La web más censurada en internet

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Atrapados en la red

Osvaldo León

Escándalo tras escándalo, relacionados con la violación de la privacidad y manipulación de datos personales, un remezón expansivo ha tocado la imagen idílica que engalana al puñado de corporaciones digitales predominantes en Internet, afectando particularmente a Facebook y en menor medida a Google, ambas en el negocio de anuncios personalizados en línea (targeted online ads).

Facebook se puso en la mira a raíz de las revelaciones de que dejó filtrar datos de decenas de millones de usuarios a la firma británica Cambridge Analytica, que los puso al servicio de sus clientes en campañas políticas. No por tratarse de la primera denuncia sino por la resonancia alcanzada y sus implicaciones como plataforma que se presta a la manipulación política, como sería el caso durante las elecciones presidenciales estadounidense en 2016. En la última semana de septiembre esta firma registró un nuevo revés: unas 50 millones de cuentas fueron pirateadas por una falla de seguridad.

Google ha sido reiteradamente denunciado por alterar los resultados del servicio de búsquedas que ofrece para beneficiarse comercialmente o para promover una ideología determinada desde el momento en que, desde su arbitrio, puede disponer qué se puede ver y en qué orden, y qué descarta o censura. Aunque la empresa lo niega, en julio 2018 la Unión Europea le impone una multa de 5.000 millones de dólares por haber incumplido con ciertas leyes antimonopólicas al haber manipulado los algoritmos de búsquedas para favorecer al servicio de compras corporativo de su propiedad. Para el Dr. Robert Epstein, investigador del American Institute for Behavioral Research and Technology, cerca del 25 por ciento de las elecciones nacionales en el mundo son decididas por Google [1].

Ante estos acontecimientos, la cobertura mediática corporativa se ha empeñado en presentarlos como hechos aleatorios, siendo que revelan un gran problema de fondo: la imbricación de las grandes empresas en Internet con el modelo de vigilancia imperante, con severas implicaciones sobre la vida democrática y la vida social en general, no solo por lo que están haciendo sino por lo que pueden hacer en el futuro.

En razón de estos escándalos, de alguna medida se ha fragilizado el mito de la neutralidad que las redes digitales predominantes buscan fomentar. Y por lo mismo, no solo que están aflorando importantes preguntas sobre la privacidad y la vigilancia en Internet, sobre la supervisión democrática de estas plataformas, sino que también se está abriendo la oportunidad para discutir la implementación de regulaciones de las redes digitales, siendo que a otros medios si se las aplican. La cuestión es: ¿con qué sentido y alcance? Por lo mismo, vale señalar algunos elementos de contexto.

Expansión del campo comunicacional

En tanto factor básico de las relaciones humanas, la comunicación constituye un componente ineludible de toda actividad social, por lo que toda dinámica social presupone un proceso comunicacional. Con el desenvolvimiento de los medios de comunicación y su institucionalización, los procesos comunicacionales han registrado cambios profundos e irreversibles. Tan es así que es muy común que se pierda de vista que los medios apenas son un componente de los procesos de comunicación y no el proceso mismo.

Esta trayectoria no solo señala la posibilidad de contar cada vez más con nuevos conductos para transmitir mensajes, sino la constitución de instancias que acumulan poder en la medida que -al afectar el proceso de producción, almacenamiento y circulación de información y contenido simbólico- se tornan gravitantes en la construcción del entorno cultural. De ahí que la comunicación es uno de los factores que históricamente la modernidad capitalista ha conjugado con el cambio sociopolítico y crecimiento económico.

Específicamente, los medios de difusión asumen un rol fundamental en los procesos de consumo (expandir mercados), y como negocios ellos mismos priorizan la ampliación de audiencias (mercancía primaria) por encima de la calidad y responsabilidad social, de ahí el creciente peso del entretenimiento. Al tiempo que desempeñan un papel ideológico y de disciplinamiento social clave.

Con el vertiginoso desarrollo registrado por la comunicación en el mundo contemporáneo y su impacto en todos los órdenes de la vida, de más en más se están irradiando sus prerrogativas para asumir una serie de roles de control social que antes desempeñaban otras instituciones (partidos, escuelas, iglesias, etc.). Una de las secuelas de este reordenamiento es la creciente importancia de la opinión pública en tanto espacio para dirimir los conflictos sociales y políticos. Lo cual, entre otras cosas, ha conducido a una ampliación del campo comunicacional, con actividades como el marketing, los sondeos de opinión, el manejo de imagen, etc., que exigen un tratamiento multidisciplinario.

Pero a la vez, asistimos a una acelerada conformación de grandes conglomerados estrechamente articulados al sistema corporativo financiero, industrial y militar. Proceso que se acelera con el desarrollo de las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC), cuya cara emblemática es Internet, en la medida que contribuyen a apuntalar el nuevo ciclo de acumulación del capital, corporativo y transnacional, denominado “globalización”. Como también por el impacto que alcanzan en la vida cotidiana de las personas.

Esto es, permiten que se expanda el espacio geográfico subordinado a la acumulación capitalista, incorporando nuevos territorios y poblaciones, y que se acorte el tiempo de acumulación o ciclo del capital, acelerando el circuito producción, circulación y realización de bienes y servicios. Y así, por primera vez, la lógica capitalista se extiende a las relaciones sociales en todo el planeta.

Y en esta dinámica ya están en camino la Internet de las cosas, las cadenas de bloques y la inteligencia artificial. Al tiempo que las empresas de mayor peso en este sector (principalmente las llamadas GAFAM: Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) ya ocupan los primeros lugares de valoración en la bolsa.

Configuración reticular

Otro de los fenómenos de la sociedad contemporánea es el relativo a las “redes” como modalidad para establecer interacciones y actuar socialmente, con alto grado de flexibilidad, horizontalidad e interconectividad. Esta forma de articulación reticular precede a la llegada de la Internet, pero con ésta se profundiza su alcance, velocidad y complejidad.

A diferencia de las estructuras piramidales, organizadas en niveles jerárquicos, donde los niveles intermedios se encargan del enlace entre la dirección y la base, para el funcionamiento en red son las interacciones y flujos de información entre los diversos componentes que adquieren un valor sustantivo para su accionar y desarrollo. Y esto porque entre ellos se establece una horizontalidad de las relaciones con la particularidad que cada cual puede decidir sobre sus propias acciones, pero no sobre las de los otros.

Debido a esta configuración reticular basada en la horizontalidad y reciprocidad, las redes no solo son capaces de congregar a componentes heterogéneos (organizaciones formales e informales, estructuradas jerárquicamente o no, etc.), sino que también pueden expandirse por todos los lados, con un carácter multiplicador que resulta por esa capacidad de articular acciones diversificadas, múltiples, repetitivas, etc. para el cumplimiento de los objetivos comunes. Mas no se trata de una simple sumatoria de acciones, pues de por medio está ese proceso de construcción colectiva de objetivos comunes que le da un sentido propio e innovador, sin que esto implique que sus diversos componentes pasen a pensar y actuar de la misma manera. De hecho, por tratarse precisamente de una modalidad organizativa donde cada componente preserva su autonomía, la diversidad constituye un factor de potenciamiento del conjunto [2].

Si bien la forma en red de la organización social ha existido en otros tiempos y espacios, lo nuevo radica en su expansión al conjunto de la estructura social, por lo que la lógica de red ha pasado a ser un elemento estructurante del mundo contemporáneo. En tal sentido, las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC), además de abrir nuevas posibilidades en el plano de la comunicación, sustentan nuevas lógicas organizativas en el ámbito de la producción, que paulatinamente se extienden a la sociedad en su conjunto.

El usuario como producto comercial

Vale precisar que si bien Internet nació en el ámbito militar de los Estados Unidos, como un arma más de la Guerra Fría, su impulso inicial tiene lugar en el marco de iniciativas académicas y ciudadanas que le imprimen el carácter de un sistema descentralizado, horizontal y abierto. Específicamente, es en 1969 que aparece la primera red funcional, Arpanet, luego que un grupo de profesores y estudiantes de la Universidad de Los Ángeles logra el primer intercambio de mensajes “en línea” con sus pares de la Universidad de Stanford. Una década después se inicia el ciclo de Internet, aunque para su despliegue debió esperar la llegada de la interfase gráfica hoy conocida como www (world wide web), que se da a inicios de los 90.

A partir de entonces se inicia un paulatino giro respecto a la concepción inicial de quienes diseñaron Internet como un medio ciudadano no comercial, pues los grupos corporativos irrumpen para imponer una lógica de rentabilidad que pasa por la anulación de la privacidad en la red con la incorporación de protocolos de vigilancia, para poder rastrear la actividad de las personas en Internet y establecer perfiles con sus datos personales (identidad, relaciones, gustos, afinidades, etc.).

O sea, de un esquema inicial radicalmente descentralizado se pasa paulatinamente a una estructura altamente centralizada donde la información queda en pocas manos. Y es precisamente esta información que se convierte en la mina de oro para negociar con el mejor postor y, por tanto, consolidar su propio poder; en connivencia con los estamentos de seguridad policial y militar. Y tan es así que ahora empresas comerciales o políticas pueden enviar mensajes propagandísticos específicos a segmentos demográficos con alta probabilidad de éxito y, consecuentemente, con efecto multiplicador.

Es en este contexto que tiene lugar la expansión de las llamadas redes sociales digitales, que en rigor son plataformas empresariales que permiten intercambios en línea, potenciando la dimensión relacional de la comunicación, donde los usuarios/as se convierten en los soportes clave para su supervivencia; un mecanismo de explotación del trabajo de usuarios, que se complementa con la apropiación de los datos que estos usuarios ofrecen y cuya venta está a la base del gran negocio. Y es por eso que cada empresa se empeña para que la gente utilice su plataforma con la mayor frecuencia posible, porque al fin de cuentas el usuario es el producto transable.

Y aquí radica una de las contradicciones clave que se expresa actualmente en el mundo Internet: la lógica de commodity y de ganancia máxima que tales empresas buscan imponer, frente a la capacidad de Internet para potenciar comunidad; esto es: Internet como parte de los bienes comunes.

Cabe acotar que esa dimensión relacional de la comunicación, que implica reconocimiento, estima, etc., en tales plataformas digitales se la encuadra bajo los parámetros ideológicos predominantes pautados por el consumismo, la competitividad, el individualismo como valores de superación y residual convivencia social, bajo un ambiente altamente emotivo. Por tanto, con una exacerbación de las percepciones ya que cómo se percibe un conflicto puede pesar más que el conflicto mismo.

Y es por este camino que llegamos al fenómeno del “fake news”, puesto que tales plataformas se prestan con mucha facilidad para el reparto de rumores, afirmaciones no verificadas, tergiversaciones o mentiras; capacidad que se multiplica aún más con el uso de bots y cuentas de usuarios ficticios, combinado o no con algoritmos, que se explota para fines políticos.

En suma, para decirlo en palabras del Colectivo Promotor del Foro Social Internet: “La primera generación de corporaciones transnacionales basadas en Internet y en los medios de comunicación social ha sido acusada, no sin razón, de debilitar la identidad colectiva, conspirar contra el sentimiento de privacidad y reducir la capacidad de acción del ciudadano o incluso del consumidor”[3].

[1] https://www.politico.com/magazine/story/2015/08/how-google-could-rig-the-2016-election-121548
[2] León, Osvaldo (2010), Redes sociales alternativas, http://conceptos.sociales.unam.mx/conceptos_final/473trabajo.pdf?PHPSESSID=9c8fb4185e4d0c003808804992ababdb
[3] Hacia un Foro Social de Internet: Por qué el futuro de Internet necesita movimientos de justicia social, octubre 2016, https://www.alainet.org/es/articulo/181536

https://www.alainet.org/es/articulo/196305

Más información:
– En todo el mundo las elecciones también se falsean con redes sociales, intoxicación y noticias falsas

– Las elecciones se manipulan porque en las redes sociales las personas se dejan manipular
– La manipulación electoral sigue: Cambridge Analytica no cierra, cambia de piel
– Los ejércitos controlan las redes sociales a través de empresas privadas de tecnología
– Facebook reconoce que difunde propaganda política falsa procedente de los gobiernos

Empresas informáticas creadas y subcontratadas por la CIA: el Caso Palantir

Hace tiempo que las políticas económicas de privatización de servicios públicos llegaron a los ejércitos y al espionaje. La información se compra y se vende y, como toda mercancía, puede ser buena o mala, veraz o fraudulenta.

La CIA es una central adelantada a la subcontratación de todo tipo de tareas de espionaje, para lo cual no se ha limitado acudir al mercado, como cualquier otro cliente o consumidor. No; ha creado las empresas suministradoras, lo que tiene tres explicaciones.

La primera es que al repartir una información entre varios clientes, el precio sale más barato. Las segunda es que la información depende cada vez más del desarrollo de las fuerzas productivas y de la tecnología. Sabe más quien tiene más medios. La tercera es que la información procede cada vez más de lo que los espías califican como “fuentes abiertas”, es decir, información que está a disposición de cualquiera.

Las tres razones conducen de cabeza a internet y a lo que rodea a internet, como las gigantescas bases de datos (“big data”) que se manejan hoy.

Por eso las empresas que se ofrecen para ese tipo de servicios, no son lo que parece. No son ajenas a la CIA sino que son la CIA misma porque, además, al trabajar para varios clientes capturan mucha más información.

En España pronto todo el mundo empezará a hablar de Palantir, una de esas empresas filiales de la CIA, dirigida por Peter Thiel, consejero informático del gobierno de Trump.

Para que se hagan una idea, Thiel fue uno de los primeros inversores de Facebook, uno de los fundadores de PayPal, estuvo en la creación de YouTube, la red LinkedIn, la aplicación Yelp… Cuando se analizan los “grandes éxitos” de internet (“start ups”), lo que aparece es que casi todos ellos fueron creados por las mismas personas, un grupo muy selecto de personajes, como Peter Thiel, todos ellos muy estrechamente relacionados entre sí.

El nombre elegido para la empresa no es ninguna casualidad. Procede de las novelas de J.R.R. Tolkien, autor de “El señor de los anillos”, entre otras, donde la palabra “palantir” no es más que el panóptico de Bentham: “el ojo que todo lo ve”, la bola de cristal que permite predecir el futuro, la vieja la piedra filosofal.

Thiel creó Palantir con dinero de In-Q-Tel, es decir, de la CIA y hay que recordar algo importante: en abril Estados Unidos aprobó la Ley Nube (Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act) que obliga a las empresas estadounidenses a informar al gobierno, incluso aunque hayan obtenido la información fuera del país.

Palantir trabaja con grandes monopolios, bancos, aseguradoras y multinacionales, lo mismo que con instituciones públicas, dentro y fuera de Estados Unidos, del tipo de la agencia tributaria, los juzgados o la seguridad social. Trabaja con la policía Nueva Orleans y Los Angeles en los programas de policía predictiva, de los que ya hemos hablado. Tampoco hay que olvidar a tinglados tan sospechosos, como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que destapó los Papeles de Panamá (de los que ya nadie se acuerda).

Prologado por el mafioso de Zuckerberg, Thiel escribió un libro en 2015, traducido al castellano (*), que se titula del “Del cero al uno” para dar la impresión de que trata sobre lógica binaria. Lo realmente bueno es el subtítulo, “Cómo inventar el futuro” porque la CIA, y otros organismos parecidos, no sólo tienen la pretensión de conocer el futuro sino de diseñarlo (a su imagen y semejanza). Quieren que en el futuro seamos como ellos quieren.

Es como uno de esos libros de autoayuda tan anglosajones que te enseñan a triunfar en la vida, lo cual consiste en ser un emprendedor, crear una empresa exitosa que rente muchos beneficios. Para ello no tienes más que seguir el manual de instrucciones de Thiel, aunque no te dice nada de asociarte con la CIA. ¿Por que será?

(*) Los más morbosos lo pueden descargar desde este enlace: https://mega.nz/#!S08CWbTT!BDkOcB1X9Cho0u6afnDpuPIUqcmyEc6_GsQg_m2757M

Uno, dos, tres internetes caracterizados por la guerra, la censura y el engaño

Por alguna extraña razón, la humanidad añora y se aferra a sus recuerdos, quizá pensando que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Si hiciéramos una de esas estúpidas encuestas preguntando por la calle si les gustaría un “mundo sin fronteras”, todos contestarían afirmativamente.

Parece, pues, que todos somos internacionalistas y algo nos dice que las fronteras no son geografía sino historia, es decir, que hubo un tiempo en el que no existían. Había Estados pero no tenían fronteras porque para que las haya el Estado tiene que cambiar su naturaleza de clase y convertirse en un Estado burgués.

Pero al principio en la frontera no había nadie; ni siquiera había aduanas y las personas cruzaban de un lado para otro sin apercibirse de que atravesaban algo, de que en el suelo había una raya que separaba a un Estado de otro, a partir de la cual les consideraban extranjeros.

Los pasaportes y los visados no llegaron hasta los tiempos del imperialismo, es decir, que no tienen más de un siglo. Con ellos los grandes Estados cerraron sus fronteras al tiempo que pretendieron abrir las de los demás. Inventaron a los extranjeros, a la inmigración y los funcionarios encargados de impedirla. Con ellos llegó la “balcanización”, las política “de bloques”, un mundo fragmentado por la rivalidad y las alianzas.

Pero la mayor parte de la humanidad nunca lo entendió y desde entonces sueña con un mundo sin fronteras, por lo que los políticos se dedican a embaucarla vendiéndole como tal engendros del tipo Unión Europea. ¿Se acuerdan de los noventa?, ¿de la “globalización” y de los que se oponían a ella? El viejo sueño de una falsa Europa sin fronteras se contradecía con lo que antes se llamó más correctamente “unión económica y monetaria”, es decir, capitalismo.

Internet es otro camelo del mismo tipo, un mundo sin fronteras, interconectado, aunque sólo sea virtual. Pero el otro día Eric Schmidt, el presidente de Google, nos arrojó un jarro de agua fría: “En los próximos 15 ó 20 años, lo más probable es que internet se divida en dos, una internet dirigida por China y la otra por Estados Unidos”.

El martes, el New York Times publicó un editorial mostrando su desacuerdo: no habría dos sino tres internet. A las dos de Schmidt añadía la europea. Hasta ahora internet sólo se ha utilizado en el singular; nosotros proponemos que se empiece a difundir el plural: internetes.

¿Por qué habrá varios internetes? Es muy sencilo de entender: porque en el futuro internet se va a construir en torno a la censura (a diferentes tipos de censura, incluida la censura de guerra).

El mundo virtual parece que sigue al real, que es capitalista e imperialista, y ha empezado por dibujar fronteras, luego seguirá por los pasaportes, los visados, las emigración, las pateras, los muros…

Pero el New York Times siempre va un poco más allá porque nunca se conforma con lo que otros aseveran: “Si las cosas continúan en esta dirección, en la próxima década internet podría quedar relegada al papel de otro frente en la nueva Guerra Fría”.

También es lógico porque en el mundo real, como dicen los leninistas, el imperialismo conduce a la guerra; luego, el virtual sigue esa misma senda. La guerra trae la mentira, la censura, la intoxicación…

La censura será el factor común de todos esos distintos fragmentos, dice el New Yor Times. “La censura y la vigilancia de internet fueron alguna vez el sello distintivo de los gobiernos opresores, siendo Egipto, Irán y China los principales ejemplos”. Pero está claro que eso “no es dominio sólo de las fuerzas antidemocráticas”.

Para escribir un editorial redondo al New Yor Times sólo le faltó añadir: “nosotros también formamos parte de esa censura”. La censura, que es el silencio, en definitiva, no podría existir sin su opuesto dialéctico, el ruido, la intoxicación o, como le gusta decir al periodico de Nueva York: sin el “spam”.

El Proyecto Jedi del Pentágono: las guerras imperialistas 2.0 no se acabarán nunca

El Pentágono está invirtiendo grandes sumas de dinero en tecnologías que intensificarán las guerras posteriores al 11-S, según el periódico The Guardian. “Al adoptar las últimas herramientas que ofrece la industria de la tecnología, el ejército de Estados Unidos está creando una forma más automatizada de guerra, una forma que aumentará enormemente su capacidad de hacer la guerra en cualquier lugar y para siempre”.

“El Ministerio de Defensa cerrará el período de licitación de uno de los mayores contratos de tecnología de su historia: la Infraestructura Conjunta de Defensa (Jedi). Jedi es un ambicioso proyecto para construir un sistema informáatico en la nube al servicio de las fuerzas estadounidenses en todo el mundo, desde analistas detrás de una oficina en Virginia hasta soldados patrullando en Níger. El contrato tiene un valor de hasta 10.000 millones de dólares en 10 años, por lo que las grandes empresas de tecnología están luchando por conseguirlo”.

El Proyecto Jedi tiene como objetivo militarizar la llamada “inteligencia artificial”. El Ministerio de Defensa habría empezado a llamar a esto “guerra algorítmica”. Al reunir la información militares en una plataforma moderna en la nube y usar los servicios de aprendizaje que estas plataformas proveen para analizar estos datos, el Jedi ayudará al Pentágono a lograr sus propósitos de “inteligencia artificial”.

Hasta ahora, la “inteligencia artificial” del Pentágono se ha centrado en armas autónomas, como los robots asesinos de tipo Terminator que matan a la población sin ninguna intervención de un operador humano. El Pentágono se centra en la ayuda de la “inteligencia artificial” para determinar a quién matar o qué objetivos bombardear en el contexto de la guerra algorítmica.

El Proyecto Maven del Pentágono ya está poniendo en práctica esta idea. Maven, también conocido como el Equipo de Guerra Algorítmica Multifuncional, apareció recientemente en los titulares por provocar una protesta de los trabajadores de Google por la participación en él de la multinacional.

Maven es el proyecto exploratorio del ejército sobre inteligencia artificial. Su fase inicial consiste en utilizar el aprendizaje automático para escanear secuencias de vídeo de los aviones no tripulados para ayudar a identificar a las personas, los vehículos y los edificios que pueden ser bombardeados.

“Tenemos analistas viendo vídeos en pantalla completa durante 6, 7, 8, 8, 8, 9, 10, 10, 10, 11 horas a la vez”, dice el general Jack Shanahan, director del Proyecto. los programas de Maven automatizan esta tarea y luego transmiten sus hallazgos a un humano.

Hasta ahora, ha sido un gran éxito: el programa se ha desplegado en hasta seis sitios de combate en Oriente Medio y África. El objetivo es cargar el programa en los propios drones, para que puedan localizar los objetivos en tiempo real.

Estos programas fortalecerán el complejo militar-industrial, tecnológico e informático para perpetuar las guerras en el mundo, concluye The Guardian.

—https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/oct/11/war-jedi-algorithmic-warfare-us-military

Las redes sociales privatizan la represión de la libertad de información

La censura impuesta por Facebook no tiene precedentes en la historia de internet. Éstas son algunas de las 800 páginas que han cerrado:

– Free Thought Project, Proyecto Libertad de Expresión, 3,1 millones de seguidores
– Anti-Media, 2,1 millones de seguidores
– Police the police, vigilar a la policía, 1,9 millones de seguidores
– Cop Block, bloquear a la pasma, 1,7 millones de seguidores
– Filming Cops, grabar a la pasma, 1,5 millones de seguidores
– Reverb Press, 800.000 seguidores
– Counter Current News, 500.000 seguidores
– The Resistance, 240.000 seguidores

Como se ve, no se trata de páginas rusas, ni de Corea del norte, sino estadounidenses y, además, progresistas, que denuncian el terrorismo de Estado y los crímenes de la policía. Naturalmente, la censura convierte a Facebook en cómplice de esos crímenes que trata de silenciar.

En sus informes internos los monopolios digitales hablan abiertamente de censura política. El documento de Google que se filtró hace unos días admitió que “las empresas de tecnología han ido abandonando gradualmente la libertad de expresión sin intermediarios en favor de la aplicación de la censura”.

El mes pasado, el grupo de expertos Atlantic Council que dirige la censura de los monopolios resumió el trabajo de una conferencia de las fuerzas especiales estadounidenses, que pidió una represión estricta de la libertad de expresión.

El informe observó que “la tecnología ha democratizado la capacidad de los grupos e individuos subestatales para difundir información con recursos limitados y un alcance virtualmente ilimitado”, pasando por alto a los “custodios profesionales” de la opinión establecida.

Las empresas tecnológicas han adquirido, pues, un papel estelar en el silenciamiento de las opiniones políticas incómodas, ya que la gran mayoría de la población se opone a la censura directa del gobierno, concluye el informe.

La censura se ha privatizado. Ya no la ejerce el Estado sino los monopolios, y no se puede recurrir a nadie.


En la imagen la directora de explotación de Facebook, Sheryl Sandberg, estrecha la mano del Presidente de la Comisión de Inteligencia del Senado, Richard Burr.

La gran purga política de Facebook: 800 páginas eliminadas

Gleicher, un Torquemada del siglo XXI
Facebook ha eliminado unas 800 cuentas activas seguidas por millones de lectores, según la agencia de noticias Bloomberg (*). El pretexto es el de todos los inquisidores modernos: proteger a los usuarios de lo que califican como “actividad inauténtica”.

La cosa se pone interesante porque ya no utilizan la coartada de los bulos y las noticias falsas, sino el “comportamiento inauténtico”.

El monopolio digital explica que ha eliminado “559 páginas y 251 cuentas que han quebrantado consistentemente nuestras normas contra el spam [mensajes basura] y coordinan un comportamiento inauténtico”.

El “comportamiento inauténtico” consiste, dice Facebook, en utilizar “contenido político sensacionalista -independientemente de su sesgo político- para multiplicar la audiencia y atraer tráfico a sus sitios web”.

Vamos, que les acusan de hacer lo que hacen todos en las redes sociales: tratar del alcanzar el mayor número de lectores posible, para lo cual comparten sus mensajes en grupos afines y publican artículos políticos “en docenas de grupos de Facebook, a menudo cientos de veces en un corto período, para atraer tráfico a sus sitios web”.

A los sicarios de Zuckerberg les disgusta que sus usuarios escriban sobre asuntos controvertidos. Han superado aquello de las “noticias falsas” y ya no ocultan que quieren llevar a los lectores hacia los medios convencionales.

Tampoco ocultan que les importa un bledo las horas de esfuerzo invertidas por muchos usuarios de la red creando y difundiendo páginas que en el momento del cierre tenían millones de seguidores.

Todo por no ser borregos y desafiar los tópicos dominantes.

Volvemos a recordar que el director de ciberseguridad de Facebook es Nathaniel Gleicher, que ocupó el mismo cargo en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. A su lado, los de Maldita.es y demás son unos vulgares aficionados.

Pero no se les puede dejar una antorcha en las manos.

(*) https://www.bloomberg.com/news/articles/2018-10-11/facebook-removes-over-800-accounts-spreading-u-s-misinformation

Más información:

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— La campaña de la OTAN contra la libertad de expresión
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— Facebook e Instagram censuran las cuentas del presidente checheno Kadyrov
— Facebook trabaja como confidente del gobierno español a pleno rendimiento
— El mejor confidente de la policía: Facebook
— Israel impone a Facebook la censura de las publicaciones palestinas
— Israel presiona a las redes sociales para censurar los contenidos de internet que perjudican su imagen
— Facebook dirige la censura política contra una página palestina
— Las páginas anodinas de Facebook que sirven para lavar la cara a los crímenes sionistas (1)
— Las páginas anodinas de Facebook que sirven para lavar la cara a los crímenes sionistas (2)
— Las páginas anodinas de Facebook que sirven para lavar la cara a los crímenes sionistas (y 3)
— El efecto matrix: de la realidad real a la realidad virtual
Alemania censura miles de sitios de internet tras la aprobación una ley contra el odio 

Israel presiona a las redes sociales para censurar los contenidos de internet que perjudican su imagen

Pintada contra Facebook en Cisjordania
Los dirigentes de Israel consideran que la reputación de su país está en juego en las redes sociales, que forman la imagen de un país e influyen en la percepción pública del mismo. Por eso presionan a los grandes monopolios, como Facebook, que las administran.

En 2006 crearon el Ministerio de Asuntos Estratégicos, que es la punta de lanza de una campaña publicitaria internacional para luchar contra lo que califican como “deslegitimación”, un término que utilizan para describir a cualquiera que critique al sionismo.

El enemigo público número uno en este esfuerzo es el movimiento BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones), sus dirigentes y partidarios alrededor del mundo.

Hoy han sido eliminadas las páginas de AntiMedia, que tenían dos millones de seguidores en Facebook y Twitter.

Los ministros israelíes se han reunido con cabecillas de Google y Facebook, advirtiéndoles que si no controlan las noticias anti-israelíes en sus plataformas, tendrán que intervenir por sí mismos.

Facebook y otros monopolios digitales han consentido muchas de las solicitudes de censura.

Desde el comienzo de la campaña, el gobierno israelí ha presentado una multitud de quejas a Google y Facebook por supuestos “discursos de odio” dirigidos contra Israel. En la gran mayoría de los casos han logrado la eliminación de los contenidos.

Los ministros israelíes se jactaron entonces de su eficacia para modelar los discursos políticos en el mundo entero.

Decenas de páginas de Facebook pertenecientes a los medios de comunicación palestinos han sido cerradas, mientras que otras han sido suspendidas, lo que ha provocado protestas. Facebook no ha publicado ninguna declaración que explique su decisión.

La agencia de espionaje israelí Shin Bet analiza el contenido de las redes sociales publicadas por los palestinos, buscando palabras y frases que puedan perjudicar a Israel.

Cientos de palestinos han sido detenidos por el contenido que han publicado en las redes sociales, a pesar de la falta de normas legales para distinguir entre una amenaza real y un discurso político. Los jueces israelíes se someten uniformemente a las pruebas presentadas por la fiscalía y la policía.

Para justificar la cesura, el Shin Bet se jacta públicamente del gran número de supuestos “complots terroristas” que ha frustrado.

Gran Bretaña ha estado llevando a cabo grandes ataques informáticos contra Rusia

El gobierno británico ha estado practicando ataques cibernéticos a gran escala que podrían causar apagones en toda Rusia, según han reconocido funcionarios británicos, en medio de un intercambio de acusaciones entre las dos partes.

Londres ha adoptado una línea agresiva contra Moscú en los últimos meses, acusándolo de un aumento en la actividad submarina cerca de las aguas británicas, envenenando a un agente doble ruso y, lo que es más importante, realizando ataques regulares de pirateo informático contra la infraestructura británica.

The Sunday Times primero dio la noticia de los simulacros secretos, citando a funcionarios anónimos familiarizados con el asunto. “Si hundieron a nuestro portaaviones con un torpedo de cabeza nuclear, ¿cuál es nuestra respuesta? No hay nada entre hundir su submarino y lanzar un arma nuclear en el norte de Kamchatka”, dijo un funcionario.

“Es por eso que el ciberespacio es tan importante. Puedes ir a la ofensiva y apagar las luces en Moscú para decirles que no están haciendo lo correcto”, agregó el funcionario.

La semana pasada los funcionarios británicos acusaron a Moscú de tomar el control de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas. Londres asegura que los intentos de piratear a la referida Organización demuestran que Rusia estuvo detrás del ataque de marzo en Salisbury, durante el cual el espía Serguei Skripal y su hija fueron atacados con el agente nervioso “novichok”.

Los funcionarios británicos también acusaron que el ataque pirata tenía como objetivo descarrilar un análisis pendiente de los ataques con armas químicas en Siria.

Estados Unidos y más recientemente Holanda también han acusado al Kremlin de orquestar ataques cibernéticos similares. Según el informe, los planificadores militares británicos estaban elaborando planes para usar “fuerzas irregulares” con el fin de contrarrestar los posibles movimientos rusos contra la OTAN en la región del Báltico y otras partes del mundo.

Facebook: uno de los mecanismos de propaganda del imperialismo y el sionismo

Facebook es una de las herramientas de la política exterior del imperialismo. Hace tiempo que la red social trabaja (censura) en estrecha colaboración con un grupo de expertos del Consejo Atlántico, patrocinado por la OTAN y el 19 de setiembre anunció que, además, se había unido a dos organizaciones (1) controladas por el gobierno de Estados Unidos: el NDI (National Democratic Institute) y el IRI (International Republican Institute).

El NDI y el IRI se componen de políticos demócratas y republicanos de Washington de alto nivel. El NDI está presidido por la antigua secretaria de Estado, Madeleine Albright, mientras que el difunto senador John McCain fue presidente del IRI durante mucho tiempo. Ambos grupos fueron creados en 1983 como parte de la National Endowment for Democracy (NED), una empresa de la Guerra Fría impulsada por William Casey, entonces Director de la CIA.

El hecho de que el Consejo Atlántico, el NDI y el IRI dirijan los contenidos de Facebook con la excusa de “luchar contra las noticias falsas” es un sarcasmo absoluto.

Las famosas noticias falsas no son más que un pretexto para atacar la información indepediente y progresista. Los cambios en el algoritmo de Facebook han reducido significativamente el tráfico de medios progresistas, como Common Dreams (2), mientras que la página de TeleSur en inglés y Venezuela Analysis fueron cerradas sin previo aviso.

En los años ochenta el NDI impulsó a la contrarrevolución en Nicaragua, mientras que el IRI tuvo un papel clave en el golpe de 2002 contra Chávez en Venezuela, según confesión propia.

Tras su asociación con el Consejo Atlántico, Facebook eliminó las cuentas vinculadas a los canales de radiodifusión iraníes (3), al mismo tiempo que se reunía con representantes del gobierno israelí para discutir las voces palestinas que debía censurar (4).

Facebook ha aceptado el 95 por ciento de las solicitudes de exclusión de la lista del gobierno israelí. Por lo tanto, el gobierno de Estados Unidos y sus aliados utilizan la plataforma para silenciar las opiniones disidentes, tanto dentro de casa como en el escenario mundial, controlando lo que los 2.000 millones de usuarios de Facebook ven y no ven.

El año pasado Bloomberg BusinesWeek informó (*) de que el partido nazi AfD (Alternative für Deutschland) había visitado la sede de Facebook para discutir con empresas estadounidenses la mejor manera de utilizar la plataforma para reclutar adeptos y seguidores. La AfD triplicó su cuota de votos, convirtiéndose en el tercer partido más grande de Alemania, el mejor resultado electoral de los nazis desde los años treinta.

Son muchos los que se lamentan del “auge de la ultraderecha”, pero nadie se pregunta por los motivos de que importantes medios de comunicación, convencionales y digitales, sean las palancas de dicho éxito.

Todas esas plañideras ocultan que es Estados Unidos quien decide lo que el mundo ve y lee, con la capacidad de marginar o simplemente suprimir noticias de organizaciones o países que no comparten sus opiniones.

Es muy problemático que una sola multinacional tenga tal monopolio sobre el flujo de información, pero la creciente maraña de control empresarial y político sobre los medios de comunicación lo es aún más.

(1) https://www.reuters.com/article/us-facebook-elections/facebook-expands-fake-election-news-fight-but-falsehoods-still-rampant-idUSKCN1LZ2XY
(2) https://www.commondreams.org/news/2018/05/03/progressive-media-outlets-including-one-decry-facebooks-plan-act-gatekeeper
(3) https://www.cnbc.com/2018/08/23/google-deletes-58-accounts-with-ties-to-iran-from-youtube-and-other-sites.html
(4) https://theintercept.com/2017/12/30/facebook-says-it-is-deleting-accounts-at-the-direction-of-the-u-s-and-israeli-governments/
(*) https://www.bloomberg.com/news/articles/2017-09-29/the-german-far-right-finds-friends-through-facebook

Represión, guerra e ‘inteligencia artificial’

La teoría militar clásica afirma que la fuerza de un grupo armado aumenta según el cuadrado de su tamaño. En consecuencia, las estrategias militares basadas en la técnica o en el número de combatientes pretenden compensar una inferioridad.Sin embargo, en ambos casos el objetivo de la guerra es lograr un objetivo o impedir que lo alcance el adversario.

El primer desafío de este enfoque bélico fue el advenimiento de la disuasión nuclear, cuyo objetivo ya no es impedir que el otro alcance un objetivo, sino impedir que lo intente. De ahí el interés obvio de las pequeñas potencias como Pakistán, Corea del norte e Irán por disponer de armas atómicas para disuadir cualquier ataque de potencias mayores.

Pero incluso en el contexto nuclear, la decisión de actuar recae en un operador humano y los desastres se han evitado debido a la capacidad de contextualización política del ser humano.

En 1962 Kennedy resolvió la crisis de los misiles “cubanos” reduciendo la presión militar de la OTAN sobre la URSS, lo que condujo a un período de distensión.

En 1983 Stanislav Petrov no aceptó la alerta de un ataque nuclear estadounidense desencadenada por la defensa antimisiles soviética. El escaso número de misiles y la falta de contexto para un ataque de ese tipo indicaban que se trataba de una falsa alarma, lo cual resultó cierto.

Ahora hay un segundo reto en la forma de hacer la guerra: la sustitución del operador humano, un militar, por máquinas equipadas con eso que llaman “inteligencia artificial”.

Los dos elementos intrínsecos al desarrollo de la “inteligencia artificial” en el terreno militar son la lógica del ataque preventivo o primer ataque, y la creación del enemigo perpetuo.

El objetivo de la “inteligencia artificial” de combate es identificar las debilidades del enemigo y optimizar los beneficios que se pueden obtener de ellas, una optimización que lógicamente conduce a un ataque una vez que se sabe que es eficaz. Así es como funcionan los drones cuando sobrevuelan ciertas zonas de combate en Afganistán y en otros lugares. También funcionarán así los sistemas militares en general en un futuro próximo, simplemente porque desde el momento en que dos sistemas basados en la “inteligencia artificial” se enfrentan, las cosas se mueven tan rápido que ya no hay suficiente tiempo para que un ser humano pueda intervenir.

Esto lleva a la conclusión lógica de que la “inteligencia artificial” de combate autónomo no tendrá otra alternativa que destruir a un oponente tan pronto como perciba la posibilidad, y la inacción conduce a su propia destrucción. Por lo tanto, se opone a la disuasión nuclear, que tenía por objeto disuadir de la intención misma de lanzar un ataque y, al mismo tiempo, pone a los países en los albores de una nueva carrera armamentista basada en la inteligencia artificial.

El desarrollo de herramientas militares tiene repercusiones en el ámbito civil. La militarización de la policía americana está directamente relacionada con el desarrollo de métodos militares en el contexto de las guerras libradas por Estados Unidos y Occidente en Oriente Medio en los últimos veinte años. La militarización transforma a la policía en un fuerza de ocupación, robocops armados y blindados que operan en nuestras ciudades y zonas rurales como si fueran territorio enemigo.

Aunque en una versión menos letal, ahora los drones están en manos de la policía, mientras que la ciberguerra y las sofisticadas técnicas de espionaje, inicialmente dirigidas a enemigos externos, se están utilizando ahora contra todas las poblaciones con el pretexto de la seguridad.

En China la vigilancia, combinada con un sistema de calificación y seguimiento del comportamiento de cada ciudadano, ya es omnipresente, una distopía dopada con técnicas de inteligencia artificial.

Por definición, lo mismo que un estado policial considera que su población es una amenaza, las técnicas de control social la consideran de la misma manera, fabricando así el principio del enemigo perpetuo que actúa tanto dentro como fuera de sus fronteras. La tarea principal de la “inteligencia artificial” integrada en este tipo de concepciones es, por lo tanto, detectar cualquier rastro de comportamiento “peligroso” en cada individuo y, a continuación, actuar para eliminarlo.

La policía ya lo hace hoy, pero la “inteligencia artificial” promete hacerlo con una profundidad, velocidad y precisión que actualmente sólo están limitados por los sueños húmedos de los “expertos”.

De cada viaje, de cada retirada de fondos bancarios, de cada visita a internet, de cada publicación en las redes sociales, la “inteligencia artificial” de la policía dibuja patrones y predicciones sobre nuestras motivaciones, nuestros pequeños secretos, nuestras pequeñas o grandes desviaciones de la norma e informan a la autoridad en consecuencia.

El contagio se está extendiendo como un reguero de pólvora, ya que cada país invierte cada vez más en inteligencia artificial y, en particular, los países con altos intereses militares y policiales, entre los que se encuentran los Estados Unidos, China e Israel.

Como casi siempre, hay que prevenir de las explicaciones que para justificarse dan los “expertos” de su propia tarea y de sus “juguetes”, que siempre son del tipo “un arma es un instrumento neutral, todo depende del que lo utiliza”, es decir, de categorías morales como el bien, el mal y otras parecidas.

Las llamadas “leyes de robótica” que se sacó Isaac Asimov de la manga son propias de gilipollas. Las categorías éticas, politicas y culturales no son neutrales, iguales a todos seres humanos o ajenas a las clases sociales, sino que vienen impuestas por las fuerzas económicas, políticas o ideológicas que dominan en una determinada sociedad, y que son -además- cambiantes. La llamada “inteligencia artificial” no hace más que reforzar esa dominación de una clase contra otra o de un país contra otro.

—https://zerhubarbeblog.net/2018/09/20/principes-de-guerre-et-intelligence-artificielle/

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