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Día: 3 de abril de 2021 (página 1 de 1)

La manipulación de la población por los ‘expertos’ en instrumentalizar el miedo

Desde el comienzo de la pandemia, el gobierno británico no sólo fue asesorado por un equipo de epidemiólogos sino también por otro de sicólogos, llamado SPI-B, especialistas en la manipulación del comportamiento humano.

El 22 de marzo del año pasado el SPI-B elaboró un documento que hasta ahora ha sido secreto. Estaba destinado para el Grupo de Asesoramiento Científico de Emergencias (Sage), creado al comienzo de la pandemia y se basaba en un viejo argumento: la manipulación del miedo.

“Un número considerable de personas todavía no se siente suficientemente amenazada personalmente; podría ser que estén tranquilos por la baja tasa de mortalidad en su grupo demográfico […] Es necesario aumentar el nivel de amenaza personal percibido entre los que son complacientes, utilizando mensajes emocionales contundentes”.

El mismo documento presentaba una elenco de 14 medidas para aumentar la sumisión, entre las que incluía “utilizar los medios de comunicación para aumentar la sensación de amenaza personal”, una táctica que consideraban muy eficaz, aunque los efectos indirectos “podrían ser negativos”.

Algunos participantes en Sage admiten ahora sentirse “avergonzados” por los consejos recibidos de los sicólogos. Un asistente habitual a las reuniones de Sage dijo: “El pueblo británico ha sido sometido a un experimento psicológico no evaluado sin que se le diga qué es lo que está ocurriendo”.

“Todo consiste en tratar de dirigir el comportamiento en la dirección que una élite ha decidido, en lugar de decidir si es lo correcto o lo ético”.

El miembro de Sage dice que los informes de SPI-B no eran cuestionados por los de Sage porque “el núcleo de miembros de Sage no está muy bien equipado para evaluarlo y no hay otros científicos sociales en el núcleo de Sage”.

“Cuando alguien de SPI-B dice que hay que aumentar el miedo y mantenerlo, no se cuestiona mucho al principio y la mayoría de los cuestionamientos proceden de fuentes externas, no de dentro”.

Boris Johnson, junto con los asesores científicos Chris Whitty y Patrick Vallance, han sido acusados de “instrumentalizar el miedo”, pero la estrategia sicológica del gobierno para manipular el comportamiento de una población desprevenida podría resultar contraproducente y causar daños a largo plazo.

Ya relatamos que lo mismo había ocurrido en Austria. En el caso británico, la manipulación masiva ha tenido un éxito innegable al lograr persuadir a una población atemorizada para permanecer encerrada en sus casas durante la mayor parte del año pasado.

La manipulación diaria de las estadísticas sobre muertes, hospitalizaciones y “casos” ha sido tan eficaz que el cumplimiento del confinamiento ha superado con creces las expectativas del gobierno.

El pasado mes de julio, una encuesta realizada por la consultora Kekst CNC reveló que casi la mitad de los encuestados, descontando los “no sabe”, pensaba que el coronavirus había matado al 1 por ciento de la población británica, lo que equivale a más de 600.000 personas, cuando la cifra real en ese momento era de 44.000. Casi un tercio de los encuestados pensaba que entre el 6 por ciento y el 10 por ciento, o más, de la población había muerto por el coronavirus, lo que supondría hasta 6,6 millones de fallecimientos.

Paul Dolan, catedrático de Ciencias del Comportamiento de la London School of Economics, dijo: “La idea de que hay que aumentar la amenaza personal de la gente de forma desproporcionada con respecto a la amenaza a la que se enfrenta es un problema. Sienta un precedente muy peligroso: la frase que se utiliza es ‘armamento del miedo’”.

“Una vez que se ha avivado el miedo, no se puede reducir. No es como abrir y cerrar un grifo: no se puede acabar con el miedo.

“Nos hemos centrado exclusivamente en las tasas de mortalidad y de casos, pero estoy bastante seguro de que el público entendería situar las muertes en el contexto de las medias de cinco años.

“Se ha perdido una gran oportunidad de comunicar el riesgo. En lugar de limitarse a decir que un centenar de personas han muerto hoy de Covid, el gobierno podría decir qué proporción de muertes representa, y si eso se traduce o no en un exceso de muertes.

Gary Sidley, psicólogo clínico y consultor jubilado de la sanidad pública, dijo: “Es como si hubiera una pequeña industria en torno a la gestión de la pandemia y excluyera las voces alternativas”.

“Hay una creciente preocupación dentro de mi campo sobre el uso del miedo y la vergüenza como motor del cambio de comportamiento”.

Sidley y otros 46 sicólogos han escrito a la Sociedad Británica de Psicología (BPS) planteando su “preocupación por las actividades de los psicólogos empleados por el gobierno […] en su misión de conseguir la conformidad masiva del público con las restricciones actuales del coronavirus”.

La carta añade: “Nuestra opinión es que el uso de estrategias psicológicas encubiertas -que operan por debajo del nivel de conciencia de la gente- para ‘empujar’ a los ciudadanos a conformarse con una política de salud pública polémica y sin precedentes plantea profundas cuestiones éticas”.

Un comité de la BPS debatirá el asunto en su próxima reunión del 21 de junio, casualmente el mismo día en que debe finalizar el confinamiento.

Laura Dodsworth, que ha pasado el último año investigando el miedo para un libro de próxima aparición titulado “Un estado de miedo: cómo el gobierno del Reino Unido armó el miedo durante la pandemia, dijo: “He entrevistado a personas que se han deshecho del miedo, a personas que han tenido que ser disuadidas del suicidio y a personas que han desarrollado agorafobia.

El problema del miedo es que nubla el pensamiento racional. Te vuelves más dependiente de los mensajes del gobierno, lo que te hace más temeroso, lo que te hace aún más dependiente de sus mensajes, creando un bucle de perdición. Hemos olvidado cómo analizar el riesgo”.

Los sicólogos acusan a los ministros de utilizar “tácticas sicológicas encubiertas” para manipular el comportamiento de la población y se empiezan a preguntar por el número de trabajadores que volverán a ocupar su puesto o a la normalidad y cuál será el impacto del confinamiento sobre el empleo y la salud física y mental.

También afirman que “los niveles exagerados de miedo son responsables de la ‘muerte colateral’ de muchos miles de personas con enfermedades no relacionadas con el Covid“ que están “demasiado asustadas para ir al hospital”.

Un informe de la Universidad de Nottingham del año pasado sugería que el miedo podría incluso traducirse en muertes adicionales, ya que una mala salud mental debilita el sistema inmunitario.

El informe decía: “Es bien sabido que cuando los estados de ánimo negativos persisten en el tiempo provocan la desregulación de los sistemas fisiológicos que intervienen en la regulación del sistema inmunitario. Por lo tanto, existe un potencial significativo para que el daño psicológico infligido por la pandemia se traduzca en daño físico. Esto podría incluir una mayor susceptibilidad al virus, peores resultados si se infecta, o incluso peores respuestas a las vacunas en el futuro”.

https://www.telegraph.co.uk/news/2021/04/02/state-fear-ministers-used-covert-tactics-keep-scared-public/

Más información:
— El gobierno austriaco infundió el pánico deliberadamente entre una población no suficientemente temerosa del coronavirus

Irán firma un tratado estratégico con China para 25 años

Este fin de semana el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, visitó Teherán y firmó un tratado para 25 años con su homólogo iraní, Javad Zarif. Los términos del tratado no han sudo revelados, pero una versión anterior del mismo, difundida por el New York Times, establecía 400.000 millones de dólares de inversión china en Irán, a cambio de exportaciones de petróleo iraní, así como una alianza estratégica.

Pekín desafía las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a Irán después de que en 2018 renunciara unilateralmente al tratado nuclear firmado en 2015, que Biden, aún no ha retirado. En febrero, Biden bombardeó en Siria a una milicia respaldada por Irán, matando a 17 personas por lo menos.

La decisión de Pekín de firmar el tratado con Teherán se produce después de la desastrosa cumbre chino-estadounidense celebrada este mes en Alaska. En un discurso para la prensa antes de que comenzara la cumbre, el Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, amenazó públicamente a Wang diciendo que China debía aceptar un orden internacional basado en las normas establecidas por Estados Unidos, o enfrentarse a “un mundo mucho más violento e inestable”.

Por su parte, el comandante de la Flota del Pacífico de Estados Unidos, el almirante John Aquilino, también amenazó con que una guerra entre Estados Unidos y China por Taiwán “está mucho más cerca de nosotros de lo que la mayoría cree”.

Al firmar un tratado con Teherán, Pekín señala que debe hacer sus propios preparativos contra un gobierno en Washington que será agresivo, una previsión reforzada por la continua propaganda bélica de los políticos estadounidenses y estimulada por la campaña sobre el “virus de Wuhan”.

En la conferencia de Anchorage, Wang respondió a Blinken criticando la política exterior agresiva de Estados Unidos en Oriente Medio: “No creemos en la invasión por la fuerza, ni en el derrocamiento de otros regímenes por diversos medios, ni en la masacre de la población de otros países, porque todo eso sólo causa malestar e inestabilidad en este mundo. Y al final no sirve a los intereses de Estados Unidos”.

El eje entre Moscú, Pekín y Teherán se fortalece

Antes de dirigirse a Teherán, Wang recibió a su homólogo ruso, Serguei Lavrov, en la ciudad china de Guilin. La reunión se produjo poco después de que Biden desafiara a Putin llamándole “asesino” y afirmando que no tiene un “alma humana”.

En la firma del tratado de este fin de semana, tanto los diplomáticos iraníes como los chinos criticaron duramente las amenazas de Washington. Zarif calificó a China como “un amigo en los días difíciles”, añadiendo que “agradecemos y alabamos la postura de China durante las sanciones opresivas”.

Wang respondió: “Las relaciones entre nuestros dos países han alcanzado ahora un nivel estratégico, y China busca promover relaciones inclusivas con la República Islámica de Irán […] La firma de la hoja de ruta para la cooperación estratégica entre ambos países, muestra el compromiso de Pekín de promover lazos al más alto nivel posible”.

Según el periódico chino Global Times, Wang dijo a los diplomáticos iraníes que “China está dispuesta a oponerse a la hegemonía y la intimidación, a salvaguardar la justicia y la equidad internacionales y a defender las normas internacionales con el pueblo iraní y otros países”.

La Nueva Ruta de la Seda: China mira a su espalda

El tratado, discutido por primera vez entre Alí Jamenei y el presidente chino Xi Jinping en 2016, profundiza los lazos económicos con Oriente Medio que Pekín ha tratado de desarrollar con su programa de infraestructuras de la Nueva Ruta de la Seda.

Citando al embajador iraní en China, Mohammad Keshavarz-Zadeh, el Teheran Times informa de que el tratado “concreta las capacidades de cooperación entre Irán y China, especialmente en los campos de la tecnología, la industria, el transporte y la energía”. Las empresas chinas han construido sistemas de transporte público, ferrocarriles y otras infraestructuras clave en Irán.

Washington aún no ha reaccionado públicamente al tratado entre ambos países, pero funcionarios estadounidenses lo han denunciado anteriormente como un desafío fundamental para los intereses de Estados Unidos, que combina la propaganda de la “guerra contra el terrorismo” con los intentos de revivir el anticomunismo de la Guerra Fría.

El pasado mes de diciembre, en medio de las especulaciones sobre la firma del tratado, el director de planificación política del Departamento de Estado estadounidense, Peter Berkowitz, reconoció que la firma sería una muy mala noticia para el imperialismo: “Irán está sembrando terrorismo, muerte y destrucción en toda la región”.

Las tres décadas transcurridas desde la Guerra del Golfo contra Irak, encabezada por Estados Unidos, y la disolución de la Unión Soviética en 1991, han dejado al descubierto esa retórica. La eliminación de la Unión Soviética como principal contrapeso militar a las potencias imperialistas de la OTAN no ha conducido a la paz, ni Irán ha sido la principal fuente de «muerte y destrucción».

Durante tres décadas, Washington y sus aliados imperialistas europeos han devastado países como Irak, Afganistán, Libia y Siria, matando a millones de personas sobre la base de mentiras como la afirmación de que Irak escondía “armas de destrucción masiva”.

Las denuncias de Berkowitz contra Irán y China están relacionadas con la creciente preocupación de Washington por la pérdida de su posición hegemónica mundial debido a sus debacles bélicas y su debilitado peso industrial y económico. Desde que las potencias de la OTAN lanzaron una guerra para el cambio de régimen en Siria en 2011, apoyando primero a las milicias islamistas y luego a las nacionalistas kurdas, Irán, Rusia y cada vez más China han intervenido para apoyar al gobierno sirio.

El comercio de China con Oriente Medio casi alcanzó los 300.000 millones de dólares en 2019, habiendo superado al comercio de Estados Unidos con la región en 2010. Pekín es el mayor socio comercial de Teherán y tiene previsto seguir desarrollando las infraestructuras que unen a China, a través de Pakistán, Irán y Turquía, con sus principales mercados de exportación en Europa, en el marco de la Nueva Ruta de la Seda.

Dos tendencias entre los principales capitales de Irán

El destino del tratado se enfrenta a una poderosa oposición interna en Irán, donde amplios sectores de la clase dirigente han intentado sin éxito desarrollar vínculos con Europa frente a las sanciones de Estados Unidos. Cuando el tratado se anunció por primera vez en junio, el antiguo presidente Mahmoud Amhadinejad prometió que Urán “nunca reconocerá un nuevo acuerdo secreto de 25 años con China”.

Los medios de comunicación chinos se han esforzado por negar las acusaciones de Estados Unidos de que el tratado estaba dirigido contra Washington. El Global Times se quejó de que el tratado se ha interpretado por algunos medios de comunicación occidentales “desde la perspectiva de la competencia geopolítica […] para presentar la cooperación bilateral entre China e Irán, que normalmente se profundiza, como un desafío contra Estados Unidos”.

Pekín y Teherán no buscan la guerra con Washington, pero el imperialismo estadounidense ha dejado claro que se reserva el derecho a bombardear o invadir cualquier país que considere un desafío a su hegemonía.  Ambos países oscilan entre la búsqueda de un acuerdo y el desafío a las potencias imperialistas.

El tratado entre China e Irán también pone de manifiesto que la redistribución mundial del peso económico e industrial ha socavado las alianzas internacionales existentes (OTAN, ASEAN) y los alineamientos internacionales.

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