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Un cowboy en la ONU

Darío Herchhoren

En una memorable intervención del Comandante Hugo Chaves en la ONU, refiriéndose a la intervención de George Bush (h) el día anterior, dijo «ayer estuvo el diablo aquí. Huele a azufre todavía». Y podemos afirmar que el diablo ha vuelto, pero esta vez personificado por Donald Trump, que no ahorró bravata alguna con el fin de aterrorizar al mundo entero. Parecía un vaquero entrando al saloon de un pueblo perdido del far west.

Amenazó a Corea con arrasarla, y prácticamente hacerla desaparecer. No hace falta recordarles a los coreanos lo que implica la intervención de los USA en su país. Los gringos, durante la guerra de Corea utilizaron las armas más terribles de que disponían, entre otras los llanzallamas, que abrasaron a hombres, mujeres y niños que se escondían en cuevas para refugiarse de la barbarie de la «civilización» occidental. Sus tropas casi llegaron al río Yalú, que hace de frontera con China, y el peligro que corría China en ese momento llevó a que Mao Zedong mandara un millón de militares a combatir con ese demonio que son los USA. Ello llevó a la partición de Corea en dos estados, y a que en el sur del paralelo 38 se instalara un estado títere, cuyos hilos se mueven desde Washington, y que sirve a sus intereses. El estado del sur es una permanente provocación contra la Corea socialista, y ese es el motivo por el cual no se firma un tratado de paz entre las dos Coreas, y por eso los USA hacen todo lo posible para que ello no ocurra, y por ello mantienen en forma permanente 30 mil militares en ese territorio.

No quieren un tratado de paz, porque de firmarse, ello haría que la presencia de tropas yanquis en Corea no tuviera razón de ser. La guerra de Corea era una provocación contra China y contra la URSS, que tiene frontera con la Corea socialista, y ello hizo que el célebre general Douglas Mc Artur, que había entrado victorioso en Japón luego de la masacre de Hiroshima y Nagasaki preconizara que el ejército yanquy arrojara una bomba atómica sobre Corea, cosa que felizmente no ocurrió por la firme postura de la URSS, que envió armamento y aviones MIG 15 para parar la agresión.

El irresponsable payaso también amenazó a Irán. No puede soportar después de tantos años la pérdida de la monarquía iraní ejercida por Mohamed Reza Pahlevi, un lacayo opresor de su pueblo y fiel servidor de los intereses de las petroleras Standard Oil y Anglo Iranian Oil Company. La nacionalización del petróleo iraní, implicó un duro golpe para ambas multinacionales la primera transformada en la Gulf Oil, y la segunda es la actual British Petroleum.

Como en su insensato discurso hubo para todos no se olvidó de Venezuela, y al mejor estilo del Far West, amenazó con ir a «arreglar las cosas» en ese país si antes no las arreglaban las autoridades del mismo.

Pero su discurso fue tan lamentable que su sirviente en Francia Emmanuel Macron, le afeó su postura en contra del tratado con Irán sobre el uso pacífico de la energía atómica, diciendo que ese era un buen tratado y que debía respetarse, ya que el mismo no pertenecía a los EEUU sino al mundo entero.

No cabe duda que a este desenfrenado vaquero le vendrá bien una dosis de jarabe vietnamita. Ya lo está probando en Siria; pero habrá que aumentar la dosis. La de adulto.

El tiro por la culata

Darío Herchhoren
Desde hace quizá cientos de años, los USA vienen sancionando al mundo entero. Algunas de esas sanciones se han traducido en guerras o invasiones, tales como la invasión de Japón en la década de 1870; o la invasión de la isla de Granada, luego del desastre de Vietnam, y para levantar la moral de las tropas USA, que pretextaron la construcción de una pista de aterrizaje en la isla por trabajadores cubanos y la construcción de hornos de pan, que según dijeron eran una amenaza para los USA.

Otras veces esas sanciones se tradujeron en tratar de ahogar la economía de algunos países que no aceptaban la tutela de los USA, y otras simplemente consistían en no reconocer la legitimidad de las autoridades de algún país o su legalidad. Un caso paradigmático fue lo que sucedió con la República Popular China, luego del triunfo de la revolución en 1949. El ejército popular de liberación chino había conquistado todo el territorio continental chino, y las tropas fugitivas del ejército de Chiang Kay Check, se refugiaron en la isla de Formosa (Taiwan), y en algunas islas menores. En el territorio continental habitaban 800 millones de habitantes, y en Formosa alrededor de 17 millones. Sin embargo la tradicional torpeza de la diplomacia yanqui dispuso que la “verdadera” China era la de Formosa, y que en el Consejo de Seguridad de la ONU, que estaba compuesta por los cinco “grandes” que habían ganado la guerra, la representación china era la de Formosa que “representaba a todo el pueblo chino”.

Con mayor sensatez, muchos países fueron aceptando al gobierno chino representado por Mao Zedong y comenzaron a comerciar con la República Popular de China, a la cual los imperialistas seguían llamando “China Comunista”, en oposición a la “China Nacionalista”, según los imperialistas la verdadera China. Esta situación se hizo tan ridícula que fue el presidente Richard Nixon quien viajó a China y se entrevistó con Mao Zedong, y en esa ocasión las cosas se pusieron en su lugar. La República Popular China recuperó el sillón en el Consejo de Seguridad de la ONU, y el mundo entero aceptó esa situación. Se reconoció que solo había una China, y algunos, como los USA siguieron manteniendo relaciones no diplomáticas con Taiwan, a la cual convirtieron en una inmensa base militar y fuente de provocaciones hacia la verdadera China, pero les salió el tiro por la culata. China se convirtió en la principal potencia industrializada del mundo, y navíos mercantes chinos están en todos los puertos del mundo descargando los productos manufacturados chinos. ¿De qué sirvió esa política del imperio? De nada.

Estamos en 2017 y el imperio parece no haber aprendido nada de las lecciones de la historia. Ahora intenta sancionar a China, a Rusia, a la República Popular de Corea y a Irán. Pero el tiempo ha pasado, y la hegemonía ha sido perdida definitivamente por los USA. Los paìses sancionados han elaborado una estrategia consistente en no utilizar más el dólar como moneda de mensuración de su comercio y utilizar sus monedas nacionales además de desligarse del sistema SWIFT, que consiste en la posibilidad de utilizar el dólar USA, y fijar unos medios de compensación bancarios controlados por los USA, que obliga a sus usuarios a que todas las operaciones de su comercio exterior pasen por bancos USA, por los cuales cobran jugosas comisiones. Esto está a punto de acabarse, ya que los sancionados, acaban de crear su propio sistema de compensación en sus monedas nacionales, y parece que los países BRICS (Brasil, Rusia, China y Sudáfrica) adherirán a él. Se trata de un tráfico comercial de cien mil millones de dólares anuales (no es moco de pavo) que los bancos USA dejarán de pasar por sus ventanillas. Esto es una herida de muerte para el imperio; que seguirá recibiendo tiros por la culata. Con Trump o sin él, el imperio se hunde. Tenía razón Mao, cuando decía que el imperialismo era un tigre de papel. Ahora, ese tigre ha perdido sus dientes.

Turquía hace bascular a los países del este de Europa contra la OTAN

Como un ciempiés, Turquía no puede estar a la vez en un único sitio, lo cual es desconcertante porque estamos tratando de sacar una foto a un personaje que no deja de moverse. Estamos exigiendo a la realidad que se quede quieta un momento para que nosotros podamos pulsar el botón, y no hay manera. El mundo no nos hace caso.

Siempre ha sido un Estado paradógico, con muchas caras distintas, de modo que si enfocamos hacia un lado vemos algo distinto que del otro, y todas esas caras son igualmente reales.

En 1920, al mismo tiempo que el sultán de Constantinopla (Estambul) firmaba la capitulación (Tratado de Sevres) ante las potencias vencedoras (Francia, Gran Bretaña, Italia), Mustafá Kemal se alzaba en armas contra contra unos (imperialistas) y otros (sultán).

Un país moría (un imperio) y nacía otro (una república). Pocas veces en la historia se ha visto algo parecido en tan poco espacio de tiempo: la capitulación de Sevres suponía que Turquía dejaba de ser una potencia imperialista y se convertía en una colonia.

Se pueden encontrar tantos contrastes como se quieran, pero lo más destacado es que la nueva Turquía siguió siendo un Estado sorprendentemente contradictorio. Así, al mismo tiempo que el gobierno de “Ataturk” exterminaba en el Mar Negro a la dirección del recién fundado Partido Comunista, colaboraba con la también naciente URSS en la guerra civil contra los imperialistas en el Cáucaso.

Desde entonces hasta ahora, es difícil encajar a Turquía en ningún esquema preconcebido y los intentos que se hacen acaban en chapuzas lamentables. Entonces, en lugar de tirar el esquema a la basura, lo más sencillo es responsabilizar a Turquía, que se nos va de las manos como si tratáramos de vaciar el agua del mar con ellas.

Pero es un error suponer que nuestras dificultades proceden de que Turquía es un caso especial, una excepción en el mundo. En absoluto. Lo que no acabamos de entender es el imperialismo, que tratamos como la “cosa en sí” kantiana, en la que a un lado están las grandes potencias y al otro los países dependientes.

También suponemos que los primeros se reparten a los segundos del mismo modo que los comensales se reparten la comida. Pues no. El caso de Turquía en 1920 lo que demuestra es que el gran manjar del imperialismo son las propias grandes potencias.

Tras la Primera Guerra Mundial, que fue una guerra imperialista, la URSS (que aún no llevaba este nombre) favoreció que Turquía sobreviviera como Estado independiente, gracias a una serie de tratados firmados entre ambos países en los que por primera vez aparecía en la historia un principio fundamental: la autodeterminación, que es tanto la independencia como la igualdad entre todos los países del mundo, algo opuesto a la propia esencia del imperialismo.

Lo mismo podemos decir de Alemania en 1945, tras el final de otra guerra mundial, cuando los imperialistas trataron de imponer el Plan Morgenthau para repartirse el país, convertirlo en un protectorado e imponer una ocupación militar permanente.

Todos los países tienen cien caras y Turquía tiene mil. En la misma medida que cualquier otro país capitalista desarrollado, marcha de forma acelerada, como había previsto Lenin, hacia el fascismo, la represión y la militarización del país. Ninguna organización revolucionaria puede esperar del gobierno de Ankara nada diferente. No hay nada que sorprenda, por lo que los revolucionarios deberían estar preparados para cualquier carnicería, tanto si Erdogan logra mantenerse, como si triunfa el golpe de Estado de la OTAN.

¿Qué es lo que está cambiando?, ¿hacia dónde van los acontecimientos? Hacia una clara basculación de la correlación de fuerzas en Siria, en Oriente Medio y en los Balcanes que, además de socavar los fundamentos de la OTAN, también está afectando a la Unión Europea.

En la reciente visita a Ankara de Viktor Orban, presidente de Hungría, un personaje reaccionario muy parecido a Erdogan, ha dicho algo que tiene que sorprender necesariamente porque representa a un país que forma parte de la Unión Europea: ha dado la razón a Turquía públicamente en la pelea que mantiene con Alemania.

Es una declaración de intenciones que puede llevar muy lejos: o bien a una fractura de la Unión, o bien a que Alemania haga concesiones (y no sólo a Turquía). Lo más probable es que se produzcan ambas cosas a la vez porque las concesiones no sólo procederán de Alemania sino de toda la Unión, lo cual no podrá evitar que se siga fraccionando.

Los acontecimientos no sólo conciernen a Hungría sino a varios países de los Balcanes, incluidos aquellos, como Rumanía o Bulgaria, que han dado más muestras de servilismo hacia la OTAN, hasta el punto de admitir la instalación de tropas y bases de misiles dirigidos contra Rusia.

Cuando un revolucionario se echa a la mar necesita saber tanto el lugar hacia el que se dirige, como la dirección que toma el viento. De lo contrario acabará donde menos se lo espera.

Marines estadounidenses ensayan una agresión militar contra Rusia

En las últimas semanas se multiplican las informaciones sobre preparativos militares de Estados Unidos contra países como Venezuela o Corea del norte, aunque existen otros planes mucho más avanzados que tienen a Rusia como objetivo del ataque, según informó “The Daily Beast” la semana pasada (1).

Según el reportaje, los marines estadounidenses han ensayado una Tercera Guerra Mundial contra Rusia en un país sin nombre de Europa del este en el simulador de combate del Camp Lejeune, Carolina del norte, Estados Unidos.

El simulador recrea una aldea con casas de adobe con techos de paja, palmeras e incluso figuras de burros. Incluso un “generador de aromas” difunde los olores artificiales a pólvora y heces “para simular las sensaciones de un despliegue en un pueblo devastado por la guerra cerca de la frontera rusa”. También se generan sonidos artificiales de combate.

Los detalles del entrenamiento son registrados por 167 cámaras de alta definición instaladas para grabar cada pulgada y ángulo de la acción.

Los actores que desempeñan el papel de civiles locales de habla rusa son en su mayoría de ascendencia europea oriental o rusa. Son inmigrantes de primera o segunda generación que hablan con fluidez ruso y otros idiomas de Europa del este.

Como parte de la simulación, los actores tienen que intentar conseguir información personal de los marines como una forma de enseñarles la importancia de la información.

Así, en una ocasión, una prostituta pidió y consiguió el número de un joven soldado durante una sesión. El veterano de la Marina, Greg Jackson, introdujo el número en bases de datos para encontrar información personal sobre el infante de Marina y otros marines conectados a él en las redes sociales. Después de la sesión, Jackson reveló al escuadrón que debido a esa trampa, se hizo con la mayor parte de las direcciones de sus domicilios.

Acabada la demagogia sobre Siria, la prensa imperialista, como el diario español “El País”, encubren las mentiras que han estado divulgando durante años y pasan ahora a referir un supuesto reparto del “botín” del que Rusia forma parte (2). En medio de una Siria en ruinas, ahora mismo hay muy poco que repartir.

Ese tipo de titulares, en los que el imperialismo se apropia de un lenguaje “leninista” para confundir, encubren que la verdadera amenaza es que Rusia sea el objeto de un nuevo reparto del mundo, como ya propuso en 2005 Madeleine Albright al frente del Departamento de Estado: “Es injusto que un solo país posea territorios tales como Siberia y el Lejano Oriente, en los cuales pueden instalarse unos cuantos Estados”.

(1) http://www.thedailybeast.com/the-simulator-training-marines-for-world-war-iii-with-russia
(2) https://elpais.com/elpais/2017/03/23/opinion/1490295304_553437.html

El imperialismo conduce al fascismo. En Afganistán los marines de Estados Unidos posan con la bandera y el símbolo de las SS nazis mientras preparan lo mismo que ya intentaron los nazis en 1941

Las contradicciones interimperialistas: la crisis del Canal de Suez (y 4)

A medida que la crisis avanzaba, el trío agresor, Gran Bretaña, Francia e Israel, cometía un error tras otro, especialmente uno que hoy sería impensable: en el mundo no se puede atacar a nadie sin avisar antes a la Casa Blanca.

Para preparar la invasión los franceses y británicos acumulan tropas en Chipre, mientras el ejército israelí se despliega en la Franja de Gaza. La CIA comete su enésimo error en muy poco tiempo: cree que los israelíes van a atacar a Jordania.

Pero el 29 de octubre lo que atacan es Egipto. Inmediatamente después, el Estado Mayor israelí lanza la típica cortina de humo: Israel se defiende de los atentados perpetrados por los “fedayin” (guerrilleros) palestinos que operan desde los campos de refugiados sitos en la Franja de Gaza bajo administración egipcia. La prensa israelí asegura que los comandos palestinos están dirigidos por oficiales del ejército egipcio.

Para demostrarlo capturaron a uno de los comandos junto a la frontera de Gaza. Los detenidos hablaban árabe y vestían uniformes egipcios. Era un montaje. Se trataba de cuatro soldados israelíes, nacidos en países árabes, que fueron vestidos y pertrechados como combatientes palestinos para justificar la agresión.

Lo que nadie contó fue lo siguiente: el mismo día que el ejército israelí invadía Egipto, la policía (israelí, militarizada) masacró a 49 campesinos palestinos que por la tarde volvían a su casa en Kafar Kassem después de una jornada de trabajo.

Los franco-británicos recurrieron a sus viejas argucias jurídicas para justificarse. Recurren al acuerdo tripartito de 1950 para llamar un alto del fuego e invaden Egipto pretextando que se trata de tropas de interposición para separar a ambos contendientes (egipcios e israelíes). Quieren un respaldo internacional a su agresión, incluido el de la ONU.

Siguiendo el guión previsto para la comedia, Israel acepta la mediación franco-británica, pero como Egipto no lo hace, su negativa se convierte en una declaración de guerra, absolutamente justa, por lo demás.

Estados Unidos no apoya la agresión y Nasser hace algo que los franco-británicos no esperan: convierte la invasión en una guerra de resistencia contra el imperialismo. Moviliza a todos los egipcios capaces de llevar un fusil y ordena hundir una cuarentena de buques en el canal para interrumpir el comercio mundial.

Junto con China, la URSS ofrece a Egipto el envío de voluntarios para combatir la agresión. Además, amenaza a Gran Bretaña y Francia con un ataque nuclear si no se retiran de Suez y propone a Estados Unidos una alianza, es decir, pretende apoyarse en unas potencias imperialistas (Estados Unidos) en contra de otras (Gran Bretaña y Francia).

En tales términos, Eisenhower teme que el papel de la URSS crezca, no sólo en Oriente Medio sino en todo el mundo y desencadena una revuelta donde los soviéticos menos esperan: en Hungría.

Estados Unidos se considera víctima de una patente humillación por parte de Gran Bretaña y Francia, por no advertir del ataque. Además, sus informes de inteligencia pronostican que la agresión puede ser absolutmente contraproducente.

Eisenhower tiene otros medios para arrojar a los franceses, británicos e israelíes de Suez, sin necesidad de acudir a métodos excesivamente drásticos. Ni Gran Bretaña ni Francia tienen dinero para pagar el coste de la agresión militar y, además, Washington amenaza con sanciones económicas. Por el contrario, si abandonan Egipto, Estados Unidos les promete algo que de lo que dispone en abundancia: mil millones de dólares de aquella época llegaron a las arcas británicas desde el otro lado del Atlántico.

El 27 de diciembre los imperialistas salen de Suez por su propio pie e Israel hace lo mismo en marzo del año siguiente. El Canal de Suez siguió nacionalizado; la lucha contra el imperialismo convirtió a Nasser en uno de los más importantes dirigentes mundiales del siglo pasado y un ejemplo para que otros hicieran lo mismo en el Tercer Mundo.

Al mismo tiempo que Gran Bretaña atacaba el Canal, la libra esterlina se desplomaba. Lo mismo que Francia, era una potencia imperialista en declive; no podía dar un paso más sin recurrir a la tutela de Estados Unidos. El informe de la seguridad nacional de 1952 lo deja bien claro:

“Gran Bretaña jugó un rol central en el mantenimiento y la defensa de los intereses occidentales en el Medio Oriente. Pero la rápida decadencia del Imperio Británico en la última década y su insuficiencia para garantizar estos intereses en varios países de la región han empujado a los Estados Unidos a jugar un papel más activo e importante y han creado las condiciones para una revisión y el establecimiento de una nueva política estadounidense hacia la región. En algunos países, como Grecia, cuando los británicos no fueron capaces de asumir sus responsabilidades, fueron los Estados Unidos quienes lo hicieron. La influencia de los Estados Unidos ha crecido y ha reemplazado a Gran Bretaña en lugares donde poseemos grandes intereses militares y económicos, como en Arabia saudí”.

El caso de Francia es muy distinto al de Gran Bretaña. En lugar de someterse a Estados Unidos, el general De Gaulle abandona la OTAN y se lanza a un desenfrenada carrera nuclear. Una fuga hacia adelante que no duró mucho tiempo.

A través de Egipto, la crisis del Canal de Suez muestra la emergencia del Tercer Mundo en los asuntos internacionales. Dio un impulso al proceso de descolonización. Argelia conquistó su independencia.

La URSS propuso el llamado “plan Chepilov” para que los países de Oriente Medio no participaran en ninguna alianza militar ni permitieran la instalación de bases militares extranjeras sobre su suelo.

Como respuesta, en enero de 1957 el Congreso de Estados Unidos escuchó la llamada “doctrina Eisenhower” que sentaba las bases para la política del imperialismo estadounidense en Oriente Medio con la que pretendía llenar el vacío que había supuesto el fin de la influencia franco-británica para que no fuera ocupado por la URSS.

El resultado no es lo que los imperialistas califican como “reparto del mundo” con su usurpación lingüística. Comprueben quién llama a la puerta de quién. Estados Unidos acude a donde nadie le ha llamado. Su dominación regional se sostiene sobre ciertos países, como Israel, Arabia saudí o Jordania que ejercían de pilares; los que nunca aceptaron dicha dominación (Egipto, Siria) se sostenían gracias al apoyo de la URSS. Son cosas completamente diferentes.

El mundo no es un tablero de ajedrez donde los jugadores cambian para jugar la misma partida.

Primera parte, Segunda parte, Tercera parte

Las contradicciones interimperialistas: la crisis del Canal de Suez (3)

Los debates parlamentarios habidos en países como Gran Bretaña, aunque aún conservaban algún resquicio de las viejas prácticas democráticas, se inundaron de mentiras, aunque entonces los diputados aún tenían el coraje de burlarse de las torpezas de Eden y de llamarle mentiroso abiertamente.

No hay guerra imperialista sin el apoyo de la prensa domesticada. La crisis del Canal fue otra de las grandes batallas mundiales de intoxicación informativa de la posguerra, donde el papel de la prensa mundial fue el previsto: cualquier parecido con la realidad era muy remoto. Pero (casi) nadie acusó a la prensa de mentir.

Había que preparar a la “opinión pública” para la agresión, estimular el patriotismo, es decir, la conformidad de la población con los planes bélicos del gobierno. Para ello Eden reclutó a dos caciques del “(des)prestigioso” periódico Times para que se encribieran artículos de encargo, al tiempo que impone una auto-censura sutil sobre el resto de los rotativos. La autocensura es el suicidio periodístico; nunca se considera como parte integrante de la falta de libertad de expresión.

De los 100 millones de beneficios que reportaba anualmente el Canal, sólo 3 caían en manos egipcias. Pero la prensa británica puso el asunto del revés. Calificó a Nasser de ladrón: había robado el Canal a sus legítimos propietarios, entre los que estaba Gran Bretaña. En la intoxicación no hay nada más efectivo que asumir el papel de víctima.

Pero en aquella época los imperialistas aún no habían afinado su maquinaria criminal como ahora. Tras la nacionalización del Canal, Eden deja pasar un tiempo precioso; aparenta que busca una solución diplomática, mientras en la prensa algunos empiezan a emitir opiniones divergentes, sobre todo por la falta de sintonía de Estados Unidos con el plan de agresión. Quizá Nasser tenga razón, quizá Israel esté involucrado y quiera provocar una agresión contra Egipto…

¿Hace falta recordar que la explotación del Canal de Suez no beneficiaba a ningún país sino a una empresa privada, es decir, que el imperialismo había provocado una crisis internacional de enormes proporciones a causa de los meros intereses económicos de un puñado de accionistas?

Las dudas no tardan en disiparse desfavorablemente para los invasores, que quedan al descubierto. Cuando comienza el ataque, lo primero que aparece a la vista es que, en efecto, Israel forma parte del operativo, lo cual puede conducir a una guerra de vastas proporciones en Oriente Medio. Hasta los vendidos del Times se indignan. En Oriente Medio los árabes juzgan los acontecimientos en función del posicionamiento de Israel. Si Israel forma parte de la agresión, los que luchan en contra, como Nasser, son los héroes.

Eso no sólo ocurre en Oriente Medio. Todo el mundo se vuelve contra los imperialistas franco-británicos y, en especial, contra Eden. Aún no se había secado la tinta de las firmas estampadas sobre la Carta de la ONU, cuando los imperialistas volvían a sus viejas costumbres de siempre.

El Canal de Suez es una de las joyas a la “grandeur” francesa. Los monumentos a Lesseps llenan las plazas de las ciudades y los nombres de las calles. En 1956 el gobierno francés está encabezado por el “socialista” Guy Mollet, lo que suscita unas pésimas relaciones diplomáticas con Estados Unidos. A Francia la crisis del Canal le sorprende en medio de una guerra colonialista en Argelia y Nasser apoya y arma a los combatientes del FLN argelino. En su prensa la socialdemocracia francesa recurre al viejo truco de equiparar a Nasser con Hitler. Eso les ayuda a mostrar su sintonía plena con el Estado de Israel, amenazado por Nasser.

Primera parte, Segunda parte, Cuarta parte

Las contradicciones interimperialistas: la crisis del Canal de Suez (2)

Tras su fracaso en Egipto, el imperialismo estadounidense queda obligado a buscarse los aliados en otra parte, por lo que crea el Pacto de Bagdad, una especie de OTAN para Oriente Medio.

Al mismo tiempo, los imperialistas restringen el apoyo a Nasser que, como los demás países no alineados, tiene que recurrir a la URSS y otros países socialistas, que comienzan a sumistrar armas a Egipto.

Otro fruto de dicha colaboración es el mayor proyecto africano de ingeniería: la presa de Asuán, que incrementaba en un tercio la superficie regada y en un 50 por ciento la potencia eléctrica instalada.

Cuando en 1956 Nasser nacionaliza el Canal de Suez a la adjudicación franco-británica sólo le quedaban 12 de un total de 99 años de explotación. ¿Por qué adelantarse?, ¿por qué no esperar un poco más? Porque Nasser necesitaba el dinero procedente de la explotación del Canal para financiar la construcción de la presa de Asuán.

El contrato del Canal tenía previsto que en un supuesto parecido, Egipto debía indemnizar adecuadamente a los explotadores, pero Nasser también tenía su estratagema: la Convención de Constantinopla impide a los agraviados acudir a ningún tribunal.

A falta de tribunales recurren a los ejércitos. Con la oposición de Estados Unidos, contra Egipto se forma una coalición entre Gran Bretaña, Francia e Israel.

El 16 de agosto de 1956, el secretario de Estado John Foster Dulles, reúne a 24 países para solucionar las contradicciones entre las grandes potencias sobre el Canal de Suez mediante un acuerdo de explotación conjunta. En setiembre 18 países aceptan el plan y el Primer Ministro australiano, Robert Menzies, queda encargado de que Nasser lo acepte por las buenas. Fracasa.

Para tratar de impedir la solución militar franco-británica, el 19 de setiembre Foster Dulles elabora una segunda oferta pero, con la oposición de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia llevan el asunto a la ONU. Pretenden una solución “a la coreana”: que la ONU avale la guerra contra Egipto. El secretario general de la ONU, Dag Hammarskjöld, propone seis principios para un arreglo amistoso del litigio. Nasser se planta y rechaza todas las alternativas propuestas porque no hay tal litigio: el Canal pertenece a Egipto única y exclusivamente.

En una carta a Eisenhower el Primer Ministro británico, Anthony Eden, le dice que la independencia de Egipto sólo puede conducir a la “expansión soviética”, lo que en el diccionario imperialista siempre ha significado lo mismo: en su lucha por la independencia, Egipto y los demás países del mundo árabe no tenían más que un único aliado en el mundo: la URSS y el bloque de países socialistas.

Desde que los imperialistas tuvieron que ponerse de acuerdo con la URSS para ganar la Segunda Guerra Mundial, como en Yalta en 1945, empezaron a utilizar un lenguaje “leninista” y hablan de “expansión”, “influencia soviética” y “reparto del mundo”. En sus argumentaciones esos términos indican que algo que se escapa a su dominación en el mundo, lo cual es una tendencia general de la época imperialista. Su burda explicación no tiene en cuenta a los pueblos mismos, que para ellos no significan nada. Sólo entienden el mundo en términos de dominación, de fuerza y de guerra. Los pueblos se escapan a su dominación, según dicen, porque han caído bajo la de los soviéticos (o los rusos en su caso).

El 2 de setiembre Eisenhower le responde a Eden que está de acuerdo en lo que a la URSS concierne, pero que la agresión militar no impediría a Egipto acudir a su ayuda sino que tendría efectos contraproducentes: “En una generación, e incluso en un siglo, todos los pueblos del Cercano Oriente y África del norte y, en cierta medida, toda Asia y toda África se enfrentarían a Occidente de manera irreversible, sobre todo si tenemos en cuenta la capacidad de lo rusos para crear problemas […] Tenemos dos problemas, el primero concierne a la apertura permanente del Canal y a un trato justo para todas las partes involucradas. El segundo es obrar de manera que Nasser no se convierta en una amenaza hacia la paz y los intereses vitales de Europa”.

Primera parte, Tercera parte, Cuarta parte

Las contradicciones interimperialistas: la crisis del Canal de Suez (1)

Egipto es un país estratégico como pocos. No sólo es la bisagra entre dos continentes, África y Asia, sino entre dos mares, el Mar Mediterráneo y el Rojo, que abre un camino mucho más rápido para los colonialistas europeos al Océano Índico.En 1854 el francés Ferdinand de Lesseps plantea la posibilidad de abrir un canal a través de la Península del Sinaí para conectar ambos mares, de manera que en sus viajes a Asia los buques europeos no tuvieran que atravesar toda África. Para ello inventa lo que ahora llaman “globalización”: una empresa multinacional que no es ni francesa ni egipcia sino “universal” y que obtiene la concesión de las obras a cambio de su explotación durante 99 años.

Francia logra asentarse en un punto estratégico del comercio mundial y la potencia colonial más importante de la época, Gran Bretaña, queda al margen que, en un principio, se opuso a la construcción del Canal. La corona inglesa veía en el Canal impulsado por Francia una amenaza a sus intereses coloniales en África, Asia y Oriente Medio. Pero en 1875 los egipcios tuvieron que ceder sus acciones a la Corona Británica. En una brillante maniobra de despojo colonial, Gran Bretaña se hizo con el 44 por ciento de las acciones y en la práctica se transformó en su verdadera dueña, administrando y recaudando los cuantiosos pagos en concepto de derechos de paso por sus aguas, dejando de lado a franceses y particularmente a egipcios. Los británicos se apoderan así de una de las más importantes vías de comunicación con la “joya de la Corona”, la India.

Egipto aportó casi la mitad del capital necesario para realizar las obras del Canal y cuatro de cada cinco trabajadores que durante diez años estuvieron construyéndolo, eran de origen egipcio. Los campesinos (“falajin”) reclutados para las obras eran los peores pagados y debían realizar las obras más duras. Miles de ellos pagaron con sus vidas la excavación del Canal. En los años setenta del siglo XIX se utilizaron esclavos en diversas actividades, incluso portuarias. Durante decenas de años británicos y franceses negaron a los egipcios cualquier posibilidad de llegar a puestos de responsabilidad en la gestión del Canal.

En 1869 el Canal acoge la llegada de los primeros barcos. En 1888 la Convención de Constantinopla obliga a que, cualquiera que fuera su pabellón, los barcos puedan atravesar el Canal, tanto en tiempo de paz como de guerra.En 1936 el imperialismo británico estrecha el control sobre el Canal: un tratado impuesto a Egipto permite que sus tropas ocupen las orillas, que es el inicio de su militarización unilateral. Junto con el Canal, el ejército británico planta sus cuarteles en Egipto.

En 1948 el imperialismo crea el Estado de Israel y comienza la limpieza étnica de los palestinos de sus tierras. Los egipcios cierran el Golfo de Aqaba (1949) y el Estrecho de Tiran (1950), impidiendo que los buques israelíes accedan a la única salida que tienen al Mar Rojo.

Aquí hay que hacer una pausa para explicar que, frente a las posiciones consolidadas por Francia y Gran Bretaña en Oriente Medio, Estados Unidos tenía otros intereses en la zona, opuestos a los anteriores, especialmente el de quebrar el monopolio de las empresas europeas sobre el petróleo, significado último del Pacto del Quincy (1945) y del derrocamiento de Mossadegh en Irán (1953).

Para ello Estados Unidos aprovecha el proceso de descolonización que se iniciaba entonces. Esas contradicciones entre potencias imperialistas favorecen el golpe de Estado que lleva al coronel Gamar Abdel Nasser al poder en Egipto.

En marzo de 1952 Kermit Roosvelt, el jefe de CIA en Oriente Medio, se reúne con Nasser para preparar el golpe de Estado con el apoyo de la Hermandad Musulmana y explotando los sentimientos anticoloniales ampliamente extendidos entre las masas que, en realidad, no era tal; sólo se centraban en las viejas potencias: Gran Bretaña y Francia.

Estados Unidos abandona el plan porque no es necesario. Pocos meses después, el 23 de julio de 1952, Nasser lleva a cabo el golpe sin su ayuda. No obstante, la CIA aporta su experiencia para que los militares del nuevo régimen organicen su propio servicio de inteligencia e incluso redacta los programas de radio que difunden propaganda del gobierno contra Estados Unidos. Nunca la intoxicación fue tan sibilina.

Como es habitual, en Egipto los oportunistas tampoco entienden el verdadero alcance de la situación. Consideran a Nasser un peón de Estados Unidos y se burlan de él llamándole “coronel Jimmy”.

En 1952 a los británicos les quedaba un plazo de nueve años para evacuar sus tropas. A partir de entonces sólo quedaría una empresa extranjera explotando una riqueza egipcia.

Faltos de experiencia, la información de la CIA sobre Oriente Medio no era tan buena entonces como ahora, sino más bien absurda, lo que encadena los errores, uno detrás de otro. La CIA creía que el apoyo de la URSS en Egipto era la Hermandad Musulmana. Por eso con su ayuda, en 1954 Nasser organiza un atentado contra sí mismo para aplastar a la Hermandad Musulmana.

Sin embargo, la CIA comete su tercer error: se precipita al suministrar armas a Nasser esperando que, a cambio, el coronel egipcio firme un acuerdo reconociendo al Estado de Israel.

Pero el error más importante de los que cometió la CIA fue descubrir que Nasser no es el hombre de paja que ellos creían. Algunos le comparan con el turco Mustafá Kemal. El asunto es aún más serio: en medio de la Guerra Fría, Nasser se declara neutral e inicia el movimiento de los países no alineados.

Además, Nasser no admite la creación del Estado de Israel. Finalmente, no es la CIA quien ha manipulado a Nasser sino al revés. La CIA aún no era entonces lo que conocemos ahora.

Segunda Parte, Tercera Parte, Cuarta parte

La posición del proletariado frente a las contradicciones entre las potencias imperialistas

Juan Manuel Olarieta

En plena guerra mundial, en 1915, Lenin criticó un artículo publicado por A.Potresov en “Nashe Dielo” que se publicó con seudónimo dos años después en la prensa legal (*), es decir, en condiciones de censura. Se titulaba “Bajo pabellón ajeno” porque tenía por objeto establecer la posición del proletariado internacional ante el enfrentamiento de unas potencias imperialistas con otras, una situación tan debatida entonces como ahora en el seno del movimiento obrero y revolucionario internacional.

Las posiciones de Potresov se disimulaban, escribía Lenin, bajo banderas falsas, un falso marxismo y un falso internacionalismo, para lo cual recurría a algo muy típico, entonces y ahora, que era fundamentar sus argumentaciones en las tesis que Marx y Engels habían defendido en una época pretérita, la del capitalismo ascendente, llevándolas a la etapa descendente, imperialista, sin solución de continuidad.

En la guerra italiana de 1859 Marx y Engels habían tomado partido por uno de los bandos en disputa porque -decía Lenin- en aquella época la burguesía era progresista y en Europa existían importantes movimientos de liberación nacional enfrentados a grandes Estados feudales (“el mal principal”) que arrastraban a importantes masas populares (pg.151).

Lenin equipara las tesis de Potresov con las de Trotski (pgs.153 y siguientes), prototipos de seudomarxistas escolásticos que llenan sus escritos de comodines, frases y citas válidas para salir de cualquier apuro. Se podría decir que, como los curas en misa, recitan plegarias contra viento y marea, que valen lo mismo para un bautizo que para un funeral.

El marxismo es muy diferente: “El método de Marx consiste, ante todo, en tener en cuenta el contenido objetivo del proceso histórico en el momento concreto dado y en la situación concreta dada, a fin de comprender, ante todo, el movimiento de qué clase es el principal resorte de un posible progreso en esa situación concreta” (pg.146).

A diferencia de Potresov y los trotskistas, los marxistas no recurren a frases que, como se suele decir, están sacadas de contexto. Por eso Lenin escribe que en 1915 “la situación histórica objetiva es completamente distinta” de la existente 50 años antes (pg.152). Con la entrada del capitalismo en su fase imperialista, el posicionamiento de Marx y Engels no es válido (pg.145) por varias razones que deja apuntadas.

La primera es que bajo el imperialismo la burguesía ha pasado de ser una clase progresista a ser una clase reaccionaria, e incluso ultrarreaccionaria. Es una tesis leninista muy olvidada: el imperialismo conduce al fascismo.

La segunda es que el proletariado ha adquirido sustantividad política propia, de modo que no marcha a remolque de la burguesía, sino en contra suya y las guerras imperialistas no hay que analizarlas desde el punto de vista de la burguesía sino de la clase obrera (pg.146).

El internacionalismo y el punto de vista de clase, partidista, son algo “concreto” (pg.160) y consisten en la lucha contra la burguesía propia, mientras que el oportunismo adoptaba el punto de vista opuesto, nacional, consistente en la defensa de la propia burguesía frente al proletariado de otros países.

Para poner al lector en situación, Lenin plantea tanto situaciones reales del momento, como una hipótesis (pg.147): supongamos que dos grandes potencias tratan de repartirse África. Un caso así no tiene nada que ver con la época de lucha contra el feudalismo agonizante, ni hay ninguna burguesía progresista por ninguna parte. ¿Cómo confundir un movimiento de liberación nacional del siglo XIX con el reparto del mundo entre los imperialistas en el siglo XX?

El proletariado, concluye entonces Lenin, no se puede sumar a ninguna burguesía que tenga tales pretensiones. Tanto una burguesía como la otra “son las peores”, por lo que la tarea del proletariado es desear “en cada país” el fracaso de cada una de ellas (pg.147).

Bajo las condiciones del imperialismo, pues, la clase obrera está en una situación diferente a la que había a mediados del siglo XIX. En sólo 50 años habían cambiado las tareas inmediatas y las formas de lucha (pg.150) del proletariado. Hoy, desde que Lenin escribió aquello, no han pasado 50 sino 100 años y la situación objetiva ha seguido cambiando, lo cual supone admitir -con la misma claridad- que hay cosas que no han cambiado, es decir, que hay “factores determinantes” que siguen siendo idénticos a los de entonces.

Seguimos bajo la misma época imperialista a la que se refería Lenin. Seguimos bajo el peligro de que el imperialismo conduzca a una nueva guerra de dimensiones mundiales. También siguen existiendo oportunistas con los mismos planteamientos que entonces, que consisten siempre en colocarse “al lado de la burguesía” (pg.157).

A diferencia de los trotskistas, escolásticos y demás, el planteamiento que del imperialismo hace Lenin no es abstracto. Para averiguarlo no hay más que preguntar -a sensu contrario- por el planteamiento internacional de la burguesía, que no es cualquier clase de burguesía, que no es la burguesía en abstracto, sino su propia burguesía. De otra forma la clase obrera no podría transformar la guerra imperialista en guerra civil en cada país.

Yo personalmente escribo desde Madrid, y dado que este tipo de discusiones se plantean hoy en relación a países como Rusia, tengo que averiguar qué posición tiene la burguesía española frente a Rusia, a Putin, al Donbas, a Crimea, a las sanciones, a la guerra de Siria…

Si todos tenemos claro cuál es el posicionamiento de la burguesía española frente a Rusia, sabremos discernir -supongo- a un oportunista de un revolucionario de verdad, o sea, quién está al lado de su propia burguesía y quién no, o por utilizar las palabras de Lenin, quién lucha bajo un pabellón propio y quién bajo el ajeno.

(*) Lenin, Bajo pabellón ajeno, Obras Completas, tomo 26, pgs.137 a 161.

Las guerras del capitalismo por las materias primas

Rafael Moreno

Desde los aviones más sofisticados hasta las consolas de videojuegos, todos los avances tecnológicos dependen de sólo un puñado de recursos naturales por los que se está pagando un alto precio. La tonelada de cobre y zinc se vende al doble que hace un año, es decir, unos 8.800 y 4.000 dólares (7.000 y 3.000 euros) respectivamente; el oro o la plata están por las nubes, con precios no vistos desde los 80, por no hablar de lo que cuesta hoy un barril de petróleo.

El índice Goldman Sachs, que mide la evolución de los 500 recursos naturales más solicitados, muestra que sus precios se han triplicado desde 1999. La gran demanda que ha provocado el crecimiento económico de China ha distorsionado en los últimos años el mercado mundial, aunque algunos expertos como Stephen Roach, de Morgan Stanley, estiman que esta tendencia no parece sostenible a largo plazo. Otros factores, como la oleada de populismo en Latinoamérica o conflictos bélicos en zonas de África, afectan también en gran medida al precio de algunas de estas materias, por encontrarse en esos lugares sus principales reservas conocidas.

En muchos casos, e incluso si se descubrieran nuevos y abundantes yacimientos, las inversiones que pudieran realizarse para reducir la dependencia de una materia tardarían una década en dar frutos. Quizá por ello los Estados frágiles o fallidos, como Sudán, Guinea Ecuatorial o la República Democrática del Congo, que han recibido el don de atesorar estas joyas de la economía mundial, son presas fáciles de la desestabilización y de los oscuros intereses.

China merece un capítulo aparte. No sólo por ser un consumidor insaciable, sino por haberse convertido, en un abrir y cerrar de ojos, en la más importante y, en muchos casos, única fuente de algunas de estos materiales tan deseados. Ya es el principal exportador de carbón, aluminio, manganeso, zinc y tungsteno, entre otros.

Coltán: una maldición para el Congo

El coltan es un superconductor con gran resistencia al calor y de significativas propiedades eléctricas. De él se extraen el tántalo y el niobio, vitales para la fabricación de microprocesadores, baterías, microcircuitos y condensadores. El niobio resulta clave en la aleación de acero de oleoductos y centrales nucleares y para el desarrollo de los trenes magnéticos. Por ello, de no valer casi nada pasó a ser extremadamente codiciado para la fabricación de componentes electrónicos avanzados como teléfonos móviles, satélites y ordenadores portátiles, con una gran demanda en el mundo más desarrollado.

Aunque está disponible en Brasil y Australia, el 80 por ciento de las reservas conocidas se encuentran en la República Democrática del Congo. La guerra civil en este país hace unos años, provocada para muchos por Ruanda para hacerse con su control, provocó graves problemas de suministro, hasta el extremo de que la multinacional japonesa Sony tuvo que retrasar el lanzamiento de uno de sus productos estrella, la videoconsola Playstation 2. Es el perfecto ejemplo de cómo una materia prima puede causar una guerra.

Diamantes: la joya de la construcción

Además de ser la piedra preciosa más famosa del mundo, el diamante es, probablemente, el material de ingeniería más versátil. Pocos conocen que el 80 por ciento de la producción mundial (unos 20.000 kilos anuales) se destina al uso industrial. Sus inmejorables características no se encuentran en ningún otro elemento terrestre, por lo que sin él muchas actividades industriales se verían seriamente afectadas.

Por su dureza se utiliza para fabricar troqueles y muelas para perforar pozos petroleros, y para cortar piedras o cementos en grandes proyectos de infraestructura y viviendas. Es muy demandado también para la elaboración de semiconductores de alto rendimiento.

La República Democrática del Congo es el máximo exportador, y cerca del 49 por ciento de los diamantes naturales se originan en el centro y sur de África, aunque existen yacimientos en Canadá, India, Rusia, Brasil y Australia. El constante incremento de su precio les ha convertido en causa y efecto de muchas guerras, como las de Angola y Sierra Leona. La ONU aprobó en 2001 un embargo sin precedentes contra Liberia por financiar a uno de los grupos rebeldes de Sierra Leona con el comercio ilícito de las gemas del país vecino.

Cobalto: el sueño aeroespacial

Su gran dureza le convierte en el objeto de deseo de industrias como la aeroespacial para crear superaleaciones usadas en las turbinas de gas que necesitan materiales resistentes a la corrosión, de gran resistencia mecánica, que soporten presiones y altas temperaturas. También se utiliza en ciertas fases del refino de petróleo, en la fabricación de diversos productos químicos y en la producción de herramientas para trabajar los diamantes.

Los principales productores son China, Zambia, Rusia y Australia. Les sigue Cuba con una producción cercana al 22 por ciento. Estados Unidos tiene especial interés en el cobalto por su gran dependencia exterior, ya que importa el 97 por ciento de sus necesidades.

Manganeso: más duro que el acero

Es el duodécimo elemento más frecuente en la Tierra y, sin embargo, el cuarto más demandado por su importancia en la fabricación de aceros. Desde 2003, debido a la insaciable demanda de los chinos, el mundo necesita un 15 por ciento más de manganeso: en total, unos 29 millones de toneladas anuales. El 90 por ciento de las exportaciones proceden de Australia, Brasil, Gabón y Suráfrica, y quien más lo demanda es Estados Unidos, que importa casi todo el que necesita.

Tiene numerosas aplicaciones con impacto directo en la vida cotidiana: es imprescindible para construir edificios, fabricar latas de refrescos, baterías portátiles de ordenadores y radios o en las aleaciones que evitan la corrosión de los tubos de las armas de fuego.

Aluminio: la revolución ‘sexy’

Llegó a costar más que el oro, porque no suele encontrarse puro. Esto se solucionó en 1888 al lograrse un sistema fácil de obtención partiendo de la bauxita. Ligero y blando pero resistente, es uno de los metales más sexys y fascinantes, quizá por su color. Lo tocamos todos los días sin darnos cuenta. En aleaciones, es componente principal de muchos elementos de aviones y cohetes, en los que el peso y la resistencia son esenciales.

Cada vez se utiliza más en los coches –desde que Jaguar fabricó en 2003 los primeros modelos con chasis de aluminio–, buques e, incluso, para tendidos eléctricos (en lugar del cobre) y para empaquetar alimentos. Algunos analistas relacionan su producción con la potencia del país. Pekín estará contento: si Alemania era el primer productor en 1937 y Estados Unidos lo fue a partir de 1942, hoy es China, con 7.200 millones de toneladas.

Cobre: el milagro económico de Chile

El 50 por ciento del consumo anual se emplea hoy en la galvanización del acero, pero no es menos importante su incorporación en baterías de plata-zinc para misiles y cápsulas espaciales. Su uso en la vida cotidiana es enorme: los centavos norteamericanos, medicinas, tendidos eléctricos, pinturas, aislante en sistemas de aire acondicionado e, incluso, en quirófanos y quillas de buques, porque impide el crecimiento de bacterias.

Los países con mayores reservas son Chile, Estados Unidos, Australia, Indonesia y Perú. El mayor yacimiento en explotación es la mina Grasberg (Indonesia), cuya producción se ha visto afectada por los problemas de seguridad en ese país, lo que ha impulsado al alza su precio. El principal exportador es la empresa pública chilena Codelco, cuyos ingentes beneficios –más de 1.680 millones de dólares en el primer trimestre de 2006– son parte del éxito económico de ese país.

Germanio: material del futuro

Entre los años 50 y 70, el germanio se convirtió en uno de los minerales más demandados por la industria electrónica por sus miles de aplicaciones, especialmente en transistores y fotodetectores. Ahora experimenta una demanda más fuerte aún como componente básico en la fabricación de fibra óptica y para los equipos de visión nocturna y detectores de infrarrojos, tanto para el mercado civil (automóviles de lujo) como militar. Ambos usos absorben el 85 por ciento del consumo mundial.

Algunos expertos piensan que será uno de los materiales cruciales en los próximos años por sus posibles usos en telefonía móvil y paneles  solares, cuya necesidad crecerá de forma notoria por la escasez de otras fuentes de energía. Se extrae sobre todo de la germanita, mineral descubierto en 1992 en las minas de Tsumeb (Namibia). Los principales exportadores son Canadá y China (29 por ciento y 27 por ciento respectivamente), aunque también hay importantes reservas en Argentina, la República Democrática del Congo, Rusia, Francia, Finlandia y Grecia.

Grafito: el híbrido industrial

De color negro y brillo metálico, es una de las formas elementales en las que se puede presentar el carbono. Flexible pero no elástico, el grafito tiene la peculiaridad de presentar características de metal y de no metal, por lo que es válido para muchas aplicaciones industriales.

Las propiedades metálicas le confieren conductibilidad eléctrica y térmica, y por ello se emplea para finalidades tan diversas como centrales nucleares, lubricantes de alta temperatura o motores eléctricos. Pero también se utiliza en las palas de paddle o los palos de golf. La fuerte demanda de este producto, relativamente escaso, ha provocado que China y México, sus principales productores, hayan incrementado bastante su precio y restringido sus exportaciones.

Cromo: esencial y poco explotado

Sigue siendo esencial para la fabricación de aceros de alto rendimiento y para la producción de superaleaciones, porque hasta la fecha no se conoce ningún sustituto de iguales cualidades. Por eso algunos le denominan el  “talón de Aquiles metalúrgico”. Se utiliza sobre todo para aportar resistencia a la corrosión y un acabado brillante a productos metalúrgicos, pero también para proteger otros materiales como la madera.

Su importancia no radica en su escasez, pues hay reservas para muchos siglos si continúa el ritmo de consumo actual, sino por lo poco que se ha invertido en la explotación de los yacimientos. Suráfrica produce el 48 por ciento, seguida de Kazajistán e India.

Níquel: la salvación de Castro

Tocamos níquel a cada minuto: desde las monedas de uno y dos euros hasta la mayoría de los aceros inoxidables de la cocina. Un total de 2,6 toneladas son necesarias para fabricar cada avión moderno. El 65 por ciento se emplea en la fabricación de acero inoxidable austenítico (no magnético), seguido de las aleaciones, como la de níquel-titanio (nitinol), empleada en la robótica por su memoria de forma y superplasticidad.

El mayor productor es Rusia (aunque consume la mayor parte) seguida de Australia y Canadá. El fuerte incremento de la demanda de China desde 2002 ha obligado a las autoridades de Pekín a buscar segundos proveedores y ha firmado acuerdos para reabrir minas en España y Cuba. En cierto sentido, ha sido la salvación económica de Fidel Castro, que ha triplicado las ventas al gigante asiático.

Grupo del platino: estratégico y escaso

El platino, el paladio, el rodio, el iridio, el osmio y el rutenio (conocidos como el grupo PMC) son esenciales en distintos procesos de refino de petróleo y para fertilizantes, así como para el tratamiento de numerosos componentes de la industria automotriz por su resistencia a la corrosión y a los ácidos. Se pueden emplear también para la fabricación de electrodos y distintos sistemas de telecomunicaciones. Son estratégicos por su escasez y porque sus yacimientos se concentran en pocos países. El 75 por ciento de la producción de platino la genera Suráfrica, seguida de Rusia (15 por ciento).

Titanio: el alma de los aviones

Está de moda. No empezó a producirse industrialmente hasta 1946. Desde entonces su implantación ha sido meteórica, especialmente en la industria aeroespacial. Aleado con vanadio –también cada vez más estratégico– se utiliza para fuselajes, trenes de aterrizaje y turbinas hidráulicas de todos los aviones actuales. Se calcula que un Airbus 380 requiere 77 toneladas y un Boeing 787, cerca de 90.

El proceso de modernización de las Fuerzas Armadas estadounidenses está basado en gran medida en este producto, al garantizar mayor protección y resistencia con menor peso. Por si fuera poco, la industria de consumo ha comenzado a incorporarlo en miles de productos, desde raquetas de tenis hasta bicicletas, pasando por ordenadores y monturas de gafas. La combinación de dureza, ligereza y buena resistencia a la fatiga, así como la protección a la corrosión y al agua le hacen un material muy demandado, aunque el coste de extracción y procesamiento sea seis veces más caro que el del aluminio.

Los principales productores son Australia, Suráfrica, Canadá y China, pero la extraordinaria demanda que existe ha provocado que estén en proceso de reapertura o explotación nuevas minas en Chile, Gambia, Kenia, Malaui, Mozambique, Senegal y Sierra Leona, entre otros países.

http://19neocolonialismo.blogspot.com.es/2009/12/62-la-guerra-por-las-materias-primas.html

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