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Otra pildorilla

B.

La Delegación del Gobierno español en Madrid ha hecho publica su decisión de impedir la entrada de esteladas (bandera independentista catalana) a la final de la Copa de fútbol el próximo domingo o Copa del Rey (y, en vida de Franco, Copa del Generalisimo). Habrá un fuerte despliegue policial que mirara que ningún aficionado porte esa bandera que, ya adelantamos, no es oficial, pero tampoco ilegal ni anticonstitucional, como dicen algunos bocazas tertulianos (por ejemplo, la fachilla Pilar Cernuda, veterana en las lides manipuladoras).

Otras voces, más «sensatas» e «inteligentes», critican esta decisión no porque estén en desacuerdo en el fondo, sino por la «inoportunidad» y notoria torpeza de tales medidas que «victimizan» más a los independentistas. No se atreven a decir que les dan la razón porque su catalanofobia se lo impide Están de acuerdo en lo fundamental, pero discrepan en la táctica a seguir que juzgan lerda, patosa y estólida sin entrar en que sea antidemocrática o lesione el derecho a la libertad de expresión, no, esto no, pues ellos son portavoces del unionismo constitucional, gente cabal, dialogante, civilizada, moderna, guay.

Como en este blog no tenemos pelos en la lengua, diremos que tal medida es propia de un Estado débil y vengativo que viene a decir, en román paladino, que «en el Nou Camp hicisteis lo que quisisteis» (en referencia a la estruendosa y monumental pitada al himno español y al monarca el año pasado en la final de Copa jugado en al campo culé entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, una pitada compartida entre vascos y catalanes, por si no querían taza…), «pero ahora, en Madrid, os vais a enterar»… típico de chulos y matones.

Y también de arbitrarios que no cumplen ni su propia «legalidad» porque ha de saberse que la disputa de esa final en el Calderón, u otro campo de fútbol, no es un acto oficial ni institucional, aunque cuente con la presencia del Rey (donde, entonces si, no podría figurar una bandera no oficial al lado de la enseña nacional), por lo tanto, no se puede prohibir al público que acuda al estadio portando esteladas o banderas republicanas o la de su peña de mus.Quien actúa ilegalmente es la Delegación. Y no se invoque la Ley del Deporte porque ésta, aparte de su amplitud donde cabe todo que es lo mismo que decir que no cabe nada, es de rango inferior a la Carta Magna, como gustan de decir a la anglosajona manera.

No es un gesto «autoritario» o «torpe»: es una prueba más de su carácter fascista pues, ante cualquier piedra de toque que se les presente donde demostrar que son demócratas, evidencian y no ocultan lo que son: fachas. Y ello hasta en algo tan aparentemente trivial e intranscendente («aparentemente», repito) como es el deporte (profesional).

Buenos días.

Una bandera que se declara fuera de la Constitución fascista

Los independentistas catalanes se habían adormecido tanto que había que espabilarles de alguna manera y la delegada del gobierno en Madrid se ha puesto manos a la obra. La mayor fábrica de independentistas no está en Barcelona sino en la misma capital de la España eterna.

Como vivimos en un “Estado de Desecho” la delegada ha recurrido a la ley. Más concretamente ha recurrido a la llamada Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el Deporte, conocida como Ley del Deporte, aunque en ninguno de sus artículos menciona este tipo de símbolos. Ni falta que hace. La delegada del gobierno sabe leer la letra pequeña.

Los fascistas hablan de que se trata de banderas “no constitucionales” y al fútbol sólo se pueden llevar pancartas, camisetas y banderas “constitucionales” y en las gradas no se pueden dar otros tipo de gritos, ni pitidos, ni insultos que los legalmente autorizados por la autoridad competente.

Esta prohibición se añade a la reapertura en la Audiencia Nacional de la causa por la última final disputada entre el el Athletic de Bilbao y el Barcelona, cuando los aficionados de uno y otro club silbaron los acordes del himno fascista.

Sí señores: los silbidos también son delito. Pero atención: sólo los de la última final; los silbidos de 2009 no lo son.

Ahora pregunten: ¿qué diferencia hay entre los pitidos de 2009 y los del año pasado? Lo explica muy bien la Audiencia Nacional, poniendo de manifiesto su verdadera naturaleza política: en 2009 aún no existía el “desafío independentista” que ha apareció después.

Por lo tanto, hay que tomar nota: un mismo hecho es delito o deja de serlo en función de la coyuntura política, tal y como la interpretan los jueces de la Audiencia Nacional. La tarea de este tribunal no es aplicar la ley sino analizar la situación política.

Otra píldora

B.

Se ha puesto de moda, o asi parece, que la Fiscalía de Audiencias y Tribunales y los abogados de los acusados por actividades políticas se pongan de acuerdo en rebajar la pena cuando no evitar la condena y, consiguientemente, la entrada en la cárcel. Incluso quienes se oponen a ello, como las ultrarreacionarias y fascistas organizaciones que dicen ser «víctimas del terrorismo», como la AVT o Dignidad y Justicia, acaban por aceptar ese pacto, y no recurrirlo, claro que, y esto no se dice, quien recula es el acusado, que reconoce los cargos y el daño causado, y no la acusación particular o popular que se siente satisfecha y con el deber cumplido.

El presidente de Sortu, Hasier Arráiz, acaba de ser condenado por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco -en todo dependiente de la «justicia» española- a dos años de prisión (que no cumplirá) y a inhabilitación, al igual que ocurrió con sus 35 compañeros del proceso basado en la redada de Segura (un pueblo guipuzcoano donde estaban reunidos para, según la judicatura, «tratar de reorganizar la ilegalizada Batasuna», o algo así) tiempo atrás y esta vez por la Audiencia Nacional.

Es decir, se llega a unos acuerdos poco menos como si estuviéramos ante un acto de conciliación en Magistratura tratando un contencioso administrativo de tipo laboral, civil o mercantil, pero en modo alguno «político». Como , por ejemplo, no tiene ese carácter la declaración de David Marjaliza cuando «canta» hasta la parrala señalando quienes estaban implicados en la red de corrupción «Púnica» buscando, como «arrepentido», como delator, como chivato, incluso entre estos chorizos y manguis, su beneficio personal. A los efectos viene a ser casi lo mismo, a pesar de que un militante de Ekin, también absueltos por medio de un pacto esta semana, declara que «si lo hemos firmado (el pacto) es porque nos parece aceptable pero no quiere decir, de ninguna manera, que se haya hecho justicia« (negrita nuestra). Y, en el caso de Arráiz, la cosa se las trae porque, para eludir la cárcel, tiene que reconocer una integración en ETA ¡¡¡que no existió jamás!!! Muy fuerte. De los tiempos en que los acusados se plantaban ante el tribunal alegando no reconocerlo como juez de su causa política y apelando al «pueblo vasco» como único juez a esto, a los «nuevos tiempos y ciclos».

Y es que todo parece válido con tal de, como dicen los líderes abertzales, «vaciar las cárceles». No importa cómo ni la manera. Maneras que si importan al Estado interesado en el pacto que implica la, dicho claramente, humillación del vencido por un Estado que se siente vencedor, pero no vengativo en este caso, porque también esta interesado en ir vaciando las cárceles. Vengativo lo será -y es- con quien no traga sus cláusulas de «reinserción», sus horcas caudinas.

Allá cada cual con sus procedimientos para salir de los «makos», como dicen los militantes vascos. Todos los antifascistas y demócratas les queremos ver en la calle, pero no de cualquier manera, sino gritando AMNISTÍA.

¿O vale todo?

Juicio en Gijón contra la cúpula de Anonymous

Hoy el juzgado de lo penal número 3 de Gijón ha iniciado un juicio contra tres personas de Anonymous a los que la policía considera como la cúpula de esta organización en España. Les acusa de un sabotaje informático para bloquear las web del Congreso, de la Junta Electoral Central y de UGT en mayo de 2011.

La Fiscalía solicita penas de cinco años y cuatro meses de prisión para dos de los acusados y de cinco años para el tercero por los delitos de grupo criminal y de daños.

Dicho grupo está constituido por numerosos usuarios informáticos de España y de otros países que, entre otras actividades, organizaban de forma concertada sabotajes de Denegación de Servicio Distribuido (denominados DDoS).

Dichos sabotajes consisten en la saturación de un entorno informático o una página web mediante peticiones simultáneas de forma que no tiene capacidad suficiente para responder, se colapsa y queda sin funcionamiento e inaccesible para los usuarios.

La fiscalía sostiene que, con motivo de las elecciones locales y autonómicas del 22 de mayo de 2011, el colectivo Anonymous preparó dos de estos sabotajes con la finalidad de entorpecer el proceso electoral.

De esta forma, y bajo el nombre de operación «Spanish Revolution», organizaron un sabotaje contra el entorno informático de la Junta Electoral Central, residente en el Congreso de los Diputados, contra la página web del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) y contra la de la Cámara Baja.

El sabotaje afectó de forma importante al normal funcionamiento de los servicios de correo electrónico y a la página web de la Junta Electoral obstaculizando los trámites previos al proceso electoral de forma que sus buzones de correo recibieron en dos días casi 350.000 mensajes, lo que colapsó su funcionamiento.

La guerra contra las drogas del Presidente Nixon

El Presidente Nixon no desencadenó la guerra contra las drogas para acabar con las drogas sino para acabar con sus enemigos políticos, los negros y los que luchaban contra la agresión de su gobierno a Vietnam.

Así lo asegura un largo artículo publicado en la revista Harper’s (*) en el que el periodista Dan Baum relata su entrevista con John Erlichman, antiguo miembro del personal de confianza de Nixon que resultó encarcelado por su implicación en el escándalo Watergate en 1971.

El tiempo no logró que Erlichman dejara de sentirse despachado. Al fin y a la postre tuvo que ejercer de lacayo hasta el final y pagar los platos rotos por su jefe en una prisión federal.

Así que es él quien le empieza preguntando al periodista: “¿Quiere Usted saber de qué trataba aquello?”. Según su lacayo, a finales de los sesenta Nixon tenía dos enemigos políticos: los negros y los antimperialistas que se oponían a la agresión contra Vietnam.

Pero no podían volver a los negros a la esclavitud ni ilegalizar las movilizaciones contra la guerra, por lo que emprendieron la típica campaña intoxicadora “made in USA” para que la población asociara a unos y otros, negros y antimperialistas, con las drogas.

Desde el gobierno se difundió el mensaje de que los unos estaban enganchados a la heroína y los segundos a la marihuana. Las drogas se convirtieron en la excusa para atacar a las organizaciones políticas que se oponían en la calle a los planes del imperialismo.

Con la excusa de la lucha contra las drogas empezaron las redadas, los juicios y los encarcelamientos. Si los detenidos no consumían drogas, no importaba porque la policía se encargaba de que en los registros apareciera algún alijo o algún infiltrado testificara en falso.

Nixon no luchó contra las drogas sino a favor de las drogas y encargó a la policía que llevara las drogas a todos y cada unos de los barrios de las grandes ciudades de Estado Unidos, desde Nueva York hasta Los Angeles, para acabar con las movilizaciones políticas de los setenta.

La acción de la policía estuvo complementada, como es habitual, con el papel de la prensa haciéndose eco en primera plana de las intervenciones de la policía, de las capturas, de las redadas y demás simulacros de “lucha” contra las drogas.

Que Nixon se caracterizaba por una absoluta falta de escrúpulos, es algo sabido. Que no era algo característico de su persona sino de los Presidentes de Estados Unidos, también es sabido.

Desde hace más de un siglo toda la política emprendida por los imperialistas en el mundo presenta esa misma falta de escrúpulos que, como ven, Watergate ha ayudado a tapar.

(*) http://harpers.org/archive/2016/04/legalize-it-all/

Mandela fue detenido en 1962 gracias a la ayuda de la CIA

Poco antes de morir este año, el agente de la CIA Donald Rickard confirmó que había desempeñado un papel primordial en la detención de Nelson Mandela en 1962, lo cual se sabía desde la caída del “apartheid” en el país sudafricano (*).

En una conversación con el director de cine británico John Irvin, Rickard admitió que proporcionó a la policía racista de Sudáfrica la información sobre el paradero de Mandela, contribuyendo así durante décadas a sostener al “apartheid” sudafricano.

“Me enteré de cuándo y cómo llegaría… así es como estuve implicado en la detención de Mandela”, dijo el espía.

Rickard defendió la detención del hombre más buscado de Sudáfrica en 1962, que según él debía ser capturado porque era “el comunista más peligroso del mundo fuera de la Unión Soviética”.

El representante oficial de la organización política del Congreso Nacional Africano, Zizi Kodua, declaró que la injerencia de la CIA en la política sudafricana fue un intento de desestabilizar el movimiento de liberación en Sudáfrica.

“La exposición confirma lo que siempre hemos conocido, que ellos [Estados Unidos] han actuado contra nosotros, incluso hoy en día”.

Después de su detención, Mandela fue condenado a cadena perpetua y pasó 27 años seguidos encarcelado, hasta que en 1990 acabó el régimen de “apartheid”. Fue el primer presidente negro de Sudáfrica y el primer terrorista en resultar galardonado con el Premio Nobel de la Paz.

Hasta 2008 Estados Unidos mantuvo la calificación de “terrorista” contra Mandela. Aquel año Bush aprobó la ley que lo excluyó a él y a otros dirigentes sudafricanos de la lista de terroristas vigilados por Washington.

En 1953 Mandela y su compañero Oliver Tambo fundaron el primer bufete de abogados del país compuesto explusivamente por negros. Su misión era defender a las personas afectadas por el “apartheid”. El bufete fue destruido y quemado en 1960, cuando el gobierno ilegalizó el Congreso Nacional Africano, dirigido por Mandela, y lo calificó como organización terrorista.

En todo el mundo la adulación y el recuerdo permanente de Mandela es un caso evidente de enaltecimiento del terrorismo que la fiscalía de la Audiencia Nacional no debería pasar por alto.

Hoy en Sudáfrica se pueden encontrar bustos y estatuas de Mandela en cualquier rincón. Su imagen de héroe está en el billete emitido por el Banco Central en 2012. La aerolínea más importante del país, South African Airways, tiene sus aviones engalanados con la silueta del expresidente.

La fiscalía de la Audiencia Nacional tiene mucho trabajo por delante.
(*) www.nytimes.com/1990/06/10/world/cia-tie-reported-in-mandela-arrest.html

El sueño de un cubano convertido en pesadilla española

Lennier Ramírez: desahuciado
¿Se imaginan que en Cuba un ciudadano español falleciera tras ser detenido por la policía? ¿Cuánto tardaría en derramarse la catarata mediática?

¿Cuántos ataques contra el Gobierno cubano escucharíamos en tertulias televisivas y radiales, cuántos editoriales en la gran prensa española? ¿Cuántas presiones diplomáticas habría, cuántas declaraciones de condena desde instituciones europeas?

¿Se lo imaginan? Pues ha ocurrido… al revés. Pero no ha habido ni campañas mediáticas, ni condenas internacionales.

Lennier Ramírez, un emigrado cubano de 28 años, moría hace unos días en la ciudad asturiana de Oviedo, tras resistirse a abandonar la vivienda que habitaba. La Policía Nacional lo desalojó por la fuerza, cumpliendo la orden judicial de desahucio por impago del alquiler. Posteriormente, fallecía en el Hospital Universitario Central de Asturias.

Ni en la prensa española, ni en las webs de la mediática “disidencia” cubana, hemos leído un solo artículo de opinión condenando esta muerte. Tampoco reportajes o editoriales que analicen cómo el drama de los desahucios, 448.000 en territorio español, desde 2008, afecta también a quienes un día emigraron desde Cuba –y desde otros países del Sur- buscando un futuro económico mejor.

Lennier Ramírez, cantante y bailarín, se había hecho famoso por su participación en tres concursos televisivos: «Adán y Eva», «Cámbiame» y «Got talent España». En uno de ellos, curiosamente, declaró que había dejado “todo en Cuba para intentar soñar mejor». Un sueño convertido, finalmente, en una terrible y triste paradoja.

Fuente: http://www.cubainformacion.tv/index.php/objetivo-falsimedia/68797-la-terrible-paradoja-de-un-emigrado-cubano-fallecido-en-un-desahucio-en-asturias

Una realidad penitenciaria a golpe de telediario

[…] En 1975 había 8.440 personas presas en España mientras que en 2015 hay 61.614 y proporcionalmente hemos pasado de 23 a 133 personas presas por cada 100.000 habitantes, según la Red de Organizaciones Sociales del Entorno Penitenciario (ROSEP).

El 76 por ciento de los delitos que se cometen son contra el patrimonio. Es decir, 3 de cada 4. Los delitos violentos representan una parte muy inferior del total, la mitad de la tasa europea.

El incremento de la población penitenciaria en España desde 1987 no se basa en el incremento de la criminalidad. Este activismo regulador demuestra que el Código Penal se ha modificado «en caliente», desde criterios sensacionalistas y necesidades electorales. En sus 20 años de historia el Código Penal ha sufrido más de 30 reformas, la mayoría de ellas han aumentado la duración de las penas, han extendido las conductas sancionables y han dificultado la aplicación de medidas alternativas reinsertadoras.

Siendo uno de los países de Europa occidental (UE-15) donde se comenten menos delitos, somos el tercer país con mayor proporción de población penitenciaria. El análisis de los tiempos de condena nos apunta en el mismo sentido ya que nos sitúa muy por encima de la media europea: un 154 por ciento por encima del promedio europeo.

Para que el hurto sea condenado con pena de prisión de hasta 18 meses el valor de lo sustraído ha de ser superior a 400 euros, en cambio, para que defraudar a Hacienda sea considerado delito hace falta defraudar más de 120.000 euros […]

Hemos pasado de un 25 por ciento de libertades condicionales en 1996 a un 16 por ciento en el año 2014, cuando está demostrado que las personas que pasan el último periodo de su condena en régimen abierto y en libertad condicional tienden a reincidir menos que aquellas personas que son directamente excarceladas. Las concesiones de tercer son la respuesta más adecuada para determinados tipos de delitos que no suponen un riesgo para la sociedad. Además, las personas que acaban su condena en esta modalidad reinciden mucho menos.

Además, la justicia no parece ser igual para todos: un 60  por ciento de las personas encarceladas en España lo están por delitos de mediana gravedad, hurtos, robos y venta de drogas que reciben penas privativas de libertad más elevadas que antes del Código Penal de 1995. En estos días por desgracia son noticia los delitos por evasión fiscal, corrupción de políticos, de empresarios, delincuencia de bánksters que muestran las diversas varas de medir.

Para que el hurto sea condenado con pena de prisión de hasta 18 meses el valor de lo sustraído ha de ser superior a 400 euros, en cambio, para que defraudar a Hacienda sea considerado delito hace falta defraudar más de 120.000 euros, y además si se paga la deuda, se retiran los cargos, algo que no sucede si el que roba un pantalón de una tienda lo devuelve […]

Fuente: http://www.revistafusion.com/201604283394/Firmas/J.-C.-Garcia-Fajardo/una-realidad-penitenciaria-a-golpe-de-telediario.htm

‘Intentamos llevarnos por delante el mayor número de gente posible’

Las hemerotecas de los medios españoles han ido repletas, estos dos últimos años, de informaciones sobre detenciones de usuarios de redes sociales en la llamada Operación Araña, por una supuesta comisión de delitos de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas.

La suma de todas y cada una de las cuatro fases de este operativo, la primera de las cuales fue en abril de 2014, se ha saldado con más de medio centenar de arrestos, los últimos este pasado abril. El grueso de la información difundida hacía referencia a los operativos policiales, pero se ha hablado poco, muy poco, de cómo se ha desarrollado el proceso judicial.

Y una fotografía general de todo ello señala serias dudas sobre la proporcionalidad y el rigor de las actuaciones policiales y judiciales.

Para empezar, no se puede dar una cifra exacta de procesados ya que a cada uno de los detenidos se los juzga de forma individual, según fuentes de la Audiencia Nacional, el órgano judicial competente para juzgar este tipo de delitos.

La práctica totalidad de los arrestados no se conocen entre ellos, ni existe una organización detrás que justifique enmarcar las detenciones en un operativo conjunto, como ya señalaron en 2014 académicos del ámbito del Derecho. Al rapero Pablo Hasel, por ejemplo, lo detuvieron solo, en 2011, bajo cargos parecidos.

“Lo venden como si se desarticulara una red organizada de gente que crea tendencias de opinión, pero no, esto es una cuestión individual en la que ninguno tiene que ver con el otro”, afirma César Strawberry, cantante de la banda de rap-metal Def Con Dos y uno de los detenidos en la tercera fase de Araña, a pocos días de las elecciones municipales de mayo de 2015.

El paripé de la Guardia Civil

Strawberry, cuyo caso fue archivado en primera instancia el pasado junio, pero que está a la espera de juicio después de que el fiscal recurriera la resolución, recuerda que cuando su abogada pidió el atestado, la Guardia Civil, el cuerpo que practicó la detención, afirmó que este no existía. Esto se debería al hecho de que no hay una organización que ampare su actividad en redes sociales ya que se trata de casos particulares. El instituto armado confirma este extremo.

“Lo que intentamos es llevarnos por delante al mayor número de gente”, explican fuentes de este cuerpo policial en relación a esta operación coordinada contra personas que, en cualquier caso, de haberlos cometido habrían incurrido en delitos independientes entre sí. Es una forma, según ellos, de evitar que alguien borre los mensajes que le incriminan. Algo que no cuadra con el hecho de que la operación se haya desarrollado por fases.

Rubén González salía de su casa en la ciudad gallega de Vigo el pasado 13 de abril y, transcurridos 100 metros, un agente de la benemérita lo paraba. Dos más se abalanzaron sobre él por detrás y se identificaban como policías. Los tres iban encapuchados. Mantuvieron el rostro cubierto desde que le detuvieron hasta que lo soltaron a los dos de la tarde, de acuerdo con el testimonio del joven.

“Quiere acusarme de terrorismo alguien que viene a detenerme a mi barrio encapuchado por ejercer la libertad de expresión”, comenta.

Como a Arkaitz Terrón, a Rubén le requisaron el móvil, aunque asegura que él no utilizaba Twitter desde ese dispositivo. No sabe de qué se le acusa ni qué juzgado lleva su caso. El abogado de Terrón, Carlos Hurtado, lleva junto a un compañero tres casos en tres juzgados diferentes de la Audiencia Nacional, y sólo en Cataluña.

“No me enviaron los tuits todavía ni nada. Yo no tengo información ninguna de la causa. Tampoco me han llamado a declarar”, sostiene González, y añade que un Guardia Civil llegó a decirle que esta detención era un “paripé”.

‘Un tribunal fascista heredero directo del Tribunal de Orden Público’

Rubén lo tiene claro: “La operación es una treta del Estado para intentar criminalizar a los chavales que son solidarios con los presos y amedrentar a la población. Nos hablan de democracia y nos juzga el mismo tribunal de excepción fascista heredero directo del Tribunal de Orden Público”.

La Audiencia Nacional es un órgano judicial especial único en la Unión Europea focalizado en delitos de terrorismo que da continuidad a una institución del franquismo. Arkaitz sí declaró, y él y su abogado percibieron irregularidades en el proceso.

El joven afincado en Barcelona tenía hora para declarar vía videoconferencia a las 9:30 de la mañana del pasado viernes. Empezó con unos 10 minutos de retraso, y tras casi 25 minutos de charla, ante una estupefacción que él vio también en las funcionarias, recibieron la interlocutoria a las 10 y 7 minutos.

En menos de 5 minutos la jueza tuvo tiempo de analizar y estudiar su declaración para afirmar que su testimonio no cuestionaba lo esencial de la causa, y de redactar tres páginas y media de texto y enviarlas vía fax a Barcelona. Carlos Hurtado, el abogado de Arkaitz, cree que del contenido de la resolución emitida por la magistrada se desprende que no dedicó “ni un solo minuto” a valorarla.

“Si lees atentamente la declaración todo lo que dice es que cayó en contradicciones, pero no habla en detalle de ninguna cosa que se haya dicho en la declaración de Arkaitz. Y con el tiempo que tardan en tomarle declaración ya queda claro que ya la tenían hecha de antemano”, opina Hurtado.

En estos dos documentos se aprecia el lapso de tiempo transcurrido entre el inicio de la declaración (9:30) y la emisión de la interlocutoria (10:07). Teniendo en cuenta el retraso y que la declaración duró unos 24 minutos, los documentos avalan la tesis de Terrón y Hurtado.

Y lo que para él es más grave: el edicto judicial no se refiere a los tuits, sino a los comentarios que los acompañan escritos por la benemérita.

“Una cosa es lo que se dice en un tuit y otra la valoración que alguien puede hacer libremente. En este caso, han cogido las valoraciones que están al pie de cada causa”, añade el letrado, quien cree también que la jueza no puede dar por buenas las valoraciones de los agentes, pues no son instructores, sino denunciantes de un hecho.

La Guardia Civil corrobora que los agentes son conscientes del rol que les es asignado en un proceso: “Nosotros no acusamos”, aseguran.

Se han destinado muchos efectivos policiales a todo ello. A Iván, un vecino de 40 años de la localidad catalana de Montblanc que cayó en la cuarta fase de Araña del pasado 13 de abril, por lo menos hacía un mes que le seguían. Los agentes que le interrogaron estaban al caso de un accidente que había tenido semanas atrás. Todos ellos eran o de Madrid o de Galicia.

Denuncia la situación de indefensión que está padeciendo. Su mujer sufre cáncer, y no puede dedicar todo el tiempo que le gustaría a enfrentar este caso. Para más inri, el abogado de oficio que se le asignó no le dejó ningún contacto. Como buena parte de los encausados, Iván se organizó en Facebook para dar una respuesta colectiva a lo que ellos entienden como un atropello.

‘Para el PP o eres del Opus Dei o eres de ETA’

César Strawberry ve esta operación como un instrumento propagandístico. Tras su detención, un telediario español encadenaba imágenes de arrestos en el País Vasco, un territorio golpeado por un conflicto armado que lleva más de medio siglo activo.

Andeka Jurado, otro de los procesados por “Araña”, ya había sido arrestado y encarcelado en 2008 acusado de practicar violencia callejera.

Asegura que su paso por un presidio ya le hacía ser cauto en las redes sociales y que hay muchas cosas que no le cuadran. ¿Por qué él, con 100 seguidores, estaba en el punto de mira de la Guardia Civil? Tenía muy pocos tuits, y en su sumario aparecen dos retuits en apoyo a presos vascos vinculados a ETA y el enlace a un vídeo en el que aparecen pegatinas con su logotipo.

“Justo a mi me detienen cuando detuvieron al de Def Con Dos [César Strawberry, en mayo de 2015], y salgo yo como que ya he estado en la cárcel. Esa presunción de inocencia, que normalmente no la hay, pues conmigo la hay menos”, explica Jurado.

“Este es un terrorista, que ha estado en la cárcel dos veces, por kale borroka [‘lucha callejera’ en euskera, nombre al que los medios daban a la confrontación en la calle en el País Vasco y Navarra] o por no sé qué. Entonces te hacen ya la película que queda más guay. Y claro, mira como se ríen de las víctimas y tal. No hay un solo tuit en el que yo haga ninguna gracia ni ninguna broma”, precisa él, quién recuerda que durante la detención su mujer estaba en el octavo mes de gestación.

El vocalista de Def Con Dos percibió que se informó de su detención con imágenes que remitían a la iconografía de ETA. “Para el PP o eres del Opus Dei o eres de ETA”, dijo en una entrevista (*).

“Mi cara, mi tuit, todo mi rollo y luego una ristra de imágenes de supuestos detenidos que no tienen nada que ver conmigo, gente a la que no conozco y con la que no tengo ningún vínculo. Pero sin embargo sí se establece ese vínculo a través de imágenes, se va lanzando esa pista, y así fue como lo reprodujeron todos los telediarios”, lamenta Strawberry.

Este tuit que también aparece en la Operación Araña hace referencia a la muerte Carrero Blanco en Madrid por una bomba en diciembre de 1973.

Operación Patraña

Un caso bastante ilustrativo de los resortes que han intervenido en la Operación Araña es el caso de Boro, periodista de La Haine detenido en Pamplona, ciudad de la que él es oriundo, en la segunda fase de la operación. Un artículo del periódico conservador ABC ya le había puesto en la diana por sus opiniones vertidas en Facebook. La cabecera sugería que no le habían podido arrestar por las medidas de seguridad que adoptó, un supuesto que él niega.

En marzo de 2014 le detuvieron en una manifestación en base a unos supuestos hechos por los que le piden seis años de cárcel. Unas semanas después se da la primera fase de la Operación Araña, a los pocos días aparece la noticia en ABC, y en la segunda tanda le toca a él recibir. “A mi me resulta bastante curioso”, afirma el periodista.

“Es una caza de brujas. La Guardia Civil se dedica a hacer este tipo de operaciones siempre contra un target muy concreto de personas que tuitean. Personas de izquierdas y que tuitean sobre temas relacionados con el proceso catalán o el proceso vasco”, señala el letrado Carlos Hurtado. El abogado hace notar que no ha trascendido ninguna detención de personas vinculadas a la extrema derecha.

“A todo esto se le podría denominar Operación Patraña”, concluye César Strawberry.

(*) http://news.vice.com/es/article/operacion-arana-patrana-lo-que-no-te-han-contado-estos-polemicos-arrestos

Caso Almería: el terrorismo de Estado cumple 35 años

La justicia y la memoria tienen asuntos pendientes con la llamada Transición española. Uno de los más significativos –y sombríos– es el que tiene que ver con Luis Cobo Mier, Luis Montero García y Juan Mañas Morales. En la madrugada que transcurre entre los días 9 y 10 de mayo de 1981 se gesta el conocido como Caso Almería. Esa noche son arrestados por la Guardia Civil en la localidad de Roquetas de Mar estos jóvenes trabajadores residentes en la provincia de Santander […]

“Mi querida familia, ante el respeto que merecen me dirijo a Vds. para contarles el hecho siguiente respecto a las extrañas circunstancias de la desgracia de buestro (sic) hijo y compañeros que fallecieron en manos de los asesinos de la Comandancia [de la Guardia Civil] de esta localidad”. Así comenzaba una carta anónima escrita por un agente del cuerpo policial militarizado que fue remitida a la familia de Mañas Morales tres años después del asesinato de los tres jóvenes y en la que daba cuenta de las torturas y la forma en la que once guardias civiles acabaron con los trabajadores.

Los motivos y las circunstancias del viaje

Juan Mañas tenía 24 años, era almeriense de Pechina, pero llevaba varios años trabajando en la FEVE, destinado en Santander. Luis Montero –33 años, trabajador de FYESA y miembro del PCE y CCOO– y Luis Cobo –28 años y trabajador de ACERIASA – eran buenos amigos de Juan, quien los invitó a la primera comunión de su hermano menor, Francisco Javier, que se iba a celebrar en su localidad natal el domingo 10 de mayo.

Las “extrañas circunstancias” de las que escribía el agente sin nombre comenzaron el 7 de mayo cuando, después de salir de sus respectivos trabajos, los jóvenes emprendieron su viaje, en un SEAT 127, matrícula de Santander, con la intención de hacer noche en Madrid, en un piso que le había prestado un amigo a Luis Cobo. Ese mismo día por la mañana se produjo en la capital un atentado de ETA sobre el vehículo en el que viajaba el general Joaquín de Valenzuela, Jefe del Cuarto Militar del Rey, dejándolo malherido y matando a los tres militares que iban con él […]

Al día siguiente, 8 de mayo, tras ojear el periódico y observar las fotografías de los etarras a los que se atribuye el atentado contra el general Valenzuela, creyó reconocer en los jóvenes de Santander a dichos militantes vascos. Buscó la anuencia y corroboración de otros y decidieron denunciar a la Policía y a la Guardia Civil sus conjeturas.

La caza

Luis Montero, Luis Cobo y Juan Mañas durmieron esa noche en la casa de los padres de este último y pasaron el día siguiente visitando distintos lugares de la provincia de Almería dado que para los dos santanderinos era la primera ocasión por aquellas tierras.

Mientras, la denuncia que se originaba en Alcázar de San Juan había puesto en marcha una maquinaria de búsqueda y captura que solamente parará con la detención por parte de la Guardia Civil de los tres amigos en el interior de una tienda de recuerdos de Roquetas de Mar. Son las nueve de la noche del día 9 de mayo de 1981.

Años después, el teniente coronel Victoriano Guillén, quien se opuso con contundencia al golpe de Estado del 23F y fue castigado por ello, explicó ante las cámaras del programa de televisión Crónica de una generación: “La Dirección General de la Guardia Civil mandó un radio [nombre que se daba en la Guardia Civil a los fax o télex] diciendo que eran etarras y que habían atentado contra el general Valenzuela. [El teniente coronel al frente del operativo] Castillo Quero, que era un enfermo mental, un imbécil poseído y que, además, presumía de su amistad con el rey, vio allí la ocasión de hacer un servicio y hacer méritos, colgarse medallas”.

Desde el momento en que se produjo la denuncia, la familia de Luis Cobo comenzó a recibir llamadas y visitas de agentes de la Comandancia de Santander preguntando por las señas personales y la documentación con que éste contaba (dado que era Luis Cobo Mier quien había alquilado el vehículo). La familia informó que Luis no tenía el documento nacional de identidad porque lo había perdido, pero que viajaba con el carné de conducir y con el pasaporte. Aportaron todo tipo de datos: características físicas, situación laboral, la ropa que llevaba… Todo indica que desde Santander se consiguió aclarar su identidad y que, por tanto, su adscripción a ETA debía quedar descartada.

Sin embargo, en Almería se montó un gran dispositivo por parte de la Guardia Civil para su localización, advirtiéndose a los subordinados de la extrema peligrosidad de los militantes de ETA a los que se pretendía detener.

Montero, Cobo y Mañas fueron apresados a última hora de la tarde del sábado 9 de mayo sin que ninguno de ellos ofreciera la más mínima resistencia. A partir de ese momento, y hasta que fueron encontrados sus cadáveres calcinados en el interior del Ford Fiesta en un barranco de la carretera de Gérgal, la Guardia Civil y otros funcionarios del Estado trataron de ocultar la verdad con una versión oficial tan delirante que, si se sigue al pie de la letra, plantea tantos interrogantes que, a fuerza de dudas, crea demasiadas certezas.

El 12 de mayo, los diarios dudan. El entonces bisoño periódico El País le dedica 114 palabras en los que tímidamente reproduce la versión oficial. El Diario Montañés, en Santander, sí indica que “la nota de la Guardia Civil que relata los hechos no parece muy clara y por eso la propia Dirección General ha abierto una investigación”.

Versión oficial

En la comparecencia que posteriormente realizó el ministro de Interior de UCD, Juan José Rosón, ante el Congreso de los Diputados, manifestó que tras la detención, y según informes de la Guardia Civil, los detenidos entraron en contradicción en algunas de sus declaraciones y que en ningún momento Juan Mañas se había identificado como natural de Almería (de hecho, en todo momento la Guardia Civil indicó, contradiciendo a los familiares que manifiestan que salió de casa con su DNI y su carné de FEVE, que Juan Mañas no llevaba ninguna identificación, al contrario que Cobo o Montero). También informó de que en el reconocimiento del automóvil en el que viajaban los detenidos se han encontrado dos pistolas marca Astra.

La versión oficial mantiene que existía un convencimiento de que los detenidos eran, efectivamente, activistas de ETA y se ordenó su traslado a Madrid en una caravana compuesta de cuatro vehículos que incluía el propio Ford Fiesta de los santanderinos (en total once guardias civiles vestidos de paisano y los tres detenidos), conducido por un guardia civil, al cual acompañaba otro como copiloto, mientras que los detenidos iban esposados en el asiento de atrás.

Cerca de la localidad de Gérgal, desde los coches que viajan detrás observaron como el Ford Fiesta realizaba un giro extraño y cómo el conductor salía despedido por la puerta lateral y, a continuación, el otro guardia civil por la puerta contraria. Todo esto se entiende como un intento de agresión y fuga por parte de los detenidos y el teniente coronel al mando de la operación (Castillo Quero) ordenó disparar a las ruedas con el objeto de detener el vehículo. Sin embargo éste, lejos de pararse, cayó por un pequeño barranco y se incendió, siendo imposible el rescate de los detenidos por la magnitud de las llamas y el riesgo de explosión.

El ministro, tal y como recuerda Antonio Ramos Espejo en el libro El Caso Almería: Abierto para la historia, también señaló que la identificación de las víctimas no fue posible hasta horas más tarde al enterarse del suceso sus familiares por la prensa.

El ministro Rosón concluyó asegurando que todo se debió a un “trágico error”. Los diputados de la oposición presentes en la comparecencia, indignados, no dudaron en calificar la exposición de pantomima y de encubrimiento por parte del Gobierno de un crimen perpetrado por miembros de la Guardia Civil. Aunque, una vez derrotada la UCD, olvidaron el caso, la justicia e, incluso, la memoria de lo sucedido.


“A mi madre le dieron una bolsa con los restos de mi tío. Ahí había un colgante, una prenda de ropa… y luego ya le dieron los restos de mi tío -explica Lola Liquete Cobo, la sobrina de Luis Cobo Mier- … un brazo, una mandíbula, unos dientes… Claro, mi madre dijo: ¿Dónde está el resto de mi hermano?”. Las familias denunciaron desde el primer minuto las inconsistencias de la versión oficial y, con la ayuda del tenaz abogado Darío Fernández, lograron llevar a juicio a parte de los implicados.

El juicio se inició el 14 de junio de 1982, trece meses después, y finalizó el 27 de julio. Solamente fueron procesados tres de los once guardias: el teniente coronel Castillo Quero, que en el momento de los hechos estaba al frente de la Comandancia de Almería y era el mando de la operación, el teniente Gómez Torres y el guardia Fernández Llamas.

El abogado de la acusación particular, Darío Fernández, en todo momento intentó que fueran condenados por asesinato, en contra de la opinión del fiscal, que calificaba los hechos de homicidio. Le fue denegada una prueba fundamental en cualquier proceso judicial sin ninguna razón de peso, como es la reconstrucción de los hechos, y siempre dudó de las garantías técnicas y científicas de las autopsias realizadas por los forenses. Fue constantemente acuciado y los intentos de intimidación por parte de miembros de la Benemérita fueron variados, “incluida una bomba bajo su coche: Darío tuvo que esconderse en una cueva”, recuerda Lola Liquete Cobo.

No fue Darío Fernández el único intimidado. José Criado, Pepe el barbero, un militante de la izquierda almeriense, rememora esos días en el libro aún inédito La Chanca. Una Revolución (1940-2000): “Cuando la farsa del juicio, que yo le llamo farsa de juicio porque eso fue, la represión que tuvimos fue peor porque denunciamos la farsa que estaban haciendo. Eso nos supuso… A mí me asaltaron mi negocio, mi peluquería. El local donde teníamos la sede de la Plataforma de Lucha Obrera fue asaltao, literalmente asaltao. Fue violentao y yo me tuve que tirar en aquellos entonces quince días fuera de Almería, había orden de arresto contra mí y me tuve que ir a Murcia.

Los abogados de la defensa calificaron en todo momento de terroristas a los fallecidos, incluso con posterioridad a la correcta identificación de los mismos. De hecho, en el periodo que transcurrió desde el crimen hasta la finalización del juicio desde diversas instancias se continuó poniendo en duda su identidad, pasando de terroristas a delincuentes comunes o bien, homosexuales. Además, se intentó crear un clima según el cual Almería estaba infestado de terroristas y pisos francos.

Lo cierto es que no se encontró ningún impacto de bala en las ruedas del Ford Fiesta, pero sí alrededor del depósito de gasolina y en los cuerpos y en las cabezas de los  fallecidos. Algunos de los impactos habían sido realizados de arriba abajo,contradiciendo la versión de los guardias de que los disparos se hicieron antes de que el coche cayera a la hondonada y se incendiara.

En el lugar de los hechos se encontró una lata de gasolina. Las pistolas que presuntamente se habían descubierto horas después de la detención en el coche de los detenidos estaban llenas de herrumbre y estaban datadas en 1921. En el juicio a instancias del abogado de la acusación se declaró por parte de miembros de la Guardia Civil que perfectamente podían ser armas confiscadas y depositadas en cuarteles.

Por si fuera poco, cinco pescadores que pasaban por la carretera de Gérgal cuando el coche estaba incendiándose con los tres jóvenes dentro ratificaron en el juicio que pararon para ofrecer su ayuda y un extintor que portaban en su automóvil, y que un guardia civil les dijo que no era necesario ya que los heridos habían sido evacuados (lo cual, evidentemente, no era así).

En las conclusiones finales los abogados defensores reconocieron por fin que había existido un delito de homicidio, cuando previamente afirmaban que no había existido delito, pero alegaron “cumplimiento del deber” de los tres enjuiciados y “obediencia debida” en los casos del teniente y del guardia. El fiscal, sospechosamente coordinado con los defensores, no cambió sus alegaciones y siguió manteniendo en todo momento que se trataba de un homicidio.

Al teniente coronel Castillo Quero, que en ningún momento ha mostrado sombra de arrepentimiento, se le sentenció a una pena de 24 años de prisión. Al teniente Gómez Torres a 15 años de prisión, y al guardia Fernández Llamas a 12 años de prisión. Todas las penas citadas implicaban además la baja en el cuerpo de la Guardia Civil.

En todos los casos los acusados salieron de la cárcel con bastante antelación al final de sus penas por un teórico buen comportamiento (Castillo Quero logró el tercer grado a los tres años). Además cumplieron en unas condiciones que para sí quisieran muchos de los internos que siguen penando por las cárceles de España. Durante parte de la pena residieron en centros militares en lugar de hacerlo en cárceles ordinarias y, tal y como se denunció años después, recibieron un ‘salario’ procedente de los fondos reservados del Ministerio del Interior.

Con posterioridad a la sentencia, tal como mostró el diario El País en su edición del día 15 de octubre de 1985, la esposa del ex-teniente coronel Castillo Quero solicitó para su marido un indulto por “sus largos servicios a la patria”.

El 22 de abril de 2015, el Diario de Almería dio cuenta de cómo la formación política Amaiur había formulado varias preguntas relacionadas con el Caso Almería en el Congreso de los Diputados. Quería saber si los agentes de la Guardia Civil condenados por asesinar a los tres jóvenes cobraron esas ayudas de fondos reservados, las cantidades y si, finalmente, el Gobierno contemplaba considerar a los fallecidos como víctimas del terrorismo, tal y como reclaman las familias. Jon Iñarritu, diputado de Amaiur, recibió la siguiente respuesta a sus numerosas preguntas: “El Gobierno carece de información que pueda aportar a una respuesta parlamentaria, dada la antigüedad de los hechos referidos en la pregunta”.

Unas conclusiones que se extienden en el tiempo

Tanto las familias de los jóvenes fallecidos como su abogado, numerosos periodistas y políticos que siguieron el caso, tienen hasta el día de hoy, 35 años después, otra versión de los hechos que se sigue manteniendo en la oscuridad por parte de las sucesivas autoridades gubernativas y de la Guardia Civil.

Caben pocas dudas respecto a que a Juan Mañas, a Luis Cobo y a Luis Montero los mataron miembros de la Guardia Civil en un estado de confusión rayano en la demencia o la obsesión. Pudiendo realizarse las comprobaciones de identidad oportunas no se hicieron, pese a que la Guardia Civil tenía medios para ello, tal y como se comprobó en el juicio. Las pistolas que dijeron haber encontrado en el coche, con toda probabilidad fueron colocadas allí para justificar la inculpación como militantes de ETA.

Es muy probable que a uno de ellos o a todos se les trasladara a una antigua fortaleza cerca de la costa y se les torturara intentando arrancarles una confesión. También es posible que alguno de ellos o todos fallecieran bajo tortura y que el Ford Fiesta en el convoy de traslado solamente transportara en la parte de atrás personas muertas o… sus restos. Si fuera así, estaríamos ante un concepto aún más perverso de la “ley de fugas”.

Es posible que se prendiera el coche utilizando la propia gasolina del depósito y también la del bidón que se encontró en los alrededores, con el objeto de ocultar las lesiones producidas con antelación.

Este 10 de mayo se cumplen 35 años de los hechos que se relatan. Las familias continúan en completo desacuerdo con el desenlace. Por ello, siguen pidiendo que se aclaren las circunstancias reales de la muerte de sus familiares y que recaiga la ley con justicia en los causantes. Los guardias civiles eran once y solamente fueron juzgados tres. El resto, además de participar en la acción, cometieron el delito de ocultación de pruebas.

Las familias siguen solicitando dignidad para los jóvenes asesinados y que se les considere víctimas del terrorismo. En ningún momento ha sido aceptada esta cuestión, alegando que solamente pueden ser consideradas así las víctimas de ETA […]

El año pasado, en la plaza de Pechina, localidad de nacimiento de Juan Mañas, se le levantó una placa en homenaje y en recuerdo de los hechos acaecidos. En Cantabria, tierra de nacimiento o de adopción de todos ellos, jamás se ha realizado un acto de homenaje oficial ante sus asesinatos.

Fuente: http://www.eldiario.es/norte/cantabria/sociedad/Caso-Almeria-verguenzas-Transicion_0_513049551.html

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