La web más censurada en internet

Etiqueta: Movimiento de Resistencia (página 5 de 9)

Las ambigüedades de los movimientos de liberación nacional

Por su propia naturaleza, que va más allá de las clases y de la lucha de clases, los movimientos de liberación nacional son ambivalentes, a lo cual hay que añadir la confusión que crean a su alrededor, por lo que ellos dicen de sí mismos, así como por lo que, desde fuera, los demás dicen de ellos.

Por su heterogénea composición social, los movimientos nacionales no son nada en sí mismos; no se les puede juzgar sino por su dirección, por quién dirige el movimiento nacional y contra quién -o contra qué- lo dirige. Entonces es cuando todas y cada una de las ambigüedades se esfuman.

La lucha de clases es el motor de la historia; por lo tanto, también es el motor de todas las luchas de liberación nacional. Si a los movimientos nacionales se les despoja de las típicas ambigüedades terminológicas en las que se cobijan (países, pueblos, razas), no quedan más que dos preguntas que formular: con independencia de los distintos sectores sociales que integran el movimiento nacional, ¿qué clase social lo está dirigiendo y contra qué o contra quién lo dirige?

Hay naciones y naciones. Cuando hay opresión nacional no hay una única nación, sino dos. La primera confusión de la lucha de liberación nacional es que políticamente no todas las naciones están en el mismo plano y que la distinción entre una nación opresora y otra oprimida, que parece banal, no lo es, por múltiples motivos, entre otros por el cúmulo de agravios históricos, reales o fingidos, que unas naciones acumulan contra otras. Por eso el victimismo nacional es siempre tan frecuente y las naciones opresoras se hacen pasar por lo contrario.

La lucha de liberación nacional no se puede dejar en manos de los nacionalistas precisamente porque en la opresión nacional hay dos naciones. Sólo hay un punto de vista capaz de reconocer la opresión nacional y luchar contra ella, que es el internacionalista, es decir, el punto de vista de aquella clase social que no tiene patria y cuya lucha, por consiguiente, no sólo no es nacional sino que está por encima de las naciones y del nacionalismo.

El proletariado lucha contra cualquier forma de opresión, por lo que está siempre por la liberación de las naciones oprimidas y también tiene claro contra quién y contra qué debe dirigirla, contra la burguesía, y quiénes son sus aliados, los trabajadores, cualquiera que sea su nacionalidad. Ese es el significado exacto del internacionalismo que, en las condiciones históricas actuales, o sea, en las condiciones del imperialismo, es la única manera de resolver la opresión nacional.

El proletariado está absolutamente enfrentado a cualquier forma de chovinismo procedente de la burguesía de las naciones opresoras. Mientras en las naciones oprimidas el proletariado tiene un camino que recorrer con la burguesía, en las opresoras no tiene abslutamente ninguno. Este es un aspecto en el que la clase obrera no puede admitir ninguna clase de compromisos y su batalla contra cualquier clase de chovinismo en defensa de la unidad del Estado no admite matices.

Si el proletariado no tiene patria no tiene sentido preguntar a qué «parte» del proletariado le corresponde dirigir la lucha de liberación nacional porque es una clase social que es internacional y no tiene «partes»: la liberación nacional es una tarea que incumbe, pues, tanto al proletariado de la nación opresora como al de la nación oprimida.

La lucha de liberación nacional no es ajena al proletariado, cualquiera que sea su origen nacional. Por lo tanto, el proletariado tampoco es ningún «aliado» porque la liberación nacional es parte integrante de su programa revolucionario.

Los CJC y el Sindicato Estudiantil

Rafael Boso


(A propósito de un artículo de Guillermo De Tuya, miembro del Buró Político de los CJC y de la Comisión de Movimiento Estudiantil del Comité Central.)



Para los CJC, el «movimiento estudiantil» parece ser que ha llevado consigo un lastre durante décadas y que ya es hora de «superar». Uno de ellos es el reformismo de Estudiantes en Movimiento y otro es la «dirección» del ficticio Sindicato de Estudiantes (lo cúal ya es de por sí curioso que un sindicato ficticio dirija todo un «movimiento» e incluso lo lastre durante décadas). Por tanto, la solución que encuentran es la creación de un sindicato a nivel estatal, que vertebre la «resistencia popular contra el desmantelamiento de la educación pública». Un «sindicato estudiantil a nivel estatal, que supere las divisiones ficticias de corte nacionalista, construido desde la base, donde las asociaciones de centro sean, como en caso de las asambleas de trabajadores, el lugar de decisión.»

Sin embargo, todo esto presenta un problema que parece ser que el Buró Político de los CJC no quiere ver, y es la inexistencia del movimiento estudiantil. A diferencia del movimiento obrero o el movimiento burgués, el movimiento estudiantil por sí solo no es nada. El movimiento estudiantil solo se explica si es hacia algún lado, es decir, como la organización de unos determinados estudiantes que van hacia unos determinados fines. Realmente no hay un movimiento estudiantil, sino muchos movimientos de estudiantes.

Por lo tanto, contrario a lo que dice Guillermo De Tuya, el movimiento estudiantil no se puede entender como un movimiento único con fines objetivos y mucho menos como un movimiento cuya realización es autosuficiente. En pocas palabras: no se puede entender como una lucha económica y, en consecuencia, como una cuestión sindical. 



El derecho a la educación pública (que es lo que los CJC quieren proteger), no es un derecho económico de los estudiantes: es un derecho político. Que debe defenderse y, en consecuencia, vertebrarse, a partir de los que ganaron ese derecho, es decir, la clase obrera y los sectores populares. 



Cuando los estudiantes salen a la calle contra los recortes, no están participando del renombrado «movimiento estudiantil», sino del movimiento obrero (sean conscientes o no). Y no están realizando ninguna lucha sindical. Es un movimiento de estudiantes concretos que se reunen para defender derechos políticos concretos los cuales son intereses objetivos de una clase concreta. Es un grupo de estudiantes que están apoyando una lucha obrera. Al igual que puede haber grupos de intelectuales, de cineastas o de músicos que se solidaricen, apoyen y luchen en ciertas batallas del movimiento proletario. 



La historia así lo demuestra en todos y cada uno de los episodios donde los estudiantes han jugado un importante papel. ¿Por qué luchaban los estudiantes? ¿Acaso los movimientos de estudiantes en México en la década de los 60 no surgieron a raiz del imperialismo norteamericano? ¿Y no surgieron las principales organizaciones estudiantiles del Mayo francés como reacción a la colonización de Argelia y a la guerra del Vietnam, como por ejemplo los comités anticolonialistas o los frentes antifascistas de universitarios? ¿Donde está ahí el sindicalismo estudiantil?


Cuando interviene el llamado «sindicalismo estudiantil» es solamente para ir en contra el movimiento revolucionario. Un claro ejemplo es la conocida «Noche de los lápices» ocurrido en La Plata, Argentina, donde los 10 secuestros de estudiantes a mano de la dictadura de Videla se relacionaron con una protesta para reestablecer el llamado «Boleto Estudiantil», es decir, una reivindicación de naturaleza puramente de estudiantes, para reducir el costo del autobús. Pero realmente esa protesta fue un año antes de los secuestros. Los supervivientes luchan hoy día para destruir este mito y reclaman que si fueron capturados fue por su militancia y lucha consecuente contra la dictadura. 

En España también podemos reclamar experiencias de organizaciones estudiantiles con un sentido político, complementario del movimiento contra el Estado. ¿Revertían las movilizaciones de estudiantes de los 60 formas sindicales o complementaban a las verdaderas formas sindicales que eran los obreros como en el caso de la huelga en el cinturón industrial de Madrid en Octubre del 67? 



Que los estudiantes necesitan organizaciones de corte politizado más allá de reivindicaciones por la educación (que también) es algo que estaba claro en el movimiento comunista español y se materializa con organizaciones como los Comités de Lucha Estudiantil (impulsado por la Organización Marxista Leninista de España) o la Organización Democrática de Estudiantes Antifascistas, cuya publicación (Prensa Libre) trataba temas políticos que denunciaban la reforma del régimen fascista en los 70 y desenmascaraban al carrillismo. El Estado supo que hacer con estos estudiantes que terminaron dando con sus huesos en la cárcel. 



Ya Lenin hablaba de llevar a los estudiantes el programa político, entendiendo que el estudiantado en abstracto no es quien emite las señales y aporta un carácter propio al movimiento político, sino que debe ser el movimiento político quien se interne en el espacio donde se mueve el estudiantado concentrado (como pueden ser las universidades). En 1908, ante una huelga puramente académica en la Universidad de San Petesburgo, Lenin decía a los jóvenes socialdemócratas rusos: «Nuestra tarea estriba en (…) que nuestras viejas consignas -que siguen siendo actuales por completo- de derrocamiento de la autocracia y de convocatoria de la Asamblea Constituyente vuelvan a ser objeto de discusión y piedra de toque de la concentración política de las generaciones lozanas de la democracia». 

Por tanto, no solo basta en las movilizaciones por la educación dar soluciones referentes solo a la educación, en un ejercicio de metafísica cómo acostumbra a hacer los CJC, cuya máxima en estos casos llega a: «por una educación al servicio de la clase obrera y sus hijos/as», algo que no se concreta en nada.





Caeríamos en el más absurdo individualismo y corporativismo diciendo que si en una clase no hay suficientes sillas para los alumnos, es un problema de los alumnos y no de la vulneración de un derecho político. De la misma manera que la falta de camas en un hospital no es un problema del paciente que le toca en concreto esa situación, sino de todos los pacientes: es decir, de todos nosotros, ya que no tenemos lo que nos corresponde. 



Esa especie de religión incuestionable (fruto de dinámicas postmodernistas asumidas por un revisionismo en crisis, como suele ocurrirles con lo que llaman “feminismo de clase” o “ecologismo”) de que es el estudiante quien tiene que luchar por la educación pública, como si fuera, lo que ellos llamarían, el “sujeto natural” de esa lucha, es el verdadero lastre que acarrean todas estas organizaciones llamadas comunistas. No han aprendido nada y están conduciendo a esos movimientos de estudiantes por la educación pública a ser carne de cañón de la pata reformista del régimen (lo que parece no incomodarle mucho al PCPE y CJC) y a desorganizar y a confundir a la lucha popular. 

La conclusión a la cual se quiere llegar es que no tiene sentido alguno hablar de un «Sindicato Estudiantil» que se organice «como en el caso de las asambleas de trabajadores», el estudiantado en general tiene diferentes intereses de clase. De lo que hay que hablar es de organizaciones de estudiantes destinadas a complementar una lucha política, como puede ser la de apoyar al Movimiento de Resistencia Antifascista, es decir, al movimiento independiente (respecto al Estado) de la clase obrera y el pueblo. 






Y aplicar, sobretodo aplicar, nuestros análisis del «movimiento estudiantil» en clave economico-políticas al movimiento obrero. Porque es curioso que Guillermo De Tuya diga que el Sindicato de Estudiantes tiene «claras conexiones con el PSOE y otros elementos antipopulares», que «convoca huelgas fantasmas apoyadas por los mass media» y que provocan la «desmovilización de las y los estudiantes» con estas pantomimas, y sin embargo, los CJC junto a su partido (el PCPE) secunde todas y cada una de los actos, concentraciones, movilizaciones y huelgas de CCOO y UGT, que no es que tengan «claras conexiones con el PSOE», sino que son el PSOE. Que no es que convoquen «huelgas falsas» desde un verticalismo descarado que provoquen la «desmovilización» de los trabajadores, sino que su práctica diaria a favor de ellos mismos, la patronal, provoca la desorganización de la clase obrera.



Solo hay que ver el número de trabajadores sindicados en España y estudiar las luchas obreras más puntales desde la transición hasta hoy, para darnos cuenta que estos «Sindicatos» nunca han contado en nada y cuando lo han hecho siempre ha sido a remolque (después de una negativa sobrepasada por la organización independiente de los obreros). 



Es ahí hacia donde apunta el movimiento obrero. Guillermo De Tuya plantea lo mismo respecto al Sindicato de Estudiantes y Estudiantes en Movimiento (del cual, por cierto, los CJC fueron hasta hace poco uno de sus principales impulsores). Dice que la organización independiente a estas pantomimas se está mostrando «cada día como la fórmula superadora». El Sindicato de Estudiantes es una gota de agua comparado con CCOO y UGT. ¿Hasta cuando los CUO van a dejar de llamar a sus huelgas? ¿Hasta cuando el PCPE va a dejar de crear bloques detrás de estos verdugos del movimiento obrero? ¿Se va a poner a organizar la lucha independiente como pretende hacer en el «movimiento estudiantil» o va a seguir llamando a los jóvenes a afiliarse a las Áreas de Juventud de CCOO y UGT como hacía explícitamente hace poco Ester Cubero, miembro de la dirección de los CJC, en una entrevista? ¿Cuando los CJC y el PCPE van a entender la diferencia entre ir a una huelga falsa (que hay que ir) y secundar, organizar y contribuir a una huelga falsa? 



Resulta que no tienen pelos en la lengua para hablar del Sindicato de Estudiantes como un todo y señalar (correctamente, por cierto) el papel que juega respecto a los estudiantes que se mueven, sin embargo, en vez de hacer lo mismo con los sindicatos del régimen, se limitan a mencionar a unas cúpulas malvadas que tienen secuestradas a las bases revolucionarias. ¿Por qué no especifican, como en el caso del Sindicato de Estudiantes. el lugar que ocupan estos sinvergüenzas en el movimiento obrero? ¿Sería eso dejar de lado a los trabajadores honrados sindicados en CCOO y UGT? ¿Acaso ellos están dejando de lado a los estudiantes honrados del Sindicato de Estudiantes y Estudiantes en Movimiento?



Después de este (obligado) gran paréntesis hay que concluir recalcando que los comunistas deben fomentar e impulsar la creación de organizaciones estudiantiles enfocadas a la lucha contra el Estado, comités de resistencia formados por estudiantes donde se discuta y se realice la labor de complementar el movimiento obrero. Donde se trabaje por hacer llegar a los estudiantes el combate contra todas las vulneraciones de los derechos que realiza este Estado: no solo los de la educación, si no también los de la sanidad, los de la mujer, los de la viviencia, los de la memoria histórica, los de las libertades civiles, los de la soberanía de los pueblos o los del trabajo. No crear un «movimiento estudiantil» abstracto y artificial que tenga sus propios derroteros, sino llevar a las aulas el movimiento independiente de la clase obrera y el pueblo que lleva resistiendo desde hace 75 años a la oligarquía financiera, a sus fuerzas del orden, a sus tribunales políticos y a sus principales capitostes, que se presentan bien en forma de Movimiento Nacional como lo hacían hace unos años o bien en forma de Monarquía Parlamentaria como lo hacen actualmente.


La burguesía con ropajes marxistas o CJC sobre Gamonal

«La
sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es
imposible sin una revolución violenta.»[1]
Esta
frase la dijo Lenin en su afamada obra «El Estado y la
revolución», escrita en el año 1917. En este texto, Lenin nos
explica de forma magistral la necesidad de destruir el aparato
burocrático-militar del Estado burgués para poder crear a partir de
ahí el nuevo Estado proletario, el Estado socialista, que
progresivamente irá extinguiéndose conforme los antagonismos de
clase vayan desapareciendo, hasta llegar a la sociedad comunista.
Pues bien, parece ser que después de casi un siglo de este libro, no
se han enterado de esto ciertas organizaciones que se declaran a sí
mismas como «comunistas». En esta ocasión me vengo a
referir a los llamados CJC (Colectivos de Jóvenes «Comunistas»),
organización de ámbito juvenil cuyo referente es el PCPE («Partido
Comunista» de los Pueblos de España), que recientemente ha
publicado un artículo en su órgano de expresión «Tinta Roja»
con un título que por lo menos suena bastante atractivo: «Un
acercamiento al debate sobre el uso de la violencia y la no-violencia
en la lucha popular»
Para
empezar, decir que más que un acercamiento, el texto parece más
bien un distanciamiento. En este artículo nuestros queridos
«tintarojistas» a lo que se dedican es a echar balones
fuera aprovechando los últimos acontecimientos de las luchas obreras
y populares que se han dado en nuestro Estado, en concreto, la lucha
realizada por los habitantes del burgalés barrio de Gamonal. Estos
vecinos se dieron cuenta que las vías pacíficas para conseguir la
paralización de las obras del bulevar que en su barrio se quería
construir eran insuficientes, y tomaron la vía de la lucha violenta
como método para frenar las obras y, de hecho, las consiguieron
frenar. Pero, de este acto de absoluta y ejemplar resistencia,
nuestros «tintarojistas» han querido sacar un artículo,
explicando que, si bien esta vía es útil, no es la única vía, ni
tan siquiera la vía principal, todo ello dentro de un lenguaje
bastante demagogo y poco concreto. Nuestros queridos camaradas han
querido venirnos a explicar que ellos no son ni «pacifistas»
ni tampoco «terroristas itinerantes», que ellos han
encontrado el sagrado equilibrio entre estas dos posturas del
movimiento de masas.
Bien,
si esto último es cierto, nuestros queridos compañeros han
encontrado el camino hacia la revolución de una manera cuanto menos
«novísima», ya que nunca en la historia de la humanidad se
ha dado una revolución como la que ellos predican. Pero bien,
pasemos a examinar cómo es la revolución que nuestros camaradas han
descubierto y que ha estado oculta para todos los
marxistas-leninistas durante siglos. Para ello pasemos a analizar,
cómo nuestros «tintarojistas» dan una «magistral
lección» de «marxismo» a los que ellos llaman
«fetichistas de la violencia»:
«La
violencia se ejerce contra personas o bienes con la esperanza de que
la clase trabajadora, desorganizada, desarmada ideológicamente y sin
ningún contacto con ellos se levantará al observar sus proezas en
las pantallas de televisión… la revolución no se prepara
acumulando fuerzas sino actuando diariamente contra todas las
«manifestaciones» del sistema imperante.»
Me
parece curioso que digan que la violencia se ejerce contra «personas»
o «bienes» pero ¿qué personas? ¿qué bienes? ¿Es acaso
poco legítimo que un vecino de Gamonal que lleva años viendo como
su barrio se arruina poco a poco, quedando cientos de familias en la
calle en la más absoluta de las miserias, decida ahora quemar un
contenedor? ¿Tienen nuestros «tintarojistas» algún tipo
de cariño especial por el mobiliario urbano de esa zona? ¿O no será
acaso que no capaces tan siquiera de organizar toda esa violencia
espontánea que ellos llaman y por eso deciden echar balones fuera y
atacarla sin ninguna piedad? Luego estaría bien que nos explicaran
qué tipo de personas fueron sobre las que se ejerció la violencia,
porque tampoco lo especifican y, que yo sepa, las únicas «personas»
sobre las que los vecinos del Gamonal ejercieron la «violencia»
fueron unos señores llamados policías, antidisturbios, etc. Es
decir, estos vecinos ejercieron su legítimo derecho a la
resistenciaante los atropellos y la represión que sufrieron por
parte de los perros del Estado fascista español. ¿O hay que
recordar todas las detenciones arbitrarias que la policía realizó
durante las protestas, llegando a haber varias decenas de presos e
incluso dos personas con cargos? ¿Está mal ejercer la resistencia
contra todos estos atropellos? Que venga el señor que escribió este
artículo y me lo explique, porque yo no entiendo nada. ¿Los
comunistas a quién defendemos? ¿A la inmensa masa de trabajadores
explotados por el capitalismo o a los antidisturbios? Porque si es a
los segundos, señores, yo me bajo del carro.
La
segunda parte del texto nos habla de que la revolución se prepara
«acumulando fuerzas». Bien, y yo les pregunto a nuestros
queridos periodistas: ¿cómo se acumulan fuerzas? Que yo sepa, la
acumulación de fuerzas es parte de un proceso dialético en el cual
la fuerza dirigente (el partido comunista) debe ligarse estrechamente
a las masas, organizarlas y brindarles todo su apoyo en todas y cada
una de las luchas que hagan. Si bien es cierto que muchas de las
luchas obreras son espontáneas, lo que no se puede hacer es condenar
este carácter espontáneo de las luchas, por muy violento que sea,
sino comprenderlo, organizarlo y darle una dirección política, algo
que nuestros «tintarojistas» no han entendido ni van a
entender jamás. Para ellos, todo lo que vengan de fuera, será
espontaneísmo despreciable al cual hay que denigrar, condenar y
escupir. Si así pretender ganar a las masas, van por el mal camino.
En este sentido hay una frase que siempre me ha parecido muy justa:
«El partido debe de estar allí donde estén las masas y
organizarlas; si las masas están en la desorganización, el partido
debe ir a la desorganización y organizarla». Este cuento
deberían aplicarlo nuestros iluminados camaradas, ya que donde se
acumulan fuerzas es en el día a día de la lucha de masas, en la
vanguardia de esta, dirigiendo esta lucha en primera línea de
batalla, no en la retaguardia escondidos detrás de vuestras banderas
y pegatinas.
«No
tenemos reparos en recurrir a la violencia cuando esta táctica
contribuye al fortalecimiento de nuestra estrategia;por eso estamos
al lado del obrero de Gamonal que decide emplear la violencia para
resistir a las cargas de la Policía Nacional y criticamos al
anarquista que quema un contenedor en una manifestación. No hay
contradicción alguna entre una postura y otra.»
Decir
que no existe contradicción entre una postura y otra, no quiere
decir nada, amigos míos, porque, de hecho, la contradicción existe
¿Condenáis el que un militante anarquista queme un contenedor? ¿Qué
pasa si lo quema (como hemos dicho antes) un obrero del barrio de
Gamonal que no está organizado en nada? ¿Es igual de condenable? Si
al fin y al cabo ninguno de los dos está organizado, ¿qué
diferencia hay? ¿que uno se declara anarquista y otro no? ¿no puede
haber obreros anarquistas en Gamonal? ¿las acciones de estos
anarquistas es espontánea pero la del obrero desorganizado no? Que
alguien me explique esto también, por favor.
Decía
Lenin: «No son las acciones de guerrillas las que desorganizan
el movimiento, sino la debilidad del Partido, que no sabe tomar en
sus manos tales acciones.»[2] Y esto mismo es lo que nuestros
queridos «tintarojistas» no han entendido. Las acciones de
guerrilla urbana en este caso y demás no son malas, ni desorganizan
al movimiento de hecho; estas respuestas son naturales por parte de
la clase obrera, sobretodo ante la represión y las condiciones de
miseria que el Estado capitalista español les impone. Los obreros
llegan a un punto en el que no pueden más, estallan y pasan a la
ofensiva de manera desorganizada y espontánea. Pero el problema no
está en que el obrero pase a la ofensiva, el problema es que los que
se llaman a sí mismos «partido comunista» como nuestro
aclamado PCPE no sepan organizar esta ofensiva y se
dediquen a decir que estos métodos violentos son obra de
individualistas, blanquistas, espontaneístas, anarquistas y una
larga ristra más de adjetivos… Si eres el partido, tienes que
saber organizar estos momentos de ofensiva y de actividad violenta de
las masas y darles una dirección política, pero al parecer a
nuestros «tintarojistas» esto no les importa demasiado y
pasande darle importancia a una cuestión que es fundamental.
Con
todo este párrafo lo que vengo a concluir es que a los CJC les
parece muy bien si tal vez un obrero de un CUO decide quemar una
papelera. Sin embargo, si lo hace una persona de otra organización o
simplemente un obrero que está harto de la situación y que no
milita, les parece un pecado, un ataque contra el movimiento
revolucionario. ¡Y encima lo condena! Todo un ejemplo revolucionario
el que nos dan nuestros CJC.
Sigamos
pues con el resto del artículo:
«A
riesgo de despertar críticas airadas de los fetichistas de la
violencia, diremos que para nosotros es preferible una manifestación
pacífica con miles de obreros a un altercado violento protagonizado
exclusivamente por gente politizada.»
Esta
es una de las partes en las cuales más se retratan. Para ellos,
sacar a miles de obreros a las calles en una manifestación les
parece la cosa más sencilla del mundo, y fácil de hacer además. Es
tan fácil que no les es necesario ni que los obreros estén
politizados: los obreros salen por su propia moral cristiana en
manifestación, no salen debido a su conciencia política para
conseguir un fin político, claro que no. Los CJC tienen
un concepto curioso de lo que significa el movimiento revolucionario.
Ellos no intentan politizar a la gente; ellos sólo quieren sacar una
multitudinaria manifestación a la calle para hacerse la foto y,
después, vuelta para casa. Creo que no hace falta aclarar que
nosotros los marxistas preferimos siempre la calidad antes que la
cantidad y que, además, nuestra finalidad es dar un sentido político
a las luchas obreras (politizar a los obreros). Se ve que el PCPE
prefiere sacar 3000 personas a las calles sin politizar, simplemente
por el mero hecho del movimiento por el movimiento. Ellos no
persiguen un fin como perseguimos los marxistas, ellos sólo
persiguen el movimiento, las manifestación llenas de gente que van
dando vueltas sin sentido por toda la ciudad, como si de zombies se
tratara. ¡Qué curiosa es la línea política de los CJC! ¿He oído
Bernstein?
«Aún
seguimos preguntándonos cómo logran algunos de estos izquierdistas,
aquellos que no se casan con la tradición libertaria pero sí actúan
como si fuesen parte de ella, reivindicar la revolución de octubre
de 1917 si ésta se logró prácticamente sin muertos.»
¿Es
necesario decir que esto es una absurda memez? ¿En serio alguien que
haya leído esto se lo toma enserio? En fin, se habla de hasta de 5
millones de muertos en el bando del Ejército rojo durante la guerra
civil rusa, sólo durante la guerra civil rusa, sin tener en cuenta
todos los acontecimientos de la revolución de octubre y demás. Debe
ser que, para los CJC, 5 millones de heroicos combatientes soviéticos
les parecen pocos y no les importan demasiado. Tal vez hay que
explicarles las diferencia entre muchos y pocos, porque no la han
entendido bien, quien sabe. De igual forma no voy a profundizar más
en este tema porque me parece que este argumento se cae por su
propio peso. Por cierto, los primeros que empezaron a dar una visión
de la revolución rusa como una revolución pacífica y sin apenas
muertos, fueron los jruschevistas ¡Qué embarazoso!
Citemos
de nuevo a Lenin si les parece:
«En
toda guerra, cualquier operación lleva un cierto desorden a las
filas de los combatientes. De esto no puede deducirse que no hay que
combatir. De esto es preciso deducir que hay que aprender a combatir.
Y nada más.»[3]
¿Bien,
algo más que decir? ¿Señores de CJC el problema es de las personas
que combaten al sistema, o de ustedes que no son capaces
de aprender a combatir?
Otra
vez:
«Cuando
veo a socialdemócratas que declaran arrogante y presuntuosamente:
nosotros no somos anarquistas, ni ladrones, ni bandidos; estamos por
encima de todo eso, rechazamos la guerra de guerrillas, me pregunto:
¿comprenden esas gentes lo que dicen?»[4]
¿No
les recuerda extrañamente la posición que los CJC mantienen a la
visión socialdemócrata que Lenin está criticando en este ocasión?
Será que la nueva revolución que los señores de los CJC han
encontrado y que permanecía oculta ¿Es acaso el mismo concepto de
revolución que tenían estos socialdemócratas rusos condenadores de
la guerra de guerrillas? En efecto, podemos concluir que sí, que
esto es así y que es totalmente justa esta afirmación.
Por
tanto, y para ir concluyendo, porque sé que el artículo ya se ha
hecho bastante extenso, me gustaría decirles a nuestros
«tintarojistas» que sacar de contexto frases y demás sin
entenderlas y sin darles un fundamento político, y sin aplicarlos a
la realidad concreta, no sirve de nada, pues son sólo frases al fin
y al cabo. Como decía Lenin, los marxistas debemos saber adaptarnos
a los métodos de lucha existentes del momento concreto en el que
desarrollemos nuestra tarea política y en estos momentos ese tipo de
lucha en el Estado fascista español, si quiere ser consecuente, debe
de ser realizada de manera clandestina, y orientada a dirigir un
movimiento político de resistencia independiente del Estado, puesto
que, en la época que nos ha tocado vivir, el Estado jamás nos
dejará acumular fuerzas de manera pacífica y legal, como ya tantas
y tantas veces nos ha demostrado. Sólo hay que echar un vistazo a
nuestro código penal encontrarte leyes como «La ley de
partidos» o las distintas «Leyes antiterroristas», u
ojear nuestro pasado más reciente con el terrorismo de Estado para
darte cuenta de que la realidad que nos ha tocado vivir. La tarea de
organizar la revolución, es muy distinta a la tarea de los
bolcheviques en el 1917, ya que es una tarea mucho más ardua y
complicada, que posee en nuestro caso un carácter prolongado.En
nuestra realidad concreta, el método de lucha no puede ser legal
como nuestra propia experiencia demuestra. Por mucho que que nuestros
amigos del CJC se empeñen en decirlo. Pero, en fin, esto es lo que
pasa cuando unos filisteos que se hacen pasar por comunistas,
intentan entrometerse en los asuntos de los verdaderos
revolucionarios profesionales, es decir, de los comunistas.
¡Ah,
por cierto! ¡Casi se me olvidaba! Sobre el tema de Blanqui,
solamente decir que para ser una persona totalmente desconocida por
las masas, tuvo uno de los entierros mas multitudinarios que se
recuerdan y consiguió llegar a ser diputado, aun estando en la
cárcel, siendo elegido por las masas populares francesas. Así que,
si Blanqui apenas era conocido, también creo que sería correcto
concluir que el PCPE ni tan siquiera existe, pero eso es otro debate.
Señores de CJC, que una cosa es criticar el blanquismo y otra cosa
es falsear la historia, aunque, bueno, por otro lado, lo de falsear
la historia es algo que ustedes y su partido saben hacer bastante
bien.
José
Guillén.
Notas:
[1]
Lenin: El Estado y la revolución- Capítulo I / Apartado IV:
«La extinción del estado y la revolución violenta»
Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/
[2]
Lenin: Guerra de Guerrillas- Capítulo III / Párrafo VII
Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm
[3]
Lenin: Guerra de Guerrillas- Capítulo III / Párrafo X
Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm
[4]
Lenin: Guerra de Guerrillas- Capítulo III / Párrafo XI
Edición: 
http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm

‘Tinta Roja’ resbala hacia la infamia fascista

 Juan Manuel Olarieta

Con la invocada pretensión de abrir un debate sobre el uso de la violencia en la lucha popular, Domenec Merino publica un artículo en la revista «Tinta Roja» (*), que es verdaderamente bochornoso, porque en este país no hay ni puede haber tal cosa. Los que califican a eso como un debate o sueñan que tal debate es posible aquí y ahora, engañan a sus lectores, por una sencilla razón: porque sólo se pueden expresar los mismos de siempre, los fascistas, los pacifistas y los oportunistas. El debate se reduce a ellos; ellos se lo guisan y se lo comen.

Por el contrario, esos a los que Domenec califica como encapuchados (blanquistas, anarquistas) no pueden exponer abiertamente sus propuestas. El debate está, pues, trucado desde el principio. Domenec sabe que tiene carta blanca, que no le van a acusar de «apología del terrorismo», mientras que los otros tienen un problema mucho más serio: tienen que callarse la boca, lo que los oportunistas como Domenec aprovechan a la perfección para explayarse en exclusiva.

Bajo la ridícula pretensión de una «observación empírica de la sociedad» el artículo hace apología del fascismo y de la represión; critica un tipo de violencia, la de las masas, y oculta la violencia de los antidisturbios, que deja en un segundo plano.

Según el cabecilla de CJC, en Gamonal la lucha ha revestido un carácter violento, lo cual es sólo una parte de la realidad. Esa ocultación va luego seguida de una segunda, aún más importante: ¿por parte de quién ha sido violenta?, ¿quién es el violento?, ¿a quién llama violento Domenec?, y ¿quién hizo que lo que hasta un determinado momento era pacífico cambie de signo? ¿Acaso la lucha en Gamonal empieza con las barricadas o más bien acaba en ellas?

Para lavar la cara a los antidisturbios los apologistas del Estado burgués dicen que la policía acude a una manifestación para reprimir la violencia de los manifestantes y, por lo tanto, son los manifestantes los que tienen la culpa de ella, de la intervención de la policía y de la violencia que desencadena. Pero no explican los motivos por los cuales la policía acude a una manifestación. ¿Qué pinta la policía en una manifestación? Es más: ¿qué pinta la policía en una manifestación antes de que suceda ningún episodio de violencia?, ¿no tratan de intimidar a la gente para que no acuda?, ¿no es eso violencia y amenaza de la violencia?, ¿no es la policía la causa de la violencia en las manifestaciones? Eso es lo que merece una explicación para entender lo que Domenec y demás oportunistas llaman «la violencia».

En un ejercicio de maniqueísmo infantil, Domenec establece una dicotomía absurda según la cual hay dos tipos de personas. En primer lugar, el obrero de Gamonal que decide emplear la violencia para resistir a las cargas de los antidisturbios y, en el otro, el anarquista que quema un contenedor en una manifestación. Pero, ¿acaso los anarquistas no son obreros, ni son de Gamonal?, ¿son extraterrestres llegados de Euskadi, como dicen los fascistas, con el manual de la kale borroka en la mano?, ¿quemar un contenedor no es una forma de resistir a las cargas de los antidisturbios o tiene Domenec su propio manual de kale borroka sobre el mejor modo de resistir a las porras y los pelotazos?

Ese maniqueísmo corre paralelo con el invento de otras dos concepciones que Domenec considera «profundamente arraigadas» en la sociedad. Por una parte, los no violentos y, por la otra, los herederos de Blanqui, los de la «cara tapada». Pero ese planteamiento es falso. En realidad Domenec sólo quiere hablar en contra de estos últimos para apoyar a los anteriores, a los no violentos, de una manera camuflada, sin que se le vea el plumero demasiado.

Para despacharse a gusto contra los «herederos de Blanqui», Domenec se tiene que inventar las dos cosas, es decir, tanto a Blanqui como a sus herederos. Entre los oportunistas como Domenec el recurso al comodín de Blanqui y el blanquismo es una constante. Lenin fue acusado de blanquismo por los mencheviques y Rosa Luxemburgo ya avisó de las manipulaciones que los revisionistas hacían hace cien años de la etiqueta de Blanqui, aunque lo más corriente es que no tengan ni la más remota idea de quién fue Blanqui y qué fue el blanquismo.

El cabecilla de CJC dice que Blanqui pasó media vida detrás de los barrotes por su lucha revolucionaria, añadiendo que la misma fue «absolutamente ignorada por la clase obrera». ¿También eso lo ha observado empíricamente este manipulador? Domenec necesita tergiversar las cosas para que queden a su gusto, de manera que pueda introducir por la rendija la «vocación de masas» de su grupo, su afán por ser conocidos, de convertirse en referente y actuar a cara descubierta. Pues si CJC quieren ir por ese camino lo que deberían hacer es tomar ejemplo de Femen, que son más conocidos aún y actúan completamente al descubierto.

Los blanquistas tuvieron una relación con las masas que CJC no es capaz de imaginar siquiera. Ellos fueron, junto a los proudhonistas, el partido obrero dominante en Francia en el siglo XIX, participaron de una manera decisiva en la Revolución de 1848 y en la Comuna de París de 1870, tras la cual algunos se exiliaron a Londres, donde Marx los acogió solidariamente e incorporó a la Primera Internacional. ¿No fue eso «vocación de masas»?

Engels dijo que Blanqui había sido un «precursor». Los oportunistas deberían lavarse bien su sucia boca antes de hablar de alguien que pasó 35 años de su vida encerrado en las cárceles por participar activamente en los acontecimientos europeos más importantes del siglo XIX al lado de la clase obrera. La liberación de Blanqui de la cárcel fue una exigencia constante del movimiento obrero francés, que logró sus objetivos en varias ocasiones mediante la lucha popular, es decir, que no fue el personaje aislado y solitario que Domenec quiere dibujar, que no fue de esos que «renuncian a tener contacto con las masas» porque los blanquistas fueron los únicos que tuvieron diez delegados en el Consejo de la Comuna de París, convocaron manifestaciones de decenas de miles de obreros, obtuvieron escaños en el Parlamento con otros tantos miles de votos procedentes del proletariado y reunieron a otros 100.000 en el funeral de Blanqui.

¿Pero acaso hay alguien que renuncie tener contacto con las masas o más bien a lo que renuncian es al contacto oportunista, legalista y pacifista con ellas, que es lo que este capitoste de CJC aplaude?

El oportunismo de Domenec se torna en puro idealismo infantil cuando dice que prefiere «una manifestación pacífica con miles de obreros a un altercado violento protagonizado exclusivamente por gente politizada». El problema es que no se trata de elegir entre una cosa u otra, porque lo corriente es que ocurran ambas cosas, es decir, que una manifestación pacífica acabe en un altercado violento. Otro problema es que quien elige no es él, ni nadie diferente de la policía porque ella es la única responsable de la violencia y sólo a un infame sicario suyo se le ocurre asegurar que la violencia la protagoniza «exclusivamente» la gente politizada.

La infamia va alcanzando tonos realmente vergonzosos cuando Domenec propone dar la espalda a los encapuchados porque «bien podrían ser policías». Para cualquier antifascista con la policía no cabe otra: darle la espalda. Pero Domenec es un cínico sin escrúpulos que trata de justificarse en la infiltración policial para «dar la espalda» al manifestante, lleve capucha o no, y su cinismo le sirve para disimular que, en realidad, él a quien defiende es a los antidisturbios.

Domenec va alcanzando el éxtasis cuando dice que la revolución de 1917 «se logró prácticamente sin muertos». Como los demás reformistas, para sostener ese infundio utiliza el truco de reducir la revolución al asalto al Palacio de Invierno, y poco más. Pero la revolución nace dentro (y es inseparable) de una brutal guerra imperialista y fue seguida de una no menos brutal guerra civil, de la que también es inseparable. Para que la revolución triunfara los bolcheviques prepararon un meticuloso dispositivo militar, de manera que las fotos del momento no muestran a los obreros y campesinos con las manos vacías sino bien armados de fusiles, de los que conocían su manejo.

Lenin escribió muchas cosas, pero no recuerdo que dijera, como pretende Domenec, que «una revolución no tiene por qué ser violenta» y que «la violencia depende de la resistencia que ofrezca la burguesía». Pero lo dijera o no, eso es rigurosamente cierto y para entenderlo cabalmente Domenec debería haber añadido que la burguesía no sólo va a resistir sino que lo va a hacer de la manera feroz y brutal que acostumbra. Lo que ocurre es que, al alinearse Domenec con los fascistas, tiene su mismo punto de vista, lo que le lleva a dar la vuelta al asunto una vez más.

La violencia es responsabilidad del aparato del Estado fascista y de la contrarrevolución; ahora mismo no tiene sentido decir que la burguesía resiste; quien resiste es el proletariado.

(*) Domenec Merino: Un acercamiento al debate sobre el uso de la violencia y la no-violencia en la lucha popular, Tinta Roja, 30 de enreo de 2014, http://www.tintaroja.es/opinion/260-un-acercamiento-al-debate-sobre-el-uso-de-la-violencia-y-la-no-violencia-en-la-lucha-popular

En Euskadi el movimiento independentista necesita una aclaración

La situación en Euskadi pivota sobre tres ejes fundamentales, sin los cuales es imposible entender los acontecimientos más recientes. El primero es la persistencia del fascismo, de España como Estado fascista y a eso, y no a otra cosa, es a lo que se enfrenta el movimiento de liberación en Euskadi. El segundo es la degeneración revisionista del PCE, que en Euskadi tuvo su prólogo en los tiempos de la guerra civil con Astigarrabía, es decir, ya antes de 1956, y cuyas consecuencias fundamentales fueron la confusión y el seguidismo respecto del movimiento nacionalista. El tercero es el cambio social ocurrido a partir de los años sesenta, que incorporó al proletariado urbano sectores campesinos rurales, que aportaron sus propias concepciones ideológicas, las cuales acabaron por imponerse porque el revisionismo les abonó el terreno.

Se puede decir, pues, que el movimiento nacional en Euskadi es ambiguo por partida doble y se alimenta a sí mismo con la riada de chovinismo y centralismo que llueve cada día. Por su propia naturaleza de clase todo movimiento nacionalista es ambiguo hasta cierto punto, por lo que el vasco no se diferencia de otros, sino que es una ambigüedad mucho más acusada, cuantitativa y cualitativamente. Dado que la confusión viene de lejos, la mezcolanza está profundamente arraigada, y dado que el movimiento se ha enfrentado de una manera consecuente al Estado, ha tenido una repercusión mucho mayor que otros.

Aunque un movimiento nacional es siempre socialmente amplio, quien lo define es su fuerza dirigente, que es quien impone las formas de organización, las líneas, los programas, e incluso una terminología propia y característica. No obstante su composición social, la masa que lo conforma, en el movimiento abertzale esa fuerza dirigente ha sido la pequeña burguesía, a la que el revisionismo le ha permitido arrastrar tras de sí a una parte importante del proletariado. A eso es a lo que llaman “pueblo trabajador vasco”.

Si hay un lugar en el que la claridad es más necesaria que en otros, ese es Euskadi, y no caben eufemismos; todos los intentos por escurrir el bulto son contraproducentes. No será necesario decir que tal clarificación sólo puede redundar en un reforzamiento y un avance del propio movimiento de liberación nacional. Si hay alguien a quien hay que hablarle claro es a aquel con el que hay confianza, al amigo, al aliado, mientras que con el enemigo no se discute nada. Tampoco creo necesario recordar que con los amigos no valen medias tintas. Yo no puedo ser amigo de nadie que no me hable claro, que piense una cosa y me diga otra, que no sea franco conmigo. Finalmente, tampoco creo necesario puntualizar que no se puede confundir la amistad con el amiguismo. El aliado, el amigo no es el amiguete, ni el colega, es decir, ese tipo de relaciones, más personales que políticas, que tanto abundan en determinados círculos.

Aparentemente ha sido la liquidación de lo que durante estos años ha sido la izquierda abertzale lo que ha creado la confusión, pero no es así. El movimiento de liberación nacional ya ha empezado a liberarse, por fin. Esa liquidación, lo mismo que la liquidación de la URSS en 1991, es lo que va a favorecer una aclaración que era necesaria desde hace mucho tiempo. La izquierda abertzale necesita imperiosamente un ajuste de cuentas consigo misma y veremos la manera en que lo aborda porque si se escuda en el “tono” o en las “formas” de la crítica, o si se las toma como una agresión, sigue por el mal camino, lo mismo que siempre.

En lo que el proletariado respecta, una amplia experiencia histórica demuestra, una y otra vez, que no puede abandonar la dirección ni de la lucha antifascista ni del movimiento de liberación nacional, y para dirigir necesita un partido comunista, que no se parece, ni de lejos, a ninguna otra forma de organización de ninguna otra clase social, que tiene un programa propio, su línea política, su propia ideología y sus propios principios. Ese es el punto de partida, de manera que si en Euskadi no hay un partido comunista, lo primero que hay que hacer es crearlo, y si ya existe hay que unirse a él. No se puede empezar nada por ningún otro sitio, y menos por el final. El partido comunista es el eje de coordenadas; todo lo demás empieza a contar a partir de ahí.

Pero la experiencia del “frente norte” en la guerra civil demuestra que ni siquiera eso es suficiente. A pesar de la demagogia que durante décadas ha alimentado el PNV, en dicho “frente norte” no hubo realmente guerra porque bajo Astigarrabía el PCE entregó la dirección a la burguesía, una tarea que ésta no puede llevar a cabo. En la medida en que la liberación nacional de Euskadi hoy es más de lo mismo, hay que acabar con el seguidismo de los comunistas en Euskadi respecto a la burguesía y al movimiento nacional, o lo que es lo mismo, poner ese movimiento en manos del proletariado y su partido comunista.

Pero no es eso lo que han llevado a cabo en Euskadi la mayor parte de los grupos que se llaman comunistas que, como en los tiempos de Astigarrabía, siguen siendo un apéndice de la burguesía, que se mueven cómodamente dentro de la confusión, de los “frentes” y las “alianzas”, como pez en el charco. Nunca han pretendido ser otra cosa que una parte residual de ese movimiento nacional y en la medida en que dicho movimiento está en trance de liquidación, forman parte integrante de su naufragio.

Las tendencias liquidacionistas siempre han estado presentes dentro del movimiento abertzale, cuya historia es un continuo tejer y destejer de escisiones, corrientes y siglas cuyo hilo conductor es casi imposible seguir a lo largo del tiempo, hasta que, finalmente, se metió en el embudo de sus propias ambigüedades, de las que incluso tanta ostentación ha hecho gala. No se trata de que no haya identificado quiénes son sus enemigos, sino que nunca ha sabido quiénes eran sus amigos, lo cual conduce siempre a tener a los enemigos por amigos y a ver enemigos (“españolistas”) donde no los hay.

Lo nuevo no es que ahora haya liquidadores sino que se han impuesto precisamente en un momento en el que, dada la crisis económica, las condiciones son más favorables que nunca para el movimiento independentista. El momento que han elegido para proclamar su rendición a los cuatro vientos no es ninguna casualidad, coincide con la crisis capitalista de 2007, que ha puesto las cosas en el sitio justo en el que la izquierda abertzale nunca las quiso tener. Ahora el protagonismo corresponde a la clase obrera y eso es justamente lo que la liquidación trata de impedir, vincular las reivindicaciones nacionales a la revolución socialista, que es el núcleo de la olvidada (y nunca aclarada) consigna de “independentzia eta sozialismoa”.

La crisis económica, pues, vuelve a poner al partido comunista en el eje de coordenadas, cuya línea debe ser distinta, cuyo programa debe ser distinto y cuyas formas de organización también deben ser distintas de las del movimiento nacional.

Eres semilla de libertad


José Guillén

En esta vida, se pueden tomar muchos ejemplos, el ejemplo del analfabeto
político que se queda en casa más preocupado en si el conjunto que lleva
presenta una armonía cromática correcta que de si va a tener dinero
para comer el mes que viene, del «gran
concienciado revolucionario» que dice estar en contra de el poder de la
oligarquía financiera y que también dice conocer muy bien cuál es el
problema de todos los males de la clase obrera y del pueblo, pero que no
«lucha» debido a que «nadie hace nada»,
de este último se pueden contar por cientos por cierto, sin embargo,
hay un ejemplo que es el que a mi por lo menos me sirve para levantarme
cada día, es el que me sirve para soñar con un
futuro esperanzador, un futuro de libertad, un futuro donde la
explotación y el yugo que el fascismo español ejerce sobre las clases
populares, haya desaparecido por completo, ese ejemplo, es
el ejemplo de la resistencia antifascista y en mi caso particular es el
ejemplo de un incansable combatiente comunista, asesinado de manera
sádica un 20 de abril de 1979 por
las fuerzas represivas fascistas del estado español en Madrid, su nombre
era: Juan Carlos Delgado de Codes.
Nacido en Segovia, Juan Carlos a muy temprana edad se marcha a Cádiz, ciudad
que le verá crecer y que además será testigo de su desarrollo como uno
de los dirigente comunistas más importantes del estado Español. Entra en contacto con las primeras obras
de Marx y Lenin mientras estudia Náutica a la par que trabaja como
conserje en el colegio de médicos
de Cádiz, desarrolla una intensa actividad política durante la huelga
vivida en el propio colegio a la par que su nivel de conciencia va cada
vez más en aumento.
Cuenta Francisco Brotons [Antiguo
preso político del PCE (r) y los GRAPO] en su libro «Memoria
antifascista: Recuerdos en medio del camino» que el primer contacto que
tiene Juan con la por entonces OMLE, lo realiza a través del grupo
teatral gaditano «Quimera», este grupo,
fue creado por Sanchez Casas, [histórico dirigente guerrillero de los
GRAPO, muerto por negligencias médicas en la cárcel] y destacaba por las
numerosas representaciones que realizaba en denuncia del fascismo, de
la represión del estado, de las injusticias que día a día la clase
obrera tenía que soportar, a través de obras propias y también de
«autores prohibidos» como Bertolt Brecht. Pasa posteriormente a ser
parte de la OMLE donde estaca rápidamente por su capacidad de análisis y
de liderazgo, impulsa la OMLE en Andalucía y es elegido en la V conferencia
de la OMLE como miembro del comité de dirección, trabajó arduamente
desde la clandestinidad y consiguió incorporar a numerosos cuadros a la
organización,  posteriormente
participará en Junio del 1975 en el congreso reconstitutivo del partido
en calidad de Delegado y será elegido como miembro del comité central
del PCE(r).
En 1976 es detenido en Galicia, donde es
sometido a terribles torturas por la polícia los cuales que le llegaron a
romper varias costillas,  durante su estancia de dos años en la cárcel recibirá
muchas más torturas y extorsiones por parte de los carceleros en esta
ocasión. Al salir de la cárcel, recibe la noticia de que el comité
central del PCE (r) en su plenitud ha caído
durante un pleno en Benidorm, por lo cual, recae sobre él, la
responsabilidad de reorganizar el partido tras la caída, pasando a ser
secretario general en funciones en unas condiciones
de absoluta clandestinidad y de persecución por parte de las fuerzas
del estado, los cuales le persiguen constantemente tanto a él como a su
familia, llegando inclusive hasta a
detener y encarcelar a su propia mujer. Juan Carlos a pesar de todos
los esfuerzos para mantenerse lejos del alcance de la policía, es
localizado por esta y es perseguido hasta el metro de Lavapiés, en la
puerta, es rodeado por tres
policías, a Juan Carlos le disparan a bocajarro en la sien y dan
posteriormente la vuelta a su cadáver para que pareciera un
enfrentamiento, ningún policía fue jamás juzgado por estos crímenes aún a
pesar de que los testigos presenciales declararon
que la policía había disparado contra un Juan Carlos que iba
absolutamente desarmado. Tiempo después se sabría que el responsable de
todo el operativo fue Roberto Conesa (el mismo que
fue responsable de las ejecuciones de las 13 rosas) uno de los mayores
torturadores y asesinos que ha conocido este estado. Las fuerzas
policiales acabaron ese día con uno de las mentes más brillantes que el
movimiento obrero español haya
visto jamás, dejó huérfano de padre a su hijo Juan Carlos, nacido en la
clandestinidad y que con únicamente cuatro meses de edad, veía como el
estado le arrebata la vida a su padre, además dejaron
huérfano a todo el proletariado de este país, Juan Carlos era demasiado
peligroso para el estado, pues representaba un valor que el fascismo de
este país lleva más de 70 años intentando desprestigiar y erradicar,
pero que nunca ha conseguido eliminar, el valor de la RESISTENCIA. 

Por
si no fuera poco, los perros policiales y la prensa [Entre estos
periodistas, Pío Moa, quien decía ser un gran amigo de Juan Carlos]
comenzaron una campaña para empañar su
figura, acusándole de ser uno de sus chivatos y colaboradores, a todas
estas difamaciones contestó en una carta Martín Eizaguirre [fundador
de la OMLE y dirigente del PCE(r)]: «Donde las «revelaciones»
sobrepasan todos los límites de la mentira y de la calumnia, es cuando
afirma que la detención del CC del PCE(r) el 9 de octubre de 1977 en
Benidorm, se llevó a cabo gracias a las confidencias mal pagadas del
desaparecido Delgado de Codex…»
«…Delgado de Codex
fue un comunista ejemplar, un dirigente querido y respetado por todos
sus camaradas así como por todas las personas honradas que le
conocieron.


Hijo de Castilla, heredero y continuador de las
tradiciones revolucionarias castellanas que tanto queremos y respetamos
en Euzkadi, no hay ni habrá fuerza en el mundo capaz de ensuciar su
querida memoria…»

La comisión política del
PCE (r) tuvo una rápida respuesta ante el asesinato de Juan Carlos
denunciando su asesinato, y llamando a la clase obrera a fortalecer el
movimiento de resistencia, es decir, a continuar la obra por la que el camarada De Codes había dado su vida.

Al principio del artículo, hablaba del «futuro de libertad»  que
todas las masas obreras y populares del estado fascista español llevan
tantísimo tiempo queriendo conseguir, pues bien,
en este sentido hay que recordar que en el funeral del propio de Codes,
hubo un grito que se quedó en la mente de todos los asistentes, el
grito era: «¡Tu sangre es semilla de libertad!» y nunca un grito fue más
acertado.


Para que haya
libertad, debemos cosecharla con nuestra lucha y nuestra resistencia,
Juan Carlos planto su semilla para que la flor de la libertad y el
socialismo acabara floreciendo
algún día, la plantó con su vida y la regó con su sangre, y no podemos
permitir que su sacrificio haya sido en vano, no podemos permitir que
esa semilla acabe pudriéndose,
debemos seguir alimentándola con nuestro esfuerzo incansable e
incondicional a la causa del movimiento obrero, Juan Carlos sabía que
se arriesgaba a perder todo lo que
tenía incluida su propia vida, para que en un futuro todo el pueblo
viviera en libertad, debemos tomar su ejemplo, es el ejemplo que
debemos tomar como modelo a
seguir, seguirlo ciegamente y sin claudicar JAMÁS, porque así y
solamente así conseguiremos la victoria final, pero esa victoria, no
será sólo 
nuestra victoria, será la victoria de
nuestros hijos, de nuestros nietos, pero también será la de nuestros
padres, la de nuestros abuelos, la de los combatientes que
ya han dado la vida por ese triunfo, que ya han dado su vida por la
revolución, la victoria también de los que darán su vida por la propia
revolución. Por todo esto, yo por lo menos seguiré este ejemplo, ya que
no podría  mirar a las caras de
mis hijos sin saber que lo he dado absolutamente TODO por la revolución,
sin saber que he consagrado mi vida a honrar el recuerdo, la memoria y
a continuar la incansable lucha que el movimiento político de
resistencia y gente como Juan Carlos Delgado de Codes han realizado durante décadas.

Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

El mejor homenaje: continuar la lucha

Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia
Antifascista

Juan Carlos Delgado de Codes, Secretario General provisional del PCE(r)

(Sobre el comunicado de hoy de los CJC recordando a las
13 Rosas Rojas. Memoria selectiva)



En 1939, Roberto Conesa fue partícipe del asesinato de las 13 rosas. En 1979,
participó en el asesinado de Delgado de Codes, Secretario General del PCE(r).

¿Diferencias?


Las 13 Rosas Rojas eran heroínas ejemplares de la resistencia contra el
fascismo, mientras Juan Carlos Delgado de Codes era un blanquista y
pequeñoburgués. O eso al menos nos enseñan los CJC a través de sus
comunicados. 


Los CJC son la muestra más exaltada del bipolarismo. Defienden a unos
antifascistas y a otros los mandan a la hoguera, que nada se sepa de ellos.


Tan pronto están “homenajeando” a la resistencia antifascista, como más tarde
están denunciando como terroristas a aquellos que continuaron esa resistencia.
Esa resistencia antifascista no continúa, porque para ellos ya no hay nada a lo
que resistir. 


Nuestros revisionistas dicen querer que nombres como los de la 13 Rosas Rojas
no se borren. Es decir, que no quieren sepultar esos nombres de la resistencia
obrera y popular contra el fascismo en este país de 1936 a 1975. 


¿Y quién quiere borrar los nombres de la resistencia antifascista? El fascismo,
sin duda. ¿Y qué es lo que le permite al fascismo deshacerse de esta? El cuento
de la transición. Del que ellos son cómplices a través de su silencio. 


Realmente sin el caramelo de la transición ni siquiera hay motivo para hablar
de la memoria del movimiento antifascista. Más que nada porque no habría ningún
pretexto por el cual esa resistencia hubiese finalizado. Esa resistencia
antifascista tendría que ser continuada. No sería una memoria a la que “homenajear”
(a través de blogs de internet), sino sería el presente. La resistencia
antifascista continuaría hoy hasta alcanzar su fin: la ofensiva contra el
fascismo y la posterior derrota de este. 


Pero para los CJC la historia deja ciertos vacíos, como el niño que coge un
lápiz para dibujar y en medio del dibujo lo suelta para ver la televisión. Los
hechos se muestran incompletos.


Los revisionistas establecen una línea histórica de la resistencia antifascista
española desde 1936. Pasan por las batallas más importantes de nuestra Guerra,
luego por la lucha republicana en la resistencia francesa y en la defensa de la
URSS. Nos hablan del maquis en España, las agrupaciones de guerrilleros, sus
enlaces, la lucha clandestina de las organizaciones obreras y populares, la
organización en el exilio etc… Y toda una historia de guerrillas urbanas y de
un temple de acero de aquellos que sufrieron las consecuencias de esta lucha:
como Julián Grimau. Incluso nos hablan del gran papel que jugó el PCE de José
Díaz, al que ellos pretenden continuar, eso sí, folclóricamente, no continuando
su papel como dirigente del movimiento antifascista. 


Porque los CJC “homenajean” a todos y a cada uno de estos combatientes y exigen
que se les recuerde. Lo que pasa es que no cuentan que ellos son los propios
culpables del olvido de la resistencia antifascista.


Si seguimos el hilo histórico del que estamos hablando, nos daremos cuenta que
en 1975 se produce un parón. Ya no hay hilo. La historia de resistencia
antifascista no continúa. Se queda ahí, se detiene para siempre: queda para el
recuerdo, para la memoria, para los “homenajes” a través de Internet. La Guerra
Popular Antifascista queda entonces como motivo de homenaje e historietas, una
mera estética… lo mismo han hecho con la revolución bolchevique. 


A partir de entonces nuestros revisionistas no quieren saber nada de la
historia. El niño ha dejado de dibujar y se ha puesto a ver la televisión. Y
toda la lucha obrera y popular duerme hasta 2009 cuando el PCPE descubre que
hay una crisis capitalista y que ya no queda otra alternativa que la Revolución
Socialista (a diferencia de antes que propugnaban la República Antimonopolista
y el Frente de Izquierdas). España empieza de nuevo en el 2007, con la crisis
sistémica. ¿Lo demás? ¿Lo que hay entre 1975 y 2007? Como si no hubiera
sucedido. Quizás porque durante esas fechas sus dirigentes estaban bailándole
el agua a la socialdemocracia reformista y en consecuencia, al régimen. 

1. España es un ente abstracto. 


Como España ha perdido su historia y su sentido, no hay ningún elemento
nacional que incorporar a la línea revolucionaria en España. Solamente la mera
importación de consignas universales. Es decir, que sirven para España, para
Portugal, para Grecia y para Alemania: la lucha de la clase obrera contra el
monopolismo. 


Si bien esta consigna es correcta, no puede quedarse en una mera abstracción.
Habrá que explicar muy bien que forma toma, por ejemplo, el monopolismo en
España y esto no podemos hacerlo sin el materialismo histórico, sin la
historia. Y tendremos que darnos cuenta de que los que hacen posible que el
monopolismo se instaure en nuestro país son los que se levantan contra la
República Popular en 1936. Si no, nos quedaríamos en abstracciones
internacionales, pero sin línea particular. 


El Camarada G. Dimitrov acertadamente identifica este error:

“La teoría revolucionaria es la experiencia condensada, generalizada del
movimiento revolucionario; los comunistas deben utilizar cuidadosamente en sus
países no sólo la experiencia de las luchas pasadas, sino también, la de las
luchas actuales de otros destacamentos del movimiento obrero internacional. Pero,
utilizar acertadamente esta experiencia, no significa, en modo alguno,
trasplantar mecánicamente, en forma acabada, las formas y los métodos de lucha
de unas condiciones a otras, de un país a otro, como se hace con harta
frecuencia en nuestros Partidos. La imitación escueta, el limitarse a copiar
los métodos y las formas de trabajo, aunque sean los del mismo Partido
Comunista de la Unión Soviética, en países donde todavía impera el capitalismo,
puede, con las mejores intenciones del mundo, dañar más que favorecer, como ha
ocurrido en realidad no pocas veces. Precisamente, la experiencia de los
bolcheviques rusos debe enseñarnos a aplicar de un modo vivo y concreto la
línea internacional única de la lucha contra el capital a las particularidades
de cada país, extirpando implacablemente, poniendo en la picota, entregando a
las burlas de todo el pueblo las frases, los patrones, la pedantería y el
doctrinarismo. ”


Hoy en día podemos escuchar decir incluso a los más reaccionarios reformistas
que la transición fue una falacia. Lo dicen incluso periodistas del El País y
de los medios que precisamente no destacan por ser los más revolucionarios. Lo
dicen en La Tuerka, lo dice Julio Anguita e incluso los más variopintos
filósofos apolíticos. ¿Quién se cree la historia oficial de los fascistas?


¿Quién puede negar hoy que la transición no fue más que una maniobra del
fascismo? ¿Quién puede negar que no fue más que una reforma de un régimen
monopolista en crisis? ¿Cuáles eran las tareas del movimiento antifascista ante
esta situación?


G. Dimitrov y la III Internacional, que son los que  desarrollaron el
concepto marxista-leninista de fascismo, es decir, le dieron un significado y
un estudio científico (a través del materialismo histórico), ya avisaron de lo que
podía suceder en un Estado fascista en crisis, que era la situación en la que
se encontraba el fascismo español en los años 70 (donde empieza ese vacío
histórico de nuestros revisionistas). 

“En unos países, principalmente allí, donde el fascismo no cuenta con una
amplia base de masas y donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de
la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide
inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos
burgueses, así como a la socialdemocracia, cierta legalidad. En otros países,
donde la burguesía dominante teme el próximo estallido de la revolución, el
fascismo establece el monopolio político ilimitado, bien de golpe y porrazo,
bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los
partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el
momento en que se agudezca de un modo especial su situación, intente extender
su base para combinar -sin alterar su carácter de clase- la dictadura
terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo.”


¿Acaso la incorporación del PSOE y del PCE al régimen fascista en los 70, no es
un pilar fundamental para el cuento de la transición? ¿Es esto una democracia burguesa
con tintes fascistas o es, al contrario un Estado fascista con tintes
democrático-burgueses?


Los CJC no responden a esta pregunta. Porque no quieren hablar de la
transición. Porque no quieren hablar de la historia. No saben explicar cómo
desaparece el fascismo en España y solo pueden hacerlo mediante teorías
abstractas, como siempre. Por ejemplo que el fascismo y la democracia burguesa
son formas de dominación de cualquier Estado burgués y mientras más
autoritarismo y represión hay, se están usando formas de dominación fascistas y
mientras más aperturismo y democracia se están usando métodos democráticos
burgueses. Teoría falsa puesto que la democracia-burguesa y el fascismo son
formas de dominación, por lo tanto son siempre represivas y autoritarias. La
cuestión está en que unas son formas de dominación correspondientes a la etapa
premonopolista del capitalismo y las otras a la etapa imperialista. Esto es lo
que dicen los comunistas de la III Internacional, es decir, los que se
enfrentaron a sangre y fuego con el fascismo. 


Pero como decimos, ni PCPE, ni PCOE ni ninguna banda revisionista quiere hablar
de los 70, porque ellos en los 70 o estaban en el PCE o estaban escondidos
debajo de las piedras cuando el régimen impuso el terror por todo el país. O
estaban con los que besaron la bandera de Franco y la Corona del Rey designado
por Franco o estaban con el rabo entre las piernas. 


Claro, luego ellos rompieron con el PCE en los 80, no por motivos de la
traición de Carrillo a la clase obrera y al pueblo español, no, sino por
motivos de la traición al prosovietismo que estaban haciendo los
eurocomunistas. Como vemos, España y su historia nunca les han interesado. Solo
la URSS, las banderas rojas y el folclore socialista (que en ese momento
representaban sus hermanos del este, sería una vergüenza llamarlos soviéticos).
“Cuando la URSS cayó, cavamos una trinchera y nos resguardamos en ella”, decía
Carmelo Suarez (Secretario General del PCPE) hace unos meses. 


En cuanto a los del PCOE, también manifestaban ese prosovietismo capitulador.
Incluso hoy en día se les puede ver rescatando ese mote de “¡pro-chinos!” (qué
era como los revisionistas llamaban a los que se oponían a la traición jruschevista)
cuando intentan atacar a los comunistas. 


El PCOE se funda antes de la transición, de la reforma del régimen, de la
mentira que perpetuo el monopolismo en este país…¿Y qué hizo para
detenerlo? 


Por cierto, en aquella época el PCOE defendía la “democratización de España”.
Ese “etapismo” del que les gusta hablar últimamente a todos estos grupos, es el
que ellos profesaron por mucho tiempo. De todos modos, “etapistas” o no, hay
una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles. 

2. El Movimiento Antifascista del 36 se difumina en los 70 sin motivo
aparente



Como revisionistas, como burguesía disfrazada dentro del movimiento obrero, nos
reproducen en la teoría y en la práctica todas y cada una de las chapuzas
historiográficas del fascismo: España dejó de ser fascista y pasó a ser un
Estado democrático-burgués, el Rey ni pincha ni corta y no importa nada que un
país sea monárquico o republicano y la Guerra “Civil” y la posterior
resistencia antifascista son cosas del pasado y no hay que reabrir viejas
heridas.


No hay que reabrir viejas heridas, estas fueron cerradas en la transición. La
Resistencia contra el fascismo, que era el movimiento revolucionario de la
clase obrera y el pueblo, acaba en 1975 (cuando Carrillo se casa con el Borbón)
y no hay nada más que hablar. Siguen la máxima de la ideología burguesa
del carpe diem. Vivamos el presente y no
hablemos del pasado. 


Historiografía burguesa y revisionismo se unen. No es raro. Unos son los
enemigos externos y otros los enemigos internos, dentro de las propias filas
del proletariado. 


Sin embargo vemos como en todas las manifestaciones y concentraciones que se
dan a lo largo y ancho del país, salen jóvenes con la bandera republicana, la
bandera de la resistencia. Vemos como cada día hay decenas de personas que
condenan el golpe de Estado del 18 de Julio, que no quieren que esto quede como
una derrota. Por eso hablan de la III República. Pero hay un vacío creado
intencionadamente, como decimos, para no ligar el presente con el pasado y para
así no darle forma a la línea revolucionaria en este país. 


Si el enemigo de 1936 era el mismo que en 1940, el mismo que en 1950, el mismo
que en 1965, el mismo que en 1975 y, como se ve cada día, el mismo enemigo que
lo fue en 1980 y lo es en 2013 (el monopolismo y sus formas de dominación
fascistas), la resistencia antifascista también tiene que tener una
continuidad: una historia paralela. Y es que efectivamente la hay. 


Porque el PCPE y el PCOE nos cuenten que hay un vacío histórico desde 1975
hasta hoy, no significa que esto sea así. Por mucho que, al igual que los
burgueses, tengan la total libertad para difundir esto en su propaganda, en sus
webs y ante nuevos jóvenes que intentan captar. 


Por tanto, si los socialdemócratas están aceptando incluso que en la transición
se da una reforma del propio Estado. ¿Cuál debería haber sido la tarea
principal del movimiento antifascista que nació en 1936? Denunciar la farsa.
¿Había otra alternativa?

3. Nuestros revisionistas mienten, la resistencia que ellos traicionaron:
continúa. 



El PCPE y el PCOE no lo cuentan, pero hubo organizaciones antifascistas de todo
tipo que denunciaron la maniobra del régimen. Por ejemplo: el Partido Comunista
de España (reconstituido), los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de
Octubre, el Socorro Rojo, la Organización Democrática de Estudiantes
Antifascistas, la Unión de Juventudes Antifascistas, Pueblo y Cultura, Mujeres
Antifascistas etc… En definitiva, una serie de organizaciones que denunciaron
la farsa hasta las últimas consecuencias (a las cuales se le impusieron la
persecución y la ilegalidad).


Estamos hablando de hombres y mujeres que no salieron de la nada. Muchos venían
de organizaciones traidoras y claudicadoras, incluso del mismo PCE. Y en un
proceso que duró años, intentaron retomar la dirección e impulsar ese
movimiento antifascista traicionado.


La represión fascista recayó entonces sobre su enemigo natural: los
antifascistas que no se vendieron. Los legítimos continuadores de las 13 Rosas
Rojas y José Díaz. No eran legítimos porque lo dijesen los papeles, no, sino
porque lo demostraron con hechos, en la calle. 


Al final hay que darle la razón a Roque Dalton cuando decía: 

“La política se hace jugándose la vida o no se habla de ella. Claro, se
 puede hacerla sin jugarse la vida, pero uno suponía que sólo en el campo
enemigo.”


Y es cierto, por supuesto, que el movimiento antifascista perdió a una gran
parte de su fuerza durante la transición. ¿Pero quién tiene la culpa?


¿De quién es la culpa de que hoy en día no se hable de la actualidad de la
resistencia? ¿De los propios antifascistas? ¿O de los que defienden y propagan
el cuento de la transición? O sea: de los que le hacen el juego al
fascismo. 


No será la culpa de los 31 asesinados o de los 1300 encarcelados de las
anteriores organizaciones citadas (de los cuales algunos continúan en las
cárceles). Ni tampoco del Movimiento de Liberación Nacional Vasco y parte del
Catalán y Gallego que siguieron la lucha (con decenas de muertos y centenas de
presos actualmente, recordemos). Mucho menos culpa de los 600 muertos durante
la transición en las manifestaciones contra el régimen.


Gracias a nuestros revisionistas el movimiento obrero y popular en este país no
se encuentra a sí mismo, porque le han robado su historia. Le han aturdido. Y
el movimiento obrero y popular tiene que reencontrarse con su pasado para
entender su presente. Su significado: la lucha contra el mismo enemigo.


En las manifestaciones por toda Europa, aún resuenan consignas como el “No
pasarán”. La consigna del pueblo madrileño se ha internacionalizado, pero el
movimiento que la engendró ha sido traicionado. 


¿Cómo hablarles a los progresistas venezolanos de su lucha sin Bolívar y la independencia
del Imperio Español? ¿Cómo hablarles a los revolucionarios cubanos sin la lucha
en el Bayamo contra el colonialismo a finales del siglo XIX? ¿Y a la
resistencia francesa contra el nazismo sin 1789? Es imposible.


Porque el Movimiento Antifascista en este país no solamente nace como expresión
del movimiento obrero y popular contra el fascismo y el monopolismo, sino que,
además, tiene unos objetivos muy claros: la recuperación de la República
Popular que los fascistas nos robaron para así poder realizar la tarea histórica
del socialismo. Por el carácter monopolista de este Estado, ya no caben medias
tintas. Sin la Dictadura del Proletariado no se puede hablar de una República
Popular y sin República Popular no podemos hablar de la Dictadura del
Proletariado. No hace falta decir que la lucha por el derecho de
autodeterminación del pueblo vasco, catalán y gallego va estrechamente unido a
los objetivos estratégicos de la resistencia antifascista.


El silencio intencionado del revisionismo deja estos objetivos como inconclusos.
Para ellos la historia de la resistencia antifascista se pierde en los 70 para
siempre, solo porque ellos, los del PCPE y el PCOE, no hicieron nada en los 70
para parar la reforma del régimen. 


La burguesía no considera a la Historia como una ciencia porque a través de
ella su chiringuito se cae a pedazos en todo el mundo. 


Aquel 20 de Abril de 1979, cuando Juan Carlos Delgado de Codes se encontraba en
la puerta del metro de Lavapiés, fue rodeado por tres policías. Uno de ellos
acercó la pistola a la sien de Juan Carlos (que estaba desarmado) y disparó. Su
delito: continuar la resistencia.

Decíamos al principio que el responsable de su asesinato fue el mismo que el de
los fusilamientos de las 13 Rosas Rojas. Casualmente 40 años después. Es decir,
que cuando los revisionistas del PCPE dicen que nuestro país ya había dejado
atrás el fascismo y se había incorporado a las magníficas bendiciones y
derechos de la democracia-burguesa (aunque no expliquen cómo se da este
proceso), la misma bota que aplastaba antes a los revolucionarios, seguía
haciéndolo.

Para el revisionismo hay héroes de la resistencia antifascista que son de
primera y héroes de segunda (o tercera o incluso olvidados y silenciados).
Mientras más alejados en el tiempo están, mejor, así no tendrán que ser
consecuentes y responder con actos a aquellos que denuncian.

En definitiva: la Resistencia Antifascista en España no es ninguna memoria que
llorar, señores de los CJC, está más viva que nunca y cumplirá el papel por el cual
nació. Hablamos de su “homenaje” a las 13 Rosas Rojas entre comillas porque no
hacen ningún homenaje.

El mejor homenaje: continuar la lucha.

Emilio Moyano Aguado


Informes Políticos a los 4 Congresos del PCE(r) y biografía del Camarada Arenas

Los camaradas de Espai Alliberat nos han remitido a nuestra dirección estos textos tan valiosos y que tan cuidadosamente han maquetado ellos. Desde aquí les felicitamos por este gran trabajo y por la fantástica labor que desempeñan con el blog. 
¡Un afectuoso saludo!

Informe Político presentado al I Congreso del PCE(r)

Informe Político presentado al II Congreso del PCE(r).

Informe Político al III Congreso del PCE(r).

Informe Político presentado al IV Congreso del PCE(r).

Biografía política del Secretario General del PCE(r) Manuel Pérez Martínez “Camarada Arenas”.

Sobre la estrategia y la táctica de la revolución proletaria

M.P.M. (Arenas)
Antorcha núm. 3, junio de 1998





«Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la
misión de combatiente de vanguardia»

Esta frase de Lenin se ha repetido tantas veces entre nosotros,
que algunos la han convertido en una fórmula capaz de resolver por sí misma
hasta los problemas más difíciles o escabrosos. Otros, en cambio, se refieren a
ella para subrayar nuestras carencias teóricas, como si en este terreno quedara
todo por hacer o debiéramos partir de cero, proponiendo por su parte algunas
teorías completamente desconectadas de las experiencias del movimiento
revolucionario y de la vida real. Por otra parte, encontramos también a los
que, al mostrarse contrarios a todo vanguardismo y dirigismo,
no sólo desdeñan la importancia de la teoría y del debate en torno al programa
revolucionario, sino que para ellos ese tipo de debates carece de toda
significación práctica. Por lo general, estos practicistas identifican la labor
teórica y la crítica revolucionaria de las ideas y concepciones burguesas, con
la práctica teórica que realizan algunos charlatanes, por lo
que no es de extrañar que anden desorientados.

Lenin resaltaba que para Marx todo el valor de su teoría residía
en que por su misma esencia es una teoría crítica y revolucionaria
. Y esta
última cualidad es, en efecto, inherente al marxismo por entero y sin ningún
género de duda porque dicha teoría se plantea directamente la tarea de poner al
descubierto todas las formas de antagonismo y explotación en la sociedad
moderna, estudiar su evolución, demostrar su carácter transitorio, la
inevitabilidad de su conversión en otra forma, y servir al proletariado, para
que éste termine lo antes posible y con la mayor facilidad posible, con toda
explotación (1). En la teoría de Marx y Engels está contenida la
estrategia y la táctica de la revolución proletaria, una estrategia y una
táctica que son válidas para el proletariado de todos los países. De ellas
partimos los comunistas para elaborar la línea política y el programa de la
revolución (para lo cual debemos tener en cuenta las condiciones específicas de
nuestro país, las tradiciones de lucha del proletariado, etc.), de manera que
cuando nos referimos a la estrategia y la táctica (a la teoría general), lo
primero que pensamos es que no tenemos necesidad de inventarlas o elaborarlas,
ya que éstas hace tiempo que fueron elaboradas, fundamentadas científicamente,
por el marxismo. Claro que esto no nos exime de la obligación de tener que
estudiarlas y asimilarlas, de modo que podamos aplicarlas en la práctica y en
cada situación concreta como lo que resultan ser: una guía para la
acción
. Esta guía nos proporciona el conocimiento de las leyes y
contradicciones fundamentales que determinan la evolución y el cambio brusco de
la sociedad, en particular las leyes que rigen en la aparición, desarrollo y
transformación de la sociedad burguesa en una sociedad nueva esencialmente
distinta: la sociedad comunista.

Como es bien sabido, la estrategia y la táctica de lucha del proletariado
revolucionario de todos los países, formuladas por Marx y Engels, están
fundadas sobre los sólidos cimientos del materialismo histórico, en la economía
de Marx y en su teoría de la lucha de clases y de la dictadura del
proletariado. La concepción del materialismo histórico nos demuestra, a decir
de Lenin, cómo en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de
un sistema de vida social surge otro más elevado
 (2). La
economía de Marx nos ofrece la radiografía de la
sociedad burguesa, su estructura económica y social, sus leyes y contradicciones
específicas, que la distingue de los demás sistemas económico-sociales, en
tanto que la teoría de la lucha de clases y de la dictadura del proletariado
expresa el antagonismo, la lucha de intereses contrapuestos, que enfrenta al
proletariado y a la burguesía y el modo en que habrá de ser resuelto. Tales
son, muy a grandes rasgos, las concepciones, las leyes, principios e ideas que
definen la estrategia y la táctica del proletariado revolucionario de todos los
países, por lo que si alguno quisiera o tuviera necesidad de encontrar una
nueva estrategia y una nueva táctica deberá buscar en otra parte, no en los
textos del marxismo, sino en los textos de los revisionistas y otros teoricistas.

I

Aparentemente, son contados los textos marxistas que tratan sobre la
estrategia o sobre lo que generalmente se entiende como los fines u objetivos
últimos
 de la lucha proletaria, mientras que abundan los dedicados a
la táctica. Si estudiamos, por ejemplo, a Lenin encontramos que, con la
excepción de sus trabajos dedicados a la divulgación o defensa de las
concepciones e ideas de Marx y Engels, la mayor parte de su voluminosa obra
está dedicada a la elaboración del programa y la táctica del partido, y eso aun
cuando, como es sabido, la revolución en Rusia no tenía como meta inmediata de
la acción revolucionaria la toma del poder por la clase obrera, por lo que, si
nos dejamos llevar por esa primera impresión a que hemos aludido (la falta de
una estrategia), su atención debería haber estado centrada en la formulación de
una estrategia diferenciada, distinta a la definida por Marx y
Engels. Es lo que siempre han tratado de hacer los revisionistas, para quienes
los textos clásicos de Marx y Engels, incluso hoy día los de Lenin, son algo viejos,
están desfasados, han sido superados por la
evolución histórica o están pasados de moda. De ahí que no
desaprovechen ninguna ocasión para revisarlos y proponer en su lugar -basados
en algunos aspectos nuevos, pero siempre secundarios de la evolución del
régimen capitalista, o bien en las necesidades momentáneas del movimiento
obrero- una estrategia nuevaoriginal o muy creadora.
Y es que en la literatura marxista-leninista se da por sentado que el
proletariado revolucionario de cualquier país no tiene más objetivo estratégico
que la demolición del Estado de la dictadura burguesa y la construcción de otro
Estado nuevo de dictadura del proletariado, a fin de poder comenzar la obra de
edificación comunista. Todas las obras de Marx y Engels no contienen, en
realidad, sino la fundamentación teórica de esa estrategia, que aparece
resumida o abreviada en El Manifiesto Comunista elaborado por
ambos y en otras importantes obras en las que abordan cuestiones de la táctica
revolucionaria, aunque, como es lógico suponer, en esto último (en lo
relacionado con la táctica) el análisis y la solución concreta de los problemas
dependen más de las condiciones de cada época y de cada país. Esto explica que
haya sido en este terreno donde Lenin y Mao hayan centrado más su atención. Sólo
si se tiene en cuenta en forma objetiva 
-escribe Lenin- el
conjunto de las relaciones mutuas de todas las clases, sin excepción, de una
sociedad dada y, por tanto, también el grado objetivo de desarrollo de esta
sociedad, lo mismo que las relaciones mutuas entre ellas y otras sociedades, es
posible disponer de una base para una táctica correcta de la clase de
vanguardia
 (3).

Como vemos, Lenin se refiere expresamente a táctica correcta,
dando por sentado que la estrategia no puede ser otra distinta de la que ya
hemos comentado. ¿Podría ser de otro modo? ¿Puede tener el proletariado de
cualquier país otro objetivo distinto al derrocamiento del poder de la
burguesía y el establecimiento de su propio poder? Los revisionistas siempre
han utilizado esa necesidad que se le plantea a la clase obrera de disponer
de una base
 sobre la que establecer una táctica correcta, para
introducir en el seno del movimiento la ideología y la política liberal burguesa
y conducirlo por el camino trillado del reformismo y la conciliación de clases. Determinar
de cuando en cuando la conducta que se debe seguir, adaptarse a los
acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los
intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el
régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo y sacrificar esos
intereses cardinales por ventajas reales o supuestas del momento: ésa es la
política revisionista
 (4).

Otros oportunistas de la misma escuela que los revisionistas, sólo que
más radicales o izquierdosos, complementan la labor de
confusión y división que realizan aquéllos dentro del movimiento obrero
parloteando sin cesar de la dictadura del proletariado y
tachando de reformista la táctica verdaderamente
revolucionaria, marxista-leninista, que habrá de permitir a la clase obrera
aproximarse y finalmente alcanzar su objetivo. Esos charlatanes de izquierda hacen
así el juego a los derechistas más contumaces y les dejan todo el campo libre.

Para que esto no suceda, el Partido Comunista tiene que plantear
correctamente y ponerse al frente de la lucha por los intereses inmediatos de
los trabajadores a la vez que defiende dentro del movimiento sus intereses u
objetivos futuros. Esa lucha por los intereses inmediatos de las masas no entra
en contradicción con la defensa de sus intereses últimos, y de hecho, los
posibilita. También la defensa intransigente de los objetivos revolucionarios
supone la única garantía para la obtención de mejoras inmediatas, pues une y
fortalece al proletariado frente a sus enemigos y dota a su movimiento de una
perspectiva clara, por lo que jamás ha de hacerse ninguna concesión en el
terreno de los principios, debiendo ser éstos salvaguardados en todo momento. A
ello habrá de contribuir la aplicación de una táctica acertada de lucha que se
corresponda a las circunstancias internas e internacionales de cada momento.
Sobre este particular conviene recordar lo que decía Lenin quien, retomando una
idea de Marx, llama a tener en cuenta como parte de la táctica, en cada etapa o
fase de desarrollo social, la dialéctica de los periodos de estancamiento político
y de los cambios bruscos: Por una parte, aprovechando las épocas de
estancamiento político o de desarrollo a paso de tortuga, el llamado
‘pacífico’, para desarrollar la conciencia, la fuerza y la capacidad combativa
de la clase avanzada, y por otra parte, encauzando toda esta labor de
aprovechamiento hacia el ‘objetivo final’ del movimiento de dicha clase,
capacitándola para resolver prácticamente las grandes tareas en los grandes
días
 que concentran en sí veinte años (5).

II

Un rasgo que podríamos considerar común a todo proceso revolucionario es
que éstos se efectúan siempre a través de etapas diferenciadas. En unos casos,
el comienzo de una etapa coincide con la culminación de toda una fase de
desarrollo histórico, económico y social; tal sucede con las revoluciones
socialistas iniciadas como continuación de la revolución democrático-popular.
En otros, se trata del final de una fase y del comienzo de otra en el
desarrollo de una misma revolución. El proceso revolucionario nunca es lineal,
sino zigzagueante y se efectúa por etapas, en oleadas y a
través de saltos. En todo esto influye enormemente la situación general del
capitalismo y la fuerza con que puede contar en un momento dado el movimiento
revolucionario, no sólo dentro del país, sino también a escala internacional,
lo que a su vez obliga al proletariado revolucionario a revisar su táctica:
bien para emprender una ofensiva o para replegarse ordenadamente en espera de
una situación más favorable que le permita proseguir su avance. Naturalmente,
esto exige que se mantenga firme en sus concepciones y principios
revolucionarios así como en las posiciones políticas que haya podido conquistar.

Es en estas condiciones, particularmente, cuando se debe poner cuidado
para no confundir el objetivo final de la lucha con los
objetivos que se pueden alcanzar para una determinada etapa del proceso
revolucionario. Estos otros objetivos pueden ser también estratégicos para
dicha etapa, lo que no quiere decir que no exista ninguna otra o que nos
debamos proponer marchar desde ella siempre en línea recta hasta el
objetivo final
, sin reparar en las nuevas circunstancias que, por otra
parte, sin ninguna duda, habrá que cambiar en uno u otro momento. De aceptar
esa concepción tan unilateral, estrecha, rígida, del proceso revolucionario
¿qué haríamos, por ejemplo, en una situación de receso generalizado del
movimiento o, como ha sucedido recientemente, cuando la revolución ha sufrido
una severa derrota en todo el mundo? ¿no habría que fijar como objetivo estratégico inmediato
la recomposición de las fuerzas revolucionarias? ¿no exigiría el cumplimiento
de esta tarea una etapa más o menos prolongada de trabajo orientado según la
táctica definida por Marx y Lenin para los periodos llamados pacíficos,
en los que el movimiento marcha a paso de tortuga? La etapa que
siguió a la terminación de la guerra antifascista y revolucionaria de 1936-39
en España, no obstante el corto periodo de la guerrilla, tuvo ese carácter de repliegue y
de reposición de fuerzas, pero en lugar de eso lo que se produjo, por
influencia revisionista, fue una verdadera liquidación del Partido y el
movimiento, lo que ha hecho mucho más difícil y prolongada esa labor. Pero
incluso en una situación de ascenso revolucionario ¿se puede saltar por encima
de la fase preparatoria, del nivel de conciencia de las amplias masas del
pueblo y pasar de un día para otro, del régimen burgués al socialismo? ¿se puede
plantear la implantación de la dictadura del proletariado desde la situación
del régimen capitalista sin que medie un periodo de lucha política que permita
capacitar a las masas en el democratismo más consecuente, que las lleve a
comprender la necesidad del socialismo y que las prepare realmente, en base a
sus propias experiencias, para ejercer el poder?

Tomemos el ejemplo de la revolución rusa de 1917, que es el que mejor
puede servirnos para poner en claro este problema de las etapas que hemos
encuadrado en la categoría de la estrategia entre comillas, es
decir, en el concepto de la estrategia considerada dentro de las distintas
etapas, fases o periodos por los que necesariamente atraviesa todo proceso
revolucionario.

III

El hecho de que la revolución rusa, como la definiera Lenin desde un
principio, tuviera un carácter democrático-burgués, no socialista, no invalidó
la estrategia proletaria orientada al derrocamiento de la burguesía y al
establecimiento del poder obrero; tan sólo obligaba a adoptar una táctica
acorde con la correlación de las fuerzas sociales en presencia que les
permitiera aproximarse al objetivo y capacitar al mismo tiempo al proletariado para
resolver prácticamente las grandes tareas en los grandes días que concentran en
sí veinte años
. Sobre este particular, Lenin ya había mostrado la
imposibilidad de que la burguesía rusa pudiera llevar hasta el fin la
revolución democrática así como su inclinación al compromiso con la reacción,
lo que ofrecía a la clase obrera la posibilidad de encabezar y dirigir la
revolución democrática y de llevarla hasta sus últimas consecuencias, es decir,
hasta su transformación en revolución socialista. La democracia tiene
una enorme importancia en la lucha de la clase obrera contra los capitalistas
por su liberación
, escribió Lenin. Y continuaba:

Pero la democracia no es, en modo alguno, un
límite insuperable, sino solamente una de las etapas en el camino del
feudalismo al capitalismo y del capitalismo al comunismo […]

La democracia es una forma de Estado, una de
las variedades del Estado. Y consiguientemente, representa, como todo Estado,
la aplicación organizada y sistemática de la violencia sobre los hombres. Esto,
por una parte. Por la otra, la democracia significa el reconocimiento formal de
la igualdad entre los ciudadanos, el derecho igual de todos a determinar el
régimen del Estado y a gobernar el Estado. Y esto, a su vez, se halla
relacionado con que, al llegar a cierto grado de desarrollo de la democracia,
ésta, en primer lugar, cohesiona al proletariado, la clase revolucionaria
frente al capitalismo, y le da la posibilidad de destruir, de hacer añicos, de
barrer de la faz de la tierra la máquina del Estado burgués y de sustituirla
por una máquina más democrática, pero todavía estatal, bajo la forma de las
masas obreras armadas, como paso previo hacia la participación de todo el
pueblo en las milicias.

Aquí la cantidad se transforma en calidad;
este grado de democratismo se sale ya del marco de la sociedad burguesa, es ya
el comienzo de su reestructuración socialista (6).

Esa es la verdadera concepción del marxismo-leninismo acerca de la
táctica de la revolución proletaria en relación con la democracia. De ahí que
Lenin no previera una etapa prolongada de revolución democrático-burguesa y
concibiera el proceso revolucionario de Rusia de manera diferente a como se
había dado en los países de Occidente, pero no de manera distinta a como la
concibiera Marx en su tesis sobre la revolución permanente; que,
por cierto, nada tiene que ver con la concepción trotskista. Fue este mismo
planteamiento lo que le llevó a formular la táctica del gobierno
obrero-campesino como un tipo especial de alianza de clases revolucionaria
dirigida por el proletariado y cuyo fin no era otro que el establecimiento de
la dictadura proletaria. Este programa, como es sabido, se cumplió en la
práctica antes incluso de lo que se esperaba. A ello contribuyeron una serie de
circunstancias como la guerra imperialista, la bancarrota del Estado zarista y
el hecho de que los obreros y campesinos se hallaban armados. Sobre esta base
surgieron los Soviets, las organizaciones políticas de masas que habrían de
desempeñar tan importante papel en el desarrollo de los acontecimientos.

¿Qué deben hacer los Soviets de diputados obreros?, pregunta Lenin entonces, y he aquí su
respuesta: Deben ser considerados como órganos de la insurrección; como
órganos del poder revolucionario 
[…] necesitamos un poder
revolucionario, necesitamos (para cierto periodo de transición) de un Estado
[…] pero
no como el que necesita la burguesía -con los órganos de poder en forma de
policía, ejército, burocracia- separados del pueblo y en contra de él. Todas
las revoluciones burguesas se han limitado a perfeccionar esta máquina del
Estado, a hacer pasar esa máquina de manos de un partido a las del otro. Si se
quiere salvaguardar las conquistas de la presente revolución y seguir adelante,
si se quiere conquistar la paz, el pan y la libertad, el proletariado debe,
empleando la palabra de Marx, ‘demoler’ esa máquina del Estado ‘ya hecha’ y
sustituirla por otra nueva, fundiendo la policía, el ejército y la burocracia
con todo el pueblo en armas
 (7).

Repárese en que en este largo pasaje que acabamos de citar, Lenin se está
refiriendo a la necesidad del Estado para cierto periodo de transición y
no para una etapa política cualquiera; es decir, se está refiriendo al Estado
de la dictadura revolucionaria del proletariado y no, como podría parecer a
simple vista, a un gobierno provisional nacido de una alianza de clases. Esta
alianza existió durante un corto periodo y desempeñó el papel de dictadura
democrático-revolucionaria del proletariado y los campesinos, pero no llegó a
constituirse en Estado. Su función principal consistió en facilitar el
establecimiento de ese nuevo Estado que estaba surgiendo y que en aquellas
circunstancias sólo podía ser ya el Estado de la dictadura del proletariado.

La dictadura revolucionaria-democrática del proletariado y de los
campesinos ya se ha realizado en la revolución Rusa (en cierta forma y hasta
cierto grado); puesto que esta fórmula sólo prevé una correlación de clases y
no una institución política concreta llamada a realizar esta correlación, esta
colaboración
 (8).
Es en ese momento cuando la cantidad se transforma en calidad,
cuando el grado de democratismo se sale ya del marco de la sociedad
burguesa, es ya el comienzo de su reestructuración socialista
. Este
fenómeno que describe Lenin se produjo durante el periodo de la dualidad
de poderes
 que marca la existencia de la dictadura
democrático-revolucionaria de los obreros y campesinos, representados en los
Soviets, y el gobierno provisional contrarrevolucionario burgués, el cual
habría de dar paso, tras la insurrección de Octubre, al poder único de los
Soviets en los que los representantes de los obreros obtendrían la mayoría que
les permitió ejercer el poder sin compartirlo con ninguna otra clase. Así
nacería el nuevo Estado, la nueva institución política en la que se funden
la policía, el ejército y la burocracia con todo el pueblo en armas
.

Lenin explica, en el mismo texto que hemos citado más arriba, en contra
de los que le acusaban de putchismo y de los que conciben como un
juego
 la toma del poder, la absoluta necesidad de ganar a las masas
así como la actividad que a tal fin desplegaron los bolcheviques en vísperas de
la insurrección:

En mis tesis -se refiere a las Tesis de
Abril- me aseguré completamente contra todo salto por encima del movimiento
campesino o, en general, pequeñoburgués, que no ha culminado, contra todo juego
a la ‘toma del Poder’ por parte de un gobierno obrero, contra cualquier
aventura blanquista, puesto que me refería directamente a la experiencia de la
Comuna de París. Como se sabe, y como indicaron detalladamente Marx en 1871 y
Engels en 1891, esta experiencia excluía totalmente al blanquismo, asegurando
completamente el dominio directo, inmediato e incondicional de la mayoría y la
actividad de las masas sólo en la medida en que la propia mayoría actuase
conscientemente.

En las tesis reduje la cuestión, con plena
claridad, a la lucha por la influencia dentro de los soviets de diputados y
obreros, jornaleros, campesinos y soldados. Para no dejar ni sombra de duda al
respecto, subrayé dos veces, en las tesis, la necesidad de un trabajo de
paciente e insistente ‘explicación’, que se adapte a las necesidades prácticas
de las masas (9).

Ahí aparece expuesta, en líneas generales, la táctica bolchevique para el
tránsito de la democracia más consecuente al establecimiento del gobierno
obrero con el que culmina el proceso revolucionario anterior, tras una etapa de
acumulación de fuerzas y de preparación de las mismas para ejercer el poder. El
que este proceso se diera en un país y en unas circunstancias particulares, que
puede que no se repitan, no resta validez a esa táctica, sobre todo, en lo que
se refiere a su aspecto estratégico, a la necesidad de observar las
etapas o fases por las que atraviesa todo el proceso. Esto resulta importante a
la hora de determinar las consignas u objetivos políticos que corresponden a
cada una de esas etapas, especialmente en lo que se refiere a la preparación
política de las masas.

¿Puede, acaso, considerarse que el partido debe asumir la iniciativa y la
dirección en la organización de las acciones decisivas de las masas 
-escribe Stalin-basándose sólo en que su
política es, en general, acertada, si esta política no goza aún de la confianza
y del apoyo de la clase, a causa, pongamos por ejemplo, del atraso político de
ésta, si el partido no ha logrado convencer aún a la clase de lo acertado de su
política, a causa, pongamos por ejemplo, de que los acontecimientos no estén
todavía lo suficientemente maduros? No, no puede. En tales casos, el partido,
si quiere ser el verdadero dirigente, debe saber esperar, debe convencer a las
masas de lo acertado de su política, debe ayudar a las masas a persuadirse por
experiencia propia de lo acertado de su política
(10). Stalin abunda
en esta idea fundamental de la táctica comunista en la que venimos insistiendo
recordando algunos pasajes de las obras de Lenin que no dejan lugar a ninguna
duda sobre este aspecto: Si no se produce un cambio en la opinión de la
mayoría de la clase obrera, la revolución es imposible, y ese cambio se
consigue a través de la experiencia política de las masas
 […] La
vanguardia proletaria está conquistada ideológicamente. Esto es lo principal.
Sin ello es imposible dar ni siquiera el primer paso hacia el triunfo. Pero de
esto al triunfo hay todavía un buen trecho. Con la vanguardia sola es imposible
triunfar. Lanzar sola a la vanguardia a la batalla decisiva, cuando toda la
clase, cuando las grandes masas no han adoptado aún una posición de apoyo
directo a esta vanguardia, o al menos de neutralidad benévola con respecto a
ella… sería no sólo una estupidez, sino, además, un crimen. Y para que
realmente toda la clase, para que realmente las grandes masas de los
trabajadores y de los oprimidos por el capital lleguen a ocupar esa posición,
la propaganda y la agitación, solas, son insuficientes. Para ello se precisa la
propia experiencia política de las masas
 (11).

IV

En España, como señala el proyecto de Programa de nuestro Partido,
no existe ninguna etapa revolucionaria intermedia, ningún peldaño
de la escalera histórica anterior a la revolución socialista
. El desarrollo
industrial, la transformación capitalista del campo, etc., la entrada, en suma,
del capitalismo en la fase monopolista, imperialista, última de su desarrollo,
ha terminado hace ya tiempo con los remanentes del régimen semifeudal y ha
creado las bases económicas y sociales que hacen posible y necesario el paso al
socialismo. Por consiguiente, el objetivo estratégico que persigue el
partido es la expropiación de la oligarquía financiero-terrateniente, la
demolición del Estado fascista e imperialista y la implantación de la República
Popular
. Como vemos, aquí queda claramente establecido que en España no
queda más revolución pendiente que la socialista, y en consonancia con ese
objetivo estratégico se avanzan algunas de las medidas que van a permitir
acercarnos a ese periodo de comienzo de la reestructuración socialista.
Para ese comienzo, no pueden ser lanzadas consignas netamente socialistas,
tales como poder obrero o dictadura del proletariado, que ni
serían comprendidas ni aceptadas por las grandes masas. A esa etapa
corresponden consignas de carácter democrático-revolucionario que pueden ser
compartidas por amplios sectores de la población, no sólo por el proletariado,
aunque, ciertamente, sólo la clase obrera está interesada y luchará por llevarlas
a cabo de manera consecuente hasta el final, es decir, hasta propiciar el salto
de la cantidad de democracia a la nueva cualidad socialista una vez que se
han creado todas las condiciones para ello, para que ese salto sea realmente
revolucionario, encuentre una sólida base de masas, y no sea un salto en el
vacío.

Aquí cabe preguntar: ¿cuál va a ser el contenido de clase de esa República
Popular
 que habrá de ser construida sobre los escombros del viejo
Estado de la reacción?, ¿puede ser confundida con una república
democrático-burguesa?, ¿acaso un Estado socialista no puede adoptar una forma
republicana, o puede no ser popular y democrático? No entraremos a considerar
la posibilidad de que hoy día, bajo el capitalismo monopolista de Estado, se
pueda retroceder en la historia hacia la restauración de un Estado de
democracia burguesa, ya que éste es un absurdo teórico que
muchas veces ha sido rebatido por nosotros. Centremos la atención en el
concepto de lo popular así como en el análisis de clase que
sirve de base a nuestra posición política.

Según la concepción marxista, ese concepto designa a las clases y capas
sociales que en un momento dado pueden estar, objetivamente, interesadas en
luchar unidas por sus intereses comunes. Sin embargo, esa coincidencia momentánea
no ha de llevarnos a perder de vista las contradicciones y las luchas de
intereses distintos, y hasta contrapuestos, que se dan en el seno del pueblo.
Cuando, por causas que no vienen al caso exponer aquí, dichas contradicciones
se agravan y se hacen antagónicas y un sector de la población se pasa al campo
del enemigo, de la contrarrevolución, deja automáticamente de pertenecer al
pueblo, por lo que éste deberá ejercer la dictadura sobre dicho sector. La
dictadura no se aplica jamás contra las masas populares que defienden la
revolución, es decir, contra el pueblo, por la sencilla razón de que son éstas,
precisamente, las que sostienen al nuevo poder.

En general, se puede decir que en España no existe una burguesía nacionalpopular o
democrática que esté interesada en un cambio profundo de la sociedad. Esto se
debe al hecho de que las transformaciones económicas y sociales
correspondientes a la revolución burguesa hace tiempo que han sido realizadas
por el capital monopolista. Quedan aún por resolver algunos problemas como, por
ejemplo, los relacionados con la opresión de las nacionalidades y otros de
carácter superestructurales (culturales, etc.), pero tales problemas que aún
están por resolver no hacen de la burguesía española, en ninguna de las naciones
que componen el Estado, una clase revolucionaria. De manera que ya
sólo quedan, junto a esos remanentes de la revolución burguesa, algunas capas
de la pequeña burguesía en rápido proceso de proletarización, especialmente en
el campo. El proyecto de Programa del Partido resume esta cuestión de
la estrategia y la táctica como sigue: Entre esos sectores, los más
próximos al proletariado son los semiproletarios y pequeños campesinos cargados
de deudas por los bancos. En la perspectiva de sus intereses futuros, todos
esos sectores están objetivamente interesados en la revolución socialista,
aunque vacilan (oscilan) continuamente entre las posiciones consecuentemente
democráticas y revolucionarias del proletariado y el reformismo burgués
.

Pues bien, es de suponer que, con la instauración de la República y la
nueva etapa del proceso revolucionario a que dará lugar, se producirá una
polarización política dentro del pueblo. Con la aplicación de esas medidas de
carácter democrático-revolucionario se abre un periodo de lucha política que
sólo podrá conducir, en un corto espacio de tiempo (aunque éste dependerá de la
correlación de las fuerzas en pugna) a la instauración de un gobierno obrero
apoyado en las grandes masas armadas del pueblo trabajador, el cual habrá de
proseguir las transformaciones económico-sociales, políticas, culturales, etc.
De esta manera se habrá consumado el salto, se habrá establecido la
dictadura proletaria sobre los enemigos de las conquistas populares y éstas
podrán seguir adelante profundizando en esas conquistas bajo la
dirección de la clase obrera en el poder.

En el proyecto de Programa, este proceso que hemos descrito queda
explicado de la forma que sigue: Con la instauración de la República
Popular se inicia el periodo que va desde el derrocamiento del Estado burgués a
la implantación de la dictadura revolucionaria del proletariado y que marca una
corta etapa de transición política, la cual habrá de estar presidida por un
gobierno provisional que actúe como órgano de las amplias masas del pueblo
alzado en armas
. Entre las medidas que se proponen en el proyecto de Programa del
Partido para que sean aplicadas inmediatamente por el Gobierno provisional, hay
algunas que no dejan ni la menor sombra de duda respecto de su carácter
verdaderamente democrático y revolucionario: Creación de consejos
obreros y populares como base del nuevo poder; disolución de los cuerpos
represivos de la reacción y armamento general del pueblo; nacionalización de la
banca, de las grandes propiedades agropecuarias, de los monopolios industriales
y comerciales y de los principales medios de comunicación
. El proyecto de Programa del
Partido explica, además, que sólo un gobierno revolucionario formado
por los representantes de las organizaciones populares, que actúe como órgano
de la insurrección popular victoriosa, poseerá la fuerza y la autoridad
necesarias para organizar las elecciones a una asamblea (constituyente) de
representantes del pueblo. El nuevo gobierno llevará a cabo la demolición
completa de la vieja máquina estatal de la burguesía, arrasará desde los
cimientos los pilares sobre los que se asienta la dominación y los privilegios
del capital (pues ésta es la condición primera de toda revolución
verdaderamente democrática y popular) y emprenderá inmediatamente las
transformaciones económicas y sociales necesarias, facilitando así el
establecimiento del poder popular y, dentro de él, la hegemonía política del
proletariado
.

Vemos, pues, que el gobierno provisional y todas las medidas que habrá de
tomar obedecen a una necesidad, la que corresponde a esa corta etapa de
transición
que deberá permitir el establecimiento de la dictadura
proletaria. Para ello contará con el apoyo y la participación activa de todos
los trabajadores dirigidos por su vanguardia y organizados en sus partidos,
sindicatos, milicia, etc. De ahí que se pueda asegurar que ese gobierno será
democrático, mil veces más democrático que cualquier gobierno burgués y, aunque
no constituirá todavía un Estado, en el sentido estricto, institucional,
de este concepto, deberá proceder dictatorialmente contra la reacción y arrasar con
todos los privilegios, siendo legitimado para ello por la nueva correlación
de clase
 surgida de la revolución.

Este periodo a que se refiere el texto citado y que se inicia tras el
derrocamiento del Estado fascista y monopolista no puede ser confundido, por
tanto, con una etapa de revolución democrático-burguesa, ni siquiera de nuevo
tipo
, puesto que el poder económico y político en que basa la burguesía su
dominación, ha sido (o está siendo) demolido, lo que quiere decir que debemos
inscribirlo dentro de la táctica destinada a alcanzar el objetivo final de la
revolución. Esta táctica, aparte de cubrir las necesidades políticas,
organizativas, etc., que ya hemos referido, correspondientes a ese periodo de
transición, se basa en la consideración de que existen sectores populares,
además de la clase obrera (tales como los pequeños campesinos, los
semiproletarios y los pueblos oprimidos de las nacionalidades) que están
también interesados y pueden tomar parte activa en la lucha por el
derrocamiento del Estado fascista e imperialista u observar una posición de
neutralidad. La táctica del Partido busca atraerlos al lado del
proletariado, al objeto de derrocar por la fuerza a la oligarquía financiera y
terrateniente, ganar a la pequeña burguesía o tratar de neutralizarla
. A
continuación de este párrafo, el proyecto de Programa hace hincapié
en la idea que ya hemos explicado: El Partido no se puede proponer
conducir directamente a la clase obrera, desde la situación presente, a la toma
del poder. Para eso son necesarias determinadas condiciones interiores y
exteriores, una potente organización y abundantes experiencias políticas, tanto
por parte de las masas como del propio Partido. Todo esto habrá de aparecer o
se irá creando en el curso de la lucha revolucionaria y en el proceso mismo de
derrocamiento del régimen capitalista
.

En todo este proceso, la lucha política por el poder se destaca como la
cuestión más importante, verdaderamente decisiva, y toda la labor y la táctica
del Partido no tienen otro objeto o finalidad más que preparar las condiciones
que permitan a la clase obrera aproximarse y acceder, finalmente, al poder.
Para ello se deberán tener en cuenta las condiciones tanto generales (internas
y exteriores) como las concretas de cada situación o periodo por el que
atraviesa el movimiento. No hacerlo así sólo puede ocasionar fracasos y reveses
y hacer, por consiguiente, mucho más lenta y costosa la marcha.

Es en esa perspectiva de lucha por el poder, y ateniéndonos en todo
momento a las condiciones políticas imperantes, a la correlación de fuerzas, al
grado de conciencia política y combatividad de las masas, etc., donde se debe
situar la lucha de resistencia frente al fascismo, el capitalismo y el
imperialismo y por la obtención de verdaderas mejoras económicas, sociales y
políticas de carácter democrático para las masas populares. El Partido plantea
la lucha por esas reivindicaciones, tales como las libertades políticas, de
expresión, asociación y manifestación, los derechos sindicales y sociales de
los trabajadores, el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas por
el Estado español, la amnistía para los presos y exiliados políticos, etc.,
como parte de su táctica orientada a poner aún más al descubierto y aislar al
régimen fascista y ofrecer un programa de lucha común que permita la unidad o
el reagrupamiento de las fuerzas populares. A tal fin habrá de contribuir
también la lucha armada de resistencia, así como el boicot activo y sistemático
a los partidos, sindicatos y mascaradas electorales organizadas por el régimen.
Estos son, en resumen, los objetivos, las tareas, el programa y las
consignas que corresponden a este momento, y el Partido debe luchar por ellos
con firmeza y ahínco, en la seguridad de que están en el camino justo.
Notas:

(1) Lenin: Apéndice III del libro Quiénes son los amigos del pueblo
y cómo luchan contra los socialdemócratas
.


(2) Lenin: Tres fuentes y tres partes integrantes
del marxismo
.
(3) Lenin: Carlos Marx.
(4) Lenin: Marxismo y revisionismo.
(5) Lenin: Carlos Marx.
(6) Lenin: El Estado y la revolución.
(7) Lenin: Tesis de Abril, 29 (11) de Marzo
de 1917.
(8) Lenin: Cartas sobre táctica.
(9) Lenin: Cartas sobre táctica.
(10) Stalin: Cuestiones del Leninismo.
(11) Lenin: Obras completas, tomo XXV;
citado por Stalin en Cuestiones del Leninismo.

El artículo se puede descargar en formato pdf desde aquí:

El subjetivismo sectario (texto de JM Álvarez sobre Sánchez Casas)


Ayer tomé de Facebook la imagen que acompaña esta entrada porque me hizo recordar algo que les cuento a renglón seguido.



 Si hubo alguien que dio lecciones de antisectarismo, ese fue José María Sánchez Casas. «Pese» a su historial y ya en libertad, era reconocido por la calle por unos y otros. Prácticamente la mayoría de la gente lo saludaba con afectividad simulada o real. No se nos escapaba el hecho de que en muchos casos, detrás del saludo se ocultaba el localismo del «ese es de aquí y le echó cojones a la cosa»

A todos correspondía con amabilidad, mientras “por lo bajini” manifestaba su sorpresa porque este o aquel le mostraran semejante cariño. En el poco tiempo que le quedó de vida desde que cumpliera condena y no le debiera al régimen ni un tantito así, José María entabló relaciones con personas de varias tendencias y formas de ver la vida. Es obvio que primaron en él la honestidad de aquellas, independientemente de otras consideraciones sin que ello significara que abandonara un ápice sus principios.

Iba a todos los lugares que se encartaran, participó en dos o tres programas de una televisora local donde algunos “súper” no habrían puesto un pie en su vida, pero él utilizaba las tertulias para difundir sus ideas, incluso fue galardonado con el primer premio de carteles del Carnaval porque otra persona (ni por asomo revolucionaria)  se presentó en su nombre y en el acto oficial declaró la auténtica autoría del cartel  diciendo «esto no lo he hecho yo, sino mi amigo José María Sánchez Casas» quien, sonriendo, salió de entre el público asistente y recogió el galardón en medio del desconcierto, la ofuscación y humillación de la corporación municipal, plena de franquistas.

Siempre primó en él el principio comunista de no creerse por encima de nadie (error gravísimo de quien lo cometa), de no ir por ahí dando lecciones de superioridad ideológica. Escuchaba a la gente sencilla, popular, tenía paciencia, dialogaba sobre los problemas cotidianos que nos afectan por igual a todos, no espantaba a nadie, trataba de sumar y organizar que el resto vendría después, en definitiva: no era un sectario. 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies