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Día: 9 de febrero de 2021 (página 1 de 1)

Las patrullas de matones ya recorren las calles de Baleares para imponer la ley marcial

Los defensores celosos del orden y la ley han bajado de los balcones a la calle para que que todos cumplamos con el toque de queda y demás normas sanitarias establecidas.

Son auxilares de la policía municipal, aunque de momento aún no les han entregado armas, ni porras, ni coches patrulla, ni uniformes. Es un nuevo somatén.

Las patrullas se han formado en Baleares a raíz de una iniciativa del Govern, y las personas que actúan como matones se encargarán de concienciarnos sobre las excelentes medidas sanitarias que debemos guardar para prevenir la pandemia.

Para ello, recorrerán las calles, los espacios públicos y los locales para complementar la labor policial logrando “una comunicación más asertiva con la ciudadanía”. El plan no dice lo que puede ocurrir si no logran concienciarnos a todos. ¿Podrán sacar los palos?, ¿podrán detener a los irresponsables?, ¿multarles?

Como la Guardia Civil, irán en parejas con un chaleco identificador, que llevará el color de la zona sanitaria y la fase en la que se encuentren. Por eso, actualmente, todos los chalecos son rojos, ya que las cuatro Islas se encuentran en el nivel 4 de “riesgo”.

Una parte de las patrullas recorrerán los espacios naturales de las Islas.

En Baleares ya hay un total de 377 matones, de los cuales 295 están en Mallorca. Su labor durará al menos hasta junio. A ellos hay que sumar los rastreadores que siguen nuestros pasos. En fin, la pandemia está creando una policía paralela.

https://diariodecalvia.com/calvia-ya-cuenta-con-informadores-covid-19-del-govern-por-las-calles-del-municipio/

La vacuna mata a un anciano en 25 minutos en Nueva York

El domingo por la mañana un anciano de 70 años se desplomó y murió 25 minutos después de recibir la vacuna contra el coronavirus en Nueva York.

El anciano se cayó cuando salía del centro de convenciones Jacob Javits de Manhattan, apenas 25 minutos después de recibir la vacuna, según informó en un comunicado el doctor Howard Zucker, delegado de Salud del Estado de Nueva York.

El personal de seguridad del lugar y los primeros socorristas acudieron a su lado en cuestión de segundos, pero el anciano fue declarado muerto en un hospital local poco después.

El repentino colapso del hombre se produjo después de un periodo de observación obligatorio de 15 minutos, durante el cual “no experimentó ninguna reacción adversa o angustia”, dijo el doctor Zucker (1).

Las autoridades aún no han revelado la identidad del hombre. Tampoco se sabe qué tipo de vacuna recibió.

El centro Javits se inauguró en enero como centro de vacunación masiva y es uno de los muchos que hay en la zona de Nueva York. En un principio se utilizó como hospital de campaña durante de la primera ola de la pandemia.

Casi un millón de personas en la ciudad de Nueva York han sido vacunadas hasta la fecha, y 1,5 millones de personas en todo el estado han recibido su primera dosis.

Desde la introducción de la vacuna de Pfizer en diciembre, ha habido bastantes muertes inexplicables de personas que han recibido la inyección.

El sábado la ministra de sanidad de Virginia, Drene Keyes, de 58 años, murió a las pocas horas de recibir una dosis de la vacuna de Pfizer en una clínica de Varsovia.

Los médicos no saben la causa de su muerte o las afecciones subyacentes que Keyes pudiera haber tenido y que podrían haber contribuido a ella.

Al igual que en el incidente del domingo en la ciudad de Nueva York, Keyes permaneció en la clínica durante 15 minutos después de la dosis, como se recomienda, antes de volver a la clínica más tarde ese mismo día.

Fue trasladada de urgencia al VCU Health’s Tappahannock Hospital, donde falleció el sábado.

“Los resultados preliminares indican que la causa de la muerte no fue la anafilaxia, pero se necesitarán varias semanas para obtener más información”, dijo la jefa de la policía de Varsovia, Joan Kent.

“Podemos confirmar que la muerte se produjo a las pocas horas de recibir la vacuna, pero esto no prueba que haya una relación entre ambas. Actualmente estamos investigando y aún no sabemos la causa de la muerte”.

Del mismo modo, en California, el mes pasado, Tim Zook, un tecnólogo de radiología de 60 años del South Coast Global Medical Center de Santa Ana, murió el 7 de enero, dos días después de recibir su segunda dosis de la vacuna de Pfizer.

El día de su vacunación, escribió en Facebook que “nunca había estado tan emocionado por vacunarse” y que celebraba su “inmunización completa”. Sin embargo, unas horas más tarde, el padre de tres hijos habría tenido una aparente reacción adversa, diciendo a sus colegas que tenía un fuerte dolor de estómago y dificultad para respirar.

Cuando sus síntomas empeoraron, sus compañeros le llevaron a urgencias, donde le pusieron un respirador artificial cuatro horas después de su llegada.

La esposa de Zook, Rochelle Zook, dijo que su familia no “culpaba a ninguna empresa farmacéutica” (2). “A mi marido le encantaba lo que hacía”, dijo. “Trabajó en hospitales durante 36 años y medio. Creía en las vacunas. Estoy seguro de que aceptaría esa vacuna, y querría que el público la aceptara”.

“Pero cuando alguien muestra síntomas dos horas y media después de una vacuna, se trata de una reacción. ¿Qué otra cosa podría haber pasado? Nos gustaría que el público supiera lo que le pasó a Tim, para que no muriera en vano. Las reacciones graves son poco frecuentes. De hecho, el coronavirus es una fuerza mucho más mortífera que las reacciones a la propia vacuna potencial”.

(1) https://www.dailymail.co.uk/news/article-9237735/Man-70s-collapses-dies-just-25-minutes-receiving-COVID-19-vaccine-NYC.html
(2) https://www.ocregister.com/2021/01/26/health-care-worker-dies-after-second-dose-of-covid-vaccine-investigations-underway/

‘Todo está prohibido, excepto si el gobierno lo autoriza expresamente’

Cada vez que los histéricos oyen hablar de relajar las restricciones, se ponen más nerviosos y a su hipocondria contribuyen alborozados los “expertos” con el as en la manga: las nuevas cepas. El viejo coronavirus está muy manoseado; el verdadero problema es la variante británica, o la sudafricana, o la brasileña, o… ya veremos. Se propagan más, son más letales, las vacunas no les afectan… Tienen seudociencias preparadas para este tipo de estupideces y más.

Los primeros toques de queda han salido tan bien, por la falta de oposición popular suficiente, que conviene convertirlos en permanentes. Son otros tantos cheques en blanco a cualquier clase de política que los gobiernos quieran imponer. La pandemia lo justifica todo.

El confinamiento no acabará nunca y durante el resto de nuestras vidas veremos a personas acobardadas tras sus mascarillas, día y noche, en la calle y en la casa, desinfectando su entorno, limpiándose con hidrogel, alejándose de sus familiares y de sus compañeros de trabajo cada vez más, con un móvil en la mano que les acerque al mundo virtual en el que aún les permiten sobrevivir.

Ya no nos rodeamos de personas sino de teléfonos móviles, pendientes de nuestra conexión, de nuestras redes de contactos. Los partidos políticos, los sindicatos y los movimientos sociales han desaparecido. Hace un año que no se reúnen, no se ven, no comparten nada. Le han regalado un cheque en blanco al gobierno, al que nunca le preocuparon el paro, la precariedad, la vivienda, la educación… Pero ahora se preocupa de nuestra salud y todo lo hace en interés de ella.

Los ancianos que han logrado sobvrevivir a la matanza llevan un año recluidos en sus asilos, o quizá incluso en sus habitaciones, encerrados y pendientes de que su hijo o su nieto le llame para poder escuchar una voz cercana. Lo hacen por su bien: el gobierno, la comunidad autónoma, la empresa que gestiona el asilo, los trabajadores del mismo… quieren lo mejor para ellos, pero nadie les pregunta si es eso lo que quieren para sí mismos.

Se trata, sin duda, del mayor régimen de terror conocido en la historia. Aparentemente estamos en tiempos de paz, pero nunca una guerra tuvo este coste. Las calles están vacías y cuando anochece hay que estar pendientes del reloj, como la Cenicienta, para llegar a casa antes de que comience el toque de queda. Nadie se había atrevido jamás a imponer restricciones de tal alcance a cada uno de los derechos y libertades de millones de personas, ni tampoco encarcelamientos, palizas, detenciones y multas.

Como los seudorrevolucionarios están entusiasmados con el régimen de terror que justifica su absoluta pasividad, como ni siquiera apuntan ni el más leve asomo de crítica, los terroristas están crecidos y no ocultan sus intenciones.

El ministro británico de Sanidad, Matt Hancock, que aparece en la portada, calificó las restricciones sanitarias de “napoleónicas”. El confinamiento “ha dado un vuelco al principio habitual de la legislación inglesa de que todo lo que no está explícitamente prohibido está permitido”. Ya no es así. “Se prohibe a la gente hacer cualquier cosa a menos que la legislación dijera, con palabras, que pueden hacerlo”.

Un juez británico ha calificado el toque de queda como “el régimen más restrictivo jamás aplicado a la vida pública de los individuos y las empresas” sin un control parlamentario previo, porque los diputados están acostumbrados a lidiar con los presupuestos, la política exterior o el Ministerio de Interior, pero no con virus, contagios, brotes, cepas o mascarillas.

La política ya no es lo que era. Se ha transformado en una de los peores cepas del fascismo. Al ministro británico de Sanidad le bastó firmar un decreto para imponer un confinamiento total el 24 de marzo del año pasado. Ya no hay debates parlamentarios, ni callejeros, ni jueces, ni prensa incómoda. Han bastado políticos, expertos y programas de televisión para domesticar a un país durante un año, encerrar a las personas en sus casas y en sus asilos, cerrar las empresas y acabar con las protestas en la calle.

Es inútil que los negacionistas se lamenten porque el draconiano régimen impuesto no ha servido para nada, que no logró contener la primera ola, que ahora sigan haciendo lo mismo y estemos ya en la tercera. Excepto el virus, todo lo demás ha fallado estrepitosamente, pero la política sanitaria sigue empeñada en volver a fracasar cuantas veces sea necesario y para eso necesitan “nuevas cepas” de las que los “expertos” no saben más de lo que sabían de las viejas, o sea, casi nada.

La política sanitaria estaba fracasando antes de la pandemia, siguió fracasando durante ella y no va a cambiar, por lo que la mortalidad seguirá en aumento, incluso en enfermedades que siempre han tenido tratamiento médico. Ahora sólo hay ojos para eso que llaman “covid”; los demás enfermos se morirán abanonados, lo mismo que los ancianos, y a la hora del recuento dirán que han muerto “por covid”.

No hay más que leer los titulares: todo está causado por el “covid”, no sólo el colapso hospitalario. Los efectos colaterales del virus van mucho más allá. La crisis económica tiene su origen en un virus. El paro ha aumentado por la pandemia (no por el confinamiento). Los despidos también, y el endeudamiento, y los suicidios…

Es algo que pasará así a la historia, que dentro de unos años enseñarán a los niños en las escuelas, a los alumnos de las universidades y difundirán los documentales de National Geographic por la televisión. El lavado de cerebro no ha hecho más que comenzar.

Pablo Hasel, viento de libertad

El término distopía fue acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill en contraposición al término eutopía o utopía de Thomas More y sería “una utopía negativa donde la realidad transcurre en términos antagónicos a los de una sociedad ideal”. Leer más

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