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‘El movimiento feminista en Estados Unidos está dominado por mujeres burguesas blancas’

Elaine Brown
Elaine Brown fue presidenta del Partido Pantera Negra entre 1974 y 1977. En 1992 escribió su autobiografía, recientemente traducida al castellano “Una cata de poder. Historia de una mujer negra”. Actualmente se dedica a la lucha contra el complejo carcelario industrial de Estados Unidos.

Usted dice que «nuestra meta era liberar a los negros, no asegurar la igualdad ante la ley, lo que implicaba la aceptación del sistema tal como era. ¿Cómo calificaría el movimiento Black Lives Matter en este sentido?

Empezaré preguntándome de qué va todo esto. ¿Es un movimiento? No creo que lo sea. Hago esta pregunta a mi alrededor y la gente se enfada, pero tengo la impresión de que no están haciendo mucho. No puedo entender lo que se llama «movimiento». ¿Qué nos hace pensar que esa etiqueta se haya convertido en un movimiento? A pesar de que puede describirse como una iniciativa organizada, ¿qué hacen realmente sus partidarios? ¿Cuál es su objetivo? La mayoría de ellos apoyaba a Hillary Clinton. ¿Cómo puedes ser negro y apoyar a Hillary Clinton?

Comenzó como una iniciativa contra la brutalidad policial, nada más. Después se convirtió en consignas como «¡Manos arriba! ¡No disparen!» No podría ser más revolucionario, ¿verdad? Observo que no se reflexiona sobre las cuestiones relacionadas con los cambios fundamentales, ni sobre el orden del día ni sobre las medidas que se están adoptando en este sentido.

Siguiendo el mismo razonamiento, ¿qué opina del feminismo liberal?

El movimiento feminista en Estados Unidos está dominado por los ideales de la burguesía blanca. Estamos hablando de derechos reproductivos sin mencionar que la Honorable Margaret Sanger, a quien debemos la planificación familiar, era realmente una eugenista, una partidaria de la eliminación de ciertas poblaciones y que las primeras clínicas de aborto se abrieron en Harlem.

Por otro lado, cuando estas feministas hablan de romper el techo de cristal, lo que realmente quieren decir es que quieren participar en el mundo de los negocios y tener la igualdad que les permita oprimir a otras mujeres y a otros en las mismas condiciones. De la misma manera, prácticamente no hay mujeres negras o latinas en este movimiento. En la práctica, se trata de un movimiento de mujeres blancas y este fue el caso en la primera, segunda y tercera oleadas.

En cualquier caso, ¿no cree usted que hay derechos por los que las mujeres trabajadoras debemos luchar?

Por supuesto que sí. Creo que, en efecto, hay ciertas cuestiones que afectan especialmente a las mujeres pobres y a las mujeres negras y latinas, y creo que estas cuestiones deben abordarse como problemas que afectan a todas las mujeres. Las mujeres negras representan el colectivo más pobre del mundo y en el África subsahariana, por ejemplo, las mujeres negras son aún más pobres que los hombres. Pero nadie habla de estas mujeres, como en Estados Unidos, nadie habla de mujeres pobres que cuidan de sus hijos.

Vemos que lo que muchas feministas hacen es imponer su estilo de vida y sus valores burgueses ya que consideran que son justas y que son ellas las que deben definir lo que queremos y lo que necesitamos. Esto se refleja claramente en la Reforma de Asistencia Social aprobada por Bill Clinton que penaliza a las mujeres pobres. La gente votó a favor porque pensaban que sólo afectaría a las mujeres negras. Resulta que la mayoría de las personas que reciben asistencia social son en realidad mujeres blancas, dado su peso demográfico.

Con esta reforma, Clinton impuso una agenda neoliberal de un nivel que ni siquiera George Bush hubiera esperado alcanzar. También considera que uno de los problemas de la comunidad negra es el gran número de madres solteras. Comenzaron a individualizar los problemas, ocultando el componente racista, machista, etc., y decidieron dejar a muchas mujeres sin acceso a la asistencia social y sin oposición de ninguna organización feminista. La consecuencia de esta pena fue empujar a estas mujeres a hacer cosas desesperadas para poder cuidar de sus hijos, al tiempo que acentuaban un poco más su pobreza y la de sus hijos.

¿Dónde encajan las feministas en todo esto? Bueno, la mayoría de sus organizaciones se han enfocado en temas LGBTQ, lo cual creo que es grandioso, porque a todos nos preocupa que un grupo sea oprimido. El problema es que con ellos, esto se convierte en una cuestión de estilo de vida.

Creo que lo más importante es volver a las cuestiones esenciales que preocupan a las mujeres. ¿Nos preocupa la igualdad con los hombres? Bueno, no quiero ser igual a un general que pasa su tiempo matando gente en Afganistán, por ejemplo. Sin embargo, sí, me preocupa que mi capacidad de vivir se vea afectada por el hecho de ser mujer. Me preocupa no tener dinero y no poder cuidar a mis hijos sólo porque soy mujer. Las mujeres negras ganan menos que las blancas y las blancas ganan menos que los hombres. Ahí está la clave del problema, y no hablamos de ello, así como no hablamos de las mujeres en la cárcel… Estas feministas se limitan a hablar de derechos reproductivos y a romper el techo de cristal….

¿Qué opina de la iniciativa #MeToo?

El movimiento #MeToo se ha convertido en una especie de aventura, un evento de Hollywood donde ves a actrices protestando porque no les has pagado lo mismo que a tus colegas masculinos. Así que en vez de conseguir dos millones de dólares, sólo tienen uno. Y mientras tanto, no han dicho una sola palabra acerca de estas mujeres ordinarias que luchan cada día para seguir adelante. Esto es lo que domina el discurso, incluso en torno a la violación. Si el caso de Harvey Weinstein tuvo tanta repercusión fue porque todas las mujeres que violó eran blancas. Es lo mismo con Bill Cosby y O.J. Simpson. Nunca habría sido condenado si hubiera matado a una mujer negra en vez de a una blanca. Está claro que la vida de las mujeres blancas es mucho más importante que la de las mujeres negras.

En cualquier caso, tengo que decir que sí, soy feminista. ¿Cómo podría no serlo, siendo yo misma una mujer? Soy oprimida como mujer, como negra y como pobre. Es cierto que mis necesidades básicas están satisfechas y que tengo una vida digna, pero no tengo control sobre las cosas que afectan mi vida como mujer, como persona negra y como ser humano.

¿Y cuál fue la posición del Partido Pantera Negra sobre el feminismo?

El Partido tomó una posición muy clara con respecto al movimiento de liberación de la mujer: ha considerado esta lucha como propia, como lo fue también para la liberación de los homosexuales. Y lo ha hecho no sólo en términos retóricos, sino también en hechos. Para nosotras, la liberación de la mujer significó la conquista de la libertad para definir su propio destino sin depender económicamente de los hombres.

Las feministas blancas solían decir que una mujer sin hombre es como un pez sin bicicleta, pero el verdadero problema es que si no tienes un hombre o si no tienes dinero, no puedes existir por tu cuenta. En cualquier caso, la mayoría de las mujeres que conozco tienen suficiente dinero para sobrevivir y no necesitan un marido para vivir y cuidar de sí mismas, por lo que no toleran el abuso de un hombre. Por eso sé que esta cuestión social es realmente una cuestión económica.

Usted dijo que los negros sólo pueden liberarse a través de un cambio radical en el sistema. Ahora que parece haber una reacción generalizada contra los derechos de los negros y latinos, las mujeres, los inmigrantes, etc., ¿cuál debería ser el camino a seguir? ¿Y cuál es la probabilidad de que las cosas cambien?

Bueno, tenemos que partir de la observación de que vivimos en un sistema operativo económico. Del mismo modo, cuando hablamos de inmigración a Estados Unidos, debemos comenzar por el principio: Estados Unidos fue fundado con la colonización inglesa de Virginia que tuvo lugar a través del exterminio de las treinta tribus indígenas que vivían allí. Una vez conquistado este territorio, comenzaron a cultivar tabaco y algodón para venderlo a la metrópoli. Pero para ello, necesitaban mano de obra.

Como no podían reducir a los nativos a la esclavitud, que preferían dejarse morir antes que someterse -y estando en su propio territorio, podían organizarse y rebelarse- decidieron capturar africanos, ponerlos en barcos y enviarlos por millones a los Estados Unidos. Esto se hizo durante 250 años. Y como bien dijo Marx, sin el algodón y los esclavos que lo cultivaban, la revolución industrial no habría sido posible.

El mismo sistema sigue en vigor y si alguien cree que es posible reformar la política migratoria o penitenciaria mientras este sistema permanezca intacto, es porque realmente no quieren intentar nada. Sólo hablaba, pero no lo hacía. Trato de convencer a los jóvenes con los que trabajo todos los días y los animo a resucitar el Partido Pantera Negra. Les digo que les diré qué hacer. ¿Ellos lo hicieron? No. Porque tienen miedo, porque son perezosos y porque se preocupan por su comodidad. Quieren una pequeña beca para ir a la universidad, un coche, para poder pagar el teléfono, para salir a cenar cuando quieran…

Como dijo Marx, debemos ser constantemente críticos, analizar las condiciones reales en las que vivimos y trabajamos desde estas mismas condiciones y no desde cómo nos gustaría que fueran. Sin embargo, esto no significa que no tenga esperanza, porque creo que las personas siempre terminan eligiendo la vida hasta la muerte, incluso si lo hacen sólo porque se ven afectadas por esa elección y no necesariamente por razones morales. La gente tiene un interés personal en seguir viva. Y aunque no sean conscientes de ello, su vida depende de la mía y viceversa. En cualquier caso, los marxistas leninistas sabemos que si mantienen a la gente oprimida, terminarán cortándote el pescuezo. Así que lo más apropiado es garantizar que todos tengan comida y refugio, que tengan acceso a la atención médica, a la educación y al resto de las cosas que necesitamos. Es después de haber conseguido todo esto que pensarán en construir una sociedad interconectada y unida.

Eso es lo que sigo esperando. Que la gente se dé cuenta de que somos dependientes, interdependientes y parte del mismo planeta, que debemos encontrar soluciones para que todos tengamos acceso a una vida digna. Sin ella, la vida de todos estará en peligro. No digo que vaya a pasar en mi vida, pero tiene que pasar.

A diferencia de otros movimientos políticos, los Panteras Negras le dieron gran importancia al lumpenproletariado, de donde salieron muchos de los militantes, que era considerado «la facción más motivada de Estados Unidos para dirigir la revolución». El partido había decidido entrenar y politizar a estas personas. ¿Cómo lograron «convertir la furia del gueto en acción revolucionaria»?

Durante los últimos veinte años he trabajado con personas que han estado dentro o fuera de la cárcel. En mi opinión, representan el mismo grupo de personas que tenían el mayor potencial para transformarse en vanguardia revolucionaria. No digo que las masas no deban involucrarse en algún momento, sino que todo lo demás está conectado al sistema: tienen un trabajo o lo quieren. Los primeros, por otro lado, no quieren un trabajo y lo sabemos porque pasan su tiempo vendiendo drogas o cometiendo robos, etc. No tienen conexión con el sistema. No les gusta, no les gusta la policía, han corrido riesgos en sus vidas y tienen más potencial que una persona ordenada que va a trabajar todos los días y, después del trabajo, se va a casa, ve la televisión y se va de vacaciones a Disneylandia.

Por otro lado, creo que Marx se equivocó al considerar al lumpenproletariado como la escoria de la tierra porque tenía estima por la clase obrera y consideraba valientes a los que trabajaban. Bueno, el tipo que vende drogas a la vuelta de la esquina durante dieciocho horas al día también está trabajando, pero esa es otra historia. Lo que quiero decir con esto es que no considero que los esclavos sean una sola clase en Estados Unidos compuesta únicamente por negros. Era una clase obrera a la que no se le pagaban salarios. Y esta situación sigue existiendo hoy en día. La mayoría de los negros, a pesar de que tienen un trabajo, tienen que hacer otras cosas para complementar sus salarios, ya que ni siquiera ganan lo suficiente para formar parte de la gran parte del proletariado. El hecho de que los negros nos hayamos quedado al margen de los sindicatos también es una cuestión extremadamente importante. La historia de los sindicatos industriales en Estados Unidos es vergonzosa en este sentido.

Así que sigo pensando lo mismo porque los hechos no han cambiado. Los negros siempre somos pobres, fuera del sistema, no tenemos trabajo real, ni dinero, ni relación con el sistema. Y debajo de todo esto, encontramos a la gente que ha estado en prisión.

Con sus 2.120.000 presos, Estados Unidos es el país con la mayor población carcelaria del mundo. ¿Cómo se originó esa situación?

El aumento tanto del número de personas encarceladas como de la duración del encarcelamiento es un fenómeno relativamente nuevo y sigue a una ley aprobada por Bill Clinton en 1994 para enjuiciar a los reincidentes.

Entre 1994 y 2004 el número de detenidos se duplicó en Estados Unidos y casi la mitad de ellos son negros, aunque sólo representan el 13 por ciento de la población total. Pero no hay una política de meter directamente a los negros en la cárcel. No es eso. Ha habido algún tipo de mecanismo desde 1865, cuando se crearon los departamentos del sheriff para cazar esclavos fugitivos. Podemos ver que la cuestión negra ha estado presente desde el comienzo de la historia americana.

Thomas Jefferson, uno de los Padres Fundadores y uno de los autores de la Declaración de Independencia, definió perfectamente esta mentalidad en uno de sus libros titulado «Notas sobre el Estado de Virginia». En este libro, explica que la razón por la que no incluyó a los negros en su proyecto de emancipación basado en el principio de que «todos los hombres nacen iguales» se debe al hecho, según sus indicaciones, de que los negros están menos dotados que los blancos tanto física como mentalmente, que tienen un color desagradable y que huelen mal además de ser perezosos, etc. Según Jefferson, los negros ni siquiera alcanzan la categoría de seres humanos, de ahí la legitimidad de reducirlos a la esclavitud. Esta ha sido la ideología dominante en los Estados Unidos desde 1710.

¿Puede explicarnos cómo funciona el complejo industrial de la prisión?

Los prisioneros producen muchas cosas. Pero eso no es lo que les da valor. Es el dinero que gastan ellos mismos y los Estados donde están encarcelados. Tienen acceso a todo en la cárcel: llamadas telefónicas, videollamadas, comida, ropa… Se puede comprar de todo, pero cuesta mucho más que en la calle. Por otro lado, el Estado de California, por ejemplo, gasta 70.000 dólares por preso al año.

También está el trabajo no remunerado de los presos: hacer muebles, jardinería, limpieza de carreteras… Y todo ello de forma gratuita o casi gratuita. El complejo industrial de la prisión es similar al complejo industrial militar pero con prisioneros. Muchos creen que este concepto tiene algo que ver con las prisiones privadas, pero no es así. La mayoría de las cárceles son públicas, de propiedad estatal y en ellas trabajan muchas personas. Sólo en California, hay más de 100.000 funcionarios de prisiones que tienen sindicatos que luchan para asegurar que sus miembros no permanezcan desempleados. ¿Y cuál es su principal producto? Los prisioneros. No quieren que las cárceles dejen de estar llenas. Todos ganan dinero a expensas de los presos que eran pobres cuando entraron a la cárcel y que serán pobres cuando se vayan.

¿Hicieron cosas terribles? Absolutamente. Algunos de ellos. No todos ellos. Ni siquiera uso los términos inocente o culpable. Porque la mayoría de los detenidos han sido arrestados por delitos económicos como el hurto en tiendas. ¿Y por qué lo hacen? Bueno, porque hay grandes disparidades económicas en nuestro país. Vemos que todo está tan entrelazado que apenas podemos separar nada. Y los negros son la mejor carne de cañón para meter en la cárcel. ¿Quién hablará por ellos? Nadie. Ni siquiera tenemos suficiente dinero para financiar una acción judicial. Y a todo esto hay que añadir también el racismo.

En 2014, usted fundó ‘Oakland and the World Enterprises’, una iniciativa para crear negocios administrados por ex prisioneros. ¿De qué se trata este proyecto?

Un aspecto de nuestra continua opresión como negros en Estados Unidos es el hecho de que cuando alguien sale de la cárcel, no consigue trabajo porque tiene que presentar un formulario de antecedentes penales que los empleadores usan para justificar su negativa a reclutar ex prisioneros. Estos últimos realmente no tienen otra alternativa. En California, por ejemplo, te dan 200 dólares cuando sales de la cárcel para empezar tu vida de nuevo. Y si no tienes a nadie que te ayude, que te ofrezca un lugar para vivir, con 200 dólares no puedes hacer nada y vas a tener que prostituirte, vender drogas y hacer algo ilegal que probablemente te vuelva a meter en la cárcel.

Ante esta situación, con la participación de un funcionario negro electo, hemos decidido hacer algo para reducir la reincidencia y creemos que la única manera de hacerlo es que estas personas tengan sus propios ingresos. Así que compramos tierras en Oakland, creamos una asociación sin fines de lucro llamada Oakland and the World Enterprises, y ahora queremos comenzar negocios con fines de lucro en la forma de propiedad cooperativa para ex-prisioneros y otras poblaciones vulnerables y marginadas. En otras palabras, pobres negros.

Iniciamos esta iniciativa y ahora tenemos un huerto urbano que nos ha permitido crear un banco de alimentos donde la gente hace cola desde las cuatro de la mañana ya que estamos en una comunidad extremadamente pobre. Ahora queremos construir casas accesibles, pero según nuestros propios criterios, es decir, que el acceso se defina según las posibilidades de cada uno y no según la media de la zona o criterios similares. También tenemos apartamentos reservados para aquellos que no tienen ningún tipo de ingreso.

La idea es que esta iniciativa se extienda a otras ciudades, a Detroit, Filadelfia… para que a nadie se le niegue el acceso a la vivienda o al empleo por haber estado en prisión. El modelo que utilizamos es el de una cooperativa de trabajo asociado, pero como suena demasiado comunista para algunos y les pone nerviosos, les digo que son empresas de propiedad cooperativa. Es la misma cosa. Los trabajadores son los dueños y los dueños son los trabajadores pero los beneficios son colectivos. No tenemos nada en contra de los beneficios per se, el problema es la explotación.

http://laccent.cat/elaine-brown/

Queipo de Llano y la violación como propaganda del terror en la Guerra Civil

Félix Población

El golpe de Estado de 1936, que trajo consigo una crudelísima Guerra Civil, supuso la caída de la segunda República y, con ella, la pérdida de los derechos y libertades democráticas logradas bajo el régimen del 14 de abril de 1931, entre los que estaban los adquiridos por la mujer en España por primera vez en la historia. Tal como se podía leer en la publicación Mundo femenino, en octubre de 1931, «la República, mujeres españolas, nos ha elevado a la categoría excelsa de ciudadanas, reconociéndonos la plenitud de derechos igual al hombre».

Se puede afirmar, por lo tanto, que en el contexto de la Segunda República se dieron las condiciones necesarias —aunque no suficientes— para una transformación radical de las relaciones de género, ya fuera en el ámbito público o en el privado. La igualdad jurídica y política entre hombres y mujeres se recogió por primera vez en los artículos de la Constitución de 1931. Mientras el artículo 2 reconocía la igualdad ante la ley de todos los españoles, el 25 establecía que el sexo, la naturaleza, la filiación, la clase social, la riqueza, las ideas políticas y las creencias religiosas no podían ser fundamento de privilegio jurídico. En el capítulo primero del título III, el artículo 36 establecía los mismos derechos electorales para todos los ciudadanos mayores de 23 años de uno y otro sexo, algo que en Francia no se consiguió hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

La dictadura supuso para la mujer un drástico retroceso histórico en esa igualdad de derechos jurídicos y políticos, que la retrotrajo al papel doméstico y servil de la pasada centuria. Con toda seguridad, las mujeres que defendieron la bandera tricolor fueron conscientes del riesgo que en ese sentido podría comportar la victoria de los golpistas. Sobre todo si se repara en la personalidad de uno de los más señalados generales felones, al que siempre que se habla del delito de violación en España convendría tener en cuenta.

Las airadas soflamas de Gonzalo Queipo de Llano a través de Radio Sevilla, durante la Guerra Civil, fueron numerosas. Se han contabilizado hasta seiscientas, día tras día, desde que las tropas sublevadas ocuparon la ciudad andaluza en los primeros días de la contienda. Las emisiones se prolongaron hasta el 1 de febrero de 1938 como expresión desbocada de un odio visceral hacia quienes se aprestaron a defender el régimen legal y democráticamente constituido.

Al general Queipo se le atribuye la muerte de al menos 14.000 civiles, solo en Sevilla, una ciudad en la que durante el primer trimestre de la contienda se registraron hasta tres millares de ejecuciones

Esa grabaciones son a no dudar un explícito documento de lo que aquel levantamiento militar iba a representar para el país. Al general Queipo se le atribuye la muerte de al menos 14.000 civiles, solo en Sevilla, una ciudad en la que durante el primer trimestre de la contienda se registraron hasta tres millares de ejecuciones. También participó en la llamada Desbandá, la masacre contra la población civil que huía de Málaga a Almería en febrero de 1937 y en la que murieron cinco mil personas.

Las crónicas del conflicto armado se refieren a la voz aguardentosa del militar golpista, incitando al asesinato y a la violación, y de su lenguaje desfachatado, burdo y amenazador, propio de un retablo esperpéntico: “Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos —gritaba Queipo desde los micrófonos de la emisora—, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré matar”.

Conocido como el virrey de Andalucía, por ser el hombre del general Francisco Franco en esa región, en sus alocuciones radiofónicas ordenaba “perseguir a los rojos como a fieras, hasta hacerlos desaparecer a todos”. Pero si cabe acordarse estos días de Queipo es, sobre todo, por lo que voceó acerca de las mujeres republicanas, cebando los más bajos instintos de las tropas coloniales africanas para acometer violaciones múltiples: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”.

Quien había sido teniente general de caballería y falleció en 1951, cuando todavía la dictadura ejercía una dura represión sobre un país sumido en la miseria, fue enterrado en la Basílica de La Macarena de la capital andaluza -de la que sigue siendo hermano mayor honorario-, donde aún permanecen sus restos en compañía de los de su esposa. Dos leyes deberían impedirlo, pero hasta ahora no lo han logrado: la de Memoria Histórica, de carácter nacional, aprobada hace más de diez años, y la Ley de Memoria Democrática de Andalucía.

Desconozco en qué archivo se encuentran las arengas del virrey de Andalucía, pero sería conveniente tenerlas a disposición de las jóvenes generaciones, junto a tantos otros referentes de la memoria histórica no suficientemente conocidos o difundidos para reconocer la España de nuestros padres y abuelos. Evidencian la catadura del régimen franquista y son un anuncio de la sumisión medieval que para la mujer iba a reportar la dictadura naciente, con la bendición complacida y decisoria de la católica iglesia.

https://www.elsaltodiario.com/los-nombres-de-la-memoria/queipo-de-llano-y-la-violacion-como-propaganda-del-terror-en-la-guerra-civil

Cuando tu enemigo de clase habla bien de ti…

Winnie Mandela
Darío Herchhoren

Hace muy pocos día la prensa nacional e internacional a través de todos sus medios nos trajo la mala noticia de que Winnie Mandela había fallecido a los 81 años, luego de una dolorosa y larga enfermedad.

Siempre se la conoció por ser la esposa de Nelson Mandela, pero casi nunca se le reconocieron méritos propios.

La figura de Nelson que en todo momento fue ensalzado y homenajeado hasta la saciedad, la opacaba totalmente.

Ambos fueron los fundadores del Congreso Nacional Africano; el partido que junto al Partido Comunista de Sudáfrica, llevó el peso de la lucha armada contra el régimen fascista blanco de Sudáfrica, que era y es conocido como del «apartheid», o sea el desarrollo «separado» o «apartado» que preconizaran los colonizadores blancos ingleses y holandeses.

Las negociaciones entre Nelson Mandela que estaba preso en la cárcel de Roben Island, donde era el único prisionero, y Pieter Botha, presidente de la Sudáfrica racista, y luego reemplazado por Leclerc, que fué el último presidente blanco de Sudáfrica, permitieron que Mandela quedara libre, y que tras las primeras elecciones multiraciales, fuera ungido como el primer presidente de raza negra de la historia de Sudáfrica.

Ello significó un paso sin duda gigantesco en la historia de ese desdichado país, donde una minoría blanca gobernaba sin tasa ni medida a una abrumadora mayoría de negros, y donde la vida diaria de los negros era realmente infernal, sus posibilidades de crecimiento personal y social eran nulas, donde recibían malos tratos por parte de la policía sudafricana, donde los mejores empleos en la administración eran para los blancos, y donde la mayoría negra, solo obtenía trabajos mal pagados, subalternos y sin posibilidades de ascenso alguno.

Con el triunfo de Nelson Mandela, esa situación se acabó. ¿Pero era eso en realidad lo que el Congreso Nacional Africano quiso? Parece que no.

Mandela propició una política de compromiso con la mayoría blanca, y permitió que la banda de asesinos que había en la policía y en el ejército sudafricanos se fueran sin pagar por sus crímenes. Al efecto se crearon unas comisiones de la verdad, que «perdonaban» los crímenes, a cambio de una confesión pública. Eso levantó ampollas entre la mayoría negra.

Pero lo peor estaba aún por venir.

¿De qué se trataba? Simplemente se trataba de hacer cambios cosméticos, donde la minoría blanca no perdía el control de la banca, ni tomaba decisiones importantes, ni se afectó la propiedad rural de los blancos, ni los negros ascendieron en el ejército donde los altos mandos siguen siendo blancos, ni se expropió a las grandes fortunas mal habidas durante siglos de explotación de la mano de obra negra.

A todo esto, los medios de comunicación sin dudarlo se lanzaron sin freno sobre Winnie  porque representaba la justa rebeldía del pueblo negro olvidado, estafado, engañado y sometido de Sudáfrica. Winnie en todo momento se opuso a los pactos entre la minoría blanca y el Congreso Nacional Africano. Seguramente la existencia de esos pactos son el origen de la corrupción del gobierno negro mayoritario sudafricano. La minoría blanca maniobró hábilmente corrompiendo a los gobiernos de negros, para que fueran estos los que tuvieran a raya a la clase obrera negra. Cuidado con las alabanzas que te hacen los enemigos. Cuando esto ocurre hay que quitar al alabado y poner a alguien que no reciba esos honores.

No quiero terminar sin recordar a una de las figuras más emblemáticas de Sudáfrica, la cantante Miriam Makeba, conocida como Mamá África, que poco antes de morir tuvo palabras de afecto hacia Winnie de quien dijo que había sido muerta en vida por su vida incorruptible, por su tenacidad y su constancia, y también por su sencillez. Con eso criticaba veladamente a Mandela que vivió hasta su muerte rodeado de adulones.

Este artículo comenzaba diciendo “Cuando tu enemigo de clase habla bien de ti…” Seguro que estás haciendo las cosas mal. Me recuerda a cuando Margaret Tatcher alababa a Gorbachov, el gran traidor.

El Ayuntamiento de Guadalajara denuncia a las huelguistas que se tomaron en serio el 8M

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Manifestación del 8M en Guadalajara
Es sabido que desde estas líneas hemos criticado duramente la supuesta convocatoria de huelga del redenominado «Día de la Mujer»; decimos redenominado porque en realidad el 8 de Marzo es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. 
En una de las notas de la Comisión 8 de marzo comentábamos cómo el objetivo de esta huelga era tan difuso que hasta las propias convocantes ya advertían que no pretendían generar un problema económico a las empresas capitalistas.
Sin embargo, ha habido quien ha tomado en serio lo que significa una huelga y los objetivos que tiene en la lucha por la emancipación de la mujer. El pasado 8 de marzo, Guadalajara amaneció con al menos 15 establecimientos comerciales con las cerraduras selladas, con el objetivo de señalar a empresas como las principales instigadoras de las desigualdades que afectan a la mujer obrera, algo que ha irritado al Ayuntamiento de Guadalajara, que dice «estar junto a las mujeres» pero condena este tipo de acciones directas que en cualquier otro país del continente son expresión natural de una jornada de paro general.
En concreto, y según la concejal de seguridad de esta ciudad, Encarnación Jiménez (PP), «son muchas las empresarias afectadas por este tipo de comportamientos incívicos, delictivos…«, y parecía afirmarse que se abriría una investigación al respecto.
Rosa Parks, una de las referentes del movimiento contra la discriminación racial de los negros en Estados Unidos desobedeció la legislación que imponía el apartheid frente a la población blanca. En 1962, decenas de mujeres asturianas tomaban la lucha de la minería en sus manos contra la represión ejercida por el fundador del Partido Popular ex ministro franquista Manuel Fraga. En 1961, las mujeres de Laguna Paiva (Santa Fe, Argentina), protagonizaron una lucha consistente en la quema de vagones contra los despidos y la represión en los ferrocarriles argentinos. 
La opresión de la mujer es parte intrínseca del sistema capitalista. Por eso Susanna Griso o Letizia Ortiz son aplaudidas por los capitalistas, y las mujeres de Guadalajara son denunciadas. Griso, Letizia Ortiz o Ana Rosa Quintana cumplen el papel propagandístico de que se puede ser explotadora y mujer; mientras que las mujeres alcarreñas demuestran que el 8 de marzo no va de mujeres frente a hombres, sino de explotadores y explotadas; por eso son perseguidas.

Recuperemos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de las manos de la burguesía

Con el Día Internacional de la Mujer ha ocurrido lo mismo que con otras fechas significativas del movimiento obrero: el capitalismo se ha apropiado de ellas, no sin antes vaciarlas de contenido y de cualquier objetivo socialista.

En el caso del 8 de marzo se han falsificados sus orígenes, se ha eliminado su carácter de clase y de ser un día de lucha y reivindicación de las trabajadoras de todo el mundo inscrito en la lucha por el socialismo se ha convertido en un día festivo donde las consignas giran en torno a la lucha entre los sexos y no entre las clases. Pues bien, como comunistas debemos recuperar la memoria de un pasado de lucha de las mujeres trabajadoras enterrado y falsificado por la burguesía.

Todos los años cuando llega la fecha del 8 de marzo nos cuentan la misma historia sobre su origen, que se eligió este día “en conmemoración del día 8 de marzo de 1908 en que las trabajadoras de la fábrica textil llamada Cotton declararon una huelga en protesta por las condiciones insoportables de trabajo. El dueño entonces cerró las puertas y prendió fuego muriendo abrasadas las 129 trabajadoras que había dentro” (1).

No hay pruebas documentales de que estos hechos existieran tal como se presentan. La verdadera historia es que fueron cogiendo acontecimientos reales de aquí y de allá, cambiaron fechas y los fueron amañando para presentar unos orígenes a la medida de los intereses de la burguesía. Esta versión aparece en torno a 1955, y el objetivo parece claro, eliminar el carácter comunista que tenía el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

No es extraño que la aparición de esta leyenda se produzca en la década de los años 50. Las vicisitudes que ha sufrido el Día Internacional de la Mujer Trabajadora están ligadas a las sufridas por el movimiento comunista. Será en esta década cuando se produzca la traición revisionista que supuso un abandono de los principios y objetivos revolucionarios de la mayoría de los partidos comunistas oficiales para pasarse con armas y bagajes a colaborar con el capitalismo y por este motivo, se reescribió la historia de muchos acontecimientos relevantes de la clase obrera para acomodarla a los nuevos tiempos.

El terreno estaba abonado para que el movimiento feminista de los años 60 se apropiara de esta fecha y borrara el término trabajadora para convertirla en el Día de la Mujer. Posteriormente se daría un nuevo paso hasta hacerla irreconocible: en 1975 la ONU declara el 8 de Marzo Día Internacional de la Mujer y de la Paz, y los gobiernos de la mayor parte de los países capitalistas organizan actos oficiales en este fecha. Así es como ha enterrado un pasado combativo de las mujeres trabajadoras y se ha falsificado uno nuevo que pueda ser asumido por todas las mujeres sin distinción de clase.

Los hechos históricos de la leyenda

No hay ningún dato que recoja un incendio en 1908. En la fábrica Triangle Shirtwaist Company de Nueva York se produjo un incendio, pero fue el 25 de marzo de 1911. Este suceso tuvo una gran repercusión en el movimiento obrero, no solo porque ocasionó la muerte de 148 trabajadores, de los cuales 129 eran mujeres, la mayoría emigrantes procedentes de Italia y Europa central y con edades comprendidas entre los 16 y los 24.

El hecho adquirió mayor relevancia porque en 1909 las trabajadoras de esa fábrica protagonizaron la primera huelga llevada exclusivamente por mujeres, cuyas demandas se resumían en un aumento de los salarios, mejoras en las condiciones laborales, la abolición del sistema de subcontratación y de las multas, la jornada laboral de 52 horas semanales, una igual carga de trabajo durante todo el año, la limitación de las horas extras y el reconocimiento de los derechos sindicales.

La huelga comenzó el 27 de septiembre de 1909 y se prolongó hasta el 15 de febrero de 1910. A las obreras de la Triangle se unieron otras fábricas no sólo de Nueva York sino también de las principales ciudades de Estados Unidos; se calcula que serían unas 40.000 las obreras en huelga, lo que paralizó por completo la industria textil norteamericana.

Cuando finalizó la huelga, la mayoría de los empresarios negociaron con sus trabajadoras parte de las reivindicaciones, solo 13 no lo hicieron, entre ellos los de la fábrica Triangle. Si hubieran aceptado las demandas de las trabajadoras, el incendio no habría tenido lugar, o al menos no habría tenido las consecuencias catastróficas que tuvo, ya que una de las reivindicaciones que venían exigiendo era que las puertas permanecieran abiertas y no cerradas como era habitual para mejor control de los trabajadores.

Las protestas por estos sucesos movilizaron a miles de trabajadores y tuvieron una gran repercusión en el movimiento obrero, pero no ocurrieron un 8 de marzo, ni en 1908. El incendio tuvo lugar un año después de celebrada la II Conferencia de Mujeres Socialistas en 1910, donde se toma el acuerdo de celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y seis días después de que en Europa se realizara la primera celebración.

Los antecedentes del 8 de Marzo

Mientras que los orígenes del 8 de Marzo son mucho más complejos que atribuir a esta fecha un acontecimiento concreto, su base ideológica hay que buscarla en el movimiento socialista de finales del siglo XIX. Tanto a nivel teórico como organizativo, fueron los socialistas los que dedicaron más esfuerzos teóricos y prácticos por el objetivo de la emancipación de la mujer. Marx y Engels tratan el tema de la mujer trabajadora, su papel en la producción industrial, haciendo un análisis científico del origen de la opresión y discriminación de la mujer. Obras como “La situación de la clase obrera en Inglaterra” o “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” de Engels y “El Capital” de Marx, analizan la opresión de la mujer, ligando su emancipación a la de la clase obrera. En 1879, aparece el primer libro dedicado a tratar la cuestión femenina: “La mujer y el socialismo”. Su autor, August Bebel, era un destacado dirigente del movimiento socialista alemán. Esa obra tendrá una gran repercusión.

Esta labor teórica del movimiento comunista se verá acompañada de una labor organizativa. Serán los partidos socialistas los primeros que incluyan en sus programas las reivindicaciones del derecho al voto de las mujeres y los relativos a su igualdad.

Este proceso se produce en el contexto del desarrollo capitalista que empujaba a miles de mujeres a incorporarse al trabajo productivo, espoleadas por la miseria en que vivían sus familias, lo cual acarreará importantes cambios en su situación. Pasaron de permanecer aisladas en el hogar y de dedicarse a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos, al trabajo fuera del hogar en la producción industrial. Aparece así una gran contradicción: por un lado su papel en la producción como un trabajador más, con una relativa independencia económica y, por otro, la falta de derechos políticos, la desigualdad en la familia y ante la ley, a lo que se sumaba la explotación bestial a que eran sometidas.

No es extraño pues que en la primera década del siglo XX se desarrollara un potente movimiento obrero y, a la par, un potente movimiento de mujeres socialistas. En Alemania el Partido Socialdemócrata contaba en 1914 con 175.000 afiliadas, lo que representaba el 16’1% de la militancia; entre ellas cabe destacar la figura de Clara Zetkin.

En 1907 se celebró la I Conferencia de Mujeres Socialistas en Stuttgart. Dos fueron los puntos principales sobre los que giraron las discusiones: lanzar la campaña por el derecho al sufragio de las mujeres y establecer unas relaciones permanentes entre las organizaciones de mujeres socialistas de todo el mundo.

Dos años más tarde, en 1909, las socialistas norteamericanas toman la iniciativa de celebrar el Woman’s Day el último domingo de febrero, con el propósito de unir fuerzas, propagar la lucha por el derecho al voto y las ideas socialistas entre las mujeres. Esta iniciativa será la precursora de la celebración internacional de un día dedicado a la mujer trabajadora.

Aunque tanto el movimiento feminista burgués como el movimiento de mujeres socialistas defendían la misma reivindicación, el derecho de las mujeres al voto, los objetivos eran completamente diferentes, lo que provocará desde el primer momento una línea divisoria entre los dos movimientos. Mientras el movimiento feminista consideraba esta reivindicación como un fin, a través del cual podían impulsar las reformas necesarias para lograr la igualdad en todos los terrenos con los hombres de su clase, pero sin cuestionar el sistema capitalista, para las mujeres socialistas la reivindicación del sufragio empieza a tomar un papel importante sólo desde el momento en que la táctica del proletariado consistía en utilizar las instituciones burguesas contra las instituciones mismas. Se consideraba el voto sólo como un medio para participar en la vida política, facilitando el trabajo de propaganda, concienciación y organización para la revolución socialista, su consecución no eliminaría la causa de su opresión que radicaba en la propiedad privada de los medios de producción. Así elaboraron un programa que recogía los siguientes puntos:

– la lucha contra la explotación capitalista, la igualdad de salarios
– la eliminación de la explotación de los niños y de la prostitución
– la reducción de la jornada laboral, el reconocimiento del derecho al voto de todas las mujeres
– acceso a un sistema educativo basado en la coeducación
– una reforma legal que facilitase la obtención del divorcio
– el reconocimiento del derecho de las mujeres a limitar el tamaño de su familia
– la socialización de las tareas domésticas con la creación de servicios como comedores, guarderías, lavanderías, etc.

La mayor parte de estas reivindicaciones no iban ser alcanzadas con reformas dentro del sistema. Por este motivo las socialistas no llevaron esta lucha por el sufragio en alianza con el movimiento feminista burgués, sino con los partidos socialistas y vieron que la verdadera liberación de la mujer está unida a la lucha por el socialismo.

Los orígenes del Día Internacional de la Mujer Trabajadora

En agosto de 1910 se celebró la II Conferencia de mujeres socialistas en Copenhague. Los puntos a tratar se centraron en el trabajo en torno al sufragio femenino universal, la protección social a las madres e hijos, la jornada laboral de 8 horas, la prohibición de utilizar fuerza de trabajo femenina en trabajos insalubres, dieciséis semanas de baja por maternidad y la aprobación de un seguro obligatorio por maternidad. Esta Conferencia también tomaría medidas para asegurar unas relaciones regulares entre las mujeres de todos los países.

En lo relativo a la celebración del Día de la Mujer Trabajadora, Clara Zetkin, en representación de las delegadas socialistas alemanas, presentó la siguiente moción: “De acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales del proletariado, las mujeres socialistas de todos las nacionalidades organizarán en sus respectivos países un día de las mujeres especial, cuyo principal objetivo será promover el derecho al voto de las mujeres. Será necesario debatir esta proposición con relación a la cuestión de la mujer desde la perspectiva socialista. Esta celebración deberá revestir un carácter internacional y será necesario prepararla con mucho esmero” (2).

Clara Zetkin no propone ninguna fecha ni habla de ningún acontecimiento concreto. En un artículo que escribió unos días después de celebrada la Conferencia, hace referencia a que la idea parte del ejemplo de las socialistas americanas, que venían celebrando desde hacía dos años en las principales ciudades de Estados Unidos el Womans’s Day.

Por su parte, Alejandra Kolontai, delegada rusa, reflexionaba sobre los objetivos del Día Internacional de las Mujeres, dejando claro su carácter socialista desde sus inicios: “Ese día iba a ser un día de solidaridad internacional en la lucha por los objetivos comunes y un día para revisar la fuerza organizada de las mujeres obreras bajo la bandera del socialismo” (3). La primera celebración tiene lugar en 1911, pero no se concreta un día. Las fechas elegidas dependían del país. En Alemania, Dinamarca, Suecia y Austria y otros países europeos se eligió el día 19 de marzo.

Una muestra del cariz que tenía esta fecha en sus orígenes es la manifestación de las mujeres trabajadoras realizada en Viena ese primer año. Marcharon en torno al Reichstag portando banderas rojas y recordando a las luchadoras de la Comuna de París que habían sido masacradas. Ante el éxito de las movilizaciones, en 1914 las socialistas alemanas fijan por primera vez el día 8 de Marzo para unificar las diferentes movilizaciones a nivel internacional, pero en este año comienza la I Guerra Mundial y estas movilizaciones quedarían relegadas.

Para las mujeres socialistas la posición que toma la socialdemocracia de apoyo a la guerra imperialista va a tener importantes repercusiones. Muchas de ellas abandonan estos partidos y crean organizaciones para luchar contra la guerra imperialista, la vuelta de sus maridos e hijos del frente y contra el hambre y la carestía; otras participarán activamente en la formación de los partidos comunistas, como Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin.

Sin embargo, serán las trabajadoras rusas las que recojan esta bandera. Desde tiempo atrás, el partido bolchevique venía desarrollando una importante labor de concienciación y organización entre las mujeres. Siguiendo los puntos aprobados en la II Conferencia de Mujeres Socialistas, empiezan a celebrar este día en 1913. La fecha elegida fue el 17 de febrero (2 de marzo del calendario occidental) bajo la denominación de Día Internacional de las Trabajadoras. Esta primera celebración realizada en las principales ciudades, se salda con la represión de los actos convocados y la detención de varias militantes bolcheviques que son deportadas a Siberia.

Ante el creciente movimiento de mujeres, comienza a publicarse una revista Rabotnitsa (Mujer Obrera), dedicada a la instrucción y movilización de las obreras y de las esposas de los obreros. El primer número se hizo coincidir con el 23 de febrero (8 de marzo) de 1914. Solo pudieron publicar los tres primeros números porque el grupo editorial fue detenido en pleno.

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora se siguió celebrando en años sucesivos y, una vez iniciada la I Guerra Mundial, las protestas se centraron en la lucha contra la guerra imperialista, la vuelta de los soldados del frente y contra la carestía de los alimentos de subsistencia. A causa de la guerra, miles de mujeres se habían incorporado al trabajo en las grandes fábricas, ocupando los puestos de trabajo de los hombres que estaban en el frente.

La huelga de 8 de marzo de 1917 en San Petersburgo, Rusia

El día 8 de marzo de 1917 (23 de febrero en el calendario antiguo), tiene lugar un estallido revolucionario que acabaría con el régimen zarista. Al llegar al trabajo, los obreros de la fábrica Putilov se la encuentran cerrada. Las mujeres de Petrogrado, cansadas de la escasez de alimentos y de los precios de los mismos, se echaron a la calle. Pronto se unieron las esposas, hijas y hermanas de los soldados que se encontraban en el frente. Conforme recorrían las calles, se iban sumando las amas de casa que hacían cola para recoger su ración de pan, las obreras de los talleres y las factorías, hasta llegar al oeste de la ciudad donde se agruparon sobre los puentes del Neva. Al día siguiente el número de mujeres llegó a alcanzar 190.000, que se manifestaron bajo la consigna de “pan para nuestros hijos que se están muriendo de hambre”.

El día 10 de marzo la huelga era ya general. El día 12 se constituye el Soviet de Petrogrado. Dos días más tarde se crea el Gobierno Provisional y el día 17, con el ejército del lado de los revolucionarios, el zar Nicolás II dimite y Rusia se convirte en una República. Estos hechos desembocaran unos meses más tarde en la Revolución de Octubre y en sus inicios los protagonizan principalmente mujeres, lo que parece indicar que fueron esos acontecimientos los que hicieron que el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se celebrara el día 8 de Marzo.

Tan solo unos meses más tarde tuvo lugar la revolución de Octubre, que tendrá una importancia decisiva en la situación de las mujeres. Alejandra Kolontai es nombrada Ministra de Bienestar Social. Durante los tres primeros años, se impulsó la incorporación de la mujer al trabajo, se aprobó el derecho a recibir igual salario por igual trabajo, la baja maternal pagada, se prohibió a las mujeres desarrollar trabajos pesados, los nocturnos y horas extras. Se legalizó el aborto en 1920, se declaró ilegal la prostitución, se decretaron leyes y reformas que aseguraban la igualdad de los sexos en todos los aspectos. Dentro del matrimonio las mujeres pasaron a gozar del mismo estatuto que sus maridos, incluyendo el derecho a conservar sus apellidos, a solicitar el divorcio, a poseer pasaporte y fijar su residencia. A partir de este momento las mujeres tuvieron acceso a todos los niveles de enseñanza. Se crearon servicios de lavandería, guardería y comedores para reducir el trabajo doméstico y se impulsó la participación de las mujeres en la vida social y política. En tres años de Revolución las mujeres consiguieron las reivindicaciones esenciales que les permitirán seguir avanzando en su emancipación.

En la II Conferencia de Mujeres Comunistas, celebrada en 1921, a instancias de las delegadas búlgaras, se aprobó la propuesta de celebrar de manera oficial el Día Internacional de la Mujer Trabajadora el 8 de Marzo, en recuerdo del 8 de Marzo de 1917 y de las trabajadoras de Petrogrado. Alejandra Kolontai escribió: “El Día de las Mujeres de 1917 se ha convertido en memorable para la historia. En ese día las mujeres encendieron la antorcha de la revolución proletaria e incendiaron todo el mundo. La revolución de febrero se inició ese día” (4).

Otras resoluciones aprobadas en esa Conferencia estaban relacionadas con los métodos que las mujeres debían adoptar en su lucha por el socialismo. Los objetivos principales eran la movilización y la propaganda entre las obreras, campesinas y amas de casa, tanto en la URSS como en los países capitalistas. Alejandra Kolontai señalaba los cambios en cuanto a objetivos, a raíz del triunfo de la Revolución de Octubre y de la III Internacional:

“Si la función del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras era primero, ante la supremacía de los parlamentos burgueses, luchar por el derecho de las mujeres al voto, la clase trabajadora ahora tiene una nueva tarea al organizar a las mujeres trabajadoras alrededor de las consignas combativas de la III Internacional. En vez de demandar la participación en el trabajo de los parlamentos burgueses, oíd la llamada procedente de Rusia: ¡Mujeres trabajadoras de todos los países, organizad un frente unido en la lucha contra aquéllos que están saqueando el mundo!, ¡Abajo con el parlamentarismo burgués!, ¡Demos la bienvenida al poder soviético!, ¡Fuera con las desigualdades sufridas por los trabajadores y trabajadoras!, ¡Luchemos con los trabajadores por el triunfo del comunismo en el mundo!” (5).

En años posteriores, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se siguió celebrando en la URSS y en otros muchos países, manteniendo el espíritu combativo y reivindicativo que tuvo en sus orígenes, hasta que en los años 60 la burguesía reescribió la historia.

Ha pasado más de un siglo desde que se celebrara la Conferencia de Copenhague, donde se tomó el acuerdo de celebrar un Día Internacional de la Mujer. En todos los países las mujeres tenemos el derecho al voto y en la mayoría de los países capitalistas se ha alcanzado la igualdad jurídica pero seguimos siendo doblemente explotadas y oprimidas. Muchas de las reivindicaciones planteadas por las mujeres socialistas en 1910 siguen pendientes, entre otras cosas porque la opresión de la mujer no reside simplemente en un problema de falta de derechos, sino que su origen está ligado a la propiedad privada y solo cuando ésta sea eliminada podremos empezar a hablar de emancipación de la mujer.

Como comunistas debemos recuperar la memoria del 8 de Marzo como el Día de la Mujer Trabajadora, debemos recuperar sus orígenes y el espíritu combativo y reivindicativo que tuvo en sus orígenes. Las comunistas en este día no tenemos nada que festejar y si una revolución que hacer y un largo camino por recorrer.

(1) Victoria Sau, Diccionario Ideológico Feminista, 1981
(2) Clara Zetkin: La cuestión femenina y la lucha contra el reformismo
(3) Alejandra Kolontai: El Día Internacional de la Mujer, 1921
(4) Ibidem
(5) Ibidem

La mujeres inician la huelga de 8 de marzo de 1917 en San Petersburgo

Hummmmm… no sé… no sé…

B.

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, luciendo lazo morado en la solapa en el día de huelga feminista en España.Todo dios, hasta los obispos, patronales, con esta huelga que llaman «histórica», como si de un partido de fútbol en la cumbre se tratara, que sería «del siglo». Hasta la Griso y la Quintana no aparecen en sus manipuladores programas matutinos, ¡impresionante! (y qué alivio por un día).

Me pregunto, acogiéndome a la vena conspiranoica que me caracteriza, contra quien se manifiestan las feministas, dónde está el enemigo, si hasta Rajoy apoya la huelga, y la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que habla de «machismo», como Soraya, igual. ¿La brecha salarial? ¿Quién está a favor con estas demostraciones de fervor feminista? Desde la «izquierda» feminista no falta quien se alegra -y celebra- que Rajoy rectifique y porte el lazo morado e incluso desautorice a Cifuentes y la ministra Tejerina que hablaban de huelga «a la japonesa», y es que, en el fondo, es un buen chico.

Una huelga angelical, preñada de buenismo y panfilismo, y si hasta Mariano apoya -o finge que lo hace- pues, mire usted, hummmmmmm, no sé… no sé… algo huele a chamusquina, algo se ha hecho mal, o calculadamente mal, o igual lo que huele a podrido es en Dinamarca y yo soy Hamlet.

Nota. Ahora me llamarán «antifeminista» o «misógino» o vete a saber…

Buenas tardes.

Arabia saudí compra y vende mujeres marroquíes a través de internet

Issam El Yadari

En Arabia saudí las redes sociales transmiten imágenes de mujeres marroquíes que se venden como sirvientas domésticas a cambio de una suma de dinero, según el medio alemán Deutsche Welle.

Una fotografía difundida en Twitter muestra a dos mujeres marroquíes subastadas como empleadas domésticas. Una de ellas tenía 30 años de edad, con cinco años de experiencia laboral en Arabia saudí, y puede cocinar y limpiar, y le ofrecen 1.500 riales saudíes. A la otra la describien como “capaz de cocinar comida saudí y disfruta con los niños”. También se ofrece al mismo precio.

“Es un ejemplo de esclavitud”, dice a Deutsche Welle Yasmin Ajutat, una bloguera marroquí especializada en derechos de la mujer. Explica que las mujeres extranjeras que trabajan como empleadas domésticas en Arabia saudí tienen restringido muy severamente lo que pueden hacer. Por ejemplo, “muchos árabes saudíes no permiten que sus sirvientes tengan un teléfono móvil para comunicarse con sus familias”, explica.

En un anuncio publicitario, el vendedor decide subastar a una mujer marroquí como ama de llaves por “su ambición por conseguir un teléfono móvil”. En otro mensaje de Twitter, el pasaporte de una mujer marroquí le había sido confiscado a su titular y utilizado para anunciar su venta en la subasta.

Los sirvientes domésticos trabajan bajo el sistema “kafala”, un reglamento de Arabia saudí y otros países del Golfo en el que los patronos emplean a trabajadores extranjeros y siguen siendo responsables de los visados de las mujeres y de la residencia legal durante toda su estancia.

Este sistema feudal ha sido criticado por organizaciones que se oponen a las relaciones abusivas entre patronos y trabajadores. En algunos casos extremos, los patronos abusan física y mentalmente de sus trabajadores, rechazan el pago, se incautan de sus pasaportes y pueden negarse a dejarlos regresar a su país de origen.

En los anuncios hay casos de abuso de mujeres marroquíes. En 2015, por ejemplo, la marroquí Lamia Moatamid, que se casó con un árabe saudí, fue violada por su marido y encarcelada después de intentar denunciar el crimen. Hizo un llamamiento directo al rey Mohammed VI de Marruecos para que la salvara y fue liberada de la cárcel un año después. En febrero del año pasado, su patrono saudí arrojó por la ventana a una criada marroquí. Las redes sociales difundieron un vídeo en el que aparece conectada a una cama de hospital después del atentado.

En algunos casos, las mujeres sufren malos tratos. Muchas mujeres saudíes se indignan por la afluencia de marroquíes desde 2011, temiendo que las trabajadoras marroquíes seduzcan a sus maridos. Hay denuncias de agresiones, acusando a las mujeres saudíes de abusos. El canal alemán destaca que la especial relación entre Rabat y Riad no ha resuelto este problema recurrente desde 2011, año en que se abrió el mercado laboral saudí a las mujeres marroquíes.

https://www.tsa-algerie.com/en-arabie-saoudite-des-femmes-marocaines-vendues-sur-twitter/

Para lograr el voto las mujeres británicas recurrieron a la lucha armada hace un siglo

La semana pasada el Reino Unido recordó a las sufragistas, cuya lucha, muy polémica en la época, permitió que las mujeres consiguieran el derecho a voto hace exactamente 100 años.

La primera ministra británica, Theresa May -la segunda en la historia del país, tras Margaret Thatcher- pronunció un discurso en Manchester en homenaje a esas militantes “heroicas”, como su dirigente Emmeline Pankhurst, como Emily Davison, que murió en una acción de protesta al lanzarse a los pies de un caballo en el Derby de Epsom de 1913, o quienes realizaron huelgas de hambre.

Las militantes se encadenaban a las vías del tren, rompían ventanas y saboteaban líneas eléctricas. Llegaron incluso a lanzar una bomba contra la casa del entonces ministro de Finanzas, Lloyd George.

Muchas fueron juzgadas y condenadas. Aprovechando el centenario, se abre paso una petición para que la ministra de Interior, Amber Rudd, perdone a las más de mil que fueron a la cárcel.

“La campaña de las militantes fue absolutamente esencial para hacer avanzar la causa del voto”, explicó Krista Cowman, profesora de historia en la Universidad Lincoln en Reino Unido. “Antes, hubo cincuenta años de campaña pacifista que, en realidad, no sirvió para nada”.

Finalmente, el 6 de febrero de 1918 el parlamento británico adoptó la ley sobre la representación popular que permitió que ocho millones de mujeres, de más 30 años, fueran sumadas al censo electoral.

Hubo que esperar todavía diez años para que las mujeres pudieran votar a los 21, como los hombres.

“Aquellas que lucharon para instituir su derecho -mi derecho, el derecho de todas las mujeres- a votar en las elecciones, a ser candidatas y a ocupar plenamente su lugar en la vida pública, lo lograron afrontando una feroz oposición”, dijo May en su discurso en Manchester, cuna de Pankhurst.

“Perseveraron pese a todo el peligro y el desaliento porque sabían que su causa era justa”, añadió May, apelando a la tolerancia con la discrepancia y la lucha de las minorías.

“Aunque hay mucho que celebrar, me preocupa que nuestro debate público se está volviendo agresivo. Que para muchos, discrepar es cada vez es más difícil”.

“Persisten las injusticias para las mujeres, para el colectivo LGBT, los negros y los británicos de minorías étnicas, para quienes vienen de familias más pobres y para los discapacitados”, enumeró la primera ministra.

El centenario llega con otros frentes abiertos, como el de la brecha salarial entre hombres y mujeres, que ha provocado un escándalo en la BBC británica, o el de los abusos sexuales, tras las revelaciones sobre el poderoso productor cinematográfico estadounidense Harvey Weinstein o la cena benéfica para empresarios de Londres en la que hubo manoseos a las azafatas, tal y como reveló una periodista encubierta.

La lucha de las sufragistas británicas es quizás la más notoria de su clase, pero hubo otras heroínas como la uruguaya Paulina Luisi, la brasileña Bertha Lutz o la mexicana Elvia Carrillo.

De hecho fue Nueva Zelanda el primer país del mundo en aprobar el voto femenino, en 1893, seguida por Australia, en 1902, Finlandia en 1906 y Noruega en 1913.

La Unión Soviética lo aprobó en 1917, Alemania en 1918, Estados Unidos en 1920, Uruguay en 1927, España en 1931 y Brasil en 1932, mientras que en Francia hubo que esperar a 1944 y en Suiza mucho más, hasta 1971.

Hoy en día siguen existiendo restricciones en algunos países, como en los del Golfo.


Sufragistas españolas posan en Madrid, en la calle de Alcalá, hace 100 años.
En España el voto de la mujer tuvo que esperar a la Segunda República.

La burguesía ‘feminista’ descubre sus cartas en la ‘huelga’ del 8 de marzo

“Nosotras llamamos a la huelga a todas las mujeres desde la interseccionalidad, es decir, a mujeres, bolleras y trans, no a más gente. ¿Cuál es el papel de los hombres? Cubrir los servicios mínimos. Van a tener que ir al trabajo igualmente. Porque nosotras no vamos a valorar el éxito de la huelga si se paralizan tantas fábricas, porque la mayoría de nosotras no estamos en las fábricas. Estamos en otro montón de sitios, en el sector de los servicios, en los cuidados”.

Esas fueron las palabras de Carlota Álvarez Maylín, miembro de la Comisión 8 de Marzo durante un debate celebrado el día 3 de este mes titulado “¿Qué es una huelga feminista?” (*) para dejar muy claras dos cosas: que quien convoca tal acto es la burguesía y que dicha clase social secuestra las palabras del proletariado porque una “huelga feminista” no es una huelga sino todo lo contrario: “apartheid”.

Hace ya décadas que la burguesía, especialmente desde las universidades de Estados Unidos, viene presionando para reconvertir el movimiento feminista en una parte de su rompecabezas característico, creando un archipiélago de algaradas aisladas entre sí e inofensivas cada una de ellas, por más que adopten los ademanes de un radicalismo infantil.

Naturalmente, el “feminismo” burgués nunca tuvo nada que ver con el proletario, que originariamente fue el primero y el que fundó el 8 de marzo como Día de la Mujer Trabajadora, que es un día de toda la clase obrera, lo mismo que el Primero de Mayo, y no sólo de una parte de ella.

Sin embargo, como es natural, cuando el “feminismo” burgués habla de “la mujer” se refiere a su propia clase social, y eso es lo que pone en evidencia la Comisión 8 de marzo desde que hizo su primer llamamiento a la huelga. Por lo tanto, nadie ha convocado a una clase social y los hombres y mujeres de la clase obrera nada tienen que ver con la huelga del 8 de marzo.

A las convocantes no se les puede reprochar la falta de claridad de su planteamiento, porque repiten por activa y por pasiva que, cualquiera que sea su clase social, los hombres no sólo no pueden solidarizarse con esa “huelga” sino que están condenados a ejercer de esquiroles, es decir, a sabotearla. Aunque estén a favor deben actuar en contra de las “huelguistas”.

La burguesía “feminista” hace un ridículo espantoso y tira piedras contra su propio tejado porque los sindicatos no podían dejar de sumarse, como estaba previsto, a tamaña farsa, si bien reconvirtiéndola en una huelga “general”, lo cual impide comprobar (“visibilizar”) lo que la burguesía pretende: que sin la actividad de las mujeres el mundo se para.

“Lo que queremos es visibilizar que si paramos nosotras se para el mundo. Si quisiéramos otra cosa llamaríamos a una huelga general de todo el mundo”, dijo Justa Montero en el debate al que nos referimos. Es otro de los rasgos de clase típicos de la burguesía, que no puede luchar contra sí misma, contra el capitalismo, sino contra “el mundo” que, por lo demás, lo definen también a la manera de la burguesía: es el mundo privado, el hogar, la familia, la pareja… Eso es lo que hay que cambiar, no el modo de producción, la dominación de clase o el Estado.

La burguesía aún no ha aprendido que tanto “el mundo” privado como el público sólo lo puede parar una clase social, el proletariado, y en las huelgas y paros de la clase obrera no se admiten ninguna clase de esquiroles, ni tampoco de servicios mínimos (ni de hombres, ni de mujeres).

Tampoco admite ningún tipo de “apartheid”.

(*) https://www.elsaltodiario.com/huelga-feminista/que-deben-hacer-los-hombres-papel-huelga-feminista-cuidados-8-marzo-trabajo

Más información:

— ¿Qué clase de huelga para el Día de la Mujer Trabajadora?

¿Qué clase de huelga para el Día de la Mujer Trabajadora?

Un llamado “movimiento feminista” y una “comisión 8 de marzo” han convocado una huelga “laboral, de consumo y de cuidados” para el Día de la Mujer Trabajadora.

En los tiempos que corren no puede sorprendernos que los convocantes (des)califiquen al 8 de marzo como “Día Internacional de la Mujer”, cuando siempre tuvo un contenido de clase, lo mismo que las huelgas: conmemora la lucha de la mujer trabajadora, y no otra cosa.

Ese tipo de detalles no deberían pasar desapercibidos cuando los convocantes hablan, además, de “huelga” porque los oportunistas han adquirido la fea costumbre de jugar tanto con las palabras como con las convocatorias.

A nosotros las dudas nos crecen a medida que se acerca la fecha, sobre todo desde que CGT se ha sumado a ella, porque en su declaración no habla de una huelga “de género” sino de una huelga “general”, lo que nos prece bastante diferente.

Por lo tanto, no todos los convocantes nos convocan a lo mismo. Deberían ponerse de acuerdo.

Para acabar de confundir, Izquierda Unida anuncia que se suma a algo que no es nada de lo anterior. Dicen que es una huelga de lo más plus porque “va más más allá de un paro laboral”.

Esta coalición reformista ha abierto una web sobre el evento en la que tienen cabida toda clase de frases infantiles y ultraradicales, como el famoso “empoderamiento”, que siempre han sido el mejor escondrijo de todo lo contrario.

Para que al escenario no le falte de nada, la web propone cualquier cosa menos parar una fábrica, un taller, un hospital o una oficina. Por ejemplo, en esta “huelga” en lugar de parar una escuela, lo que pretenden es no llevar a los niños a ella, lo cual no se debería llamar así porque no es una huelga; es otra cosa. En fin, lo que proponen es no realizar actividades como las siguientes:

– lavar, tender, planchar
– preparar la comida para otras personas
– limpiar, cuidar a los nietos y nietas

Para completar el simulacro, la web de Izquierda Unida se refiere incluso a los “servicios mínimos”, lo que entra en contradicción con el núcleo de lo que quieren poner de manifiesto: que un país se para sin la actividad que desempeñan las mujeres.

Entre otros objetivos, la “huelga” también quiere “obligar a la sociedad a repensar el modelo establecido de convivencia, de trabajo, de consumo y de cuidados”.

Cuando los objetivos de una convocatoria tan comprometida como una huelga son así de vaporosos es muy mala señal. Algo que se viene preparando desde hace 8 meses no puede dejar los propósitos, especialmente los propósitos, colgando de las nubes.

No estamos convencidos de que el 8 de marzo haya que “repensar” absolutamente nada; ni siquiera que haya que pensar simplemente porque sería como el yoga: una huelga para la meditación y el éxtasis.

Izquierda Unida habla de “reflexionar colectivamente” lo que pueden hacer los hombres para cambiar una situación “sobre la que se deberían haber manifestado ya contrarios a ella”, es decir, como en la tele: mujeres, hombres y viceversa.

Por el contrario, hay otros que dicen que es “la sociedad” la que tiene que “repensar”, aunque tampoco queda claro de qué “sociedad” nos están hablando los convocantes.

Esta fantasmada de huelga pone de manifiesto una característica de los movimientos típicamente pequeño burgueses, que siempre achacan la responsabilidad a “la sociedad”; no al capital, ni tampoco al Estado sino precisamente a “la sociedad”, que es, por cierto, la misma “sociedad” a la que convocan.

En ninguno de los que textos que tenemos encima de la mesa sobre este simulacro aparece la palabra “lucha” por ninguna parte, lo cual es consecuencia de lo anterior: si los responsables de lo que pasa somos todos, el enemigo no es nadie, o mejor dicho: el enemigo también somos nosotros mismos. Luchamos contra nosotros.

Lo más concreto que hemos podido encontrar son invocaciones a “las familias” para que las tareas comunes se organicen “de otra forma”, crear “redes de apoyo mutuo” y consumir lo menos posible, por lo menos el día de la huelga. Eso se lo dicen a una “sociedad” donde un millón de personas pasa hambre y no consumen luz porque hace tiempo que le han cortado el sumimistro…

A pesar de que a los convocantes se les escapa, de vez en cuando, el calificativo de “laboral” adosado a la huelga, en sus textos hablan de todo un poco, menos de la explotación de las mujeres que trabajan, de las condiciones en las que trabajan y de las necesidades de las que están en el paro.

Porque no lograrán que olvidemos que el 8 de marzo es el Día de la Mujer Trabajadora, de la que trabaja y de la que busca trabajo. No podemos consentir que la burguesía, que todo nos arrebata, nos arrebate también ese carácter de clase.

 
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