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Mes: abril 2021 (página 7 de 11)

Francia desafía el toque de queda para cantar y bailar en las estaciones

Queremos seguir bailando de nuevo
ver cómo nuestros pensamientos abrazan nuestros cuerpos
pasar nuestra vida en un pentagrama de acordes
Oh, no, no, no, no

Somos aves de paso
nunca dóciles ni verdaderamente sabios
No prometemos sumisión
al alba en cualquier circunstancia

Venimos a romper el silencio
y cuando por la noche en la televisión
habla el buen rey
y anuncia su dictamen,
mostramos irreverencia
pero siempre con elegancia

Auto-metro-curro-consumo
firmamos nuestra autoinculpación
tonterías sobre la prescripción
Y pobre del que piense
y ay del que baile

Toda medida autoritaria
cada tufillo de seguridad
hunde nuestra confianza
Son tan insistentes
Para confinar nuestra conciencia
Oh, no, no, no, no

No nos dejemos impresionar
por toda esa gente irracional
vendedores de miedo en abundancia
Mantengámoslos a raya
penosos hasta el punto de la indecencia
Por nuestra salud mental
Por nuestra cordura social y medioambiental

Nuestras sonrisas, nuestra inteligencia
No nos quedemos sin resistencia
Los instrumentos de su locura
Oh, no, no, no, no

Nous, on veut continuer à danser encore
Voir nos pensées enlacer nos corps
Passer nos vies sur une grille d’accords
Oh, non, non, non, non, non

Nous sommes des oiseaux de passage
Jamais dociles ni vraiment sages
Nous n’faisons pas allégeance
À l’aube en toutes circonstances

Nous venons briser le silence
Et quand le soir à la télé
Monsieur le bon roi a parlé
Venu annoncer la sentence
Nous faisons preuve d’irrévérence
Mais toujours avec élégance

Auto-métro-boulot-conso
Auto attestation qu’on signe
Absurdité sur ordonnance
Et malheur à celui qui pense
Et malheur à celui qui danse
Chaque mesure autoritaire
Chaque relent sécuritaire
Voit s’envoler notre confiance
Ils font preuve de tant d’insistance
Pour confiner notre conscience
Oh, non, non, non, non, non

Ne soyons pas impressionnables
Par tous ces gens déraisonnables
Vendeurs de peur en abondance
Sachons les tenir à distance
Angoissants, jusqu’à l’indécence
Pour notre santé mentale
Sociale et environn’mentale

Nos sourires, notre intelligence
Ne soyons pas sans résistance
Les instruments de leur démence
Oh, non, non, non, non, non

Originalmente “Danser encore” es una canción de Colagero que ha sido versionada por HK & Les Saltimbanks para convertirse en un himno contra el confinamiento que está siendo interpretada en las estaciones ferroviarias de París, violando las restricciones sanitarias.

Un tribunal levanta todas las restricciones sanitarias impuestas a los niños en las escuelas de Alemania

La semana pasada el Tribunal de Familia prohibió, con efecto inmediato, que dos escuelas de Weimar exigieran a los alumnos que llevaran mascarillas de cualquier tipo, les impusieran ninguna distancia seguridad entre ellos y les obligaran a hacerse pruebas de coronavirus.

Al mismo tiempo, el Tribunal obligó a mantener la enseñanza presencial en las aulas.

La demandante fue una madre que exigió a los jueces que protegieran a sus dos hijos, de 14 y 8 años porque estaban sufriendo daños físicos, psicológicos y educativos, sin que eso se compensara con ningún beneficio para los niños o para terceros.

Tras examinar las pruebas, especialmente las periciales, el Tribunal le dio la razón a la madres y concluye que las restricciones sanitarias representan un peligro inmediato para el bienestar mental, físico o psicológico del niño, hasta el punto de que, si siguen desarrollándose, es casi seguro que se produzcan daños considerables.

“Tal riesgo está presente aquí. De hecho, los niños no sólo corren peligro en su bienestar mental, físico y psíquico, en particular por la obligación de llevar mascarillas durante el horario escolar y de mantener la distancia entre ellos y con otras personas, sino que también se ven perjudicados. Esto viola numerosos derechos de los niños y sus padres en virtud de la ley, la constitución y los convenios internacionales. Esto se aplica, en particular, al derecho al libre desarrollo de la personalidad y a la integridad física del artículo 2 de la Ley Fundamental, así como al derecho del artículo 6 de la Ley Fundamental a la educación y al cuidado por parte de los padres”, dice la sentencia.

Los equipos directivos de las escuelas, los profesores y otras personas no se pueden amparar en las disposiciones de la ley estatal en las que se basaban las medidas, ya que eran inconstitucionales y, por tanto, nulas porque violan el principio de proporcionalidad.

Según el principio de proporcionalidad, las medidas destinadas a alcanzar un objetivo legítimo deben ser adecuadas, necesarias y proporcionadas en sentido estricto, es decir, cuando se sopesan las ventajas y los inconvenientes. Las medidas que no se basan en pruebas […] son inadecuadas para alcanzar el objetivo fundamentalmente legítimo que persiguen, a saber, evitar la sobrecarga del sistema sanitario o reducir la incidencia de la infección por el SRAS-CoV-2. Pero son desproporcionadas en el sentido estricto de la palabra, ya que las considerables molestias/daños colaterales que conllevan no se ven compensadas por ningún beneficio perceptible para los propios niños o para terceros”, añade la resolución judicial.

“Debe subrayarse que no son los interesados quienes deben justificar la inconstitucionalidad de la vulneración de sus derechos, sino que el Estado Libre de Turingia, que vulnera los derechos de los interesados mediante sus disposiciones de Derecho público, debe demostrar con las pruebas científicas necesarias que las medidas que prescribe son adecuadas para alcanzar los objetivos previstos y, en su caso, proporcionadas”, concluye.

No obstante, aún más interesante que la sentencia son los informes periciales presentados en el juicio, tanto sobre las mascarillas, como sobre la distancia social o la llamada “enseñanza a distancia”, que intentaremos traducir o, al menos, resumir.

La parte más interesante de dichos informes son los relativos a la experiencia acumulada en Austria, donde los niños siguen acudiendo a clases presenciales a las escuelas sin ninguna clase de mascarillas porque, además de no servir para prevenir nada, perjudican seriamente la salud de los alumnos.

Por lo demás, las conclusiones del juez y de los peritos judiciales sobre las pruebas de coronavirus, tanto la PCR como las “rápidas”, son harto conocidas: esas pruebas no prueban nada.

—https://2020news.de/sensationsurteil-aus-weimar-keine-masken-kein-abstand-keine-tests-mehr-fuer-schueler/

Recicle su viejo ordenador, coche o lavadora, porque se viene una quiebra profunda de la producción de chips

La escasez de semiconductores sigue causando estragos en las cadenas de suministro mundiales de las industrias automotriz y tecnológica. Los fabricantes de semiconductores producen cientos de diferentes tipos de chips. Intel, Qualcomm y Nvidia fabrican algunos de los más caros, pero la escasez no es con los chips más caros. Según Bloomberg, la escasez se encuentra entre los chips controladores de pantalla de un dólar, vitales para la producción en serie. Leer más

Mamá, Pepito no se deja pegar, buaaaahh

Si hay algo que eriza los cabellos y pone la piel de gallina de terror a la burguesía es la violencia organizada del pueblo. Cualquier manifestación de ella, por mínima que sea, pondrá en alerta roja todos sus mecanismos de condena de la misma, lo mismo metafísicos: la violencia genera más violencia, la violencia no sirve de nada, etc., que físicos: todo su aparataje represivo e ideológico puesto en aguardo a la busca y captura de la presa disidente, lo mismo un rapero que un manifestante.

De la primera se encargan los «intelectuales» áulicos, y de la segunda la policía y los medios de desinformación de masas. No toleran la mínima expresión de malestar que se salga de los cauces pacíficos y rebasen el panfilismo lanar. Han aprendido que una chispa puede incendiar la pradera, que decía Lenin.

Lo hechos violentos ocurridos en la Plaza Roja de Vallecas (Madrid) se han producido como reacción defensiva a una provocación de un fascista defendido por esbirros uniformados de corte fascista. Si no, Abascal y su cuadrilla ni se hubieran movido. Los manifestantes fueron a expresar su rechazo y no a reventar nada, pero, aún así, fueron molidos a palos, incluso provocando la bronca infiltrando fascistas tirando piedras y ladrillos para dar pie a la intervención policial. Todo esto es sabido y no merece la pena entrar a «discutir» con gente venal y vendida haciéndoles el juego.

Con el fascismo no se discute, se le combate, como bien decía una leyenda urbana.

Más relevante es saber que no fue a iniciativa popular que se iniciaran los «incidentes», y aún así, todos los voceros del discurso-mantra dominante pierden los nervios y cargan enloquecidamente contra una actitud de autodefensa. Pues qué será el día que pasen al ataque sin complejos, podría decir un castizo. En realidad, se trata de hacer «saber», escarmentar, al pueblo de quién es la calle. Y quién tiene el monopolio de la violencia, esto es, del Estado fascista, como con Franco la calle era de Fraga. No se permitirá ni el menor atisbo de tomas de bastillas ni palacios invernales.

Distinta clase de violencia -esta vez justísima, como la autodefensiva de Vallecas- es, por ejemplo, la habida en las calles de Barcelona cuando el referéndum por la independencia de Catalunya. Noches y noches con las calles en llamas. Enfrentamientos con la Policía, una Policía que recula y retrocede ante los ataques de unos manifestantes no dispuestos a ceder en nada y plantar batalla, bien que desigual, pero firme. O las reacciones, ya en todo el Estado español, por la demencial prisión de Pablo Hasel.

Ya estamos ante una batalla pensada, decidida, firme, aunque no organizada, pues, de estarlo, ya hablaríamos de asonadas, rebeliones y hasta revoluciones. No es así, pero el masajeo y el lavado cerebral -como ocurre con la pandemia actual- continúa, incluso apelando a instintos y bajas conciencias ante un escaparate o un contenedor ardiendo. Pero hay algo cualitativamente distinto que diferencia estas respuestas de otras superiores, y es que estas últimas dejarán mudos a las voces de sus amos. Y a sus brazos armados, paralizados.

Es cuando el niño señorito se quejará llorando ante su mamá-Estado que el niño obrero no se deja ni torear ni pegar.

‘Mi madre no murió por la covid sino por el abandono’, dice la hija de una fallecida en un asilo

Ha pasado un año mamá. Pasa el tiempo pero es como si fuese ayer… Es mi tortura diaria, mi rabia, mi dolor, que el tiempo no me alivia. A veces me ronda en la cabeza que en cualquier momento me llaman para decirme que se han equivocado otra vez y que tú sigues viva. Digo esto porque el no poder despedirnos de ella, el no haber podido acreditar personalmente su fallecimiento hace que tenga dudas de su desenlace, después de las numerosísimas mentiras que nos tuvieron diciendo cada día. A mi madre no la mató el covid, a mi madre la mató el abandono, el estar más de dos semanas atada en una cama, sin los cuidados más básicos y sin un mísero vaso de agua. Si algunos auxiliares o enfermeros, dirigentes de cualquier índole, limpiadores, cocineros que estuvieron allí (en Caser, Santo Ángel), en aquellos días, tienen algo de sensibilidad humana, si alguno cree que tiene algo pendiente que le tortura, lo mejor que puede hacer es contar o denunciar lo que vio y vivió en este centro, así podrá encontrar su descanso, de lo contrario para mí personalmente, es cómplice de la crueldad en la que murieron nuestros padres y madres.

Un responsable del área de la gestión de las residencias me dijo que para la mayoría de ellos ya les había llegado su hora. Y yo le digo a este señor, ¿acaso es usted Dios que todo lo sabe? ¿La hora de morir de una persona es con dolor y sufrimiento? ¿Es estar atadas en la cama semanas sin atención, sin cambio de pañales, sin comer, sin beber? Solos. Abandonados a su suerte. ¿Esa es su hora? ¿Ese es su final? ¡Pues vaya castigo! ¿Por qué y con qué derecho?

Yo he sido su responsable hasta el 1 de marzo que fue la última vez que la vi, después ya no pudo ser por el estado de alarma, que me pareció correcto, pero hasta el día de su fallecimiento, la poquísima información que desde la residencia me llegaba, ha sido para mentir sobre el estado de mi madre. Fueron días de angustia, dolor e impotencia al no saber nada de ella.

Mi madre muere por la mala gestión de la residencia y por las Administraciones públicas que se suponen que tomaron el mando para atender a los residentes de Caser y no hicieron prácticamente nada. Allí fallecieron más de 40 residentes en esas semanas.

Y yo le digo a la justicia:

¿Responsables?… Mi madre es responsabilidad mía, así lo dictó su Señoría. Usted me dejó ese encargo, y no lo he podido cumplir… No me han dejado cumplir ese mandato que me asignó. Aparte del amor que tengo a mi madre y querer cuidarla, es mi deber vigilar para que esté donde esté, viva bien, medicada y atendida correctamente y con dignidad. No me han dejado hacer nada por ella. He pedido socorro, auxilio, he pedido que la trasladaran a un hospital, incluso después de suplicar una
videollamada para ver cómo estaba y ver el deterioro en el que se encontraba, he tenido que luchar para que le dieran agua o ponerle un suero. Son seres indefensos, totalmente dependientes, como niños. Mi deber es proteger a mi madre y como madre proteger a mis hijos y tutelados, pero no me han dejado. Señoría, esto que le expongo, sólo son matices de lo que he podido vivir durante esos días entre el 23 de marzo y el 2 de abril que fue cuando falleció.

A la Administración regional y a la dirección de Caser, le digo:

¿Quiénes son ustedes para decidir su final? ¿Para decidir que ya es su hora? Nuestros padres y madres no necesitaban paliativos para morir, necesitaban cuidados para vivir y esos cuidados son los que les negaron. Se perdió tiempo, un tiempo precioso y preciso que costó las vidas de nuestros padres y madres por la mala gestión de quien presume dirigirnos, un tiempo muy valioso para salvarles la vida. ¿Para 230 residentes no había médicos en toda nuestra Región? ¿Acaso no había suficientes hospitales donde darle una atención digna? Las familias hemos sido maltratadas, nos han mentido sobre nuestros padres y madres, sobre su estado de salud, diciendo por la mañana que estaba bien y 12 horas después habían fallecido. Todo mentiras y esto tiene que tener su condena. Se quedaron solos y esto tiene que ser investigado y condenado. Repito como tantas veces y no me canso porque no lo puedo aceptar: ¿Por qué? ¿Por qué en marzo y abril, en nuestra Región de Murcia, en nuestra queridísima Región, si no había colapso en los hospitales, había UCI, personal, material… no los atendieron con los medios necesarios? ¿Por qué? ¿Por qué se les negó esa oportunidad, ese derecho fundamental que era suyo?

¿Y qué se ha hecho? Nada… Absolutamente nada, sólo consentir y mirar a otro lado. ¡Qué perverso! ¿Es normal que una hija ruegue en repetidas ocasiones una videollamada para despedirse de su madre, para darle el último adiós y que se lo nieguen?, ¿es normal que un marido quiera dar el último “te quiero” a su mujer y se lo nieguen?

¿Pero qué somos como sociedad? ¡Vulneraron sus derechos con sus protocolos de vergüenza! ¡Fueron abandonados a su suerte y esto es maltrato! Por ello, ni olvido ni perdono. Por ello, pedimos y exigimos justicia para los que fallecieron, para los que dejaron morir de la manera más cruel. Pedimos y exigimos una ley de residencias estatal que considere un cambio de modelo como una inversión en calidad de vida y no como un gasto.

Sonia Vivo, miembro de la Plataforma Marea de Residencias, carta a su madre como un homenaje al cumplirse un año de su muerte en la residencia Caser de Santo Ángel

—https://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2021/04/10/madre-murio-covid-abandono-46403561.html

El volcán de una isla caribeña entra en erupción pero evacúan sólo a los vacunados

El viernes el volcán La Soufriere, situado en la isla caribeña de San Vicente, entró en erupción, enviando una columna de ceniza de 10 kilómetros al cielo. Las 16.000 personas que viven en la zona cercana al volcán trataron de huir, pero ¿a dónde?, ¿cómo salir de una isla?

El primer ministro Ralph Gonsalves echó más leña al fuego de la confusión al decir que no iban a ir a ninguna parte sin vacunarse antes. Sólo hay una cosa peor que un volcán echando lava por los costados como si fuera baba: el maldito coronavirus.

Para complicar aún más las cosas, San Vicente recibió su primer envío de vacunas sólo dos días antes de la erupción. Es posible que el gobierno trate de detener la erupción volcánica para que les de tiempo a preparar las jeringuillas…

No hay nada claro. ¿Que pasará con quienes se nieguen a vacunarse?, ¿los dejarán tirados en tierra? “Los cruceros están evacuando a la gente de la isla”, anunció la cadena CBS, añadiendo que “sólo a los vacunados se permitiría salir de la isla”.

En una rueda de prensa el primer ministro confirmó que los evacuados tendrían que recibir la vacuna antes de embarcar en cualquiera de los cruceros que iban a evacuar a la población.

Las islas vecinas de Santa Lucía, Granada, Barbados y Antigua aceptarían a los evacuados, pero sólo si llegaban ya vacunados.

—https://twitter.com/DrewHLive/status/1380907494252290049

El exceso de mortalidad en España durante la pandemia

Por alguna extraña razón, quienes sustentan la doctrina oficial sobre la pandemia suponen que los críticos minusvaloramos su importancia, o quizá el sufrimiento de los enfermos, o sus familiares, o los trabajadores sanitarios. Es muy común decirnos que si hubiéramos tenido alguna víctima cercana cambiaríamos de opinión.

Incluso hay quien se molesta cuando escucha que los fallecidos no lo han sido por un misterioso “covid” sino por cualquier otra razón.

Este tipo de interlocutores han asumido un punto de vista emocional sobre la pandemia, fundamentado sobre el miedo, y no es sencillo introducir algún argumento racional, sobre todo si se trata de cifras.

No obstante, hay que intentarlo, y creo que habrá un acuerdo bastante amplio si afirmo que en una pandemia deben concurrir al menos dos circunstancias: debe existir un exceso de mortalidad y se debe poder imputar el mismo a una enfermedad, catalogada como contagiosa.

Un planteamiento así deja de lado varios aspectos capitales, con los que podría llenarse un extenso tratado. El primero es que los gobiernos han mentido sistemáticamente sobre todos y cada uno de los aspectos de la pandemia, incluida la cifra de muertes, por lo que no queda otra que recurrir a un concepto indirecto como el “exceso de mortalidad”.

El segundo es que esta pandemia es un fenómeno internacional. El tercero es que involucra aspectos capitales que desbordan a la sanidad, incluida la sanidad pública. El cuarto es comprobar si las medidas represivas aprobadas han tenido por objeto contener un contagio realmente y, en caso afirmativo, si han sido proporcionales al problema que trataban de solucionar.

En cuanto a este punto es necesario tener en cuenta que estamos asistiendo a la más brutal intervención del Estado sobre la sociedad que ha conocido la historia, por lo que el problema sanitario ha tenido que ser de unas dimensiones muy importantes. Si no es así, es porque dicha intervención ha tenido otros objetivos diferentes de los sanitarios.

El primer interrogante deja lugar a pocas dudas, a mi juicio: el año pasado en España hubo un importante exceso de mortalidad, superior al que indican las cifras oficiales y que no van a estar lejos de los 80.000 fallecidos. En los cinco años previos a la pandemia, en España murieron 420.000 personas anualmente, como promedio, y es posible que el año pasado llegaran al medio millón. En términos relativos la mortalidad ha crecido, pues, un 19 por ciento.

Son cifras muy elevadas y, sin embargo, no son las mayores que se han conocido en la historia. Desde luego que son inferiores a la epidemia de “gripe española” de hace cien años, cuando el número de fallecidos se multiplicó por cuatro respecto a los años anteriores.

Podemos continuar exponiendo cifras parecidas para realizar comparaciones, más o menos gráficas. Por ejemplo, han muerto y siguen muriendo más enfermos por dolencias que no tienen que ver con la pandemia y, sin embargo, nunca han merecido una atención pública proporcional. Cualquier clase de comparaciones que podamos imaginar ponen de manifiesto que la pandemia no ha sido un fenómeno sanitario extraordinario y que lo único realmente extraordinario han sido las medidas políticas aprobadas.

El aspecto fundamental de la pandemia es, no obstante, averiguar las causas de los fallecimientos, otro aspecto en el cual las versiones oficiales son falsas. Fueron apuntadas por la revista The Lancet y se resumen en que no todo el exceso de mortalidad habido durante la pandemia se puede atribuir a una única enfermedad. En otras palabras, no todos han muerto por la misma enfermedad y, además, esa enfermedad no es única para cada uno de los muertos, es decir, que la inmensa mayoría de ellos fallecieron por efecto de varias comorbilidades anteriores a la pandemia.

El que no entienda esto nunca entenderá nada, ni de esta pandemia ni de ninguna otra, pasada o futura.

A partir de ahí se pueden ir poniendo encima de la mesa otros aspectos, que también son importantes y de los que voy a destacar algunos.

En primer lugar, con la pandemia no ha aparecido ninguna enfermedad nueva que la medicina no conociera y no fuera capaz de tratar. Como en otras pandemias anteriores, el llamado “covid” es un refrito de enfermedades ya conocidas, que se han agrupado bajo una misma denominación y a las que se les ha cambiado el nombre previo que tenían.

En segundo lugar, a falta de autopsias, el exceso de mortalidad no es suficiente por sí mismo para averiguar las causas de los 80.000 fallecimientos y en el futuro habrá que desglosar dicho exceso por tramos de edad, de tiempo y de lugar porque —insisto— la pandemia no es ese fenómeno uniforme que nos quieren hacer creer.

Por ejemplo, durante la pandemia también ha existido un exceso de mortalidad entre las personas dependientes, con una cifra escalofriante de 55.000 muertos. Pero la causa de estas muertes no ha sido ninguna enfermedad, sino el abandono o, si se prefiere, el aislamiento impuesto por el estado de alarma.

Cuando la histeria haya pasado, se demostrará en qué sectores sociales  ha concurrido el exceso de mortalidad, aunque algunos datos ya son suficientemente conocidos, como la avanzada edad de los fallecidos, especialmente en las primeras fases de la pandemia, cuando en España la edad media de los muertos alcanzó los 84 años, uno por encima de la esperanza de vida.

El factor principal que explica el exceso de 80.000 muertes ha sido, pues, el confinamiento, un caso evidente en el que se cumple el principio de que “es peor el remedio que la enfermedad”. En España y en otros países, el confinamiento no se se impone en marzo del año pasado porque haya ningún exceso de mortalidad, sino al revés: dicho exceso es posterior al confinamiento.

Otro ejemplo es El Salvador, que al principio fue puesto como modelo de comportamiento de un gobierno ante la pandemia. Se impuso un confinamiento estricto, con el ejército, la policía y las maras cuidando de que nadie saliera a la calle cuando no había ni un muerto ni contagiado. Los muertos llegaron después.

Entre otras muchas cosas, el confinamiento ha supuesto un “cierre sanitario” que ha desatendido a los enfermos habituales, como los crónicos. Los estragos de esta política no sólo se han manifestaron a lo largo del año pasado, sino que se seguirán comprobando en el futuro.

De ese “cierre” forma parte el colapso hospitalario, cuyo origen no está en el aumento de la carga de trabajo o en los numerosos “casos” aparecidos, sino en los recortes presupuestarios, el cierre de instalaciones, la falta de contrataciones de trabajadores sanitarios y el enorme número de bajas laborales causado por la ola de histerismo, que se triplicaron el año pasado respecto a los anteriores.

Los diré con otras palabras: con la pandemia no hado creció la carga de trabajo hospitalario sino que la misma se repartió entre menos trabajadores.

En suma, el exceso de mortalidad tiene el mismo origen que la pandemia: no es un asunto sanitario sino político y, más en concreto, en España, es responsabilidad del gobierno del PSOE y Podemos y los demás partidos que le han seguido el juego en cada una de las comunidades autónomas.

Es lógico que los medios de comunicación lancen tantas cortinas de humo para tapar ese tipo de responsabilidades y, sobre todo, que el estado de alarma no ha sido la causa del exceso de mortalidad sino todo lo contrario: ha evitado que aumentaran más aún, como se empeña en decir Pedro Sánchez.

El chollo de las vacunas: los médicos franceses recaudan 2.000 euros por cuatro horas de vacunación

La vacunación en masa son muy interesantes desde el punto de vista económico en los días de gran afluencia. Pero no sólo para las empresas farmacéuticas, sino también para los médicos. En Francia las aseguradoras permiten a los médicos elegir entre cobrar por los servicios prestados o en función de un canon fijo, dice Le Canard Enchaîné en su edición de 31 de marzo.

Las “consultas vacunales obligatorias” previas a la inyección facturan a 44,60 euros por candidato el sábado y el domingo, y 25 euros el resto de la semana. Hasta ahora era una tarifa plana de 420 euros por 4 horas entre semana y 460 euros el fin de semana.

A un ritmo de 20 consultas por hora durante la semana, algunos médicos pueden recaudar 2.000 euros en cuatro horas. Casi 5 veces más que una sesión de precio fijo y casi 8 veces más si es durante el fin de semana. Además, hay una tasa de 5,40 euros para registrar a cada paciente en el registro público de vacunas.

En total, un médico puede recaudar 4.000 euros durante un turno del fin de semana y si inyecta él mismo, 9,60 euros más por cada dosis. Por supuesto, no todo el mundo puede inyectar a 20 pacientes por hora, pero en un centro de vacunación no bajan de 15.

—https://www.nexus.fr/actualite/vaccin/centres-vaccination-jack-pot/

‘Tienes que estar dispuesta a trabajar 24 horas al día’, denuncia una trabajadora de un almacén de Almería

La creciente necesidad económica unida a la cada vez más frecuente explotación laboral en el sector agrícola son el cóctel perfecto para jornadas interminables, no poder fichar las horas de entrada y salida y no haber firmado contratos ni despidos. En un almacén frutícola en el que el trabajo es extenuante se sobrepasan los límites de la capacidad física y mental.

Una trabajadora de un almacén frutícola de Almería denuncia una situación de abusos patronales. Hay veces que para sufrir experiencias de abusos patronales no es necesario permanecer un largo periodo de tiempo en el puesto de trabajo. En ocasiones, con solo unos pocos días es suficiente para experimentarlo. Los sucesos que nos cuenta la entrevistada suceden en unos días que, aunque parezcan pocos, bastan para que decida denunciar la situación.

Ella es auxiliar de geriatría y no había trabajado nunca en un almacén. Al llevar un año en paro, a través de una asociación de búsqueda activa de empleo, le dieron el contacto de un almacén frutícola que se encuentra en la Mojonera, Almería.

Empieza entonces a trabajar, sin haber firmado contrato, el día 23 de febrero con una jornada de unas seis horas. Los problemas llegan al segundo día, cuando la jornada se extiende hasta 14 horas. Al tercer día fueron 16 horas y media, y ya el quinto día tuvo que volverse a casa porque su cuerpo no podía más. Trabajó entre 16 y 18 horas con dos pausas de 15 minutos para comer algo rápido.

Es consciente de que allí hay muchas personas trabajando incluso hasta 18 y 20 horas diarias. Comenta que hay compañeras que dicen llevar varios días sin ver a sus familiares. El hecho de trabajar hasta 18 horas sumado al trayecto del trabajo a casa y viceversa solo les permite dormir unas pocas horas y volver al trabajo, por lo que no pueden dedicar tiempo a su vida personal.

Ella y la encargada del almacén eran las únicas españolas que estaban allí trabajando. El resto de las trabajadoras eran guineanas, marroquíes y rumanas, y era consciente de que la empresa se aprovecha de sus necesidades económicas para explotarlas laboralmente.

Al cabo de 12 horas de jornada, es absurdo seguir trabajando y la gente está tan cansada que no rinde lo suficiente. Se desecha una gran cantidad de productos, alimentos y plásticos cuando, debido al cansancio, los trabajadores se equivocan y la verdura o la fruta se empaqueta mal. A causa de ello, se tiene que tirar el empaquetado entero y volver a empezar con una nueva tanda. Lo que se tarda en hacer un palé entero, que suele ser unos 15 minutos aproximadamente, a partir de las 12 de la noche puede llevarles hasta 50 minutos.

Hay compañeros que han trabajado hasta 20 horas seguidas. En un almacén de fruta en el que se cargan cajas de 10 kilos continuamente y, después, deben ponerse en palés de hasta 2 metros de alto. Todo el mundo presentaba lesiones, llevaba muñequeras y aguantaba a base de analgésicos, antiinflamatorios y calmantes, lo que se sumaba al hecho de tener que trabajar con maquinarias pesadas y cintas mecánicas que podían provocar lesiones graves.

Los primeros días, al cabo de las 8 horas, no veía que nadie tuviera voluntad de irse y terminar de trabajar. Cuando preguntaba, le contestaban con sorpresa “Esto sigue” y seguían trabajando por inercia.

Sin embargo, a las 10 horas, ya comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más iban a estar en el almacén, y sus compañeros le aseguraban que de allí se salía cuando les avisaran, después de preparar y entregar todos los pedidos, o bien cuando se quedaban sin productos o material para envasar. Al terminar la jornada, se ordenaba recoger y limpiar el almacén en unos 15-20 minutos.

En la empresa no tienen un registro legal de entrada y salida de los trabajadores: la máquina de fichar está tapada con un papel postit pegado y les hacen firmar unas hojas en blanco en las que la empresa añade después las horas que se supone que han hecho.

Uno de los días, decidió irse a casa tras 15 horas y media de trabajo y un tirón en la espalda. Le pidieron que firmara su hoja de registro y le dijeron que ya le llamarían, si es que volvían a hacerlo. Al día siguiente le dieron la baja voluntaria, como si fuera ella quien hubiera dejado el trabajo. En el mismo día solicitó la baja médica en la Seguridad Social, con un diagnóstico de lesión cervical por “movimientos repetitivos en el trabajo”. Decidió tramitar la baja, pero desde la empresa insistieron en que firmara una baja voluntaria.

Al cabo de dos semanas, al recibir el alta de la Seguridad Social y haber tramitado los dos partes de baja, le pidieron de nuevo que fuera a firmar los papeles. Pensaba que le habían despedido, ya que es lícito despedir a un empleado mientras está de baja y ella se encontraba, además, en la quincena de prueba.

A la hora de firmar, le entregaron los papeles plegados, dejando a la vista solamente el apartado donde tendría que firmar; sin embargo, exigió ver el papel para poder leerlo entero y se percató de que querían que firmara una nómina de 200 euros que supuestamente habían ingresado en su cuenta, pero no era así. Unos 200 euros que no llegaban ni a 22 horas trabajadas, cuando ella asegura haber hecho más de 50. Se negó a firmar una nómina que no se correspondía con sus horas trabajadas y que, además, ni siquiera le habían ingresado. Ante sus negativas, le respondieron con amenazas. Asimismo, asegura que la empresa pagaba 5,50 euros la hora, pero en el convenio figuraba que la hora debía pagarse a unos 6 euros y las horas extra a unos 8 euros aproximadamente.

Desde la empresa no responden ni dan alternativa. Le amenazan con que el asunto está en manos de sus abogados. A fecha de la entrevista, aún no había firmado ni el contrato ni el despido. Aun teniendo los partes de baja y de alta de la Seguridad Social y, a pesar de haberlos enviado a la empresa, insistían en que firmara unas nóminas sin haberlas cobrado y una baja voluntaria. Era consciente de que había sido despedida porque le llegó la notificación de la Seguridad Social, pero la baja laboral aparece con la fecha en que le dieron a ella la baja médica. Lo único que tiene son los mensajes de la Seguridad Social y, en su vida laboral, figura el paso por la empresa, pero no ha firmado ni contrato, ni despido, ni nómina.

Finalmente le llamaron para pagarle lo que le debían y que firmara el contrato y el despido. “Creo que si exiges tus derechos acabas por conseguir buenos resultados. Lo que no hay que hacer es acomodarse con la excusa de no poder conseguir nada. Hay que levantar la voz y denunciar. El ‘no’ ya lo tenemos, solo puede mejorar.”

—https://abusospatronales.es/casos-de-abusos-patronales/trabajadora-de-un-almacen-fruticola-de-almeria-tienes-que-estar-dispuesto-a-trabajar-24-horas-al-dia-si-te-lo-exigen/

Los ‘métodos no militares’ de hacer la guerra en la estrategia imperialista

A principios de marzo, Estados Unidos publicó la “Guía Estratégica Provisional de Seguridad Nacional” a iniciativa de la Casa Blanca (*) en medio de numerosas controversias.

El general retirado Thomas Spoehr, director del Centro de Defensa Nacional de la Fundación Heritage, ha señalado las discrepancias que han surgido en el documento, que no preocupan a la cúpula político-militar estadounidense, o eso dicen al menos.

El documento afirma que Estados Unidos está reduciendo el papel de las armas nucleares en sus planes de guerra, mientras que el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, declaró al Congreso: “La disuasión nuclear es una de las prioridades de la misión del Departamento de Defensa”. Otra contradicción se pone de manifiesto en las declaraciones de que Estados Unidos evitará las “guerras eternas” junto a los ataques contra emplazamientos en Siria.

Las principales amenazas a la seguridad de Estados Unidos no cambian con respecto a la presidencia de Trump: son Rusia, China, Corea del Norte e Irán. Pero la nueva “Guía” se centra en Europa, el hemisferio occidental y la región del Indo-Pacífico, enumerando como socios a Reino Unido, Canadá, México, India, Vietnam, Singapur, Nueva Zelanda y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

Gran parte del documento está dedicado a las nuevas tecnologías, como internet y el 5G, así como a la guerra sicológica y el control de la (des)información. El principio del “poder blando dentro del poder duro” ha sido utilizado durante mucho tiempo por los militares estadounidenses.

El 16 de marzo la nueva estrategia del Pentágono “Army Multi-Domain Transformation. Ready to Win in Competition and Conflict” amplió la presencia de las tropas de Estados Unidos en todo el mundo. Afirma que “el Ejército podría desempeñar un papel inmenso en el apoyo a los objetivos interdepartamentales de Estados Unidos como parte del enfoque general del arte de gobernar”.

El general James McConville, que dirige el ejército de Estados Unidos, dijo que los métodos no militares de guerra están muy solicitados hoy en día. “Estamos asistiendo a una batalla global por los corazones y las mentes de diferentes audiencias en diferentes países. Es una batalla para contar la historia de Estados Unidos y embellecer su reputación, mientras los adversarios intentan empañar y desinformar”, dijo el general.

El plan consiste en llevar a cabo acciones asimétricas centradas en publicitar la imagen de Estados Unidos como defensor de la democracia. “En la medida en que los valores y sistemas democráticos colocan a Estados Unidos en desventaja… también hacen de Estados Unidos un socio más atractivo”.

En las audiencias del Senado de 25 de marzo de 2021, el Subsecretario de Defensa para Operaciones Especiales y Conflictos de Baja Intensidad, Christopher Maier, dijo que “las fuerzas de Operaciones Especiales han avanzado en la adaptación de sus capacidades a los desafíos de las grandes potencias, China y Rusia. El general Richard Clarke, comandante de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos, dijo que hay 5.000 efectivos de operaciones especiales en 62 países.

En la guerra actual contra China y Rusia, las operaciones especiales desempeñan un papel central, incluyendo “la realización de operaciones psicológicas, la participación activa de ciudadanos extranjeros en la confrontación y la lucha contra la propaganda hostil y la desinformación”.

Hay luz verde a la expansión de las operaciones encubiertas en el extranjero. Mientras que “contrapropaganda” significa una serie de operaciones de (des)información, desde el descrédito de Rusia en la escena internacional hasta el despliegue de bots y trolls en las redes sociales.

(*) https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2021/03/NSC-1v2.pdf

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