiento facial se está introduciendo poco a poco y hay que acostumbrar a la población a la vigilancia permanente.

“Este dispositivo proporcionará estadísticas anónimas precisas, objetivas y actualizadas sobre el índice de personas que llevan la mascarilla correctamente (sin mascarilla, mal llevada, bien llevada) a lo largo del evento”, dice el comunicado de AP-HP.

Al final del experimento, los equipos de AP-HP compararán el índice de “contaminación” de los 5.000 participantes en el concierto con el de un grupo de control de 2.500 personas que no asistieron. Para realizar las mediciones, las 7.500 personas serán sometidas a pruebas en las 72 horas anteriores al concierto y siete días después. Los resultados del estudio Spring se esperan para finales de junio de este año.

Las cámaras de vigilancia ya se introdujeron en los espectáculos deportivos y ahora lo toca del turno a los musicales, hasta que acaben en todos y cada uno de los rincones.

Israel no desea la derrota de los yihadistas en Siria

“Israel no quiere que la situación en Siria termine con la derrota del Califato Islámico”, declaró el general israelí Herzi Halevy, director de la inteligencia militar.

Los últimos tres meses han sido los más difíciles para el Califato Islámico desde su creación, añadió durante un discurso pronunciado en la conferencia “Herzliya”, según refiere el sitio web israelí NRG.

“La retirada de las superpotencias de la región y el hecho de dejar a Israel solo contra Hezbolah e Irán, que tienen buenas capacidades, pondrá a Israel en una posición difícil. Por lo tanto, debemos hacer todo lo posible para no encontrarnos en esa situación”, añadió el general israelí.

—https://www.almasdarnews.com/article/israeli-intelligence-chief-not-want-isis-defeat-syria/

Imperialismo S.A.

“El virrey constituyó la base del poder absoluto del sistema monárquico español tanto en Sicilia como en Nueva España, superando el obstáculo de la distancia y de la mala comunicación entre la Corte española y sus dominios. La corte de cada virrey desempeñaba un papel eficaz en la integración en el sistema global de los poderes o autoridades locales” (1)

Los virreyes

El mundo ha cambiado y España, Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos ya no son imperios. Actualmente el imperio tiene su sede en las bolsas de valores, sedes de corporaciones y fundaciones multinacionales, organizaciones militares y medios de comunicación. No hay un monarca mundial sino una sociedad anónima de monarcas, un “Imperialismo S.A.” que dispone de una serie de virreyes en la casi totalidad de países para que lleven a cabo la “integración en el sistema global de los poderes o autoridades locales”. Dichos virreyes modernos también precisan de una serie de rituales, ceremonias y recordatorios simbólicos denominados investiduras, en las cuales tras un despliegue de farsas teatrales, se nombra, con el beneplácito de la sociedad anónima de los modernos monarcas, al virrey de turno por un período temporal, al final del cual, si han llevado a término las voluntades de sus majestades, les permiten un reenganche.

Si no han cumplido a pies juntillas los deseos del moderno absolutismo mundial, pueden encontrarse con un estallido “civil” de airadas protestas, con una sorprendente acción judicial o simplemente con una justicia militar que les recuerda que son solamente virreyes.

El concepto de autoritarismo define el concepto de “sistema político” como la forma en que se generan y ejecutan las decisiones vinculantes para el conjunto de la colectividad o para una parte importante de la misma. Se entiende por autoritarismo-absolutismo el sistema político basado en una comunidad desigual, en la cual se toman decisiones vinculantes para la comunidad entera. Este sistema político tiene un poder judicial ejercido por personas o por órganos más o menos especializados que es directa emanación del poder regio; es decir, no asegura la libertad y la pluralidad de la comunidad (2).

En el antiguo imperio español, funcionaron las Audiencias (tribunales de justicia), tanto la de Castilla como la del Nuevo Mundo (3). Poco ha cambiado el entramado autoritario absolutista puesto que las modernas “Audiencias Mundiales”, con nombres tan emblemáticos como Consejo de Seguridad de la ONU, Corte Internacional de Justicia de la ONU, Corte Penal Internacional de La Haya, Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, Tribunal de Justicia de la Unión Europea de Luxemburgo, Órgano de Apelación de la Organización Mundial del Comercio de Ginebra… actúan bajo las órdenes de la sociedad anónima mundial de monarcas los cuales tienen la potestad tanto en la designación de los jueces (iudicem dare), como el mandar juzgar (iudicare iubere), y dictan las sentencias acordes al mantenimiento de la “paz social” y de la acumulación de capital.

El siglo de la Ilustración fue también el siglo de la autoridad, y eso lo expresaba muy bien la metáfora usada por Floridablanca que se refería a lo conveniente de tener siempre a un ahorcado en una picota o su cabeza en una jaula colgando de la puerta de una ciudad para disuadir a pobres o presos. Querían orden, limpieza, seguridad, obediencia, uniformidad de los súbditos, y… mantenimiento de los privilegios (4).

El absolutismo, primer sistema estatal internacional en el mundo moderno, todavía no se ha agotado.

Las monarquías absolutas occidentales se rodeaban de agentes que proveían de personal a sus maquinarias administrativas: los letrados en España, los maîtres des requétes en Francia, los doctores en Alemania. Estos burócratas-juristas fueron los celosos defensores del centralismo real en el primer siglo de la construcción del Estado absolutista (5), que se mantiene hasta hoy y en el cual esta pléyade ayuda legalmente a homogeneizar la concepción de “derecho”, “justicia”, “amigo”, enemigo”, lo que Jean-Claude Payé denomina “El final del Estado de derecho: del estado de excepción a la dictadura”

Se ha construido una pirámide a la cual se denomina globalización, mediante una descripción cosmopolita al estilo kantiano, basada en el subterfugio de “ganamos todos” como si la geopolítica fuera un juego de canicas entre colegiales. Los que han acuñado el término de “ganar todos”, lo han hecho refiriéndose a este grupo selecto, agresivo, corporativo, multinacional que conforma el consejo de administración de Imperialismo S.A.

Si bien ya hace años que funciona dicha sociedad anónima, no ha sido hasta el pasado reciente que se ha puesto de manifiesto de forma notoria la estructura de poder en la cual hemos comprobado una total simbiosis entre los virreyes y el consejo de administración del Imperialismo S.A. a raíz de la declarada pandemia y con ella la homogeneización del comportamiento y la integración en el sistema global.

Unos pocos virreyes en algún momento han parecido disentir de las órdenes emanadas y como por casualidad, dichos virreyes pasaron a mejor vida. Seguramente algún día se deberá responder a la pregunta de que murieron Omar Torrijos, Jaime Roldós, Hugo Chávez, Samora Machel, Pierre Nkurunziza o John Magufuli. Unos por intentar poner algo de freno a la rapiña en América Latina, los otros por denunciar el salvajismo de las corporaciones farmacéuticas y mineras en África y la corrupción de la OMS. Unos muertos en más que cuestionados “accidentes”, otros de extrañas “enfermedades” en lo que parece ser una copia del guión de la novela de Jak London Asesinatos S.A.

En otras ocasiones y emulando a Floridablanca, el Imperialismo S.A., no ha sido tan meticuloso y ha ordenado “tener a un ahorcado en una picota” a la vista de todos los televidentes del mundo como aviso a la disidencia. Así lo ha realizado con Mohammad Najibulá, Sadam Hussein o Muamar el Gadafi. De la misma forma como la acumulación de capital se ha realizado históricamente a base de una acumulación de cadáveres, en la actualidad el disenso no permitido se penaliza también mediante la eliminación física.

Vivimos una nueva etapa del llamado imperialismo, analizado a principios de siglo XX tanto por Hobson como por Lenin, que a partir de la década de los 80 del siglo XX se vistió con unas ideologías y prácticas denominadas neoliberales que han sido el sostén teórico del Imperialismo S.A., bajo el manto de la globalización. En el imperialismo tradicional, las cabezas visibles eran emperadores, reyes o presidentes, pero en su nueva mutación encontramos básicamente titulados por prestigiosas universidades, expertos los denominan, que han tomado el relevo a los cada vez más desprestigiados profesionales de las formaciones políticas.

Los vendedores ambulantes

Disfrazados de agnósticos, ateos, creyentes, progresistas, científicos, visionarios, filántropos, expertos… sin que hayan tenido que cubrir las apariencias mediante parafernalias electorales, han sido escogidos desde el consejo de administración de Imperialismo S.A. para ser los portavoces de la nueva normalidad absolutista, realizando el mismo papel que los vendedores o especialistas en marketing para anunciar las bondades del producto que venden, aún a sabiendas de sus efectos secundarios, en este caso letales. No se les ha denominado charlatanes, como antaño, sino con el nombre rimbombante de Comités de Expertos.

Dichos expertos, no tan solo realizan las campañas publicitarias del moderno absolutismo, sino que son piezas claves para la acumulación de capital, pues de sus declaraciones depende que las acciones cotizadas en las diversas Bolsas del mundo aumenten o disminuyan su cotización. Ejemplo de ello lo podemos comprobar en los dimes y diretes respecto a la diseminación de las distintas modalidades de vacunas anti covid ¡A cual mejor!. Que si de una dosis, que si de dos dosis, que si de una duración inmunitaria de quince días, de seis meses, que si ARN, que si virus atenuado… cada uno representando a su correspondiente socio accionista de Imperialismo S.A. y vendiendo el producto a los virreyes de turno.

Otros expertos intentan vender también soluciones ecológicas a un apocalipsis justificando el gran cambio de patrón tecnológico implícito en la Agenda 2030. Para ello no han tenido reparos en utilizar a menores de edad en sus campañas propagandísticas para amparar las inversiones de capital y el alza de la cotización de las acciones bursátiles en la llamada economía verde.

El Imperialismo S.A. no está concentrado en un solo territorio sino que es una auténtica pandemia de alcance mundial ya que sus inversiones, reinversiones, compras, ventas, patentes de fondo… están diseminadas a lo largo y ancho del planeta dejando en ridículo el concepto de soberanía, independencia, etc., simplemente clamando como Luis XIV: “El estado soy yo”.

Mientras tanto, la resistencia al absolutismo no dispone de un marco conceptual adecuado a la nueva modalidad de la lucha de clases, y aunque enfoque su desazón denunciando a los virreyes, en unos casos mantiene una actitud crítica pasiva y en otros sigue a pies juntillas las recomendaciones de los expertos consiguiendo con ello, inocentemente, aumentar el poder absoluto del Imperialismo S.A.

De todos modos, al lado de las protestas y revueltas obreras y campesinas de diferentes países, cada día aumenta el número de científicos y profesionales que se niegan a ser simples mercaderes del nuevo absolutismo. En todas las disciplinas encontramos personas y colectivos que a pesar de las amenazas y presiones mantienen una actitud digna aún a costa de su marginación y en ocasiones poniendo su vida en peligro, como Julian Assage por ejemplo.

Reorganizar las formaciones políticas del nuevo proletariado y atraer la colaboración de los científicos que se niegan a ser títeres del moderno absolutismo, este debe ser el horizonte de una nueva normalidad en la lucha de clases.

(1) Fernando Ciaramitaro. Virrey, gobierno virreinal y absolutismo. Universidad Autónoma del Estado de México. Ediciones Universidad de Salamanca. H. mod., 30, 2008
(2) Fernando Ciaramitaro. El autoritarismo-absolutismo en el Antiguo Régimen. Contribuciones desde Coatepec. Universidad Autónoma del Estado de México. número 15, julio-diciembre 2008
(3) Fernando Ciaramitaro. El autoritarismo-absolutismo en el Antiguo Régimen. Contribuciones desde Coatepec. Universidad Autónoma del Estado de México. 2008
(4) José Luis Gómez Urdáñez. Víctimas del absolutismo. Paradojas del poder en la España del siglo XVIII. 2020 http://puntodevistaeditores.com/la-editorial/
(5) Perry Anderson. El estado absolutista. Ed. Siglo XXI. 1979

Entre la metáfora y el concepto

La poesía, dicho a modo de conclusión provisoria, es o bien arte de evasión que reivindica un estatuto propio con sus gramatiquerías y efluvios, o bien compromiso con uno y el resto. Por supuesto, conscientes de la simplificación, existen los matices estagiritas tipo «el ser se dice de muchas maneras» y los ismos: romanticismo, simbolismo, modernismo, ultraísmo, etc., etc. En última instancia, es una apuesta por «el arte por el arte» nacido de y contra los efectos antiestéticos de una inicial revolución industrial (Unamuno, que escribió versos aunque no lo parezca, abominaba las chimeneas de las fábricas). Una poesía antiburguesa en sentido estetizante. de «buen gusto», sin mezclar la literatura con la poluta realidad (el humo de esas chimeneas), al decir de, pongamos, Jean Cocteau. (Sin embargo, esa revolución industrial, esa chimeneas y esos humos, inspirarán a poetas futuristas como Marinetti, luego fascista).

A ello se opondría, lo ponemos adrede, César Vallejo, también antiburgués pero por razones diametralmente distintas, apostrofando contra lo que denominaba «literatura de pijama» o de gabinete, y echando pestes de la metafísica y la psicología (más precisamente el psicoanálisis). Nada de complejos, libidos, intuiciones (bergsonismo muy de moda que estudiara un precoz Antonio Machado) ni sueños (freudianos). El método de creación artística es y debe ser consciente, realista, experimental y científico. Y las musas son cazcarrias en los bajos del pantalón. «Soy hombre antes que español», dirá el zamorano León Felipe, aunque no le pregunten. Y el peruano
Vallejo, viajero por la Rusia revolucionaria (con cuatro chavos suyos y sin ser enviado por nadie, por ningún periódico, que era lo normal) de la que volvió (por dificultades con el idioma o por quedarse sin un kopek) entusiasmado y cambiado él mismo, tuvo que pagar un precio por su integridad: «mi dilema es el de todos los días: o me vendo o me arruino». Reacio a los artificios y malabarismos de las vanguardias (lo que sería su «Trilce»), le gustaba citar la frase del escritor norteamericano socialista Upton Sinclair: «el artista que triunfa en su época es un hombre que simpatiza con las clases dominantes de dicha época, cuyos intereses e ideales interpreta, identificándose con ellos». No hay literatura apolítica ni la habrá nunca (ni música, aunque aquí nos centramos más bien en la literatura), en otras palabras. Ni siquiera el escapista Poême du haschís de Baudelaire huyendo del Tedio, del spleen, soltando amarras con la canónica inspiración romántica sustituida por la estimulación artificial y paradisíaca. Abismado por el malditismo, Baudelaire, flanêur y revolucionario en las barricadas parisinas de 1848, se vuelve sobre sí mismo (gastada la herencia paterna) para hundirse en la destrucción; se le llamará perverso y, sobre todo, decadente. No así un Víctor Hugo, romántico, que concibe al poeta como un profeta que ilumina el porvenir, por lo tanto, con una misión sagrada, frente al sufriente bardo baudeleriano (pero ambos inoculados de druidismo). O el trovador como medium de Neruda. Kant considera a la poesía como la más sublime de las bellas artes, la más superior. El vate portugués A. Caeiro, a quien Pessoa tiene por su maestro, dirá que el mundo no existe (para el poeta genuino, se entiende) para ser pensado, las cosas sólo existen y existen, en todo caso, para ser percibidas, rematará el luso aquejado de solipsismo berkeleyano (de Berkeley). O a lo Alexander Pope, londinense, que asegura que «todo lo que es está bien». Para Nietszche, que no era poeta precisamente, el hombre usa el intelecto la mayoría de las veces para la simulación. San Juan de la Cruz, por último en esta mezcla heteróclita de númenes y daimones, se apoyará en un místico y humilde «no sé qué» al no encontrar verso cenital que lo acople a Dios que, en realidad, es una suerte de neoplatonismo no confeso que le transporte iónicamente al Uno cerrando los ojos -o poniéndolos en blanco- a todo lo externo. Un poeta místico a lo divino. Lírico puro, preñado de amor casi profano, como Santa Teresa, según se entiende la poesía al menos por Aristóteles (el Estagirita de más arriba) en su Poética y son sus cualidades: la subjetividad, su existencia en el presente y el desprecio por la lógica racional. La aversión a la lírica provendría de su negación a perderse en el tremedal ciudadano, en el mundanal ruido, ¿no es cierto? Ella no es la voz colectiva; contrariamente, es la exaltación del individuo.

II

La poeta María Ángeles Maeso dijo que es lugar común aseverar que la poesía, por el hecho de circular fuera del mercado y ante la escasez de receptores, está a salvo de servidumbre alguna, ya que su roma inserción social la mantiene impoluta y en una especie de reserva espiritual por donde fluyen los emocionantes y hermosos ríos de aguas cristalinas. No se lee poesía -continúa- porque se le tiene miedo. Porque la gran poesía desnuda las cosas. Como «palabra en el tiempo» definió Machado la poesía y oímos de escolares. Y sin embargo… Sin embargo, Platón expulsa a los poetas en el Libro X de La República de la ciudad ideal. Y lo hace por dos razones: por su distancia respecto a la verdad, y por estar dirigida al nivel inferior del alma dizque aquella parte que se encarga de la conservación a un nivel animal que se orienta al descanso, el placer y los instintos básicos, lo que no es bueno para la ciudadanía.

Platón muestra que la realidad está compuesta de ideas a partir de las cuales esta realidad se va estructurando (Roberto Vilchis). Cada cosa existente parte de una idea perfecta y verdadera. Cada una de estas ideas ha sido concebida por un creador y modificada o moldeada por un artífice, un artesano, que no es sino un imitador que utiliza la idea a su conveniencia por lo que la vuelve algo irreal, ya que no utiliza la verdadera esencia de las cosas creadas, sino que realiza su propia versión de la idea. Estos imitadores son los poetas que hacen uso de los sentimientos y las emociones, lo cual para Platón es lo que corrompe el alma enajenada por los deseos y pasiones que le alejan de la verdad quedándose en la apariencia. Así pues, los objetos sensibles no son más que débiles y pálidas semejanzas de unas realidades inmutables y eternas, que son las Ideas (ahora con mayúscula), y estas resultan accesibles sólo a la parte inteligente y razonadora del alma (que en la Edad Media se llamará «sustancia» de eco aristotélico), lo inteligible, y no lo sensible, que se adquieren por los sentidos que engañan o no son de fiar. Célebre es su alegoría de la caverna.

Platón -se ha escrito que toda filosofía es un eterno retorno a Platón- ve un peligro grande en algo que a nosotros nos parece totalmente inofensivo: la poesía. En su polis ideal quedarían fuera, discúlpese el anacronismo, Dante, Shakespeare, Goethe, Lorca, Leopardi, etc. Sucede que Platón está pensando en filosofía y como filósofo, y no poeta. Ocurre también que aunque tradicionalmente se ha afirmado que La República (380 a.C.) trata de la justicia como tema principal, y en concreto la formación del Estado, se puede aseverar que se trata de un corpus sobre la educación. Así lo entendió Eric Havelock para poder comprender mejor los ataques de Platón a la poesía y al arte.

La relación entre poesía y filosofía, entre la metáfora (poesía) y el concepto (filosofía), entre el verso y la proposición, siempre se ha desarrollado en medio de una permanente tensión entre ambas. Mientras el filósofo se propone explicitar su pensamiento de manera exacta y racional sirviéndose de conceptos, el poeta, por su parte, es hombre de imágenes y ritmos que posee una forma de expresión exaltada, inspirada y emotiva. La poesía es un saber que le viene del exterior, de la inspiración divina (enthousiasmos) y su naturaleza imitativa o mimética, o de las musas que se apoderan del alma, como erinias, o gorgonas, y la domina, y de ahí que los poetas no pueden crear cuando son abandonados por ellas porque, en fin, no les pertenece. Y, por tanto, no están orientados por el conocimiento. Platón
-ya le vamos entendiendo- considera que la poesía debe tener un carácter pedagógico, didascálico (los poetas fueron los primeros maestros). Platón considera que el mundo que debe aparecer en las composiciones poéticas es el mundo verdaderamente real, aquel que nos conduce a la virtud, no el de las apariencias, lo que le lleva a sugerir que la poesía debe imitar al mundo no como es, sino como debería ser (un mundo esquemático sin lucha de clases o un comunismo platónico de gobernantes que renuncian a la propiedad privada de motu proprio). El efecto de la imitación de la realidad se designa como mímesis. Platón tomaba la imitación como una copia pasiva y fidedigna del mundo exterior (la Naturaleza). Aristóteles transforma su teoría de la imitación. Imitar ahora consistirá en presentar las cosas más o menos bellas de lo que son. Y es que el arte imita a la Naturaleza dejando al artista libertad de enfoque. Sin embargo, el marmóreo y circunspecto Platón se mantiene en el mismo plano. Y, por ello, propone una condena a los fabricantes de imitaciones -aun en cuanto creadores, no plagiarios, entiéndase-, a los «falsificadores de la realidad», como llama a los poetas (extienda el lector, si gusta, el término a la realidad actual), y por los que se pedirá su expulsión de la polis. Entonces, en la biblioteca de la ciudad ideal platónica, ¿estarían prohibidos los poetas, y muchos más, que citamos anteriormente? Eduardo Zazo estima que la expulsión de los poetas -que muestran vicios propiamente humanos en los dioses, como les acusa Jenófanes de antropomorfizarlos: «a los dioses les achacan Homero y Hesíodo todo aquello que entre los hombres es motivo de vergüenza y de reproche: robar, adulterar y engañarse unos a otros»- sólo se entiende como crítica de la tradición oral. Leemos poesía y pensamos en Baudelaire, Cernuda, Rilke o Canetti. Pero Homero -referente como poeta para Platón- no es, como estos poetas nombrados, un poeta literario o estético. Homero es eminentemente un poeta oral. La escritura alfabética no aparece en Grecia hasta el siglo VII antes de nuestra era. En época de Platón se conocía a los poetas principalmente… de oídas, a través del oído, vale decir, apenas se los leía. El rapsoda recitaba sus yambos con acompañamiento musical (la lira, la cítara) y, acaso, baile.

La función tradicional del poeta era conocer todas las cosas humanas y divinas, cosa que nuestros poetas modernos no tienen, desde luego. Sin embargo, esta es la misión habitual y vocacional -el sofismo es otra cosa- de un poeta en una sociedad que no conoce la escritura: transmitir el saber socialmente relevante. En su época, la poesía ya no era capaz de dar a conocer todas las cosas humanas en relación a la virtud y el vicio. Ese papel le correspondía, según Platón, a la filosofía. Importa decir que el ateniense no está interesado en juzgar los méritos estéticos de la poesía, sino en desacreditar su función social y educativa. Propone una nueva paideia en la que los poetas no son necesarios. El sistema educativo tradicional griego, basado en los poetas, como se dijo, es sometido a examen y condenado (o suspendido). No han de admitirse en la ciudad más que los himnos a los dioses y los encomios a los héroes, leemos. Platón no expulsa a Baudelaire del Parnaso; expulsa a Homero y a la tradición oral poético-mimética. Si no absuelto, tenemos a Platón con circunstancias atenuantes.

III

Sin temor a exagerar, se podría aventurar que lo que obsesiona a Platón es, a tenor de su cosmovisión, el mundo de las apariencias que, en lenguaje actual, sería la ideología entendida como falsa conciencia frente a la Idea platónica o Noúmeno kantiano incognoscible (o Absoluto hegeliano) que queda más allá de los límites de la experiencia y no es accesible a la contemplación del hombre. Por un lado se irrita, y por otro desconsuela a los mortales sin jerarquía.

María Zambrano, orteguiana y platonizante, dirá que el filósofo quiere poseer la palabra, convertirse en su dueño. El poeta es su esclavo; se consagra y se consume en ella. El filósofo se dirige hacia el ser oculto tras la apariencia, mientras que el poeta se queda sumido en estas apariencias. Diferenciar realidad de apariencia, eso es conocimiento. Haciendo un paréntesis, es como una semiosis (que no es ningún virus) en que Lo Real es la palabra dicha off the record pensando que no se (te) oye por el micrófono, y la Realidad la apariencia discursivizada, narrativizada, hecha palabra y pasapuré para consumo de la plebe. La verdad está en lo dicho creyendo que no se oye y, por tanto, no tiene repercusión, y la mentira, el engaño, en lo que se dice a conciencia, a voz en grito y machaconamente, conformando, performativamente, la Realidad, lo que existe, lo que hay, volviendo a A. Pope, No se trata de lapsus exactamente. Zambrano, en otro diapasón, viene a decir que, si el poeta comunica pensamientos, verdades tales o mejores que el filósofo, lo hace sin pensar, puesto que estas vienen dadas por la inspiración que le ofrecen las musas. De suerte que el filósofo dice verdades pensando y el poeta las dice sin pensar, pues está en un estado alterado, como poseído, sisnestésico. Un trabalenguas místico, mágico, que tiene su aquel. Hegel concluirá que la filosofía piensa en conceptos y la imaginación poética en intuiciones, cada una a su manera y mediante medios diferentes. Es lo que Sócrates temía: «es de las apariencias de donde viene la persuasión, y no la verdad». El mundo se convierte en un gran teatro, en una caverna, en una representación carnavalizada con disfraces, máscaras y antifaces.

¿Apariencia y todo apariencia? El filósofo Pedro Fernández Liria nos insta encarecidamente a desterrar la idea de que la filosofía -póngase poesía- es una huida del mundo real hacia la pura vida contemplativa (¿eso quedaría para la poesía?). El filósofo -el poeta- es lo contrario del nihilista, la antítesis del poeta vulgar que simplemente se evade de una realidad que le horroriza o le aburre. De lo único que la filosofía -la poesía- representa una huida es de la apariencia y de la ignorancia. Es decir, el hombre vive en un mundo de apariencias; aunque fueran perfectos e infalibles nunca podrían conocer «lo real»; solamente podrían conocer la apariencia y la copia, no el original. Rasgar ese velo de Maya es propósito de una élite para Platón, de una aristocracia bienpensante y bienhechora. De reyes-filósofos. Y es aquí donde ya tomamos distancias del amigo Platón.

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