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El pueblo, ¡qué gran invento!

Dejé caer el otro día la necesidad de la clase dominante de “fabricar” héroes de cara al pueblo. No por sistema, sino de vez en cuando, salvo que se trate, como sugerí, de miembros de las FSE (antes FOP) o deportistas. Los primeros realizan “hazañas” (sobre todo, bélicas, como institutos armados que son), y los segundos “gestas”. Por cierto y haciendo un paréntesis, las FSE son Fuerzas de Seguridad del… Estado, no de las masas, aunque a los Estados fascistas, como el español, les gustaría fundir ambos conceptos en uno solo: Estado y masas. Eso es el Estado “totalitario” bajo el capitalismo. Y a eso aspiran.

Cavilando con estas quisicosas, me acordé de una tragedia ferroviaria, de triste recuerdo, que tuvo lugar hace ocho años en el descarrilamiento del tren Alvia Madrid-Ferrol a la altura de Santiago de Compostela. Los medios de comunicación convencionales y ordenancistas convinieron en destacar el comportamiento solidario y la reacción espontánea del pueblo prestando ayuda y socorro mutuo e inmediato a los malhadados del siniestro.

Se le lisonjea al pueblo, qué bien. Ahora es “pueblo” y no “público”. Pero todo se espectaculariza, sobre todo si hay morbo o se crea, desde el último caso ocurrido en Tenerife hasta las campañas navideñas para recolectar alimentos o dinero para los pobres. El pueblo ofrece antihéroes anónimos; del público -que es en lo querrían convertirnos a todos- se entresaca alguien a quien se personifica y se convierte en héroe por un día. Volviendo al descarrilamiento es tal el énfasis y desgañitamiento que destilan en sobar y enjabonar al “pueblo” -esas buenas gentes sencillas- que tal pareciera que lo acaban de descubrir. Como si no terminaran de creerse -ignorando el verso machadiano de que todo viene del pueblo- que el pueblo es capaz de prestar sin interés ayuda a quien lo necesita y sin que se lo pidan.

Acostumbrados como están a engañar, alienar, manipular y hasta sodomizar al “pueblo” si te descuidas, al personal, a la gente, fingen sorprenderse de este antidarwinismo social y ayuda mutua kropotkiniana ajena a la lucha por la vida en la jungla de asfalto que es la antropología capitalista (en tiempos medievales era la teología; en tiempos capitalistas, sobre todo, imperialistas, es la antropología) a la que contribuyen a mantener y reproducir vendiéndose peor que las rameras.

Vuelven a mentir. Jamás han creído en el “pueblo” ni en la “ciudadanía” salvo cada cuatro años para que les legitimen en las urnas y dar carta blanca a nuevos latrocinios y desgracias. Siempre que dicen, simulando adularlo, como quien mastica agua, algo imposible, que “el pueblo no es tonto” es que piensan justo lo contrario pues, si no lo creyeran, sobraría el comentario. La burguesía, que ya no tiene más aspiración que mantenerse en el machito y conservar sus propiedades o agrandarlas si puede, no tiene, empero, más objetivo que la contrarrevolución permanente: impedir que la desalojen. Y ello… porque tienen algo que perder, que no son las cadenas que engrillan al proletariado. Y para ello aliena, embrutece y cloroforma al colectivo. Y atomiza al individuo sumiéndolo en “su” problema, el individuo “deslocalizado”, desahuciado. Él se lo buscó. Sálvese el sistema y perezca el individuo.

Es como -lo leí por ahí- subir en un autobús. Hay dos momentos: primero, cuando todo el mundo puede sentarse sin compañía y así lo hacen, y después, cuando no hay más remedio que sentarse con otra persona (que, por supuesto, no tenga pintas raras). Si te sientas al lado de alguien pudiendo hacerlo solo, eres sospechoso de no se sabe bien qué. Quizá, potencialmente, de dar la vara. Esto, hoy, se evita con auriculares encasquetados en los pabellones auditivos, cuando no nace ya uno con ellos puestos, ¿no es cierto?

Estas cosas -dar conversación se decía antes- ya no pasan. Si alguien habla alto, todos pegan la hebra (tampoco estamos en el deshumanizado Metro de Nueva York). Se impone lo social, pero nos quieren burbujas inyectables con la aguja hipodérmica del discurso dominante que es el de la ideología dominante y predominante, y en tiempos de plandemia ni les cuento. Pero, aprovechando una tragedia, cuyas causas son estructurales pero lo fácil es culpar al maquinista, como en las películas detectivescas al mayordomo, a una persona, han decidido pasar la mano por el lomo del “pueblo”. Y estos idiotas, que toman sus miserias espirituales por condición universal, les preguntan por qué hacen lo que hacen -como quien pregunta a un extraterrestre- y les responden que cualquiera en su lugar también lo hubiera hecho. Menos ellos, pero toca agasajar a quien paga y no manda.

El hackeo que desabasteció las gasolineras de Estados Unidos en mayo apunta al propio FBI

Colonial Pipeline, el oleoducto que abastece de gasolina a gran parte del territorio de Estados Unidos, sufrió un ataque informático a principios de mayo y la compañía respondió cerrando preventivamente todas sus operaciones de abastecimiento durante varios días, lo que provocó una crisis energética temporal de envergadura en todo el sureste de los Estados Unidos, con colas kilométricas delante de las gasolineras. Leer más

Ya no es conspiranoico hablar de ovnis porque el Pentágono ha confirmado su existencia

Como hemos explicado tantas veces, una tesis es conspiranoica y anticientífica en función de quién la exprese. Da igual que sea sobre virus que sobre ovnis. En medio de la avalancha de intoxicación sobre los primeros, los virus, ha comenzado la intoxicación sobre la segunda, los ovnis.

Antes los ovnis era un asunto del que sólo se ocupaban elementos como Iker Jiménez, o sea, que resultaba ridículo el mero hecho de hablar de ellos. Antiguamente a los ovnis los llamaban “platillos volantes”. Fueron característicos de la Guerra Fría y lo que se llamó “la conquista del espacio” por los soviéticos: el vuelo tripulado de Gagarin, el lanzamiento del Sputnik…

Los soviéticos habían llegado al cielo y en Estados Unidos hablaban de platillos volantes y marcianos, o sea, lo que hoy llaman extraterrestres y exobiología.

Ahora los avistamientos de ovnis ya no están en los expedientes secretos del Pentágono y las seudociencias se han puesto de moda, de la mano de los medios de intoxicación más “prestigiosos”, esos cuyas noticias nunca son bulos, no necesitan fuentes, ni verificadores de hechos que las contrasten. “Los ovnis existen y el Pentágono lo ha confirmado: ¿por qué no nos lo tomamos en serio?”, pregunta GQ (1).

Los ovnis ya no son cosa de magufos. Ya podemos hablar sobre ellos sin miedo de que nos acusen de chalados. Hace un año el New York Times escribió sobre tres vídeos de ovnis desclasificados por la Marina. La semana pasada el New Yorker publicó otro y la veda se ha abierto en la prensa mundial, incluso en la deportiva (2). El Pentágono es la fuente para hablar de ovnis y los medios estadounidenses ejercen de correa de transmisión.

Los ovnis desafían las leyes de la física, e incluso las de la lógica. Pero eso no significa que sea mentira, un fraude, sino todo lo contrario. Al argumento se le da una vuelta de tuerca para decir que se trata de extraterrestres, una civilización avanzada. Posiblemente acabaremos leyendo que los ovnis proceden de un laboratorio chino.

La palabra “ovni” es un acrónimo para referirse a algo no identificado. Por lo tanto, cualquier cosa puede ser un ovni o, en otraas palabras, los ovnis no son nada. Lo que les da credibilidad son las fuentes que propagan los avistamientos, que ahora proceden de los despachos oficiales, e incluso del mismo Pentágono, un origen del que no cabe dudar. “La confesión del Pentágono sobre los ovnis lo cambia todo”, dice El Confidencial (3).

Los que han cambiado no son, pues, los ovnis sino el Pentágono, que los ha sacado del armario, y hay que preguntarse por los motivos de ello. La explicación es la misma que con los virus, que son siempre una amenaza. Los ovnis y los extraterrestres también son una amenaza porque si Estados Unidos no tuviera amenazas, tampoco tendría armas y sin ellas no hay dinero.

El nuevo jefe de la NASA, Bill Nelson, se ha subido al carro y quiere “investigar” la existencia de ovnis. En una entrevista publicada el martes, Nelson dijo que nadie -ni siquiera la dirección de la agencia espacial- sabe qué son exactamente los ovnis detectados por las fuerzas de la Marina (4). La NASA hace lo mismo que el Pentágono: cuando necesita dinero excita la imaginación de los diputados que aprueban los presupuestos con leyendas sobre ovnis y extraterrestres.

Las amenazas de la OMS se llaman virus y pandemias. Su solución son vacunas. Las del Pentágono son extraterrestres y su remedio son las armas.

No sabemos nada de los extraterrestres, excepto que quieren acabar con Estados Unidos y su estilo de vida, lo cual es intolerable. En todas las películas de extraterrestres aparece el ejército para salvar al mundo de sus pretensiones de invadirnos. Hay que matarlos en cuanto pisen el suelo terrícola. Para ello, el Pentágono necesita nuevas armas, más sofisticadas, y más dinero para fabricarlas.

Esta película ya la vimos en los ochenta, cuando Reagan inventó la “guerra de las galaxias” para acabar con la URSS. “Los funcionarios de inteligencia creen que al menos algunos de los fenómenos aéreos podrían ser obra de la tecnología experimental de una potencia rival, muy probablemente Rusia o China”, según el Times. “Un alto funcionario informado del asunto dijo sin dudar que los funcionarios estadounidenses sabían que no era tecnología estadounidense. Añadió que los funcionarios de inteligencia y militares temían que China o Rusia estuvieran experimentando con la tecnología hipersónica” (5).

De esta manera pasamos a un asunto más terrenal: los extraterrestres son países como Rusia, China, Corea o Irán, y las naves espaciales son en realidad armas hipersónicas para las cuales el Pentágono no está suficientemente preparado. Tanto si son extraterrestres como rusos, la conclusión es la misma: el ejército de Estados Unidos necesita más armas y más dinero para fabricarlas.

(1) https://www.revistagq.com/noticias/articulo/ovnis-existen-pentagono-confirmacion
(2) https://www.marca.com/tiramillas/actualidad/2021/05/31/60b46796ca47411c1b8b45c1.html
(3) https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-07-21/confesion-pentagono-ovnis-cambia-todo-area-51_2018738/
(4) https://edition.cnn.com/2021/06/04/tech/ufos-nasa-study-scn/index.html
(5) https://caitlinjohnstone.substack.com/p/msm-wastes-no-time-using-senate-ufo

El mismo periodista de las ‘armas de destrucción masiva’ ha inventado el origen del coronavirus en Wuhan

El periodista que propagó la información sobre los científicos de Wuhan que cayeron enfermos antes de la declaración oficial de pandemia, Michael R. Gordon, es el mismo que difundió el bulo de las armas de destrucción masiva que condujo a la Guerra de Irak.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Wang Wenbin, arremetió contra Michael R. Gordon, especialista de seguridad nacional del Wall Street Journal y uno de los promotores del fraude sobre el origen artificial del coronavirus (1).

“No hace mucho, Michael R. Gordon, un periodista estadounidense, citando un supuesto ‘informe de inteligencia estadounidense no divulgado previamente’, sugirió una relación inverosímil entre los ‘tres investigadores enfermos’ del laboratorio de Wuhan y el brote de Covid-19’, dijo Wang el viernes (2).

“Hace diecinueve años, fue el mismo periodista el que inventó una información falsa citando fuentes sin fundamento sobre el ‘intento de adquisición de armas nucleares por parte de Irak’, lo que condujo directamente a la guerra’, añadió, en referencia a la invasión estadounidense de 2003.

El artículo del Wall Street Journal, publicado el 23 de mayo, citaba “un informe de inteligencia estadounidense no revelado previamente” según el cual tres investigadores del Instituto de Virología de Wuhan enfermaron gravemente en noviembre de 2019 con síntomas “consistentes” con el “covid-19”, así como con la gripe estacional.

El informe fue recogido por otras cadenas de intoxicación mundiales, que recientemente han empezado a cambiar su cobertura sobre los orígenes del coronavirus. Antes calificaban de “conspiranoicas” las teorías de que el virus era de origen humano. Ahora dicen lo contrario.

El coronavirus no surgió en Wuhan, ni ha “saltado” al ser humano procedente de ningún animal, ni de ningún vegetal. Está en la humanidad desde tiempos ancestrales.

(1) https://www.wsj.com/articles/intelligence-on-sick-staff-at-wuhan-lab-fuels-debate-on-covid-19-origin-11621796228
(2) https://twitter.com/MFA_China/status/1400837518665256964

Facebook es una guarida de espías

Los titulares se repiten una y otra vez desde hace muchos años: Facebook es una guarida de espías, veteranos agentes de inteligencia contratados para cumplir numerosas tareas (1). La diferencia entre un monopolio tecnológico y el espionaje de toda la vida es cada vez más difícil de trazar.

Los espías contratados por Facebook se esfuerzan por detectar las cuentas que consideran como integrantes de las “redes de influencia” de Rusia. En diciembre del año pasado Facebook cerró varias de ellas en África, especialmente en Libia y la República Centroafricana.

La red social lleva a cabo muchas de las operaciones de espionaje con el pretexto de “lucha contra las noticias falsas”, que suelen ser las que tienen su origen en Rusia o manifiestan simpatías por Rusia. Primero permiten la difusión de la cuenta, hasta que alcanza un nivel crítico de seguidores, tras lo cual se clausura.

La censura en internet no ha podido impedir que la semana pasada ondearan banderas rusas en las calles Bangui, la capital de la República Centroafricana, durante una manifestación popular.

En 2019 la red social admitió que espiaba las conversaciones de audio de sus usuarios para elaborar mejor los anuncios o hacer más atractivas sus páginas. La revelación sacudió a los miembros de la red social, muchos de los cuales se dieron de baja.

Durante una comparecencia ante el Congreso en abril de 2018, Zuckerberg negó espiar a sus usuarios. Un año después, en un comunicado enviado a la agencia Bloomberg, Facebook afirmó haber pagado a cientos de subcontratistas de inteligencia para transcribir fragmentos de audio de las conversaciones de algunos usuarios para calibrar mejor sus anuncios, o hacer más atractivas sus páginas (2).

La multinacional añade que ha abandonado esta práctica, al igual que otras grandes empresas del sector. “Al igual que Apple o Google, la semana pasada congelamos la práctica de que los humanos escuchen las grabaciones de sonido”, afirmaba el comunicado.

Según Bloomberg, los espías encargados de transcribir las conversaciones no fueron informados del origen de las grabaciones de las entrevistas, ni del uso que la red social hizo de ellas.

Facebook fue multado con 5.000 millones de dólares por el “mal uso” de los datos privados de sus usuarios.

El MI6 recurre a Facebook para reclutar a sus agentes, según informó Computing Magazine en 2008 (3). El servicio de inteligencia británico publica anuncios clasificados en la red social como parte de sus campañas de captación.

“¿Busca un cambio de carrera? Sus talentos pueden interesar al MI6. Únase a nuestros agentes sobre el terreno y participe en la recopilación y el análisis de información mundial para proteger al Reino Unido”, dice uno de sus anuncios.

El MI6 también anima a los usuarios de Facebook a presentar su solicitud directamente en el sitio web del espionaje británico.

(1) https://www.intelligenceonline.fr/renseignement-d-affaires/2021/06/04/comment-la-threat-intelligence-de-facebook-est-devenue-un-repaire-d-anciens-du-renseignement,109670694-art
(2) https://medias241.com/international/facebook-un-nid-despions/
(3) https://deligne.wordpress.com/2008/09/30/facebook-nid-despions/

Periodistas y espías se forman en las mismas escuelas de guerra sicológica

Un instituto universitario, el Departamento de Estudios de Guerra del King’s College de Londres, funciona como escuela de espionaje. Sus puestos de enseñanza están ocupados por actuales y antiguos funcionarios de la OTAN, oficiales del ejército y oficiales de inteligencia, con el fin de formar a la próxima generación de espías y oficiales de inteligencia. Sin embargo, ahora podemos revelar otro aspecto aún más preocupante de este departamento: los periodistas. Un número desproporcionado de los reporteros, productores y presentadores más influyentes del mundo, que representan a los medios de comunicación más conocidos y respetados -entre ellos el New York Times, la CNN y la BBC- han aprendido su oficio en las aulas de este departamento londinense, lo que plantea serias dudas sobre los vínculos entre el Cuarto Poder y el Estado de seguridad nacional.

Cada vez más, parece que las agencias de inteligencia de todo el mundo empiezan a valorar a los agentes con una sólida formación académica. Un estudio de 2009 publicado por la CIA describe el valor de “utilizar las universidades como medios de formación en materia de inteligencia”, escribiendo que “la exposición a un entorno académico, como el Departamento de Estudios de Guerra del King’s College de Londres, puede añadir varios elementos que pueden ser más difíciles de proporcionar dentro del sistema gubernamental”.

El documento, redactado por dos miembros del personal del King’s College, se jactaba de que el profesorado del departamento tenía “una amplia y completa experiencia en materia de inteligencia”. No era una exageración. Entre el profesorado actual del departamento de Estudios de Guerra se encuentran el ex secretario general de la OTAN, el ex ministro de Defensa del Reino Unido y oficiales militares del Reino Unido, Estados Unidos y otros países de la OTAN. “Aprecio profundamente el trabajo que estáis haciendo para formar y educar a nuestros futuros líderes de seguridad nacional, muchos de los cuales están en esta audiencia”, dijo Leon Panetta, entonces Secretario de Defensa de EE.UU. (y antiguo Director de la CIA), en un discurso en el departamento en 2013.

El King’s College de Londres también admite tener una serie de contratos en curso con el Estado británico, incluido el Ministerio de Defensa, pero se niega a revelar los detalles de estos acuerdos.

Aunque se trata de una universidad británica, el King’s College está muy orientado a los estudiantes estadounidenses. Actualmente hay 1.265 estudiantes estadounidenses matriculados, lo que representa alrededor del 4 por ciento del alumnado. Muchos graduados del Departamento de Estudios de la Guerra ocupan puestos importantes en los principales medios de comunicación estadounidenses. Andrew Carey, jefe de la oficina de la CNN en Jerusalén, por ejemplo, obtuvo un máster allí en 2012. La cobertura de Carey sobre el último ataque israelí a Gaza presentó al Estado del apartheid como una “respuesta“ a los ataques con cohetes de Hamás, en lugar de instigar la violencia. Un memorando interno filtrado que Carey envió a su personal el mes pasado en el momento álgido de los bombardeos les pedía que incluyeran siempre el hecho de que el Ministerio de Sanidad de Gaza está supervisado por Hamás, para que los lectores no empezaran a creer las cifras bien documentadas de las víctimas palestinas causadas por los días de bombardeos. “Tenemos que ser transparentes sobre el hecho de que el Ministerio de Sanidad de Gaza está dirigido por Hamás. Por lo tanto, cuando citamos las últimas cifras de víctimas y las atribuimos al Ministerio de Sanidad de Gaza, debemos incluir el hecho de que está dirigido por Hamás”, rezan sus instrucciones.

Una vez hechos públicos, sus comentarios suscitaron una amplia reacción. “Esta es una página sacada directamente del libro de jugadas de Israel. Sirve para justificar el ataque a civiles e instalaciones médicas”, comentó Dena Takruri, presentadora y productora principal de Al-Jazeera.

El New York Times, el periódico más influyente de Estados Unidos, también ha empleado a ex alumnos del Departamento de Estudios de Guerra. Christiaan Triebert (M.A., 2016), por ejemplo, es reportero en su equipo de investigaciones visuales. Incluso ganó un premio Pulitzer por “Revelaciones sobre Rusia y las acciones agresivas de Vladimir Putin en países como Siria y Europa”. La contratación de estudiantes de la escuela de espionaje para desprestigiar a Rusia parece ser una táctica habitual del Times, que también empleó a Lincoln Pigman entre 2016 y 2018 en su oficina de Moscú.

Josh Smith, corresponsal principal de la influyente agencia de noticias Reuters y anteriormente su corresponsal en Afganistán, también es un graduado del departamento en cuestión, al igual que Daniel Ford, del Wall Street Journal.

Pero quizá la figura mediática más influyente de la universidad sea Ruaridh Arrow. Arrow ha sido productor en varias de las principales cadenas de noticias de Reino Unido, como Channel 4, Sky News y la BBC, donde fue editor mundial y productor principal de Newsnight, el programa político estrella de la cadena. En 2019, Arrow dejó la BBC para convertirse en productor ejecutivo en NBC News.

Una escuela de guerra sicológica

Como es lógico, para una universidad con sede en Londres, el principal destino periodístico de los graduados del departamento de Estudios de Guerra es Reino Unido. De hecho, la BBC, la poderosa emisora estatal del país, cuenta con muchos ex alumnos del Departamento de Estudios de Guerra. Arif Ansari, jefe de noticias de la red asiática de la BBC, completó un máster analizando la guerra civil siria en 2017 y fue rápidamente seleccionado para un programa de desarrollo de dirección, lo que le puso a cargo de un equipo de 25 periodistas que cubren noticias principalmente para las grandes comunidades británicas de Oriente Medio y Asia del Sur.

Muchos miembros del personal de la BBC comienzan a estudiar en King’s años después de que sus carreras hayan despegado, compaginando su vida laboral con la búsqueda de nuevas cualificaciones. Ahmed Zaki, periodista sénior de BBC Global News, empezó su máster seis años después de entrar en la BBC. Ian MacWilliam -que pasó diez años en el Servicio Mundial de la BBC, el canal de noticias oficial del país a nivel mundial, especializado en regiones sensibles como Rusia, Afganistán y Asia Central- decidió estudiar en King’s más de 30 años después de haberse graduado por primera vez.

Otro influyente ex alumno de Estudios de Guerra en el Servicio Mundial es Aliaume Leroy, productor de su programa Africa Eye. La conocida presentadora de noticias de la BBC, Sophie Long, también se graduó en este departamento y trabajó para Reuters e ITN antes de incorporarse a la cadena pública.

“Es un secreto a voces que el Departamento de Estudios de Guerra del King’s College de Londres funciona como la escuela de acabado de los segurócratas angloamericanos. Así que quizás no sea sorprendente que los graduados de sus diversos cursos militares y de inteligencia también entren en un mundo de periodismo corporativo que existe para encubrir los mensajes de esas mismas agencias de ‘seguridad’”, dice Matt Kennard, un periodista de investigación de Declassified U.K., que ya ha expuesto los vínculos de la universidad con el Estado británico. “Sin embargo, esto es un peligro real y presente para la democracia. El imprimátur de la universidad da a la investigación del departamento una pátina de independencia cuando en realidad funciona como el brazo de investigación no oficial del Ministerio de Defensa de Reino Unido”, añadió.

El Departamento de Estudios de Guerra también forma a muchos periodistas y comentaristas internacionales, como Nicholas Stuart, del Canberra Times (Australia), la escritora pakistaní Ayesha Siddiqa, cuyo trabajo ha aparecido en el New York Times, Al-Jazeera, The Hindu y muchos otros medios, y la escritora israelí Neri Zilber, que colabora con el Daily Beast, The Guardian, Foreign Policy y Politico.

¿De qué va todo esto?

¿Por qué muchas de las figuras más influyentes de nuestros medios de comunicación están alojadas en un departamento bien conocido por sus vínculos con el poder del Estado, por sus profesores que son militares o ex funcionarios del gobierno en activo, y por su producción de espías y agentes para varias agencias de tres siglas? Esto no quiere decir que estos periodistas sean todos espías potenciales: no lo son. Se trata más bien de poner de manifiesto los estrechos y alarmantes vínculos entre el Estado de seguridad nacional y el cuarto poder en el que confiamos para controlar su poder y exigirle responsabilidades.

Los periodistas formados en este tipo de entorno son mucho más propensos a ver el mundo de la misma manera que sus profesores. Y es posible que sean menos propensos a desafiar el poder del Estado cuando los funcionarios a los que examinan son sus compañeros de clase o sus profesores.

Este tipo de preguntas abundan cuando existe un fenómeno de este tipo: ¿por qué tantos periodistas eligen estudiar en este departamento en particular, y por qué tantos de ellos llegan a ser tan influyentes?, ¿están controlados por las agencias de seguridad, sin saberlo o no?, ¿cómo son de independientes?, ¿se limitan a repetir los argumentos de los Estados británico y estadounidense, como hacen las publicaciones del Departamento de Estudios de Guerra?

En cuanto a la selección de los candidatos, la BBC ha admitido que, al menos hasta la década de 1990, llegó a acuerdos con el MI5, la agencia de espionaje nacional, para asegurarse de que no se contrataba en secreto a personas con inclinaciones izquierdistas y/o antibélicas, o con opiniones críticas con la política exterior y el imperio británicos. Cuando se le preguntó si esta política seguía vigente, la emisora declinó hacer comentarios, citando “cuestiones de seguridad”, una respuesta que probablemente no tranquilice a los escépticos.

“Aunque me parece muy interesante que una sola institución académica pueda desempeñar un papel tan importante en el reclutamiento de intelectuales activistas favorables al establishment y su transmisión a los medios de comunicación, no es tan sorprendente”, dice Oliver Boyd-Barrett, profesor emérito de la Escuela de Medios y Comunicación de Bowling Green State y experto en la colusión entre el gobierno y los medios de comunicación:

Las instituciones de élite han sido en el pasado, y podría decirse que todavía lo son hoy, importantes campos de juego para las agencias de inteligencia. La historia del Estado-nación moderno en general, y no sólo la de Estados Unidos, parece sugerir que las élites consideran que la unidad nacional -y, por tanto, la seguridad de las élites- sólo puede lograrse mediante una gestión cuidadosa y, a menudo, la supresión o desviación de la disidencia. Normalmente se destinan a este fin muchos más recursos de los que muchos ciudadanos, formados en la propaganda de la democracia, se dan cuenta o se preocupan por conceder.

Los muchachos de Bellingcat

Aunque los periodistas mencionados anteriormente no son espías, otras figuras de los Estudios de la Guerra que trabajan en el periodismo podrían ser descritas como tales, incluidos los que trabajan para el influyente y cada vez más famoso sitio web de investigación Bellingcat.

Cameron Colquhoun, por ejemplo, pasó casi una década en el GCHQ, la versión británica de la NSA, donde fue analista principal a cargo de las operaciones cibernéticas y antiterroristas. Se graduó en el King’s College de Londres y en el Departamento de Estado. Estos antecedentes no se revelan en su perfil de Bellingcat, que se limita a describirlo como director general de una empresa de inteligencia privada que “realiza investigaciones éticas“ para clientes de todo el mundo.

Nick Waters, investigador principal de Bellingcat, pasó cuatro años como oficial del ejército británico, incluso en Afganistán, donde ayudó a conseguir los objetivos del Estado británico en la región. Después se unió al Departamento de Estudios de Guerra y a Bellingcat.

Durante mucho tiempo, el fundador de Bellingcat, Eliot Higgings, desestimó las acusaciones de que su organización estaba financiada por la National Endowment for Democracy (NED) del gobierno estadounidense -una organización de la CIA- como una ridícula “conspiración”. Sin embargo, en 2017, admitió que era cierto. Un año más tarde, Higgins se incorporó al Departamento de Estudios de la Guerra como becario visitante. Entre 2016 y 2019, también fue miembro senior del Consejo Atlántico, el grupo de expertos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Parece que Higgins ha utilizado el departamento universitario como campo de reclutamiento, encargando a otros graduados en estudios de guerra como Jacob Beeders, Christiaan Triebert y Aliaume Leroy que escriban para su sitio.

La CIA tiene en muy alta estima a Bellingcat. “No quiero ser demasiado excesivo, pero nos encanta” Bellingcat”, dijo Marc Polymeropoulos, antiguo jefe adjunto de operaciones de la agencia para Europa y Eurasia. Otros oficiales explicaron que Bellingcat podría ser utilizado para exteriorizar y legitimar los argumentos antirrusos. “El mayor valor de Bellingcat es que luego podemos ir a los rusos y decirles ‘aquí tienes’ [cuando pidan pruebas]”, añadió Daniel Hoffman, antiguo jefe de estación de la CIA.

Bellingcat pillado in fraganti

Bellingcat actúa para encubrir los temas de conversación sobre seguridad nacional del Estado en la corriente principal, bajo la apariencia de periodistas de investigación neutrales.

Documentos recientemente filtrados muestran cómo Bellingcat, Reuters y la BBC cooperaron en secreto con el Ministerio de Asuntos Exteriores de Reino Unido (FCO) para socavar el Kremlin y promover el cambio de régimen en Moscú. Esto incluía la formación de periodistas y la promoción de medios de comunicación explícitamente antirrusos en Europa del Este. Lamentablemente, el FCO señaló que Bellingcat había quedado “algo desacreditado”, ya que difundía constantemente desinformación y estaba dispuesto a elaborar informes para cualquiera que tuviera dinero.

Sin embargo, una nueva propuesta del Parlamento Europeo publicada el mes pasado recomienda contratar a Bellingcat para que ayude a elaborar informes que sienten las bases de las sanciones contra Rusia, para excluirla de los organismos internacionales y para “ayudar a transformar a Rusia en una democracia”. En otras palabras, para derrocar al gobierno de Vladimir Putin.

Un vínculo periodístico académico

El Departamento de Estudios de Guerra también forma parte de este grupo pro OTAN y anti Rusia. Además de estar compuesto por soldados, espías y funcionarios, publica influyentes informes que asesoran a los gobiernos occidentales en política exterior y de defensa. Por ejemplo, un estudio titulado “La futura dirección estratégica de la OTAN“ aconseja a los Estados miembros que aumenten sus presupuestos militares y permitan el almacenamiento de armas nucleares estadounidenses en su territorio, con el fin de “compartir la carga”. También recomienda que la OTAN redoble su compromiso de oponerse a Rusia, al tiempo que advierte de la urgente necesidad de desarrollar una “política coherente“ para hacer frente a la amenaza china.

Otros informes de Estudios de Guerra afirman que Rusia está librando una “guerra informativa y psicológica“ a través de sus canales estatales RT y Sputnik, y aconsejan a Occidente que utilice sus medios técnicos para evitar que sus ciudadanos consuman esta propaganda extranjera.

Los académicos del King’s College de Londres también han resultado vitales para mantener en prisión al editor disidente Julian Assange. Un psiquiatra que trabajó con el departamento de Estudios de Guerra declaró ante el tribunal que el australiano sólo sufría una depresión “moderada“ y que su riesgo de suicidio era “manejable”, concluyendo que su extradición a Estados Unidos “no sería injusta”. Como reveló la investigación de Matt Kennard, el Ministerio de Defensa británico había financiado el instituto en el que trabajaba con 2,2 millones de libras (3,1 millones de dólares), aunque el psiquiatra en cuestión afirmó que su trabajo no estaba financiado directamente por el Ministerio de Defensa.

El King’s College de Londres promociona su departamento de Estudios de la Guerra tanto entre los graduados como entre los no graduados como un trampolín para la carrera de periodismo. En la sección de “perspectivas profesionales“ de su curso de maestría en estudios sobre la guerra, dice a los estudiantes interesados que “los graduados pasan a trabajar para ONG, el FCO, el Ministerio de Defensa, el Ministerio del Interior, la OTAN, las Naciones Unidas, o hacen carrera en el periodismo, las finanzas, el mundo académico, el servicio diplomático, las fuerzas armadas, etc.”

Del mismo modo, a los estudiantes universitarios se les dice que “obtendrán una comprensión profunda y sofisticada de la guerra y las relaciones internacionales, tanto como temas dignos de estudio como de preparación intelectual para la más amplia gama posible de opciones profesionales, incluyendo el gobierno, el periodismo, la investigación y las organizaciones humanitarias e internacionales”.

Cursos como “Nuevas guerras, nuevos medios de comunicación, nuevo periodismo“ combinan periodismo e inteligencia y están supervisados por académicos especializados en estudios bélicos.

No es de extrañar que el departamento haya formado a muchos políticos influyentes, incluidos jefes de Estado extranjeros y miembros del Parlamento británico. Sin embargo, los ámbitos de la política de defensa y de la política se solapan de forma considerable. El hecho de que el departamento que forma a los altos funcionarios del gobierno y a los agentes de las agencias secretas de tres siglas sea también el lugar que produce muchos de los periodistas en los que confiamos para enfrentarse y controlar a esos funcionarios es gravemente problemático.

Un respeto malsano por la autoridad

Por desgracia, en lugar de desafiar al poder, muchos medios de comunicación modernos amplifican su mensaje sin criticarlo. Los funcionarios del Estado y los agentes de inteligencia se encuentran entre las fuentes menos fiables, periodísticamente hablando. Sin embargo, muchas de las historias más importantes de los últimos años se basan en nada más que rumores de funcionarios que ni siquiera ponen sus nombres a sus afirmaciones.

El nivel de credulidad de los periodistas modernos hacia los poderosos fue resumido por la ex corresponsal de la CNN en la Casa Blanca, Michelle Kosinski, quien dijo el mes pasado: “Como periodista estadounidense, nunca esperas que tu propio gobierno te mienta, repetidamente, que tu propio gobierno retenga información que el público tiene derecho a conocer, y que tu propio gobierno espíe tus comunicaciones”.

Por desgracia, la credulidad se extiende a la colaboración con los servicios secretos en algunos casos. Los correos electrónicos filtrados muestran que Ken Dilanian, un reportero de seguridad nacional de Los Angeles Times, enviaba sus artículos directamente a la CIA para que los editara antes de su publicación. Lejos de ser penalizado en su carrera, Ken Dilanian es ahora corresponsal de seguridad nacional de NBC News.

Según Boyd-Barrett, los gobiernos dependen de “la ayuda de unos medios de comunicación penetrantes, conniventes y complacientes que, en los últimos tiempos -y en el contexto de la confusión masiva sobre las campañas de desinformación reales o supuestas en Internet- se están convirtiendo en guardianes cada vez más problemáticos del derecho del público a saber”.

El control de las redes sociales

En los últimos años, el Estado de seguridad nacional también ha aumentado su influencia sobre los gigantes de las redes sociales. En 2018, Facebook y el Atlantic Council establecieron una asociación en la que el gigante de Silicon Valley subcontrató parcialmente la gestión de los flujos de noticias de sus 2.800 millones de usuarios al Digital Forensics Lab del Consejo, aparentemente para ayudar a detener la propagación de noticias falsas en línea. El resultado, sin embargo, ha sido la promoción de medios corporativos “fiables“ como Fox News y CNN y la penalización de las fuentes independientes y alternativas, que han visto descender su tráfico de forma drástica. A principios de este año, Facebook también contrató al ex secretario de prensa de la OTAN y actual miembro del Consejo Atlántico, Ben Nimmo, como su jefe de inteligencia. El director de políticas de Reddit es también un antiguo funcionario del Consejo Atlántico.

Mientras tanto, en 2019, un alto ejecutivo de Twitter para la región de Oriente Medio salió a la luz como oficial en servicio activo de la 77 Brigada del Ejército británico, su unidad dedicada a las operaciones psicológicas y la guerra en línea. Lo más destacable de este acontecimiento es la casi total falta de atención que recibió por parte de la prensa convencional. En un momento en el que la injerencia extranjera en internet era quizá la noticia número uno del ciclo informativo, sólo un gran medio de comunicación, Newsweek, lo mencionó siquiera. Además, el reportero que cubrió la historia renunció unas semanas después, alegando una censura asfixiante y una cultura de deferencia a los intereses de seguridad nacional.

Ahora tenemos un panorama mediático en el que muchos de los periodistas más influyentes de Occidente están formados exactamente por las mismas personas, en el mismo departamento, que la nueva generación de agentes de seguridad nacional.

El hecho de que tantos espías, funcionarios del gobierno y periodistas encargados de exigirles responsabilidades en nuestro nombre provengan todos del mismo lugar no es un buen augurio para una democracia sana y abierta. Aprender codo con codo ha contribuido a crear una situación en la que el Cuarto Poder se ha vuelto extremadamente deferente con el llamado Estado Profundo, donde las palabras de un funcionario anónimo se toman como evangelio. El Departamento de Estudios de Guerra es sólo una parte de este fenómeno más amplio.

Alan MacLeod https://www.mintpressnews.com/spy-school-kings-college-london-churning-out-journalists/277582/

Violaciones por vacunas: 53 países exigen responsabilidades a la OMS

53 países miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) firmaron el viernes un documento colectivo exigiendo a sus dirigentes que expliquen las violaciones cometidas por sus funcionarios en la República Democrática del Congo y los motivos por los cuales no las denunciaron.

Los medios de comunicación españoles, tanto los oficiales como los alternativos, vienen guardando un secreto absoluto sobre los graves crímenes contra las mujeres congoleñas cometidos por la OMS, y lo mismo cabe decir del movimiento feminista.

Las acusaciones se conocieron a mediados de mayo y van dirigidas contra funcionarios de la OMS y otros organismos de la ONU, como la Unesco y la Unicef, entre otras. Como informamos en otra entrada, miembros de dichos organismos internacionales violaron a mujeres en el Congo a cambio de inyectarles vacunas.

“Hemos expresado nuestra preocupación tras las informaciones de los medios de comunicación que sugieren que la dirección de la OMS estaba al tanto de casos de explotación, agresión y acoso sexual y no los denunció como exige el protocolo de la ONU y la OMS, así como las acusaciones de que miembros del personal intentaron encubrir estos casos”, afirma el documento presentado por Canadá durante la Asamblea Mundial de la Salud y firmado por la Unión Europea y Estados Unidos.

Catorce de las mujeres “dijeron que los hombres se identificaron como trabajadores de la OMS”, señalaron los investigadores, en referencia a hechos que se remontan a 2019. Una investigación de la agencia de noticias Associated Press basada en correos electrónicos internos implicó a dos médicos que trabajaban para la Organización Mundial de la Salud, uno de los cuales se jactaba de sus vínculos con Tedros.

La investigación encontró que “a pesar de sus negaciones públicas, los altos funcionarios de la OMS no sólo estaban al tanto de las acusaciones de agresión sexual en 2019, sino que también se les preguntó cómo responder”. Interrogados directamente durante una rueda de prensa el 17 de mayo, ni Tedros ni Mike Ryan, jefe del programa de respuesta a emergencias de la OMS, respondieron ellos mismos a la pregunta de si estaban al corriente.

El viernes Tedros habló antes de la publicación del texto y reiteró que había creado una comisión independiente que debe informar a finales de agosto sobre las acusaciones. “Los investigadores tienen la facultad de seguir las pruebas hasta donde les lleven”, afirmó el director general, reconociendo que muchos países miembros están frustrados por la lentitud de los procedimientos y la falta de transparencia.

“Sé que hablo en nombre de todos mis colegas y de la organización cuando digo que nos tomamos estas acusaciones muy en serio. Responder y rectificar es la esencia de lo que somos”, añadió.

—https://www.20minutes.fr/monde/3050223-20210528-accusations-agressions-sexuelles-53-pays-demandent-explications-dirigeants-oms

Más información:
— 70 mujeres congoleñas han sido obligadas a mantener relaciones sexuales a cambio de vacunas contra el Ébola

Decir que el coronavirus procede de un laboratorio ya no es propio de conspiranoicos

Por fin, decir que el coronavirus procede de un laboratorio ya no es propio de conspiranoicos. ¿Por qué? Porque ya lo ha dicho la tele. ¿Y por qué lo ha dicho la tele? Porque el gran Anthony Fauci ha abierto la veda.

Facebook ya ha modificado sus algoritmos informáticos y dejará de borrar las entradas que hablen de ello.

En un año la censura ha cambiado. Es más, ahora mismo una parte de la teoría de la conspiración empieza a interesar a la propaganda imperalista. Lo diré con otras palabras: ahora la doctrina oficial es la conspiranoia.

¿Por qué ha cambiado el canon doctrinal? Por las necesidades de intensificar la campaña de presión contra China. Como ven, China está al principio y al final de la pandemia, a pesar de que en China no ha habido ninguna pandemia.

En consecuencia, en esta pandemia no hay otra cosa que decisiones políticas revestidas en una jerga seudocientífica.

¿Qué es lo que la tele nunca a contar? Que el laboratorio de Wuhan estaba en China, pero no era chino, sino estadounidense. Como ya hemos contado aquí, fue el propio Fauci quien puso el dinero para hacer en China lo que no podía hacer en Estados Unidos.

Ahora los “expertos” pasarán por alto explicar cómo es posible que un virus (o dos, quizá) se “escapen” de un laboratorio. ¿Se disfrazaron para no llamar la atención?, ¿fue sin querer?, ¿se quedaron pegados a la suela de los zapatos de algún virólogo despistado?

Una vez que los virus lograron su ansiada libertad, ¿cómo se reprodujeron?, ¿por generación espontánea?

Las imbecilidades de los “expertos” están creando —delante de nuestros ojos— nuevas leyendas modernas, que se han incorporado al acervo ideológico de la humanidad. Una de ellas concierne a los virus y aparece en términos, como “viralidad”, que indica una multiplicación exponencial de algo.

Pero los virus no son seres vivos y, por lo tanto, no se pueden reproducir. Los virus, cuyo estatuto científico deja mucho que desear cien años después de su descubrimiento, forman parte de la fisiología celular, tanto en estado de salud como de enfermedad.

El origen de los virus no está en ningún laboratorio. Los virus existían antes que los laboratorios. El origen que andan buscando desesperadamente los “expertos” no está en otro virus sino en una célula. Son ellas las que fabrican virus y los expulsan, en la misma medida en que los incorporan del exterior.

Una de las tesis más estúpidas de las seudociencias modernas, que está en todos los manuales, es esa de que “los virus se apoderan de la maquinaria celular para reproducirse”.

A partir de ahí sólo cabe esperar delirios, como el que padecemos desde hace un año.

Más información:
— Un cuento chino: el laboratorio de Wuhan estaba financiado por Estados Unidos
— Wuhan: el regreso al escenario del crimen no encuentra el rastro que esperaba
— La CNN descubre el ‘Expediente Wuhan’ y lo encuentra vacío
— El coronavirus ya circulaba por Estados Unidos antes de que lo detectaran en Wuhan

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