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La burguesía ‘feminista’ quiere apoderarse de ‘la mitad del pastel’ que le corresponde

A medida que se acerca la farsa “feminista” convocada para el 8 de marzo, la catarata de adhesiones se multiplica exponencialmente. Ya no falta nadie por convocar, por lo que se ha convertido en un auténtico acto nacional y patriótico, es decir, que convocan todos y, por lo tanto, no convocan contra nadie en particular, salvo los “molinos de viento” de la igualdad, el patriarcado y similares.

Los comunicados de apoyo ponen de manifiesto la condición de clase de quienes los redactan, por lo que son cada vez más vergonzosos. Entre ellos destaca el de las “Comunicadoras 8M”, un grupo de periodistas que convoca con la consigna “Como nosotras somos la mitad de la población, queremos la mitad del pastel”. Son las repelentes palabras de una de sus portavoces, Maribela Gutiérrez (*).

La portavoz no explica de qué “pastel” se trata, pero lo podemos sospechar. No es la mitad del paro, no es la mitad de los contratos basura, no es la mitad de un salario de hambre, no son son la mitad de las horas extras, no son la mitad de los despidos, no son la mitad de los desahucios, no son la mitad de los cortes de luz…

No es nada de eso porque la burguesía no quiere esa parte; quiere la otra. Quiere la mitad del botín de la explotación capitalista, extraída del sudor y el sufrimiento cotidiano de los obreros, tanto mujeres como hombres. Eso es lo que reclama la burguesía “feminista”.

La clase social a la que pertenecen las “Comunicadoras 8M” es la que desde hace un mes está saturando sus medios, incluidos los más reaccionarios, con la convocatoria de la “huelga” más publicitada, lo que contrasta con otro tipo de huelgas: auténticas huelgas de mujeres trabajadoras.

Así hace semanas que las trabajadoras de la limpieza de los institutos de la Comunitat Valenciana están en huelga, pero nadie habla de ello, ni siquiera las “Comunicadoras 8M”. La abundancia de unas noticias silencia a las demás y así tratan de distraer la atención respecto a los problemas fundamentales de la clase obrera.

Las trabajadoras de la limpieza de Valencia están de huelga porque no les pagan sus salarios. Ese dinero está en los bolsillos de la burguesía. Es lógico, pues, que las mujeres que pertenecen a esa clase social quieran la mitad de ese botín.

(*) https://www.cope.es/actualidad/economia/noticias/comunicadoras-llama-todas-las-mujeres-secundar-huelga-feminista-queremos-mitad-del-pastel-20190305_366958

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8 de Marzo, el día que las mujeres proletarias le prendieron fuego al mundo

La comunista alemana Clara Zetkin
Desde hace más de un un siglo, el 8 de Marzo celebra cada año el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La iniciativa partió de la dirigente marxista alemana Clara Zetkin y fue aprobada en Copenhague en agosto 1910 en el II Congreso de Mujeres Socialistas, convocado por la II Internacional.

El 8 de Marzo surge, pues, por iniciativa de las organizaciones internacionales del movimiento obrero. El objetivo de la Internacional era el de movilizar a las mujeres “de acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales del proletariado dotadas de conciencia de clase”.

La iniciativa de Clara Zetkin tenía por objeto contrarrestar la influencia del feminismo burgués, con cuyas organizaciones no cabía realizar ninguna clase de alianzas por encima de las clases sociales.

En la capital danesa participaron mujeres militantes de la II Internacional procedentes de 17 países distintos.

La reunión se celebró en Copenhague porque en aquella época en Prusia las mujeres tenían prohibido pertenecer a organizaciones políticas. A pesar de ello, Clara Zetkin había fundado en 1907 la Internacional Socialista de Mujeres, que era una sección de la II Internacional y que celebró su I Congreso Internacional aquel mismo año, también convocado y dirigido por Clara Zetkin.

Desde 1890 Zetkin dirigía, además, el periódico “Die Gleichheit” (La Igualdad), el primer órgano de prensa feminista de la historia, que tenía 125.000 suscriptores.

No obstante, en el Congreso de 1910 no se fijó una fecha concreta para celebrar cada año el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Al año siguiente, por ejemplo, se convocó el 19 de marzo, en conmemoración de la Revolución de 1848 y la Comuna de París. Las manifestaciones empezaron entonces a llenar las calles con millones de mujeres y hombres, tanto en Europa como en Estados Unidos. Sólo en Berlín se organizaron 45 mítines.

La fecha del 8 de Marzo empieza a cuajar con la Revolución Rusa. El 23 de febrero de 1917 (8 de marzo en el calendario juliano) miles de obreras textiles de Viborg, un barrio obrero de San Petersburgo, iniciaron una huelga que desencadenó la caída del zar Nicolás II. Tras ellas los obreros iniciaron la insurrección y los soldados se sublevaron contra el ejército.

“En 1917 la lucha de las obreras se convirtió en memorable para la historia. Aquel día las mujeres rusas levantaron la antorcha de la revolución proletaria y le prendieron fuego al mundo”, escribió Alejandra Kolontai.

Las trabajadoras desataron la Revolución de Febrero en torno a las consignas del hambre, el retorno de los soldados del frente, la paz y la República.

En octubre de 1917, el primer gobierno soviético incorpora por vez primera en la historia a una mujer, Alejandra Kolontai. El 8 de marzo de 1921 Lenin firma un decreto para declarar aquella jornada como Día de la Mujer Trabajadora y fiesta oficial en el país.

“Para adiestrar a las masas en la política, hay que adiestrar a las mujeres. Porque, bajo el régimen capitalista, la mitad del género humano está doblemente oprimido. La obrera y la campesina son oprimidas por el capital; además, incluso en la más democrática de las repúblicas burguesas, son inferiores al hombre ante la ley; son verdaderas ‘esclavas domésticas’ pues les corresponde la mezquina, desagradecida, dura y aburrida labor de la cocina y el hogar”, escribió entonces Lenin.

Poco después, en el mes de mayo, se celebró en Moscú la II Conferencia de Mujeres Comunistas, presidida por Clara Zetkin y Alejandra Kolontai.

Los capitalistas y los fascistas son los auténticos convocantes de la ‘huelga feminista’ del 8-M

Aquí una foto de familia de los auténticos convocantes de la “huelga feminista” del 8 de marzo. En ella se puede ver a José Luis Ábalos (ministro de Fomento y Secretario de Organización del PSOE), José Ignacio Sánchez Galán (presidente de Iberdrola), Pablo Casado (no necesita presentación), Alejandro Amenábar (director de cine), Javier Goyeneche (capitalista, presidente Ecoalf) y Modesto Lomba (presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España).

Los grupos, partidos y sindicatos “de izquierda” son comparsas de un montaje cuyos patrocinadores cada vez se esconden menos. Es la misma dinámica que en la transición. Todos van cogidos de la mano, porque ¿quién es el guapo que se opone a las exigencias de “igualdad” del feminismo burgués? No sólo de igualdad entre “mujeres y hombres” sino incluso entre clases sociales.

La imagen muestra que los defensores de esa “igualdad” son hombres todos ellos y tanto los fascistas como los capitalistas forman parte del grupo, lo cual nos tiene que llevar a preguntar por los motivos que obstaculizan la tan ansiada “igualdad”, o mejor dicho, por qué si todos luchan por ella, cómo es posible que las desigualdades sociales crezcan de año en año.

Esas coincidencias por encima de las clases sociales y del sexo, no son tan extrañas como parece, lo cual explica que esta huelga del 8-M sea la más publicitada que hemos conocido. Todos la apoyan, por lo que es una huelga que no lucha contra nadie y es posible que, por ello mismo, no lucha por nada.

Con la plena complicidad de los grupos domesticados “de izquierda”, el 8 de marzo ha dejado de ser el Día de la Mujer Trabajadora. Ha perdido el carácter de clase que siempre tuvo, por lo que también aquí hay que recuperar el terreno perdido, nadar contra la corriente y denunciar que no podemos admitir que prostituyan una lucha como la huelga para aparentar lo que no son ni serán nunca.

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Para que vean el carácter histórico de esta “huelga feminista”, hasta la Guardia Civil se ha apuntado a ella. “Es tiempo de mujeres”, dice un tuit oficial de la Benemérita. Es posible que se les haya olvidado que en el ejército las huelgas están prohibidas, pero ¿quién se atreve a detener al director general?

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Las mujeres comunistas que llegaron de Bélgica para combatir el fascismo en España

Feigla “Vera” Luftig era mujer, judía, belga y comunista. Su marido, un brigadista internacional que murió en la batalla de Madrid. Pronto advirtió la amenaza del nazismo, sobre todo cuando comenzaron a llegar a Amberes los primeros huidos de Alemania, a quienes atendió junto a otras colegas en un local marxista donde solían reunirse. Aunque al principio había reprochado a su pareja que se alistase como voluntario para defender la Segunda República, luego tomó conciencia, se infló de valor y convenció a sus hermanas Rachel y Golda para irse a España a luchar contra el fascismo. Al poco entendió que aquella guerra fratricida era un ensayo de Hitler para foguearse ante un combate mayor que todavía se estaba gestando. Cuando pusieron rumbo a Barcelona, eran veintiuna.

“Pese a que muchas no tenían formación, se enrolaron como brigadistas y ejercieron de enfermeras. Veían España como la tierra prometida. Muchas habían salido de los países del Este por el antijudaísmo reinante. Aquí abrazaban no sólo la posibilidad de defender una joven República, sino también de poder vivir en una sociedad socialista. O sea, además de frenar el fascismo, soñaban con tener un hogar y un futuro, porque ya sabían lo que estaba sucediendo en Alemania e intuían que se avecinaba algo grave. La guerra civil española era para ellas algo mucho más que una contienda, porque suponía la oportunidad de defender Europa frente a los totalitarismos de ultraderecha”, explica Sven Tuytens, autor del libro “Las mamás belgas”, como se las conoció popularmente.

El periodista belga ya había abordado su historia en un documental homónimo, pero aquí se centra menos en el aspecto hospitalario para ahondar en las trágicas biografías de las mujeres a partir de su correspondencia y sus diarios, profundiza en su investigación y vuelve a contar con el único testimonio vivo: Rosariet, apodada cariñosamente “La Peque”, porque cuando prestaba ayuda en el Hospital Militar Republicando de Ontinyent (València) tenía sólo quince años. A sus noventa y siete, sorprende su clarividencia y el revelado mental del retrato de Vera. “Fue el primer testigo directo con quien me encontré. Algo increíble, porque no pensaba que sobreviviese nadie de la época”, recuerda el corresponsal en España de la radio televisión pública belga VRT.

“Casi centenaria, es todo un personaje. Una mujer muy fuerte, lúcida, con una memoria impresionante y un gran sentido del drama. Empezó como ayudante de enfermería cuando apenas era una adolescente, ayudando en el quirófano sin saber nada de medicina, y se jubiló como enfermera. En realidad, ninguna conocía el oficio, pues lo aprendieron trabajando, aunque luego ella se formaría en el ramo y siguió ejerciendo hasta su jubilación”, señala Tuytens, quien ha enriquecido la edición española del libro, publicado originalmente en su país, con nuevas aportaciones. Allí, la crítica lo ha calificado como “un merecido homenaje a mujeres luchadoras, que defendieron la igualdad de derechos y la justicia social en momentos en los que reivindicarlos no era tan evidente”, en palabras de Lode Vanoost, del periódico De Wereld Vandaag.

No obstante, la verdadera protagonista es Vera. Y, por extensión, sus hermanas, y sus colegas residentes en Bélgica, y las brigadistas llegadas de otras latitudes, y todas las valencianas que arrimaron el hombro. “Era el motor del grupo y, además de decidida, la que tenía más carácter. Poseía un sólido bagaje político y su pareja, Emiel Akkerman, había sido un destacado sindicalista que falleció en la guerra civil. Aunque, en realidad, seis de ellas también habían perdido a sus novios y maridos, muertos en combate tanto en la Ciudad Universitaria, como en Guadalajara o en el Jarama”.

¿Pero cómo llegó Sven Tuytens a Vera Luftig? La vida, disculpen el tópico, es una caja de sorpresas. Y, precisamente, en una de cartón yacía la fotografía de once mujeres posando el primero de mayo de 1937 en la barcelonesa plaza de Catalunya. La conservaba en su despacho el director de un archivo belga, quien había investigado sobre los brigadistas internacionales de origen judío. “Los historiadores siempre tienen cosas guardadas”, ironiza el periodista, quien se preguntó quiénes serían aquellas enfermeras que esbozaban una contenida sonrisa, desconocedoras de lo que se les venía encima. “La historia de las mujeres ha sido secundaria. Nunca se ha contado y me interesaban mucho más sus vivencias en la retaguardia que las de los hombres en el frente”.

La historia de “Las mamás belgas” no es sólo la de su paso por aquel hospital militar republicano, antaño monasterio de los franciscanos y actual colegio de la Concepción. Cuando la República cayó, se trasladaron a Argelia, desde donde viajaron a Bélgica. Allí se sumaron a la lucha armada, mientras que los brigadistas permanecían detenidos en la capital de la colonia francesa, pues eran considerados peligrosos, según Tuytens. Ese gesto machista permitió que ellas siguiesen combatiendo el nazismo desde casa. “Vera se convirtió en un personaje clave de la red de espionaje soviética Orquesta Roja durante la Segunda Guerra Mundial, aunque luego fue desarticulada por los nazis y sus miembros, torturados y asesinados. Nuestra protagonista, en cambio, logró escapar al sur de Francia y esconderse, hasta que regresó a su país al final de la Segunda Guerra Mundial”.

Peor suerte corrieron sus hermanas. Rachel fue un enlace de la resistencia hasta que la capturaron y dio con sus huesos en un campo de concentración: afortunadamente, sobrevivió. Golda tuvo un hijo a quien llamó Madrid, pero ambos terminaron recluidos en el campo de exterminio de Auschwitz, de donde nunca volverían a salir. De las veintiuna enfermeras, otras cuatro sufrieron el mismo final. “Lo tenían todo en contra: eran mujeres, judías y comunistas”, explica Tuytens, quien durante el esbozo de sus vidas y sus muertes deja entrever tres olvidos. O, si se prefiere, menosprecios, tanto en España como en Bélgica. Antes de la nada y después de todo.

No habían venido aquí sólo para combatir, desde un hospital de la retaguardia, a las tropas de Franco, sino también para alcanzar la emancipación femenina. No querían estar subordinadas a un hombre, fuese un médico o un militar, pero el aura de aquella miliciana armada que aparecía en la foto había comenzado a difuminarse. “Eran brigadistas, mas los varones que ejercían de sanitarios las veían como enfermeras”. Pese a su causa, que iba más allá de la bélica, seguía habiendo una gran diferencia de estatus, por lo que chocaron contra el machismo de los doctores.

“Eran mujeres formadas, instruidas y modernas en un entorno masculino tradicional. Quizás en Barcelona y Madrid hubiese sido diferente, si bien les tocó un pueblo de València, lógicamente más atrasado que esas grandes ciudades. Un ejemplo: las vecinas no hablaban con extranjeros. Por ello, cuando algunas empezaron a trabajar en el hospital, se les abrió la  mente, porque algunas eran muy jóvenes y hasta analfabetas. De algún modo, para las autóctonas, fue una forma de conocer nuevas ideas y burlar el control social, familiar y eclesiástico”, cree el corresponsal de la radio televisión flamenca.

Sin embargo, lo más duro no fue curar las extremidades congeladas de los republicanos que regresaban del frente de Teruel, ni atender a los heridos por los bombardeos de los sparvieri de la Aviazione Legionaria sobre la estación ferroviaria de Xàtiva, una masacre que se llevó por delante a mujeres y niños que esperaban la llegada de un convoy republicano. El éxodo posterior tampoco tuvo un destino feliz, pues Hitler desencadenaba un nuevo conflicto que terminaría trayendo más muerte. Unas guerrearon y sufrieron el encierro. Otras murieron asesinadas. Todas fueron relegadas y, en el mejor de los casos, se traspapelaron en los libros de historia.

Las que permanecieron en Bélgica desconocieron la gloria, pues la historia no sólo la escriben los vencedores, sino también los perdedores que saben escribir bien. “Es llamativo que cayesen en el olvido, pese a que deberían ser consideradas unos ídolos”. ¿Qué ocurrió para que fuese así?, se pregunta años después Tuytens. “Pues lo mismo que le sucedió a los republicanos españoles que combatieron en Francia: la resistencia francesa se vendió muy bien y fueron postergados. Igualmente, en Bélgica, figuraron en un primer plano quienes habían luchado desde dentro, aunque las enfermeras también integrasen posteriormente la resistencia armada junto a los partisanos belgas”.

https://www.publico.es/politica/mujeres-brigadistas-enfermeras-guerra-civil-franquismo.html

Ha muerto la última esclava sexual de los colonialistas japoneses

Kim Bok-dong, una esclava sexual
El “feminismo” burgués, que se ha colado entre algunos movimientos como una plaga contagiosa, descubre su naturaleza de clase al poner en un primer plano a “la mujer” frente al “hombre” como una abstracción metafísica, una película de buenos y malos que atraviesa cualquier situación histórica y que siempre es igual a sí misma.

El feminismo saca a la “mujer” fuera de las clases y de las luchas de clases para ocultar lo fundamental: el contexto histórico y social en el que se producen determinados fenómenos, como las agresiones sexuales, por ejemplo, que están caracterizados por la dominación, que queda así encubierta.

Ocurre hoy en las empresas, entre los capitalistas y los trabajadores, y ha ocurrido siempre entre colonos y colonizados.

Las clases sociales, la lucha entre ellas y la historia que resulta de su evolución muestran un aspecto muy diferente de “la mujer” que tiene poco que ver con la caricatura del “feminismo” burgués y que silencia fenómenos como la esclavitud sexual de las mujeres coreanas bajo la dominación colonial japonesa.

No veremos a ninguna “feminista” de pacotilla recordar a Kim Bok-dong, que falleció ayer a los 93 años de edad y fue homenajeada por numerosos surcoreanos (hombres y mujeres) que desfilaron junto a su féretro hasta la embajada de Japón en Seúl.

Kim Bok-dong fue una de aquellas mujeres esclavizadas en los burdeles militares, no por “el hombre” sino por el colonialista japonés. Su servidumbre no empezó al nacer mujer sino al nacer el colonialismo en su país y, naturalmente, murió con él en 1945 gracias a una guerra que ganaron la URSS y los antifascistas de todo el mundo.

En sus lemas los manifestantes, que portaban mariposas amarillas, no gritaban contra “el hombre” sino contra el colonialismo: “Japón debe disculparse”, gritaban. “Japón debe indemnizar”, era otra de las consignas.

En 1945, después de la liberación, Kim Bok-dong dedicó todo el resto de su vida a la denuncia de lo ocurrido en su país entre 1910 y 1945. Es un ejemplo de mujer y un ejemplo de lucha feminista de verdad, que ninguno de esos “progres” recordará porque están volcados en preparar otra fiesta de las suyas para el próximo 8 de marzo.

Los soldados de Estados Unidos vendieron los vídeos de 54 niñas a las que violaron en Colombia

El portavoz del Comando de Investigaciones Criminales del ejército estadounidense, Chris Grey, señaló recientemente el desarrollo de una investigación en respuesta a las acusaciones de un informe, encargado por el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, que afirma que militares de Estados Unidos violaron a al menos 54 niñas colombianas entre 2003 y 2007 y que “vendieron las cintas como material pornográfico”.

El informe lo ha elaborado la Comisión Histórica para el Conflicto y sus Víctimas, que tiene como objetivo establecer “las causas y los agravantes de la violencia” en el conflicto en Colombia, y se centra en las horribles acciones de los soldados norteamericanos en el país latinoamericano.

En Melgar y en la vecina Girardot 53 menores fueron víctimas de abusos sexuales por parte de mercenarios, que filmaron los abusos y vendieron las cintas como material pornográfico.

También en Melgar, un contratista y un sargento de Estados Unidos violaron a una niña de 12 años en 2007. Tanto sus acciones como su inmunidad contribuyeron a la inseguridad de la población en zonas de conflicto, según el Daily Beast.

“Existen abundantes pruebas de violencia sexual y de total impunidad gracias a los acuerdos bilaterales y la inmunidad diplomática de los funcionarios de Estados Unidos”, continúa el documento.
“Los casos de agresiones sexuales perpetradas por soldados y contratistas militares de Estados Unidos en toda Colombia deben ser investigados y los culpables deben ser castigados”, concluye.

https://actualidad.rt.com/sociedad/173703-soldados-eeuu-vender-videos-54-ninas-violacion-sexual-colombia

Trabajadoras de las maquilas: cuando la explotación llega hasta la violación

Nancy Vázquez Téllez ha trabajado por más de 20 años en la maquila y aseguró que su experiencia ha sido un martirio porque ha tenido que sacrificar tiempo, familia, salud y educación para sobrevivir con salarios precarios que solo alcanza para comer sopa, frijoles, arroz y tortillas.

Vázquez Téllez participó en el foro “Por un Salario Justo y Digno” que organizó el Comité de la Huelga General de Obreras de Maquiladoras de Ciudad Juárez, en el auditorio Jesús Macías del Instituto de Ciencias Sociales y Administración (ICSA) de la UACJ.

La trabajadora habló en nombre de las obreras de maquila y dijo que “es muy triste y desesperante trabajar mucho tiempo para tan poco dinero y lo peor aún, el cansancio, el estrés y no tener tiempo suficiente para ponerles atención a mis hijos”.

Agregó que “es muy triste estar cansada para no jugar con los hijos, para disfrutarlos, para cuidarlos y para ayudarle en sus tareas”.

“En estas fechas sufrimos mucho, por lo regular comemos sopas, frijoles, tortillas fritas. Mi esposo trabaja de 4 de la tarde a 1 de la mañana, trabaja 9:00 horas diarias, en total son 45 horas por semana, yo trabajo de 6:00 a 15:30 horas, a la semana trabajo 47 horas”, refirió.

“Me da tanto coraje que los empresarios y dueños de las maquiladoras, no valoran el sacrificio de lo que hacemos. Ellos se hacen ricos a costillas de nosotros y ellos muy felices disfrutando lo mejor con sus hijos y mis hijos comiendo frijoles y sopas, ya basta de tantas injusticias”.

“También si nos enfermamos tenemos que batallar, pedimos una cita en el seguro y se tardan hasta seis meses para atendernos y por mientras qué hacemos, nos morimos, no es justo. Esta mal todo esto que pasa”.

“Nosotros sufrimos muchas carencias, los salarios precarios que nos dan en las maquilas no nos alcanzan para sobrevivir; no comemos carne, huevo o frijoles, ahora el huevo esta al mismo precio que un kilo de carne”.

No es justo que quienes gobiernan esta ciudad coman los mejores platillos y los obreros malcomamos con el miserable sueldo que nos dan, tenemos que pagar luz, gas, agua, gastos medios, escuela, vestimenta, no nos alcanza para todo, enfatizó Nancy Vázquez Téllez madre de dos hijos y obrera.

“Nos hacen incrementos de salario si el supervisor lo quiere, pero si le caes mal al supervisor no lo autoriza, te hacen una evaluación y si no sabes no te lo dan, te toman el tiempo, para ver si cumples un estándar, el aumento es de diez pesos, yo ganaba 160 pesos y me subieron a 170, pero hay compañeros que ganan solo 90 pesos y eso es muy poco”.

“Los compañeros de muchas empresas ganan miserables sueldos, yo quisiera que el gobierno gane 170 pesos o aun peor que gane 90 pesos para ver si así mantendrán a su familia”.

“Hoy en la maquila nos quitan hasta los bonos de despensas por una incapacidad y se me hace muy injusto, es lo que yo he vivido. En la maquila nos dan comida muy fea, a veces puro salchichón, hemos comido de forma antihigiénica hasta con cucarachas y eso es lo que nos cómenos los maquiladores y no todos nos damos cuenta”.

En su intervención el profesor investigador en economía, Benjamín Carrera Chávez, expresó que se organiza este tipo de eventos para discutir los bajos salarios, dijo que los últimos datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), dice que Juárez es la novena ciudad con el mayor número de pobres y en mucho tiene que ver los bajos salarios en las maquilas.

Dijo que mientras a nivel nacional se les pagan 6.800 pesos en Juárez ganan 5.700 pesos mensuales, el cual equivale a un 18 por ciento menos. “Tan solo el salario del 2007 al 2017 solo al crecido del 2%, mientras que la productividad un 22 por ciento, por el cual se tiene que ser parejos y aumentar el salario.

El acoso sexual

El acoso sexual en contra de obreras se ha vuelto común en la industria maquiladora de Ciudad Juárez, los supervisores y gerentes ofrecen trabajo y tiempo extra a cambio de sexo, lo anterior ha sido señalado por la activista Susana Prieto Terrazas quien encabeza el Comité de Huelga General de Obreras.

Dijo que en Ciudad Juárez existen miles de casos de acoso sexual contra las mujeres vulnerables dentro de la industria maquiladora por parte de jefes de línea, supervisores y hasta gerentes. Lo más grave es que cada vez los ataques son contra las jovencitas.

En lo que va del año se han denunciado 13 casos de hostigamiento sexual, de acuerdo a la coordinadora regional de la Fiscalía de la Mujer en Ciudad Juárez que encabeza Laura Irene Moreno.

El caso más reciente de acoso sexual fue el de una empleada de la empresa Toro Company, quien interpuso una denuncia penal el pasado viernes ante la Fiscalía de la Mujer dependiente de la Fiscalía de Justicia del Estado de Chihuahua.

De acuerdo a la Asociación Civil “Mujeres Resilientes”, menos del 25 por ciento de los casos de hostigamiento y acoso sexual son denunciados, esto por temor a perder su trabajo.

La activista Susana Prieto Terrazas quien encabeza el Comité de la Huelga General de Obreras de Maquiladoras de Ciudad Juárez, además de exigir un aumento salarial a 280 pesos diarios, dijo que el hostigamiento sexual, también vienen por parte de gerentes que tienen el control de las obreras.

La Coordinadora Regional de la Fiscalía de la Mujer en Ciudad Juárez, Laura Irene Moreno, informó que en el año suman 13 denuncias interpuestas por hostigamiento sexual. Dijo que muchas veces no se denuncia porque afecta la relación jerárquica,sobre todo en la subordinación que tienen las víctimas.

La funcionaria manifestó que la Fiscalía de la Mujer se suma a la campaña de las diversas instituciones que se dedican a prevenir la violencia contra la mujer tanto del Estado como del municipio.

Dijo que la Fiscalía de la Mujer forma parte de una mesa organizada por la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), donde tendrán acercamiento con las mujeres de la industria maquiladora, para que sepan donde denunciar y en qué consiste el delito de hostigamiento sexual.

Laura Irene Moreno, coordinadora de la Fiscalía de la Mujer, señaló que las mujeres deben de tener el conocimiento de qué se trata el hostigamiento sexual, para que detecten el delito y acudan a denunciar”.

Expresó que se considera agravante cuando se trata de funcionarios públicos y de jefes que comenten hostigamiento sexual.

Finamente Irene Moreno, titular de la Fiscalía de la Mujer dio a conocer que es muy difícil castigar a los responsables pues cuando solo es entre la víctima y el agresor, salvo los casos cuando se tiene mensajes o vídeos.

Tan solo un 25 por ciento de mujeres víctimas de hostigamiento y acoso sexual, deciden denunciar, lamentó Leny Cárdenas López, coordinadora de Proyecto de la Asociación Civil Mujeres Resilientes de Ciudad Juárez.

La activista social dijo que desde hace un año están trabajando en Juárez en favor de las féminas, mismas que son hostigadas y acosadas de diversos aspectos, entre ellos el sexual, por lo que a través de un centro de atención, brindarán apoyo y asesoría a mujeres que sufren algún tipo de abuso, desde laboral hasta el sexual.

Es importante que se tomen en cuenta las voces de las mujeres que denuncian y las que no lo hacen, sentenció. Refirió que al menos, un 90 por ciento de las mujeres han pasado por esas situaciones en su contra.

La presidenta de la Asociación de Maquiladoras (AMAC-Index Juárez) María Teresa Delgado Zárate, reconoció el acoso sexual dentro de la industria maquiladora de Ciudad Juárez y dijo que están trabajando para erradicarlo.

https://www.elsoldemexico.com.mx/republica/mujeres-de-maquila-mas-que-trabajar-sobrevivir-1041663.html

El fascismo, el catolicismo y la ‘izquierda’ babosilla van cogidos de la mano en ‘Santa Alianza’

El fascismo condecora a los curas
Antes y ahora, el fascismo no se puede entender sin la religión, sin ciertas religiones, como los evangelistas en Brasil, o los católicos en España o en Italia, bien entendido (por si no lo sabían) que para el materialismo histórico las religiones no son sólo creencias personales maś o menos extendidas, sino capital, empresas y grandes grupos de intereses económicos, e incluso Estados, como el Vaticano.

El “auge de la ultraderecha” tampoco se puede entender sin el de otros fenómenos paralelos, como los decididos apoyos que reciben (y prestan) las múltiples organizaciones católicas, desde las cofradías de Semana Santa hasta los colegios concertados, pasando por los movimientos contra el aborto. Esos apoyos proceden de bancos, de grandes empresas, fundaciones e incluso de las instituciones públicas de los Estados “laicos”.

Veamos algunos ejemplos que tampoco mencionan nunca los expertos en el “auge de la ultraderecha”:

1. Mussolini firmó el Tratado de Letrán que les dio a los católicos lo que ninguna otra organización tiene, un Estado, en agradecimiento al apoyo prestado por la jerarquía católica al fascismo.

2. Hitler llegó al poder gracias a un partido católico, el Zentrum, cuyas instrucciones políticas procedían del Vaticano y en agradecimiento ambas partes, nazis y católicos, firmaron un Concordato.

3. Franco recibió del Vaticano el único apoyo de masas que tuvo durante la Guerra Civil, que fue calificada como una “Santa Cruzada” por la jerarquía católica, un préstamo cuyos intereses sigue devolviendo el Estado fascista desde 1939 hasta el día de hoy.

Esto no ha cambiado absolutamente nada. Las recientes declaraciones del papa Francisco sobre el aborto (“pagar a un sicario para resolver un problema”) no han pasado inadvertidas en Verona, una ciudad del nordeste de Italia de 250.000 habitantes, que siempre ha sido un baluarte del fascismo.

En 1943 Mussolini escogió Verona para refundar el partido fascista tras haber sido restablecido por la Alemania nazi como dirigente del Estado títere que gobernó en el norte de Italia hasta 1945.

En los setenta y ochenta la ciudad se convirtió en un nido de grupos terroristas como el movimiento neonazi Ludwig y el club de fútbol local Hellas, muchos de cuyos seguidores son fascistas.

Ahora Verona sigue a la cabeza del fascismo y ha iniciado una “Santa Cruzada” contra el aborto. El mes pasado se convirtió en la primera ciudad en autoproclamarse “pro-vida” y ha prometido apoyo económico a los proyectos antiabortistas de la Iglesia Católica y sus grupos paralelos.

La propuesta procede del partido fascista Liga y fue aprobada por el gobierno municipal, pero no se lo pierdan Ustedes: la “izquierda”, el Partido Demócrata, votó a favor. Las consignas básicas que identifican al reformismo, entre ellas el feminismo, se han ido al garete. Luego se lamentan de las consecuencias, pero nunca de las causas…

En contra del aborto se ha formado, pues, una gran coalición entre los fascistas, los católicos y la “izquierda” babosilla y ya no hay quien les pare los pies: el año que viene Verona acogerá el Congreso Mundial de Familias, una coalición mundial antiabortista.

Pero prosigamos porque esto tiene mucha miga: una vez comprobado su éxito y que hasta la “izquierda” les sigue el juego, la reacción no se detiene ante nada y el ejemplo de Verona cunde en otras ciudades italianas, incluyendo Roma, Milán y Ferrara, que se han pasado al movimiento antiabortista.

Los fascistas se están muriendo de éxito. El aborto ya no les basta y de ahí pasan a la emigración: un grupo veronés con vínculos con el partido fascista Forza Nuova, Christus Rex Traditio (tomen buena nota del nombre), inicia una campaña por el regreso de la familia tradicional y, de paso, contra la emigración (por si cuela).

Mujer y aborto en la Unión Soviética

Como todo lo que concierne a “la mujer” (a secas), la burguesía conduce el aborto a una galaxia de normas de todo tipo, que van desde las religiosas y morales (“es un pecado”, “un crimen”) a las jurídicas (“es un derecho”). Los movimientos seudofeministas, pues, no tienen una perspectiva diferente de la Inquisición sobre el aborto; es la misma posición pero invertida.

Es el discurso que predomina ampliamente en los círculos posmodernos y, como es evidente, siempre que se habla de “derechos” la realidad se resume en leyes, sentencias y reglas formales, cuya conexión con la realidad no siempre está clara.

Por lo demás, el mundo de los derechos conduce al individualismo porque los titulares de ellos son personas y, en el caso del aborto, mujeres. Es propio de quienes se llenan la boca de frases como “cada cual hace con su cuerpo lo que quiere” y otras parecidas.

Una vez metidos en ese universo jurídico, la primera confusión histórica que hay que aclarar es que todo tiene que empezar por la despenalización del aborto, es decir, por impedir que las mujeres sean encarceladas por ello. Pues bien: la Unión Soviética fue un país pionero en este punto.

Cuando en 1917 los bolcheviques llegan al gobierno, una de sus primeras medidas ya fue suficientemente revolucionaria: una mujer, Alejandra Kolontai, fue nombrada ministra, por primer vez en la historia, un punto a partir del cual todas y cada una de las políticas implementadas fueron igualmente revolucionarias: supresión del matrimonio religioso, abolición de la autoridad marital y paterna, derecho al divorcio, igualdad entre los niños legítimos y extramatrimoniales…

En la misma línea, el 18 de noviembre de 1920 el gobierno soviético despenaliza el aborto y concede a las embarazadas la posibilidad de hacerlo de manera legal, gratuita y a cargo del servicio público de salud: “El aborto, la interrupción del embarazo por medios artificiales, se podrá llevar a cabo de manera gratuita en los hospitales públicos, donde la mujer disfrutará de las mayores garantías de seguridad en la operación”, decía el decreto, anticipándose 60 años a cualquier otro país del mundo en el que con posterioridad se ha establecido.

No obstante, se hace preciso aclarar que, como decía el propio decreto, la legalización se hacía con carácter temporal: el Estado soviético “lucha contra el aborto fortaleciendo el régimen socialista y la propaganda desarrollada en su contra entre las mujeres trabajadoras y dotándose de los medios para proteger la maternidad y la infancia. Esto lleva a la desaparición gradual de esta práctica”, en referencia a la interrupción artificial del embarazo.

Pero la burguesía ignora que la historia no se hace con decretos ni reglas formales, del tipo que sean, jurídicas o morales. Al mismo tiempo hay que cambiar las condiciones materiales para que los “derechos” se conviertan en realidades. “Una cosa es predicar y otra dar trigo”, dice el refrán. Precisamente en referencia a la situación de la mujer en los primeros años de la URSS, Lenin escribió:

“Por supuesto, las leyes no son suficientes, y no estamos satisfechos con los decretos. Pero, en el ámbito legislativo, hemos hecho todo lo necesario para que las mujeres alcancen el nivel de los hombres y podemos estar orgullosos de ello. La situación de las mujeres en la Rusia soviética puede servir como un ideal para los Estados más avanzados. Sin embargo, esto es sólo el principio. El ama de casa sigue oprimida. Para que sea verdaderamente emancipada, para que sea verdaderamente igual al hombre, debe participar en el trabajo productivo común y el hogar privado debe dejar de existir. Sólo entonces estará al mismo nivel que el hombre […] Aunque la mujer pueda disfrutar de todos los derechos, de hecho sigue oprimida, porque es responsable de todos los cuidados del hogar […] Creamos instituciones modelo, comedores, guarderías, para liberar a la mujer del hogar. Hay que reconocer que en la actualidad en Rusia estas instituciones, que permiten a las mujeres dejar su condición de esclavas domésticas, son muy raras. Su número es muy pequeño y las actuales condiciones militares y alimentarias son un obstáculo para su aumento. Sin embargo, hay que decir que surgen siempre que existe la menor posibilidad. Decimos que la emancipación de los trabajadores debe ser el trabajo de los propios trabajadores. Del mismo modo, la emancipación de las mujeres trabajadoras será obra de los propios trabajadores. Las mujeres trabajadoras deben asegurar el desarrollo de estas instituciones por sí mismas; de esta manera podrán cambiar completamente su destino en la sociedad capitalista”.

Respecto al aborto, el Partido Bolchevique combatía el malthusianismo y las políticas antinatalistas, como cualquier otra organización marxista. Además, la política soviética estuvo condicionada por las guerras y, por lo tanto, por el descenso demográfico que eso supuso. Antes de la Primera Guerra Mundial, Rusia tenía uno de los mayores índices de natalidad del mundo, muy próximo al 50 por ciento, un porcentaje paralelo al de mortalidad infantil: antes del primer año de vida morían la tercera parte de los recién nacidos.

La alta mortalidad infantil, consecuencia de la miseria extrema, no fue óbice para un fuerte crecimiento demográfico que, como consecuencia de las guerras, primero mundial y luego civil, dejó a muchos niños huérfanos y abandonados por las calles y los campos, una situación ampliamente conocida gracias a las obras de Anton Makarenko.

Además de las “condiciones militares y alimentarias” a las que se refería Lenin, existían muchas circunstancias económicas y sociales de las que, tanto entonces como ahora, dependen cualquier tipo de “derechos”. El decreto que en 1920 legalizó el aborto ni siquiera lo consideraba como un “derecho” sino como un remedio, consecuencia de la herencia del pasado: “Los supervivientes de las condiciones económicas pasadas y actuales todavía llevan a las mujeres a recurrir a esta operación. La Oficina del Comisionado de Salud del Pueblo y la Oficina del Comisionado de Justicia del Pueblo, si bien protegen la salud de la mujer y en interés de la especie, considerando que la represión en esta esfera no da los resultados esperados, decreta” la legalización del aborto.

Sobra añadir que las circunstancias y necesidades que dan lugar al reconocimiento de los “derechos” cambian con el tiempo, lo que hace que cambien esos mismos “derechos”. Para todos aquellos que se interesan por la construcción del socialismo en la URSS los cambios en la situación interna desde 1917 hasta la época de los planes quinquenales son muy conocidos. En los años treinta la situación había dado un vuelco total y no sólo porque la política del Partido Bolchevique lo había decidido, sino porque la demografía también había cambiado y con ella la sitación de la mujer e incluso de las familias.

En los primeros años de la URSS, continuaron las mismas tasas de natalidad, mientras que la mortalidad se redujo por las mejoras en la atención sanitaria, las condiciones de trabajo, la vivienda y la alimentación, lo que tuvo como consecuencia un enorme crecimiento demográfico, que en la URSS estuvo vinculado a la emigración a las ciudades.

El crecimiento demográfico estuvo acompañado de un fuerte crecimiento en el número de abortos, aunque es posible que dicho crecimiento no sea tan grande o no se corresponda a la realidad sino consecuencia de un registro estadístico mucho más estricto. En cualquier caso, en 1926 los datos oficiales registraron 400.000 abortos en la URSS, cifra que se disparó a los 700.000 en 1934, una cifra gigantesca en relación con los tres millones de nacimientos de ese mismo año.

A partir de la colectivización la tasa de natalidad disminuye bastante rápidamente, entrando en esa etapa que se suele llamar de “transición demográfica” que, como es natural, cambió la política social del gobierno soviético en un sentido que la burguesía califica como “conservadora” e incluso de “marcha hacia atrás” y que se relaciona de manera tópica con Stalin.

El 27 de junio de 1936 la legislación soviética sobre la familia cambia y con ella cambia, como es lógico, la legislación sobre la mujer, poniendo el acento de las necesidad de tutelar a la infancia. El año anterior se habían divorciado un 44 por ciento de los matrimonios, a los que seguían segundos matrimonios y luego terceros, y así sucesivamente, con los consiguientes cambios de vivienda, pensiones alimenticias y demás.

Los servicios y las ayudas sociales y familiares favorecían esa situación. Con el tiempo se fueron introduciendo más restricciones. Por ejemplo, se favorecía el matrimonio imponiendo una tasa a los solteros y se aumentaron las de los divorcios, que pasaron a 3 a 50 rublos para el primero, 150 rublos para el segundo y 300 para el tercero.

Lo mismo ocurrió con el aborto, al que desde 1924 se fueron imponiendo restricciones porque los presupuestos sobre los que se había legalizado el aborto eran erróneos. El poder soviético había supuesto que a medida que la posición económica y social de la mujer soviética fuera mejorando, disminuiría el número de abortos.

Pero sucedió todo lo contrario: quienes abortaban con mayor frecuencia eran aquellas mujeres que tenían una mejor posición social, por lo que gobierno empezó a dar prioridad a las mujeres de los sectores sociales más desfavorecidos. Primero las desempleadas que estaban solteras, luego las que trabajaban solteras con un hijo, a continuación las que trabajaban en la industria y ya tenían varios hijos y luego las demás.

Dichas restricciones ponían de manifiesto que entonces aún no había suficientes medios materiales para llevar a cabo los abortos con las debidas garantías de atención sanitaria.

Finalmente, en 1936 y en 1944 se prohibió (con excepción del aborto terapéutico) ya que empezaron a poner la vista en una inminente guerra mundial, volviéndose a restablecer el 23 de noviembre de 1955, primero gratuitamente y luego de manera onerosa.

En este punto a la burguesía hay que volverle a recordar de nuevo que la prohibición del aborto fue tan formal como su opuesto, el “derecho”, ya que en realidad se siguieron practicando abortos, entre otras razones porque los médicos los avalaban con excusas terapéuticas.

Por lo tanto, si el feminismo burgués busca un modelo, no lo va a encontrar en la URSS, donde las concepciones eran las opuestas, empezando por la inexistencia de una política sobre “la mujer” en abstracto, al margen de las clases sociales. El aborto en la URSS tampoco fue nunca un “derecho” en el sentido en el que predican actualmente los movimientos pequeño burgueses.

La política soviética fue lo más opuesto que cabe imaginar al malthusianismo que la burguesía sostiene y, en consecuencia, fue una política natalista, de donde se desprende que no ponía el acento en “la mujer” sino en la infancia, a la que no se consideraba como una “carga”, sino todo lo contrario, porque el Estado soviético puso toda clase de medios materiales para que no fuera así y, como se dice ahora, la mujer pudiera compatibilizar la vida laboral con la familiar.

Una política basada en la infancia es una política para el futuro. Cuando la burguesía propugna políticas malthusianas es porque es plenamente consciente de que el capitalismo no tiene ningún futuro.

Feminismo y resistencia antifascista: la lucha heroica de Marie Claude Vaillant-Couturier

Resistente contra el fascismo desde el primer minuto, Marie Claude Vaillant-Couturier es una heroína francesa, una de las puntas de lanza de la lucha contra la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1933 Marie Claude realizó su primer reportaje en Alemania en la clandestinidad para la revista “VU” creada y dirigida por Lucien Vogel, su padre. El trabajo se titulaba “Vu explora de incógnito el III Reich”. Poco después de la llegada al poder de Hitler, esta presentación, compuesta de fotos tomadas por ella, mostró los dos primeros campos de concentración nazis: Dachau y Oranienburg.

En el otoño de 1937 se casó con el hombre cuyo nombre llevaría toda su vida: Paul Charles Vaillant-Couturier, redactor jefe del periódico comunista L’Humanité. Había sido herido por un proyectil en 1915 en la Primera Guerra Mundial y otra vez en 1918 por un ataque con gas. Esos acontecimientos reforzaron sus convicciones antimperialistas.

Sobrecargado de trabajo, Paul murió de un ataque al corazón sólo tres semanas después de la ceremonia de la boda. Enterrado en el cementerio Père-Lachaise, una multitud impresionante desfiló junto a su féretro durante seis horas. Más tarde, en 1939, Marie Claude se casó con Pierre Villon, responsable de la redacción clandestina de L’Humanité al comienzo de la guerra. Pierre también fue un miembro muy activo del Consejo Nacional de la Resistencia.

En 1938 Marie Claude se trasladó a España, donde conoció a las Brigadas Internacionales, una experiencia que le permitió conocer a Henri Tanguy, que más tarde sería conocido como Henri Rol-Tanguy, o coronel Rol-Tanguy. Sindicalista de CGT y militante comunista, Henri Tanguy había sido desmovilizado en agosto de 1940 y en el mes de octubre pasó a la clandestinidad para crear la Organización Especial, el brazo armado del Partido Comunista.

Su mujer Cecile también era miembro de la Resistencia. Después de la rendición de Alemania, el 18 de junio de 1945 el general De Gaulle le concedió la Cruz de la Liberación.

Al mismo tiempo, Marie Claude era miembro de la UJFF (Unión Juvenil Francesa), una organización feminista que luchaba contra la opresión de las mujeres. Como la mayoría de los comunistas (hombres) habían sido movilizados o encarcelados por el gobierno vychista, la UJFF permitirá fortalecer la futura resistencia comunista clandestina.

En el primer Congreso fue elegida presidenta Danielle Casanova, que en otoño de 1940 ayudó a establecer comités de mujeres en la zona ocupada y organizó el salto de las Juventudes Comunistas a la lucha armada.

Rose Blanc fue otra de las ilustres figuras de la UJFF. Se unió a la organización clandestina del Partido Comunista en 1940 y murió en la deportación a Auschwitz en marzo de 1943.

En 1939 otra mujer, Claudine Chomat, participó en la reorganización clandestina del Partido Comunista Francés. En 1941 dirigió los Comités de la Resistencia Femenina.

Junto con Georges Politzer y Paul Nizan (ambos asesinados), Charlotte Delbo descubrió el marxismo y se unió a las Juventudes Comunistas en 1934. Fue deportada a Auschwitz en 1943.

Josette Dumeix y Claudine Chomat estuvieron a cargo de la edición clandestina femenina de L’Humanité. Detenida por la policía de Vichy, paseron 22 meses en prisión.

Mounette Dutilleul, otra mujer resistente y comunista, fue deportada a Ravensbrück en 1943.

En julio de 1940 Madeleine Vincent dirigió la Resistencia en el Norte y de Pas-de-Calais como miembro de las Juventudes Comunistas. Fue deportada a Kreuzburg, continuó la lucha a riesgo de su vida al negarse a trabajar para los alemanes.

Georgette Cadras era militante del PCF y se convirtió rápidamente en capitán de la Resistencia. Fue detenida el 26 de marzo de 1941 y condenada a 10 años de prisión por un tribunal francés colaboracionista).

Desde principios de la década de 1930 Lise Ricol-London era militante del Partido Comunista. Bajo la ocupación también se convirtió rápidamente en capitán de la Resistencia. Fue arrestada por la policía francesa en agosto de 1943, entregada a los alemanes, deportada al campo de concentración de Ravensbrück y luego a Buchenwald.

Por su parte, como las demás militantes comunistas, Marie Claude también entró en la Resistencia participando en la edicicón del primer número clandestino de L’Université Libre, uno de los primeros grupos creados por tres comunistas: Georges Politzer, Jacques Decour y Jacques Solomon. Este grupo de intelectuales se formó en septiembre de 1940.

Marie Claude fue detenida por la policía a principios de 1942. Descubrió la vida en prisión y aprendió a comunicarse con otros presos, en particular con Marie José Chombart, que toda su vida había luchado por los derechos de los niños.

El 24 de enero de 1943 el convoy 31000 transportó a 1.530 hombres y 230 mujeres a los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau. De ellos 119 eran comunistas, 12 pertenecían a redes gaullistas, 51 habían sido detenidos por resistir y sólo 49 de ellos sobrevivieron a la deportación.

En Birkenau Marie Claude transportaba ladrillos de doce a catorce horas al día, aunque luego le asignaron como secretaria, debido a sus conocimientos del alemán. Allí conoció a Danielle Casanova, que murió de una virulenta epidemia de tifus el 9 de mayo de 1943. Fue condecorada póstumamente con la Orden Nacional de la Legión de Honor. Dos meses antes, Marie Politzer también había muerto de tifus. Casada con Georges Politzer y militante comunista, se había unido a la Resistencia en agosto de 1940.

En agosto de 1944 Marie Claude fue trasladada al campo de Ravensbrück, donde le asignaron inicialmente a los movimientos de tierra y luego de traductora. En Ravensbrück, Marie Claude y sus camaradas se unieron a la organización de la resistencia interna del campo, que suponía negarse a trabajar para la industria armamentística nazi. Es lo que hacían los prisioneros de guerra soviéticos.

La insubordinación fue severamente reprimida por los nazis.

El 28 de abril de 1945 las SS abandonaron el campo de Ravensbrück, dejando a 2.000 mujeres enfermas. Algunas prisioneras, entre ellas Marie Claude, se ofrecieron como voluntarias para cuidar de ellos. Al día siguiente llegaron los soviéticos. Con el apoyo de los médicos soviéticos y otros deportados, Marie Claude se hizo cargo de la administración del campo. Se quedaron en Ravensbrück para tratar a los enfermos hasta que pudieran ser evacuados.

En el Tribunal de Nuremberg, Marie Claude testificó el 26 de enero de 1946. En el banquillo estaban Hermann Göring, Rudolf Hess, Joachim von Ribbentrop y otros 21 cabecillas nazis en total. Marie Claude se acercó a ellos y los miró lentamente. Luego, frente a los jueces, la joven relató con calma el horror del universo de los campos de concentración.

En el funeral de Henri Moraud, presidente del Fondo de la Memoria de Auschwitz, Marie Claude estuvo junto a Henri Krasucki, comunista y judío torturado por ser un resistente de la primera hora.

Inmediatamente después de la Liberación, Marie Claude formó parte de la Asamblea Consultiva Provisional creada el 3 de noviembre de 1943 en Argel. Fue miembro de la Comisión de Educación y Bellas Artes, Juventud y Deporte el 26 de junio de 1946. También fue elegida diputada del Sena por el Partido Comunista, un cargo que ocupó durante décadas. De 1956 a 1958 y de 1967 a 1968 fue Vicepresidenta de la Asamblea Nacional.

Entre octubre de 1963 y junio de 1964 se celebró en Sudáfrica el juicio de Rivonia, que dio lugar a la condena a cadena perpetua de Nelson Mandela y otros siete militantes contra el apartheid. Marie Claude estuvo a la vanguardia de la lucha. Desde Francia, intervino ante la Asamblea Nacional para denunciar la represión, el racismo y la brutalidad del régimen de Pretoria.

Gérard Streiff, Une vie de résistante: Marie Claude Vaillant-Couturier
https://anticons.wordpress.com/2018/09/10/marie-claude-vaillant-couturier-merite-elle-aussi-le-pantheon/

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