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La lucha del proletariado contra el feminismo burgués, el imperialismo y la guerra

A lo largo de su historia las organizaciones revolucionarias han sostenido una batalla sin cuartel contra el feminismo burgués en todos los frentes, entre ellos el internacionalismo, que une a una misma clase por encima de cualquier diferencia de origen nacional y, naturalmente, de condición sexual.

Ese principio capital condujo en 1914 a la ruptura del movimiento obrero porque una parte se puso del lado de su burguesía para luchar a favor del imperialismo. Si eso ocurrió dentro de los partidos obreros, con mucha mayor razón las distintas organizaciones de la burguesía, entre ellas, las de mujeres adoptaron la misma posición, favorable al imperialismo  y la guerra.

De ahí que la lucha contra la burguesía feminista sea una parte fundamental de la lucha de clases, entonces y ahora.

En  1914 la burguesía alemana había organizado un poderoso movimiento feminista en torno a la BDF (Bund Deutscher Frauenvereine, Federación de Organizaciones de Mujeres Alemanas) que, como es natural, desde el comienzo de la guerra mundial tomó una postura muy clara a favor del imperialismo alemán, del militarismo y del rearme.

La BDF no sostuvo una posición diferente de su clase social por el hecho de que sus miembros fueran feministas o fueran mujeres porque el motor de la historia es la lucha de clases, no la diferencia de sexos.

Las mujeres no fueron al frente, pero fueron movilizadas en la retaguardia para contribuir al esfuerzo de guerra, en sustitución de quienes combatían en las trincheras. Se llamó Servicio Civil de Mujeres (Nationaler Frauendienst), en el que la BDF llamó a participar activamente.

Para ello creó un anuario belicista, llamado “BDF Kriegsjahrbuch” para que las mujeres aceptaran dócilmente los trabajos extenuantes, la carestía y demás privaciones de la guerra imperialista. También organizaron reuniones y mítines en defensa de los objetivos del imperialismo alemán.

La presidenta de la BDF, Gertrud Bäumer, sostenía que para las mujeres burguesas la guerra imperialista “es la alegría de encontrar el equilibrio a través de la participación activa en una gran causa” (1). Hablar de alegría cuando del frente llegaban ataúdes llenos de cadáveres, resume exactamente la naturaleza del feminismo burgués.

Las biografías de una feminista burguesa como Bäumer y la de Zetkin, fundadora del Partido Comunista Alemán e impulsora del Día de la Mujer Trabajadora, chocan como dos trenes que se cruzan por la misma vía en direcciones opuestas.

Bäumer fue la primera mujer en formar parte del gobierno alemán, en el que permaneció incluso después de la llegada de los nazis al poder. La revista mensual que publicaba, Die Frau (La Mujer), siguió publicándose bajo el III Reich.

La burguesía feminista siempre siguió el recorrido de su clase social. Formó parte de la guerra como formó parte del III Reich.

Las revolucionarias, como Zetkin, no podían ser más opuestas. Fueron internacionalistas que se opusieron a la guerra y luego al fascismo. Estuvieron perseguidas y movilizaron sus energías contra el Servicio Civil de Mujeres.

Para predicar el chovinismo, la BDF trató de impedir cualquier clase de contacto de las mujeres alemanas con las de otros países, mientras que en 1915 Zetkin convocó en Berna  el Congreso Internacional de Mujeres por la Paz.

La BDF criticó expresamente el Congreso de Berna. Durante la guerra su lema fue “¡Puedes porque debes!” En 2015 la BDF llegó a difundir unas “Directrices para el Servicio Civil de Mujeres” (Die Dienstpflicht der Frau), reeditadas por Bäumer en 1933, bajo el III Reich.

Por su parte, aquel mismo año las internacionalistas como Zetkin difundieron clandestinamente desde Suiza un manifiesto titulado “¡A las mujeres de los trabajadores! ¿Dónde están nuestros maridos?”, que apareció en el periódico Berner Tagwacht.

Los llamamientos de la BDF al esfuerzo de guerra no sólo concernían al empleo de mujeres en las fábricas y en el campo, incluso gratuitamente, sino también a fomentar la natalidad para compensar las pérdidas humanas de la guerra. “La maternidad es un trabajo para la nación”, escribió la feminista alemana Marie-Elisabeth Lüders. “El trabajo lo condiciona todo, incluso la capacidad de un pueblo para defenderse” (2).

Por si aún cabían dudas, la guerra y el fascismo demostraron que en la lucha de clases no hay un terreno común y que las mujeres trabajadoras sólo pueden avanzar enfrentándose a la burguesía, cualquiera que sea el maquillaje con el pretenda disfrazar sus vergüenzas.

No se puede luchar contra el imperialismo, ni contra el fascismo, sin denunciar al mismo tiempo la naturaleza de clase del feminismo burgués.

(1) Gertrud Bäumer, Die Frauen und der Krieg, Kriegsjahrbuch des BDF, Berlin, 1916, pg. 10. 
(2) Marie-Elisabeth Lüders, Das unbekannte Heer, Berlin, 1935, pg. 63.

‘No a la agitación específicamente feminista, sí a la agitación socialista entre las mujeres’

Elena Linarez

“¡Preparémonos! ¡Calentemos nuestros músculos, pongámonos a trabajar en la lucha, para que el trabajo se convierta en espíritu y el espíritu se convierta en trabajo! ¡Espartaco, levanta tu bandera más alto! ¡Esclavos, adelante! ¡Todo por la revolución! ¡Todo por la revolución!” (Clara Zetkin)

Es un deber comunista recordar a la camarada Clara Zetkin, que nació en Alemania el 5 de julio de 1857 y murió en Arkhangelsk, cerca de Moscú, en 1933. Tenía 76 años, y su cuerpo fue enterrado con honores dentro de los muros del Kremlin. Esta gran mujer desarrolló, primero en el Partido Socialdemócrata Alemán y más tarde, como fundadora del Partido Comunista Alemán, un importante esfuerzo revolucionario con los proletarios, especialmente con las mujeres inmersas en los procesos de producción o reproducción material de la sociedad fundamentalmente europea.

En este sentido, sostuvo en su discurso político y en su práctica que “el principio rector debe ser: no una agitación específicamente feminista, sino una agitación socialista entre las mujeres”. No debemos poner en primer plano los intereses más estrechos de la mujer, nuestra tarea es la conquista de la mujer proletaria para la lucha de clases”; por lo tanto, la liberación y emancipación de la mujer está estrechamente ligada a la construcción del socialismo. En esta perspectiva, Clara Zetkin, como marxista, representaba a la trabajadora como inmersa en las relaciones sociales de la explotación capitalista, actualmente vigentes, precisando que las trabajadoras son doblemente explotadas, primero en las fábricas, al ceder su fuerza de trabajo a su patrón que la compra a cambio de un salario, para aumentar su capital con la venta de los bienes producidos por la trabajadora; y también en el hogar, donde realiza toda una serie de trabajos sin ningún tipo de remuneración económica como: limpiar la casa, planchar, lavar la ropa, cocinar, entre otros.

Clara Zetkin fue también organizadora del movimiento socialista feminista alemán e internacional, dirigió la lucha antirreformista e internacionalista durante la Primera Guerra Mundial, cofundadora y dirigente del Partido Comunista Alemán, figura destacada de la Internacional Comunista y amiga de Lenin (su famoso “Mis recuerdos con Lenin”), miembro del parlamento y propagandista. A pesar de su extraordinaria contribución, sus esfuerzos en la historia de la lucha por el socialismo son minimizados u olvidados. Para ella, el socialismo no era sólo una meta histórica, sino sobre todo una demanda inmediata. Sus actividades políticas militantes se extendieron desde los comienzos de la socialdemocracia alemana hasta 1932, un año antes de su muerte.

En opinión de Clara Zetkin, durante este período: “El desarrollo del imperialismo y la transición del capitalismo predominantemente competitivo al capitalismo monopolista, con la creación de monopolios nacionales y la agudización de las contradicciones imperialistas [que] causaron tan violentas tensiones en las relaciones entre el proletariado y la burguesía y en el seno del proletariado y sus organizaciones tradicionales -creación de la Segunda Internacional (1889), el surgimiento del revisionismo y la fundación de la Tercera Internacional (1919), la revolución en Rusia y la derrota de las revoluciones en Europa occidental” que la experiencia de la dirigente alemana nos presenta como extremadamente compleja y fragmentaria, difícil de sintetizar en un solo análisis.

En noviembre de 1882, Clara Zetkin fue perseguida por la policía y huyó como resultado, estableciéndose en París donde se casó con Ossip y permaneció allí durante ocho años sin dejar de cooperar con su partido. Durante este tiempo, Clara conoció y se hizo amiga de algunas de las figuras más notables del socialismo: Eugène Pottier, autor de las letras de la Internacional; Louise Michel, las hijas de Marx, Jenny y Laura; los líderes marxistas franceses Paul Lafargue y Jules Guesde, etc. A finales de la década, fue nombrada delegada de las Mujeres Socialistas de Berlín y participó en los preparativos del Congreso Constituyente de la Segunda Internacional en oposición a la Internacional Posibilista que también quería ser creada en París.

Al año siguiente, en 1890, tras la derogación de las “leyes antisocialistas”, volvió a Alemania para convertirse en uno de los cuadros más importantes del socialismo alemán, que hasta 1914 sería el espejo al que se dirigirían todos los ojos del socialismo internacional. En 1891, fundó y dirigió “Die Gleichheit” (La Igualdad), un organismo para mujeres socialdemócratas, que se convertiría quizás en el periódico feminista de mayor circulación y más influyente de todos los tiempos. Sus puntos de vista teóricos sobre los temas de la mujer se basan en dos obras clásicas del socialismo: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (Friedrich Engels), y La mujer y el socialismo (August Bebel).

En 1893 participó en el tercer congreso del Partido Socialdemócrata en Zurich, donde entabló amistad con Engels, quien murió dos años después. A partir de este Congreso, la presencia de Clara será inseparable de todos los Congresos Nacionales e Internacionales del Socialismo, lo mismo para todas las conferencias de los movimientos femeninos. En 1896, en el Congreso del SPD celebrado en Gotha, Clara presentó el primer informe importante del partido sobre la cuestión de la mujer y las tareas de la socialdemocracia, en el que se planteaba la exigencia del sufragio femenino, cuestión sobre la que muchos partidos socialistas no llegaron tan lejos. En 1899 enviudó y se casó por segunda vez, esta vez con el pintor George Friedrich Zundel, del que se separó poco después; unos años más tarde, se ocupó de los dos hijos que había tenido con Ossip a solas. Durante muchos años, su poderosa voz fue la de la izquierda revolucionaria y fue el martillo en los debates contra los oportunistas del partido y de la Internacional.

Durante el famoso Congreso de Stuttgart de 1907, en el que el trío Lenin-Rosa-Luxemburgo-Martov libró una dura batalla sobre la cuestión de la guerra, Clara Zetkin, por su parte, haría una violenta acusación en la Conferencia por el derecho al voto de las mujeres contra los austromarxistas, a los que acusó de haber abandonado la propaganda a favor de este derecho. En el Congreso de Copenhague (1910), propuso el establecimiento de un “Día de Mayo de la Mujer”. En los años anteriores al estallido de la Gran Guerra, Clara dedicó la mayor parte de sus esfuerzos a la lucha antimilitarista, por lo que en el Congreso de Basilea (1912) presentó un amplio y apasionado informe sobre la amenaza de la guerra y la necesidad de que la Internacional respondiera a ella con una huelga general y, si era posible, con la revolución.

Aunque no escribió ningún estudio específico sobre el tema, Clara demostró con el ejemplo indiscutible de la práctica que era posible organizar a miles de trabajadoras que engrosarían las filas del proletariado, dándoles una magnitud extraordinaria. La organización femenina de los socialistas alemanes sirvió de ejemplo para el movimiento socialista internacional. Extendió su horizonte al mundo colonial. Su conclusión práctica fue que no debería haber una organización autónoma de mujeres porque:

a) Sólo hay un movimiento, una organización de mujeres comunistas -antes socialistas- dentro del Partido Comunista junto a los hombres comunistas. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas, y esto se extiende a los otros niveles de organización tradicionales.

b) Tampoco hay exigencias específicas sobre cuestiones como la sexualidad y el matrimonio, y aunque no dejó de preguntarse a su manera, dijo con Lenin: “La preocupación de las mujeres comunistas, de las mujeres trabajadoras, debe centrarse en la revolución proletaria, que sentará las bases, entre otras cosas, para la modificación de las relaciones materiales y sexuales”.

c) No hay posibilidad de atraer a las mujeres de las clases explotadoras a las filas socialistas, ya que para ellas se trata de “el desarrollo moral y espiritual […] de su personalidad”, mientras que para la mujer trabajadora es algo más fundamental, derivado de “la necesidad de explotación del capital”, mientras que a ella le preocupa que para “su tarea de esposa, de madre […] sólo recoja las migajas que la producción capitalista derrumba”.

Bajo este prisma “clásico”, el objetivo principal de Clara Zetkin era extender el movimiento obrero a su otra mitad, que es más sumisa que la mitad masculina. Exigieron demandas fundamentales para las trabajadoras que, aunque parezcan moderadas, en realidad eran extremadamente radicales incluso para los sindicalistas que temían la competencia de las trabajadoras y querían que sus esposas se quedaran en casa para arreglar los calcetines. Tampoco dudó en ondear la bandera sufragista ya que era “no sólo un derecho natural, sino también un derecho social”, y por supuesto dio un contenido social a este derecho, pero rechazó demandas específicas como la de la protección materna. Cuando, después de haber sido una de las portavoces del internacionalismo contra la guerra, Clara Zetkin se puso del lado de la opción comunista, arrastró tras de sí a un importante número de mujeres socialistas, pero en la Internacional Comunista se encontró con un ambiente tan preocupado por la revolución inmediata que rechazó la idea de reproducir allí una organización similar a la existente en la socialista.

En uno de sus discursos ante el Komintern propuso la adopción de “soluciones concretas y organismos especiales para tratar la agitación, la organización y la formación de las mujeres […] teniendo en cuenta la especificidad cultural y moral de las mujeres”, y también “la agitación planificada y constante entre las mujeres que todavía están lejos del partido, mediante asambleas públicas, debates y asambleas de fábricas, asambleas de amas de casa, conferencias de delegados no partidistas y no políticos, agitación de puerta en puerta”.

Su último gran golpe de brillantez, que será recordado como sus mejores años, tuvo lugar el 30 de agosto de 1932, cuando estaba enferma y medio ciega, el día de la inauguración del Reichstag. Como decana, presidió la sesión.

En su memoria, el Movimiento de Mujeres Clara Zetkin no sólo toma su nombre como una forma de reivindicar su lucha y su inestimable contribución, sino también para mantener en su programa de lucha la necesidad de construir relaciones sociales en las que prevalezcan la igualdad y la equidad de género, defendiendo un espacio de organización de la mujer trabajadora y del pueblo, y continuando las indispensables luchas impulsadas por el revolucionario comunista.

Elena Linárez es presidenta del movimiento comunista ‘Clara Zetkin’ en Venezuela
el texto se publicó en 2010

La gran huelga de mujeres de 1918 en Barcelona

Edmundo Fayanas Escuer

La I Guerra Mundial había sumido a Europa
en una situación desoladora tanto económica como socialmente. Se
producen levantamientos populares continuos y una dura represión
policial y militar. Esta situación pone en crisis los regímenes
liberales preponderantes en esos momentos históricos.

La
situación española era terrible a pesar de no haber participado en la I
Guerra Mundial. Las fábricas estaban a todo rendimiento, lo que provocó
un fuerte enriquecimiento del sector empresarial mientras que al mundo
obrero lo mantenía en la más absoluta indigencia, con salarios de
miseria y con situaciones cercanas a la esclavitud.

Barcelona
era la zona de mayor desarrolló del país donde la burguesía catalana no
hacía más que enriquecerse, mientras que el movimiento obrero luchaba
por lograr unas condiciones de vida dignas. En este sentido, destacaba
el poderío del movimiento obrero anarquista y en menor medida, los
socialistas.

Fue en el barrio chino de Barcelona donde se produjo
un levantamiento popular exclusivamente de mujeres liderado por simples
vecinas hartas de los abusos de los comerciantes

Ante la amenaza
que suponía este movimiento obrero, amplios sectores del empresariado
catalán no dudaba en contratar a pistoleros a sueldo para eliminar a los
dirigentes anarquistas catalanes
y estos contaban con la pasividad y
aquiescencia de la policía. Estos a su vez respondían también con
asesinatos.

Sin embargo, es en el barrio chino de Barcelona donde
se produjo un hecho insólito, nada menos que un levantamiento popular
exclusivamente de mujeres y que fue liderado de forma espontánea por
simples vecinas, hartas de los abusos de los comerciantes.

Durante
los años que duró la I Guerra Mundial, los productos básicos de
consumo, pan, carbón, aceite, bacalao, habían subido por encima de los
sueldos de una población que ya se encontraba exhausta, mal alimentada y
explotada en el trabajo, en consecuencia, estaban al límite de la
supervivencia.

En el inicio de enero de 1918, pocos días antes de
la revuelta de las mujeres, la Junta de Subsistencia había establecido
un precio de venta tasado para el carbón, que los comerciantes no
estaban dispuestos a venderlo a dicho precio, por lo que tan sólo se
conseguía carbón a precios superiores al 30% del precio tasado por la
Junta. Esto provocó un gran malestar social contra los comerciantes y el
Gobierno.

Como vemos, fue el precio del carbón y el monopolio
que ejercían algunos comerciantes sobre productos básicos de la
alimentación de la población, lo que provoca el inicio de la revuelta de
las mujeres. Los comerciantes hacían que se pagaran a precios
demasiados elevados todos estos productos en relación a los jornales de
los trabajadores.

Eran muchos los
comerciantes que no respetaban los precios tasados por el Gobierno y los
subían indiscriminadamente para obtener pingues beneficios. De esta
forma, llegó el duro invierno y no tenían carbón para poder calentarse y
tampoco disponían de los alimentos suficientes por lo que se iba
extendiendo el hambre.

El carbón se convirtió entonces en un
producto de lujo
. Las mujeres barcelonesas no esperaron a que los
sindicatos obreros lucharan contra esta explotación por parte de los
comerciantes. Fueron las mujeres trabajadoras, que tenían entre trece y
treinta años quienes están en el origen de esta huelga.

El diario
barcelonés de esta época “El Diluvio” relata de esta manera el inicio
de dicha movilización: “Eran las diez de la mañana, Amalia Alegre, una
vecina de la calle el Olmo, cuelga en la calle un papel en donde convoca
a todas las mujeres a dirigirse en manifestación al Gobierno Civil para
protestar por la falta de subsistencias a precio tasado. Pronto se
reúnen unas 500 mujeres que desde la calle del Olmo se dirigen por el
Arco del Teatro hasta Cires y de ahí llegan a Conde del Asalto desde
donde acceden a las Ramblas. Por el Paseo de Colón llegan al Gobierno
Civil”.

De dicha manifestación surge una Comisión de cinco
mujeres, que está encabezada por Amalia Alegre y que será recibida por
el Gobernador Civil, Auñón. Dicha comisión solicita que se respeten por
parte de los comerciantes los precios estipulados por la Junta de
Subsistencia para los productos de consumo y que no se acaparen
alimentos en los almacenes a la espera de la subida de precios.

El
Gobernador Civil les promete que llegarán productos en cantidad a las
tiendas y que estos serán vendidos a los precios tasados.

A pesar
de esta promesa, por la tarde se produce otra manifestación y en esta
ocasión las mujeres van acompañadas por sus hijos, acudiendo nuevamente
frente al Gobierno Civil de Barcelona. Esa misma tarde se producen
fuertes incidentes enfrente de diversas carbonerías que vendían el
carbón por encima de los precios tasados.

Al día siguiente, a
media tarde se vuelven a concentrar un grupo numeroso de mujeres en el
Paralelo barcelonés y gritaban contra los acaparadores y la falta de
subsistencias en las tiendas.

Los sindicatos obreros acuden por
primera vez a dicha concentración para respaldar a las mujeres. Sin
embargo, las mujeres rechazan su presencia y les dicen que esta protesta
es únicamente de mujeres. Los sindicatos se retiran ante esta petición
de las mujeres y se niegan a la presencia de los hombres.

La policía hace acto de presencia, pero ellas seguían gritando:

¡Tenemos hambre!
¡Queremos el abaratamiento de las subsistencias!

A
su paso van cerrando todo y las mujeres se van uniendo a la marcha, se
enfrentan con los comerciantes que se niegan a cerrar y en las Ramblas
donde paran tranvías e invitan a las mujeres que iban en los mismos a
sumarse a la manifestación.

Entran en algún local de diversión
rompiendo los cristales y hacen salir a los ahí presentes y piden a los
artistas que se unan a la protesta, lo que consiguen en la mayoría de
los casos.

La zona donde vivían estas mujeres era una zona muy
pobre y deprimida en contraste con el Paralelo donde abundan los
cabarets y los cafés, era una zona cara de Barcelona. Los clientes que
se encontraban en sus terrazas huyen despavoridos. Muchos de los
artistas que había en esa zona de cabarets secundan la huelga de las
mujeres y se niegan a actuar.

Desde el Paralelo se dirigen por la
calle Conde del Asalto cerrando todos los locales abiertos. En el local
Edert Concert lo destruyen todo, lo mismo sucede en el Alcázar Español.

Este
potente movimiento de las mujeres debido al frío y al hambre que
sufrían en Barcelona enseguida contó con el apoyo y la simpatía de
amplios sectores de la clase trabajadora. Esto queda bien reflejado en
el periódico “El Diluvio” en su edición del doce de enero y dice:

“Como
prueba de solidaridad con las manifestantes y dar fuerza al acto,
habían abandonado el trabajo las obreras de las fábricas… y las
manifestaciones crecían al grito de ¡mujeres a la calle, a defenderse
del hambre y a poner remedio al mal! ¡Por la humanidad, a la calle
todas!”

Se manifiestan por las Ramblas y llegan a los almacenes
El Siglo donde una comisión de las manifestantes pide al dueño el cierre
de los almacenes y que se les unan las dependientas, pero el
propietario se niega y se produce rotura de cristales y de mobiliario
del almacén. Ante esta situación, el propietario decide cerrar el
almacén.

Los tranvías que circulan por la Rambla son detenidos y a
las pasajeras se les invita a manifestarse con ellas. Es una huelga sin
dirigentes y son las mujeres que tienen mayor arrojo y capacidad
oratoria las que dirigen la manifestación. Como vemos, es un movimiento
sin una dirección clara y sin una estrategia, pero sí sabían lo que
deseaban.

Se producen reuniones con el alcalde de Barcelona y también con el Gobernador Civil, a quien le dijeron: “Si
no se solucionaban las demandas de los trabajadores, harán parar a los
hombres, obligándoles a que se queden en casa, y las mujeres se echarán a
las calles seguras de imponerse, ya que toda la razón las asiste”.

Por
su parte, hasta los estudiantes acordaron en asambleas sumarse a las
manifestaciones en solidaridad. Ante el acuerdo tomado en asamblea por
los estudiantes de sumarse a las protestas, una comisión de mujeres se
dirige a los periódicos para que estos informen que no aceptarán la
incorporación de varones. Prefieren continuar ellas solas la revuelta.

El
lunes, 14 de enero amaneció con miles de mujeres en las calles, pasando
por todos los centros de trabajo, tiendas y fábricas a invitar a las
mujeres a que abandonen el trabajo y se unieran a la manifestación.

Llegaron
a hacer manifestaciones paralelas en diferentes puntos de la ciudad,
entre 3.000 y 4.000 mujeres. Si seguimos la información que aparece en
el diario El Diluvio, más de 14.000 habían hecho huelga en las fábricas,
sumándose a las manifestaciones
.

Los comerciantes barceloneses
asustados ante la potencia de la manifestación cierran sus tiendas. Las
mujeres están encolerizadas y disfrutan del éxito de su planteamiento,
pero son conscientes de que necesitan seguir la lucha y ampliarla, por
lo que al día siguiente plantean volver al Gobierno Civil al comprobar
que lo prometido por el gobernador no se ha cumplido y los precios
continúan igual.

Esa mañana ya habían cerrado varias fábricas del
distrito V con mayoría de trabajadoras. Estas trabajadoras se reúnen y
realizan una manifestación y lucen temas como:

¡Abajo las subsistencias!
¡Fuera los acaparadores!
¡Mujeres a la calle, a defenderse del hambre y a poner remedio al mal!
¡Por humanidad, a la calle todas!

Por la tarde vuelven a sucederse manifestaciones y se producen incidentes con la rotura de lunas y cierres de comercios. Aparecen las fuerzas de la guardia civil pero no intervienen, temiendo que su violencia genere una gran respuesta popular y se limita a vigilar y formar cordones de seguridad frente a los mercados.

Por la noche se repite la manifestación de mujeres que de nuevo obliga a cerrar las salas de espectáculos del Paralelo y Distrito V.

La guardia civil recorre las calles a caballo y se ha acuartelado a las tropas. Las fuerzas de seguridad custodian los mercados. Comisiones de mujeres recorren los barrios de Sans, Gracia y San Andrés pidiendo a las mujeres que trabajan que se les unan y a la vez rechazando el apoyo de los varones.

A los hombres se les dice que sigan trabajando pues ellas solas son capaces de lograr lo que se han propuesto. Una manifestación de unas 4.000 mujeres se dirige a la Plaza Real en donde se improvisa un mitin.

De pronto, en otras ciudades, como Málaga o Valencia, las mujeres imitan a las de Barcelona y convocan protestas. La rebelión femenina se extiende a Málaga, produciendo sangrientas consecuencias. Valencia sufre también la ira de las mujeres, que parecen enloquecidas, como accionadas por una extraña y poderosa fuerza con la finalidad de conseguir sus justas reivindicaciones.

La tarde de aquel lunes, catorce de enero, una manifestación de al menos 5.000 mujeres acude al Gobierno Civil donde tiene lugar una reunión de la Junta de Subsistencias que estudia la posibilidad de aumentar la llegada a Barcelona de artículos de primera necesidad.

El ímpetu de las mujeres consigue romper el cordón de los guardias de seguridad que se encuentran custodiando la entrada al edificio y en tropel suben las escaleras para hablar con el gobernador.

Viendo el cariz que toma el asunto, el gobernador manda desalojar la escalera repleta de mujeres y la presión entre las que temerosas de resultar heridas quieren bajar y el empuje que desde abajo aplica el resto de mujeres hace que se desprenda la baranda de hierro, cayendo un grupo de mujeres.

Dio como resultado 25 mujeres gravemente heridas cuando se desprendió la baranda de hierro de la escalera. Piernas fracturadas, conmociones cerebrales, varias de ellas heridas. Por suerte no muere ninguna.

Fuera del edificio las esperaban miles de mujeres. Mientras tanto en las calles de Barcelona, grupos de mujeres asaltan tahonas, paran carros de carbón y los vacían, entran en las carnicerías buscando alimentos.

Grupos de mujeres cierran tahonas y acuden a los centros de trabajo de las mujeres pidiendo solidaridad y que se unan a la huelga. Se producen los primeros robos y saqueos y los comerciantes empiezan a usar armas para defender sus negocios. La tensión social es máxima.

Las mujeres siguen negando el apoyo de los hombres, que no pueden ni tan siquiera entrar en los mítines que tienen lugar en varios locales del barrio, para así evitar que se infiltre la policía pues solo había hombres y ninguna mujer policía.

La situación es tan precaria que el Gobernador tiene que aceptar una limitación de los precios en los alimentos. Sin embargo, esta medida hace que se desconvoque la huelga y las protestas.

Posteriormente, las mujeres comprobarán que muchos comerciantes no acatan la medida, lo que provoca más incidentes y más robos. Por otro lado, hay un mitin en el cine Montaña en donde se rechaza el bando y se desautoriza a la comisión de mujeres que aprobó el bando del gobernador del día anterior, por entender que las medidas no son suficientes. El mitin finaliza llamando a continuar la huelga al día siguiente

El miércoles, el paro en las fábricas es masivo. En las calles, los establecimientos de alimentación no abren. Hay múltiples asaltos a carbonerías, así como a tahonas y carnicerías. En algunos establecimientos, los dueños se defienden nuevamente a tiros del intento de asalto.

El miércoles 23 de enero, el Gobierno Central destituye al gobernador civil de Barcelona, Sr. Auñón, y para que no haya un vacío de poder mientras se nombra al nuevo gobernador, se designa como gobernador interino a Prat, presidente de la Audiencia. Al día siguiente se celebra un mitin en la Font del Gat al que acuden 5.000 mujeres. Este mitin disuelto por la guardia civil, que se emplea con extrema dureza.

Al día siguiente el paro en las fábricas fue masivo, protagonizado tanto por mujeres como por hombres. Los centros de trabajo con mayoría de mujeres trabajadoras, como guarderías o perfumerías, cerraron todos. Los diarios barceloneses anuncian que “Puede decirse que el paro fue general”.

Tuvieron que cerrar los cines, los teatros y los mercados, frente al inminente asalto de las manifestantes, que en su paso bloqueaban tranvías y sustraían productos de las tiendas de alimentos y repartían el pan que sacaban de las tiendas. Mientras en las calles las manifestaciones no cesaban, con duros enfrentamientos con la guardia civil, cargas, corridas y detenciones.

El jueves, se celebra un mitin en El Globo Cautivo del Salón de San Juan. No se permite la entrada a los varones excepto periodistas acreditados. Se aprueban varias medidas como que las subsistencias tengan el mismo precio que antes de la guerra, la reducción del alquiler en un 20%, readmitir a los 6.000 trabajadores del transporte que habían sido despedidos por entender que una de las razones del aumento del precio de las subsistencias era el encarecimiento del transporte.

Acuden al gobierno civil y presentar los acuerdos del mitin, y recibidas por el gobernador les dice que algo harán para mejorar la situación. El viernes se calcula en 20.000 trabajadoras las que secundan el paro. Sagrera, San Martin, San Andrés. Pueblo Nuevo se suman al paro.

Empieza la tercera semana del conflicto sin visos de solución. Los comerciantes o no tienen género en las tiendas para no tener que venderlo al precio tasado o se niegan a venderlo por debajo de determinado precio. Para no colocar mercancía en sus tiendas han hecho desaparecer los carros que surtían a las tiendas desde los almacenes. Son detenidos varios comerciantes que se niegan a abrir la tienda o por no querer vender al precio tasado.

La casa de aceites Salat con una tienda importante en Rambla Canaletas es de las que no quiere vender el aceite al precio fijado y ante la irrupción de un grupo de mujeres que exige el precio convenido, las golpean y la fuerza pública detiene al encargado de la tienda.

Se suman las llamadas señoras al conflicto, la por entonces aún poco numerosa clase media. Todos las llaman señoras y así se identifican ellas. Hacen llegar una nota a la prensa expresando la necesidad de abaratar las subsistencias y los alquileres, sobre todo los alquileres, y convocando a su grupo al Salón de San Juan el siguiente jueves para dirigirse en manifestación al gobierno civil. En el resto de España hay disturbios por el mismo motivo en La Coruña, Alicante y Málaga.

Aumenta el número de fábricas en paro. En muchas de las fábricas con personal de ambos sexos, la falta de mujeres impide continuar la producción, por lo que han de parar a su vez los hombres. Se extiende el asalto a los comercios. Sobre todo a los de pesca salada, más refractarios a vender al precio tasado. Se asaltan los almacenes de aceites Salat en Wad Ras que se está distinguiendo por hacer caso omiso a las disposiciones del bando.

El viernes se declara el estado de guerra en la provincia ante el descontrol y la pérdida de poder por parte de las autoridades. Fuerzas del ejército se encargan de la custodia de mercados y establecimientos comerciales. Simultáneamente, el gobierno central emite un real decreto decretando la censura militar de prensa.

Se declara el Estado de Guerra y los soldados toman las calles y custodian los principales mercados. Los militares van pertrechados con armamento. Hay ametralladoras en cada esquina y la protesta finaliza con éxito pues los comerciantes acaban acatando las limitaciones de precios y, desde entonces, Barcelona comprueba la fuerza de la unidad de las mujeres proletarias.

El sábado se publica un bando del Gobierno Civil prohibiendo la exportación desde Barcelona de una serie de artículos de primera necesidad, dictando los precios para la venta al público de los alimentos y subsistencias más utilizadas por los trabajadores, y dando curso a una serie de decisiones para impedir que dichas subsistencias pudieran permanecer almacenadas a la espera de que subiese su precio.

Una comisión de mujeres, entre las que aparece Amalia Alegre, se reúne con el gobernador, aprueba el bando y toma la resolución de desconvocar la huelga.

El domingo los movimientos son varios; por un lado, comisiones de comerciantes, de abastecedores, de ultramarinos, acuden al gobierno civil en solicitud de que se anule el bando puesto que al precio al que se había fijado la venta de algunos productos, haría que vendiesen por debajo del precio de compra.

A partir de la salida de las tropas a la calle, desaparecen las manifestaciones y los asaltos a los comercios. Se instalan ametralladoras en varios enclaves y se disuelve todo conato de concentración. La prensa pasa a las últimas páginas la información del conflicto y aún con sordina.

Finalmente, el sábado asumió el nuevo gobernador civil González Rothwos, quien anunció una serie de medidas para aumentar el abastecimiento de productos de primera necesidad, enumerando una lista de precios para esos productos e informando las sanciones frente a la no aceptación por los tenderos de los precios tasados. Patrullas del ejército supervisarían que los establecimientos se abran y que el precio al que venderían los productos respete las instrucciones dadas.

Las valientes mujeres vuelven a las fábricas y centros de trabajo. Pero la revuelta acaba después de fuertes semanas de huelgas tras una revuelta intensa, paralizando la ciudad entera, ocupando la sede del Gobierno, haciendo caer un gobernador civil. Y, sobre todo, imponiendo sus demandas para mejorar el abastecimiento y bajar precios.

En pocos días volverán las mujeres al trabajo y se pone fin a la revuelta femenina por el derecho a unos precios justos y a tener calor en el invierno.

Durante dos semanas la lucha de las mujeres barcelonesas consiguieron paralizar la ciudad, que cesara el Gobernador Civil y un Bando donde se toman medida para mejorar el abastecimiento de alimentos y carbón y reducir sus precios. Se consigue una buena parte de lo que se pretendía.

https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura—ocio/8m-luchafeminista-huelga-mujeres-barcelona-1918/20200302183556171663.html

La burguesía vasca se apunta al empeño por erradicar la naturaleza de clase del 8 de Marzo

Lo malo que tienen celebraciones, como el inminente 8 de Marzo, es que colectivos, del tipo “Bilgune Feminista”, se sienten obligados a redactar un comunicado rutinario, con desgana, copiado del que difundieron el año anterior.

Es el tipo de manifiestos que nadie lee, pero cuya elaboración forma parte de las tareas burocráticas que existen incluso en los grupos más insignificantes, como el que mencionamos.

En esos momentos, salen a relucir los tópicos trillados y los lugares comunes de la pequeña burguesía desorientada, como la ya legendaria “transversalidad” que si algo significa es el refrito, un poco de todo, un condimento característico de la posmodernidad en el que caben todas las salsas o, según sus propias palabras, las “reflexiones plurales” de mujeres procedentes “de múltiples ámbitos”.

Como no podía ser de otra forma, también en Euskal Herria cunde el aburrimiento entre esos colectivos. Todos hablan de lo mismo con las mismas palabras, más vacías que gastadas.

Primero inventaron la transición política (para esconder que no hubo nada de nada). Luego pasaron a la transición ecológica (para esconder los bolsillos de los monopolistas). Ahora “Bilgune Feminista” quiere “impulsar una transición feminista” que -según sospechamos- será tan fraudulenta como las dos anteriores.

Que nadie crea que las ambiciones de la pequeña burguesía, incluida la vasca, son pequeñas porque “Bilgune Feminista” se ha propuesto “cambiar las estructuras de poder externas, mientras les damos un vuelco a las internas”. Una frase redonda que quiere decirlo todo pero no dice nada absolutamente.

Este año la pequeña burguesía ya no se ha atrevido a declarar una huelga, a pesar de lo cual apenas es capaz de disimular que sigue empeñada en su propósito de desdibujar el Día de la Mujer Trabajadora a golpe de comunicados, manifiestos, artículos y publicaciones de todo tipo, como el de “Bilgune Feminista”.

El objetivo es hacer olvidar la naturaleza de clase del 8 de Marzo, que para nada aparece en este tipo de colectivos estridentes.

Pero si “Bilgune Feminista” no es capaz de ocultar su naturaleza de clase, tampoco logran embaucar a nadie con sus manoseadas invocaciones a Euskal Herria, que para la burguesía es como el buen vino de reserva: añejo, ancestral, tradicional… Lo de siempre, vamos. Criado en barrica de roble del árbol de Gernika.

En la tarjeta de presentación de su sitio web se declaran las sucesoras “de una tradición feminista ya conocida” y, naturalmente, genuinamente vasca. En nuestra ignorancia no podemos sino poner de manifiesto que dicha “tradición” no nos resulta tan conocida, a menos que en Euskal Herria la burguesía considere una “tradición” que transcurran un par de semanas…

Es lo malo de combinar la posmodernidad con el chovinismo burgués, la moda más rabiosamente rompedora con los mitos ajados por el transcurso implacable del tiempo.

Aumentan un 25 por ciento las violaciones en las academias militares de Estados Unidos

El año pasado aumentaron de nuevo las violaciones en las academias militares de Estados Unidos, según un informe publicado ayer por el Pentágono (*).

Durante el año académico 2018-2019 se denunciaron oficialmente 149 agresiones sexuales a las autoridades de las tres academias militares que forman a los futuros oficiales del ejército de Estados Unidos, en comparación con 117 en el año escolar anterior, lo que supone un aumento de más del 25 por ciento.

Según el Pentágono, es difícil determinar si este aumento se debe a una mayor libertad de expresión de un año a otro o a agresiones sexuales más frecuentes.

Cada dos años los 12.900 estudiantes de estas tres academias (West Point para el Ejército, Annapolis para la Marina y Colorado Springs para la Fuerza Aérea) también rellenan un cuestionario anónimo sobre los casos de acoso o agresión sexual que no se denuncian oficialmente.

El informe de este año no incluye los resultados de estos cuestionarios anónimos, sino sólo los casos denunciados a las autoridades de la academia.

West Point, en el estado de Nueva York, tuvo el mayor número de denuncias, con 57 casos. Treinta y tres casos fueron denunciados en la Academia Naval de Annapolis, Maryland, y 40 en la Academia de la Fuerza Aérea de Colorado Springs. El resto de los informes se referían a personal militar ya en el ejército que informaba de supuestos asaltos en estas academias.

El Pentágono no está abordando el problema de las agresiones sexuales en sus filas y el resultado es que el problema está empeorando. Las medidas de prevención no funcionan, según Don Christensen, antiguo fiscal jefe de la Fuerza Aérea.

“Si el Pentágono realmente quisiera hacer responsables a los perpetradores, adoptaría reformas fundamentales del sistema de justicia militar para asignar los casos de agresión sexual a los profesionales”, añadió Christensen.

https://sapr.mil/sites/default/files/DoD_Annual_Report_on_Sexual_Harassment_and_Violence.pdf

El capitalista que violaba y torturaba reiteradamente a los trabajadores

Un capitalista violador y torturador
Ayer el empresario Hugo Larrosa fue juzgado en Chile y condenado como autor de la violación de un trabajador cometida entre los años 2012 y 2015.

La sentencia dice (1) que el capitalista agredió a un trabajador “con golpes de pies y puños”. Le retorció los brazos “para reducirlo, mordió su oreja, le dio azotes con cinturones, lo golpeó con sacos de arroz, además de introducirlo en el interior de un basurero y envolver su cuerpo con cinta adhesiva”.

A un trabajador lo desnudó frente a sus compañeros, lo besó en la boca y le tocó los genitales y el ano.

El capitalista es dueño de la empresa “Don Hugo” y a su fábrica la televisión chilena la llamó la “fábrica del terror”. A “Don Hugo”, el capitalista, le dio el apelativo de “empresario torturador”.

Los abusos sexuales de Larrosa fueron revelados por un reportaje emitido por la cadena chilena 24 Horas, en el que los trabajadores del empresario relataban las agresiones que sufrían de parte del patrono, que eran grabadas por otros trabajadores a petición del dueño.

Hay decenas de grabaciones que muestran golpes con los puños, nalgadas y correazos a los trabajadores.

La audiencia para la lectura de la sentencia se ha fijado para el sábado de la semana que viene y para el empresario la pena podría oscilar entre los 10 y 15 años de cárcel.

El tratamiento de la noticia en la prensa chilena no tiene desperdicio. Los medios hablan de que la víctima es un “extrabajador”, a pesar de que el delito se cometió durante el trabajo (“en el interior de la empresa”, dice la sentencia) y también camuflan su trascendencia mediante el empleo del eufemismo típico del “abuso”, cuando se trata de violaciones en toda regla.

También destacan que el empresario no es chileno sino argentino que, además de una muestra de xenofobia, es una manera de sacudirse la responsabilidad de encima. Este tipo de crímenes responden a la dominación de clase y, muy especialmente, son frecuentes en el caso de las trabajadoras.

Tampoco son una cuestión “de género” y por eso el feminismo burgués oculta un problema que es dramático. Detrás de eufemismos como “abuso” o “acoso” lo que se ocultan son violaciones.

En 1993 una encuesta de la Oficina de Estadísticas del Canadá dedujo que el 6 por ciento de las trabajadoras declararon haber sufrido al menos una forma de acoso sexual en el trabajo en el año anterior. A lo largo de toda la vida laboral, el 23 por ciento de las trabajadoras, es decir, 2,4 millones, informaron de que habían sufrido acoso sexual en el lugar de trabajo.

Otra encuesta del Instituto de Estadística de Quebec de 1998 expuso que el 8 por ciento de las trabajadoras y el 2 por ciento de los trabajadores declararon haber sido objeto de palabras y gestos sexuales no deseados en su lugar de trabajo en los 12 meses anteriores a la encuesta (3). Como muestra la encuesta, los delitos sexuales no son consecuencia de eso que la sociología gringa califica como “género”, sino de la dominación propia de una clase social sobre otra.

Las estadísticas ocultan el problema de clase y lo reconvierten en algo de “género” cuando se dirigen exclusivamente a las trabajadoras. Cautivos del feminismo burgués, los sindicatos también incurren en la deformación de clase. Por ejemplo, en 2008 la Confederación Sindical Internacional aseguró que en la Unión Europea entre un 40 y un 50 por ciento de las trabajadoras habían sido acosadas sexualmente (4). El informe no dice absolutamente nada de los trabajadores, como si el problema no existiera.

Los eufemismos pervierten tanto el problema de clase como el sexual. La OIT dice que este tipo de crímenes se cometen “en el lugar de trabajo”, ocultando que los violadores son los patronos y que se cometen dentro y fuera del lugar de trabajo.

Naturalmente, las violaciones de las trabajadoras quedan fuera del radio de acción del feminismo burgués (por evidentes motivos de clase).

(1) https://www.elmostrador.cl/media/2020/01/LARROSA-VEREDICTO.pdf
(2) H.Johnson, Le harcèlement sexuel au travail, Perspective, Statistique Canada, pgs.11 a 15.
(3) R.Arcand, F.Labrèche, S. Stock, K. Messing, y F. Tissot, Travail et santé, Enquête sociale et de santé 1998, Institut de la statistique du Québec, 2000, capítulo 26, pgs. 525 a 570.
(4) https://www.ituc-csi.org/IMG/pdf/Harcelement_FR_12pgs_BR.pdf

El comercio con niñas que se venden como esclavas domésticas y sexuales en Haití alcanza las 286.000

En Les Verrettes, un municipio de Haití, un antiguo hábito llamado “alantran” permite a los hombres pagar a los padres entre 10.000 y 20.000 gurdes (92 a 185 euros) (1) para adquirir una adolescente de 14 a 16 años como concubina o esposa.

El municipio de Les Verrettes está en el departamento de Artibonite, en lo alto de una cima de montañas rocosas. Es un rincón de unos 2.642 habitantes que alberga el nacimiento de uno de los más grandes presidentes de Haití en el siglo XX: Dumarsais Estimé (16 de agosto de 1946 – 10 de mayo de 1950).

A la transacción económica de adquirir niñas los habitantes de la zona la denominan “alantran”.

El negocio consiste en que  los padres de la joven reciben una compensación en dinero, una especie de dote al revés (2), en el que habitualmente la joven no toma parte.

Los padres intercambian a sus hijas o adolescentes con hombres a precios variables, beneficiándose de la sexualidad de sus hijos para poder hacer frente a su pobreza. Es prácticamente la venta en subasta de personas impúberes que carecen de madurez y consentimiento sexual.

En pequeñas casas de barro, cal viva y madera, madres e hijas inventan una vida en un ambiente montañoso donde, con la altitud, la niebla descarta la calificación de Haití como país tropical.

Resimène Jacques, una madre que acababa de alcanzar la edad adulta en abril de 2019, está amamantando a su hijo de 19 meses, a quien dio a luz a la edad de 17 años. Originaria de la ciudad de Demarré, Jacques explica el procedimiento que la llevó a ser madre. “Tenía 17 años el 17 de junio cuando unos hombres llegaron a casa de mis padres con la suma de 15.000 gurdes (138 euros) (1)”, dice.

Esa fatídica fecha (17 de junio) marca el día en que su destino fue sellado y su “alantran” negociado entre los padres de su actual marido y los suyos. “Cuento la cantidad y se la doy a mi madre antes de hundirme, unos meses después, en los brazos del joven con el que ahora vivo”, explica.

Al igual que Resimène Jacques, que es una de las pocas niñas de la sección vecinal que llega al sexto año de primaria, Alcius Eliamène Joisius, de 19 años, es madre de un niño de apenas un año de edad. En octubre de 2017, cuando tenía 17 años, su actual marido, Arnold Filius, pagó 10.000 guras (92 euros) a Macilia Pierre, su madre, para que Alcius Eliamène Joisius se convirtiera en su esposa. Demasiado feliz, la madre de la niña, que fue bautizada en el ritual de “alantran”, entregó a la niña al hombre que la embarazó el mismo año antes de ir a la República Dominicana para entrar en el “batey” como bracero (3).

Mélius Michelose, otra víctima de esta práctica, no puede precisar su edad porque no tiene documento de identidad. Ella calcula que tiene 17 ó 18 años, mientras que algunos de sus parientes piensan que es un año más joven. En un asentamiento precario, la joven está cría a su hijo de 15 meses, nacido en las mismas circunstancias. Para su unión con su actual cónyuge, el hombre pagó 20.000 gurdes (185 euros) a sus padres, según cuenta ella. “Trajeron el dinero en mi nombre tal como lo hicieron con mi hermana mayor de 21 años”, dice Mélius Michelose, quien nació en una familia donde la práctica de «alantran” se está extendiendo.

Celiphète Célimène, que ahora tiene 33 años y es madre de 4 hijos, recuerda también su compra por su actual cónyuge en 2003. Ella tenía 17 años en aquel momento y estaba en su tercer año de escuela primaria. Su marido, desconocido en ese momento, ofreció 15.000 gurdes (138 euros) a su madre. Al ser menor de edad sólo obedecía las órdenes de sus padres, según dice. “Yo no lo conocía, tampoco lo amaba”, admite de su actual marido. “Después del pago empezamos a reunirnos y hoy es el padre de mis cuatro hijos”, explica con un aire de desolación.

Si los 15.000 ó 20.000 gurdes son percibidos como una forma de compensación por las familias de las jóvenes, la suma es percibida como el precio de compra de estas últimas por los hombres.

Las niñas se rebelan contra esta práctica

Tienen los mismos nombres pero provienen de familias diferentes. Las historias de Alantran teñidas de rebelión son conocidas en toda la ciudad de Démarré. Pierre Jislène no sabe su edad, pero fija el número de sus años en 30. En 2017 señaló accidentalmente el 14 de septiembre de 1989 como fecha de su nacimiento para obtener un certificado. Su desventura con la práctica del “alantran” la deja ahora con la etiqueta de “bruja” en su entorno.

A finales de 2006, cuando supuso que tenía 17 años, los padres de Jislène la enviaron a un caballero con el que tendría que compartir un techo conyugal. Mujer belicosa, cuenta que rechazó inmediatamente esta unión forzada por la que la persona en cuestión pagó 3.500 gurdes (32 euros). Se enfrentó al dilema de dejar su casa o vivir con el caballero en cuestión. Dice que salió de su casa por la fuerza el 15 de enero de 2007 para ir a la casa de su pareja a hacer las tareas domésticas.

En el proceso contó que rechazó cualquier forma de intimidad con este hombre. Una negativa que le costó serias reprimendas de sus padres. “Yo no lo quería”, dice con desdén. “Como resultado, nunca me acosté con él a pesar de las repetidas amenazas y agresiones sexuales de las que fui víctima”.

En 2008 el mencionado señor enfermó y murió a causa de una articulación inflamatoria. La familia de su pareja sospechó que era la autora de la muerte, Jislène Pierre dice que la etiquetaron de bruja. Según ellos, el hombre murió en la fecha exacta que coincide con el primer año de Jislène bajo el hábitat de su comprador.

Jislène Moncius, por su parte, es conocida por su rechazo categórico de un tal Odma, un hombre mayor que ella. Con sólo 17 años, Odma le regaló a su madre 30.000 gurdes (277 euros) en abril de 2019. Quería que la niña, que aún estaba en cuarto año de primaria, se convirtiera en su concubina. Asustada por la noticia, Jislène Moncius, que afirma haber desobedecido a sus padres, dice que se marchó el día en que la entregaron a su comprador. “Me escapé a casa de mi tía el mismo día de la ceremonia” de “alantran”, dice.

Mientras que para algunas niñas “alantran” es la mejor manera de honrar a una niña local, para Jislène, que está en cuarto grado en la escuela Baptise Conservatrice de Démarré, nada la motiva más que su educación. “Prefiero continuar con mis estudios”, argumenta con firmeza. Su sueño más preciado es terminar sus estudios clásicos y luego continuar con la educación superior.

Indignado por esta práctica degradante, el propietario de su escuela, Pierre Wistin, residente en la zona, hace un llamamiento a la solidaridad ciudadana para luchar y prohibir esta práctica. Pero algunas autoridades locales están indignadas mientras que otras están involucradas. “Esta práctica ha existido durante mucho tiempo en la comunidad”, dice un anciano que ahora tiene más de 70 años. El hombre recuerda, en su infancia, que la cantidad de intercambios variaba de 1.500 gurdes a 2.000 gurdes (13 a 18 euros), pero involucraba sólo a adultos en torno a una tradición asimilada a la dote (2). “La presencia de menores hace que la práctica sea obscena”, subraya.

Un auxiliar de la Junta Directiva de la Sección Comunal (Casec), comúnmente llamad “Ayuda Casec”, es consciente de los abusos que pueden resultar de la perpetuación de esta práctica. En su papel como policía municipal local, Ebert Alexandre destaca que la práctica causa daños en ambos sentidos. Los niños no sólo son víctimas de la explotación abusiva de sus derechos, sino que lo peor de todo es que se ven privados de toda libertad para lanzarse a una aventura sentimental a su antojo. “Un niño que no tiene los 10, 15 ó 20.000 gurdes para ofrecer a los padres de las niñas, nunca conocerá a la niña que quiere, aunque se quieran”, dice.

Joel Saintiphard, de Démarrée, fruto del “alantran”, también destaca las violaciones de los derechos que derivan de esta práctica. Según este joven profesor, el “alantran” dificulta seriamente la vida de los menores, pero también cualquier posibilidad de desarrollo de la zona. En aras del compromiso, el joven profesor, que afirma ser uno de los miembros fundadores de la organización MPDDL (Movimiento Campesino de Demarré por el Desarrollo Local), se compromete a trabajar en el campo de la educación, que sigue siendo escaso en la zona.

“Las niñas no tienen acceso a la educación, nadan en la práctica con la esperanza de tener algún día su propia familia”, dice. “En espera del apoyo de las autoridades locales, pronto iniciaremos una campaña de sensibilización para ayudarles”, promete.

El responsable de la Oficina de Protección de los Ciudadanos, Renan Hédouville, lamenta que, tras 215 años de independencia, Haití se enfrente a esas prácticas, que recuerdan los peores episodios de la trata de esclavos y el Código Negro de 1685.

Según el presidente del Comité Nacional de Lucha contra la Trata de Personas, André Ibréus, el “alantran” está considerado como trata de personas y debe ser castigado. “Esta práctica da lugar a una nueva forma de intercambio de seres humanos que resucita, en su materialización, las prácticas coloniales del siglo XVIII”.

Además del “alantran”, Haití languidece tanto bajo el peso del “restavek” (4) como del tráfico transfronterizo o institucional. El informe de este año del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre la trata de personas indica que hay 286.000 niños y niñas que viven actualmente en “restavek”, por lo que Haití sigue siendo, a fecha de hoy, un país de origen, tránsito y destino de la trata de personas a escala nacional e internacional.

http://www.loophaiti.com/content/en-haiti-plus-dune-personne-sur-trois-souffre-de-la-faim-selon-pam

Notas:

(1) La tasa de cambio es de un euro contra 108 guras. 
(2)
España heredó la dote del Derecho Romano. Era una cantidad que pagaba
el padre de la novia para que el prometido se la sacara de casa. La
regulación se derogó en 1981, aunque subsiste en los territorios en los
que prevalece el Derecho Foral, como Aragón, Cataluña, Baleares o
Navarra, a menudo escondidos con la apariencia de capitulaciones
matrimoniales.

(3) En la jerga criolla de Haití, un “batey” es un campamento rural en el que viven los trabajadores que cortan la caña de azúcar en la República Dominicana, a los que llaman “braceros”
(4) Expresión criolla (“reste avec”) que denota la servidumbre doméstica, donde el papel de la niña y la adolescente es a la vez laboral y sexual, al tiempo que el marido ejerce también de patrón.

La lucha contra la explotación de las trabajadoras costureras en México

Sara Lovera

Levantadas sobre los escombros -ya que el sismo dejó atrapadas más de 600 costureras en decenas de edificios de la avenida San Antonio Abad, de las calles de Uruguay, Belisario Domínguez, Perú y José María Izazaga, donde se concentraban pequeñas fábricas y talleres de confección, establecimientos hoy desolados- unas 800 costureras de 40 fábricas, de las más de 11.000 afectadas de 400 establecimientos por el terremoto del 19 de septiembre de 1985, lucharon más de tres años por sus derechos y sus puestos laborales. Protestaron y marcharon por las calles; organizaron mítines y alzaron un campamento.

Sin más recursos que el coraje y la razón, fundaron el 22 de octubre de 1985 el Sindicato Nacional de Trabajadoras de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de Septiembre, encabezado por Evangelina Corona, Alicia Cerezo, Guadalupe Conde, Leticia Olvera y Alejandra Martínez, entre muchas otras.

Organizadas y apoyadas por muy distintos grupos, enderezaron más de 345 demandas ante la Junta de Conciliación y Arbitraje, lograron convenios para 2.000 trabajadoras en cerca de 100 empresas, con indemnizaciones de aproximadamente 429 millones de pesos (24 millones 600 mil dólares). En 84 empresas de la confección y del vestido hubo conflictos de carácter laboral, resueltos y/o archivados, con soluciones de una lentitud ofensiva.

Entonces había exceso de oferta laboral. Las costureras laboraban 11 horas diarias; trabajaban a destajo, no tenían horarios de comida, les pagaban centavos por cada costura, vivían humilladas y sin derechos laborales. Cientos de talleres operaban fuera de la ley. Lo mismo sucede tres décadas después.

Fueron tres intensos años de lucha, ellas en pie. Firmaron condiciones nuevas de trabajo, formaron dos cooperativas; crearon una guardería, se unieron a organizaciones sociales/feministas, pero 30 años después, el sindicato sólo representa a cinco empresas, tres de ellas fuera de la capital, en Irapuato, Guanajuato. Al día de hoy, las condiciones de unas 10.000 trabajadoras no han variado.

Este septiembre de 2015, al caminar por San Antonio Abad, Izazaga, 20 de Noviembre, Manuel Doblado, Belisario Domínguez, Paraguay, Ecuador y Perú, puede verse que los antiguos talleres desaparecieron: hoy son centros de venta de ropa importada que comercializan vestidos de fiesta y pantalones, trajes, sacos y faldas adocenadas provenientes de la maquila internacional.

En mayo de 2015, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ofreció a la Cámara de esa industria un apoyo de 450 millones de pesos (22 millones 500 mil dólares), pues solo en 2014 entraron al país 150 millones de prendas de vestir procedentes del extranjero.
Símbolo encarnado

Frente al lastimado monumento metálico en Tlalpan donde se alzó durante varios años el campamento de las costureras en lucha, que funcionaba como refugio y centro de las movilizaciones, se aprecia un tendajón derruido y gris, donde comenzaron las operaciones del sindicato.

Tres décadas después, aunque no se sabe quién administró y vendió parte de ese terreno, el sindicato sigue en pie, afirma Alejandra Martínez, su secretaria general, quien plantea que en estas décadas la industria se ha reducido; hay, como antes, talleres clandestinos, ubicados desde los años sesenta en Ciudad Netzahualcóyotl; hoy se multiplican en Tlaxcala, y hay una huelga que está por cumplir 38 meses sin que se logre acuerdo alguno: la de la fábrica Cartagena, símbolo encarnado: 21 costureras la sostienen, bajo la lluvia y en contra del desprecio y el olvido de Ernesto Kuri Serú, propietario de la fábrica, quien provocó el paro por negarse a pagar un solo derecho de estas costureras, como si nada hubiera sucedido.

Hoy las costureras, miles desempleadas, sobreviven al infortunio que un día les dio gran fuerza. En Cartagena esperan pacientes una solución.

En el recuerdo de Alejandra está la fábrica de vestidos Read, donde el sindicato operó durante 20 años. Ahí se hacían los vestidos de fiesta, con canutillo y tul; los trajes de novia, otros más de telas finas. Eran 40 las costureras que vieron cerrar el establecimiento en 2004. El combate contra el sindicato fue feroz, nos dice Alejandra.
Un cambio de vida

A Leticia Olvera, la lucha obrera le cambió la vida. Militante de Mujeres en Acción Sindical tras el sismo de 1985, hoy mira el pasado con enojo. «Muchas fábricas cerraron apenas nos organizamos», recuerda. Tal fue el caso de la de ropa íntima Cárnival. Hoy Leticia lucha para que sobreviva una organización de proyectos productivos, y aprendió que además de los derechos laborales, las mujeres necesitan igualdad y derechos sexuales y reproductivos.

Alicia Cerezo reconoce que su vida dio un giro de 90 grados. También se hizo feminista, pero advierte que miles de sus compañeras quedaron atrapadas en una condición lamentable, y que el fracaso del sindicato está ligado a los intereses patronales y al sindicalismo espurio. Las costureras, tal y como fuimos antes, han desaparecido.

Evangelina Corona, quien tras la lucha se hiciera asambleísta, trabaja en una oficialía de partes a su avanzada edad; Alicia y Leticia promueven el seguro de desempleo en módulos de la Secretaría del Trabajo del Distrito Federal; Lupe Conde se jubiló como maestra de corte y confección. Miles trabajaron hasta hace poco, y algunas lograron su jubilación.
Globalizacion y pérdida

Según la Cámara Nacional de la Industria Textil y del Vestido, que dirige Samuel Gersheinch Salvocou, la confección apenas representa el 0,1 por ciento de la industria; la competencia por la apertura internacional tiene colocada a la del vestido en un sistema globalizado que ha eliminado los antiguos talleres y pequeñas fábricas que hace tres décadas, sólo en la capital, llegaron a tener 70.000 costureras.

La información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de las Cuentas Nacionales 2014, señala que en todo el país hay 74.026 trabajadoras formales de la costura, el 1,3 del personal ocupado formalmente en toda la manufactura nacional, y confirma que los salarios anuales de cada trabajadora no llegan más que a 12.000 pesos (600 dólares) unos 700 pesos (35 dólares) efectivos cada semana.

Alejandra Martínez reafirma que las costureras pagadas en nómina no logran más de esos 700 pesos semanales, y en este 2015 en curso, las que trabajan a destajo reciben sólo dos pesos (0.1 dólares) al día por prenda cosida, y las jornadas se extienden hasta por 10 o 12 horas diarias. «No hubo cambio ni hay inspectores en los talleres, ni protección, ni se cumple con el salario mínimo profesional, ni se conmueve la Secretaría del Trabajo», afirma.

Hoy, las grandes tiendas departamentales contratan a empresas de dudoso origen, las llamadas outsourcing, afirma el abogado Manuel Fuentes, uno de los defensores de las costureras, quien añade que, donde hay pequeñas fábricas, existen contratos de protección, es decir, contratos de trabajo que proponen las centrales obreras, sin organizar a las trabajadoras en sindicatos y que sirven para encubrir a la patronal. El abogado de Cartagena Eduardo Díaz confirma que quienes laboran en la costura lo hacen sin derechos.

Sin embargo, el valor de las ventas es hasta de 90.000 millones de pesos (4.500 millones dólares), pero principalmente en la industria de confección en cuero; en la elaboración de alfombras y en la producción de moda en gran diseño.

La ropa popular es china o proveniente de talleres outsourcing que contratan El Palacio de Hierro, Liverpool o Sears, empresas que reciben ropa cortada por diseñadores, con telas importadas y confección pagada a precios irrisorios, informan Eduardo Díaz, Alejandra Martínez y Manuel Fuentes.

Una de las características que definió a la industria que ya tiene más de un siglo de vida, fueron los talleres familiares. En 1985, la mitad de la producción se hacía en estos talleres, ubicados en el Estado de México, hoy en Tlaxcala y en los alrededores de la ciudad de México y de otras capitales, los patrones se ahorran millones de pesos en impuestos. Para las costureras del Distrito Federal, pese a la reducción de la industria por la competencia internacional, la situación actual es semejante a la de esa época.

Una descripción detallada de lo que sucedía en las pequeñas fábricas se lee en un estudio realizado por la Secretaría del Trabajo en octubre de 1985. En el documento sin firma, el anónimo autor señalaba:

«A medida que los medios de comunicación se adentraban en el caso de las costureras, salían a la luz las terribles condiciones de trabajo con que operaba la industria en general, y la casi total inexistencia de protección sindical. Así, se supo que las costureras trabajaban jornadas de más de ocho horas diarias, ya que su salario se les pagaba a destajo, lo que las forzaba a cumplir con cargas de trabajo muy altas; que a menudo había sanciones muy rigurosas por retardos y faltas, y que, dado que existía abundancia de mano de obra disponible, las amenazas de despido resultaban frecuentes y los salarios que se pagaban en muchos casos eran menores que el mínimo. También se supo que muchas veces los empresarios firmaban contratos por una semana con sus trabajadoras para evitar así registrarlas en el Seguro Social.

«Para evitar robos en las empresas, se afirmó que en algunos talleres las trabajadoras eran sometidas a rigurosas revisiones y, en algunos casos, los dueños cerraban con llave los accesos a los talleres mientras las obreras estaban trabajando. Varias versiones de personas presentes durante el sismo sostenían que por esa razón muchas trabajadoras no habían podido salvar sus vidas.

«Estas denuncias provocaron serios reclamos a las organizaciones obreras y a las autoridades del trabajo. El líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Fidel Velázquez, afirmó que la industria textil, principalmente en el rubro de la confección de ropa, era uno de los ramos más incontrolables desde el punto de vista sindical, pues se manejaba en la clandestinidad desde hacía varios años en talleres escondidos con una marcada explotación de la mano de obra, en los que no se pagaba ni el salario mínimo y se negaban prestaciones sociales. Por su parte, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Textil, afiliado a la CTM, Adolfo Gott Trujillo, indicó que la mayoría de los trabajadores que laboraban en los talleres donde se confeccionaba ropa no estaban afiliados a ningún sindicato. Solo una minoría estaba organizada en pequeños sindicatos desconocidos.


http://amecopress.net/Mexico-Costureras-olvidadas-y-explotadas

Los trabajos esclavos de la mujer en el siglo XXI: las aparadoras del calzado

¿Trabajarías 11 horas al día por 400 ó 500 euros al mes? Pues esto está ocurriendo en estos momentos en muchos talleres de aparado, donde miles de mujeres se ven abocadas a trabajar en condiciones precarias.

Si eres mujer y necesitas dinero para sobrevivir, tienes una opción: el aparado de calzado. Sí, para fabricar a mano ese calzado de gran calidad, referencia de poblaciones como Elda, Villena o Elche, que luego verás en las tiendas a 70 euros. Sin embargo, mucho cuidado: el sector tiene uno de los índices más altos de precariedad laboral.

En Villena se especializaron hace años en el calzado infantil. Pero las modas, o la competencia de otros países, han hecho que se compliquen las ventas. ¿Quien lo paga? Las trabajadoras, claro… Los sueldos son cada vez menores, y las horas trabajadas, cada vez más. En muchos casos, hasta 14 horas al día… Y aunque también trabajan hombres, la gran mayoría son mujeres.

Es cierto que hay muchas empresas que cumplen con la normativa laboral, con las medidas de seguridad adecuadas, o que pagan sueldos más o menos razonables, pero también hay otras muchas que utilizan métodos que recuerdan la esclavitud, donde verdaderos delincuentes, inmunes a las denuncias, campan a sus anchas, aprovechándose de la necesidad de las personas para poder explotarlas a su antojo.

El que una trabajadora trate de denunciar su situación supone el despido inmediato, algo que da fuerza a estos explotadores, que, en ocasiones, parecen tener el beneplácito de las autoridades. En numerosas poblaciones de nuestro entorno todo el mundo sabe, exactamente, donde se encuentran estos talleres clandestinos, pero pocos se atreven a denunciar.

¿Y en Caudete…? Por supuesto, también existen. Y la forma de trabajar, la estándar en este tipo de talleres: jornadas de 11 ó 12 horas diarias, mientras obligan a los trabajadores a firmar jornadas de 8 horas, utilizando productos tóxicos sin ningún tipo de protección, sin medidas de seguridad, y con sueldos tercermundistas, muchas veces en metálico para poder camuflar mejor sus irregularidades. Pura y dura explotación. Y no son siempre talleres clandestinos, sino que algunos que están dados de alta incumplen prácticamente cualquier norma con el fin de conseguir sus dividentos a costa de la explotación de sus trabajadores.

Poco a poco, asociaciones y plataformas de aparadoras van surgiendo por nuestro entorno, aunque con muchas trabas. ¿Por qué no se apoyan más estas asociaciones, que no quieren otra cosa que mejorar los derechos de las mujeres trabajadoras de un sector determinado? ¿Dónde están los políticos, esos a los que luego se les llena la boca hablando de los derechos de las mujeres? Llevamos muchísimos años oyendo quejarse a estas trabajadoras, y poco se ha hecho nunca por ellas.

Nos escandalizamos hace unos años, cuando las marcas deportivas utilizaban a niños asiáticos para coser balones, pero no decimos nada cuando explotan a nuestra vecina, que terminará enfermando por causa de los productos que utiliza a diario, o sufrirá dolencias físicas como el túnel carpiano, los dolores cervicales, las hernias o los pinzamientos de tendones, que requieren de numerosas operaciones, y que todavía no han sido reconocidas para este colectivo.

Una injusticia que se justifica con el “o lo tomas o lo dejas”, con aquello de que “crean” trabajo… Entonces, ¿valen para el resto de sectores unas normas, que hay que cumplir a rajatabla, y no valen para el aparado?

Mientras no seamos todos conscientes de que sólo denunciando estas situaciones se puede acabar con esta lacra, miles de mujeres seguirán siendo explotadas sin compasión alguna.

https://caudetedigital.com/aparadoras-las-esclavas-del-siglo-xxi/

La lucha de las mujeres colonizadas contra la esterilización forzosa

Manifestación en Namibia contra las esterilizaciones
Una de las prácticas colonialistas más sucias ha sido siempre la esterilización forzosa de las mujeres locales. Entre 1968 y 1969 los franceses esterilizaron a la fuerza a miles de mujeres en la isla de Reunion.

Es importante aclarar, antes que nada, que en aquel momento el aborto era un delito grave en la legislación francesa. En la metrópoli el aborto se impedía y en la colonia se imponía.

En enero de este año 30 diputados franceses exigieron una comisión de investigación sobre abortos forzados y esterilizaciones en la isla de la Reunión durante la década de los sesenta, lo que será un poco complicado porque han hecho desaparecer el registro de pacientes de las clínicas que practicaban las esterlizaciones y los abortos.

Los diputados, incluidos los representantes electos de los grupos La France insoumise, Les Républicains, UDI y GDR (comunistas y representantes electos de izquierdas en el extranjero), quieren tener “una idea precisa del alcance de los hechos (las declaraciones de días de hospitalización y los testimonios que sugieren que el número de víctimas puede ascender a varios miles de mujeres)” y evaluar “el alcance de las responsabilidades personales e institucionales”.

En un reciente libro de Françoise Vergès, titulado “El vientre de las mujeres”, la autora estima entre 6.000 y 8.000 el número de esterilizaciones practicadas en la colonia.

En su petición los diputados franceses señalan que sólo 36 abortos fueron procesados y condenados, un número relativamente bajo en comparación con el número de actos consignados por la prensa en aquel momento y con el hecho de que se publicaran “anuncios publicitarios que podrían caracterizar la existencia de una política antinatalista por parte del Estado en la Isla de la Reunión”.

El caso fue revelado en 1970 por un médico. Al año siguiente un juicio por “maniobras de aborto” contra tres médicos y una enfermera de una clínica terminó con sentencias que iban desde los dos años hasta la absolución. Al director de la clínica le declararon civilmente responsable sin haber sido condenado.

No sólo el proletariado, también los pueblos colonizados, tienen un criterio muy divergente sobre la mujer, el feminismo y la reproducción del que impera en las potencias imperialistas. Recientemente las mujeres namibias se manifestaban por lo mismo: aquellas que habían sido dignosticadas como seropositivas, fueron esterlizadas a la fuerza.

En África contra quien luchan las mujeres es contra el colonialismo, lo mismo que aquí contra quien luchan es contra el capitalismo.

La película “Las 30 mujeres valientes de La Reunion, un asunto olvidado” de la directora Jarmila Buzkova reconstruye aquel crimen colonial

https://www.journaldesfemmes.fr/loisirs/tv/2487076-30-courageuses-reunion-france-o/

Otro vídeo: La Réunion, Discrimination raciale des avortements forcés
http://www.youtube.com/watch?v=oGhQ8ZDNa00

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