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Los cinco pilares de la maquinaria de guerra del imperialismo

En la década de los años veinte del pasado siglo, el Presidente Calvin Coolidge dijo: “El negocio de Estados Unidos consiste en hacer negocios”. En la actualidad, puede decirse que la industria de armas y la guerra permanente se han convertido en una gran parte del negocio estadounidense, conformándose como una especie de filial de un complejo industrial militar bien arraigado. Anteriores hombres estadounidenses con visión de alcance hicieron advertencias contra esta deriva, hombres como el Presidente George Washington y el Presidente Dwight Eisenhower, al ser intrínsicamente contrapuesta a la democracia y la libertad. Sin embargo, en la actual administración Bush-Cheney sus principales miembros fueron parte de ellas y, precisamente, estuvieron muy ocupados promocionándolas.

Las guerras, especialmente las guerras electrónicas modernas, provocan unas masacres terribles, pero son también sinónimo de grandes contratos que suponen costes altísimos, grandes beneficios y grandes posibilidades de empleo para todos aquellos que conforman el necesario engranaje militar. Las guerras son el paraíso de los carroñeros.

Las guerras son también una vía para que políticos mediocres monopolicen las noticias y los medios de comunicación en su favor de forma partisana avivando el fervor patriótico y presionando por un nacionalismo de vía estrecha. Efectivamente, inflamar el patriotismo y el nacionalismo es un viejo truco demagógico que se utilizó siempre para dominar las naciones. Cuando eso sucede, hay un claro riesgo de que la democracia y la libertad se lleguen a erosionar, e incluso que desaparezcan si esos desarrollos conducen a una concentración exacerbada de poder y de corrupción política.

Los ataques terroristas del 11-S de 2001 supusieron una bonanza para el complejo industrial militar estadounidense. Fue un acontecimiento, un “Nuevo Pearl Harbor”, por el que algunos habían estado abiertamente esperando. ¿La razón? Esos ataques dieron el pretexto perfecto para desarrollar gastos militares, que se habían estado en gran medida anhelando tras la desaparición del antiguo Imperio Soviético. Y, además, proporcionaron el fundamento para aumentarlos de modo espectacular, sustituyendo la “guerra contra el comunismo” y la “Guerra Fría contra la URSS” por una “guerra antiterrorista” y una “guerra contra los islamistas”. En esta nueva perspectiva, las puertas del gasto militar podían abrirse y éste fluir de nuevo. El desarrollo del cada vez más sofisticado armamento podría continuar y miles de monopolios y cientos de distritos políticos podrían seguir llevándose los beneficios. Los costes serían asumidos por los contribuyentes, por los hombres y mujeres jóvenes que morirían en combate y por las remotas poblaciones que yacerían bajo la lluvia de bombas que caerían sobre ellos y sus hogares.

Efectivamente, en septiembre de 2000, cuando el Pentágono emitió su famoso documento estratégico titulado “Reconstruir la Defensa de Estados Unidos”, se expresaba la creencia en que el tipo de transformación militar que los planificadores estaban considerando requeriría de algún “suceso catastrófico y catalizador”, como un Nuevo Pearl Harbor, para que fuera posible venderle el plan al pueblo estadounidense. Fueron o intuitivos o afortunados porque, un año más tarde, ya tenían el “Nuevo Pearl Harbor” que estaban esperando.

El complejo industrial militar necesita guerras, muchas y sucesivas guerras, para prosperar. El equipamiento militar viejo tiene que ser reparado y reemplazado cada determinado tiempo si hay una guerra en marcha. Pero para justificar el enorme coste que supone tener que desarrollar armas cada vez más mortíferas, se necesita que haya un clima constante de temor y vulnerabilidad. Por ejemplo, durante el verano de 2006 los ataques israelíes contra el Líbano y Gaza facilitaron el uso de nuevas armas fabricadas en Estados Unidos. Esas armas incluían bombas de uranio empobrecido, armas de “energía directa” y armas nuevas químicas y biológicas. Estas armas no sólo logran que el acto de matar sea más fácil sino que también dejarán contaminado el medio ambiente con partículas de uranio empobrecido radioactivo durante las próximas décadas.

Pero, para construir un pacto suficientemente fuerte como para llevar a un país democrático por la senda de una permanente economía de guerra, se necesita una alianza de intereses entre militaristas, industriales, políticos, aduladores y propagandistas. Estos son los cinco pilares del complejo industrial militar que pueden encontrarse en los Estados Unidos.

El sistema militar estadounidense

En 1991, al final de la Guerra Fría, el presupuesto de defensa de Estados Unidos era de 298.900 millones de dólares. En 2006, ese presupuesto había aumentado hasta alcanzar la cifra de 447.400 millones de dólares, y esa cifra no incluía los 100.000 millones de más gastados en las guerras de Irak y Afganistán. Se ha estimado que los gastos militares estadounidenses, sin necesidad de exagerar, se aproximan a la mitad de los desembolsos militares mundiales (48 por ciento del total mundial en 2005, según cifras oficiales), a pesar de que la población estadounidense representa menos del 5 por ciento de la población mundial y alrededor del 25 por ciento de la producción mundial total. Como porcentaje, los gastos militares estadounidenses se engullen un mínimo de un 21 por ciento del presupuesto federal total estadounidense (2006 = 2.500 billones de dólares). Un presupuesto militar tal es mayor que el productor interior bruto (PIB) de algunos países, como Bélgica o Suecia. Es una especie de gobierno dentro de otro gobierno.

En 2006 el Departamento de Defensa de Estados Unidos empleó a 2.143.000 personas, mientras que los contratistas de defensa privada emplean a 3.600.000 trabajadores, lo que supone un total de 5.743.000 puestos de trabajo en Estados Unidos relacionados con el sector de la defensa, o el 3,8 por ciento del total de la fuerza laboral. Además, hay casi 25 millones de veteranos en Estados Unidos. Por tanto, se puede decir que más de 30 millones de estadounidenses reciben cheques que tienen su origen directa o indirectamente en el presupuesto militar de Estados Unidos. Suponiendo con cautela que sólo dos personas mayores de edad votan por hogar, esto se traduce en un bloque de unos 60 millones de votantes estadounidenses que tienen intereses financieros en el sistema militar estadounidense. Así pues, nos encontramos con el peligro de una sociedad militarizada que se perpetua a sí misma políticamente.

Los contratistas de la defensa privada

Los cinco contratistas más importnates de la Defensa estadounidense son Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, Raytheon y General Dynamics. Van seguidos de Honeywell, Halliburton, BAE System y miles de compañías y subcontratas de defensa más pequeñas. Algunas, como Lockeheed Martin en Bethesda (Maryland) y Raytheon en Waltham (Massachussets) obtienen cerca del 100 por ciento de sus negocios de los contratos de defensa. Otras, como Honeywell en Morristown (Nueva Jersey), tienen importantes divisiones de productos de consumo.

Sin embargo, todas están preparadas para sacar provecho en cuanto los gastos de suministros de armas aumentan. De hecho, los contratistas de defensa estadounidenses han estado disfrutando de los grandes presupuestos del Pentágono desde marzo de 2003, i.e., desde el comienzo de la guerra de Irak. Como consecuencia, han contabilizado aumentos considerables en los rendimientos totales de sus acciones, yendo desde el 68 por ciento (Northrop Grumman) hasta el 164 por ciento (General Dynamics) desde marzo de 2006 a septiembre de 2006.También se ha señalado que los contratistas de la defensa privada juegan otro papel social: son grandes empleadores de antiguos generales y antiguos almirantes del sistema militar de Estados Unidos.

El sistema político

En Estados Unidos, el Presidente George W. Bush, un antiguo petrolero, y el Vicepresidente Dick Cheney, como antiguo presidente y director ejecutivo de la gran compañía de servicios petrolíferos Halliburton en Houston (Texas), personifican la imagen de políticos consagrados al crecimiento y desarrollo del complejo industrial militar. Su administración ha extendido el sistema militar y ha adoptado una política exterior militarista a una escala nunca vista desde el final de la Guerra Fría e incluso desde el final de la II Guerra Mundial. Efectivamente, bajo la administración Bush-Cheney, la industria armamentística se ha vuelto extremadamente rentable. Contratos por miles de millones de dólares van a toda marcha vendiendo aviones y tanques a diversos países en un mundo que evoluciona cada vez más de espaldas al derecho. Casi las dos terceras partes de todas las armas exportadas en el mundo salen de Norteamérica.

El Congreso, por su parte, está en deuda con las monopolios de defensa que operan en las plantas militares existentes es cada uno de los distritos de los congresistas o en los estados de los senadores, además de ciertas gratitudes a los lobbys que les proporcionan fondos y apoyos en los medios en épocas electorales.

Los ‘think tanks’ del sistema

Los asesores y los aduladores que se hallan detrás de la economía orientada hacia la guerra forman un red entrelazada de los denominados “think tanks” con sede en Washington, financiados por ricas fundaciones que están exentas de impuestos y que tienen miles de millones de dólares de activos, como, por ejemplo, la Fundación John M. Olin, la Fundación Scaife o la Fundación Coors, etc.

Entre los “think tanks” más influyentes y representativos, cuya misión es orientar la política exterior estadounidense, se encuentra el American Enterprise Institute (AEI), la Heritage Fundation, el Middle East Media Research Institute, el neoconservador Washington Institute for Near Eastern Policy, el Center for Security Policy, el Jewish Institute for National Security Affaire, el Project for the New American Century (PNAC) y el Hudson Institute.

Todos esos “think tanks” sirven para un doble objetivo: proporcionan funcionarios gubernamentales para realizar informes políticos sobre diversos temas, normalmente con una visión muy conservadora; y sirven como incubadoras de los departamentos gubernamentales, suministrándoles personal que ya ha sido formado y proporcionando puestos de trabajo para funcionarios que están fuera del poder.Se observa que la misma puerta giratoria que existe entre el sistema militar y los contratistas de defensa, también se mueve entre los “think tank” con sede en Washington y los departamentos del gobierno de Estados Unidos.

El aparato de propaganda

Los propagandistas de la economía a favor de la guerra se pueden fundamentalmente encontrar en la derechista industria de los medios de comunicación estadounidenses. Esto se debe a que la venta de políticas orientadas hacia la guerra requiere la pericia que sólo una bien engrasada máquina de propaganda puede proporcionar.

La herramienta propagandística más potente es la televisión. Y ahí, la Red Fox de Noticias de Rupert Murdoch es invencible. No hay un medio de comunicación estadounidense más abiertamente devoto de la ideología neocon y más comprometido en el apoyo de las nuevas guerras estadounidenses que la Fox News. La CNN o la MSNBC pueden intentar algunas veces emularla, pero su profesionalismo les impide acercarse demasiado a Fox News, que está demasiado predispuesta a favor de la guerra y promueve sin pudor alguno la dominación global de Estados Unidos.

Los esfuerzos de propaganda de Fox están estrechamente coordinados con otro medio escrito propiedad de Murdoch, como es el Weekly Standard y el New York Post. El Washington Times, que está controlado por el Reverendo de la Iglesia de la Unificación Sun Myung Moon, el neoconservador New York Sun y otras publicaciones neocon, como el National Review, The New Republic, The American Spectator, the Wall Street Journal, completan la infraestructura más importante de propagandistas a favor de la guerra.

En conclusión, esa conjunción de cinco maquinarias para la guerra, i.e., el inflado aparato militar, la gran industria armamentística estadounidense, la administración neocon favorable a las guerras, con el Congreso de rodillas ante los lobbys militaristas, la red de “think tanks” favorables a la guerra y los belicosos propagandistas de los medios constituyen el marco del complejo industrial militar, del cual el Presidente Dwight Eisenhower, en 1961, hace ya 45 años, ya temía sabiamente que pudiera ejercer una influencia corrosiva sobre la sociedad estadounidense.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China es la antesala de la guerra de verdad

Para evitar una catástrofe económica sin parangón en la historia, a finales del mes que viene el Congreso de Estados Unidos deberá aprobar una ley para ampliar el techo de deuda pública. Si no se amplía, Estados Unidos no podría pagar sus gigantescas deudas; iría a la quiebra de manera inmediata y arrastraría consigo a una buena parte de las finanzas mundiales, el desplome de las bolsas…

Pero los diputados no se ponen de acuerdo. En la Casa Blanca son partidarios de una expansión neta de la deuda, es decir, una anulación -que califican de temporal- del techo de deuda; algunos congresistas se oponen y pretenden un alza del techo hasta un cierto nivel.

Son distintas formas de anunciar la quiebra y de disolver sus efectos en el tiempo. Trump ha cancelado sus vacaciones, pero no para enfrentarse al problema sino para abordar el verdadero problema de fondo, la guerra comercial con China, que asume distintos formatos según el momento.

Ahora el formato es que China roba (a Estados Unidos) los derechos de propiedad intelectual; China responde que eso no es más que un instrumento de presión para que ellos -a su vez- presionen a Corea del norte.

Según la explicación simplista de Trump, China fabrica mercancías (“reproduce” son sus palabras exactas) con técnicas industriales estadounidenses, y luego las revende en Estados Unidos a precios muy bajos. Las exportaciones “made in USA” se reducen y las importaciones aumentan, el déficit exterior crece…

Si la cosa se pone fea, Estados Unidos recurrirá a la guerra comercial y las barreras arancelarias causarán a China un perjuicio económico que en Washington estiman -muy alegremente- en 600.000 millones de dólares. Naturalmente, la cifra es muchísimo más elevada, indicador de una gran catástrofe que ni siquiera son capaces de imaginar en sus peores pesadillas.

La Comisión Americana sobre Robo de Propiedad Intelectual calcula que las pérdida a causa de las falsificaciones chinas, pirateo informático y robo de secretos industriales alcanzan cotas comprendidas entre los 225.000 y los 600.000 millones de dólares. Según dicen, China es responsable del 87 por ciento de las mercancías  pirateadas o falsificadas que llegan a Estados Unidos.

Lo de menos es si eso es cierto o algo parecido a las “armas de destrucción masiva”; tampoco interesa saber si los datos están inflados o no. En cualquier caso es capitalismo en su más puro estado, competencia, un terreno que Estados Unidos ha perdido desde hace tiempo. Ya no les interesa la “globalización”, ni el “neoliberalismo”, ni el libre mercado, ni la Organización Mundial de Comercio.

Si Estados Unidos inicia una guerra comercial con China, los mayores perjuicios serán para los grandes monopolios estadounidenses, como Apple, que ensamblan sus mercancías en China para venderlas en Estados Unidos. Pero hay otros capítulos muy alejados de las nuevas tecnología en los que China ha liquidado a la competencia mundial: la mitad de la soja que se consume en Estados Unidos procede de China.

Ante tal situación, en Pekín han quedado los últimos defensores del librecambismo y de los viejos principios de la Organización Mundial de Comercio. Pero si no es posible triunfar con el librecambismo, dicen en Pekín, triunfaremos con el proteccionismo exactamente igual; tomaremos contramedidas.

A la vista aparece el fantasma de una drástica reducción del comercio internacional, uno de los pilares que han fundamentado el raquítico crecimiento del capitalismo desde 1945 en todo el mundo. No hay más que analizar la situación económica de Japón, en otro tiempo paradigma de que el capitalismo podía obrar milagros. Desde finales de los ochenta es una foto fija, la del estancamiento y la del fracaso de todos los remedios puestos en funcionamiento para salir del atasco, el último de los cuales lo dice todo: el lanzamiento en cantidades infinitas de dinero fiduciario.

La guerra comercial es, por lo demás, la antesala del otro tipo de guerra, la de verdad. Por eso los chinos tienen razón cuando la relacionan con Corea del norte. Lo uno conduce a lo otro.

Marcus Garvey: los orígenes de la lucha de los negros en Estados Unidos

Norberto Barreto Velázquez

[…] Garvey nació en Jamaica en 1887 en el seno de una familia trabajadora y numerosa. Su padre era cantero y su madre empleada doméstica. El acceso a la biblioteca de su padre alimentó su curiosidad desde muy niño. A los catorce años ya era aprendiz de impresor. Para 1907, y con solo veinte años, era uno de líderes del sindicato de impresores en la ciudad de Kingston.

La formación política de Garvey estuvo marcada por sus viajes. Como muchos otros hijos negros del Caribe inglés, emigró a Centroamérica y se estableció en Costa Rica en 1910. Allí conoció la discriminación, la miseria, el hambre y la explotación en que vivían los negros que trabajaban para la United Fruit. Esta corporación estadounidense, también conocida como el Pulpo, se dedicaba a la producción y comercialización de frutas, especialmente plátanos o bananos, y ejercía un enorme poder e influencia en toda la en la región centroamericana.
El poder de la United Fruit no intimidó a Garvey, quien, aprovechando su experiencia gremial, buscó organizar a los trabajadores bananeros en un sindicato. Fundó, además, el periódico La Nación, para denunciar la crueldad y la explotación que sufrían los migrantes negros. Sus actividades no pasaron desapercibidas por las autoridades costarricenses, que le expulsaron en 1911.

Tras una breve estadía en Jamaica, viajó en 1912 a Inglaterra. En la metrópoli asistió al Birkbeck College de la University of London y trabajó en dos periódicos panafricanos, The African Times y el Orient Review. Regresó a Jamaica en 1914 y fundó la Universal Negro Improvement Association (Asociación Universal de Desarrollo Negro, UNIA) con el objetivo de unir a todos los negros del mundo para convertirles en un pueblo soberano con un estado-nación en el continente africano. Esta organización se convertirá en el grupo nacionalista negro con el mayor número de integrantes de la historia. Se calcula que en la década de 1920 la UNIA contaba con más de mil sucursales a nivel mundial. De éstas, 270 estaban ubicadas en África, el Caribe y América del Sur; el resto en Estados Unidos. Ningún área con una población negra significativa carecía de una sucursal de la UNIA.

En 1916 se radicó en Nueva York, donde desarrolló una intensa labor organizativa, que tuvo una gran acogida entre la población afroamericana. Es en Estados Unidos que la UNIA se convirtió en un movimiento de masas. Establecer el tamaño de su membresía no es tarea fácil. Garvey llegó a reclamar seis millones de miembros a nivel mundial, lo que podría ser un número exagerado. Lo que resulta indiscutible es que contaba con millones de miembros a nivel global. Podríamos tener un idea de su tamaño si tomamos en cuenta la celebración de la primera “UNIA International Convention of the Negro People” en 1920. Durante un mes, 25,000 delegados de todas partes del mundo se reunieron en el Madison Square Garden para discutir los problemas de la raza negra. Durante ese mes la UNIA celebró grandes marchas por las calles de Nueva York con la participación de la African Legions y las Black Cross Nurses. Ambos eran grupos auxiliares de la UNIA, el primero era un grupo paramilitar y la segunda era un cuerpo de enfermeras creado a semejanza de la Cruz Roja. La convención culminó con la aprobación de la Declaration of the Negro Peoples of the World.

El éxito de su discurso inflamatorio llamó poderosamente la atención de las autoridades estadounidenses, especialmente, del Bureau of Investigation, que más tarde será conocido como Federal Bureau of Investigation o FBI. Creado en 1909 por el Secretario de Justicia Charles Bonaparte, el Bureau of Investigation atendía temas estrictamente nacionales, como el fraude, el radicalismo y el robo de bancos. La división de inteligencia del Bureau, dirigida por Edgar J. Hoover, infiltró a la UNIA y fabricó un caso legal en contra Garvey con pruebas y testigos cuestionables. El objetivo del Estado era claro: acabar con un movimiento que consideraban radical descabezándole. Garvey fue encarcelado en la penitenciaria de Atlanta, donde estuvo preso casi tres años hasta ser liberado y deportado a Jamaica en noviembre de 1927.
De regreso a su patria, Garvey continuó con su campaña a favor de los negros, pero su encarcelamiento y deportación afectaron negativamente a la UNIA. En Jamaica enfrentó la animosidad de las autoridades coloniales británicas, que no veían con buenos ojos su presencia en la isla. En 1929 fundó el People´s Political Party, el primer partido moderno en la historia jamaiquina. Seis años más tarde se estableció en Londres, donde murió en 1940.

¿Cómo explicar el éxito de Garvey, especialmente, en los Estados Unidos? Para ello es necesario enfocar el contexto histórico en el que su mensaje se desarrolló.

En las primeras décadas del siglo XX, los pueblos negros enfrentaban serios problemas ante la supremacía global del occidente blanco. El imperialismo moderno se encontraba en su mayor momento de auge. África había sido sometida y era explotada por las fuerzas coloniales europeas. Sólo Liberia y Etiopía habían escapado de la labor civilizadora del hombre blanco.

En Estados Unidos, los afroamericanos enfrentaban condiciones muy difíciles desde finales del siglo XIX. Tras el fin de la guerra civil, éstos disfrutaron de un corto periodo de libertad e igualdad. Durante este periodo, conocido como la Reconstrucción, ciudadanos afroamericanos llegaron ser electos alcaldes, gobernadores y legisladores, tanto estales como federales. Sin embargo, a finales de la década de 1870, los negros habían perdido sus derechos políticos gracias al desarrollo de un sistema de segregación racial conocido como “Jim Crow”. Fueron creados mecanismos legales para negar o limitar el derecho al voto de los afroamericanos y marginarles social y económicamente. Con el fin de separar las razas, se aprobaron leyes segregando racialmente las escuelas, los parques, y hasta las fuentes de agua. Los matrimonios entre blancos y negros fueron declarados ilegales en varios estados de la Unión. En 1896, la Corte Suprema sancionó la segregación racial en una de sus decisiones más controversiales. En “Plessy v. Ferguson” la corte determinó que era constitucional la separación de las razas si la forma de alojamiento, transporte, etc. no variaba. Nació así la doctrina del “separate but equal” que sobreviviría hasta la década de 1950.

Los afroamericanos no sólo fueron arrebatados de sus derechos políticos, segregados y marginados, sino también fueron víctimas de la violencia racial. Entre 1880 y 1920, miles de ellos fueron linchados por el mero hecho de ser negros. Durante este largo periodo, el gobierno federal dejó abandonados y sin protección a miles de sus ciudadanos negros.

Las oportunidades de mejora económica provocadas por la primera guerra mundial produjeron una gran migración de afroamericanos. La escasez de mano de obra en fábricas y otras empresas que produjo el estallido y entrada de Estados Unidos a la hecatombe europea, generó oportunidades de trabajo para miles de afroamericanos. Entre 1914 y 1920, entre 300,000 y 500,000 afroamericanos emigraron de las zonas rurales del sur a las ciudades del norte.   Varias ciudades industriales del norte vieron crecer su población afroamericana de forma impresionante. Por ejemplo, en Chicago la población afroamericana creció un 150%, es decir, unas 65,000 personas. Detroit es otro caso impresionante, ya que su población negra creció un 600% con la llegada de unos 35,000 afroamericanos. Para 1930, el 49% de la población de Manhattan era negra.

El parentesco y el sentido de comunidad jugaron un papel muy importante en el desarrollo de esta migración masiva. Afroamericanos residentes en el norte propagaron las noticias sobre las oportunidades de trabajo que llevaron a miles de negros a abandonar lo que había sido su hogar para aventurarse en un territorio nuevo y desconocido. Iglesias, clubes, logias y otras organizaciones afroamericanas patrocinaron la emigración de los negros sureños. La violencia racial de que eran objeto los negros en el sur −en especial, los linchamientos−, la pobreza en que vivían, la falta de oportunidades, los bajos sueldos y otros factores les empujaron a esta aventura.

El arribo de miles de negros provocó serias tensiones raciales en el norte. La violencia racial fue común, en especial, los motines. Por ejemplo, en julio de 1917, una turba de blancos enfurecidos atacó a ciudadanos afroamericanos, matando unas 200 personas en la ciudad de East St. Louis, en el estado de Illinois. Los recién llegados descubrieron que el hecho de haber salido del sur no les libraba del prejuicio racial y la segregación, como tampoco de la violencia. Las uniones obreras se negaron a aceptarles como miembros y se les negaba acceso a restaurantes, escuelas, etc. Esto llevó a algunos negros a plantearse el retorno a África como la única salida para los problemas que enfrentaban.

La guerra permitió que miles de afroamericanos se incorporaran a las fuerzas armadas, donde también fueron víctimas del racismo y la discriminación. Se les organizó en unidades racialmente segregadas al mando de oficiales blancos y se les prohibió ingresar a la Infantería de Marina y a la Guardia Costanera. El Ejército y la Marina relegaron a los afro-americanos a trabajos en las cocinas, las lavanderías, etc. Cientos de soldados negros sufrieron los abusos y maltratos de sus superiores, sobre todo, de los oficiales sureños. Además, sufrieron la hostilidad y el racismo de los soldados blancos.

Sólo uno de cada cinco de los 200.000 soldados negros que fueron enviados a Europa vio acción. Las unidades afroamericanas que sí pelearon lo hicieron con distinción y fueron condecoradas por el gobierno francés con la Croix de Guerre por su valor.

Haber participado en una guerra defensa de su país generó grandes expectativas entre los veteranos negros, quienes esperaban recibir un trato más justo de su sociedad. Desafortunadamente, sus expectativas no se cumplieron, pues a su regreso continuaron siendo víctima del racismo, la discriminación y la violencia. La presencia de los veteranos negros fue vista como una amenaza   a la supremacía blanca y más de uno fue linchado o quemado vivo con su uniforme. En 1919, durante el llamado “Red Summer”, la violencia fue generalizada con 89 linchamientos y 25 motines raciales en un periodo de siete meses. El peor de estos motines duró trece días en la ciudad de Chicago y causó 38 muertes y 537 heridos, y dejó a mil familias sin casa. Tal nivel de violencia inspiró al poeta afroamericano Claude McKay su famoso poema “If I must die”.

Garvey y la UNIA coincidieron con el llamado Renacimiento de Harlem. Este despertar artístico, y especialmente literario, que vivió ese barrio neoyorquino en los años 1920, le convirtió en la capital de la diáspora africana. Contrario a los escritores del Renacimiento de Harlem que se concentraron en temas artísticos, a Garvey le preocupaban temas sociales y la lucha política de los descendientes de africanos alrededor del mundo

La década de 1920 fue también testigo del renacer del Ku Klux Klan. El Klan surgió en el sur luego de finalizada la guerra civil como un grupo paramilitar y terrorista compuesto por veteranos blancos sureños que se dedicaron a perseguir e intimidar a los negros libertos. Víctima de la represión gubernamental, el Klan entró en crisis y casi desapareció del panorama. En los años 1920 el Klan resurgió de sus cenizas para convertirse en una organización nacional que contaba para 1924 con 2 millones de miembros. El renacer del Klan estuvo acompañado de una fuerte violencia racial. Los linchamientos de ciudadanos negros se hicieron muy comunes y no sólo en el sur, sino también en otras regiones del país. En esta nueva etapa, el Klan no se limitó a perseguir y aterrorizar a ciudadanos negros. Los inmigrantes también fueron objeto de la atención de los miembros del Klan, quienes les consideraban indeseables.

En este contexto de violencia racial y de gran frustración no debe sorprender que el discurso nacionalista de Garvey calara hondo. Éste mostró, además, grandes dotes como orador, organizador e impresor. A su llegada a la ciudad de Nueva York Garvey compró un auditorio al que llamó Liberty Hall donde realizaba reuniones nocturnas con miles de asistentes. También fundó un periódico, The Negro World, que sirvió como vocero principal de UNIA. Éste se publicó en Harlem entre 1918 y 1933, y se convirtió en un medio donde escritores negros no muy conocidos podían escribir desde la perspectiva de los afroamericanos. The New Negro World era un semanario con un precio accesible para las personas de bajos ingresos que llevó el mensaje de Garvey a lugares tan recónditos como África. Su circulación estuvo entre los 50,000 y 200,000 ejemplares.

Otro elemento clave del éxito de Garvey está en su mensaje de dignidad, esperanza y auto estima, ya que eso era, precisamente, lo que afroamericanos necesitaban oír en ese momento. Dos ideas interrelacionadas definen el pensamiento garveyano: empoderamiento y nacionalismo negro. Veamos cada una de ellas.

Garvey partía de la premisa de que los negros aceptaban la opresión y la deshumanización de la que eran objeto. Creía que éstos tenían el poder de determinar su propio destino a pesar de la abrumadora opresión política, social y económica de que eran víctimas. Sin embargo, no eran capaces de ejércelo porque no estaban cociente de su poder. Era, por ende, necesario empoderarles y concientizarles para que buscaran y dieran lo mejor de sí mismos y reentraran victoriosos a la Historia […]

Para empoderar a los negros eran preciso desarrollar su conciencia racial y nacionalista a través de una “positive African identity”. De ahí que su discurso promoviera el orgullo racial, rescatara el pasado histórico de los pueblos negros y subrayara la belleza de la raza negra. Como parte de este esfuerzo, fue creada la UNIA Historical Society para promover el estudio de la historia de la raza negra. Garvey estaba convencido de que “A people without the knowledge of their past history, origin and culture is like a tree without roots.”

Para desarrollar esta conciencia racial y nacionalista la UNIA llevó a cabo actividades culturales y fueron creados símbolos nacionales como la bandera y el himno africanos. En sus actividades, los miembros de UNIA hacían un uso intenso, por no decir exagerado, de uniformes militares e indumentaria académica como espadas, bicornios, plumas, togas y birretes. Esa ostentación de grandeza y pomposidad era parte del esfuerzo de la UNIA para promover la autoestima racial de los afroamericanos. Garvey consideraba imprescindible que éstos entendieran que “The Black skin is not a badge of shame, but rather a glorious symbol of national greatness.”

Para él no bastaba con empoderar a los negros a nivel ideológico y político, era también necesario hacerlo a nivel económico. No habría libertad ni seguridad si éstos seguían dependiendo de los recursos de los blancos. De ahí que los esfuerzos de UNIA estuvieran dirigidos a crear mecanismos que le permitieran a los negros desarrollar un mayor nivel de autosuficiencia. Con ese fin fueron creadas, en 1919, la Negro Factories Corporation y la Black Star Line. La primera buscaba construir fábricas para producir bienes manufacturados con capital y mano de obra negra, y la segunda era un compañía de vapores para facilitar la transportación de carga y, eventualmente, de pasajeros. La Black Star Line llegó a adquirir tres barcos, el Yarmouth, el Shadyside y el Kanawha. UNIA también inició y promovió otros negocios como un restaurante, una lavandería, un hotel, una universidad, etc. Estas empresas no fueron del todo exitosas por las limitaciones de la organización. Por ejemplo, los encargados de la Black Star Line carecían de experiencia en ese tipo de negocio y, por ende, no es de extrañar los problemas de mala administración que limitaron su éxito. La UNIA también creo programas que atendían las necesidades diarias de sus miembros como cooperativas industriales que proveyeran empleo, servicios médicos para atender a los enfermos y servicios financieros para ayudar a sus miembros en momentos difíciles.

El empoderamiento venía acompañado de un fuerte panafricanismo. La UNIA buscaba elevar a los negros a nivel global para que pudieran sobrevivir cultural, política, económica e independientemente. Para ello era indispensable que ejercieran su derecho a la autodeterminación y accedieran a un gobierno propio, construyeran un estado nación […]

Garvey estaba convencido de que dadas las limitaciones que imponía la segregación, los negros tenían que regresar a África. Sólo en África los afroamericanos escaparían de la dominación social, política y económica de los blancos. Sólo en África serían libres. Su defensa del llamado separatismo negro era, por ende, una consecuencia del segregacionismo legal. Contrario a lo que planteaban líderes negros como Booker T. Washington, para Garvey, la asimilación no era una alternativa real […]

El panafricanismo de Garvey promulgaba el retorno a África y el sueño de unir a todos los pueblos negros del mundo para reintegrarles a un África libre y unida.

Garvey no fue el primero en proponer el regreso a África como la solución a los problemas de los afroamericanos, ya que éste había sido un tema recurrente por más de cien años. Ya en el siglo XVIII grupos de negros libres lo plantearon como una posibilidad ante los peligros que enfrentaban en una sociedad esclavista. Garvey uso la estructura internacional de su organización y su notoriedad para popularizar y relanzar, la idea del regreso a África en un momento de gran frustración y dolor para los afroamericanos […]

En conclusión, Para Garvey, el empoderamiento –y, por ende, la liberación de los negros- estaba ligado al desarrollo de un orgullo cultural y racial, la posesión de recursos económicos, el regreso de los afroamericanos a África y la creación de una nación-estado africana unida.

Víctima de la persecución política y de sus propios errores y limitaciones, Garvey no pudo cumplir con los objetivos de su nacionalismo negro. A pesar de ello, ejerció una gran influencia en la lucha de los afroamericanos por la igualdad, la libertad y la dignidad. Garvey dio vida a un nuevo sueño para los afroamericanos, frustrados de vivir en una sociedad que no reconocía sus sacrificios y negaba su humanidad. Al devolverles la fe perdida y levantarle sus autoestima, Garvey enseñó a los afroamericanos a soñar en grande, a valorar su pasado histórico y la belleza del color de su piel. Garvey le recordó a los afroamericanos que los negros no siempre habían no habían sido esclavos, ni habían estado sometidos.

Garvey subrayó la importancia del poder –económico, político, cultural y social- como herramienta de liberación. Los afroamericanos debían entender que poseían ese poder y, por ende no tenían que esperar a que se les concediera para alcanzar la libertad individual y colectiva. Para ejercer tal poder era necesario autoconfianza, cooperación, unidad, educación y disciplina. Sólo así los afroamericanos serían capaces de enfrentar exitosamente a los enemigos de la raza negra: la segregación, el colonialismo, la explotación económica, la violencia racial, etc.

En última instancia, su máxima aportación es, sin lugar a dudas, haber tenido la osadía de cuestionar y retar el orden social, político y económico de los blancos en un contexto adverso y muy peligroso.

Conferencia dictada en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, Miraflores, Lima, 23 de febrero de 2017 (https://norbertobarreto.wordpress.com/)

¿Quien gobierna en realidad en Estados Unidos?

Darío Herchhoren

La pregunta no es en absoluto retórica. Responder a ella no es nada fácil, aunque como simplificación bastaría decir que en realidad el gobierno de los EEUU está en Wall Street. Pero la cosa no solo es más compleja, sino que es muy compleja.

Solemos escuchar desde hace muchos años, que el inquilino de la Casa Blanca (en referencia al presidente de los EEUU) es el hombre más poderoso del mundo. Es totalmente falso.

Los EEUU, han venido desarrollando una política de dominación mundial desde hace aproximadamente un siglo y medio; y ello obligó a sus sucesivos gobiernos a desarrollar una serie de políticas para implementar ese fin.

Es así como el propio gobierno norteamericano en su cosmovisión imperial y de saqueo del mundo entero, se fue muniendo de un ejército, una armada, y una fuerza aérea poderosos, que en la práctica significan un poder en si mismos, al margen de la autoridad administrativa de las instituciones constitucionales.

Junto a esos elementos de poder ha ido creciendo en forma constante, una serie de servicios de información tales como la CIA, la DIA (Agencia Central de Inteligencia y Agencia de Inteligencia de la Defensa), además de otras agencias del gobierno federal como la DEA (Agencia Antidroga).

Fue el presidente Dwhigt Eisenhower, quien acuño la expresión «complejo militar industrial», para referirse a la industria de guerra de los EEUU, que es una de las más activas del mundo, ya que provee a los ejércitos propios, a los de la OTAN en buena medida, además de a otros paises del mundo que no pertenecen a esa organización. Este complejo militar industrial es en realidad otro poder en si mismo.

A todo esto hay que añadir las instituciones de crédito como el FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco Mundial, y los diversos tratados firmados por los gobiernos de los EEUU donde se maneja dinero como el NAFTA (Unión Aduanera con Méjico y Canadá), para poder ver las dimensiones colosales que adquiere el imperio y el poder casi divino de su emperador.

En estas fechas hemos podido ver en forma nítida especialmente desde enero de este año 2017, y a raíz de la toma de posesión de Donald Trump como nuevo emperador, como el poder real en los EEUU está no solo fragmentado, sino que existen en realidad verdaderos contrapoderes que ponen en cuestión la autoridad del emperador. Estamos asistiendo nada más y nada menos, que a los estertores de ese imperio todopoderoso. La política del gobierno de Trump frente a una Rusia cada vez más poderosa, que se ha impuesto a uno de los mayores órdagos del imperio en Medio Oriente y ha derrotado en el campo de batalla al mismo y a sus lacayos, es sintomática.

La prensa imperial que es, en realidad, una serie de empresas periodísticas que sirven para manipular a la opinión pública a favor de la vieja política imperial, está llevando una campaña de desprestigio contra el emperador, y ha creado una nube tóxica que no permite ver en torno primero a la ingerencia de Rusia en las elecciones para elegir al nuevo emperador, y segundo al tratar de presentar a Trump como un «agente ruso». Parece mentira que el país más ingerido en los asuntos de otros países, acuse a otro de ingerencia en su política interior; cuando no hay prueba alguna de ello. Pero esta prensa no busca la verdad sino que intenta crear un estado de opinión contrario a Trump, para darle la estocada final, acusándolo de traición. Estos son los que califican de demócratas o  antidemócratas a los demás.

Estos acontecimientos recientes han puesto en evidencia lo que en realidad pasa dentro del imperio. Sus intereses y su poder son imposibles de abarcar por una persona o por un grupo de personas. El poder real está en manos de las grandes corporaciones, del complejo militar industrial y de las instituciones mundiales como el FMI o el Banco Mundial.

Y esto nos lleva a pensar que el poder real está en pocas manos y que, por lo tanto, solo basta con arrancar de esas pocas manos todo su poder. Lo veremos. Lo prometo.

Las sanciones económicas contra Rusia atacan los intereses monopolistas europeos

Estados Unidos ha aprobado nuevas sanciones económicas que, teóricamente, se dirigen contra Rusia, Irán y Corea del norte, aunque en realidad su radio de acción va mucho más allá y afectan a empresas europeas y, principalmente, alemanas.

Las sanciones atacan al sector de la energía y comprometen el trazado el gasoducto Nord Stream 2 que llega a Alemania procedente de Rusia a través del Mar Báltico con 55.000 millones de metros cúbicos anuales de gas.

Entre los monopolios europeos afectados están ENGIE, OMV, Shell, Uniper y Wintershall que a finales de abril firmaron acuerdos con Gazprom para financiar la mitad de la infraestructura cuyo valor asciende a 9.500 millones de euros.

Pero las sanciones afectan incluso a las que prestan servicios auxiliares, como los informáticos. El objetivo es que Estados Unidos quiere sustituir el gas ruso por el gas de esquisto de su propia producción, que es mucho más caro.

Alemania ha reaccionado de una manera más agresiva que la propia Rusia a las sanciones. En una entrevista al diario Der Spiegel el ministro de Asuntos Exteriores, Sigmar Gabriel, ha criticado la extraterritorialidad de las leyes estadounidenses.

Washington no encuentra solidaridad frente a Rusia; más bien parecen quedar aislados. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, ha afirmado que “‘EEUU primero’ no puede significar que los intereses de Europa sean lo último”, en clara alusión al “America first” de Trump.

Desde 2014 las sanciones económicas, que se iniciaron como consecuencia del golpe de Estado en Ucrania, han dado un giro de 180 grados: antes la Unión Europea secundaba las sanciones; ahora las sanciones van dirigidas contra los monopolistas europeos.

En respuesta a la expulsión de 35 diplomáticos a finales del año pasado, Rusia también ha expulsado a la mayor parte del personal diplomático estadounidense acreditado en Moscú, hasta reducirlo a 455, que es el mismo número de personal que tienen acreditado en Washington.

La CIA propone dar un golpe de Estado en Estados Unidos

Esta mañana Estados Unidos ha desayunado con la noticia de las presiones de Trump para que dimita el Ministro de Justicia Jeff Sessions. Le podía destituir pura y simplemente, pero prefiere que dimita por su propia iniciativa. El fiscal se niega a dimitir. Quiere que lo haga Trump para seguir alimentando el escándalo ante los medios de intoxicación.

Rusia sigue por medio en los mentideros de Washington. Trump nombró a Sessions que, a su vez, nombró a su adjunto Rod Rosenstein, que a su vez nombró a Robert Mueller, el antiguo director del FBI para investigar la “traición” de Trump con Rusia, el asunto más estúpido que ha conocido la historia universal desde los tiempos del primer emperador de Roma.

¿Cómo seguir manteniendo un despliegue tan aparatoso de noticias sobre algo que no existe? Mueller ha tenido la feliz idea de ampliar la “investigación” contra Trump a su época anterior de capitalista especulador.

Dado que eso está absolutamente fuera de su competencia, Trump podría destituirle de manera fulminante y con él podría llevarse por delante también a Sessions y Rosenstein. Pero no lo ha hecho, a pesar de que, además de ese, tiene otros motivos para hacerlo. No quiere seguir nutriendo las primeras planas y los titulares de las grandes cadenas. ¿Se imaginan? “Trump destituye a quienes le investigan”. Algo oscuro quiere tapar…

Tanto Sessions como Rosenstein y Mueller son cargos del gobierno de Trump y, como tales, están absolutamente sometidos a él, por lo que a nadie podría extrañar su destitución. Pero no es así, y es bueno tratar de averiguar los motivos…

Toda la trama que “investigan” Sessions, Rosenstein y Mueller, además de falsa, es un mecanismo de presión contra Trump a fin de que no ceda ante Rusia, ni cambie la política exterior de Estados Unidos al respecto, ni en Oriente Medio ni en otra región del mundo.

Dicha trama la dirige la CIA con su habitual maestría, y sería imposible sin el altavoz que le prestan cada día los medios de comunicación de manera que el vacío no se note, sino todo lo contrario: que parezca que hay mucho más de lo que ha aparecido hasta ahora, es decir, nada.

Pero la CIA es otro aparato del Estado para cuya dirección Trump nombró a Mike Pompeo, que no pinta nada: a lo largo del tiempo la CIA ha adquirido tal carta blanca que se dirige a sí misma. Entre bastidores, el hombre que mueve los hilos es el yihadista y antiguo director John Brennan. Su carácter de “ex” le permite decir lo que le da la gana porque no compromete directamente a la Agencia.

En diciembre el yihadista Brennan, cuando todavía estaba al frente de la CIA, hizo algo que nadie se ha atrevido desde los tiempos de Watergate: cuestionó la legitimidad de la elecciones en las que Trump fue elegido.

Como nadie levantó la voz, algo típico de la prensa domesticada, en una entrevista a la CNN, el yihadista Brennan (y con él la CIA) han dado un paso más para tratar de sostener a Sessions, Rosenstein y Mueller al frente de la “investigación”. Han realizado un llamamiento para que nadie obedezca las órdenes si Trump destituye a cualquiera de los miembros del trío de calaveras Sessions, Rosenstein y Mueller.

Se trata de un llamamiento al golpe de Estado, como todos esos que la CIA ha venido orquestando desde su nacimiento en 1948. La única diferencia es que ahora, como en Watergate, el golpe es en Estados Unidos.

La prensa, que de la menor estupidez organiza un escándalo, ha callado por completo las declaraciones golpistas de Brennan, o sea, de la CIA.

Los funcionarios jubilados están dejando de cobrar sus pensiones en Estados Unidos

La quiebra de Lehman Brothers fue un pequeño aperitivo. Todo el sistema financiero de Estados Unidos está al borde del abismo, especialmente los fondos de pensiones. No es un problema del futuro sino del presente.

En todo el mundo a los jubilados les espera un futuro muy negro, pero especialmente en Estados Unidos, donde sólo el 25 por ciento de los trabajadores cotizan en el sistema público; el resto lo hace en el privado, incluidos los funcionarios.

El Instituto Hoover, un centro de análisis de la Universidad de Stanford, ha lanzado la alarma. El agujero es de 3.850 millones de dólares. Grandes ciudadaes como Dallas, Filadelfia, Nueva Orleans y Chicago no tienen forma de pagar las pensiones contratadas. Algunas de ellas ya han dejado de pagar, otras sólo pagan en parte y otras han prometido que buscarán dinero para pagar.

El año pasado se acumularon deudas por valor de 434 milloones en pensiones impagadas y las típicas explicaciones absurdas vuelven a aparecer, especialmente el aumento de la esperanza de vida, dejando al margen la crisis, el papel de los fondos privados y la gestión de los mismos.

Necesitados de dinero fresco, los fondos han llevado a cabo inversiones cada vez más arriesgadas. Necesitan una rentabilidad del 7,5 por ciento pero no llegan a un tercio de ese porcentaje a causa de la caída de la bolsa y los tipos de interés.

En 2008 los fondos privados en el mundo perdieron el 18,3 por ciento de su valor, el 20 por ciento en EEUU y el 9 por ciento en España.

Los fondos privados tuvieron su etapa dorada entre 1995 y 2000, coincidiendo con las primeras amenazas de quiebra del sistema público. Los economistas engañaron a los trabajadores afirmando que para que el sistema público no se hundiera había que promocionar el privado.

Los fondos privados pasaron de gestionar 4,9 billones de euros a 11,5 billones en sólo cinco años. En España pasaron en el mismo periodo de tiempo de 13.000 a 38.000 millones de euros.

El derrumbe previsto para el año 2000 no llegó, pero el engaño sigue adelante. Periódicamente nuevos informes de “expertos” siguen con el mismo mantra, una y otra vez.

Pero el mundo vuelve a estar del revés: lo que realmente está en quiebra es el sistema privado que, al estar vinculado a la bolsa, se ha hundido como consecuencia del colapso financiero de 2008.

Estados Unidos se convirtió en un paraíso para los ‘nazis moderados’

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial la inteligencia de Estados Unidos puso en marcha la Operación Paperclip para evitar que los criminales de guerra nazis fueran capturados y ejecutados por el Ejército Rojo. Al menos 1.000 de ellos fueron recolocados como agentes del FBI y de la CIA, entonces recién creada.

A pesar de sus crímenes, vivieron y trabajaron plácidamente en Estados Unidos, protegidos por sus mentores durante décadas. Todavía en 1980 el FBI rechazó entregar a los tribunales la documentación relativa a 16 viejos nazis que trabajaron a su servicio como agentes del contraespionaje. Los servicios prestados eran más importantes que los escrúpulos éticos.

A algún lector la terminología le sonará familiar: el gran patrón de la CIA en la década de los cincuenta, Allen Dulles, justificaba la incorporación de los nazis a la CIA y al FBI diciendo que se trataba sólo de los “nazis moderados”. Si, en efecto, la cosa viene de lejos: también hubo “nazis moderados”.

En 2014 Eric Lichtblau, periodista del New York Times, escribió un artículo al respecto (1), así como el libro “The nazis next door” (2), que llevaba un subtítulo que era bastante más explícito. Se puede traducir por “Cómo América se convirtió en un paraíso para los hombres de Hitler”.

La nueva documentación que Lichtblau desvelaba aludía, entre otros, a un oficial de las SS, Otto von Bolschwing, que vivió en Nueva York hasta 1981. Durante la guerra había sido mentor de Adolf Eichmann, el carnicero que planeó la “solución final”.

Alexandras Lileikis fue otro oficial nazi que participó en el asesinato de unos 60.000 judíos antes de ponerse a trabajar para la CIA, que le consiguió la nacionalidad estadounidense. Para ello, tanto la CIA como el FBI no dudaron en ocultar información al departamento de inmigración, e incluso falsificarla.

En Nueva Jersey vivió hasta su muerte el nazi circasiano (nacido en el norte del Cáucaso) Tsherim “Tom” Soobzokov, que aparece en la foto de portada, al que en la URSS llamaban “El Hitler del norte del Cáucaso” y que en el FBI tenía el nombre clave de “Nostril”. En los documentos aparece que desde el primer momento había confesado a sus protectores su participación en la ejecución sumaria de miembros de las juventudes comunistas en el Cáucaso.

Sus crímenes no quedaron impunes gracias a que alguien se tomó la justicia por su mano. En 1985 le pusieron una bomba en su casa y falleció unos días después a causa de las graves heridas que le causó la explosión.

No fue el único caso. A otro viejo nazi, Elmars Sprogis, le pusieron otra bomba el mismo día en que murió Soobzokov. Sprogis había sido jefe de policía durante la ocupación nazi de Letonia, su país de origen.

(1) http://www.nytimes.com/2014/10/27/us/in-cold-war-us-spy-agencies-used-1000-nazis.html
(2) https://www.nytimes.com/2014/11/02/books/review/the-nazis-next-door-by-eric-lichtblau.html

Más información:
— Operación Paperclip
— Los criminales de guerra nazis cobran su jubilación en Estados Unidos

Desmantelada la red de espionaje de la CIA en China

Durante décadas la CIA fue tejiendo una importante red de informadores al más alto nivel en el gobierno de China y, sobre todo, en sus fuerzas armadas, aprovechando el fango de corrupción que envuelve el funcionamiento de aparato administrativo en el país asiático.

A partir de 2010 los miembros de la red fueron cayendo con cuentagotas, hasta que la semana pasada la operación se dio por terminada con la ejecución de al menos una docena de espías y el encarcelamiento de unos seis u ocho más, un golpe del que —como siempre— sólo conocemos la versión estadounidense, que esta vez procede del New York Times (*).

“Es uno de los mayores fracasos de la inteligencia en las últimas décadas”, reconoce el periódico, y la CIA no sabe de dónde ha llegado el golpe que les ha dejado sordos, por lo que ha abierto una investigación interna, en colaboración con la división de contraespionaje del FBI, con el nombre clave de “Honey Badger” para averiguar el origen de la filtración.

La investigación ha repasado al milímetro las biografías de los funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Pekín para averiguar si en ella había un topo del contraespionaje chino.

También revisaron la posibilidad de que China fuera capaz de descifrar las comunciaciones entre Langley y Pekín y, finalmente, que el topo de los chinos estuviera dentro de la propias filas de la CIA.

Entre 2008 y 2011 nada menos que 57 residentes en Estados Unidos fueron juzgados por enviar a China información clasificada a cambio de dinero, lo que sumaba a los casos de Aldrich Ames y Robert Hanssen, dos de los casos más sonados de infiltración de China en los aparatos de inteligencia de Estados Unidos.

Las sospechas se concentraron luego sobre un antiguo analista, especializado en China, pero las pistas no condujeron a ninguna parte. También repasaron las reuniones de los espías de la CIA con sus fuentes sobre el terreno, que no reunían todos los requisitos de seguridad, ya que solían quedar en restaurantes en los que los chinos habían puesto aparatos de escucha, e incluso los camareros eran miembros de la inteligencia china.

En fin, la CIA no sabe de dónde les ha llegado el golpe, pero el hecho es que ya no pueden disfrutar de la información privilegiada de que gozaban antes.

(*) https://www.nytimes.com/2017/05/20/world/asia/china-cia-spies-espionage.html

Rusia y China están dispuestos a trasladar la guerra a las puertas de Estados Unidos

Niki Vogt

La coyuntura actual, con sus conflictos cada vez más intensos en el Medio Oriente y la grave escalada militar en marcha en Europa –a las puertas de Rusia– y también en Asia, ahora alrededor de la República Popular Democrática de Corea, ha llevado a numerosos comentaristas a afirmar que el mundo está al borde de una Tercera Guerra Mundial. Pero los estrategas de Estados Unidos, que sigue empujando sus aliados europeos a agravar las tensiones, al parecer creyendo que todo enfrentamiento bélico se desarrollaría siempre del otro lado de los océanos que bañan las costas estadounidenses, parecen no haber mirado bien los mapas para tener en cuenta todas las posibilidades.

La Federación Rusa realizó del 5 al 10 de septiembre “Cáucaso 2016”, uno de los mayores ejercicios militares defensivos de la historia, con la participación de 120.000 soldados y oficiales. La agencia de noticias Tass informó de que “Cáucaso 2016” se desarrolló en áreas adyacentes a la península de Crimea. Según el jefe del estado mayor general ruso, general Valery Guerasimov, nunca participaron más de 12.500 personas a la vez.

La envergadura misma de ese ejercicio y la región seleccionada para realizarlo pueden ser interpretadas como una clara advertencia a Occidente para que no trate de utilizar la llamada “anexión de Crimea” ni ponga a prueba la paciencia de Rusia en la región de Donbass. Al mismo tiempo se dio a conocer el proyecto de creación –de aquí a 2018– de una línea de defensa costera en el extremo oriental de Rusia.

Una semana antes del inicio de “Cáucaso 2016”, el ministro ruso de Defensa, general Serguei Choigu, había anunciado la creación, con gran despliegue de recursos materiales y humanos, de una unidad especial en la región de Chukotka. La decisión fue tomada en 2015 y es “parte de un plan de instalación de un sistema unificado de defensa desde la costa ártica, en el norte, hasta el territorio de Premorja, en el sur”. El objetivo es garantizar la seguridad de las Islas Kuriles y en el Mar de Bering así como la protección de las rutas marítimas del Pacífico y fortalecer las capacidades combativas de la marina nuclear rusa. Las nuevas divisiones deben garantizar la defensa de las regiones, escasamente pobladas, de la costa oriental de la Federación Rusa.

A sólo 90 kilómetros de Alaska

Rusia no disponía hasta entonces de ninguna división consagrada a la defensa costera. Las fronteras occidentales de Rusia se hallan en el continente europeo y, por el lado del este –desierto– no había necesidad de defender las costas que se hallan frente al territorio de Alaska, también prácticamente desierto. No existe información sobre las características que tendría una defensa costera oriental [rusa], ni sobre su despliegue o el armamento previsto para ella.

Hasta ahora –como en tiempos de la Unión Soviética– había fuerzas navales que protegían las costas rusas con su presencia en el Mar Báltico, el Océano Ártico, el Mar Negro y el Pacífico. Entonces, ¿por qué crear divisiones terrestres a lo largo de las costas?

Entre el punto más avanzado del noreste de Rusia y el territorio de Estados Unidos no hay más que el Estrecho de Bering. Y, en su punto más estrecho, las dos superpotencias están a no más de 90 kilómetros. Alaska está a un paso. Pero ¿qué hay en Alaska, además de renos, lobos, osos y unos cuantos poblados?

En Alaska hay bases militares estadounidenses que están muy lejos de carecer de importancia, como la base aérea de Elmendorf, en Anchorage. Allí están desplegados los más recientes aviones de guerra estadounidenses F-22 Raptor, listos a despegar para interceptar los bombarderos estratégicos rusos.

Pero también están allí el NORAD a cargo de la región de Alaska, el Mando del 11º Ejército Aéreo de Estados Unidos y Fort Richardson, con la 4ª Brigada de Paracaidistas (Combat Team) de la 25ª división de infantería. Las divisiones podrían disponer de diferentes tipos de misiles. El analista militar Sergei Ischenko señala que si Rusia instalara a lo largo de su costa oriental varias rampas móviles de lanzamiento del sistema de misiles balísticos de corto alcance Iskander, los F-22 Raptor de Estados Unidos apenas tendrían tiempo de despegar.

A raíz del incidente del USS Donald Cook y de otras demostraciones de las fuerzas armadas rusas, estas últimas podrían paralizar totalmente los dispositivos electrónicos militares de Estados Unidos –y Alaska no sería la excepción– dejando sordos y ciegos todos sus puestos de observación y alerta. “Como en los tiempos de la guerra fría, las tropas de las bases de Elmendorf y de Fort Richardson se irían cada noche a la cama con un mal presentimiento”, resume el analista Ischenko.

Rusia impone a Estados Unidos lo que ella misma ha venido sufriendo

Rusia aplica ahora exactamente lo que ella misma ha tenido que soportar durante los últimos años: bases militares y tropas de la potencia adversaria aparecen cerca de las fronteras de Estados Unidos. Pero, no sólo habrá divisiones de defensa costera en la región de Chukotka y en las costas del sur, antes de llegar a China. La fuerza aérea rusa ha construido 10 bases aéreas en el Ártico. Spetsstroy, el sistema ruso a cargo de las construcciones especiales, está desarrollando las instalaciones de infraestructura de esas bases aéreas en el Gran Norte, el Extremo Oriente y en Siberia para acoger a 20.000 militares con sus familias, así como empleados civiles del ministerio de Defensa.

The National Interest señala que los aviones de combate de esas 10 bases aéreas rusas están equipados con el temible Vympel R-37, un misil aire-aire de muy largo alcance capaz de derribar de manera selectiva los aviones estadounidenses AWACS y C4-ISTAR. Estos misiles aire-aire pueden recorrer distancias tan grandes que los aviones que los lanzan son inaccesibles para los aviones de combate estadounidenses que sirven de escolta a los AWACS y los C4-ISTAR.

Los aviones de combate rusos pueden además derribar con gran precisión los aviones estadounidenses de reabastecimiento en vuelo y la explosión de la carga de combustible altamente inflamable que transportan esas aeronaves es de tal intensidad que no deja a las tripulaciones absolutamente ninguna posibilidad de sobrevivir aunque utilicen sus asientos eyectables. El impacto transforma instantáneamente el avión de reabastecimiento repleto de combustible en una bola de fuego.

Están además los misiles aire-aire Nivator KS-17, que ya reciben entre los estadounidenses el sobrenombre de “AWACS killers” y que garantizan con toda precisión la aniquilación del blanco a una distancia de 400 kilómetros. Son los misiles aire-aire más pesados y más destructivos que se hayan construido nunca. La fuerza aérea de la India ya dispone de esa arma, que equipa sus Su-30MKI adquiridos en Rusia.

1.500 soldados de élite rusos en Bolivia

El 6 de septiembre de 2016 la agencia Tass reportaba el envío de 1.500 Spetsnaz (fuerzas especiales rusas) a Bolivia, en el marco de un acuerdo de cooperación militar de inmediata aplicación entre la Federación Rusa y Bolivia. Pero se trata a la vez de una avanzada –cuyo número no se limitará probablemente a 1.500 hombres– que se acerca a las fronteras de Estados Unidos.

La prontitud de Bolivia en cooperar con Rusia se inscribe en un contexto de temor a convertirse en la próxima Venezuela o el próximo Brasil, donde Estados Unidos provocaría desórdenes y derrocamientos de políticos.

En Brasil, Washington parece estar detrás de la destitución de la presidenta Dilma Roussef, cuyo sucesor a la cabeza del Estado, Michel Temer, fue durante muchos años, según informaciones reveladas por WikiLeaks, informante de los servicios de inteligencia estadounidenses contra su propio país. El artículo indica además que Temer recurrirá a Goldman Sachs y al FMI para administrar y dirigir la economía brasileña.

Durante el derrocamiento de Dilma Roussef, Temer tuvo el respaldo del senador Aloysio Nunes, quien maniobró a favor de la destitución de la presidenta. Después de lograr la destitución de Roussef, Nunes se fue tres días a Estados Unidos para reunirse allí con representantes del gobierno estadounidense, con miembros del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y del Albright Stonebridge Group –encabezado por Madeleine Albright– y con el ex embajador de Estados Unidos en Brasil, Thomas Shannon. WikiLeaks recuerda también que la actual embajadora de Estados Unidos en Brasil, Liliana Ayalde, estuvo implicada anteriormente en el derrocamiento del gobierno en Paraguay.

Avión espía de Estados Unidos en el Mar Negro

Rusia justifica la aceleración de sus esfuerzos en el sector militar –que evidentemente apuntan a Estados Unidos– recordando que en la región del Mar Negro un avión espía P8 Poseidon de Estados Unidos, trató de penetrar recientemente en el espacio aéreo ruso con su transpondedor apagado. El avión estadounidense fue interceptado entonces por un Su-27 ruso.

El Pentágono se quejó después de que el avión de combate ruso había realizado maniobras peligrosas y afirmó que se había aproximado hasta una distancia de 10 pies del avión estadounidense. Pero el intento de penetración en el espacio aéreo ruso contradice todas las reglas internacionales, y esta fue sólo una más de las agresiones estadounidenses deliberadamente perpetradas el 1º de agosto de 2016, cuando Estados Unidos hizo volar a lo largo de la frontera norte de Rusia varios bombarderos estratégicos capaces de transportar armamento nuclear.

China ya ha mostrado abiertamente que está dispuesta a oponerse a las actividades de Estados Unidos en la región, y el armamento que ha desarrollado la propia China. Hay un nuevo panorama de la situación internacional. Con su misil PL-15, China ha dejado perplejos a los responsables militares de Estados Unidos. El AIM-120 AMRAAM [Misil Aire-Aire Avanzado de Alcance Medio] que equipa actualmente los aviones de combate estadounidenses no soporta la comparación con el PL-15 chino. “¿Qué podemos hacer ante esa amenaza?”, se preguntó el general Herbert Carlisle, comandante del Air Combat Command, para exigir seguidamente: “El PL-15 y el alcance de ese misil… simplemente tenemos que ser capaces de sobrepasarlos”.

China ha desarrollado también el Chengdu J-20, un avión de combate furtivo, eficaz y ultramoderno. Aunque los chinos mantienen en secreto numerosos datos, los militares estadounidenses dan por sentado que se trata de un avión optimizado capaz de alcanzar grandes velocidades y de muy largo alcance. Al armar ese avión de combate con el misil PL-15, China podrá destruir los aviones de reabastecimiento en vuelo de Estados Unidos, y también sus barcos de guerra.

Las operaciones aéreas de los aviones de combate estadounidenses F-22 sobre los mares exigen la participación de 3 ó 4 aviones de reabastecimiento en vuelo que, según un RAND-Briefing, deben despegar cada hora para reabastecer en vuelo los aviones de combate con 2,6 millones de galones de combustible. Por supuesto, eso también se sabe en Pekín. Así que los aviones chinos Chengdu J-20 no tienen más que utilizar –a prudencial distancia– sus misiles PL-25 contra los pesados y poco maniobrables aviones de reabastecimiento en vuelo para derribarlos fácilmente y paralizar así la US Air Force en las aguas extraterritoriales a lo largo de las costas chinas y de las costas orientales de Rusia.

Teniendo en cuenta que Rusia agregaría a todo lo anterior su propia capacidad para neutralizar el complejísimo sistema electrónico AEGIS de las fuerzas armadas estadounidenses, el hecho es que Estados Unidos no puede darse el lujo de probar fuerza frente a China y Rusia en esa parte del mundo.

Los bombarderos estadounidenses no podrían penetrar profundamente en los territorios de China y Rusia para destruir las grandes ciudades y los centros importantes con bombardeos aéreos. Pero tampoco serían capaces de realizar acciones combativas en las zonas costeras de China o Rusia. Estados Unidos está perdiendo su predominio aéreo en el Mar de China Meridional, región de gran importancia –debido a sus vías comerciales mundiales– y también está perdiendo su influencia sobre los Estados con costas en esas aguas, que hoy ven al antiguo campeón absoluto en posición de desventaja.

En cambio, Rusia y China sí tienen buenas posibilidades de enfrentar a Estados Unidos a lo largo de la costa occidental estadounidense, e incluso en suelo estadounidense, con durísimos ataques aéreos. Sin sus sistemas de alerta electrónica, ya que Rusia puede desactivarlos, las posibilidades de la defensa antiaérea de Estados Unidos serían muy reducidas. En materia de combate aéreo, los misiles aire-aire de largo alcance rusos y chinos son superiores a los de Estados Unidos.

Así que los estadounidenses tendrán que ir acostumbrándose a la idea de tener que sufrir la guerra en su propio suelo. Toda la costa occidental de Estados Unidos, hasta muy lejos en la profundidad del territorio estadounidense, se vería afectada. Y si a Estados Unidos se le ocurriese recurrir al arma nuclear, la respuesta sería como mínimo una bomba atómica sobre una gran ciudad estadounidense de la costa occidental.

Rusia y China quieren que Estados Unidos lo tenga muy claro y que ambos países están decididos, si fuese necesario, a recurrir a sus nuevas posibilidades. Pero el pueblo estadounidense no está sicológicamente preparado para ese catastrófico escenario y se produciría una explosión de pánico que desataría una verdadera tormenta contra el gobierno. Estados Unidos no sería capaz de enfrentar una guerra así por más de dos semanas.

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