Ya hasta nos metemos con Chomsky, ¡qué osadía!

Bianchi

Y es que entre cierta intelectualidad reputada de “izquierdas y progre” Noam Chomsky funge de santón y gurú cuya sola palabra quita el hipo y los pecados del mundo. Lo último que leemos es en el rotativo “La Jornada“ mexicana que antetitula “Chomsky alerta que el malestar social amenaza la democracia” y ya nos enfrentamos a una ambigüedad semántica que poco aclara e invita a preguntar, casi infantilmente, a qué clase de “democracia” se refiere, ¿no es cierto? Parece ser que el lingüista y filósofo de 87 años y profesor emérito del Massachusetts Institute of Technology (MIT) ha declarado en una entrevista en Cambridge recién que la escasa popularidad de los actuales candidatos a la Presidencia de Estados Unidos -Trump y Clinton- no es algo excepcional, sino que forma parte “de un gran malestar social que amenaza a la democracia”. Suponemos, es seguro, que se refiere a la “democracia” entendida a la occidental manera, a la hollywoodiense manera.

No es infrecuente en los trabajos y artículos de Chomsky la utilización de conceptos como “lucha de clases”, “solidaridad”, “igualdad” que no nos deben inducir a error. Su igualdad es la igualdad de los jugadores libres en el “verdadero” mercado como quien juega unas manos de póker en una mesa (libre, por supuesto). Su solidaridad es la solidaridad de los individuos aislados persiguiendo intereses personales (o sea, un liberal clásico que va de “ácrata”), y su “lucha de clases” es la indignada retórica “antiimperialista” en combinación con el oportunismo y la conciliación en las cuestiones “malditas” y peliagudas, las más fundamentales, por ejemplo, Oriente Medio y el Estado de Israel donde se tienta la ropa, no sabemos si por su condición de judío o qué. También a Einstein, judío alemán, le ofrecieron la Presidencia del recién creado Estado de Israel y dijo que no, gracias, y todavía no había empezado a ejercer el terrorismo de Estado masivamente (sus organizaciones paraestatales, sí) contra árabes y palestinos.

Puede ser que, acercándose a cierta línea roja, se detenga porque perciba que, como persona del sistema que es y al que pertenece, simplemente no puede traspasarla sin sufrir daños en sus propias carnes. Eso es todo.

Buenas tardes.

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