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Mes: mayo 2021 (página 1 de 12)

Tropas del ejército llamarán por teléfono para ‘convencer’ a los que no se hayan vacunado en Asturias

Ejercer el derecho a no vacunarse no va a ser fácil, al menos en Asturias. Ayer el consejero de Salud, Pablo Fernández, a instancias del diputado de Foro Asturias Adrián Pumares, explicó que el gobierno autonómico astur tiene un as en la manga frente a las 12.000 personas que han rechazado vacunarse.

El gobierno les volverá a llamar por teléfono, pero la recomendación para vacunarse no procederá de ningún sanitario sino de los soldados del ejército que, hasta ahora, se dedicaban a rastrear los contactos de los contagiados, dijo el consejero de Salud.

Como los contagios se van reduciendo, ya no son necesarios tantos soldados para ejercer de sabuesos y pasarán a perseguir a los reacios a la vacuna. Es lo que Pablo Fernández llama “repesca”.

“Este personal militar también hará ahora labores de localización en el proceso de vacunación”, apuntó el consejero de Salud, al tiempo que agradecía “el papel fundamental de apoyo” que han jugado los militares durante toda la crisis sanitaria.

De las más de 700.000 dosis administradas en Asturias, 119.000 son de AstraZeneca, cuya inoculación se está centrando en las personas con edades comprendidas entre los 60 y los 69 años. Pablo Fernández cifra el rechazo hacia esta marca farmacológica en concreto en un 2,46 por ciento. “Las cuatro vacunas autorizadas han demostrado niveles adecuados de eficacia y seguridad”, aprovechó para recordar el consejero.

Asturias se encuentra en contacto con colectivos especializados para gestionar la vacunación de personas con enfermedades mentales graves, sin hogar o reclusos. Además, ayer, los grupos parlamentarios aprobaron, por unanimidad, que se vacune a los estudiantes de Erasmus asturianos -unos 1.000- antes de viajar a destino.

—https://www.elcomercio.es/asturias/coronavirus-asturias-vacunas-principado-hara-repesca-20210525003851-ntvo.html

Violaciones por vacunas: 53 países exigen responsabilidades a la OMS

53 países miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) firmaron el viernes un documento colectivo exigiendo a sus dirigentes que expliquen las violaciones cometidas por sus funcionarios en la República Democrática del Congo y los motivos por los cuales no las denunciaron.

Los medios de comunicación españoles, tanto los oficiales como los alternativos, vienen guardando un secreto absoluto sobre los graves crímenes contra las mujeres congoleñas cometidos por la OMS, y lo mismo cabe decir del movimiento feminista.

Las acusaciones se conocieron a mediados de mayo y van dirigidas contra funcionarios de la OMS y otros organismos de la ONU, como la Unesco y la Unicef, entre otras. Como informamos en otra entrada, miembros de dichos organismos internacionales violaron a mujeres en el Congo a cambio de inyectarles vacunas.

“Hemos expresado nuestra preocupación tras las informaciones de los medios de comunicación que sugieren que la dirección de la OMS estaba al tanto de casos de explotación, agresión y acoso sexual y no los denunció como exige el protocolo de la ONU y la OMS, así como las acusaciones de que miembros del personal intentaron encubrir estos casos”, afirma el documento presentado por Canadá durante la Asamblea Mundial de la Salud y firmado por la Unión Europea y Estados Unidos.

Catorce de las mujeres “dijeron que los hombres se identificaron como trabajadores de la OMS”, señalaron los investigadores, en referencia a hechos que se remontan a 2019. Una investigación de la agencia de noticias Associated Press basada en correos electrónicos internos implicó a dos médicos que trabajaban para la Organización Mundial de la Salud, uno de los cuales se jactaba de sus vínculos con Tedros.

La investigación encontró que “a pesar de sus negaciones públicas, los altos funcionarios de la OMS no sólo estaban al tanto de las acusaciones de agresión sexual en 2019, sino que también se les preguntó cómo responder”. Interrogados directamente durante una rueda de prensa el 17 de mayo, ni Tedros ni Mike Ryan, jefe del programa de respuesta a emergencias de la OMS, respondieron ellos mismos a la pregunta de si estaban al corriente.

El viernes Tedros habló antes de la publicación del texto y reiteró que había creado una comisión independiente que debe informar a finales de agosto sobre las acusaciones. “Los investigadores tienen la facultad de seguir las pruebas hasta donde les lleven”, afirmó el director general, reconociendo que muchos países miembros están frustrados por la lentitud de los procedimientos y la falta de transparencia.

“Sé que hablo en nombre de todos mis colegas y de la organización cuando digo que nos tomamos estas acusaciones muy en serio. Responder y rectificar es la esencia de lo que somos”, añadió.

—https://www.20minutes.fr/monde/3050223-20210528-accusations-agressions-sexuelles-53-pays-demandent-explications-dirigeants-oms

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El franquismo hizo desaparecer a la población molesta de los pobres vencidos en la guerra civil

“Restos de los cadáveres enterrados sin cajas, hacinados y sepultados como animales. Aterra ver las fotografías de lo ocurrido” aquellos días de posguerra. En Andalucía se construyeron más de medio centenar de campos de concentración para el trabajo esclavo de presos políticos. Muchos vivieron en las peores condiciones de trabajo, higiene y hacinamiento. Sin embargo poco se conoce de uno en particular, un campo de exterminio, ubicado en el municipio de la Algaba (Sevilla), conocido como las Arenas, que comienza esta semana los trabajos de exhumación de sus 144 víctimas.

Sus presos eran “mendigos” reincidentes “tratados como presos políticos en la dictadura franquista en la medida que las autoridades los encarcelaban y actuaban las autoridades de los vencedores nunca Tribunales de Justicia”. María Victoria Fernández Luceño, historiadora experta en este campo señala que a aquellos reclusos “no los castigaban y encerraban por delincuentes sino por su forma de vida”. No se puede decir a medias tintas. Era lo que se conocía en la Alemania Nazi como un campo exterminio.

Luceño afirma con rotundidad que “en los documentos del Archivo Municipal [se refleja] que el médico informó de que no le dejaban el régimen hospitalario a los enfermos necesitados de cuidados especiales. Tampoco que fueran hospitalizados”. Todos murieron entre agosto de 1941 y diciembre de 1942. En la fosa de las Arenas hay 144 víctimas de varias nacionalidades, entre ellos algún portugués y otro argelino.

Juana González nunca conoció a su tío, Juan Luis Monge, pero sí el dolor de por vida de su abuela que nunca olvidó “como a su niño se lo llevaron en un coche desde Chucena, Huelva, y nunca más se supo de su paradero”. Francisca, abuela de Juana, intentaría en aquellos años del hambre conocer, descifrar dónde estaba. “Sabía que el alcalde franquista que llegó después de la guerra había dado la orden de quitarlo de en medio. No hacía daño a nadie, pero tenía una discapacidad intelectual y no tuvieron piedad”, aclara Juana a Público. Juan Luis paseaba por las calles del pueblo. “Se paraba con las vecinas, a veces se sentaba con ellas, pero aquello que hicieron no tuvo nombre y era imposible en aquellos días de la dictadura meterse a investigar”. Juan Luis tenía 18 años y murió en el campo de las Arenas el 7 de mayo de 1942.

La misma edad tenía Manuel Pereira Buzón, natural de San Pedro de Ancorados, en Pontevedra, cuando muere en el campo de las Arenas sin conocer qué ocurrió en su viaje a Cádiz, donde quería embarcarse en busca de una vida mejor. Fina destaca que “Manuel era su tío por parte de padre. Sabemos que se marchó muy joven para irse a Cádiz. No sabemos bien qué ocurrió en aquel viaje, dónde acabó y menos las circunstancias que lo llevaron a aquel campo” en el que murió el 14 de julio de 1942.

Gracias a la Asociación Comarcal Pro Memoria Democrática Vega Media del Guadalquivir se han logrado rescatar a algunos familiares, pero sin apenas datos de aquel proceso ni qué ocurrió para morir en las peores infecciones en aquel campo de muerte. “Ha sido y sigue siendo un trabajo muy complicado, porque han pasado muchos años y por las especiales circunstancias personales en que vivían muchas de las víctimas del campo de exterminio”, destaca Celestino Sánchez-Espuelas Gutiérrez, secretario de la Asociación. “Nos hemos tenido que poner en contacto con los ayuntamientos de procedencia de las víctimas, comunicarles los datos de que disponíamos de las personas fallecidas y si nos podían aportar información sobre posibles familiares”.

La Asociación no ha podido rescatar muchos datos por la falta de contacto entre unas generaciones y otras, pero es real que cuando conocen la historia “les impresiona cuando se enteran de las circunstancias en que fallecieron de hambre, frío, enfermedad y faltos de cuidados”.

Gracias a los registros civiles, donde están identificadas las víctimas, se ha podido conocer por ejemplo como el tío de Juana acabó en el campo de exterminio y murió el 7 de mayo de 1942 de tifus exantemático. “Cosas así te impresionan y te sobrecogen, pero te dan ánimos para seguir trabajando en la recuperación de la memoria y de dignificación de las víctimas”.

Juan Manuel Guijo, arqueólogo encargado de la localización, exhumación e identificación de víctimas en el campo de las Arenas, señala que “los reclusos de Las Arenas representarían en la mayor parte de los casos un grupo humano muy dañado por la enfermedad y el hambre antes de su realojo”.

El equipo evidencia cómo va a encontrar “esqueletos que no deben tener muchas afecciones por violencia directa dado que las víctimas sufrieron un total abandono hasta que su resistencia por la enfermedad o el hambre se quebró”. Al estar muchas de estas personas vinculadas a la marginalidad, muchos de los daños que presenten se podrían deber a esas etapas anteriores. “Posiblemente nos podamos encontrar a un grupo humano terriblemente castigado. Desconocemos si en el encierro sufrieron además otro tipo de malos tratos” concluye Guijo.

Es relevante conocer “procesos infecciosos, traumas, repercusión del hambre y otras evidencias que permitan ver un deterioro físico”. En ninguno de los casos se encontrarán orificios de salida ni fusilados, como ocurre en la mayoría de fosas.

La necesidad de este trabajo en su primera fase se centrará en “exhumar todo lo posible, pero tendrá que haber otra si el depósito se conserva razonablemente bien”. El objetivo esencial además de exhumar lo posible es evaluar la cantidad de sujetos que se pueden encontrar allí. “Deberían ser unos 144, pero la actividad funeraria del espacio puede haber provocado daños”, señala el informe arqueológico previo.

Fueron las “autoridades [franquistas] sevillanas, gobierno civil y ayuntamiento las que hicieron desaparecer a la población molesta de los pobres vencidos en la guerra civil”, señala la investigadora Luceño. Más de 140 hombres de distintas edades que en unos diez meses “fueron encerrados en un terreno con vallas y personal de vigilancia para que no escaparan y así fueron condenados a morir de frío, hambre y enfermedades”.

Santiago Benítez Castro, hermano de abuelo Francisco Benítez Castro, se encuentra entre las víctimas. Ignacio Benítez, catedrático de la Universidad de Jaén, señala: “Me he enterado hace poco y me encuentro consternado por la noticia. Si sabían algo, nunca lo dijeron”, aclara. Es la radiografía de la represión: silenciar el rastro y no dejar que nunca las historias pudieran salir a la luz. “Ambos nacieron en Alhama de Granada. pero primero vino la guerra y luego la posguerra, donde con el miedo y la ruina no se podía hablar”. Su tío Santiago Benítez parece que no tenía pareja ni hijos.

“Si algún hermano sabía algo de su vida se lo llevó al otro mundo”, de forma que cayó en el olvido. Ignacio señala que “este campo de exterminio, como así fue, es un ejemplo de las barbaridades que se practicaron en la aplicación de la ley de vagos y maleantes, que consideraba cómo peligroso a estos méndigos” que pasaron las peores situaciones de carestía y que hoy “merecen recuperar su dignidad como seres humanos”.

—https://www.publico.es/politica/campo-exterminio-fosa-algaba-sevilla.html

A disposición del mejor postor las bases de datos sanitarias de 55 millones de británicos

El tráfico con las bases de datos del sistema británico de salud vuelve a estar en el centro de la polémica, incluido el pasaporte de vacunas. Hace unas semanas un experto en seguridad informática afirmó que los datos utilizados para el nuevo pasaporte de vacunas del NHS podrían acabar siendo utilizados para otros fines, aparte de los viajes internacionales.

Ahora la forma en que el NHS maneja los datos médicos confidenciales vuelve a la primera plana, tras conocerse el plan para crear una base de datos de hasta 55 millones de registros de pacientes.

La base de datos recogerá los historiales médicos de millones de pacientes del NHS y albergará información confidencial, como detalles sobre salud mental y sexual, antecedentes penales y consumo de drogas. También se recogerán detalles sobre la orientación sexual, el origen étnico y las vacunas, entre otros.

El archivo agrupa los historiales médicos de todos los pacientes de Inglaterra inscritos en una consulta de medicina general. La información sensible contenida en ella estará a disposición de terceras partes académicas y comerciales para fines “de investigación y planificación” que estaban previstos inicialmente.

Los británicos no quieran que sus datos se incluyan en ningún archivo, sólo tienen unas semanas para solicitarlo. Tienen que descargar un formulario de un sitio web del NHS, rellenarlo y entregárselo a su médico de cabecera antes del 23 de junio.

En un mensaje en línea en el que explica la recopilación de datos médicos, el NHS dice: “Los datos sólo se pondrán a disposición en respuesta a las solicitudes apropiadas de las organizaciones que son aprobadas tras el examen independiente de nuestro Grupo Independiente de Asesoramiento sobre la Divulgación de Datos”. En otro mensaje, el NHS entró en más detalles sobre las instituciones con las comparten los datos de los pacientes y los tipos de instituciones que pueden presentar solicitudes de acceso a dicha información.

Además del Departamento de Salud y Atención Social, Public Health England y NHS England, podrán acceder a las bases de datos “las organizaciones de investigación, incluidas las universidades, las organizaciones benéficas, las organizaciones de investigación clínica y las empresas farmacéuticas”. Sin embargo, la lista no es exahustiva las instituciones que “probablemente necesiten acceder” a los datos de los pacientes “puede que no se limiten a” las mencionadas.

El sitio web de NHS promete que los “datos de la práctica general para la planificación y la investigación” no recogerán los nombres ni las direcciones de los pacientes. Los datos que podrían utilizarse para identificar a un paciente (como el número del NHS, la fecha de nacimiento o el código postal completo) se sustituirán por códigos únicos.

Sin embargo, el propio NHS admite que este código podría volver a convertirse en datos que identifiquen a un paciente en circunstancias específicas cuando haya una “razón legal válida”.

Los pacientes no serán identificados directamente en los datos. Lo hacen indirectamente. El NHS podrá convertir los códigos únicos en datos que puedan identificar a los pacientes en determinadas circunstancias y cuando exista una razón legal válida.

Un portavoz de NHS reconoció que “los datos de los pacientes ya se utilizan todos los días para planificar y mejorar los servicios sanitarios, para la investigación que da lugar a mejores tratamientos y para salvar vidas”.

“Durante la pandemia, los datos de los médicos de cabecera se han utilizado para beneficiar a millones de personas: han ayudado a identificar y proteger a los más vulnerables, a desplegar nuestro programa de vacunas líder en el mundo y a identificar los tratamientos hospitalarios que han evitado la muerte de personas a causa del virus”.

“Hemos colaborado con médicos, pacientes, expertos en datos, privacidad y ética para diseñar y construir un sistema mejor de recogida de estos datos. Los datos sólo se utilizarán con fines de planificación sanitaria y asistencial y de investigación, por parte de organizaciones que puedan demostrar que tienen una base legal adecuada y una necesidad legítima de utilizarlos”, añadió.

—https://www.express.co.uk/life-style/science-technology/1442242/NHS-plans-share-patient-records-third-party-opt-out-app-data-controversy

La guerra contra el virus requiere del estado de guerra y la economía de guerra, dice la ONU

Lo venimos diciendo desde el primer minuto de esta locura y el lunes de la semana pasada lo confirmó el secretario general de la ONU, Antonio Guterres: el mundo está “en guerra” contra el coronavirus, por lo que la “comunidad internacional” debe adoptar una lógica bélica contra la pandemia.

“Estamos en guerra contra un virus. Necesitamos la lógica y la urgencia de una economía de guerra para aumentar la capacidad de nuestras armas”, aseguró Guterres en Ginebra, al inicio de la principal reunión anual de los países miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

China, donde esta historia comenzó y que siempre ha rechazado de plano que el coronavirus pudiera haber escapado de uno de sus laboratorios, desmintió al diario The Wall Street Journal, que afirmó que tres investigadores del Instituto de Virología de Wuhan, ciudad que fue epicentro de la epidemia, padecían una enfermedad parecida al “covid” que requirió tratamiento hospitalario en noviembre de 2019.

Además Guterres deja claro quién es el enemigo en la guerra que han desatado: “Se han destruido unos 500 millones de puestos de trabajo”, dijo Guterres. “Los más vulnerables son los que más sufren, y me temo que esto está lejos de terminar”.

Poco a poco los eufemismo remiten y empiezan a llamar a las cosas por su nombre. La pandemia ha puesto a los militares en un primer plano, incluso en las ruedas de prensa, aunque sólo sea para aparentar. En unos casos se les ha mostrado fumigando las calles y en otros vacunando a la población.

En la “nueva normalidad” deberemos acostumbrarnos a su presencia porque, en efecto, estamos en guerra y son muchos los que aún no se han enterado. Hay que prepararse para la economía de guerra con la que nos amenazan.

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La cosecha es un campo de concentración para las jornaleras de Huelva

Algunos nombres que aparecen en este reportaje han tenido que ser modificados para proteger la identidad de las personas que han tenido a bien prestar sus testimonios. “Aquí se mueve mucho dinero y por 100 euros pueden traer a alguien para darte un susto“, dice uno de ellos.

El negocio de los frutos rojos en Huelva es una mega industria que genera un volumen de facturación de en torno a los mil millones de euros, con una producción cercana a las 350.000 toneladas que han convertido a esta provincia andaluza en uno de los mayores exportadores mundiales del sector hortofrutícola. Las 11.630 hectáreas de terreno cultivable emplean cada año a unos 100.000 temporeros, de los cuales el 48 por ciento son extranjeros, en su mayoría procedentes de Europa del este y de los países del Magreb.

El crecimiento ha sido exponencial en los últimos años, pero no así las infraestructuras habitacionales, de transportes y de suministros necesarias para garantizar unas condiciones de vida dignas para los miles de trabajadores inmigrantes que se han visto condenados a sobrevivir en los 44 asentamientos chabolistas diseminados por toda la provincia. Las condiciones de extrema precariedad merecieron el rechazo de Philip Alston, Relator Especial de la ONU para la pobreza severa, durante una visita a Huelva en febrero del año 2020. “Aquí hay lugares mucho peores que un campamento de refugiados, sin agua corriente ni electricidad ni saneamiento”. Las palabras del diplomático fueron un exhorto dirigido a las administraciones y a la patronal, pero con el paso del tiempo se han diluido en una maraña burocrática donde los actores implicados se pasan la responsabilidad de unos a otros.

Ante el inmovilismo de quienes deberían tomar cartas el asunto han surgido organizaciones autogestionadas que intentan subsanar la escasez de recursos, como la Asociación de Nuevos Ciudadanos por la Interculturalidad (ASNUCI) y su albergue construido con donaciones de particulares, donde 40 personas han encontrado cobijo en la ciudad de Lepe. “Si nosotros lo conseguimos, no entiendo cómo los políticos, con todas las herramientas que tienen, no hacen nada”. Seydou Diop dejó en Senegal a su familia y unos estudios universitarios en filología francesa para emigrar a Europa en 2016. “En Huelva lo he pasado muy mal durmiendo en las chabolas, debajo de los plásticos”. Ahora es portavoz de ASNUCI y compagina su trabajo en el campo con el activismo por los derechos de “mis compañeros y compañeras”. Denuncia la falta de implicación de las administraciones públicas y lamenta el nulo reconocimiento para unos trabajadores que estuvieron en primera línea durante los meses más duros de la pandemia. “No valoran lo que hacemos porque somos invisibles para ellos. Les da igual dónde vivimos, les da igual si tenemos COVID y les da igual si estamos vivos o muertos. Solo quieren que recojamos la fruta y que lo hagamos sin protestar”.

Seydou fantaseaba con una vida muy diferente cuando tuvo que dejar su país en busca de mejores oportunidades, pero lo que se encontró aquí fue una realidad muy alejada a la arcadia de derechos y libertades de la que tanto presume el viejo continente. “Me ha sorprendido tristemente. Jamás pensé que en España, en pleno siglo XXI, se tratase a la gente así. Hablan mucho de igualdad, pero yo he sido un esclavo al que han maltratado por mi origen y por mi color de piel”.

De Senegal también llegó Serigne Mamadou, hace 13 años, con unos estudios de biología con los que pretendía desarrollar una carrera profesional y buenas perspectivas laborales. “A Europa no le interesa que los jóvenes más formados se queden en África porque tarde o temprano descubrirán quiénes son realmente los ladrones. Si nos dejaran en paz no vendríamos, pero tenemos muchos recursos, somos la comida de Europa”. Serigne conoce bien los suelos pegajosos de la agricultura en España. Ha trabajado en Lleida, Murcia, Valencia, Burgos y Almería, pero ha sido en Huelva donde ha sufrido las condiciones más extremas de maltratos y vejaciones. “Trabajas 10 o 12 horas y te pagan 25 euros, si el jefe quiere. Te insultan y te amenazan: ‘¡Más rápido, más rápido!’, gritan los jefes. A veces vienen a las chabolas por las noches para tirarnos basura”.

La pandemia ha empeorado aún más si cabe la situación de los temporeros, sobre todo durante el confinamiento, donde repartían el tiempo entre trabajar sin medidas de seguridad sanitaria y esquivar el virus en las infraviviendas de los asentamientos. Serigne recuerda aquellos meses como los únicos de su ya dilatada trayectoria en España donde no fue molestado por la policía. “Nos veían montados en Huelva las furgonetas para ir a trabajar, pero hacían la vista gorda. Sabían que éramos los únicos que estábamos dispuestos a ir al campo y si nos paraban para pedirnos los papeles, ¿quién iba a recoger la fruta?”.

A sus 42 años se ha convertido en un personaje muy conocido en las redes sociales gracias a los videos que graba a pie de tajo en los que carga duramente contra la criminalización que sufren los inmigrantes. “La ultraderecha siembra el odio contra los extranjeros porque saben que en España hay mucho ignorante que se traga lo que dicen. Creen que nosotros somos la ruina del país, aunque la verdad la tienen ahí delante. La ruina es el caso Gürtel, el caso Nóos, el caso Malaya y tantos políticos corruptos”. Esta faceta más mediática tiene serias consecuencias que se traducen en insultos y amenazas de muerte casi a diario, aunque Serigne asegura que no tiene miedo. “Dicen que van a quemarme la casa y que saben dónde vivo, pero si vienen no me voy a quedar quieto”. Le pregunto si en alguna ocasión denunció lo sucedido ante la policía y Serigne tiene que contenerse para no alzar la voz. “¿Cómo vamos a denunciar, a quién? La mayoría de la gente no tiene papeles y sin papeles tampoco tienes derechos. Aquí hay que trabajar a fuego y si un día te mueres, a los 5 minutos tienen a otros 10 dispuestos a jugarse la vida”. 

Otro de los colectivos que han germinado en los últimos años en los sustratos del campo onubense son las Jornaleras de Huelva en Lucha, un grupo autoorganizado de mujeres fundado en el año 2008 para “luchar por nuestros derechos laborales y contra los abusos y la explotación”. Ana Pinto estuvo 16 años trabajando en las explotaciones agrarias, “en la recogida de frutos rojos, de cítricos, de aceitunas, de uvas, de cualquier cosa”, antes de que su actividad sindical le costase el puesto de trabajo.

El campo es un sector especialmente feminizado, “según la patronal porque las mujeres tenemos las manos más delicadas para recoger los frutos”, pero basta con echar un vistazo al perfil de las temporeras inmigrantes para detectar la preferencia de los empresarios por mujeres de contextos muy desfavorecidos, algunas de ellas venidas de zonas rurales de Marruecos y que apenas saben leer ni escribir. “Las compañeras marroquíes viven en las mismas fincas donde trabajan porque no tienen una red de transportes para poder ir a los pueblos. Imagínate la situación de vulnerabilidad a la que están expuestas en una situación así”, denuncia Ana.

Las Jornaleras plantean una lucha organizada desde el feminismo, el ecologismo y el antirracismo para avanzar hacia nuevos modelos de producción que sean respetuosos con los derechos de los trabajadores y los recursos naturales, además de garantizar un precio justo para los agricultores. “Hace falta mucha legislación porque se está arrasando con todo. Nosotras queremos trabajar, por eso rechazamos el boicot. Lo que pedimos es que nos respeten y que nos devuelvan la dignidad, porque detrás de la fruta hay una falta enorme de derechos, mientras los empresarios se enriquecen cada vez más”.

Uno de los principales problemas para organizar la resistencia obrera es el miedo que se esconde tras las verjas de las explotaciones agrarias. Las listas negras circulan entre los terratenientes y si alguien se atreve a alzar la voz tendrá muy difícil encontrar trabajo en una provincia donde la agricultura es el gran motor de la economía, y por ende, casi la única alternativa laboral. Además existe una naturalización de los abusos, como si las jornaleras hubieran asumido que la merma de su integridad es una condición implícita en el desarrollo de sus funciones. “Los trabajadores les han puesto a las fincas nombres de cárceles famosas, como Guantánamo o Alcatraz”. Ana entona una sonrisa al otro lado del teléfono: “Me río por no llorar”, advierte al instante, pero conoce en primera persona las consecuencias de romper con las dinámicas de los abusos. “Desde que empecé con la actividad sindical se me han cerrado las puertas de todos los tajos y algún empresario se nos ha cruzado con el coche en mitad de los caminos, pero no nos van a asustar”.

Al igual que Ana, Carmela Cruz tampoco tiene miedo y afirma con rotundidad. “Huelva, durante la campaña de recogida, es un campo de concentración”. Esta veinteañera trabajó durante 3 temporadas en los almacenes, el otro gran nicho del mercado agrícola junto al de la recolección, y a pesar de su juventud conoce bien las conductas vejatorias a las que están sometidos los jornaleros. “Yo pongo la mano en el fuego y digo que el 99 por ciento de los almacenes no hacen las cosas bien. Cuando yo era encargada mandaron a un chaval a hacer palés y le dije al jefe que la carga era demasiado para él, pero no me hizo caso. En mitad de la noche los palés se cayeron y menos mal que el chico estuvo rápido y se apartó, porque de lo contrario lo habrían matado”.

Carmela ejerce ahora como concejala en un pequeño ayuntamiento de la zona, pero no tiene reparos para denunciar la desidia de los organismos oficiales. “Las autoridades ven un fajo de billetes y se les hace la boca agua. Si fuera por la Junta de Andalucía, los jefes se pondrían en las fincas con un caballo y un látigo, como en la esclavitud”.

Aunque ya no tiene una vinculación laboral directa con el trabajo agrícola, su relación con lo que allí ocurre continúa siendo muy estrecha, porque la madre de Carmela se gana la vida en el campo, donde ha experimentado constantemente el desprecio de la patronal por la integridad física de sus empleados. Hace una semana denunció a través de las redes sociales que su madre llevaba 16 horas seguidas trabajando: “Salió a las 10 de la mañana, son las 2.53 de la madrugada y no sabe la hora de salida. Y sin contrato firmado”, escribió en Twitter. “Pasó lo mismo al día siguiente, llamé a la Guardia Civil de Almonte y me dijeron que no podían hacer nada”. Carmela habla con la rabia contenida en la garganta. “No me dijo que estaba sin contrato, porque sabe que no me caso con nadie. Si en mis manos estuviese ardía la fábrica”, y describe un escenario que se asemeja mucho a un régimen de servidumbre: “El salario estipulado por el convenio nunca se cumple y olvídate de las horas extras y los días libres. Ni siquiera pagan la media hora de descanso. Mi madre ha tenido que dejar de trabajar porque sus compañeras se estaban contagiando de Covid, pero decían que lo habían cogido en el supermercado para que no cerrasen el almacén”.

Le pregunto cuál fue la respuesta de los sindicatos cuando denunció públicamente el caso de su madre y Carmela, de nuevo, tiene que tragar saliva. “CC.OO. y UGT dijeron que iban a llamarme, pero todavía estoy esperando. Los únicos que me han ayudado fueron las Jornaleras de Huelva en Lucha y el SAT”. 

Todas las personas, sin excepción, con las que este medio ha contactado coinciden en señalar la ausencia total en el campo onubense de los dos grandes sindicatos. “Ni están ni se les espera. Si no eres uno de ellos les importas una mierda y están más preocupados por los empresarios que por los trabajadores”, asegura un hombre que prefiere mantenerse en el anonimato.

El Sindicato Andaluz de los Trabajadores (SAT) es de las pocas organizaciones sindicales que tienen los pies sobre el terreno, y por tanto, la que concentra en su gran mayoría el resentimiento de los empresarios. “Cuando vamos a los tajos tenemos que ir en grupo de 6 y 7 personas porque nos quieren agredir”. Óscar Reina es su portavoz nacional y mantiene un discurso beligerante contra los abusos de la patronal, a pesar de las amenazas que recibe por realizar su actividad sindical. “Tuvimos que salir corriendo cuando fuimos a los campos a denunciar las condiciones de los trabajadores. La Guardia Civil nos perseguía a nosotros, en lugar de a los explotadores. Entre ellos y los matones de las fincas casi nos dan una paliza”. Tampoco han resultado eficaces los intentos de coacción más sibilinos. “Un empresario me dijo que aquí en Huelva no me iba a faltar de nada. Si este corrupto lo intentó conmigo, lo habrá hecho con otros muchos más y algunos habrán accedido”.

El sindicato lleva años reclamando el cumplimiento de una reivindicación histórica en el campo andaluz, la tan ansiada reforma agraria, que de tanto soñarla parece haberse convertido en una utopía. “Habrá que conquistarla”, reclama Óscar. “El 50 por ciento de la tierra cultivable de Andalucía está en manos de menos de un 2 por ciento de propietarios. Hay que revertir este modelo, no solo en lo relativo al sueldo y a las condiciones de los trabajadores, sino también para generar un tejido productivo agro sostenible”.

Ninguna de las dos cosas será tarea fácil, a tenor de las reacciones de la patronal cuando las administraciones intentan echar un ojo debajo de las alfombras. Las organizaciones agrarias exigieron la dimisión de la Ministra de Trabajo tras anunciar, en mayo del año pasado, inspecciones laborales en el campo para detectar prácticas irregulares. “Como no retire las inspecciones le doy mi palabra de que esta vez no vamos a ser pacíficos”, amenazó Félix Bariáin, presidente de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra. Algo debería temerse y tenía motivos para ello, porque en las 1.647 explotaciones agrarias visitadas por los funcionarios se detectaron irregularidades en el 71,5 por ciento de ellas.

Varios testimonios de jornaleros recogidos por este medio aseguran que las inspecciones son insuficientes y que se avisan con días de antelación. “El año pasado tuvimos una inspección un miércoles. El lunes, los jefes nos advirtieron para que se cumplieran las medidas sanitarias”, declara una trabajadora del campo.

José Antonio Brazo es el delegado del SAT en Huelva y coincide en señalar las debilidades de un sistema que se muestra incapaz de ofrecer los recursos necesarios para combatir los altos niveles de explotación. “Aquí nunca hay suficientes inspecciones porque esto es la jungla. Los abusos están extendidos por toda la provincia”.

El convenio colectivo regula las condiciones de contratación de los trabajadores del campo de Huelva. En el caso de los frutos rojos, los salarios oscilan entre los 5 y los 7 euros la hora y una jornada laboral de 39 horas semanales, no pudiendo superar las 9 horas diarias de trabajo. “El convenio es papel mojado. Hay excepciones, por supuesto, pero en la mayoría de los casos no se cumple. Aquí hay gente que trabaja de 8 de la mañana a 10 de la noche por 20 euros”.

El teléfono de José Antonio “echa humo”, asegura. Cada día recibe llamadas de jornaleros que buscan auxilio para escapar de la dinámica de abusos que hay implantada en el sector. El sindicalista hace memoria y me habla del caso de un empresario que pagaba “4 o 5 euros a las mujeres y las tenía viviendo en una pocilga”, o aquella vez que se topó con 200 inmigrantes indocumentados recogiendo fruta en una finca. En la localidad de Moguer, recuerda, “una mujer abortó en el campo y estuvo 3 días con hemorragias”. Le pregunto si los empresarios son conscientes de estos episodios y José Antonio no titubea en la respuesta. “A esos les da igual todo mientras que les llegue el dinero. Me encontré con uno de ellos en un centro de salud y llevaba un montón de pasaportes. Le dije que quitárselos a los trabajadores era ilegal. ¿Sabés qué me contestó? Que si no lo hacían se escapaban”.

Se toma unos segundos de respiro antes de seguir con la conversación. Es un hombre cercano, que soporta con una sonrisa una batería de preguntas de casi 2 horas, pero José Antonio también está hastiado ante la impunidad de los abusos y el hostigamiento al que ha sido sometido. “Me atraparon con unos periodistas en una carretera muy cortita. Eran unas 20 personas y el cacique se bajó de su Mercedes y me dijo que me iba a meter en la cárcel”. 

Los periodistas a los que se refiere José Antonio son Pascale Müller y Stefania Prandi, de la publicación alemana Correctiv. En abril de 2018 publicaron un extenso reportaje con los testimonios de mujeres marroquíes que denunciaban haber sido víctimas de abusos sexuales durante la campaña de recogida en Huelva. “El supervisor tiene los números de teléfono de todas las mujeres. Nos obliga a tener relaciones sexuales con él y si decimos que no, nos castiga en el trabajo”, asegura una de ellas.

El artículo se apoya en el relato de Josefa Mora, una trabajadora social de un centro de salud, quien declaró que “cuando llegan las temporeras hay un aumento de los abortos”. Según Josefa, en 2016, en las localidades de Palos de la Frontera y Moguer, se produjeron un total de 185 interrupciones de embarazos, “el 90 por ciento de los cuales fueron solicitados por trabajadoras inmigrantes. Ella sospecha que muchos podrían deberse a una violación”, señala la revista.

“Yo intenté localizar a Josefa, pero fue imposible. Está muy marcada, como abra la boca se va a la calle”. Perico Pan es director de La Mar de Onuba, un periódico digital de la provincia de Huelva y uno de los pocos de todo el país que ha dado cobertura periódica a los episodios de vejaciones, abusos y explotación que se suceden en las fincas agrarias. “Los medios suelen ser permeables a las posiciones de los grupos empresariales”. Perico es un periodista incómodo en una zona donde el dinero puede comprar silencios y voluntades. “El gerente de Interfresa, Pedro Marín, lo intentó conmigo ofreciéndome poner publicidad en mi medio. Posteriormente me hicieron una encerrona en un bar donde me invitaron a ser el salvador de la fresa. Me estaban grabando y lo que querían era que yo aceptase su propuesta y tenerme pillado con la grabación”.

Asegura que los abusos sexuales “no son generalizados, pero existen” y recuerda el caso Doñana 1998, la productora de fresas y frutos rojos de Almonte que en junio de 2018 fue denunciada por 10 temporeras marroquíes por impago, malas condiciones laborales, abusos y agresiones sexuales. El juzgado número 3 de La Palma del Condado (Huelva) dictó el sobreseimiento provisional, pero el caso está plagado de irregularidades desde el comienzo.

Belén Liján, de la Asociación de Usuarios de la Administración de Justicia (Ausaj), se hizo cargo de la asistencia legal a las víctimas, a las que acogió en su casa de Albacete debido al grave estado de vulnerabilidad en el que se encontraban. En una entrevista con Catalunya Plural, la letrada manifiesta las “dificultades” a las que tuvieron que enfrentarse durante todo el proceso judicial. “El día 1 de junio, cuando finalmente conseguimos interponer una denuncia, la Guardia Civil accedió a acompañarnos al campo de trabajo dado que habíamos recibido amenazas por parte de la empresa en cuestión. El objetivo era recoger un listado de trabajadoras que querían sumarse a la denuncia. Cuando nos entregaron el listado, vimos que había más de 100 temporeras. Con todo, la única investigación realizada por la Guardia Civil fue la que nos hicieron a nosotros, los abogados y las abogadas denunciantes. No hicieron ni una sola gestión para identificar a las víctimas y permitir que estas también denunciaran. El atestado policial que abrieron el día 1 de junio lo cerraron la mañana siguiente dejando a las víctimas en poder de la empresa. Al día siguiente, expulsaron de España a la mayoría de estas temporeras en presencia de la propia Guardia Civil. Ese mismo 3 de junio, cuando cuatro de las mujeres que habían conseguido escaparse antes de ser devueltas se presentaron al cuartel de la Guardia Civil del Rocío para denunciar abusos y agresiones sexuales, el comandante, que había estado en la finca ese mismo día, mostró una actitud agresiva y negativa. De hecho, tuvieron que romper y volver a hacer declaraciones enteras porque lo transcrito por el agente no coincidía con lo que relataban las denunciantes. Ni siquiera quería que una de ellas denunciara y, ante mis quejas, me espetó: ‘¿A quién cree que creerá el juez, a usted o a mí?’ En veinte años, nunca había visto nada parecido”.

Otro caso que todavía está en los tribunales es el de un capataz de una finca de Moguer que se enfrenta a 4 años y medio de cárcel por presuntos delitos de acoso y abuso sexual cometidos contra cuatro temporeras. Según la fiscalía, accedía sin permiso a las viviendas donde residían las mujeres mientras se estaban duchando e intentaba coaccionarlas realizando gestos obscenos. En una ocasión se acercó a una de las víctimas con el pretexto de explicarle cómo debía recoger la fruta para a continuación “cogerla por la cintura y tocarle los pechos con ánimo libidinoso”, remarca el escrito del fiscal.

“Cuando una de estas mujeres quiso denunciar se puso en contacto con el PRELSI e intentaron disuadirla. Acudió a la Guardia Civil acompañada por el SAT, pero le dijeron que no podían atenderla y que volviese luego. Estoy convencido de que el agente que habló con ella se puso en contacto con la patronal para avisarles, porque cuando la mujer regresó cambió totalmente su relato y dijo que se había tratado de una agresión mutua”. El PRELSI del que habla Perico Pan es el Plan de Responsabilidad Ética, Laboral y Social creado por la patronal de Interfresa para “conseguir el mayor grado de satisfacción de todos los agentes productivos del sector (jornaleros, agricultores, empresas, asociaciones…) y contribuir a un escenario de cooperación con los máximos niveles de respeto y ética laboral”, según se lee en su página web.

“Es un equipo de mediadores contratados por la patronal que hablan árabe y que se pasean por las fincas. Si un trabajador denuncia algún tipo de abuso, se lo trasladan Interfresa para que ellos decidan si dan parte o no a las autoridades. Cada vez que hay un problema aparece el PRELSI y el trabajador ya no quiere hablar”, asegura Ana Pinto, de Jornaleras de Huelva en Lucha. “¿El PRELSI?”, se pregunta Seydou Diop, portavoz de ASNUCI: “Son traductores pagados por la empresa que defienden a los jefes. Necesitamos personas independientes que acompañen a nuestros compañeros”.

Por su parte, Interfresa esgrime que hasta la fecha solo existe una condena en firme relacionada con el sector, sucedida en 2009, contra una capataz por coacciones en el trabajo, y asegura que mantiene una posición de “tolerancia cero” contra cualquier tipo de abuso. No opina lo mismo el testimonio de una jornalera recogido por este medio, que asegura que hay “jefes que son unos babosos”. Y añade: “Un jefe les dijo a un grupo de chicas que se pusieran a trabajar, pero que la más joven tenía que irse con él, ya te puedes imaginar para qué”. 

El perfil de las personas que denuncian abusos, vejaciones o malos tratos tiene dos variables en común, son mujeres y en su mayoría de origen marroquí. “Todos las trabajadoras sufren la explotación, pero hay una escala. Las nacionales son las que menos se ven afectadas, luego están las que vienen de Europa del este y por último las de Marruecos y el África subsahariana”, cuenta Óscar Reina.

Resulta muy difícil acceder a estas mujeres, porque tienen miedo a las represalias y a perder un puesto de trabajo que es el sustento para toda la familia. Sin embargo, Noor A. Lamarty, activista legal en la zona MENA (Medio Oriente y norte de África) y fundadora de Women by Women, ha logrado entrevistarse con alguna de ellas para Kamchatka. “Trabajamos sin descanso, en condiciones horribles y a veces acabamos en el hospital con lesiones en la espalda”, denuncia S. Otra mujer, a la que hemos llamado con la inicial F. asegura que “tiramos de carretas con muchos más kilos de los estipulados y aumentan proporcionalmente con el paso de los días. De lunes a domingo, sin descanso, nos vamos consumiendo lentamente”. Para J. en los campos de Huelva se practica un régimen totalitario de esclavismo y control. “Nos llevan a los pueblos media hora a la semana, pero no nos dejan estar solas en ningún momento y así no podemos pedir ayuda. Si haces cualquier cosa te juegas la expulsión. Si te pasa algo no te atreves a contarlo, porque en mi finca todos los encargados son familia”.

Los testimonios inciden en otro rasgo común de las temporeras marroquíes, la escasez de formación académica, como le sucedió a H., que no tuvo oportunidad de cursar estudios. “Nosotras no sabemos nada, pero confiábamos en ellos, en los jefes. Firmé un contrato de 7 hojas, pero no sabía qué ponía. Tenía muchas dudas, porque a lo mejor me había comprometido a hacer algo que no quería”.

Como muchas otras mujeres en su misma situación, M. se endeudó para costear los trámites que le permitieran viajar a Huelva. “Pedí un préstamos que todavía hoy debo”, asegura. Y añade. “Nuestros hijos pequeños nos necesitan, necesitan a sus madres. ¿Quién se alejaría dos o tres meses de su familia si tuviera otra opción? Nosotras vamos porque no tenemos otra alternativa para subsistir. No hacemos nada malo, no merecemos que nos traten mal”.

La última pregunta de este reportaje resulta evidente: ¿Por qué estas mujeres continúan viniendo a España año tras año sabiendo las condiciones que tendrán que afrontar? La respuesta lo es aún más. “El hambre es el látigo que azota en los campos de Huelva y por eso las jornaleras están dispuestos a tragar con lo que sea”, concluye José Antonio Brazo. 

—https://www.kamchatka.es/es/huelva-frutos-rojos-campo-concentracion

Liberan de la cárcel a un médico argentino a condición de que se calle la boca sobre la pandemia

El fundador de Médicos por la Verdad de Argentina, Mariano Arriaga, quedará en “libertad condicional” tras pagar una fianza de 200.000 pesos y tendrá prohibido convocar y participar de movilizaciones. En caso de volver a organizar algún tipo de acto, como el realizado en Rosario el 25 de mayo, volverá a quedar detenido.

Este jueves se presentaron a la audiencia imputativa Arriaga y otros dos imputados, entre ellos, un médico concejal chaqueño. En el caso de los otros imputados, también fueron liberados, pero con condiciones más leves y deberán pagar una fianza de 100.000 pesos cada uno.

Arriaga y los demás fueron detenidos e incomunicados el pasado 25 de mayo mientras participaban en una manifestación en el Monumento a la Bandera en Rosario. Dicha manifestación fue promovida con el objetivo de llamar a un debate científico sobre el coronavirus y cuestionar las restricciones impuestas por el gobierno argentino.

En referencia a Arriaga, la jueza penal de Rosario, María Trinidad Chiabrera, remarcó que “su situación es diferente” a la de los otros imputados, ya que pudo acreditar la “probable participación en los delitos que le imputaron” y remarcó que deberá cumplir “sí o sí” con la sentencia, “porque si no va a quedar detenido y complicado”.

Además, tiene la “prohibición total y absoluta de participar y convocar por cualquier medio a reuniones, marchas mientras se mantengan vigentes las medidas sanitarias contra el covid” y está obligado a la constitución de domicilio en la ciudad de Rosario y “prohibición de salir del país”.

El fiscal del caso, Marcelo Vienna, había acusado a Arriaga, al concejal de la localidad chaqueña de Las Breñas, Juan Domingo Schanovskoy, y al médico José Luis Gettor, de instigación a cometer delitos al “incitar e inducir públicamente mediante la difusión por diferentes redes sociales de acceso público” a la convocatoria al Monumento a la Bandera, violando el decreto que prohíbe los encuentros sociales para evitar la propagación de la pandemia.

El fiscal también imputó a Arriaga por mantener una reunión social “con más de 10 personas” sin mascarilla en un domicilio de Rosario.

—https://kontrainfo.com/liberan-al-fundador-de-medicos-por-la-verdad-mariano-arriaga-a-condicion-de-no-participar-ni-convocar-a-nuevas-reuniones-ni-marchas-lo-obligan-a-pagar-250-000-de-caucion/

Comienza el ‘cierre perimetral’ de la Unión Europea: Bruselas revisa el Tratado Schengen

La Comisión Europea ha anunciado un plan para revisar las normas del espacio Schengen para crear otro más controlado y restringido. El plan se une al llamamiento de Macron para reformar el control de fronteras de la Unión Europea. La previsión es que la nueva política fronteriza del espacio Schengen se establezca este mismo verano.

Adiós a la libertad de desplazamientos. Comienza un “cierre perimetral” a escala europea, una de las novedades que han llegado para quedarse y contra las nadie protestará. Bruselas revisará el código sobre las fronteras del espacio de libre circulación Schengen, la identificación, la cartilla sanitaria, los pasaportes, los visados y otros requisitos para entrar, salir y moverse dentro de la Unión Europea.

En el futuro los “sin papeles” seremos casi todos. Hay que reunir tantos documentos para viajar que va a ser imposible reunirlos todos. La palabra de moda será “Etias” (Sistema Europeo de Información y Autorización de Viajes), un tinglado burocrático que ya tiene su propio sitio en internet. Su entrada en funcionamiento está prevista para finales del año que viene.

Los cambios pretenden reforzar los controles y los mecanismos de identificación de las personas. Además pretenden cambiar las normas actuales de entrada, sin comprometer la libertad de circulación —según dicen— salvo “como medida de último recurso y por un periodo de tiempo limitado”, aunque es de sobra conocido qué es lo que entienden por “último recurso” (que suele ser el primero) y por “tiempo limitado” (que suele ser para siempre).

Bruselas quiere introducir más políticas discriminatorias, incluso para los viajeros que estén exentos de visado, que también tendrán que registrarse en línea antes de entrar en Europa. Para ello han creado Etias, que consideran esencial para “proporcionar a los guardias de fronteras la información que necesitan para saber quién cruza las fronteras de la UE”. Unos tienen las puertas abiertas y otros nunca lograrán cruzar el umbral porque siempre falta algún papel.

La palabrería con la que envuelven en Bruselas estas reformas oscilan entre “terrorismo” y “pandemia”, pero no hay ninguna diferencia entre uno y otro porque, como hemos repetido tantas veces. En Europa un apestado es un terrorista, y al revés.

Por ejemplo, el visado “Etias” está calcado del modelo de cartilla sanitaria y de vacunaciones que acaban de aprobar en Bruselas. Los viajeros deberán responder a un cuestionario inquisitorial para que la policía pueda admitir su entrada en Europa, basándose en información sobre inmigración, seguridad, antecedentes penales, salud, vacunas…

Otras reformas están en la linea abierta por las nuevas tecnologías (reconocimiento facial) y la colaboración represiva, tanto entre policías como entre jueces, el intercambio de información, los controles policiales y los equipos conjuntos de investigación.

Decir que el coronavirus procede de un laboratorio ya no es propio de conspiranoicos

Por fin, decir que el coronavirus procede de un laboratorio ya no es propio de conspiranoicos. ¿Por qué? Porque ya lo ha dicho la tele. ¿Y por qué lo ha dicho la tele? Porque el gran Anthony Fauci ha abierto la veda.

Facebook ya ha modificado sus algoritmos informáticos y dejará de borrar las entradas que hablen de ello.

En un año la censura ha cambiado. Es más, ahora mismo una parte de la teoría de la conspiración empieza a interesar a la propaganda imperalista. Lo diré con otras palabras: ahora la doctrina oficial es la conspiranoia.

¿Por qué ha cambiado el canon doctrinal? Por las necesidades de intensificar la campaña de presión contra China. Como ven, China está al principio y al final de la pandemia, a pesar de que en China no ha habido ninguna pandemia.

En consecuencia, en esta pandemia no hay otra cosa que decisiones políticas revestidas en una jerga seudocientífica.

¿Qué es lo que la tele nunca a contar? Que el laboratorio de Wuhan estaba en China, pero no era chino, sino estadounidense. Como ya hemos contado aquí, fue el propio Fauci quien puso el dinero para hacer en China lo que no podía hacer en Estados Unidos.

Ahora los “expertos” pasarán por alto explicar cómo es posible que un virus (o dos, quizá) se “escapen” de un laboratorio. ¿Se disfrazaron para no llamar la atención?, ¿fue sin querer?, ¿se quedaron pegados a la suela de los zapatos de algún virólogo despistado?

Una vez que los virus lograron su ansiada libertad, ¿cómo se reprodujeron?, ¿por generación espontánea?

Las imbecilidades de los “expertos” están creando —delante de nuestros ojos— nuevas leyendas modernas, que se han incorporado al acervo ideológico de la humanidad. Una de ellas concierne a los virus y aparece en términos, como “viralidad”, que indica una multiplicación exponencial de algo.

Pero los virus no son seres vivos y, por lo tanto, no se pueden reproducir. Los virus, cuyo estatuto científico deja mucho que desear cien años después de su descubrimiento, forman parte de la fisiología celular, tanto en estado de salud como de enfermedad.

El origen de los virus no está en ningún laboratorio. Los virus existían antes que los laboratorios. El origen que andan buscando desesperadamente los “expertos” no está en otro virus sino en una célula. Son ellas las que fabrican virus y los expulsan, en la misma medida en que los incorporan del exterior.

Una de las tesis más estúpidas de las seudociencias modernas, que está en todos los manuales, es esa de que “los virus se apoderan de la maquinaria celular para reproducirse”.

A partir de ahí sólo cabe esperar delirios, como el que padecemos desde hace un año.

Más información:
— Un cuento chino: el laboratorio de Wuhan estaba financiado por Estados Unidos
— Wuhan: el regreso al escenario del crimen no encuentra el rastro que esperaba
— La CNN descubre el ‘Expediente Wuhan’ y lo encuentra vacío
— El coronavirus ya circulaba por Estados Unidos antes de que lo detectaran en Wuhan

¿Tiene la vacuna de Moderna ingredientes que no son aptos para el uso médico?

El Estado de Connecticut ha publicado un listado de ingredientes que acompañan a la vacuna de Moderna (1). Entre ellos está el SM-102, una sustancia fabricada por la empresa Cayman Chemical que “no está destinada al consumo humano o veterinario”, según su ficha técnica (2).

Normalmente el SM-102 es un lípido que se estabiliza diluyéndolo en cloroformo. El producto final contiene 9 partes de cloroformo por cada una del lípido.

El cloroformo es un tóxico conocido. En la ficha técnica de seguridad del producto, la empresa fabricante, Cayman Chemical, lo describe como un componente peligroso. De ahí que las empresas de biotecnología vendan el SM-102 sólo con fines de investigación.

El cloroformo figura como componente del SM-102 en la ficha técnica de Cayman Chemical en el apartado “otros ingredientes”.

Al conocerse la composición de la vacuna, los medios han salido en defensa de Moderna, asegurando que no contiene cloroformo y que recurre al SM-102 para introducir el material genético ARNm en las células humanas.

La polémica en torno al SM-102 es propia de conspiranoicos, dicen medios como Newsweek (3), siempre al rescate del Pentágono y la industria farmacéutica. El director de investigación farmacéutica de la Universidad de Reading, Al Edwards, sale al paso diciendo que ciertos disolventes se utilizan a menudo para preparar determinadas sustancias, como los lípidos, aunque luego se eliminan.

“No conozco el proceso exacto utilizado para fabricar la vacuna Moderna, pero incluso si se disolviera el lípido en un disolvente como el cloroformo, cualquier cantidad residual de disolvente que quedara en la vacuna -si no se eliminara por completo- se mediría con mucha precisión y se incluiría en la lista de ingredientes”, añadió Edwards.

Pero si la vacuna de Moderna no contiene cloroformo, ¿qué sustancia incluye para que la molécula no se rompa? No está nada claro, pero se ha desatado una polémica que ha obligado a Cayman Chemical a publicar un comunicado de prensa para aclarar que el SM-102 está destinado exclusivamente a la investigación, a un uso in vitro o animal (exploratorio o preclínico).

Contenga o no cloroformo, el SM-102 no está destinado al uso veterinario, ni humano. No debería formar parte de una vacuna porque es un producto químico fabricado sin someterse a los procedimientos vigentes en la farmacia.

Como ya hemos explicado en otra entrada, la fabricación de la vacuna de Moderna ha sido dirigida por el Pentágono.

(1) https://portal.ct.gov/-/media/DDS/COVID-19_2021/DPH_covidvaccine_ingredients_and_work_2_3_21.pdf
(2) https://www.caymanchem.com/product/33474/sm-102
(3) https://www.newsweek.com/moderna-covid-vaccine-ingredient-conspiracy-theory-debunked-1592553

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