La web más censurada en internet

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El Pentágono compra una aplicación informática de vigilancia para capturar el tráfico de internet

Una empresa privada, Team Cymru, ha vendido al Pentágono la aplicación informática “Augury”, capaz de capturar el 93 por cien del tráfico mundial de datos que circulan por internet.

“Augury” es una herramienta informática de vigilancia masiva mundial. Permite acceder a los datos del correo electrónico de las personas, a su historial de navegación y a otra información, como sus cookies. Incluye más de 550 puntos de recogida en todo el mundo: Europa, Oriente Medio, América del Norte y del Sur, África y Asia.

Se actualiza con al menos 100.000 millones de nuevos registros cada día y proporciona acceso a petabytes de datos actuales e históricos.

La Marina, el Ejército, el Mando Cibernético y la Agencia de Seguridad y Contrainteligencia de la Defensa han pagado colectivamente al menos 3,5 millones de dólares para acceder a Augury. Esto permite a los militares rastrear a los usarios de internet con una ingente cantidad de información de todo tipo.

Las instituciones públicas estadounidenses logran acceder a datos que requieren una previa orden judicial simplemente pagando un precio. Las empresas comerciales se poderan de los datos personales y luego trafican con ellos a cambio de dinero, incluso vendiéndolos a organismos públicos.

El senador Ron Wyden asegura que un denunciante le ha informado del presunto uso y la compra sin orden judicial de estos datos por parte del NCIS, la policía naval, después de presentar una queja al Departamento de Defensa.

La palabra “augur” se refiere a alguien que observa el mundo, lo interpreta y realiza propuestas de actuación.

—https://ussanews.com/2022/09/21/revealed-us-military-bought-mass-monitoring-tool-that-includes-internet-browsing-email-data/

El Tribunal General de la Unión Europea confirma otra multa historica contra Google

Esta mañana el Tribunal General de la Unión Europea ha confirmado la multa de la Comisión Europea contra Google impuesta en 2018 por imponer restricciones ilegales a los fabricantes de dispositivos que utilizan su sistema operativo Android para afianzar su posición monopolista.

La multa inicial era de 4.343 millones de euros y el Tribunal la rebaja en 218 millones, por lo que la sanción económica sigue siendo la mayor impuesta por la Unión Europea a un monopolio.

Bruselas sancionó a Google por obligar a los fabricantes de teléfonos y tabletas que utilizan su sistema operativo a preinstalar su motor de búsqueda y su navegador Chrome para eliminar a los competidores. El sistema Android se utiliza en cerca del 80 por cien de los dispositivos móviles de todo el mundo.

Para justificarse Google asegura que su competidor Apple hace lo mismo que ellos: favorece sus propios servicios, como el navegador Safari, en sus iPhones.

Las prácticas monopolistas de Google también están siendo cuestionadas en Estados Unidos y Asia.

La disputa comenzó en 2015 cuando la Comisión Europea abrió un procedimiento tras varias denuncias de las empresas competidoras.

En 2017 la Comisión multó al gigante tecnológico con 2.400 millones por prácticas anticompetitivas en el mercado de comparación de precios. Esta multa fue confirmada en enero por el Tribunal de la Unión Europea.

En 2019 Bruselas impuso a Google otros 1.500 millones de euros de multa por infracciones de competencia atribuidas a su red publicitaria AdSense.

La Unión Europea ha aprobado una nueva legislación para frenar los abusos de posición monopolista de los gigantes tecnológicos. La Ley de Mercados Digitales, que entrará en vigor el próximo año, impondrá una serie de obligaciones y prohibiciones a empresas como Google, Apple, Facebook y Amazon. Su objetivo es actuar antes de que el comportamiento abusivo haya destruido la competencia.

Los smartphones te están volviendo gilipollas

El teléfono inteligente ha comenzado a desempeñar un papel muy importante en el embrutecimiento y la insensibilidad humana. En lugar de ser una fuente eficaz de transmisión de información (o incluso un testigo incómodo para el poder, como parece advertise en algunas series distópicas), se ha convertido en un lastre para todas aquellas personas que dependen de ellos. Las personas recurren a estos dispositivos para todo tipo de operaciones diarias, la mayoría innecesarias, incluida la realización de problemas matemáticos simples para no tener que pensar. Leer más

Los bots de la OTAN han inundado internet de propaganda contra Rusia

Uno de los mayores ejércitos de bots jamás descubiertos trabajaba en secreto para promover los intereses de la OTAN en la Guerra de Ucrania.

Investigadores del departamento de matemáticas la Universidad australiana de Adelaida, que estudiaron 5,2 millones de mensajes publicados en las semanas posteriores a la operación militar de Rusia en Ucrania, han publicado un estudio que revela que entre el 60 y el 80 por cien de los mensajes fueron compartidos por cuentas falsas, y que el 90 por cien de ellos eran favorables al gobierno ucraniano (*).

Twitter reconoce que el 10 por ciento de sus cuentas sus falsas, pero en el caso de Ucrania, el porcentaje es muy superior.

Las cuentas falsas, que utilizaban etiquetas como #IStandWithUkraine, #IStandWithZelenskyy y #ISupportUkraine, se utilizaron en masa para perpetuar mitos como el del “fantasma de Kiev”, un piloto inexistente que los bots pro-ucranianos pusieron durante meses como ejemplo del coraje ucraniano, antes de que los portavoces del gobierno de Zelensky reconocieran que nunca existió.

Los investigadores descubrieron que los bots se desplegaron en momentos clave de la guerra, como cuando comenzaron los combates en Mariupol y cuando Rusia se afianzó en su primera gran ciudad ucraniana.

Según la información recopilada por el Observatorio de Internet de Stanford y Graphika, una página proestadounidense dirigida a usuarios de redes sociales de Asia Central llegó a retocar una foto de la actriz puertorriqueña Valeria Menéndez para convencer al público de que había seres humanos reales detrás de la campaña de propaganda.

Un gráfico comparó la foto de una actriz puertorriqueña antes y después de ser alterada por los operadores de una red estadounidense de bots.

Queda por ver el impacto que estas redes de bots pueden haber tenido en la percepción pública de la Guerra de Ucrania.

Sin embargo, dado que los lectores están cada vez más preocupado por cuestiones más inmediatas, como la crisis energética provocada por las sanciones antirrusas o la falta de agua potable en ciudades estadounidenses como Jackson (Mississippi), las encuestas muestran que el interés por la Guerra de Ucrania se ha reducido notablemente.

(*) https://www.adelaide.edu.au/newsroom/news/list/2022/09/08/bots-manipulate-public-opinion-in-russia-ukraine-conflict

Ucrania: la primera ciberguerra de la historia

La Guerra de Ucrania es híbrida. Se libra tanto en tierra como en línea. Es la primera ciberguerra de la historia. Al estallar el 24 de febrero, el ucraniano Nikita Knysh, se instaló en el sótano de una fábrica de carteras de Jarkov, junto con un equipo de piratas informáticos.

Trabajaba por cuenta del SBU, la policía secreta ucraniana, a través de la empresa de ciberseguridad HackControl, que nominalmente es propiedad suya. Desde Jarkov se infiltró en los canales de Telegram en las zonas ocupadas para transmitir mensajes a favor de Ucrania.

Knysh creó un grupo de unos 30 piratas llamado Hackyourmom. Al cabo de una semana se trasladaron a la región de Vinnystia, más alejada de los combates, en un albergue que había alquilado durante varios meses en previsión de la guerra.

Entonces se puso en contacto con Vsevolod Kozhemyako, uno de sus antiguos mentores y uno de los hombres más ricos de Ucrania. Kozhemyako logró conseguirle un terminal Starlink para que pudiera establecer una conexión a internet por satélite de SpaceX, relata el Financial Times (*).

Se puso en contacto con los piratas a los que había seguido la pista mientras trabajaba en el SBU para reclutarlos. Le proporcionó bases de datos de tarjetas bancarias robadas, que luego compartió con otros piratas en un canal de Telegram. Fueron responsables de numerosas amenazas de bomba falsas en rutas aéreas rusas, incluidas las de Air Serbia.

El grupo consiguió piratear miles de cámaras de seguridad y de vigilancia de carreteras en las zonas de Ucrania ocupadas por Rusia, así como en Bielorrusia. Utilizando el aprendizaje automático, pudieron analizar las imágenes para diferenciar los movimientos militares del tráfico normal, y pasaron la información al ejército ucraniano.

Consiguieron engañar a los soldados rusos creando perfiles falsos de mujeres en Facebook y en las redes sociales. Los rusos les enviaron fotos y consiguieron información suficiente para localizarlos. Esto incluía una base rusa cerca de Melitopol que fue destruida por las tropas ucranianas unos días después.

(*) https://www.ft.com/content/f4d25ba0-545f-4fad-9d91-5564b4a31d77

Los cortes de luz darán lugar a cortes de internet

Los gobiernos europeos han reconocido que este invierno pueden producirse cortes de electricidad organizados, planificados, localizados y de corta duración, en la red eléctrica.

El objetivo de dichos cortes es eliminar los picos de consumo, sobre todo en determinadas horas del día, cuando la caída de las temperaturas provoquen una demanda excesiva para la calefacción.

La Federación francesa de Operadores de Telecomunicaciones, por su parte, ha anunciado que sin electricidad los repetidores móviles dejarán de funcionar y el 95 por cien de las comunicaciones de emergencia pasan por esas redes.

Es un problema sin solución. La única posibilidad sería instalar un generador en los relés para garantizar su funcionamiento. Pero la red tiene demasiados relés y encender un relé apagado requiere más tiempo que encender un cuadro de luces. Las interrupciones pueden durar horas, cortando los servicios de internet y telefonía tanto a particulares como a empresas.

El teletrabajo no sólo quedará interrumpido sino que se producen daños. El ordenador puede perder los datos y el enrutador se puede desconfigurar.

En España, las empresas debe computar el tiempo que duren los cortes como tiempo efectivo de trabajo, sin que los trabajadores deban recuperar ese tiempo ni sufrir descuento alguno de los salarios.

Google bombardea a los usuarios de Gmail con propaganda ilegal

Las empresas tecnológicas son el nuevo crimen organizado. Acaparan más delitos y multas que cualquier otro tipo de empresas, incluidas las farmacéuticas. Han sido sancionadas en muchos países por prácticas ilegales e incluso delictivas. Sin embargo, las multas son tan reducidas que merece la pena seguir con las mismas prácticas porque son muy rentables.

En los últimos años, casi todos los servicios de Google (Youtube, Gmail, Android) han sido objeto de sanciones en Europa. En mayo la Agencia Española de Protección de Datos le impuso la multa más alta hasta la fecha por dos infracciones muy graves por ceder datos a terceros sin legitimación y por no respetar la voluntad de los usuarios de que sus datos dejen de ser públicos.

En julio Dinamarca prohibió todos los servicios de Google en las escuelas públicas de un municipio y potencialmente para el resto del país.

En 2019 la Cnil, la Agencia francesa de Protección de Datos, le impuso una multa de 50 millones de euros por no proporcionar a los usuarios de Android información suficiente sobre el uso de sus datos personales.

Lo mismo ocurrió en 2021, cuando la Cnil multó a Google con 150 millones de euros por las “cookies” publicitarias. Ese mismo año, el servicio Android también fue denunciado ante la Cnil por el seguimiento de los internautas con fines publicitarios a través del sistema operativo, que equipa el 80 por cien del mercado de móviles.

La Autoridad Francesa de la Competencia multó a Google con 150 millones de euros por abuso de su posición dominante en el mercado de la publicidad de búsqueda, una multa confirmada en abril de este año.

La asociación de defensa de la intimidad de los internautas Noyb (None of your business, No te concierne) ha conseguido en dos ocasiones, en 2015 y de nuevo en 2020, la anulación del acuerdo entre la Unión Europea y Estados Unidos para la transferencia de datos europeos a través del Atlántico.

Ahora una nueva demanda de Noyb acusa a Google de enviar correos electrónicos con publicidad ilegal a través de su buzón de Gmail, sin obtener previamente el consentimiento de los usuarios. Esta práctica comercial se considera “spam” (correo no deseado). El spam es un correo electrónico comercial enviado sin consentimiento, y es ilegal.

“Mientras que Gmail filtra con éxito la mayoría de los mensajes de ‘spam’ externos en una carpeta separada, los anuncios no solicitados enviados por Google se envían directamente a la bandeja de entrada del usuario. Esto da la impresión de que el usuario se ha suscrito a estos correos electrónicos o servicios, cuando en realidad no se ha obtenido ningún consentimiento”, dice un comunicado de Noyb.

Una directiva europea sobre intimidad electrónica prohíbe a las empresas enviar publicidad no solicitada por vía electrónica, que es lo que ha hecho Google aprovechándose de su control sobre Gmail. Simplemente Google es publicidad comercial.

Twitter engaña a todo el mundo

Un antiguo jefe de seguridad de Twitter, Peiter Zatko, acusa a la red social de mentir a los reguladores y a los accionistas para encubrir graves problemas de seguridad de los datos y un fraude en la eliminación de las cuentas falsas.

La polémica aparece envuelta en medio del proceso judicial contra Elon Musk para obligarle a cumplir su promesa de compra de las acciones. El multimillonario acusa a Twitter de mentir sobre el número de cuentas falsas en la plataforma, y utiliza dicho argumento para justificar su marcha atrás y cancelar así la compra de la empresa.

En un documento de 84 páginas, filtrado a la prensa (*), Zatko denuncia “fallos graves y escandalosos, ignorancia deliberada y amenazas a la seguridad nacional y la democracia”. Los ejecutivos de Twitter han ocultado el número de pirateos a los reguladores y a los miembros del consejo de administración.

Twitter tiene un acuerdo de 11 años con la Comisión Federal de Comercio, un plan de seguridad. La mitad de los servidores de la empresa ejecutan programas obsoletos y vulnerables y los ejecutivos ocultan al consejo de administración el número de infracciones y la falta de protección de los datos de los usuarios, presentando en su lugar gráficos tranquilizadores.

También afirma que miles de trabajadores tienen acceso interno al programa principal de la empresa, lo que ha provocado durante años vergonzosos pirateos, como el de las cuentas de usuarios de alto perfil, como Obama, Trump y Elon Musk.

El denunciante también ataca la gestión de las cuentas falsas por parte de Twitter, que prioriza el crecimiento de su base de usuarios sobre la lucha contra el spam y los bots.

El tema de los bots está en el centro de la disputa con Musk, que acusa a Twitter de minimizar la proporción de cuentas falsas y de spam, estimada en un 5 por cien por la plataforma. La supuesta negligencia denunciada por Zatko puede dar a Musk un argumento adicional para justificar el abandono de su plan de compra de Twitter por 44.000 millones de dólares, y evitar el pago de indemnizaciones.

Zatko es un antiguo pirata informático conocido por el apodo de “Mudge”. Fue contratado a finales de 2020 por el cofundador y antiguo patrón de Twitter, Jack Dorsey, tras el pirateo de las cuentas de numerosas personalidades.

Fue despedido dos semanas después de un enfrentamiento con Parag Agrawal, el nuevo cabecilla de la plataforma. Ha denunciado a la empresa y cuenta con el apoyo de Whistleblower Aid, que ya defendió a Frances Haugen, una antigua informática de Facebook que destapó los chanchullos de la empresa de Zuckerberg el pasado otoño.

La denuncia de Zatko ha pasado a la Comisión de Bolsa y Valores, la Comisión Federal de Comercio, el Departamento de Justicia y el Comité de Inteligencia del Senado. “De ser ciertas, estas acusaciones pueden suscitar preocupación por la confidencialidad de los datos y los riesgos de seguridad para los usuarios de Twitter en todo el mundo”, dijo el senador Dick Durbin en un comunicado.

(*) https://edition.cnn.com/2022/08/23/tech/twitter-whistleblower-peiter-zatko-security/index.html

Puertas giratorias: los cabecillas de Google proceden de la CIA

Google -una de las organizaciones más grandes e influyentes del mundo moderno- está llena de ex agentes de la CIA. Estudiando sitios web y bases de datos de empleo, he comprobado que el gigante de Silicon Valley ha contratado en los últimos años a decenas de profesionales de la Agencia Central de Inteligencia. Además, un número desmesurado de estos reclutas trabajan en campos políticamente sensibles, ejerciendo un control considerable sobre el funcionamiento de sus productos y lo que el mundo ve en sus pantallas y en sus resultados de búsqueda.

El más importante de ellos es el departamento de confianza y seguridad, cuyo personal, en palabras de la entonces vicepresidenta de confianza y seguridad de Google, Kristie Canegallo, “[d]ecide qué contenido está permitido en nuestra plataforma”, es decir, establecen las reglas de Internet, determinando lo que los miles de millones ven y lo que no ven. Antes de Google, Canegallo había sido jefe de gabinete adjunto de la Casa Blanca del presidente Obama para la implementación y actualmente es jefe de gabinete en el Departamento de Seguridad Nacional.

Muchos de los miembros del equipo que ayudan a Canegallo a tomar decisiones sobre los contenidos que deben permitirse en las búsquedas de Google y en plataformas como YouTube eran antiguos funcionarios de la CIA. Por ejemplo, Jacqueline Lopour pasó más de diez años en la CIA, donde se desempeñó como “una destacada experta del Gobierno de Estados Unidos en los desafíos de seguridad en el sur de Asia y Oriente Medio y la escritora de documentos rápidamente necesarios para el presidente de Estados Unidos”. Se incorporó a Google en 2017 y actualmente es directora de recopilación de información y confianza y seguridad.

Entre 2010 y 2015 Jeff Lazarus fue analista económico y político de la CIA. En 2017, fue contratado como asesor político de confianza y seguridad en Google, donde trabajó en la supresión de “contenido extremista”. Se trasladó a Apple en 2021.

Ryan Fugit pasó ocho años como funcionario de la CIA. Después, en 2019, Google le convenció para que lo dejara y se convirtiera en director de confianza y seguridad.

Como director de confianza y seguridad, Bryan Weisbard dirigió equipos que adjudicaron “las escaladas de confianza y seguridad más delicadas de YouTube a nivel mundial” y “aplicaron” las decisiones de desinformación y contenido sensible más “urgentes y de máxima prioridad”. Entre 2006 y 2010, fue oficial de inteligencia en la CIA. Ahora es director de Facebook.

Al igual que Lopour y Lazarus, Nick Rossman se concentró en Irak mientras era analista de la CIA (2009-2014). Desde enero es directivo de la división de confianza y seguridad de Google.

Jacob Barrett, jefe mundial de Google para operaciones de navegación segura, fue jefe de análisis y oficial de código abierto en la CIA entre 2007 y 2013.

Una analista política y de dirección de la CIA durante 12 años, Michelle Toborowski, dejó la agencia en 2019 para aceptar un trabajo como directora analítica de inteligencia en confianza y seguridad en YouTube.

‘Mentimos, engañamos y robamos’

El problema de que los antiguos agentes de la CIA se conviertan en árbitros de lo que es verdadero y lo que es falso, y de lo que debe promoverse y lo que debe suprimirse, es que se formaron en una organización cuyo trabajo notorio era inyectar mentiras e información falsa en el discurso público para promover los objetivos del estado de seguridad nacional.

John Stockwell, ex jefe de un grupo de trabajo de la CIA, explicó ante las cámaras que su organización se infiltró en los departamentos de medios de comunicación de todo el mundo, creó periódicos y agencias de noticias falsas, y plantó noticias falsas sobre los enemigos de Washington. “Tenía propagandistas por todo el mundo”, dijo. “Enviamos docenas de historias sobre atrocidades cubanas, violadores cubanos [a los medios]… Publicamos fotografías [falsas] que aparecieron en casi todos los periódicos del país […] No sabíamos de una sola atrocidad cometida por los cubanos. Era propaganda pura, cruda y falsa para crear la ilusión de que los comunistas se comían a los bebés para desayunar”.

Esto continúa hasta el día de hoy, con la CIA promoviendo historias dudosas sobre el llamado “Síndrome de La Habana” y cómo el gobierno ruso estaba supuestamente ofreciendo dinero a los talibanes para que mataran a soldados estadounidenses.

Mike Pompeo, ex director de la CIA, lo admitió en una charla que dio en 2019. Dijo a la audiencia de la Universidad de Texas A&M: “Cuando era cadete, ¿cuál es el lema de los cadetes en West Point? No mentirás, ni engañarás, ni robarás, ni tolerarás a quienes lo hagan. Yo era el director de la CIA. Mentimos, engañamos y robamos. Teníamos cursos enteros de formación [sobre] ello”.

Todo eso sin hablar de los intentos de golpe de estado en gobiernos extranjeros, el contrabando de drogas y armas y la red mundial de “sitios negros” donde miles de personas han sido torturadas. Además, muchos de los exempleados de la CIA incluidos en la lista participaron en algunos de los peores crímenes contra la humanidad del siglo XXI, las invasiones de Afganistán e Irak, y están claramente orgullosos de ello. Así que, si bien es cierto que hay un grupo limitado de personas cualificadas para puestos de ciberseguridad, es totalmente inapropiado que Google esté empleando a tantos espías para dirigir sus operaciones más sensibles e influyentes. Es especialmente preocupante que muchos de los individuos mencionados fueron arrancados directamente de la CIA para trabajar en Google, un hecho que sugiere que o bien Google está reclutando activamente de los servicios de inteligencia, o que existe algún tipo de acuerdo de trastienda entre Silicon Valley y el estado de seguridad nacional.

Elizabeth Murray, una agente de inteligencia jubilada que pasó 27 años en la CIA y otras organizaciones de inteligencia, explicó que Google podría beneficiarse de la contratación de ex espías. “Al enganchar a un empleado de la CIA, una empresa puede ahorrarse una suma considerable”, dijo, señalando que estos individuos han sido altamente capacitados en seguridad, algo que es excepcionalmente difícil de conseguir en organizaciones civiles.

“En términos de beneficio para la CIA, un funcionario de la CIA podría pasar varios años adquiriendo un conjunto único de habilidades en un conglomerado de medios sociales y luego regresar a la CIA, aprovechando su experiencia recién adquirida en beneficio de la agencia”, añadió Murray.

Google analiza los problemas igual que la CIA

Aunque no haya nada explícitamente nefasto en esa relación, significa que Google empezará a pensar y ver los problemas de la misma manera que la CIA. Como la CIA, Google se ha convertido en un gigante que domina la comunicación en línea, el comercio, la recopilación de información, el entretenimiento y más. Twitter ha contratado a docenas de individuos del FBI, Facebook está inundado de agentes de la CIA, la OTAN ha ganado una enorme presencia en los rangos superiores de TikTok y que un halcón planificador de guerra del Consejo Atlántico fue misteriosamente nombrado para convertirse en el director de política de Reddit. Pero Google es diferente; puedes ignorar o elegir no usar esas otras plataformas. Google, en cambio, es demasiado grande como para escapar de él.

Una cantidad desmesurada de los equipos de inteligencia y seguridad de Google parece provenir de los servicios de inteligencia y seguridad. Entre ellos se encuentran las siguientes personas:

  • Deborah Wituski, que entre 1999 y 2018 ascendió en la CIA, llegando a ser jefa de personal del director. Dejó la agencia por Google, donde ahora es vicepresidenta de inteligencia global.

  • Chelsea Magnant también dejó la CIA por Google en 2018, dejando una carrera de 8 años como analista política por un trabajo como analista de amenazas mundiales para el gigante tecnológico.

  • Yong Suk Lee pasó 22 años en la CIA, que dejó para ocupar un puesto en el análisis de riesgos globales y la seguridad global en Google. En mayo fue ascendido a director.

  • Beth Schmierer trabajó como analista estratégica para la CIA entre 2006 y 2011. Después pasó a ser funcionaria política en el Departamento de Estado. Se incorporó a Google en enero como analista de amenazas globales y ahora es directora de inteligencia en América para la empresa.

  • Toni Hipp se incorporó a Google como gerente del equipo de amenazas globales (inteligencia) en 2017 y ahora es gerente de asuntos mundiales y políticas públicas en estrategia y operaciones. Antes de incorporarse a Google, pasó casi seis años en la CIA como analista de política exterior.

  • Jamie W. es el director de evaluación de amenazas de Google y antiguo director de inteligencia mundial de la empresa. Antes de trabajar en Google, ocupó varios puestos de responsabilidad en la CIA, incluido el de jefe de objetivos para la región de Oriente Próximo. Antes de su estancia de 13 años en la CIA, también trabajó como analista para el FBI.

  • Meaghan Gruppo trabajó como analista de inteligencia y oficial de asuntos públicos en la CIA desde 2008 hasta 2014. Desde 2018, ha trabajado en análisis de riesgos de seguridad y gestión de amenazas para Google.

  • El perfil de LinkedIn de Clinton Dallas señala que, hasta diciembre, era oficial de la CIA. En enero de este año, pasó a ser especialista en programas de riesgo en Google.

El historial profesional de muchos de sus empleados de seguridad y gestión de riesgos puede explicar en gran medida por qué Google parece centrarse en contrarrestar las amenazas de los estados enemigos oficiales de Estados Unidos. El blog de análisis de amenazas de la empresa está lleno de informes publicados sobre los esfuerzos de Irán, Corea del Norte, Rusia y China para influir en su plataforma. Pero nunca parece detectar actividades nefastas del gobierno de Estados Unidos.

Y ello a pesar de que Estados Unidos está llevando a cabo el mayor y más extenso intento de la historia para manipular Internet. Un largo reportaje publicado en Newsweek el año pasado detallaba cómo el Pentágono, por sí solo, dispone de un ejército clandestino de al menos 60.000 personas cuyo trabajo consiste en llevar a cabo despiadadamente campañas de propaganda estatal de seguridad nacional en Internet. Lo llamaron “la mayor fuerza encubierta que el mundo ha conocido”. El reportaje explicaba que: “Se trata de combatientes cibernéticos y recolectores de inteligencia de vanguardia que asumen falsas personalidades en línea, empleando técnicas de ‘no atribución’ y ‘atribución errónea’ para ocultar el quién y el dónde de su presencia en línea mientras buscan objetivos de alto valor y recogen lo que se denomina ‘información de acceso público’, o incluso participan en campañas para influir y manipular los medios sociales”.

Un espía en cada departamento de Google

Google emplea a ex-agentes de la CIA en una miríada de departamentos diferentes, una selección de los cuales incluye:

  • Michael Barlett entre 2007 y 2017 fue jefe de operaciones en la CIA. Desde 2019 ha trabajado como director de riesgos en soluciones de fuerza de trabajo para Google.

  • Nicole Menkhoff pasó más de diez años como analista de armas en la CIA. En febrero de 2015 dejó la CIA para ir a Google, donde fue socia comercial senior de recursos humanos y más tarde jefa de personal de ingeniería.

  • Candice Bryant pasó casi 17 años en la CIA, donde ascendió hasta convertirse en su jefa de comunicaciones públicas. En septiembre fue contratada por Google para convertirse en su directora de comunicaciones ejecutivas.

  • Kyle Foster pasó seis años en la agencia, y luego cuatro más en el ala de capital riesgo de la CIA, In-Q-Tel. Dejó In-Q-Tel en 2016 para trabajar como ingeniero de programas en Google.

  • Joanna Gillia fue analista de dirección en la CIA hasta 2014, el mismo año en que aceptó un trabajo en Google. Trabajó en el área de personal hasta 2020.

  • Katherine Tobin fue jefa de rama de la CIA entre 2014 y 2018. Ahora es jefa de innovación de espacios de trabajo en Google.

  • Christine Lei dejó su trabajo como analista de inteligencia económica para la CIA en 2015 por el puesto de directora de compensación de ejecutivos en Google, donde sigue trabajando hasta hoy.

  • Justin Schuh se jubiló el año pasado tras 11 años como director de ingeniería de Google Chrome. Antes de Google, sin embargo, tuvo una larga carrera en la seguridad nacional, trabajando como analista de inteligencia para el Cuerpo de Marines de Estados Unidos, analista de explotación de redes globales para la NSA y oficial de operaciones técnicas de la CIA.

  • Tom Franklin trabajó como director de programas en la CIA entre 2011 y 2013. Entre 2015 y 2021 fue gerente de productos para Google.

  • Katherine Pham, según su perfil de LinkedIn, hizo “algunas cosas geniales” en la CIA en 2016. Desde octubre, es ingeniera de programas para Google.

  • Corey Ponder fue asesora política de Google entre 2019 y 2021. Antes pasó seis años en la CIA.

Por lo tanto, está claro que el antiguo personal de la CIA está muy metido en el gigante de Silicon Valley. Por supuesto, Google es una empresa enorme con miles de empleados. Por lo tanto, se podría argumentar que no es sorprendente que un cierto número de ex agentes del estado de seguridad nacional trabajen para ella, especialmente aquellos que tienen las raras y muy desarrolladas habilidades necesarias para presidir la privacidad y la seguridad de los usuarios. Pero esta tolerancia de los espías en las filas no se aplica de manera uniforme. Este estudio no ha podido encontrar ningún ejemplo de antiguos agentes del SVR, del SEBIN o del Ministerio de Inteligencia -los equivalentes rusos, venezolanos o iraníes de la CIA- trabajando en Google. De hecho, la propia idea parece absurda. Sin embargo, docenas de empleados de Google señalan casualmente en sitios web públicos que han trabajado para la CIA y parecen considerarlo totalmente inofensivo, por lo que esta relación es, en el mejor de los casos, inapropiada y, en el peor, un juego de poder del gobierno estadounidense para controlar el ciberespacio. Los usuarios de Google suelen decir que quieren tener más control sobre sus datos. Pero la única agencia que los obtiene es la Central de Inteligencia.

La CIA nutre a Google de personal

En su libro de 2013, “La nueva era digital”, el entonces director general de Google, Eric Schmidt, y el director de Google Ideas, Jared Cohen, escribieron sobre empresas como la suya, que se estaban convirtiendo rápidamente en el arma más potente del imperio estadounidense para mantener el control de Washington sobre el mundo moderno. Como decían, “parte de la defensa de la libertad de información y expresión en el futuro implicará un nuevo elemento de ayuda militar. La formación incluirá asistencia técnica y apoyo infraestructural en lugar de tanques y gases lacrimógenos, aunque estos últimos probablemente seguirán formando parte del acuerdo. Lo que Lockheed Martin fue para el siglo XX, las empresas de tecnología y ciberseguridad lo serán para el siglo XXI”.

Su predicción ha resultado ser acertada. Pero poca gente sabe que Google, desde sus inicios, estuvo fundamentalmente entrelazado con la CIA. Como descubrió la investigación del periodista Nafeez Ahmed, la CIA y la NSA financiaron la investigación del estudiante de doctorado de Stanford Sergey Brin, trabajo que más tarde daría lugar a Google.

No sólo eso, sino que, en palabras de Ahmed, “altos representantes de los servicios de inteligencia estadounidenses, incluido un funcionario de la CIA, supervisaron la evolución de Google en esta fase previa al lanzamiento, hasta que la empresa estuvo lista para ser fundada oficialmente”. Concluyó que: “La comunidad de inteligencia de Estados Unidos financió, alimentó e incubó a Google como parte de una campaña para dominar el mundo mediante el control de la información. Financiado por la NSA y la CIA, Google no fue más que el primero de una plétora de empresas emergentes del sector privado cooptadas por los servicios de inteligencia estadounidenses para mantener la “superioridad informativa“”.

En 2005 In-Q-Tel, el brazo de capital riesgo de la CIA, era uno de los principales accionistas de Google. Estas acciones eran el resultado de la adquisición por parte de Google de Keyhole, Inc, una empresa de vigilancia respaldada por la CIA cuyo software acabó convirtiéndose en Google Earth. En 2007, Google ya vendía las versiones mejoradas de Google Earth que el gobierno utilizaba para sus objetivos en Irak, así como los motores de búsqueda secretos que las agencias de espionaje utilizaban para la vigilancia, según The Washington Post. En esa época, el Post también señala que Google se asoció con Lockheed Martin para producir tecnología futurista para el ejército.

En el siglo XXI, la guerra es mucho más que balas y tanques. Pero los intentos de Google de alimentarse del comedero del complejo militar-industrial han resultado controvertidos. En 2018 se enfrentó a una rebelión de sus trabajadores tras conseguir financiación del Pentágono para un proyecto de diseño de sistemas de armamento letal. Ese mismo año, la empresa abandonó su antiguo lema, “no seas malo”. Desde entonces, también se ha convertido en un enorme contratista de la CIA. En 2020, se hizo con parte de un contrato de servicios en la nube de la CIA que, según se dice, asciende a “decenas de miles de millones de dólares”.

Por lo tanto, aunque la empresa, durante mucho tiempo, se presentó como un grupo de forasteros que intentaban hacer del mundo un lugar mejor, desde el principio, ha estado estrechamente relacionada con los pasillos del poder. De hecho, en 2016 el Proyecto de Transparencia de Google identificó al menos 258 ejemplos de una “puerta giratoria” entre Google y varias ramas del gobierno federal, ya que los individuos pasaron de una a otra.

Schmidt y Cohen son dos de esas personas. Schmidt fue presidente tanto de la Comisión de Seguridad Nacional sobre Inteligencia Artificial como de la Junta Asesora de Innovación en Defensa, organismos creados para ayudar a Silicon Valley a ayudar al ejército estadounidense con las armas cibernéticas. Mientras tanto, Cohen dejó su alto cargo en el Departamento de Estado para trabajar en Google. Schmidt había sido asesor (sobre todo en Oriente Medio) de las secretarias de Estado Condoleezza Rice y Hillary Clinton. Incluso participó en un intento fallido de cambio de régimen en Irán en 2009, presionando con éxito a Twitter para que mantuviera sus servicios en el país durante un levantamiento respaldado por Estados Unidos que pretendía derrocar al gobierno.

Aunque este artículo no pretende afirmar que ninguno de los individuos nombrados sea un nefasto infiltrado de la CIA, la forma en que Google y la CIA han colaborado tan estrechamente plantea cuestiones de seguridad nacional para todas las demás naciones, especialmente para aquellas que intentan llevar a cabo políticas exteriores independientes de Estados Unidos. En definitiva, la línea entre la gran tecnología y el gran hermano se ha desdibujado hasta hacerse irreconocible.

Murray también advirtió que esta relación mano a mano también pone en peligro las libertades individuales, lo que significa que la conexión entre Google y la CIA debería preocupar a todo el mundo. “Todo esto amenaza los derechos individuales a la privacidad, la libertad de expresión y la libertad de expresión. Una vez que tienen tus datos, el gobierno de Estados Unidos puede utilizarlos en tu contra en cualquier momento”, dijo, “es realmente aterrador”.

Alan MacLeod https://www.mintpressnews.com/national-security-search-engine-google-ranks-cia-agents/281490/

Los grandes mitos tecnológicos de Silicon Valley se hunden

El capitalismo no deja de serlo porque sólo venda humo. Símbolos de una “nueva economía” que debía acabar con la antigua, Uber, Netflix, Airbnb y WeWork, los mayores éxitos de Silicon Valley en la segunda década del siglo, ya no son el sueño de los especuladores. La cotización de sus acciones ha caído en las bolsas. Los innovadores de ayer se han convertido en los reyes de su sector, pero los fallos de su modelo están saliendo a la luz y plantean dudas sobre su futuro.

Querían revolucionar los hábitos gracias a la tecnología, destruir la vieja economía y hacerse muy ricos. En la segunda década de este siglo, Uber, Netflix, Airbnb y WeWork eran la cartelera de Silicon Valley. Después de los Gafam (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft), que sacudieron los mercados mundiales en la primera década, los recién llegados se aprovecharon de la revolución digital, gracias a novedades que pillaron desprevenidos a los protagonistas tradicionales y cambiaron el panorama.

Gracias a Netflix, cientos de millones de personas ven ahora la televisión por internet y permiten que un algoritmo les sugiera contenidos adaptados a sus gustos, para verlos cuando quieran. Llegar a casa por la noche cuando no hay transporte público ya no es un problema. Uber ha simplificado el transporte de pasajeros con conductor y ha obligado a los profesionales del taxi a modernizarse. Airbnb ha permitido que cualquier persona pueda alquilar su propiedad e ir a cualquier parte del mundo sin pasar por un hotel, al tiempo que se beneficia de servicios similares a los de un hotel si lo desea. Por último, WeWork ha transformado las oficinas en un servicio que puede adaptarse a voluntad.

Estas grandes innovaciones se han visto recompensadas con una adopción masiva por parte de la población y unas valoraciones extraordinarias en bolsa. El año pasado, Netflix, Airbnb y Uber alcanzaron sus máximos históricos en bolsa: más de 300.000 millones de dólares la primera, 120.000 millones la segunda y 91.000 millones la tercera. Por su parte, WeWork tuvo su punto álgido en 2019, cuando se valoró en 47.000 millones de dólares antes de su salida a bolsa, antes de que estallara su burbuja.

Hoy, la situación es muy diferente. Netflix ha perdido casi el 70 por cien de su valor y ahora vale menos de 82.000 millones de dólares. El valor de Uber se ha reducido a más de la mitad, hasta los 42.000 millones de dólares. Airbnb se mantiene estable en torno a los 60.000 millones de dólares, y WeWork vale ahora 3.600 millones de dólares. La caída de la cotización de las acciones desde principios de año llega impulsada por la subida de los tipos de interés y la inflación.

Empiezan a aflorar los puntos débiles de los falsos profetas. Cuando el crecimiento se ralentiza, ¿se mantiene su modelo de negocio innovador? La de Netflix, que se quedó sin suscriptores por primera vez en su historia en el primer trimestre de este año, está siendo cuestionada. Uber nunca ha sido rentable y en Europa se enfrenta a un escándalo sin precedentes. En cuanto a Airbnb y WeWork, ¿son algo más que empresas inmobiliarias?

Uber, un modelo de negocio insostenible

El hilo común entre estos cuatro gigantes en declive es, en última instancia, su incapacidad para cumplir su promesa inicial: acabar con la industria tradicional, o al menos cambiarla desde los cimientos.

Viajes un 30 por cien más baratos que un taxi, un conductor amable que llega en pocos minutos, un servicio de atención al cliente impecable con una botella de agua y caramelos, la tarifa calculada de antemano y pagada automáticamente en cuanto se baja del vehículo: a principios de 2010, muchos creían que los taxis -percibidos como arcaicos, caros y opacos- nunca se recuperarían.

El tiempo ha demostrado que si bien Uber ha revolucionado efectivamente el mundo de los VTC (vehículos de transporte con conductor), su modelo de negocio es insostenible y logra beneficios a costa de la precarización del trabajo de los conductores. El año pasado valía 91.000 millones de dólares en bolsa, pero nunca fue rentable. Una vez terminada la luna de miel con los conductores, el modelo depredador de la plataforma, que cobra un 25 por cien de comisión sobre el precio del trayecto, provocó importantes movilizaciones, en especial la rebelión de los taxistas desde la misma llegada a España en 2014, con la quema de vehículos de la empresa. El modelo del falso autónomo se ve cada vez más como una forma de empleo asalariado encubierto y de precariedad laboral.

En varios países, las sentencias judiciales han recalificado el vínculo entre los conductores y su plataforma como un contrato de trabajo asalariado, lo que plantea dudas sobre la sostenibilidad del modelo de Uber, además de preguntas legítimas sobre los métodos agresivos e ilegales de la empresa. Las ventajas de la plataforma en sus inicios -servicio muy superior al de los taxis a precios bajos- ya no son necesariamente una realidad: en las ciudades, algunos trayectos de Uber son ahora tan caros como los de los taxis.

¿Telebasura? Netflix vuelve a la televisión tradicional

Netflix ha sido quizás la más fantoche de las nuevas empresas tecnológicas. Ahora está sufriendo la mayor caida en bolsa. Durante años, sus cabecillas han despreciado públicamente el modelo lineal de televisión -un episodio de una serie por semana- y su avalancha de publicidad. Al ofrecer todos los episodios de una temporada a la vez, el espectador ve lo que quiere y cuando quiere, sin anuncios.

Las audiencias de las televisiones convencionales envejecen pero resisten. Netflix ha empujado sobre todo a los estudios, propietarios de los canales de televisión más vistos en Estados Unidos, a acelerar su transformación digital poniendo en valor su catálogo de series y películas, pacientemente construido durante décadas, en su propia plataforma. A partir de 2019 los mayores estudios (Paramount, Universal, Disney, Warner) lanzaron su propia plataforma. Con una mayor profundidad de catálogo que Netflix, sin necesidad de invertir tanto dinero cada año en contenidos originales, ya que pueden utilizar lo que producen para sus canales.

Esta feroz competencia, unida al hecho de que Netflix ha alcanzado un techo de usuarios en Estados Unidos, ha hecho que la empresa entre en crisis. Desde hace dos años, Netflix cancela cada vez más series después de una o dos temporadas para liberar dinero para producir nuevos programas. Se mueve cada vez más hacia un modo de entrega casi lineal (temporada lanzada en dos o tres ráfagas de episodios), lo que de nuevo se aleja de su promesa original. En los últimos meses, tras anunciar su primera pérdida de suscriptores en 10 años, la empresa ha despedido al 4 por cien de su plantilla y prepara la llegada de la publicidad a su plataforma. La idea es hacer lo que hizo Peacock (la plataforma de streaming de NBC/Universal): fomentar la suscripción, pero también ofrecer una fórmula mixta con anuncios.

Netflix no ha acabado con la televisión convencional. Al igual que Uber, sólo obligó a una industria anquilosada a modernizarse bajo la influencia de lo digital, y se convirtió en uno de sus protagonistas más importantes.

Airbnb y WeWork: lejos de sus ideales

Lo mismo ocurre con Airbnb y WeWork, que simplemente se han convertido, con el tiempo, en cabeceras de su sector y en la encarnación de su transformación digital: reservas nocturnas para el primero, oficinas compartidas para el segundo. Airbnb ha aportado una doble innovación. Por parte de los viajeros, el servicio les ha permitido beneficiarse de una nueva oferta de alojamiento, más convivencial, original y menos costosa (al menos al principio) que un servicio hotelero. Para los arrendatarios, les permitió complementar sus ingresos o rentabilizar su inversión en alquiler aprovechando la ganancia del turismo, antes monopolizada por los hoteles. Pero con el tiempo, los precios de Airbnb han subido, los servicios se han profesionalizado y el espíritu colaborativo de los primeros tiempos es ya sólo un vago recuerdo. La marca se ha convertido más en una oferta complementaria a los hoteles que en una alternativa, con la diferencia de que no es propietaria de ningún inmueble.

Finalmente, después de haber obtenido una valoración de 47.000 millones de dólares vendiendo una “revolución en el trabajo”, WeWork aparece ahora simplemente como lo que es: una empresa inmobiliaria de oficinas. Bajo su impulso, todo el sector se ha modernizado, añadiendo una dimensión digital -WeWork se define como plataforma-, más servicios -catering, correo, limpieza- y ofertas adaptadas a todo tipo de empresas, especialmente a las emergentes, y a las nuevas modalidades de trabajo: teletrabajo, autónomos…

En otras palabras, Netflix, Uber, Airbnb y WeWork han transformado definitivamente su sector, pero se han anquilosado. Su caída en bolsa desde principios de año indica que la “revolución digital” tenía mucho de publicidad y moda, como la gafas de Google  que llamaron de “realidad virtual”.

Pero la ideología de Silicon Valley necesita seguir vendiendo sueños, y ahora ha inventado el metaverso, otro intento de “realidad virtual”, y las NFT, otro mecanismo de especulacion, lejos de la fantasía de una red descentralizada y de la “sociedad de la (des)información”.

En suma, la “nueva economía” es más de lo mismo.

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