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Etiqueta: Guerra psicológica (página 28 de 94)

Tecnología persuasiva

Una imagen: una bola con pinchos
Una palabra: coronavirusUna interpelación: peligro
Una solución: aislamiento, mordaza, vacuna…

En el mismo año 1971 que en Alemania Federal se cerraba el centro correccional Eichenhof dependiente del Tribunal Tutelar de Menores después de una ola de protestas posteriores a la realización del documental con guión de Ulrike Meinhof y dirigido por Eberhard Itzenplitz “Bambule” en el que se denunciaba las condiciones de represión en el citado centro (1), en la Universidad de Stanford en Estados Unidos se realizaba el experimento sobre comportamiento social “La Cárcel” el cual fue suspendido, dicen, debido a los nefastos efectos psicológicos sobre los participantes. De todos modos las técnicas en aquel momento puestas en práctica no solamente no se detuvieron sino que se han ido acrecentando, modificando y perfeccionando a lo largo de los años por parte de los sistemas represivos en todo el mundo, carcelarios o no carcelarios.

Y, es dentro de los no carcelarios, es decir dirigidos a las personas aparentemente en libertad, que los laboratorios de investigación psicológica y sociológica de las universidades más “prestigiosas” han realizado y están realizando los experimentos de condicionamiento social más despóticos, dirigidos básicamente al mercado, al consumo y a la aceptación voluntaria del estado de las cosas. Concretamente en Stanford desde 1997 está en funcionamiento un laboratorio de investigación sobre tecnología del comportamiento, el Stanford Persuasive Tech Lab que forma parte del departamento H-Star Institut.

Dentro de este entramado está la llamada “Tecnología Persuasiva” en la cual, a tenor de sus defensores, prima la persuasión a la represión en un alarde de cinismo sin precedentes para justificar el lavado de cerebro de miles de millones de personas, como hemos podido comprobar en todo el mudo a partir del 11 de marzo cuando la OMS siendo portavoz de las grandes corporaciones declaró una pandemia mundial a sabiendas de las repercusiones éticas, sociológicas, psicológicas y económicas que conllevaba tal declaración paralela a una serie de medidas insólitas desde tiempos inmemoriales del siglo XIV en plena peste negra derivada de las consecuencias de la guerra de los cien años.

Burrhus F. Skinner, el psicólogo conductista más conocido y representativo, llegó a afirmar que el uso extendido de estas técnicas podría emplearse para modificar la sociedad humana, practicando en ella una especie de ingeniería. En su novela Walden dos, describe el funcionamiento y lo que podría llegar a ser una sociedad científicamente construida.

En el vídeo (2) de la web Wired titulado Cuando “la tecnología te conoce mejor de lo que te conoces a ti mismo” se entrevista a Yuval Noah Harari y Tristan Harris, miembros de CHT (Centro para la Tecnología Humana) que anteriormente habían trabajado en el Stanford Persuasive Tech Lab, Harari afirmó que «Ahora nos enfrentamos no sólo a una crisis tecnológica, sino a una crisis filosófica. Las corporaciones, los gobiernos están jugando con la tecnología para hackear a los seres humanos. Tal vez el hecho más importante de vivir en el siglo XXI es que ahora somos animales hackeables. Si sigues con la ilusión de que la elección humana no puede ser hackeada, no puede ser manipulada, y puedes confiar en ella completamente, y esta es la fuente de toda autoridad, entonces muy pronto terminas siendo un espectáculo de marionetas emocional”.

Es extremadamente irresponsable que se pueda tener un título en informática y en codificación, que se pueden diseñar todos estos algoritmos que ahora dan forma a la vida de las personas, y que no se tenga ningún conocimiento para pensar ética y filosóficamente sobre lo que se está haciendo. Resulta que estar dentro de la sociedad y tener contacto personal puede ser lo mejor, pues el confinamiento solitario es el peor castigo que nos podemos dar los seres humanos, puesto que la tecnología basada para maximizar el aislamiento está diseñada para maximizar el tiempo que permanecemos en la pantalla. Si nos damos cuenta de que nuestros cerebros pueden ser pirateados, necesitamos un antivirus para el cerebro, al igual que tenemos uno para el ordenador.

Brian Jeffrey Fogg ha sido fundador y director del Laboratorio de Tecnología Persuasiva de Stanford. En el 2009, Fogg publicó el Modelo de Comportamiento Fogg (FBM), un modelo para analizar y diseñar el comportamiento humano. El FBM describe tres condiciones necesarias para que un comportamiento ocurra: (a) motivación, (b) habilidad y (c) un estímulo. La motivación puede ser influenciada por factores como el placer/dolor, la esperanza/miedo, y la aceptación/rechazo social. La habilidad puede verse afectada por el tiempo, el dinero, el esfuerzo físico, los ciclos cerebrales, la desviación social y la falta de rutina. Los estímulos también se conocen como desencadenantes. A partir de ahí diseñó el concepto “Captología” que, según sus palabras “se focaliza en el diseño, investigación y análisis de productos informáticos (o, más ampliamente, digitales) interactivos, creados con el propósito de cambiar las actitudes y comportamientos de la gente”.

Hemos podido comprobar sobradamente que la preparación, diseño y puesta en práctica del discurso pandémico se ha realizado siguiendo las pautas del FBM: utilizando el placer/dolor, la esperanza/ miedo, la aceptación/ rechazo social; el tiempo (las largas horas y días de confinamiento y restricciones a la movilidad, los problemas económicos, el cambio de los ritmos; y finalmente como estímulo la promesa de una vacunación.

En el blog de seguridad Security art Work, en un extenso análisis sobre la tecnología persuasiva, se pregunta: ¿por qué hablamos de programación o tecnología persuasiva en un blog de seguridad? Muy sencillo: para convencernos de que es preciso aplicar esas mismas estrategias al ámbito de la seguridad, por ejemplo para realizar ataques de ingeniería social. Fabriquemos un bulo y convenzamos a la gente de algo que nosotros queremos, transmitiéndoles que es lo correcto para ellos (3).

Nir Eyal explica en su libro Hooked, How to Build Habit-Forming Products que ha venido aplicando estas técnicas en el diseño de productos que crean dependencia. Para Eyal, el comportamiento de una persona puede ser diseñado por medio de la creación de hábitos que aseguren la fidelización de sus consumidores, manteniéndolos enganchados como el adicto a las drogas. “Lo reconozcamos o no, estamos manipulados. Las tecnologías que usamos nos han forzado a adoptar conductas y también han generado nuevas adicciones. Los psicólogos cognitivos definen los hábitos como “conductas automáticas estimuladas por señales situacionales” (4).

FOMO: Fear of Missing Out (el miedo a perdernos algo importante) nos obliga incoscientemente a revisar de manera compulsiva la pantalla del teléfono, de este modo cada minuto que pasa sin estar “en las redes” se convierte desde la psicología de los “infectados por la tecnología persuasiva”, en la posibilidad de perder algo y para que esto no suceda, se siente la necesidad de estar permanentemente conectados. Así han programado las redes sociales desde el inicio de la declaración de la pandemia enviando constantemente twits con frases o fotos de muertes, infecciones, contagios… sean o no reales.

Y, la pandemia ha funcionado como un test, estableciendo que los usuarios estén preparados para que la vida virtual 24/7 funcione (veinticuatro horas al día y siete días a la semana). Son la parte necesaria para que esta situación se reproduzca en la subjetividad de cada usuario, a efectos de la puesta en funcionamiento los grandes cambios tecnológicos exigidos por la industria 4.0.

Para evitar cualquier grieta en el sistema, los servicios de seguridad nacional de los Estados Unidos, Reino Unido (5), Unión Europea, Rusia, China y otros, han concretado que las herramientas cibernéticas previamente diseñadas para su uso en la «guerra contra el terror» posterior al 11 de septiembre de 2001, ahora se están aplicando para su uso contra fuentes de información que promuevan la vacilación sobre la beneficencia de las vacunas, que denuncian la corrupción de la industria farmacéutica o la información relacionada con la pandemia que va en contra del discurso oficial.

La tecnología se ha convertido en el petróleo del siglo XXI. (6). Las empresas tecnológicas, grandes defensoras de la pandemia, han sabido sacar buena tajada de ella para detentar el control de una parte muy importante de la economía mundial y para ello han recibido la inestimable ayuda de un virus microscópico. Es el mismo capitalismo con traje nuevo.

(1) Documental que a pesar de estar programado para emitirlo a través de la Arbeitsgemeinschaft der Rundfunksanstalten Deutschlands (Radio-Estudio de Alemania Federal) se eliminó de la programación en un alarde de censura
(2) https://www.wired.com/story/artificial-intelligence-yuval-noah-harari-tristan-harris/
(3) https://www.securityartwork.es/2014/03/26/tecnologia-persuasiva/
(4) https://www.leadersummaries.com/es/libros/detalle/enganchado-hooked
(5) https://unlimitedhangout.com/2020/11/reports/us-uk-intel-agencies-declare-cyber-war-on-independent-media/
(6) Boletín Tropia. El futuro llegó hace rato

Censurado un artículo científico que demostraba que no hay exceso de mortalidad en Estados Unidos

Uno de los centros de cabecera mundiales para el seguimiento de la pandemia es la Universidad Johns Hokpins. Recientemente publicó un artículo científico en su web sobre la mortalidad en Estados Unidos a causa del coronavirus, que fue retirado apresuradamente. La censura no se relaja.

El artículo sostenía que en Estados Unidos no se ha producido un exceso de mortalidad en lo que llevamos de año con respecto a los anteriores. La cifra de muertos es parecida porque la disminución del número de fallecidos por otras causas es similar a los que se atribuyen al coronavirus.

El artículo apareció firmado por Yanni Gu y sus datos los extrajo de los CDC. Según Gu, el aumento de las muertes relacionadas con el coronavirus es una ilusión porque muchas muertes por enfermedades cardiovasculares han sido etiquetadas como “covid” (1).

Este año se ha registrado una disminución significativa y sorprendente de las muertes por enfermedades cardiovasculares, pero también por otras causas, en comparación con años anteriores.

El artículo se sustenta en los análisis estadísticos de Geneviève Briand, profesora de la Universidad John Hopkins, para quien las muertes por enfermedades cardíacas, respiratorias, influenza y neumonía se han reclasificado para atribuirlas al “covid”.

La tesis de Gu y Briand explicaría la desaparición de los casos de gripe detectados en lo que va de año, que ya hemos comentado en otra entrada y que los CDC han reconocido (2).

En Estados Unidos las cifras de la pandemia de coronavirus son, pues, engañosas. El coronavirus no ha tenido ningún efecto sobre el porcentaje de mortalidad entre los ancianos, ni ha aumentado tampoco el número total de muertos.

El artículo fue rápidamente sustituido por una declaración de los editores de la Universidad, en la que afirman que el artículo apoyaba “inexactitudes peligrosas que minimizan el impacto de la pandemia”. Naturalmente los “verificadores de hechos” aplaudieron la censura porque no había nada de eso: la Universidad había decidido retirar el artículo de manera voluntaria.

Si no quieren incurrir en herejías, errores, confusiones, equivocaciones y desvaríos no deberían leer el artículo de Gu. Demos gracias a la Universidad John Hopkins y a los “verificadores de hechos” por evitarnos la tentación del pecado.

(1) Yanni Gu, A closer look at U.S. deaths due to COVID-19, The John Hopkins University News-Letter, 22 de noviembre de 2020
https://web.archive.org/web/20201126223119/https://www.jhunewsletter.com/article/2020/11/a-closer-look-at-u-s-deaths-due-to-covid-19
(2) https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/69/wr/mm6937a6.htm

Gráfico elaborado por la profesora Geneviève Briand sobre el nuevo reparto de la mortalidad entre las diferentes patologías
Webinario de la profesora Briand en YouTube

En la Brigada Facebook del ejército británico combaten 1.500 soldados por lo menos

En 2015 el ejército británico anunció oficialmente la creación de una Brigada dedicada exclusivamente a “luchar” en las redes sociales. Es la 77 Brigada, aunque se la conoce como la “Brigada Facebook”.

No obstante, su teatro de operaciones son todos los foros de internet. El Estado Mayor del ejército británico la presenta como “una fuerza de combate para la era digital”, que está integrada por al menos 1.500 soldados con la misión de informar y desinformar.

En realidad, la Brigada Facebook se creó en 2010 para dirigir las informaciones sobre la inminente Primavera Árabe. Su nombre es un homenaje a los “Chindits”, una unidad que durante la Segunda Guerra Mundial operó en Birmania tras las líneas del frente para sembrar la confusión entre los japoneses.

Sus misiones son las propias del espionaje de toda la vida: recabar información, operaciones secretas, desinformar y demás técnicas de influencia sobre la opinión pública que hasta ahora eran competencia de los medios de comunicación y de los inquisidores de la catadura de Maldita o Newtral.

El año pasado, un dirigente del Partido Nacional Escocés, Douglas Chapman, afirmó que la 77 Brigada estaba atacando y desprestigiando en las redes a los independentistas escoceses.

Según el Sunday Times, actualmente la Brigada Facebook trabaja en la preparación de la campaña de vacunas contra el coronavirus y las redes comienzan a llenarse de mensajes contra los “antivax”, el movimiento de quienes se oponen a la vacunación obligatoria.

Naturalmente, detrás de los mitos negacionistas está el largo brazo del Kremlin, dice un comunicado oficial de la OTAN (1) y esta mañana el Times volvía a la carga: la propaganda contra las vacunas procede de “Estados hostiles” y está “vinculada Moscú” (2).

Antes los negacionistas eran neonazis y ahora secuaces de los rusos.

Las técnicas de manipulación militar de las redes sociales son conocidas: inteligencia artificial, bases de datos, bots, cuentas falsas, trolls… Son las mismas aplicaciones informáticas que han estado utilizando en la “lucha antiterrorista”, dice el Times.

Si Gran Bretaña fue el primer país en crear una Brigada del ejército para intoxicar las redes sociales, Estados Unidos e Israel le siguieron los pasos. El Tsahal, por ejemplo, está presente en unas 40 redes sociales, bajo diferentes identidades y en seis idiomas diferentes.

Hace pocas semanas, el gobierno del PSOE y Podemos también ha creado su propia Brigada Facebook, poniendo la guerra sicológica en manos del CNI, siempre con el manido propósito de “luchar contra la desinformación”, es decir, contra los medios de información alternativos.

(1) https://www.nato.int/nato_static_fl2014/assets/pdf/2020/4/pdf/2004-Factsheet-Russia-Myths-COVID-19_en.pdf
(2) https://www.thetimes.co.uk/article/gchq-in-cyberwar-on-anti-vaccine-propaganda-mcjgjhmb2

Si todos se empeñaran en pensar por sí mismos el mundo sería un caos

Al principio, los herejes (de todo tipo) fueron un coro de voces que bastaba con censurar, marginar y despreciar de vez en cuando. El motivo es que difunden noticias falsas, a diferencia de los guardianes del canon, que sólo propagan las genuinas.

La maniobra no fue bien porque los herejes siguieron largando y hubo que dar un paso más: había que silenciarlos. Pero, ¿cómo hacerlo?, y sobre todo, ¿cómo justificarlo?

La clave es que los herejes están locos y, como cualesquiera otros, deben ser internados antes de reincorporarse otra vez a la sociedad. Si se puede confinar a los mansos, ¿cómo no va a ser posible hacer lo mismo con los herejes?

Pero el encierro tampoco suele bastar por sí mismo para hacerles recapacitar. Los guardianes debían aprovechar el tiempo de encierro para someterles a tratamiento psiquiátrico.

¿Qué clase de tratamiento?, ¿tortura?, ¿lobotomía?, ¿fármacos?, ¿privación sensorial?, ¿hipnosis?

El año pasado una investigadora del Instituto Italiano de Tecnología propuso recurrir a las descargas eléctricas o magnéticas para sanar los prejuicios sociales. Lo llamaba “estimulación cerebral no invasiva” (*).

Es un alivio que dicha estimulación no sea invasiva porque puede superar cualquier declaración de derechos humanos, por exigente que sea. Basta el informe de un siquiatra que acredite la locura herética, para proceder a la estimulación cerebral del paciente.

Es por su bien. El loco necesita una cura y un siquiatra se la puede dar. Si vacunan a los sanos, que no necesitan nada, ¿por qué no se puede hacer algo por los locos? No sólo pueden: un Estado moderno está obligado a ello.

En el mundo actual las personas deberían olvidarse de pensar por sí mismas porque ya hay quien piensa por ellas y sabe mucho más. Son los expertos y los especialistas, con una dilatada experiencia en todos los terrenos del saber. ¿Quieres saber lo que es una zoonosis? No pierdas el tiempo pensando en ello. Limítate a preguntar a quien sabe del tema.

Si todos se empeñaran en pensar, el mundo sería un caos. Se llenaría de noticias falsas propagadas por quienes no saben y, por lo tanto, están equivocados necesariamente. Habría teorías de todo tipo conviviendo con las científicas y no sabríamos diferenciar a unas de otras.

El gobierno más progresista de la historia se ha puesto a ello. Para prevenir que las personas caigan en la tentación de pensar por sí mismas, es necesario crear otro Ministerio más, el de la Verdad, que funcionará en paralelo con el de Defensa.

(*) https://www.huffingtonpost.it/entry/la-stimolazione-cerebrale-non-invasiva-contro-pregiudizi-e-stereotipi-sociali_it_5d53c03fe4b0c63bcbef8e8d

La Unión Europea adiestra a los policías del Magreb en técnicas de desinformación en las redes sociales

La Unión Europea es cómplice de la represión política en los países del Magreb, ya que adiestra a los policías de dichos países en técnicas de vigilancia, incluida la recopilación de datos de las redes sociales y los teléfonos móviles.

Los instructores europeos enseñaron a los policías argelinos a crear falsas identidades en línea -que se han vinculado a la difusión de información errónea y a la propaganda del gobierno en el país- como parte integrante de cursos sobre los métodos de inteligencia de código abierto (Osint) celebrados en el momento culminante de las protestas populares del año pasado.

A los policías les han instruido para crear y mantener cuentas duplicadas ficticias, comprar tarjetas SIM para publicar contenidos fuera del horario de trabajo, evitando tanto las redes privadas como las profesionales, inventar bulos para difundirlos por internet y manejar programas informáticos para gestionar múltiples identidades falsas al mismo tiempo.

El curso se celebró en abril del año pasado en Argel y se llamó “Osint, darknet y técnicas de investigación”. También enseñaron a los miembros de la Gendarmería argelina a usar de herramientas de búsqueda que les permiten rastrear la ubicación de dispositivos electrónicos específicos.

El instituto de formación de las policías europeas (Cepol) impartió cursos similares a la policía de Marruecos, centrados en la recopilación de información a través de las redes sociales.

Los europeos también enseñaron a los policías marroquíes a registrararse en Twitter como desarrolladores para obtener un acceso más amplio  a los datos de los usuarios.

Pero Twitter prohíbe a los desarrolladores compartir información con “un usuario final del gobierno cuya función o misión principal es llevar a cabo la vigilancia o recopilar información de inteligencia”.

Adiestraron a los policías para extraer datos de los dispositivos incautados, utilizando un programa creado por una empresa israelí de programas informáticos de vigilancia, que incluye contenido que el teléfono recoge sin que el usuario actúe, y a veces sin su conocimiento.

La Cepol también enseña a las policías de Túnez, Jordania, el Líbano y Turquía mediante un programa regional de instrucción en materia de “lucha contra el terrorismo” financiado por la Unión Europea.

El curso de formación en Argelia se impartió a veinte policías del 21 al 25 de abril del año pasado, pocas semanas después de la dimisión forzosa del presidente del país, Abdelaziz Bouteflika, tras una movilización masiva de miles de personas en las calles.

Según la Cepol, es uno de los cuatro cursos que se imparten en Argelia a 85 funcionarios de policía.

En octubre del año pasado una delegación de policías argelinos también visitó la sede de la Cepol en Budapest.

El año pasado, durante el levantamiento de Argelia, la policía detuvo a muchos manifestantes. Los informes policiales revelan que su actividad en las redes sociales era vigilada por “una brigada especializada en la lucha contra la ciberdelincuencia”.

Las cuentas de muchas personas en las redes sociales, como Facebook y Twitter, han sido cerradas y el gobierno de Argel las inunda con su propia propaganda.

https://www.middleeasteye.net/news/algeria-morocco-european-union-trained-police-data-harvesting

Los antivacunas son ‘terroristas peligrosos’ (en Gran Bretaña la guerra sicológica también se prepara)

El responsable británico de la lucha antiterrorista, Neil Basu, no admite que las personas critiquen las vacunas contra el coronavirus, porque se trata de desinformación que amenaza la vida humana.

La libertad de expresión ya no importa porque la pandemia lo devora todo, hasta la vergüenza. El más mínimo asomo de duda al respecto es un caso que incurre en la etique de “extremismo”.

No se escapa nadie, aunque Basu aún no ha llegado a exigir abiertamente la aprobación de una ley que prohiba criticar las vacunas. Se limita a pedir “un debate nacional” para ir calentando el ambiente contra los antivacunas.

El miércoles durante una rueda de prensa, el campeón de la lucha antiterrorista se metió donde no le llaman para expresar su preocupación por el “fuerte aumento del material extremista en línea en los últimos años”.

El IRA se ha acabado, pero no la necesidad de buscar enemigos por donde sea. En Gran Bretaña ha surgido una “nueva y preocupante tendencia de radicalización de los jóvenes”, dice Basu. Los extremistas islámicos y los grupos de extrema derecha recurren a “falsas afirmaciones sobre el coronavirus” para radicalizar a sus seguidores.

Basu va tan rápido a la yugular que hasta los medios de comunicación han reaccionado en su contra. Se ha pasado de rosca y si la criminalización de cualquier clase de crítica a las vacunas no se dosifica lo suficiente, puede resultar contraproducente.

Hasta los partidarios de las vacunas han empezado a quejarse en las redes sociales. Hay razones completamente legítimas para criticarlas, dicen algunos. Otros admiten que la decisión de vacunarse es (debe ser) una decisión personal, y no una imposición. Finalmente, muchos han quedado horrorizados porque Basu trate de liquidar la libertad de expresión, “sin importar las opiniones”. “¿Soy el único que encuentra esto más preocupante que el propio virus?”, pregunta un usuario en Twitter.

Pero Basu no habla por su cuenta. El orfeón de políticos, funcionarios y “expertos” que piden la censura e incluso la criminalización de los antivacunas empezó a cantar hace varias semanas. A principios de esta semana el Partido Laborista exigió al gobierno la adopción de una legislación de emergencia para imponer sanciones civiles y penales a las redes sociales que no eliminen inmediatamente los mensajes que cuestionen el axioma de que “las vacunas salvan vidas”.

A pesar de que aún no se aprobado ninguna vacuna, el Secretario de Salud en la sombra del Partido Laborista, Jonathan Ashworth, exigió al gobierno que “se ocupe de algunas de las peligrosas tonterías y disparates contra la vacuna que hemos visto difundirse en los medios sociales, que erosionan la confianza en la vacuna”.

Mientras tanto, el gobierno estudia la posibilidad de imponer códigos QR a las personas que se vacunen para poder asistir a actos multitudinarios, como los deportivos o culturales.

La dominación a través del miedo

Ha sido un sarcasmo que el historiador Jean Delumeau eligiera este año para morirse. El autor de la monumental obra “Historia del miedo en occidente”, publicada en 1978 en dos tomos, quiso dejar el mundo en enero, justo cuando comenzaba un año tenebroso que, sin duda, le hubiera gustado conocer de primera mano. Leer más

Una imagen vale más que mil palabras (pero debes seleccionar muy bien la imagen)

Hace años que en las manifestaciones (algunas) que se celebran en España se escucha la consigna “televisión = manipulación” y los enfrentamientos con periodistas y cámaras es cada vez más frecuente.

Parece evidente concluir, en consecuencia, que un amplio sector social tiene muy claro que las cadenas de comunicación falsean la realidad. También debería estar claro que los tinglados que se dedican a desmentir bulos no buscan ahí la carnaza, sino en las pequeñas rendijas que se cuelan por algunos sitios alternativos de las redes sociales.

La pandemia ha demostrado que no es así. Incluso los que saben que los grandes medios mienten, caen en sus mentiras una y otra vez. Ocurre como en la película “El golpe”, rodada por George Roy Hill en 1973, y tantas otras. Es posible estafar incluso al más desconfiado. Para ello basta orquestar un escenario lo suficientemente creíble. Dicho escenario deberá ser tanto más complejo cuanto más reticente es el espectador al que tienen que vaciar los bolsillos.

Cuando el mensaje de los medios es uniforme y se mantiene durante meses, un día tras otro, abriendo las portadas de los telediarios, la desconfianza debería aumentar. Por algún resquicio debería aparecer alguien con cierta capacidad crítica. Sin embargo, no es así, ni individual ni colectivamente. No hay mas que leer los comunicados de las organizaciones y movimientos que se consideran defensores de los trabajadores y de la revolución.

“La ideología dominante es la ideología de la clase dominante”, decía Marx, lo cual significa que es dominante tanto como que es ideología, es decir, que no es ni puede ser nunca ciencia. Prueba de ello es que, en contra de lo que dicen los “marxistas académicos”, se transmite por canales emocionales. Lo que está vendiendo la pandemia actual no son las incomprensibles tonterías de los “expertos” sino las imágenes de los enfermos entubados y postrados sobre una cama.

Sobre una imagen no se puede discutir. No se puede estar a favor o en contra porque, por definición, una imagen refleja una realidad.

Una imagen triunfa como icono de la realidad cuanto mayor es su carga emocional, como en el caso de la foto del niño Alan Kurdi, que murió ahogado en una playa de Turquía en septiembre de 2015. Es el símbolo de la terrible crudeza que padecen los emigrantes. Una imagen gráfica triunfa porque revuelve las tripas al espectador. Le cambia su estado emocional. Por ejemplo, debe causarle miedo si no lo tiene, o debe quitarle el miedo, cuando lo tiene.

Con una imagen ocurre lo mismo que con un noticia: unas se publican y otras no. Hay noticias que no son noticia porque son tabú. No aparecen en las televisiones, como las colas del hambre en España.

También hay fotos que nadie publica. Las fotos se seleccionan, lo mismo que las noticias. Incluso hay fotos que alguien publica y acaba detenido a causa de ello, como ocurrió ayer en Francia.

La historia es la siguiente: en Francia el miedo al yihadismo estaba desapareciendo porque estaba siendo sustituido por el miedo al coronavirus. Entonces han comenzado a reaparecer los atentados indiscriminados con una enorme carga emocional, como el degollamiento a sangre fría de una persona con un cuchillo. Las informaciones han ido acompañadas del correspondiente aparato gráfico, convenientemente seleccionado para suscitar la dosis justa de pánico.

Sin embargo, al elenco gráfico un internauta añadió una foto en las redes sociales de una víctima del atentado a la Basílica de Niza y la policía le ha detenido. El control policial sobre las redes sociales está ya tan desarrollado que la detención se produjo inmediatamente después de que el usuario difundiera la foto.

La imagen era excesiva. Aparecía el cuerpo de Nadine Devilliers, de 60 años, dentro del templo con la garganta seccionada. Suscita violencia, dice la fiscalía francesa.

Como cualquier otro fármaco, las informaciones hay que dosificarlas para que surtan el efecto buscado. Los medios necesitan imágenes suficientemente desestabilizadoras de sus espectadores, pero sin pasarse, porque entonces resulta contraproducente. El enfado se convierte en ira y el espectador resulta incontrolable. Por ejemplo, se puede convertir en un vengador que persiga “tomarse la justicia por su mano”.

Sin embargo, la metáfora del fármaco no aclara lo suficiente. Deberíamos hablar de anestesia, e incluso de anestesia local. Al paciente hay que sacudirle de vez en cuando, pero sólo un poco. Si le suministras una dosis muy fuerte, puedes matarle.

Profetas, científicos y medios de comunicación

“Sí, pero ¿sabe usted una cosa…? ¡He fingido ser profeta!” (Henrik Ibsen. Peer Gynt. Acto V. 1867)

Y así andamos, de profetas en profetas como en la obra de Ibsen, profetas, los cuales anuncian grandes males si no cumplimos con los sagrados deberes que imponen “manu militari” desde los vértices políticos, económicos y mediáticos. Una troupe de científicos y periodistas que nos emiten permanentemente la máxima de “sé razonable”, apropiándose de la razón como si fueran sus amos absolutos.

Max Horkheimer, el autor de Crítica de la razón instrumental, en el prefacio de la segunda edición en alemán (1) anota: “Si bien la obediencia a Dios ha servido siempre como medio para conquistar sus favores, y por otra parte como racionalización de todo tipo de dominio, de expediciones conquistadoras y de terrorismo, los iluministas, tanto teístas como ateístas, interpretaron los Mandamientos, a partir de Hobbes, como principios morales socialmente útiles, destinados a fomentar una vida en lo posible libre de tensiones, un trato pacífico entre iguales, y el respeto del orden existente. Liberada de connotaciones teológicas, la sentencia “sé razonable” equivale a decir: observa las reglas… La razón se realiza a sí misma cuando niega su propia condición absoluta”. Y, en caso de no seguir las reglas, para esto están los aparatos coactivos del supuesto Estado de Derecho el cual, siguiendo las órdenes emanadas desde otras instancias se olvidan de sus cacareados Derechos Fundamentales.

Horkheimer, en su estudio titulado Observaciones sobre ciencia y crisis (1932), ya lo tenía claro: “La ciencia moderna tiene el papel de un medio de producción, y por este motivo, funciona para Estados y empresas burguesas” (2).

Volviendo a la obra antes citada (Crítica de la razón instrumental) nos anota: “Cuanto más pierde su fuerza el concepto de razón, tanto más fácilmente queda a merced de manejos ideológicos y de la difusión de las mentiras más descaradas” (3).

“El intelecto humano, que tiene orígenes biológicos y sociales, no es una entidad absoluta, aislada e independiente. Sólo fue declarado como tal a raíz de la división social del trabajo, a fin de justificar esta división sobre la base de la constitución natural del hombre. Las funciones directivas de la producción —dar órdenes, planificar, organizar— fueron colocadas como intelecto puro frente a las funciones manuales de la producción como forma más impura, más baja del trabajo, un trabajo de esclavos” (4).

Para analizar y poder hacer frente a este gran experimento de comportamiento y control social que estamos viviendo, es preciso no perder la memoria ni el hilo conductor de la constante lucha de clases, en la cual, el proletariado está cada vez más abatido y humillado. Y razonar, indispensable para disponer de las bases argumentales, teóricas, sobre las cuales construir la fuerza organizativa que se oponga a la ofensiva del capital, razonar para pensar, aunque como dice Gómez Pin: “Pero pensar es durísimo, supone vencer constantemente la inercia y la costumbre, supone vencerse constantemente a sí mismo” (5). Aunque sea una tarea ardua, conocer, estudiar, analizar, sacar las propias conclusiones es un antídoto eficaz contra las epidemias ideológicas que van paralelas a la destrucción de puestos de trabajo, a la precariedad, a la humillación, a la represión.

El actual ministro de sanidad de Gran Bretaña, Matt Hancock, cuando en 2017 era ministro británico de Digital, Cultura, Medios y Deporte, pronunció un discurso durante una reunión del Grupo Parlamentario Tory sobre la Cuarta Revolución Industrial. Unos fragmento de dicho discurso nos pueden dar ciertas claves de lo que se estaba preparando:

“Una de las funciones del Parlamento es adelantarse y abordar los grandes desafíos de nuestro tiempo… La naturaleza de las tecnologías es materialmente diferente a lo que ha sido antes. En el pasado, pensamos en el consumo como algo único y en la inversión de capital como aditivo.

… Estoy encantado de hablar junto a tantos colegas impresionantes que realmente entienden esto, y junto al profesor Klaus Schwab, quien literalmente ‘escribió el libro’ sobre la 4ª Revolución Industrial. Su trabajo, que reúne a las mejores mentes del planeta, ha informado lo que estamos haciendo… Nuestra estrategia digital, integrada en la estrategia industrial más amplia, establece los siete pilares sobre los que podemos construir nuestro éxito”.

¿Quién es Klaus Schwab? Ni más ni menos que el fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, quien, como lo mencionó Hancock en su discurso de 2017, escribió el libro sobre la Cuarta Revolución Industrial. Schwab anunció la “Iniciativa del Gran Reinicio” del Foro Económico Mundial en junio de 2020. Schwab en su libro “COVID-19: The Great Reset”, coescrito con Thierry Malleret publicado en español en septiembre de 2020, señala: “Si ninguna potencia puede imponer el orden, nuestro mundo sufrirá un ‘déficit de orden global’. A menos que las naciones individuales y las organizaciones internacionales logren encontrar soluciones para colaborar mejor a nivel global, corremos el riesgo de entrar en una ‘era de la entropía’ en la que la reducción, la fragmentación, la ira y el provincianismo definirán cada vez más nuestro panorama global, haciéndolo menos inteligible y más desordenado” (6).

La investigación del periodista James Corbett de 16 de octubre de 2020, analiza las propuestas de The Great Reset (el gran reinicio) llegando a la conclusión que el “gran reinicio” no tiene nada que ver con virus ni pandemias ni salud pública. Que es un proyecto de largo alcance construido desde hace años. Y que una vez amansados los movimientos sociales de protesta, crear una caricatura de democracia traspasando el poder real a nivel global y en muy pocas manos: “Es una toma de poder de magnitud sin precedentes, e involucra la reestructuración de clases sociales para desmantelar la democracia, borrar las fronteras nacionales y permitir el gobierno de las comunidades a distancia por parte de un grupo de líderes no electos… es una agenda tecnocrática que busca integrar a la humanidad en un aparato de vigilancia tecnológica supervisado por una poderosa inteligencia artificial”.

El 29 de octubre la web Bitcoin publicaba un artículo con el título de “Una mirada a la agenda fascista detrás del Gran Reajuste” en el cual desvela que “Hace menos de dos semanas el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) pidió un ‘nuevo momento de Bretton Woods’. Mientras tanto, el FMI no es la única entidad que está presionando por un ‘gran reinicio’, ya que el Foro Económico Mundial (FEM) y otras entidades principales han estado promoviendo la propaganda del reinicio financiero. El status quo prepara el ‘gran reinicio’ a través de una intensa propaganda” (7).

Propaganda, es la palabra clave en todo este entramado, pues. “¿Y para quién no es placentero contemplar en la pequeña pantalla como los males se ceban en los otros, desde la seguridad que ofrecen las cuatro paredes del hogar, debidamente protegido por una puerta blindada?” (8).

“La incertidumbre del saber se compensa con un acentuado no-querer-saber. Esto permite posponer ad calendas graecas la cosa y emplear de otra manera el biotiempo ganado. Ver la cosa de un golpe, de una sola mirada… le ahorra biotiempo al receptor de un mensaje; pero el ahorro se hace a costa de la reflexión, y habría que preguntarse si el ahorro vale el precio que se paga por él” (9).

“El fascismo, y sobre todo la sociedad nazi, glorificaron la técnica, hasta el punto de plantearse el exterminio científico de 100 millones de europeos. Los defensores actuales de las tecnologías, viejos y jóvenes, debieran tener en cuenta estos hechos históricos” (10).

En esta epidemia de propaganda salvaje, falaz y emfermiza se arremete contra aquellos que ponen dudas e interrogantes a la multitud de incógnitas y los caracteriza con el apelativo de paranóicos o cosas por el estilo. Nada nuevo bajo el sol, el periodismo canalla está acostumbrado a estos quehaceres desde hace muchísimos años . Ya Horkheimer, en su Crítica a la razón instrumental aludía a ello con las siguientes palabras: “Como en los días de la magia, cada palabra es considerada una peligrosa potencia capaz de destruir la sociedad, hecho por el cual debe responsabilizarse a quien la pronuncia. Por consiguiente, bajo el control social se ve muy menguada la aspiración a la verdad” (11).

Propaganda que viene avalada por firmas de científicos eminentes o no eminentes, pero todos con estrechos lazos en el mundo corporativo, ya sea biotecnológico, químico, farmacéutico y en muchas ocasiones militar; defensores todos ellos de la “neutralidad de la ciencia”. Ante tales desmanes se alzan voces por parte de otros científicos, sin intereses económicos a defender y críticos con la subordinación al capital.

“Lo que aquí se cuestiona es si la ciencia no debe revisar supuestos de otro orden que están en la base de sus prácticas: su modo de apropiación del saber, su modo de cortarlo y aislarlo de la comunidad de la cual lo extrae para encerrarlo asépticamente en un laboratorio… ¿No es hora de que un aire de democracia barra esos ambientes viciados de elitismo?

Así, la neutralidad planteada como virtud por la ciencia clásica deviene intencionalmente falaz ya que desde esta posición puede realizarse cualquier tipo de aplicación —desde bombas guiadas por láser o armas bacteriológicas hasta satélites de comunicación— sin el riesgo de ser estigmatizado por la sospecha de alianza con el poder. Lo que hasta aquí se expuso puede sintetizarse de este modo:

a) En primer lugar, la neutralidad ética de la ciencia pertenece al orden del discurso y no así a sus prácticas que aparecen siempre vinculadas a intereses de grupos de poder.
b) Además, la proclamada neutralidad científica no se limita sólo al ámbito de la ciencia pura, sino que ‘avanza’ sobre áreas de aplicación tecnológica configurando el orden tecnocrático de los especialistas” (12).

La producción de conocimiento, la dirección de la investigación, los procesos de desarrollo científico están estrechamente ligados a procesos productivos. La reducción de los datos empíricos a meros hechos, sin conexión con lo social, lo político y lo económico, es un método que hay que romper para poder realmente hacer teoría. La crítica debe caer tanto sobre la teoría como sobre el conocimiento.

“Bajo una visión marxista, la Teoría crítica presenta a la ciencia como un momento histórico que depende de relaciones de trabajo, es decir, que depende de las actividades del hombre en la historia. La actividad científica es histórica y no puede dejar de serlo” (13).

La ciencia también funciona como creadora de valores y cuando está al servicio del capital cumple un rol ideológico de primera magnitud. Pero este tipo de ideología, desde el análisis marxista, podemos denominarla como la táctica de representar lo irreal mediante una negación de lo real y haciendo de lo irreal lo real.

Así, en los momentos actuales, la caracterización de fascismo a todo el entramado alrededor de la pandemia, prometiendo un mundo feliz una vez hayamos acatado todas las órdenes y nos hayamos sometido al dictado de la técnica, hayamos clamado por más medicamentos –en lugar de más salud-, no es tanto un apelativo despectivo sin base analítica, sino un modo determinado de funcionamiento técnico e ideológico en el cual podríamos parafrasear las palabras de Marinetti, uno de los fundadores del fascismo italiano en los años 20 del siglo pasado: “Después del reino animal, he aquí que da inicio el reino mecánico. Con el conocimiento y la amistad de la materia, de la cual los científicos no pueden conocer más que las reacciones físico-químicas, nosotros preparamos la creación del hombre mecánico de refacciones intercambiables. Nosotros lo liberaremos de la idea de la muerte, y por ende, de la muerte misma, suprema definición de la inteligencia lógica” (14). Palabras nada alejadas de las pronunciadas con motivo de la concesión del premio Nobel de Quimica relativas a la posibilidad de “editar” personas humanas según las necesidades de la reproducción del capital.

Enfrentarnos hoy a esta gran ofensiva coordinada por Profetas, Científicos y Periodistas, no es tarea fácil. Los que nos arriesgamos a ello seremos anatematizados, perseguidos, acosados y condenados al fuego eterno, mientras que los mansos, los elegidos para este gran experimento de control social nos miraran a semejanza de lo escrito por Santo Tomás de Aquino en Summa Theologiae en referencia a los condenados a sufrir torturas en el infierno y a los que se ven libres de ellas: “… ut de his electi gaudeant, cum in his Dei iustitiam contemplantur, et dum se evasisse eas cognoscunt” (“… a fin de que los elegidos se regocijen frente a ellos, al contemplar en ellos la justicia de Dios y al reconocer que ellos han escapado a semejante destino”).

De forma similar, los modernos científicos tomistas junto a la tropa política que los acompaña, nos augoran un trágico destino a quienes no deseamos ser elegidos para las aventuras biotecnológicas de los modernos dioses científicos. Estudiemos, pensemos, razonemos, actuemos, y así tal vez nos salvemos.

(1) Zur kritik der instrumentellen vernunft. Mai 1967 S. Fischer Verlag, Frankfurt am Main
(2) Max Horkheimer, Observaciones sobre ciencia y crisis, en Teoría crítica, p. 15.
(3) Max Horkheimer. Crítica de la razón instrumental. Editorial Sur, 1973. Pág. 26.
(4) Íb. Pág. 52
(5) Víctor Gómez Pin. Reducción y combate del animal humano
(6) https://www.amazon.es/COVID-19-Gran-Reinicio-Klaus-Schwab/dp/2940631158/ref=pd_lpo_14_img_0/262-3963456-4170850?_encoding=UTF8&pd_rd_i=2940631158&pd_rd_r=66eb25ae-645d-4a98-b95b-4f119b9697c1&pd_rd_w=DQpJQ&pd_rd_wg=kbrUd&pf_rd_p=4221015a-01c7-4a3d-a84d-985d938e9995&pf_rd_r=J9CVBQXVFMJ7EWZ7CZ9A&psc=1&refRID=J9CVBQXVFMJ7EWZ7CZ9A
(7) https://news.bitcoin.com/a-look-at-the-fascist-agenda-behind-the-great-reset-and-the-wefs-reboot-propaganda/
(8) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 298
(9) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 380
(10) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 425
(11) Crítica de la razón instrumental. pág. 25
(12) Angelina Uzín Olleros. Ciencia neutra versus ciencia crítica
(13) http://www.agoraphilosophica.com/Agora29-30/agora29-30.florito.pdf
(14) Filippo Tommaso. Marinetti (Manifiesto técnico de la literatura futurista. Milán, 11 de mayo de 1912

(*) La imagen de portada corresponde a Matt Hancock, ministro británico de Sanidad

Fracasa otra campaña antichina: la vulneración de los derechos humanos en Xinjiang

Estados Unidos sólo ha logrado que 40 países del mundo aprueben un llamamiento contra lo que consideran como “abusos” de los derechos humanos por parte de China en la región de Xinjiang, que tiene una población mayoritariamente musulmana.

El promotor fue el embajador alemán ante la ONU, Christoph Heusgen y el llamamiento fue apoyado por los secuaces de siempre: Estados Unidos, la mayor parte de los miembros de la Unión Europea, Australia, Japón y poco más.

Un llamamiento así da mucho juego propagandístico, aunque tiene una pega que nadie se va a preocupar de destacar: ni una sola nación de mayoría musulmana la ha apoyado. Es más, muchas naciones de mayoría musulmana acudieron en ayuda de China, entre ellos Pakistán, Irán, Siria, Irak, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia saudí.

Incluso países con disputas territoriales con China en el Mar de China Meridional y una historia de tensiones, incluyendo Vietnam y Filipinas, han apoyado al gobierno de Pekín.

India, un país miembro del proyecto antichino “Quad” que promoueve Washington, se abstuvo, lo mismo que Turquía, un país miembro de la OTAN que apoya activamente a los yihadistas uigures.

Salvo los imperialistas y sus secuaces, el mundo sabe de sobra que la campaña de propaganda americana se basa en acusaciones inventadas. Lo mismo que otros países, como Francia hoy, en Xinjiang China se enfrenta a los yihadistas y Estados Unidos presenta las medidas represivas del gobierno de Pekín como violaciones de los derechos humanos.

También hay sobradas pruebas de que ha sido Estados Unidos y sus aliados, quienes han destado a la guerra a los yihadistas uigures, igual que en otros países del mundo.

De ahí que la mayor parte de los países del mundo no haya apoyado la declaración, lo que es otro índice de la quiebra de la hegemonía estadounidense y el ascenso de China.

Hasta la fecha China viene encajando todos y cada uno de los golpes que le pretende propinar Estados Unidos, de las que la pandemia es sólo una muestra que, como tantas otras, se ha vuelto contra sus patrocinadores.

Más información:
– En Xinjiang la represión del gobierno se dirige contra los yihadistas, no contra los uigures
– Xinjiang: la puerta abierta a la desestabilización de China
– Los islamistas matan a los islamistas a cuchilladas en Xinjiang

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