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Mes: febrero 2021 (página 2 de 12)

Las vacunas no frenan las muertes ni los contagios en los asilos holandeses

El 30 de enero, los 106 ancianos del asilo St. Elisabeth de Amersfoort, Holanda, recibieron la primera inyección de la vacuna contra el coronavirus. En dos semanas, y por primera vez desde que comenzó la pandemia el año pasado, el virus se abrió paso a gran velocidad entre los ancianos. Nada menos que 70 de ellos dieron positivo; el lunes, 22 habían muerto. Algunos de los ancianos se han recuperado, pero otros siguen enfermos, lo que significa que pueden producirse aún más muertes.

El asilo St. Elisabeth ha registrado el mayor número de contagios por coronavirus en una residencia de ancianos en Holanda desde el comienzo de la pandemia.

Con su vulnerable población de pacientes dependientes con demencia, muchos de ellos con otros problemas de salud, el asilo está acostumbrado a ver morir a los ancianos. Evelien Bongers, en nombre de la junta directiva, declaró que no se podía “establecer con certeza en qué medida las muertes eran consecuencia directa del contagio con el coronavirus” debido a las condiciones subyacentes de las víctimas. “Estos pacientes ancianos murieron con el coronavirus, pero no necesariamente a causa del coronavirus”, dijo. “Pero estamos viendo un número de muertes más alto de lo habitual”.

Esta distinción entre morir con el virus o a causa de él es precisamente lo que falta en muchas estadísticas. “Nuestros residentes necesitan cuidados y atención. Cuando están contaminados por el coronavirus, eso puede ser demasiado”, añade Bongers.

Ver morir a un 20 por ciento de sus ancianos en tan poco tiempo ha supuesto un duro golpe para las familias y los trabajadores, sobre todo porque esperaban relajarse tras meses de estricta observancia de las medidas de seguridad gracias a la vacuna.

El número de contagios nunca había sido tan alto, y nunca se habían producido tan rápidamente, a pesar de que cuando comenzó el brote se tomaron medidas especiales para aislar a los pacientes positivos en sus habitaciones y restringir severamente las visitas al exterior a tres por semana por una sola persona. Además, la oleada de contagios no se produjo muy poco después de la primera inyección, cuando se podría haber argumentado que no tuvo tiempo de fomentar la inmunidad, sino dos semanas después, cuando al menos se podría esperar cierta eficacia si la vacuna experimental está realmente a la altura de sus promesas. Si bien no está establecido que disminuya las infecciones, sí que pretende disminuir la gravedad de la enfermedad que asocian al virus. Pero en el St. Elisabeth de Amersfoort, 22 de los 70 pacientes que dieron positivo murieron: más del 30 por ciento.

En Holanda, la institución que cataloga los efectos indeseables de las vacunas experimentales, Lareb, ya había registrado hasta el martes 5.086 casos sospechosos de enfermedad y malestar, para un total de unas 800.000 inoculaciones. Dolores de cabeza, musculares y náuseas se citan en la mayoría de los casos, pero también se documentaron 26 reacciones alérgicas graves.

Más preocupantes aún son las 65 muertes que se produjeron tras la vacunación, comunicadas al Lareb hasta el 16 de febrero, la mayoría de ellas entre pacientes de edad avanzada: 55 de los fallecidos tenían 80 años o más, y los otros diez tenían entre 65 y 80 años.

Lareb señala que todas las víctimas se encontraban en condiciones de salud vulnerables debido a enfermedades graves subyacentes o a una edad muy avanzada. La directora, Agnes Kant, subrayó que la muerte tras la vacuna no debe atribuirse automáticamente a la vacuna: “En Holanda mueren una media de 750 a 800 ancianos en los asilos a la semana, así como 2.000 personas mayores de 80 años. Algunas de ellas pueden haber recibido la vacuna poco antes”.

Admitió que en algunos casos la vacuna puede haber deteriorado el estado de los más ancianos. “Días después de la vacunación, tuvieron molestias que son efectos secundarios conocidos“, añadió. “Molestias como la fiebre no son causa de muerte por sí solas. Pero se sabe que para los ancianos muy vulnerables constituyen un riesgo. Por eso se incluye este hecho en las directrices, para que se tenga muy en cuenta la vacunación en grupo”.

El gobierno belga distribuyó mascarillas tóxicas entre la población

Al principio las mascarillas no eran obligatorias no por una cuestión sanitaria sino económica: no las había en el mercado. Cuando los países comenzaron a fabricarlas, habían pasado ya varios meses de pandemia y, desde luego, no eran mascarillas que hoy superarían ninguna clase de pruebas. Eran de tela y no servían para nada desde el punto de vista sanitario.

En Bégica, a partir de junio, las personas podían recogerlas en la farmacia. Fueron fabricadas por la empresa luxemburguesa Avrox y ahora se descubre que, además de inútiles, podrían tener efectos negativos para la salud.

El tejido protector contenía nanopartículas de plata y dióxido de titanio, según un informe confidencial del instituto de salud pública Sciensano. Cuando son inhaladas, estas partículas podrían tener efectos negativos en las vías respiratorias.

“El riesgo es desarrollar una inflamación pulmonar, sobre todo si estas máscaras son utilizadas por personas que sufren una patología respiratoria, como es el caso durante una pandemia”, afirma el profesor Dominique Lison, toxicólogo de la Universidad de Lovaina.

Las nanopartículas de plata son biocidas que pueden encontrarse en la ropa, como los calcetines, por ejemplo. Actúan como agente antibacteriano. Las nanopartículas de dióxido de titanio blanquean los tejidos.

Alfred Bernard, profesor emérito de toxicología de la Universidad de Lovaina, dice que no hay suficientes estudios sobre el tema, aunque recomienda no respirar con mascarillas que contengan esas nanopartículas, que “tarde o temprano, pueden pasar, especialmente si el filtro se lava regularmente y, por tanto, está sujeto a degradación. Las nanopartículas pueden pasar fácilmente a los pulmones y a la sangre. Sin embargo, los riesgos están poco documentados y se refieren a la exposición crónica por inhalación”.

En un comunicado de prensa el instituto Sciensano afirma que “los resultados actuales no permiten evaluar si estas nanopartículas se liberan realmente de las mascarillas y en qué medida los usuarios están expuestos a ellas. Estos son los primeros resultados de la primera fase del estudio y es importante interpretarlos con precaución”.

Pero Bélgica todavía tiene 3,5 millones de mascarillas tóxicas almacenadas que pueden llegar a la población. Para Dominique Lison, todavía hay que hacerse preguntas antes de distribuirlas. “Deberíamos haber preguntado si era necesario, útil, oportuno y seguro utilizar mascarillas con nanopartículas”.

https://www.rtbf.be/info/belgique/detail_avrox-les-masques-distribues-en-debut-de-confinement-par-le-gouvernement-seraient-toxiques
Atención: por razones evidentes este enlace ha sido borrado. La misma información se puede encontrar en otras fuentes:
https://exoportail.com/scandale-avrox-les-masques-distribues-en-debut-de-confinement-par-le-gouvernement-belge-seraient-toxiques/

El tiempo se ha detenido

El 16 de febrero de 1600, hace más de cuatro siglos del día en que la Iglesia Católica ejecutó quemando en la hoguera al filósofo y científico italiano, Giordano Bruno, por el crimen de herejía.

La moderna inquisición ya no quema físicamente y en público, pues la dictadura actual que tomó hace años ya el relevo de la Iglesia, mata de otras formas y mediante otros procedimientos a los que considera herejes. Muerte que puede ser física en ocasiones o muerte política, o en una condena de cárcel, al ostracismo o a la marginación.

La Inquisición entregó su veredicto el 20 de enero de 1600: “Por este medio, en estos documentos… pronunciamos sentencia y declaramos al antedicho hermano Giordano Bruno un impenitente y pertinaz hereje… Además, condenamos, reprobamos y prohibimos todo lo por tí mencionado y tus otros libros y escritos por heréticos y erróneos, y nosotros ordenamos que todos los que han llegado o puedan llegar en el futuro a manos de la oficina santa sean destruidos y quemados públicamente en la Plaza San Pedro”.

Hoy en día podemos establecer un paralelismo, con la sentencia, no muy distinta en la intención, de la dictada por la mayoría de miembros del Tribunal Supremo respecto a las canciones de Pablo Hasel dado que Giordano Bruno presentó en “Chiamato il fastidio” una acusación contra la Iglesia. “Usted verá arrebatos de carteristas, ardides de tramposos y empresas de granujas en una entremezclada confusión; también deliciosa repulsión, dulces amargos, decisiones absurdas, fe confundida y esperanzas lisiadas, caridades de tacaños, jueces nobles y serios para con los propios, voces de astucia, no de misericordia, de modo que el que más cree es más engañado, y por todas partes el amor al oro”. Acusaciones similares a las letras de Hasel y de plena actualidad por lo que respecta al modus operandi y modus vivendi de los miembros de la casta política de nuestro país.

Ha tenido suerte Pablo de que hayan transcurrido algo más de cuatrocientos años, de lo contrario en lugar de encarcelado hubiera ardido en el patio del Palacio de El Pardo.

Salvando estas minucias, poca cosa más ha cambiado pues Sus Señorías sentadas en sus mullidas poltronas del Congreso y Senado hacen de espectadores, al igual que en 1600, ante la condena de quien canta verdades como montañas.

¿Deberemos esperar cuatrocientos años más para revertir la realidad actual?

La libertad de expresión es para algunos, los límites son para todos los demás

No hay ningún pedante al que le falte en la boca esa conocida frase de que el arte es “transgresor” por antonomasia. Basta que a un artista le pongas algún límite para que trate de saltar por encima.

“El rap es una modalidad musical provocadora”, dice el diccionario de la Academia de la Lengua y, como estamos comprobando, en ningún otro país como en España ha conseguido un éxito tan arrollador: un rapero preso, otro exiliado y 12 más condenados a penas de cárcel.

A pesar de ello, todo el discurso oficialista, empezando por el jurídico y el periodístico, se preocupa por lo contrario: por los límites de la libertad de expresión. ¿Dónde están los límites a la libertad de expresión?

En 2018 la Plataforma en Defensa del Derecho a la Libertad de Información publicó una “Guía de emergencia sobre los límites a la libertad de expresión” (1).

Al año siguiente una crónica de “Cuarto Poder” sobre un acto celebrado en Madrid comenzaba así: “Más de una veintena de colectivos, que van desde los Encausados por la Operación Araña hasta Anticapitalistas Madrid, han llenado la sala del Teatro del Barrio para charlar sobre una cuestión que levanta preocupación social: los límites a la libertad de expresión” (2).

¿Realmente lo que nos preocupa son los límites a la libertad de expresión o la libertad de expresión misma?

La impresión que transmiten es la un “buffet libre”: nos pasamos con la comida, comemos en exceso porque es gratis. Abusamos de nuestros de derechos porque el ejercicio de los mismos no tiene consecuencias.

Uno de los límites que los ignorantes quieren imponer al arte es “el buen gusto”, aunque en realidad hay muchos más límites. Cuando en 2018 retiraron las fotos de Santiago Sierra sobre los presos políticos de la exposición Arco, el ministro de Cultura y portavoz del Gobierno, Méndez de Vigo, confesó en los desayunos de RTVE que le gusta la libertad de expresión, pero que hay que “hacer crítica política sin ofender” (3).

La necesidad de límites es imprescindible en un país -como el nuestro- que es excesivamente democrático; hay demasiada libertad y, en consecuencia, hay que poner límites porque esto “se nos va de las manos”.

Este tipo de planteamientos, que han calado en ciertos medios, ignoran la memoria histórica de los 40 años posteriores a la Constitución de 1978.

De cualquier manera, es interesante analizar los famosos “límites a la libertad de expresión” porque es dialéctica pura, como mirar el anverso y el reverso de la realidad, al estilo de los antiguos negativos de las fotografías.

Veamos: en el franquismo un ejemplo de límite a la libertad de expresión fue el artículo 12 del Fuero de los Españoles: “Todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado”.

La conclusón es obvia para los que hablan de límites: desde 1945 en España siempre hemos disfrutado de libertad de expresión, naturalmente limitada. ¿Es eso lo que hay que explicar?, ¿así es como hay que entender un derecho fundamental?

Si es así, la conclusión es que en el franquismo también había libertad de expresión, como ahora, a pesar de que miles de personas fueron detenidas y condenadas por propaganda ilegal, un delito donde lo importante no era la propaganda sino su ilegalidad, es decir, el mismo pretexto que ahora: bajo el franquismo quien iba a la cárcel no era por sus opiniones políticas sino por infringir el Código Penal.

Así ocurrió exactamente en el franquismo y así ocurre ahora: la libertad de expresión es para algunos; los límites son para todos los demás.

Pero hay límites y limites. Por ejemplo, el artículo 20 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos dice que la propaganda de guerra es un límite a la libertad de expresión y si volvemos la vista atrás, al Trío de las Azores, a las guerras de Irak, Afganistán, Libia y Siria, nadie se acordó entonces de que ahí había un límite.

Los políticos, los periodistas y los tertulianos franquearon abiertamente los límites a ls libertad de expresión para justificar unas guerras que aún no se han acabado, pero nadie les detuvo, ni les juzgó, ni les condenó. Entonces nadie se acordó de los límites.

En 2018 el Ministerio de Defensa destinó 200.000 euros para subvencionar la propaganda de guerra, artículos en la prensa y charlas en los institutos que justificaran el incremento de los presupuestos para gastos militares, en los que no hay recortes.

Lo mismo podemos decir del racismo y la xenofobia, que tampoco están amparados por la libertad de expresión.

La doctrina de los límites da lugar a la de las restricciones: hay libertad de expresión, pero está restringida. Es una doctrina que procede del franquismo, donde también había libertad de expresión, pero demasiadas restricciones. Hay que ampliarlas. Por ejemplo, en 1966 la ley de prensa eliminó la censura previa que se había impuesto en 1938; entonces en el franquismo hubo más libertad, se amplió su radio de acción.

¿Es así la libertad?, ¿un asunto de más o menos?, ¿la botella está medio llena o medio vacía?

Entre los periodistas y los jueces, nos obligan a vivir en un país realmente patético…

(1) http://libertadinformacion.cc/wp-content/uploads/2018/05/Gu%C3%ADa-de-emergencia-Valtonyc-LIBERTAD-DE-EXPRESI%C3%93N-240518.pdf
(2) https://www.cuartopoder.es/espana/2018/03/19/el-rapero-valtonyc-en-un-acto-sobre-la-libertad-de-expresion-solo-los-pobres-entramos-en-la-carcel/
(3) http://www.elmundo.es/cultura/2018/02/22/5a8e8bb4e5fdea3e2c8b4639.html

Pablo Hasel: la guerra sucia desinformativa

Desde tiempos remotos los grandes medios de manipulación mercenarios de la dictadura del capital, se han dedicado a intoxicar para, entre otras cosas, restar apoyo popular a los revolucionarios o impedir que se sume más y así perpetuar el poder de la minoría capitalista incompatible con la democracia para la mayoría. Despojados de argumentos (nosotros no necesitamos recurrir a la mentira porque nos sobran) lanzan constantes campañas de criminalización para dejar como monstruos a todos los que luchamos suponiendo un peligro para sus amos que son las verdaderas bestias a quienes blanquean encubriendo sus políticas criminales.

No escatiman recursos en esta guerra sucia desinformativa invirtiendo millonadas como en pocas cosas, pues sin manipulación durarían dos de sus insultantes telediarios. Sus mentiras contra el movimientos revolucionario han llegado al punto de acusar de fascistas a los antifascistas más consecuentes (uno de sus bulos más repetidos contra el PCE(r) y los GRAPO en la falsa transición) realizando esta acusación quienes precisamente servían y sirven al fascismo.

Podríamos poner incontables ejemplos como este, ridículos a nada que se tenga una mínima conciencia, pero a la vista está que con millones de personas creyendo esos medios se frena la conciencia. De aquí que urja desmontar sus falacias y denunciar su papel en todos los lugares posibles.

Cada vez que la situación se les descontrola en las calles intensifican el bombardeo de injurias (lo suyo si lo son) para intentar desacreditar o calmar la lucha. Para eso cuentan con la ayuda de la “izquierda” domesticada condenando todo lo que vaya más allá de la legítima legalidad diseñada para impedir los cambios profundos y machacarnos. A la hora de la verdad desde los más abiertamente fascistas a los reformistas que ni reforman, criminalizan a los revolucionarios o cualquier acción que dañe a los opresores. En vez de condenar la violencia sistemática que origina las protestas, perpetúan la primera y condenan la reacción.

No se puede estar con los opresores y con los oprimidos a la vez, o con unos o con otros. Por eso ante mi encarcelamiento y las protestas que ha generado por la libertad de expresión además de sumarse más descontento y la reivindicaciones de otros derechos y libertades que niegan, no se puede poner en el mismo plano la violenta represión del Estado con brutalidad policial incluida y la lucha de los manifestantes contra eso y tanto más. Pintar que todo el que responde a eso es un vándalo violento forma parte de la guerra sucia desinformativa para no analizar las causas y ponerles fin.

Nos intentan deshumanizar mientras humanizan a quienes han bombardeado países o imponen vidas de miseria para vivir a todo lujo. ¿A caso cuentan cuánto nos cuesta su defendida familiar real en un año mientras repiten lo que cuestan contenedores quemados? ¿Explican la brutal explotación de las multinacionales con escaparates rotos? ¿Mencionan las familias dejadas en la calle o estafadas por la banca a la que queman cajeros? Sirven a los culpables de tantas tragedias evitables y luego Iinchan a quienes peleamos para que terminen.

En esa línea mienten descaradamente diciendo que me han encarcelado por sumar otras condenas más allá de la música y los tuits cuando lo cierto es que mis únicas condenas firmes que me han llevado a prisión son esas. Así quieren vender que nadie va a la cárcel por hacer canciones. Pero igual que con la represión depende de nosotros que toda su manipulación se vuelva en su contra y los deje bien retratados para que menos personas crean su guerra sucia desinformativa.

Centro Penitenciario de Ponent
19 de febrero de 2021

‘La pandemia ha servido de pretexto para reprimir y abolir las libertades’, asegura la ONU

Ayer el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, lamentó que la pandemia se haya utilizado en algunos países, que no mencionó, para silenciar “voces disonantes” y medios de comunicación.

“Utilizando la pandemia como pretexto, las autoridades de algunos países han adoptado severas medidas de seguridad y de emergencia para reprimir las voces disidentes, abolir las libertades más fundamentales, silenciar a los medios de comunicación independientes y obstaculizar el trabajo de las organizaciones no gubernamentales”, lamentó Guterres en su discurso anual ante el Consejo de Derechos Humanos (CDH).

Las restricciones han “agravado las vulnerabilidades” y han perturbado la vida de cientos de millones de familias que han perdido sus empleos o han visto cómo se hundían sus ingresos, dijo Guterres.

Guterres habló en un mensaje de vídeo pregrabado en la apertura de la 46ª sesión del CDH, que hasta el 23 de marzo se celebrará íntegramente en línea por primera vez en su historia.

El secretario general de la ONU dedicó gran parte de su discurso a la pandemia, lamentando que las restricciones “hayan servido de excusa para socavar los procesos electorales, debilitar las voces de los opositores y sofocar las críticas”.

Defensores de los derechos humanos, periodistas, abogados, activistas e incluso profesionales de la salud han sido detenidos, perseguidos, intimidados y sometidos a vigilancia por criticar las medidas -o la falta de medidas- adoptadas para hacer frente a la pandemia, afirmó Guterres.

“A veces se ha impedido el acceso a información vital, mientras que se ha amplificado la desinformación mortal, incluso por parte de algunos dirigentes”, aladió, sin dar nombres.

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, también denunció “las restricciones ilegítimas de las libertades civiles [y] el uso excesivo de los poderes de emergencia” en el contexto de la pandemia.

“El uso de la fuerza no acabará con esta pandemia. Mandar a los críticos a la cárcel no acabará con la pandemia”, remachó, pero tampoco mencionó ningún país.

Condenar la violencia es como condenar la ley de la gravedad

Por inútil y absurdo. Otra cosa es hacer apología de la violencia por la violencia sin más, sin un objetivo, lo que ya entra en terrenos psicológicos y pliegues psicoanalíticos, que no responden a ninguna problemática social y/o política, siendo, por tanto, extrasocial. Yo puedo estar a favor de la lucha armada en según y bajo qué circunstancias fruto de un análisis de una situación concreta que la práctica dictaminará lo acertado o erróneo de su adopción. Pero jamás postular una violencia gratis ni deportiva propia de enfermos.

Esta mañana un redomado fascista como el locutor de la emisora de los curas, la COPE, Carlos Herrera, ha echado por tierra aquel sobadísimo latiguillo que decía “condeno la violencia venga de donde venga”. Lo hacía, por supuesto, para condenar la violencia callejera por la libertad de expresión y la excarcelación de Pablo Hasel y, de paso, arrear un pescozón a Podemos por, según él, “justificar” o animar a esa violencia, algo que, cualquiera que tenga un mínimo de sentido común sabe que no es cierto, que es mentira. “Esta gentuza (se pasa la mañana insultando) condena la violencia, sí, pero no la suya”, venía a decir (22-2-2021). No concluye, como sería lo lógico, que él condena la lucha (violencia) callejera, pero NO la violencia policial. Y no lo hace porque no es un lerdo, aunque se lo pida el cuerpo, y recuerde que el monopolio de la violencia, del reparto de ostias, lo tiene el Estado y sus esbirros. Del derecho de resistencia ni hablará porque ni sabe qué es eso. Un derecho que está recogido en Constituciones universales, mientras que el monopolio de la violencia no está recogido en ninguna, que se sepa. El slogan de “venga de donde venga” les venía bien a esta “intelectualidad” áulica para situarse por encima del bien y del mal a los que nunca han roto un plato, a los “demócratas”, pero la determinación en la pelea de los resistentes ha obligado a, por si hacía falta, desenmascararse todavía más a estos fachas. Ya no podrán esgrimir ese mito, en el que nunca creyeron, por otra parte, y se tendrán que decantar, ya lo están haciendo en las televisiones, por bendecir la represión pura y dura, que es lo que les pone.

La violencia, decía Marx, es la partera de la Historia. Y la lucha de clases supone que exista. De nada sirve lamentarse de su existencia, como hace un pacifismo pánfilo, pues la misma surge de la contradicción entre unas relaciones de producción y unas fuerzas productivas injustas y desajustadas, y no precisamente armonizadas. Si a ello -a la crisis económica permanente- añadimos el pisoteo de unos derechos políticos como la libertad de expresión y el encarcelamiento de quienes no más lo ejercen, tenemos un conflicto que puede derivar en lo que estamos viendo estos días, esto es, en la manifestación y resistencia de quienes se consideran oprimidos y se muestran solidarios con quien ha sido reprimido, ¿hay acto más noble que esto? Y se emplea la violencia, sí, como único recurso que se deja para hacerse oír. Porque, de otro modo, ni puto caso.

La violencia, pues, tiene sus razones y sus causas. Nunca es gratuita. Simplemente hay que diferenciarla, como Lenin habló de “guerras justas” y “guerras injustas”, y antes que él clérigos españoles bajomedievales. La violencia ciega, a la que nos quiere acostumbrar el celuloide yanki, no va a ninguna parte. La violencia con sentido, la lucha, sí. O esa pretensión hay. Otra cosa es el desenlace de una acción-reacción que, sin quedarse sólo en este automatismo, tiene claro unos objetivos políticos. Entonces, tarde o temprano, la fruta caerá de madura. Ya ven que no hemos hablado de la pandemia para nada. No ha hecho falta.

Hospitales alemanes suspenden la vacunación de sus trabajadores a causa de los efectos adversos

Los hospitales de Renania del Norte-Westfalia han suspendido la vacunación de sus trabajadores con el compuesto de AstraZeneca. Lo mismo ha ocurrido en dos regiones de Suecia y Freancia, donde también han suspendido las vacunaciones.

La vacuna de AstraZeneca ha provocado fuertes efectos secundarios en los trabajadores sanitarios de Renania del Norte-Westfalia. Las bajas laborales se han multiplicado. En Braunschweig y Emden, los trabajadores de las clínicas y hospitales no pudieron reincorporarse al trabajo después de la inyección.

Mientras la vacunación ha quedado en suspenso temporalmente, el Instituto Paul Ehrlich investiga las reacciones adversas.

Un gran número de trabajadores del Hospital Duquesa Isabel de Braunschweig que fueron vacunados con las dosis de AstraZeneca, experimentaron efectos secundarios. Por ello, el hospital ha anunciado la suspensión y el aplazamiento de las vacunaciones. Lo mismo se decidió en el distrito de Leer.

El jueves pasado vacunaron a 88 trabajadores de la clínica de Braunschweig y 37 de ellos no pudieron acudir al trabajo debido a los efectos secundarios. Los trabajadores de la clínica de Emden también enfermaron después de recibir la vacuna. Como resultado, el distrito de Leer anunció que dejaría de administrar la vacuna de AstraZeneca alegando que “las dosis de la vacuna probablemente procedían del mismo lote entregado a Emden”.

Según el Instituto Robert Koch, pueden producirse reacciones tanto con las vacunas basadas en el ARN mensajero, como las de Pfizer y Moderna, como con la vacuna de AstraZeneca, que no está basada en dicha técnica, sino en un vector. El jefe del equipo de crisis de Baja Sajonia, Heiger Scholz, se mostró sorprendido por el aumento de los efectos secundarios.

https://www.reuters.com/article/health-coronavirus-europe-astrazeneca/astrazeneca-vaccine-faces-resistance-in-europe-after-health-workers-suffer-side-effects-idUSL8N2KN2UH

Valoración de las últimas movilizaciones en solidaridad con Pablo Hasel en Madrid

Tras el secuestro de Pablo Haset por parte del Estado el pasado martes, encarcelado por las letras de sus canciones, se ha desencadenado una oleada de protestas en todo el Estado en solidaridad con él y para pedir su liberación, así como el fin de las leyes represivas con las que coartan, no solamente la libertad de expresión de Pablo, sino la de todos nosotros igual que el resto de derechos y libertades.

El miércoles 17 de febrero convocamos en la Puerta del Sol una concentración que fue multitudinaria. Unas 6.000 personas acudimos a exigir la libertad de Pablo hasta que los antidisturbios cargaron sin motivo reventando la concentración. Provocaron altercados que se saldaron con numerosos heridos y 19 detenidos, 6 de ellos menores, sufriendo estos últimos graves agresiones y malos tratos durante su traslado y estancia en comisaría. Mientras, cuatro personas en Barcelona y otra en Granada eran enviadas a prisión preventiva como castigo por solidarizarse y protestar.

Por supuesto, el Estado, con su aparato mediático a la cabeza, se lanzó a criminalizar y desplegar una guerra psicológica para expandir el terror ante las siguientes convocatorias. El delegado del gobierno y dirigente del PSOE en Madrid, el alcalde Almeida, Villacis, y todos los medios del Régimen, de la SER a La Razón, ABC, TVE, Cuatro, Antena3, etc., usaron el terror mediático, mentiras y graves acusaciones de terrorismo y la demonización de nuestras movilizaciones (como siempre hacen con el antifascismo), extendiendo el miedo entre aquellas personas que vinieron a solidarizarse.

Así, llegamos a la segunda concentración el sábado 20 en Callao, ya no solamente por Pablo sino también por todos los compañeros represaliados estos dias, especialmente los enviados a prisión. El gobierno más hipócrita de la historia preparó un dispositivo con más de un centenar de furgones, un helicóptero y varios drones, acordonando la zona e identificando a todo el que pasara a la plaza, quedando al descubierto el Estado policial y autoritario que padecemos, en el que nos niegan nuestros derechos y libertades más básicos, como la de expresión o manifestación.

A pesar de que la concentración transcurría sin problemas, no tardaron en ponerse los cascos y sacar escudos y porras para amedrentar y provocar a los asistentes. Afortunadamente, no hubo que lamentar cargas ni detenciones

Al final, la campaña de miedo desplegada surtió efecto y acudieron a la concentración unas 300 personas, muchas menos que el miércoles. No obstante, que el Estado se haya visto obligado a mostrar su auténtica cara, la más terrorista y violenta, especialmente con sus aparatos policial y mediático, mostrando al mundo entero que está dispuesto a ahogar cualquier convocatoria democrática y critica, es una victoria. Como lo es el hecho de haber desobedecido y logrado concentrarnos, por tercera vez en dos semanas, sin haber pasado por la ventanilla para pedir permiso. Manifestarnos y protestar, especialmente cuando se trata de algo tan grave y urgente como el ingreso de un compañero en prisión por decir cuatro verdades, no puede estar supeditado a lo que diga el Estado. Nuestros derechos no se mendigan, los conquistamos en la calle.

Esto que hacemos es un llamamiento a la acción combativa, a que todas aquellas personas que, a pesar de todo, han acudido a las movilizaciones, que nos habéis contactado estos días con ganas de salir a luchar, os acerquéis a las asambleas y convocatorias que se van a realizar para organizar toda esta rabia. No podemos dejar que nos recluyan en nuestras casas y que la inacción nos condene más de lo que ya lo hace este Estado criminal. Debemos mantenernos unidos y volver a salir a las calles de forma unitaria y organizada.

¡No podemos dejar que la inacción nos condene!
¡Organízate y lucha!

Movimiento Antirrepresivo
22 de febrero de 2021

Las maquilas en Latinoamérica: una nueva forma de esclavitud

Entre los años 60 y 70 del siglo pasado comienza el proceso de traslado de parte de la industria de ensamblaje desde Estados Unidos hacia América Latina. Para los 90, con el gran impulso a la liberalización del comercio internacional y la absoluta globalización de la economía, el fenómeno ya se había expandido por todo el mundo, siendo el capital invertido no sólo estadounidense sino también europeo y japonés. En Latinoamérica, esas industrias son actual y comúnmente conocidas como «maquilas» (maquila es un término que procede del árabe y significa «porción de grano, harina o aceite que corresponde al molinero por la molienda, con lo que se describe un sistema de moler el trigo en molino ajeno, pagando al molinero con parte de la harina obtenida»). Esta noción de maquila que se ha venido imponiendo desde algunos años invariablemente se asocia a precariedad laboral, falta de libertad sindical y de negociación, salarios de hambre, largas y agotadoras jornadas de trabajo y -nota muy importante- primacía de la contratación de mujeres. Esto último, por cuanto la cultura machista dominante permite explotar más aún a las mujeres, a quienes se paga menos por igual trabajo que los varones, y a quienes se manipula y atemoriza con mayor facilidad (un embarazo, por ejemplo, puede ser motivo de despido).

Estas industrias, en realidad, no representan ningún beneficio para los países donde se instalan. Lo son, en todo caso, para los capitales que las impulsan, en tanto se favorecen de las ventajas ofrecidas por los países receptores (mano de obra barata y no sindicalizada, exención de impuestos, falta de controles medioambientales). En los países que las reciben, nada queda. A lo que debe agregarse que es tan grande la pobreza general, tan precarias las condiciones de vida de estos países, que la llegada de estas iniciativas más que verse como un atentado a la soberanía, como una agresión artera a derechos mínimos, se vive como un logro: para los trabajadores, porque es una fuente de trabajo, aunque precaria, pero fuente de trabajo al fin. Y para los gobiernos, porque representan válvulas de escape a las ollas de presión que resultan sociedades cada vez más empobrecidas y donde la conflictividad crece y está siempre a punto de estallar. Dato curioso (u observación patética): algunas décadas atrás en la región se pedía la salida de capitales extranjeros y era ya todo un símbolo la quema de una bandera estadounidense; hoy, la llegada de una maquila se festeja como un elemento “modernizador”.

La relocalización (eufemismo en boga por decir “ubicación en lugares más convenientes para los capitales”) de la actividad productiva transnacional es un fenómeno mundial y se ha efectuado desde Estados Unidos hacia México, América Central y Asia, pero también desde Taiwán, Japón y Corea del Sur hacia el sudeste asiático y hacia Latinoamérica, con miras a abastecer al mercado estadounidense, en principio, y luego el mercado global, tal como va siendo la tendencia sin marcha atrás del capitalismo actual. En el caso de Europa, las empresas italianas, alemanas y francesas primero trasladaron sus actividades productivas hacia los países de menores salarios como Grecia, Turquía y Portugal, y luego de la caída del muro de Berlín a Europa del Este. Actualmente se han instalado también en América Latina y en el Africa.

Las empresas maquiladoras inician, terminan o contribuyen de alguna forma en la elaboración de un producto destinado a la exportación, ubicándose en las “zonas francas” o “zonas procesadoras de exportación”, enclaves que quedan prácticamente por fuera de cualquier control. En general no producen la totalidad de la mercadería final; son sólo un punto de la cadena aportando, fundamentalmente, la mano de obra creadora en condiciones de super explotación laboral. Siempre dependen integralmente del exterior, tanto en la provisión de insumos básicos, tecnologías y patentes, así como del mercado que habrá de absorber su producto terminado. Son, sin ninguna duda, la expresión más genuina de lo que puede significar «globalización»: con materias primas de un país (por ejemplo: petróleo de Irak), tecnologías de otro (Estados Unidos), mano de obra barata de otro más (la maquila en, por ejemplo, Indonesia), se elaboran juguetes destinados al mercado europeo; es decir que las distancias desaparecen y el mundo se homogeniza, se interconecta. Ahora bien: las ganancias producidas por la venta de esos juguetes, por supuesto que no se globalizan, sino que quedan en la casa matriz de la empresa multinacional que vende sus mercancías por todo el mundo, digamos en Estados Unidos.

En el subcontinente latinoamericano, dada la pobreza estructural y la desindustrialización histórica, más aún con el auge neoliberal que ha barrido esta región estas tres últimas décadas, los gobiernos y muchos sectores de la sociedad civil claman a gritos por su instalación con el supuesto de que así llega inversión, se genera ocupación y la economía nacional crece. Lamentablemente, nada de ello sucede.

En realidad las empresas transnacionales buscan rebajar al máximo los costos de producción trasladando algunas actividades de los países industrializados a los países periféricos con bajos salarios, sobre todo en aquellas ramas en las que se requiere un uso intensivo de mano de obra (textil, montaje de productos eléctricos y electrónicos, de juguetes, de muebles). Si esas condiciones de acogida cambian, inmediatamente las empresas levantan vuelo sin que nada las ate al sitio donde circunstancialmente estaban desarrollando operaciones. Qué quede tras su partida, no les importa. En definitiva: su llegada no se inscribe -ni remotamente- en un proyecto de industrialización, de modernización productiva, más allá de un engañoso discurso que las pueda presentar como tal.

Toda esta reestructuración empresarial se produce en medio de no pocos conflictos sociales en los países del Norte, pues cientos de fábricas cierran y dejan desocupados a miles de trabajadores. Por ejemplo, en la década del 90 del pasado siglo más de 900.000 empleos se perdieron en Estados Unidos en la rama textil y 200.000 en el sector electrónico. El proceso continúa aceleradamente, y hoy día las grandes transnacionales buscan maquilar prácticamente todo en el Sur, incluso ya no sólo bienes industriales sino también partes de los negocios de servicios. De ahí que, para sorpresa de nosotros, latinoamericanos, se vea un crecimiento exponencial de los llamados call centers en nuestros países: super explotación de la mano de obra local calificada que domina el idioma inglés, siempre jóvenes. En definitiva: otra maquila más.

Todo esto permite ver que en el capitalismo actual, llamado eufemísticamente “neoliberal” (capitalismo salvaje, sin anestesia, para ser más precisos), las grandes corporaciones actúan con una visión global: no les preocupa ya el mercado interno de los países donde nacieron y crecieron, sino que pueden cerrar operaciones allí despidiendo infinidad de trabajadores -que, obviamente, ya no serán compradores de sus productos en ese mercado local- pues trasladan las maquilas a lugares más baratos pensando en un mercado ampliado de extensión mundial: venden menos, o no venden, en su país de origen, porque sus asalariados ya no tienen poder de compra, pero venden en un mercado global, habiendo producido a precios infinitamente más bajos.

El fenómeno parece no detenerse sino, al contrario, acrecentarse. La firma de tratados comerciales como los actuales TLC (Tratado de Libre Comercio) entre Washington y determinados países latinoamericanos, no son sino el escenario donde toda la región apunta a convertirse en una gran maquila. Las consecuencias son más que previsibles y, por supuesto, no son las mejores para Latinoamérica: en el trazado del mapa geoestratégico de las potencias, y fundamentalmente de los capitales representados por la Casa Blanca, nuestros países quedan como agro-exportadores netos (productos agrícolas primarios, recursos minerales, agua dulce, biodiversidad) y facilitadores de mano de obra semi-esclava para las maquilas.

En alguna medida, y salvando las distancias de la comparación, China también apuesta a la recepción de capitales extranjeros ofreciendo mano de obra barata y disciplinada; en otros términos: una gigantesca maquila. La diferencia, sin embargo, está en que ahí existe un Estado que regula la vida del país, ofreciendo políticas en beneficio de su población y con proyectos de nación a futuro. No entraremos a considerar ese complejo engendro de un “socialismo de mercado”, pero sin dudas toda esta re-ingeniería humana desarrollada por el Partido Comunista ha llevado a China a ser la segunda potencia económica mundial en la actualidad, y ahora se habla de comenzar a volcar esos beneficios a favor de las grandes mayorías paupérrimas. Por el contrario, las maquilas latinoamericanas no han dejado ningún beneficio hasta la fecha para las poblaciones; en todo caso, fomentan la ideología de la dependencia y la sumisión. Eso es el capitalismo en su versión globalizada, por lo que sólo resta decir que la lucha popular, aunque hoy día bastante debilitada, por supuesto que continúa.

https://vanguardia.com.mx/lasmaquilasenlatinoamericaunanuevaformadeesclavitud-1432198.html

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