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Etiqueta: Guerra psicológica (página 4 de 94)

Ola de intoxicación sobre los brutales crímenes sionistas pasados y presentes

Desde el ataque de Hamás contra Israel y mientras cae una sangrienta represión israelí sobre las poblaciones civiles en Gaza y la Cisjordania ocupada, la intoxicación periodística se ha multiplicado.

Documentar los asesinatos israelíes en Gaza y Cisjordania se está volviendo más complicado para los periodistas, ya que Israel ahora prohíbe a los periodistas internacionales ingresar a Gaza y corta las conexiones a Internet. Por lo tanto, lo que el gobierno israelí autoriza a través del sistema de censura establecido es sólo una cobertura unilateral de los acontecimientos.

Desde el 7 de octubre las cadenas de intoxicación han difundido la información falsa que cabía esperar. La CNN difundió masivamente información sobre la decapitación de 40 niños israelíes por parte de Hamás. Pocas horas después de que esta información fuera difundida en todo el mundo muchos medios de comunicación, como la BBC, se retractaron y retiraron esta información porque era falsa.

Las redes sociales son también escenario de numerosas operaciones de desinformación coordinadas por parte de bots y cuentas ficticias que alimentan información falsa. La Unión Europea ha presionado a Elon Musk, propietario de la red social X (antes Twitter), para que censure a los medios independientes que defienden a Palestina.

La desinformación es una estrategia israelí bien establecida, utilizada en particular para justificar la violencia de la represión colectiva llevada a cabo contra los palestinos. Ya en mayo de 2021 Israel llevó a cabo una campaña de desinformación sobre la penetración de sus tropas en Gaza.

La circulación de información falsa permite legitimar y justificar los crímenes de guerra cometidos por Israel contra los palestinos, que silencian los medios de comunicación de todo el mundo.

Piratería informática para salvar al planeta del calentamiento

A pesar de la propaganda intensiva, el 42 por cien de los australianos son escépticos sobre el calentamiento. “El escepticismo climático está aumentando. ¿Qué pasaría si pudiéramos superarlo mediante la piratería?”, preguntaba el blog seudoecologista Zee Feed (1). La respuesta está en NewsJacker, lo último en manipulación de la información.

“El mundo ha entrado en la fase de ‘ebullición global’ de la emergencia climática; y el escepticismo climático ha aumentado en los últimos cuatro años en todo el mundo”, añadía.

“Es probable que conozcas a alguien que piense de esta manera. No podemos permitir que este grupo crezca más […] Por eso Zee Feed y la Coalición Juvenil por el Clima de Australia le piden que nos ayude, descarada y furtivamente, a cambiar de opinión con NewsJacker”.

“Los escépticos del clima son víctimas de una cámara de eco de la desinformación”. NewsJacker es la solución: “¡Es un intento de sacarlos de ahí sin que se den cuenta […] Es un sitio web descarado que aumenta encubiertamente la exposición de los escépticos del clima a noticias más objetivas y precisas. A primera vista, parecerá que simplemente estás compartiendo una receta en línea de galletas caseras fáciles. Pero cuando visitan el enlace, una tecnología especialmente diseñada e integrada en el sitio actualiza sus cookies en línea […] Es una acción seria a favor del clima. Debido a ello, a medida que navegan, verán más resultados de búsqueda de historias precisas sobre el cambio climático y serán dirigidos a más anuncios y contenido por el clima”.

No basta la televisión, ni los lavados de cerebro en las escuelas. Si la propaganda falla, hay que recurrir a más propaganda, aunque sea mediante el intrusismo informático. Hace un mes la Coalición Juvenil por el Clima de Australia pedía a sus afiliados que enviaran enlaces engañosos a amigos y familiares para que descargaran en sus móviles y ordenadores los programas informáticos de NewsJacker (2).

La Coalición recibe alrededor de 3 millones de dólares en donaciones e incluso visita escuelas para enseñar a los niños a mentir y hacer trampas para “salvar el planeta”.

El periódico The Australian destapó la corrupción de los seudoecologistas esta semana y la campaña de piratería ha quedado en suspenso (2).

La desesperación de los seudoecologistas muestra que su propaganda está fracasando y cada vez tienen que aumentar la presión ideológica un poco más, llenando sus discursos con retórica y nuevas expresiones, el último de los cuales es la “ebullición” del secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

(1) https://zeefeed.com.au/climate-skepticism-australia-newsjacker/
(2) https://www.theaustralian.com.au/business/technology/divide-over-ethics-of-climate-charitys-browser-manipulation/news-story/5471b7f278985027af552ddd4cb498db

El ataque químico perpetrado en 2013 cerca de Damasco no fue obra del gobierno sirio

La fuente que narró al mundo el ataque químico perpetrado en la Ghuta Oriental, al este de Damasco, en 2013, fueron los servicios de inteligencia británicos, según una filtración de documentos reservados que se difundió el martes.

La versión oficial era mentira. Un agente de la inteligencia británica ayudó a redactar el relato de que el presidente sirio Bashar Al-Assad era responsable del ataque químico con el objetivo de provocar la intervención militar de las potencias occidentales.

Los estadounidenses suprimieron las evaluaciones internas de que el Frente Al Nosra, la rama siria de Al Qaeda, tenía una célula de producción de gas sarín, con el fin de dar a Estados Unidos una justificación para acusar públicamente al gobierno sirio del ataque químico de 2013.

El grupo yihadista adquirió la capacidad de producir gas sarín con la ayuda de Arabia saudí y Turquía, “los cuales apoyaron la guerra por poderes en Siria”. Los yihadistas intentaron producir a gran escala este gas nervioso altamente tóxico.

Estas revelaciones plantean serias dudas sobre el ataque con armas químicas de 2013 en Ghuta, incluido si el Frente Al Nosra realmente mató a entre 280 y 1.700 personas.

El 13 de septiembre el periodista de investigación Seymour Hersh publicó un informe de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos que detalla el arsenal de armas químicas poseído por el grupo armado de oposición sirio alineado con Al-Qaeda, conocido como Frente Al Nosra.

Desde entonces, este último cambió de nombre y hoy forma parte de la coalición Hayat Tahrir Al-Sham, encabezada por su dirigente Abu Mohamad Al-Julani y controla la provincia de Idlib en el noroeste de Siria.

El ataque de la Ghuta casi condujo a una intervención militar occidental en Siria que probablemente se habría parecido a la operación de la OTAN que devastó Libia dos años antes.

Habría sido una guerra basada en el engaño, similar a las falsas afirmaciones que precipitaron la invasión ilegal de Irak por parte de Estados Unidos en 2003. La revelación arroja dudas sobre todas las demás acusaciones de que el gobierno sirio es responsable de otros presuntos ataques químicos durante la Guerra de Siria.

—https://thegrayzone.com/2023/09/19/uk-intelligence-syrian-false-flag-chemical-attack/

Las negociaciones de paz sobre Ucrania están sometidas a un veto informativo

El director del gabinete del Secretario General de la OTAN, Stian Jenssen, afirmó que hay que encontrar una manera de poner fin a la guerra en Ucrania, aceptando incluso, si fuera necesario, ceder parte de los territorios actualmente bajo el control de Moscú.

Está sufriendo duras represalias, y no es el único. La paz y las negociaciones de paz son un tabú, confiesa el New York Times (*). La reacción sufrida por Jenssen “refleja un cierre del debate público sobre las posibles opciones para Ucrania en el momento en que la diplomacia creativa se muestra más necesaria”, dice el periódico.

La última esperanza, la contraofensiva ucraniana, ha fracasado y Zelensky ha tenido que despedir al ministro de Defensa, chivo expiatorio de un fracaso anunciado. Pero no es posible hablar de paz ni de negociaciones con una estrepitosa derrota encima de la mesa. Los periodistas tienen que esperar a que los jefes militares de la OTAN abran la veda.

Incluso los más reputados especialistas de los equipos de análisis del imperialismo soportan críticas, como es el caso de Samuel Charap, de la Corporación Rand, que ha sugerido que Estados Unidos debería discutir un “resultado negociado” con Rusia.

Charles A. Kupchan, profesor de la Universidad de Georgetown y antiguo funcionario del gobierno, escribió un artículo en Foreign Affairs en abril, con Richard N. Haass, ex presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, en el que pedían a Washington y sus aliados de la OTAN preparar un plan para avanzar del teatro de la guerra a la mesa de negociaciones.

Recibieron una lluvia de improperios, que “se intensificaron significativamente después de que los dos hombres, junto con Thomas E. Graham, un ex diplomático estadounidense en Moscú, se reunieron en privado con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey V. Lavrov, para explorar la posibilidad de negociaciones”.

“Estamos sometidos a una avalancha de críticas e insultos por parte de la comunidad internacional. Lo que antes era una especie de tabú vago se ha convertido en un tabú inviolable”, dice Kupchan.

Constanze Stelzenmüller, de la Brookings Institution, califica de “inmoral” la búsqueda de una solución negociada. Como indica la palabra tabú, no se trata de una negación de carácter político, sino de un veto, de un dogma, de carácter religioso, que no admite excepción alguna.

El periodismo se está llenado de vetos y tabúes. Los medios de comunicación funcionan cada vez más como meros altavoces de un mismo mensajes, uniforme y uniformado. El New York Times es uno de esos altavoces, pero es bueno que el fracaso de la contraofensiva ucraniana les haya obligado a hacer un pequeño gesto de protesta.

(*) https://www.nytimes.com/2023/09/01/world/europe/ukraine-fight-negotiations.html

La Unión Europea sólo admitirá un pensamiento uniforme y uniformado

El viernes entró en vigor en la Unión Europea la Ley de Servicios Digitales, un instrumento más al servicio de la censura.

La Comisión Europea presentó en 2020 la “Ley de Servicios Digitales”, con dos reglamentos destinados oficialmente a “regular” internet.

El primero pretende afrontar los retos que plantean los gigantescos monopolios tecnológicos, empezando por los más conocidos: Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft. Se presenta como si estuviera dirigido contra el dominio de los monopolios sobre sectores enteros de la economía digital y, a partir de ahí, sobre la economía en su conjunto.

Pero hay otro objetivo más concreto, ideológico, que se presenta con el pretexto de la lucha contra “el odio” y la “desinformación” en línea.

La Unión Europea aprovecha la oportunidad para limitar la libertad de expresión de los medios independientes, particularmente en el área de lo que la Unión Europea llama “desinformación”, que es aquella que escapa de la ideología dominante.

En definitiva, la nueva ley tiene como objetivo combatir a aquellos a quienes la Unión Europea identifica como sus enemigos, internos y externos. Los monopolios digitales tienen el deber de cooperar para cesurar los contenidos etiquetados como “odiosos”.

Ambos aspectos están vinculados en los planes de los miembros de la Comisión Europea y, en particular, de Thierry Breton, comisario europeo del Mercado Interior.

El hilo conductor de la ley es: sólo lo que está autorizado fuera de línea debe autorizarse en línea. Todo contenido ilegal se debe eliminar de internet: falsificación, antisemitismo, pornografía infantil, amenazas de muerte o venta de drogas. El contenido de odio, la amplificación de la violencia verbal y física y la desinformación deben identificarse como tales y tratarse en consecuencia.

Entonces, la desinformación sobre la pandemia procedente de los gobiernos europeos, como los confinamientos, declarados ilegales en España, entrarían en el marco de la ley.

Ciertamente no va a ser así ya que se trata de desinformación oficial, es decir, propaganda ideológica destinada a intoxicar a intimidar a la población.

La Unión Europea privatiza la censura y pone la eliminación de un derecho constitucional en manos de los monopolios tecnológicos. Las redes sociales tienen la obligación de “moderar” los contenidos y Amazon debe impedir la venta de ciertos libros.

Además, las plataformas digitales, en particular Twitter, Facebook y Google, tienen la obligación de ser transparentes en cuanto a la forma en que los algoritmos imponen su publicidad.

La Comisión Europea quiere que la población piense correctamente, vote correctamente, se exprese correctamente y consuma correctamente. Es una verdadera declaración de guerra contra las libertades de los europeos.

De primera mano: información e intoxicación sobre los uigures en la China actual

Acabo de regresar de Xinjiang, donde pasé varios días con el escritor Maxime Vivas, algunos de cuyos libros tuve el honor de publicar. Visitamos Kashgar, la ciudad muy cerca de la frontera afgana y que cuenta con un 92 por cien de uigures, luego Urumqi, la capital con más de dos millones de habitantes y, finalmente, la nueva ciudad de Shihezi, desarrollada en los años 50 por los bingtuan, campesinos-soldados enviados por Mao Zedong para desarrollar zonas pioneras y, así, no tener que disputar el agua con las poblaciones locales de esta región semidesértica. Por no hablar de un desvío hacia el sublime lago Tianchi, al este de las Montañas Celestiales.

Xinjiang tiene alrededor de 25 millones de habitantes en una superficie tres veces mayor que la de Francia, pero sólo el 9,7 por cien del territorio es habitable, por lo que creo que esta visita a los grandes centros urbanos y a las principales carreteras que se entrecruzan para llegar a ellos me da una idea suficientemente representativa para hablar de esta región con más autoridad que muchos periodistas franceses que nunca han puesto un pie allí, al menos no recientemente, y en particular desde la campaña de difamación orquestada en 2019 por Mike Pompeo y la CIA.

Fue mi primera visita, la tercera para Maxime Vivas.

Habiendo comprendido desde hace mucho tiempo que la campaña sobre el supuesto “genocidio de los uigures”, el “genocidio en curso” (según el diario Liberation) o incluso “el genocidio cultural”, la esterilización forzada de mujeres, etc., y que incluso ha sido objeto de votación en la Asamblea Nacional francesa, no es más que el “copiar y pegar” de la misma campaña que tuvo lugar hace diez o quince años en el Tíbet. Obviamente de antemano esperaba conocer a muchos uigures que viven en condiciones absolutamente correctas. Sin embargo, me sorprendió gratamente la relativa prosperidad de una región muy remota de China. La llegada en mitad de la noche, debido a algunas horas de retraso del avión, al bazar de Kashgar, fue para mí una profusión de luz, alegría, canciones, gente feliz en las calles. En particular, la visión de mujeres jóvenes en moto, con el pelo ondeando al viento, me dio una impresión de gran libertad y me hizo pensar en cuál sería su destino al otro lado de la frontera afgana, donde perderían todos sus derechos derechos. Le pedimos a la gente en la calle que se hiciera fotos con nosotros.

Todos, incluidas las mujeres, se prestaron voluntariamente al juego y de buen humor.

Si esto hubiera sido un esquema tipo “pueblo Potemkin” con extras (hago esta suposición para contrarrestar cualquier objeción de antemano), esto habría sido un récord absoluto de producción de Hollywood que involucró literalmente a miles de personas, ya que pude entrecruzar los todo el bazar de Kashgar, y más tarde, de la misma manera, todo el bazar de Urumqi. El centro de la ciudad de Kashgar ha sido completamente renovado, cuidando de preservar su autenticidad. El centro de la ciudad obviamente se ha convertido en un lugar turístico de moda para el resto de los chinos, aunque todavía se ven pocos europeos allí, probablemente debido a lo que dice la propaganda occidental. Por regla general, todas las calles que crucé, de ciudad en ciudad, estaban salpicadas de edificios en construcción, fábricas y plantaciones de árboles, lo que atestiguaba una intensa actividad económica.

Si bien admito libremente que probablemente no habría podido visitar tantos lugares sin la asistencia logística de las autoridades chinas que nos proporcionaron un autobús y un intérprete, me gustaría decir que estuve allí con total libertad para ir a donde quisiera. quería, desviarme hacia la derecha, hacia la izquierda, y que mi conocimiento del mandarín, aunque muy vago -lo admito humildemente-, me hace lo suficientemente independiente para arreglármelas solo, superando a veces el insomnio que me provocaba el desfase horario. Maxime Vivas también me confirmó que, dado que los ataques terroristas yihadistas fueron erradicados desde diciembre de 2016, la situación de seguridad es mucho más tranquila que antes. Por lo tanto, no estaba sujeto a ninguna vigilancia ni prohibición de ir a tal o cual lugar.

Para que conste, como adquirí el hábito, dondequiera que vaya, de aprender sistemáticamente fórmulas de cortesía para no imponer el inglés directamente como muchos norteamericanos, inicié muchas conversaciones formales en uigur, que provocaron reacciones divertidas y sonrisas indulgentes de mis interlocutores, pero obviamente no provocaron el pánico que habría resultado de pronunciar un idioma prohibido, olvidado y perseguido, incluso en presencia de los chinos han.

En el campo, la visita a una familia uigur me permitió darme cuenta de que, si los padres necesitaban traducir las preguntas al mandarín, los niños entendían bien esta lengua y, por tanto, recibían educación. La pequeña de la familia, evidentemente, se había apasionado por el fútbol y exhibía en las paredes de una parte de la casa fotografías de sus hazañas deportivas. Lo que me recordó la liberación de las mujeres chinas por el comunismo, el fin de la opresión patriarcal y la abolición de la venda de los pies para las mujeres, mujeres a quienes Mao Zedong llamó “la otra mitad del cielo”. ¡Ahora, en los rincones más remotos de China, estos pies femeninos liberados incluso juegan al fútbol!

Un equipo de televisión chino tomó imágenes a lo largo de nuestro viaje que atestiguan esta profusión de zonas visitadas y de poblaciones encontradas. Próximamente será retransmitido tanto en China como en Francia por el canal CGTN. Hasta aquí la perfectamente grotesca acusación de genocidio. Maxime Vivas me hizo comprender, además, que Le Monde ya está dando marcha atrás y titulará en julio de 2023 “Xinjiang, región uigur que debe volver a ser china como las demás”. Este título es, por supuesto, una tontería ya que la zona está poblada sólo la mitad por uigures y tiene muchas otras etnias y todas ellas son “chinas”, ciudadanos de la República Popular China. Pero, finalmente, ahora se trata de una cuestión de normalización, y ciertamente no de la erradicación de un pueblo o una cultura.

En cuanto al llamado genocidio “cultural”, una de las cosas que hice fue visitar el gran teatro de Urumqi, que organiza representaciones coreográficas de los “doce muqams”, patrimonio mundial preservado por la UNESCO, que actúan por todo el mundo. Tuvimos la oportunidad de asistir a la representación de tres de estos muqams, que la China comunista no ha dejado de destacar en todo momento. Pude conocer el papel pionero del PCCh en la grabación, desde los años 1950, de los mayores virtuosos de este arte erudito, en particular Tourdi Akhoun, capaz de tocar los doce muqams de memoria, un maratón musical de más de veinte horas y contando 252 melodías y cuya estatua se alza orgullosa junto al teatro. En el aeropuerto de Urumqi, por ejemplo, pude tomar una fotografía de un uigur tocando el dotar y cantando en su idioma, en medio de muchos hans (la nacionalidad mayoritaria en China) que regresaban a Pekín.

Visité la mezquita de Kashgar, la más grande de China, con el imán, que hablaba uigur. En la madrasa (universidad coránica) de Urumqi el imán rector hablaba mandarín, pero también enseñaba en uigur y árabe. Es en esta última lengua, por supuesto, donde le hemos oído cantar el Corán. Los estantes de las bibliotecas están escritos en tres idiomas, destacando el uigur a primera vista en comparación con el árabe por el uso de signos diacríticos para señalar vocales desconocidas (ü, ö por ejemplo) de la lengua del Corán. Cabe señalar también que si el uigur apareció por primera vez en cirílico, como las demás lenguas de la región, luego, tras la escisión chino-soviética, en latín (como en el caso del pinyin, la transcripción fonética del mandarín). En la época de Deng Xiaoping cambiaron al alfabeto árabe para respetar mejor la particularidad de la cultura uigur. Vimos un comedor lleno de seminaristas que hacían sus exámenes para convertirse en imanes. Los imanes reciben un salario pagado por el gobierno central. Les recuerdo que en Francia también se pide, y con razón, a los musulmanes que respeten nuestras leyes republicanas.

En Xinjiang, todas las señales oficiales, todas las señales de tráfico, son bilingües uigur/mandarín en todo el territorio. En Kashgar, este bilingüismo se aplica incluso a la tienda más pequeña. Creo que un vistazo rápido al sitio de fotografías en línea de Google Earth le dará rápidamente una prueba de ello, en cualquier ubicación urbana.

Visité campos de algodón, hilanderías, perfectamente automatizadas. Para responder a la acusación lanzada por la competencia estadounidense sobre el uso de “trabajo esclavo” en la industria textil de Xinjiang, pude constatar que es necesario ahorrar al máximo el agua en esta región ampliamente desértica, para no agotarla. No utilizar aguas subterráneas sino traer agua de las montañas, implica una sustitución sistemática del riego por tuberías directamente en el suelo que funcionen automáticamente para evitar cualquier pérdida. También pude hacer la observación lógica -aunque a veces tengo dudas sobre el hecho de que todavía se pueda invocar la lógica, incluso en el país de Descartes- de que un país que hoy presenta el 40 por cien de las patentes del mundo no tiene ningún interés en emplear trabajo esclavo, y mucho menos capataces para retenerlos, cuando lo que se busca es desarrollar un número suficiente de ingenieros en cada generación. Finalmente visité una hilandería donde los pocos trabajadores presentes se ocupan principalmente de controlar las máquinas.

Entonces, ¿qué hacen los uigures? Parece que se integran bien en la sociedad, trabajan en la agricultura, el comercio, el turismo, regentan tiendas, algunos son imanes, como se ha dicho, y otros funcionarios, a veces miembros del Partido Comunista (vi a todo un grupo de ellos en el avión de regreso a Pekín) y disfrutan, constitucionalmente, de igualdad republicana e incluso de un sistema similar al de discriminación positiva que existía en la URSS y que existe, de forma más imperfecta, en Estados Unidos. En la época de la política del hijo único, los uigures, al igual que los otros 55 grupos étnicos no Han, estaban exentos de esta obligación.

Maxime Vivas quiso expresamente visitar uno de los centros de desradicalización que nuestros medios han presentado como “campos de concentración”. En realidad, se trataba de una escuela donde a los jóvenes, que no habían cometido delitos pero que estaban influenciados por el yihadismo, se les enseñaba no sólo mandarín para integrarse en la sociedad china, la constitución y también un trabajo. Pueden practicar deportes, ganar competiciones de tenis de mesa, por ejemplo, y pueden volver a casa los fines de semana. Reconociendo los caracteres básicos, aviso que se trata de la biblioteca del colegio y pido entrar. También pido que alguien me muestre, además de libros en mandarín, libros en uigur, lo que se hizo. También me han asegurado que se respeta la fe musulmana de los estudiantes y no tengo motivos para dudarlo.

Enseñar a estos estudiantes sobre la constitución del país se presenta en nuestros medios como el “lavado de cerebro” de la “propaganda comunista”. De hecho, el Partido Comunista Chino desempeña un papel de pilar constitucional, pero recordemos que fue el partido que liberó al país de la invasión extranjera y sacó a 700 millones de chinos de la pobreza. Algunos de mis compatriotas son libres de alimentar los prejuicios anticomunistas que ahora se inculcan de manera demasiado sistemática en mi país; está claro que es mucho mejor ser musulmán en China que ser musulmán en Afganistán. Observo también que Tayikistán, un país casi enteramente musulmán, también lucha contra el fanatismo islamista y contra el wahabismo, que considera con razón una injerencia extranjera, ya que el Islam en esta región está más marcado por la muy tolerante escuela jurídica hanafi. También llama la atención que las costumbres de los uigures estén marcadas por la danza, que se practica en grupos, sin una separación particular entre hombres y mujeres. Estos últimos suelen tocar también instrumentos. Debes saber que Xinjiang es también la mayor región vinícola de China y pudimos ir a la mansión Changyu, que produce un vino cuyo sol recuerda al de las Costas del Ródano. También probé una sorprendente mezcla de Syrah y Cabernet-Sauvignon que me pareció bastante correcta.

Podemos estar seguros de que la cultura uigur en toda su diversidad, como la de los demás grupos étnicos que pueblan la región, habría estado, por el contrario, perfectamente amenazada de erradicación si los yihadistas hubieran tomado el poder. El relato de la violencia y de los actos bárbaros de estos últimos, presentado en un museo de Urumqi, muestra escenas reales de pesadilla que debieron vivir las poblaciones civiles entre 1990 y 2016, desde Xinjiang hasta la plaza de Tiananmen en Pekín.

Los medios occidentales presentan repetidamente la misma fotografía de prisioneros uigures, condenados por yihadismo, y difundida voluntariamente por las autoridades penitenciarias chinas, sin duda para mostrar su determinación de luchar y erradicar el terrorismo. Vemos condiciones carcelarias estrictas, pero ciertamente no la impactante privación sensorial de la que Estados Unidos es culpable en Guantánamo o las torturas de Abu Ghraib en Irak. Además, no son los países musulmanes los que condenan a China por Xinjiang, sino los países del Atlántico Norte. La lucha contra el terrorismo yihadista debería ser objeto de solidaridad global y no una oportunidad para estigmatizar aún más a China en su deseo de crear prosperidad compartida y activar las nuevas rutas de la seda en las que los uigures, que hablan una lengua turca cercana principalmente al uzbeko, pero también al kirguís y al kazajo, tienen mucho que ganar.

De vuelta en Pekín, nos encontramos con el Sr. Zheng Ruolin, autor del libro publicado por Denoel en 2012, “Los chinos son hombres como los demás”. Es cierto que en Occidente, el hecho de que los chinos vivan en el mismo planeta que nosotros es una realidad que con demasiada frecuencia tendemos a olvidar. El Sr. Zheng es un actor clave en los estudios franceses en China y vive en nuestro país desde hace mucho tiempo. Le pregunto si piensa regresar algún día a París. Él responde que ahora prefiere ser útil explicando a sus compatriotas el mundo exterior del que, según él, todavía saben muy poco. Le respondo que hay algo peor que no saber, hay, como hacen algunos franceses, no saber y a pesar de todo dar lecciones.

Una vez más vuelvo a las contradicciones fundamentales de mi país, que cuenta entre sus ciudadanos, por ejemplo, por un lado con los soldados que saquearon el Palacio de Verano de Pekín en 1860 y, por otro, con Víctor Hugo, que protestó con toda su voz fuerte contra este acto de barbarie.

Subo al avión con entusiasmo, pero preguntándome si mis compatriotas me entenderán lo suficiente o si, también en este caso, no tendré la impresión, como dice un adagio chino (chengyu, para ser precisos), de “tocar el laúd delante de los búfalos”, en definitiva, hablar por los sordos. Peor aún, si no me van a acusar de querer hacer daño, en virtud de no sé qué “odio” que habría desarrollado de repente, al pueblo uigur, de cuya existencia sólo supe hace unos años. Me atrevo a esperar que Maxime Vivas y yo, que sin embargo gozamos de una reputación favorable entre los progresistas y los izquierdistas en Francia, seamos escuchados. También espero que finalmente lleguemos a comprender que, después del Tíbet y Xinjiang, la próxima campaña lanzada por la CIA y dirigida a uno u otro de los 56 grupos étnicos que China cuenta con orgullo, ya no podrá instalarse entre nuestros compatriotas con zuecos tan grandes.

Aymeric Monville https://www.legrandsoir.info/je-reviens-du-xinjiang.html

Gabón también suspende a los medios de propaganda franceses

Para Francia todo son malas noticias en África. Ahora el gobierno de Gabón ha suspendido las emisiones de las cadenas de televisión France 24 y TV5 Monde tras la celebración de las elecciones generales.

“Las retransmisiones de Radio Francia Internacional y de las cadenas de televisión France 24 y TV5 Monde fueron suspendidas por la tarde en Gabón”, indica la televisión pública gabonesa.

La decisión proviene de la Alta Autoridad para la Comunicación (HAC). Según ella, la suspensión de las emisiones de los medios franceses se explica por “una falta de objetividad y de equilibrio en el tratamiento de la información en relación con las elecciones generales en curso”.

France 24 y TV5 Monde son los principales medios audiovisuales franceses en África.

El domingo el holding France Médias Monde anunció que lamentaba esta decisión en Libreville.

El sábado por la noche el gobierno cortó el acceso a internet y decretó un toque de queda en Gabón, alegando que había riesgo de violencia, poco antes del final de las elecciones presidenciales entre el saliente Ali Bongo Ondimba y su principal oponente, Albert Ondo Ossa.

El pasado mes de agosto los medios de comunicación RFI y France 24 fueron suspendidos en Níger, tras el golpe de Estado en este país. El gobierno de transición de Burkina Faso suspendió la emisión de France 24 a finales de marzo.

Los aparatos de propaganda del Departamento de Estado

La cadena de televisión CNN es uno de los aparatos de relaciones públicas del Departamento de Estado de Estados Unidos. A su vez, el Departamento de Estado dirige la mayor parte de las operaciones mundiales de la CIA. La CNN, la CIA y el Departamento de Estado forman un trío. A través de la CNN, el Departamento de Estado intoxica a las agencias de noticias y medios de comunicación del mundo entero.

Basándose en la CIA, o sea, en “funcionarios anónimos de la inteligencia estadounidense”, la CNN y otros medios aseguran que el FSB ruso manipula pequeñas cuentas en las redes sociales y que en el Kremlin hay un plan de desinformación sistemático (*).

El FSB ruso utiliza tanto recursos propios y “activistas en línea”, según la terminología del Guardian (2), como a lo que en la Guerra Fría llamaban “tontos útiles”, es decir, medios independientes que, a causa de su alineamiento antimperialista, no se dan cuenta de que están siendo manipulados.

Las operaciones rusas de influencia están diseñadas deliberadamente para propagarse a pequeña escala, aseguran las fuentes de la CNN.

Cualquier medio que no asuma la versión oficial, convertida en mayoritaria, es sospechoso de servir a los intereses del Kremlin.

El mensaje tiene que ser único y uniforme. Por eso el New York Times repite la monserga de la CNN: “Las agencias de espionaje rusas están utilizando técnicas de lavado de influencias para ocultar la participación del Kremlin en los mensajes a favor de Rusia y contra Ucrania” (3).

Nos espera una campaña de alto calado contra los “prorrusos”, a la que se sumarán los buscadores y las redes sociales, e incluso los sicólogos (4), porque es imposible que Rusia tenga razón. Sus seguidores los obtiene gracias a una propaganda mentirosa.

(1) https://www.cnn.com/2023/08/25/politics/us-intel-russia-propaganda/index.html
(2) https://www.theguardian.com/world/2022/may/10/china-pro-russia-propaganda-exposed-by-online-activists-ukraine
(3) https://www.nytimes.com/2023/08/25/us/politics/russia-intelligence-propaganda.html
(4) https://www.psychologytoday.com/us/blog/optimally-irrational/202203/how-russias-propaganda-really-works

La Unión Sovietica desencadenó la Segunda Guerra Mundial según el New York Times

Era cuestión de tiempo que la desfachatez se apoderara por completo de los altavoces del imperialismo, entre los que siempre destaca el New York Times. La Guerra de Ucrania es el detonante inmediato para falsificar las evidencias históricas, tanto del pasado como del presente porque las unas están inextricablemente unidas a las otras.

El titular de un artículo que publicaron el martes es “Una guerra actual colisiona con el pasado: restos de la Segunda Guerra Mundial en Ucrania” (*), y su contenido no deja lugar a dudas sobre la doctrina oficial: Ucrania no es un Estado fascista y nunca lo fue. Ni en 2023 ni en 1941. Los que en Ucrania colaboraron con el III Reich no eran nazis sino nacionalistas, y lo mismo cabe decir de los que gobiernan actualmente.

Más bien al contrario, al III Reich deben quedar asimiladas la URSS y la Rusia actual, que son los “invasores”, tanto en 1939 como en 2022. Prueba de ello es que se pusieron de acuerdo y firmaron una alianza militar para “invadir” Polonia, lo mismo que el año pasado “invadieron” Ucrania.

“La Segunda Guerra Mundial comenzó en lo que ahora es Ucrania en 1939 con una invasión soviética del territorio entonces controlado por Polonia en el oeste de Ucrania, en un momento en que la Unión Soviética y la Alemania nazi formaron una alianza militar. Cuando este pacto se rompió en 1941, Alemania atacó y luchó de oeste a este a lo largo de Ucrania”, sostiene el periódico.

La versión del New York Times es fascista, es decir, es la versión con la que los fascistas ucranianos justifican los crímenes que cometieron en la Segunda Guerra Mundial, que ascienden a muchos miles de muertos y que, además, eran población civil en su mayoría.

Por lo demás, no existió nunca una “alianza militar” entre la URSS y el III Reich, sino un pacto mutuo de no agresión, el mismo que debería existir entre todos los países del mundo, cualquiera que fuera su régimen político.

La URSS no “invadió” Polonia en 1939 sino que recuperó los territorios que había perdido durante la guerra civil, como ya explicamos en una entrada anterior. Prueba de ello es que tras la guerra, se mantuvieron las fronteras entre la URSS con Polonia tal y como se definieron en el Pacto Molotov-Von Ribbentrop y que perduran en la actualidad.

Ante la avalancha de críticas, el New York Times ha tenido que suavizar la redacción del texto, que ahora queda de la siguiente manera: “La Segunda Guerra Mundial llegó a lo que ahora es Ucrania en 1939 con una invasión soviética del territorio entonces controlado por Polonia en el oeste de Ucrania”.

El texto sigue siendo falso porque la Segunda Guerra Mundial no llegó a Ucrania en 1939 sino dos años después, es decir, que durante ese tiempo no sólo no se desencadenó ninguna guerra sino que se evitó. El periódico oculta que mientras las matanzas en Polonia comenzaron en 1939, en Ucrania se aplazaron durante ese tiempo.

Naturalmente, también oculta que quienes las cometieron no fueron sólo los nazis alemanes, sino también los nazis ucranianos, que son los mismos, antes y ahora.

Unos cometen las matanzas y otros tratan de evitarlas. Pero el New York Times cuenta las cosas al revés, incluso cuando no se trata de la actualidad.

(*) https://www.nytimes.com/2023/07/18/world/europe/ukraine-world-war-ii.html

El silencio forma parte de la guerra, tanto como el ruido

En última instancia, quien manda en la OTAN y en Ucrania es Estados Unidos que, como en Vietnam, siempre pelea a través de intermediarios y marionetas más o menos manejables. En Ucrania es Zelensky y en Afganistán era Karzai y luego Ashraf Ghani. Personajes así son importantes porque lo mismo se ponen que se quitan, se ensalzan o se vituperan. En un guiñol todos miran al muñeco como hipnotizados.

Para Estados Unidos los intermediarios son muy importantes porque son los primeros en caer. Permiten desatar más guerras porque abaratan el precio. Las guerras comienzan porque los reclutas van con la única intención de ganar y acaban porque los cementerios se llenan. Hay países, como Estados Unidos, que no están dispuestos a pagar determinados precios y por eso recurren a sus marionetas.

Pero no lo puedes dejar todo en manos de sicarios como Zelensky. Al menos debes enviar a alguno de los tuyos. En el caso de Ucrania no se sabe cuántos estadounidenses están combatiendo, tanto si son mercenarios como regulares. Desde luego que tampoco se conoce su identidad. Ni siquiera sus familiares saben que están en el campo de batalla.

El 27 de junio Rusia bombardeó en Kramatorsk lo que la prensa calificó como un restaurante normal y corriente. Sin embargo, el local formaba parte de un complejo hotelero que aparentemente atraía a muchos occidentales en edad de combatir, estadounidenses y de otros de países de la OTAN.

Los testigos los escucharon hablar inglés, vieron sus tatuajes estadounidenses, del tercer batallón de Rangers, y banderas estadounidenses en sus ropas. Las cuentas de Twitter informan de la muerte de estadounidenses, pero el silencio oficial se mantiene, lo que hace volar la imaginación de los conspiranoicos.

Sabemos que el ataque mató a 50 oficiales y dos generales ucranianos y al menos a 20 occidentales, incluidos varios estadounidenses, lo que demuestra que en Ucrania unos y otros están juntos, incluso a la hora de tomar el café. El Ministerio de Defensa ruso estima que hay más de 900 estadounidenses, pero nadie va a decir nada, por el momento, incluso aunque mueran. Sus familias no pueden esperar pompas fúnebres.

“Esta es la tercera guerra en la que he luchado y, con mucho, la peor”, ha dicho uno de los soldados estadounidenses, Troy Offenbecker. “La semana pasada, un avión lanzó una bomba junto a nosotros, a unos 300 metros de distancia. Fue un desastre horrible”.

Otro, David Bramlette, resume: “El peor día en Afganistán o Irak es un gran día en Ucrania”. En lo que respecta a las misiones de reconocimiento, añade, “si dos resultan heridos… no hay helicóptero que venga a buscarte… La mierda puede ocurrir muy, muy rápido. En otras palabras, este es un enemigo diferente, muy capaz, y los soldados estadounidenses en Ucrania bajo la sombra podrían morir en grandes cantidades de las que la gente en casa nunca se entera”.

En marzo el ejército ruso atacó Lvov con misiles y circulan rumores sobre cientos de muertos de la OTAN. Los medios estadounidenses se apresuraron a cuestionar la veracidad de esa información, que no recibió ninguna cobertura occidental, ni siquiera para decir que era un bulo. Nosotros afirmamos que los misiles eran Kinjal y que el objetivo destruyó un centro de mando de la OTAN.

La instalación estaba a una profundidad de cien metros bajo tierra. Era el puesto de mando de reserva del antiguo Distrito Militar de los Cárpatos, bien protegido y equipado con modernos sistemas de comunicación. Los rusos tuvieron que lanzar un Kinjal porque la instalación era invulnerable a los misiles convencionales. No hubo supervivientes y había más de 200 oficiales trabajando en el interior.

Aunque la noticia fuera cierta, nunca escucharíamos nada al respecto. El silencio forma parte de guerra, tanto como el ruido, y puede ser tan estridente como él porque, indudablemente, tiene un significado. La propaganda se volcó para demostrar que los rusos habían cometido la matanza de Bucha, pero guarda silencio sobre el ataque al centro de la OTAN en Lvov. Ni siquiera se preocupa de desmentirlo.

El 9 de julio saltó la noticia de que un comandante del Batallón Azov, Volyn, había asegurado a los medios turcos que el año pasado Estados Unidos y Rusia habían negociado la rendición en la fábrica Azovstal a cambio de la evacuación de varios “oficiales estadounidenses de alto rango”. Naturalmente, también se llevó a cabo en secreto porque los oficiales estadounidenses no podían aparecer al lado de los carniceros nazis.

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