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Un cow boy en la Casa Blanca

Darío Herchhoren
“El tirano en Marsella; el déspota en Lyon; el emperador en París”. De esa manera se expresaba la prensa francesa cuando Bonaparte regresó a Francia después de la derrota de Waterloo, en lo que se llamó “los cien día de Napoleon”.

El triunfo de Donald Trump, fué enfocado por la prensa escrita, oral y televisada de manera muy similar. Aquellos que denostaban a Trump antes de las elecciones, ahora tratan  de acercarse a él, a ver si pillan algo; y sobre todo para no quedar fuera de juego ante el nuevo “emperador”.

Al titular este comentario como “Un cow boy en la Casa Blanca”, utilicé el viejo argumento de las películas del oeste, donde casi siempre un valiente vaquero se enfrentaba solo contra un gran número de enemigos, y conseguía batirlos a todos. Lo de Hollywood era una ficción; pero lo de Trump es cierto y seguramente traerá consecuencias.

Contra todas las encuestas; contra todas las cadenas de televisión; contra toda la prensa; contra todos los gurús; contra todos los “tertulianos” y los más sesudos analistas políticos que lo daban perdedor; ganó Trump. Su contrincante tenía a favor todo que Trump tenía en contra. La Clinton contaba además con financiación ilimitada de Wall Street y con el dinero de Arabia Saudí y Catar además del apoyo de los grandes bancos como J.P. Morgan y el Chase Manhattan Bank.

Pues a pesar de todo esto; la Clinton perdió. ¿Ha ocurrido acaso que todos los votantes se hicieron racistas, xenófobos, machistas y otras lindezas de las que achacaban a Trump? Seguramente no.

¿Que ha pasado entonces? Ha pasado que Trump decía en su campaña lo que la clase media norteamericana pensaba, y lo que la clase obrera depauperada y sin trabajo quería oir.

Si echamos una mirada a ciudades como Detroit o Chicago que fueron la cuna de la industria automotriz hasta hace poco, veremos barrios enteros abandonados por sus moradores  que se han quedado sin trabajo. Lo mismo podemos decir de ciudades como Nueva Orleans devastada por el Katrina y que a pesar del tiempo transcurrido permanece en buena parte sin reconstruir; o como Pitsburg, con su  industria siderúrgica paralizada, y sus altos hornos sin humo.

La elección de Trump es sin duda una rebelión de las clases socialmente más bajas de los USA, contra las políticas que los han abandonado en beneficio de las industrias de armamentos más prósperas cada día ante la enorme cantidad de armamentos que se exportan.

La sanidad en manos de grandes empresas de seguros contratadas por el “Obama Care”, como remedo de una seguridad universal inexistente en USA; la baja inversión en educación pública, con escuelas funcionando en locales semiderruidos ha terminado por colmar la paciencia del electorado.

Pero hay algo que sin duda hay que tener en cuenta y es que todo el discurso de Trump estaba enfocado a volver al desarrollo industrial, prometiendo relanzar la economía con un presupuesto expansivo. Propuso también repatriar los capitales norteamericanos en el exterior rebajando los impuestos; propone una política de entendimiento con Rusia y China; ha propuesto también volver a la vieja política del partido republicano de aislacionismo, que consistía en no intervenir en los problemas europeos, lo cual llevaría a desligarse paulatinamente de la OTAN, y que ha causado pánico entre los miembros de esa organización. No debemos perder de vista, que Trump calificó a la OTAN de organización caduca. Pero sin duda la propuesta estrella de Trump, es la creación de 50 millones de puestos de trabajo.

Como vemos, la elección de Trump abre alguna esperanza sobre el alivio de las tensiones entre Rusia y los USA, y permite avizorar un mundo menos bronco. El estudioso James Petras en un comentario de hace apenas cuatro días resalta todos estos factores que llevaron al triunfo contra todo pronóstico de Donald Trump.

Hay un hecho insoslayable que se está dando en las últimas horas, a consecuencia de dos hechos recientes; uno de los cuales es sin duda el triunfo de Trump; y el otro es la llegada de una flota rusa poderosa a aguas sirias con misiles de largo alcance, y con el objetivo de pulverizar al Estado Islámico en Alepo. Estas dos circunstancias han llevado a que los yihadistas que aún quedan en Alepo estén negociando su salida de la ciudad para evitar ser aniquilados por la potencia de fuego de la armada rusa.

Las perspectivas que se abren son buenas; y me cabe alguna pregunta: ¿habrá un golpe de Estado en los USA para evitar que Trump asuma la presidencia? No es algo descabellado, y la Red Voltaire daba por casi seguro el asesinato de Trump si ganaba como lo hizo las elecciones.

El especulador financista George Soros, está impulsando con su dinero y mediante empresas disfrazadas de ONG las movilizaciones anti Trump en los USA, y ya sabemos que en los USA, los golpes de estado se dan mediante asesinatos como el lejano que acabó con la vida de Abraham Lincoln y el más cercano con la muerte de John Kennedy y Robert Kennedy.

¿Por qué la propuesta estrella de Bernie Sanders fue acogida por Donald Trump?

Resultado de imagen de glass steagallEl llamado que hizo Donald Trump en el sentido de que «es hora de una Glass-Steagall del siglo 21» en su discurso del 26 de octubre en Charlotte, se puede trazar a la comunidad bancaria de Estados Unidos que están más comprometidos con financiar las manufacturas, la agricultura y la infraestructura, e incluye a miles de bancos comunitarios que se oponen a la economía de casino de Wall Street.
Estos grupos se reunieron en el Centro de Convenciones Huntington de Cleveland, Ohio, el 11 de julio de este año para introducir la ley Glass-Steagall en la plataforma del Partido Republicano, previo a la Convención Nacional Republicana que se llevó a cabo entre el 18 y 21 de julio. El columnista John Gizzi escribió un artículo el 12 de julio en el portal noticioso Newsmax, titulado «¿Por qué la ley favorita de Bernie Sanders está en la plataforma republicana?», reveló que en una «reunión en el Centro de Convenciones Huntington en Cleveland [el 11 de julio], la subcomisión de Reforma de Gobierno, del Comité de Plataforma del Partido Republicano, votó a favor de incluir en la plataforma del partido la restauración de la emblemática ley Glass-Steagall que separaba las actividades de inversiones de riesgo, de las actividades bancarias tradicionales como el crédito a empresas y al consumidor luego de que se aprobó en 1933».
Gizzi señala que «en cuanto a cómo fue que… la Glass-Stegall llegó hasta la Plataforma Republicana, hablé con la fuerza motriz detrás de ella dentro del Partido Republicano. John Lynch, miembro del comité de la plataforma de Illinois y ex presidente del First Midwest Bank de Chicago recordó que la ‘Glass-Steagall fue siempre el muro que mantuvo a la banca del consumidor alejada de los grandes riesgos. Bill Clinton tumbó ese muro cuando firmó su derogación en’ » —dice Lynch de acuerdo a la cita que reproduce Gizzi— con el resultado de que la derogación de la Glass-Steagall «expuso a la banca del consumidor a los grandes riesgos, de gente que buscaba hacer todo el dinero posible».
Lynch ha sido un promotor de la Glass-Steagall desde antes de la campaña electoral. En su biografía de LinkedIn, Lynch, ahora un partidario de Trump, cita entre sus publicaciones la «Enmienda a la Plataforma Republicana del 2016: La restauración de la Ley Glass-Steagall de 1933», la cual define en sus propias palabras de la manera siguiente:
«A fin de impedir otro colapso de nuestro sistema bancario de EU y una gran recesión o depresión, propongo la restauración de la Ley Glass-Steagall de 1933, promulgada en respuesta a la quiebra de 5,000 bancos de Estados Unidos y de la Gran Depresión, la cual prohíbe que la banca comercial haga operaciones de banca de inversión de alto riesgo, de seguros y de cualquier otro negocio que no sea el bancario. Fue derogada bajo el Presidente Clinton en 1999 a solicitud del Citibank y en última instancia llevó al colapso financiero de 2008 y a la recesión, así como a los rescates pagados por los contribuyentes… La bandida de Hillary definitivamente votaría en contra de mi propuesta porque ella es ‘propiedad’ de los megabancos y de Wall Street».
Una semana después, el 20 de julio, la revista American Banker Magazine publicó un agitado encabezado que decía: «¿Es Trump el candidato de la banca comunitaria?»
https://es.larouchepac.com/es/20161109/la-propuesta-de-glass-steagall-de-trump-salio-de-banqueros-interesados-en-la-economia-real

El terrorismo racista en Estados Unidos es tan antiguo como el país

Mi abuela contaba de los hombres del Klan que andaban a caballo por la noche en Luisiana. Ella los había visto con sus ropas blancas que brillaban en la oscuridad como también había visto a personas negras que se escondían en los pantanos para escapar de ellos. Antes de que ella llegara a este mundo, durante la Reconstrucción, los miembros del Ku Klux Klan creían que podían asustar a una población negra supersticiosa y con una libertad recién conquistada. Llevaban trajes terroríficos pero no se escondían exactamente –muchos antiguos dueños de esclavos y algunos vecinos podían ser reconocidos debajo de las sábanas blancas. Ellos eran los exorcistas enmascarados, una manera de mantener el control usando el terror. Además de matar y golpear a los negros, a menudo afirmaban ser los fantasmas de los soldados confederados muertos.

Se podría argumentar, por supuesto, que no hay fantasmas de la Confederación, porque la Confederación aún no ha muerto. Las estrellas y las barras viven, orgullosamente estampadas, en las camisetas y las placas de los carros; el símbolo por excelencia de la esclavitud, la bandera, aún vuela sobre el Capitolio de Carolina del Sur. El asesinato no ha parado tampoco, y como botón de muestra ahí está la muerte de nueve personas de raza negra en una iglesia en Charleston esta semana. El sospechoso, que es de raza blanca y que el viernes fue acusado de nueve cargos de asesinato, le dijo al grupo de estudio bíblico al que después masacró: “Tengo que hacerlo… Ustedes violan a nuestras mujeres y están tomando nuestro país y se tienen que ir”.

Los medios de comunicación han sido reacios a clasificar el tiroteo de Charleston como terrorismo, a pesar de lo inquietante que es el eco de la historia del terrorismo en nuestro país. El terrorismo estadounidense se originó con el fin de restringir el movimiento y la libertad de los recién liberados estadounidenses negros quienes, por primera vez, comenzaron a ganar un poco de poder político. El Acta del Ku Klux Klan fue una de las primeras piezas que tuvo en cuenta la legislación antiterrorista de Estados Unidos. Cuando se promulgó la ley federal en 1871, nueve condados de Carolina del Sur se colocaron bajo la ley marcial, y decenas de personas fueron arrestadas. Los temores del pistolero Charleston –hombres negros que violan a mujeres blancas, negros que toman el país– son los mismos temores que sentían los miembros del Klan, que utilizaron la violencia y la intimidación para controlar a las comunidades de negros libertos.

Incluso con estos paralelismos, todavía escuchamos interminables especulaciones sobre los motivos del atacante de Charleston. La gobernadora Nikki Haley de Carolina del Sur difundió un mensaje de Facebook en el que decía que “aunque todavía no conocemos todos los detalles, sí sabemos que nunca vamos a entender lo que motiva a alguien a entrar en uno de nuestros lugares de culto y quitarle la vida a otra persona”.

A pesar de los informes de que el asesino declaró su odio racial antes de disparar a los miembros del grupo de oración, sus motivos son inescrutables. Incluso después de que se difundieran fotos en las que el sospechoso llevaba una chaqueta adornada con las banderas de Rhodesia y de Sudáfrica durante la era del apartheid o que estuviera junto a un automóvil con las placas de la bandera confederada -una prueba tangible de su alineación con la ideología violenta, segregacionista- sus acciones se mantuvieron supuestamente indescifrables. Un tweet del Seattle Times (ahora suprimido) preguntaba si en el pistolero se “concentra el mal o es un dulce niño”, The Wall Street Journal lo calificó “solitario” y el alcalde de Charleston lo llamó “sinvergüenza”, sin embargo, las designaciones aparentemente obvias –asesino, terrorista, criminal, racista– no aparecen en ninguna parte.

Este es el privilegio de la tez blanca en Estados Unidos: si un terrorista es blanco, sus actos de violencia nunca serán relacionados con su color de piel. Un terrorista blanco tiene motivos únicos y complejos; está más allá de toda comprensión. Puede ser un solitario perturbado o un monstruo. Es un enfermo mental o el mal personificado. El terrorista blanco existe únicamente como una díada de extremos: o es humanizado hasta el punto de despertar simpatía o es casi tan monstruoso como un ser mitológico. De cualquier manera, nunca es indicativo de un problema global que tiene que ver con el color de piel, ni está relacionado con una sociedad racista. Él solo se representa a sí mismo. Un terrorista blanco será definido de cualquier modo que permita calificarlo como una anomalía, sin conexión con la larga historia del terrorismo racista de Estados Unidos.

Siempre me llamó la atención esta reticencia no sólo para nombrar al terrorismo cometido por los blancos estadounidenses, sino al propio adjetivo “blanco” en los actos de violencia racial. En un artículo reciente del New York Times sobre la historia de los linchamientos, las víctimas son descritas repetidamente como negros. Ni una sola vez, sin embargo, los protagonistas de los actos violentos han sido descritos como lo que son: blancos. En cambio, las turbas blancas dedicadas al linchamiento son simplemente descritas como “un grupo de hombres” o “una turba”. En un artículo sobre la violencia racial, esta supresión es absurda. El color de las víctimas es relevante, sin embargo, la raza de los asesinos no lo es.

Si estamos dispuestos a admitir el color de la piel de los negros que fueron linchados, ¿por qué no estamos dispuestos a admitir que la raza es la razón de por qué fueron linchados? En el discurso tras la matanza de Charleston, el presidente Obama mencionó el color blanco sólo una vez –en una cita del reverendo Martin Luther King Jr. que intenta fomentar la armonía interracial. Obama reconoció ambiguamente que “esta no es la primera vez que las iglesias negras han sido atacadas”, pero omitió especificar las causas de los ataques a dichas iglesias. Usa un tiempo verbal pasivo que es el eco de la misma extraña vaguedad, la renuencia a nombrar incluso al terrorismo de los blancos, como si las iglesias negras hubieran sido atacadas por una fuerza sin cuerpo; y no por gente real motivada por una ideología racista cuyas raíces se extienden más allá de la fundación del país.

Entiendo que resulte cómodo guardar silencio. Si no se habla de la violencia blanca, si no se la reconoce, si se considera que los terroristas blancos son santos o demonios, no tenemos que lidiar con la realidad mucho más complicada de la violencia racial. En la actualidad, el terror por razones raciales ya no se presenta con capuchas y batas blancas. Usted puede ser alguien de 21 años de edad, que tiene muchos amigos negros en Facebook y cuenta chistes racistas inofensivos y cometer un acto atroz de violencia racial. No podemos separarnos de los monstruos porque los monstruos no existen. Los monstruos han sido siempre seres humanos.

En la imaginación contemporánea de Estados Unidos, el terrorismo es extranjero y tiene la piel oscura. Los terroristas no tienen motivaciones complejas. No nos exhortamos, unos a otros, a no emitir ningún juicio hasta conocer su historia en Facebook o escuchar las entrevistas a sus amigos. No se invita a psicólogos para analizar el estado mental de esas personas. Sabemos de inmediato por qué matan. En cambio, un terrorista blanco es un enigma. Un terrorista blanco no tiene historia, ni contexto, ni origen. Sigue siendo por siempre una incógnita. De su existencia no se habla. Lo vemos pero fingimos no verlo. Es un fantasma que flota en la noche.

Brit Bennett http://www.telesurtv.net/opinion/El-terrorismo-racista-en-EE.UU.-es-tan-antiguo-como-el-pais-20150625-0056.html

La masacre de Rosewood

En los años veinte del siglo pasado, Rosewood era una pequeña localidad en las ciénagas del noroeste de Florida con una población de 150 habitantes, siendo todos ellos negros, excepto una familia blanca.

El nombre de Rosewood procede de los cedros del pantano. Los negros trabajaban como leñadores o en el aserradero y muchas de las negras limpiaban las casas de los blancos en un pueblo cercano.

Los trabajadores eran propietarios de sus tierras, lo que les proporcionaba una posición social relativamente independiente que los blancos de los alrededores no podían admitir, por más que la esclavitud hubiera sido abolida 50 años antes.

En 1922 el Ku Klux Klan convocó una manifestación en un pueblo cercano y poco después, en otro mataron al maestro de una escuela blanca.

El día de Año Nuevo de 1923 una joven blanca de un pueblo cercano, Fanny Taylor, acusó falsamente a un negro de forzar la entrada de su casa, violarla y golpearla. Si ya era muy grave que un negro levantara la mano contra un blanco, si además era mujer y con una acusación sexual de por medio el caso tomaba un sesgo dramático.

Una hora después se organizó el linchamiento. Unos 1.500 blancos de los pueblos cercanos se trasladaron a Rosewood para aterrorizar a los negros. Decían buscar a Jesse Hunter, un fugitivo de un grupo local de presos encadenados, pero en realidad desencadenaron su furia contra todos los hombres, las mujeres y los niños de Rosewood.

La orgía de linchamientos se prolongó durante una semana. Los negros fueron violados, mutilados y torturados. Se produjeron tiroteos e incendios y sólo dos edificios quedaron en pie. Los negros tuvieron que huir. Muchos se escondieron en los pantanos próximos. El pueblo de Rosewood desapareció para siempre de la faz de la Tierra. Los blancos se apoderaron de las tieras que habían sido propiedad de los negros.

En 1993 se creó una fundación para investigar y recordar la matanza. Hasta el año siguiente el Congreso de Florida no reconoció el crimen e indemnizó a los 9 supervivientes y a los descendientes con 150.000 dólares.

Tres años después el director de cine John Singleton rodó la película “Rosewood” que rememora el linchamiento, aunque pasó desapercibida por los circuitos comerciales.

El asesinato de Kennedy 50 años después (3)

Dallas era el escenario ideal, el centro más reaccionario e imperialista de Estados Unidos, donde se reunían grupos fascistas como la John Birch Society o los Minutemen. Muchos tenían vínculos con los nazis, mientras que otros eran peones de los monopolios petroleros y las industrias de defensa. El escenario no queda completo sin tener en cuenta a los pistoleros mafiosos y los grupos de contrarrevolucionarios cubanos. Eran las distintas caras de una única moneda.

Lo que Pittsburgh es al acero, Dallas es al petróleo. Kennedy tenía sus peores enemigos muy cerca, en la misma capital tejana, en el grupo de presión Suite 8F, los petroleros del partido demócrata. Para las elecciones de 1960 Kennedy les había prometido subvenciones por un supuesto agotamiento del petróleo tejano (peak oil), pero dos años después predicaba todo lo contrario.

Entre aquellos demócratas había dos marionetas de los hidrocarburos, el vicepresidente Johnson y el gobernador Connally. Éste estaba sentado delante en el mismo coche del Presidente en el momento de los disparos y fue uno de los que resultaron heridos. Había sido ministro de la Marina porque ésta la mayor consumidora de petróleo.

Kennedy tenía enemigos por todas partes, a la izquierda y a la derecha. Earl Cabel, el alcalde de Dallas, encargado de proteger la ruta y la seguridad de la caravana de automóviles en la que viajaba Kennedy, era hermano del general Charles Cabell, despedido de la CIA junto con Allen Dulles tras el fracaso de Playa Girón en 1961.

El 24 de mayo de 1954 la revista “Time” puso al petrolero tejano Clint Murchison en portada. Era el prototipo del magnate de Dallas. Con su socio Fulgencio Batista proyectó la construcción de un túnel debajo de la bahía de La Habana que la Revolución tiró por los suelos en 1959… Al túnel y a Batista.

Murchison era un conocido nazi. Él ponía el dinero para financiar al Partido Nazi de América, a la John Birch Society, a toda clase de periódicos antisemitas y la caza de brujas de McCarthy. Estaba tan vinculado al vicepresidente Johnson como a la mafia. En 1955 un comité del Senado descubrió que el 20 por ciento de la Murchison Oil Company era propiedad de Vito Genovese. También descubrió que Murchison mantenía vínculos financieros muy estrechos con el capo de la mafia de Nueva Orleans, Carlos Marcello.

Era el dueño del Hotel del Charro en La Jolla, California, cuyos huéspedes más asiduos eran los mafiosos Meyer Lansky, Santos Trafficante, Johnny Rosselli, Sam Giancana y Carlos Marcello, los políticos Johnson, Nixon, Connally y la pareja de policías Edgar Hoover y Clyde Tolson, director y subdirector del FBI respectivamente.

A finales de 1940 Murchison y otro magnate del petróleo de Texas, Sid Richardson, se reunieron con Hoover. Fue el comienzo de una amistad duradera. La pareja Hoover y Tolson invirtió mucho dinero en los negocios petroleros de Murchison. En 1952 trabajaron juntos para organizar una campaña de desprestigio contra el candidato presidencial demócrata Adlai Stevenson que, menos de una década después, se convirtió en un político muy cercano a Kennedy y representante de Estados Unidos ante la ONU. Los fascistas tejanos le acusaban de haberse vendido al organismo internacional, al que consideraban como un “instrumento de los comunistas”. El día en que se celebraba el aniversario de la fundación de la ONU Stevenson fue agredido en la capital tejana por los fascistas.

Murchison era amigo de Madeleine Duncan Brown, tejana y amante de Johnson, quien el día antes del asesinato de Kennedy estuvo en una reunión en la casa de Murchison en Dallas, que describió como “uno de los más importantes encuentros en la historia de Estados Unidos”.

Otras fuentes incluyen entre los invitados de la reunión a la pareja de policías Hoover y Tolson, al magnate del petróleo Haroldson Hunt, a John J. McCloy, a Richard Nixon y algunos miembros del grupo de presión Suite 8F. A última hora de la tarde también llegó el vicepresidente Johnson. Su amante narró así aquella escena:

“La tensión llenó la sala a su llegada. El grupo inmediatamente se reunió a puerta cerrada. Poco tiempo después Lyndon [Johnson], ansioso y rubicundo, reapareció. Yo sabía cómo operaba Lyndon [Johnson] en secreto. Por lo tanto no dije nada […] ni siquiera que yo estaba contenta de verle. Apretando mi mano tan fuerte, a su juicio, aplastada por la presión, habló con un susurro callado, mascullando, en mi oído, no un mensaje de amor sino uno que siempre recordaré: ‘Desde mañana los malditos Kennedy nunca me avergonzarán de nuevo; no es una amenaza, es una promesa’”.

Para la reacción tejana Kennedy estaba vendiendo el país a los comunistas y a los negros. Los días anteriores a su visita habían aparecido repartidos por Dallas más de 5.000 carteles con su foto de frente y de costado, como los fugitivos, con la inscripción: “Se busca por traidor”. El mismo día del atentado los fascistas tejanos insertaron en el diario republicano de la capital, “Dallas News”, una hoja entera de publicidad criticando al presidente. El clima de tensión era tan alto que el jefe de policía de la ciudad tuvo que aparecer en televisión la misma mañana del 22 de noviembre para hacer un llamamiento a la calma.

Era la calma que precedía a la tormenta.

Serie completa: El asesinato de Kennedy 50 años después:

— El club de los hijos de puta (1)
— De la alta sociedad a los bajos fondos (2)
— Operación Paperclip (4)
— La aristocracia del espionaje nazi en Estados Unidos (5)
— La camarilla nazi-zarista de Dallas (6)
— El chivo expiatorio: Lee Harvey Oswald (7)
— La infiltración de Oswald en los medios progresistas (8)
— Todos los hilos conducen al mismo sitio (9)
— El asesinato del asesino (10)
— Epílogo para un crimen perfecto (y 11)
— ‘Tenemos que convencer al público de que Oswald es el verdadero asesino de Kennedy’

El asesinato de Kennedy 50 años después (1)

Ha transcurrido medio siglo del asesinato de Kennedy. El 22 de noviembre de 1963 el presidente promocionaba la renovación de su candidatura con un paseo en coche por las calles de Dallas, en Texas. Eran las 12,30 del mediodía cuando alguien ataviado con una camisa se subió a un banco frente a la caravana de vehículos y levantó un letrero escrito con esmalte negro: “Señor Kennedy, lo desprecio a usted por sus ideas socialistas”.

Inmediatamente después sonó un primer disparo, apenas audible entre el ruido de la caravana de coches. Acto seguido se escuchó otro disparo que hirió a Kennedy en la garganta. Un tercer disparo hizo blanco en la cabeza del presidente, pero aún hubo más disparos, en los que fueron heridas otras personas, como el gobernador de Texas, Connally, sentado delante de Kennedy.

— “¡Oh! ¡Dios mío! ¡Ellos han matado a mi marido! ¡Jack! ¡Jack!”, gritó Jacqueline, que desde el primer momento demostró conocer la identidad de los asesinos. Pero, ¿quiénes eran “ellos”? Sin duda se trataba de lo que Kennedy había llamado pocas semanas antes el “SOB Club” (Son of a Bitch Club), el Club de los Hijos de Puta. Pero, ¿de quién se trataba?

La versión oficial dijo entonces que el autor de los disparos fue Lee Harvey Oswald, quien actuó en solitario. No había, pues, ningún club. Pero a día de hoy lo único que se sabe con certeza es que la vesión oficial es falsa. Lo normal en estos casos. No hay más que recordar el recorrido histórico que va del hundimiento del Maine en 1898 al 11 de setiembre de 2001. Estados Unidos es un país agobiado por las mentiras oficiales como pocos.

Pero lo de menos es que el informe oficial sea mentira, 26 tomos de mentiras exactamente. Lo realmente serio es que la verdad del caso está tan enmarañada con un cúmulo de medias verdades, intoxicaciones e hipótesis que es imposible orientarse entre tan enorme volumen de información.

Cuando Oswald, el supuesto asesino, fue asesinado por Jack Ruby dos días después, cundió la sospecha de que el crimen estaba muy lejos de ser la obra de un hombre solitario, sino que había sido orquestado por los “señores de la guerra”, el “big bussines”, los grandes monopolios que contrataban con el Pentágono, la CIA, los gusanos cubanos y la Mafia, entre otros. Eran ellos los que integraban el SOB Club.

Para acallar los rumores, el vicepresidente Johnson creó la Comisión Warren. Fue como poner al zorro a cuidar de las gallinas.

Entre los integrantes de dicha Comisión estaba Allen Dulles, antiguo director de la CIA, al que Kennedy destituyó en 1961 por el fracaso del desembarco en Playa Girón. Pero cambiar al director no es cambiar a la CIA, máxima responsable del crimen. Allen Dulles no estaba en la Comisión Warren para investigar nada sino para impedir cualquier investigación.

Otro miembro de aquella farsa fue Gerald Ford, entonces diputado y luego presidente en sustitución de Nixon. Fue incluido en la Comisión porque era el soplón de Hoover. Una vez en la presidencia, Ford tomó dos decisiones que resultan otras tantas claves del enredo: puso a Bush al frente de la CIA e indultó a su antecesor Nixon por el escándalo Watergate.

Hay que hacer un inciso con Nixon. Es posible que sea uno de los hijos de puta más reconocidos del pasado siglo, pero quizá no sepamos hasta qué extremos. Uno de sus vínculos inmediatos con Kennedy fue la competencia mutua en las elecciones presidenciales de 1960.

Otro fue John J. McCloy, asesor financiero del gobierno de Mussolini y, junto con Allen Dulles, directivo del banco de Prescott Bush que estaba financiando a Hitler. En 1936 a McCloy se le solía ver en Berlín reunido con Rudolf Hess o Hermann Goering. Las fotos le muestran también sentado en el palco de Hitler viendo las Olimpiadas. Fue abogado del monopolio alemán IG Farben que fabricaba el gas utilizado en los campos de concentración para masacrar a los antifascistas presos. Al terminar la guerra, como comisario en la Alemania ocupada, McCloy protegió a los criminales de guerra, entre ellos a Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon. Formaba parte de la Operación Paperclip, un plan para integrar a los agentes nazis en la CIA.

El presidente de la Comisión que daba nombre a la misma era Earl Warren, también presidente del Tribunal Supremo. En 1942 Warren fue elegi­do gobernador de California gracias a la financiación de los monopolios petroleros. Hablar de Dallas, el escenario del crimen, y de petróleo es una redundancia.

Al año siguiente del asesinato, la Comisión emitió un informe inverosímil que encubría hasta las evidencias más estridentes. Si al matar a Oswald se cerraron las puertas, el informe de la Comisión le echó el cerrojo. Es como si Kennedy hubiera sido asesinado dos veces.

Basta repasar las biografías de estos -y otros- zorros de la Comisión Warren para darse cuenta de quiénes eran los hijos de puta a los que se refería Kennedy, empezando por el vicepresidente Lyndon B.Johnson, un tejano que había competido con Kennedy por la nominación del partido demócrata para las elecciones de 1960.

El club de los hijos de puta no estaría completo sin mencionar que en el asesinato de Dallas aparecen implicados los cuatro presidentes de Estados Unidos que sucedieron a Kennedy: Johnson, Nixon, Ford y Bush. Los presidentes eran “todos los hombres del Presidente”.

Serie completa: El asesinato de Kennedy 50 años después:

— De la alta sociedad a los bajos fondos (2)
— El escenario del crimen: Dallas (3)
— Operación Paperclip (4)
– La aristocracia del espionaje nazi en Estados Unidos (5)
— La camarilla nazi-zarista de Dallas (6)
— El chivo expiatorio: Lee Harvey Oswald (7)
— La infiltración de Oswald en los medios progresistas (8)
— Todos los hilos conducen al mismo sitio (9)
— El asesinato del asesino (10)
— Epílogo para un crimen perfecto (y 11)
— ‘Tenemos que convencer al público de que Oswald es el verdadero asesino de Kennedy’

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