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Soñadores: podreis disfrutar de unos papeles estadounidenses precarios

Nos engañaron. Nos contaron las cosas al revés. El futuro de eso que algunos calificaron como “globalización” hace 20 años es todo lo contrario de sus previsiones. El capitalismo en crisis levanta muros por todas partes, ofrece trabajo precario a “los de dentro” y papeles igualmente precarios a “los de fuera”.

Parece que hemos retrocedido 200 años en la historia. Es un absurdo propio del feudalismo que un obrero necesite permisos y papeles para poder trabajar, aunque en realidad es la esencia misma de un capitalismo en su etapa moribunda.

Ya no hay diferencia entre un activo y un parado. Es la esencia de la precariedad: todos estamos a medio camino entre una cosa y la otra. Tampoco hay tanta diferencia entre un autóctono y un emigrante. Los papeles te los dan por un tiempo; luego te los quitan. Tienes un pie aquí y otro allá.

Ocurre lo contrario que con los títulos nobiliarios: si eres marqués, el título es para siempre y pasa a tus herederos durante siglos.

Con la clase obrera ocurre todo lo contrario. Los obreros ya no saben ni de dónde son porque aunque hayan nacido aquí, si sus padres son “moros”, él siempre será “moro”, aunque le concedan la nacionalidad. En Francia el mismo que te da la nacionalidad, te la puede quitar, por ejemplo, porque eres yihadista, o porque visitas páginas web yihadistas, o tienes amigos yihadistas…

Hoy la condición de obrero es como la del conductor que, además de permiso necesita tener “puntos”. Hay que ganárselo. Por eso un día trabajas y otro no. Un día te dan permiso de residencia y otro no. Eres español pero luego te quitan los papeles. Vives aquí pero te puede pillar la policía y te deporta a Camerún si tus papeles no están en regla, o han caducado, o no los renovaste…

En setiembre el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, anunció que el gobierno pondría fin a lo que allá califican como DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), un programa de los tiempos de Obama para evitar la deportación a millones de esos que allá califican como “soñadores”: trabajadores indocumentados, o mal documentados, por más que hayan vivido y trabajado siempre, desde niños, en Estados Unidos.

El miércoles, antes de salir para Davos, Trump afirmó que estaba dispuesto a conceder unos papeles y permisos precarios a los obreros emigrantes indocumentados.

Vivimos tiempos de precariedad; todo es temporal, cambiante. Los papeles los concederían sólo por un plazo de entre 10 y 12 años. Luego volveríamos otra a ser salvadoreños, hondureños, colombianos o brasileños. Incluso nos quitarían nuestra vivienda en San Diego para conducirnos hasta Tijuana.

Hay una condición importante: los papeles te los conceden siempre que no tengas antecedentes penales, lo que en Estados Unidos es una proeza. Casi todo el mundo los tiene, 70 millones de personas, porque allá no se cancelan nunca.

Además, están investigando a los emigrantes que consiguieron sus papeles con triquiñuelas y malas artes, que son la inmensa mayoría, para privarles de ellos y devolverlos a sus países de origen.

Ítem plus: en un país capitalista todo tiene su precio y valor de cambio. A cambio Trump quiere que el Congreso apruebe 30.000 millones de dólares en seguridad fronteriza, incluidos 25.000 millones para construir su muro de 1.290 kilómetros en la frontera de México.

Las conducciones públicas de agua potable en Estados Unidos tienen componentes radioactivos

Las conducciones públicas de agua potable en Estados Unidos tienen componentes radioactivos, lo que aumenta el riesgo cancerígeno para más de 170 millones de consumidores.

Es el resultado de una investigación de la organización Environmental Working Group (EWG) realizado entre 2010 y 2015. Los niveles de radiación en el agua de grifo pueden ser una amenaza para la salud, sobre todo en el caso de mujeres embarazadas.

La investigación afirma que, durante 2010 y 2015, unos 22.000 servicios públicos de los 50 estados que conforman el país y atienden a al menos 170 millones de personas, tienen presencia de radio en el agua del grifo.

En 158 sistemas públicos de abastecimiento que llevan el agua a 276.000 personas ubicadas en 27 estados, las cantidades de sustancias químicas sobrepasan las normas fijadas por la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), el regulador federal.

La organización culpó a Kathleen Hartnett White, principal candidata a asesora de la Casa Blanca en política ambiental, de manipular la información sobre la cantidad de ciudadanos que están en riesgo de desarrollar cáncer debido a las sustancias radiactivas en el agua.

Según EWG, la candidata minimizó premeditadamente los datos relacionados con el nivel de radiación en el agua de grifo enviados a la EPA entre 2003 y 2007, cuando era miembro de la Comisión de Calidad Ambiental de Texas.

Hartnett se justificó argumentando que las normas de la EPA son muy estrictos y cumplir con ellos requiere millones de dólares.

Una vez conocido los resultados, EWG pidió que sea rechazada la candidatura de Hartnett y solicitó que haya un cambio de la norma federal para los niveles de radiación, que fueron fijados en 1976, pues consideran que están obsoletos.

https://www.telesurtv.net/news/EE.UU.-Agua-de-grifo-es-radiactiva-y-potencialmente-cancerigena-20180115-0029.html

La recepción de la noticia de la Revolución de Octubre en Estados Unidos

Juan E. Duque

Los obreros, campesinos y soldados rusos, representados en los Sóviets —o Consejos Populares— organismos democráticos, muestra de la capacidad organizativa del pueblo en su lucha contra el despotismo, conquistaron el poder político el 7 de noviembre de 1917. John Reed, periodista estadounidense, poeta y ardiente revolucionario, partícipe y testigo ocular de este gran acontecimiento conocido como la Revolución Bolchevique, quien dos años después la narrara detalladamente en su famoso libro Diez días que estremecieron al mundo, fue el primero en dar a conocer este hecho al pueblo de Estados Unidos; desde Petrogrado, envió la noticia por cable al New York Call, diario socialista que la publicó el 22 de noviembre del mismo año.

Incluía el despacho una página de eventos acaecidos en días anteriores al 7 de noviembre y afirmaba: “Los Consejos de las bases populares, de obreros, soldados y campesinos tienen el control; Lenin y Trostky sus líderes. Su programa: dar la tierra al campesino, socializar los recursos naturales y la industria, y llamar a una conferencia pro armisticio y paz democrática”.

Ocurre esta revolución cuando el mundo se encontraba sumergido en el caos y el horror de la primera guerra mundial, contienda de encarnizadas batallas y estremecedora destrucción, entre países imperialistas que se despedazaban por el reparto del mundo. Alemania, los imperios austrohúngaro y turco-otomano combatían a los llamados aliados, Gran Bretaña, Estados Unidos, la Rusia zarista, Italia y Japón. Al otro lado del Atlántico, bajo el gobierno de Woodrow Wilson, Estados Unidos, enfrentado interiormente a la militancia de sus clases trabajadoras que luchaban por mejores condiciones laborales y económicas, perseguía y encarcelaba sindicalistas, pacifistas, y líderes de derechos civiles; deportaba inmigrantes y coartaba toda manifestación democrática. En este contexto Estados Unidos recibía la noticia de la revolución bolchevique.

Philip S. Foner, prominente historiador marxista, en su compilación y estudio de diversos documentos publicados en Estados Unidos durante los años de 1917 y 1921, atestigua la bienvenida que a la Revolución Bolchevique daban amplios sectores desafiando las redadas de Palmer, la histeria anti roja, y en general, la política anti rusa y anti obrera del gobierno.

Foner incluye en su recopilación valiosos documentos —resoluciones, comentarios, demostraciones, comunicados procedentes de sindicatos y partidos políticos, de iglesias y de organizaciones, de periódicos y de prominentes políticos y personalidades, incluyendo afrodescendientes, judíos y otras nacionalidades— que evidencian, bajo diferentes perspectivas, una entusiasta acogida a la Revolución Bolchevique; pero no sólo en palabras, a su vez, demuestran que estos sectores exigían al gobierno de Estados Unidos tomar medidas cruciales, tales como, suspender el bloqueo económico a que sometió la nación rusa, suspender su apoyo militar y financiero a la Guardia Blanca que atacaba al Ejército Rojo, y detener en el Oriente la invasión a Siberia; los documentos señalan, asimismo, las mentiras, calumnias e increíbles historias de horror, con que los capitalistas y su prensa trataban de desprestigiar la revolución y sus dirigentes, pues ellos vieron en el poder de los sóviets una tétrica pesadilla: ¡sus próximos sepultureros! Consternados, los gobiernos de los países beligerantes, amigos y enemigos, se unieron en coro para difamar y desconocer la democracia popular recién instaurada en Rusia y, sobre todo, para tratar de asfixiarla sumergiéndola en ataques económicos, militares y mediáticos. Puede observarse, haciendo aquí un paréntesis, que estas mismas maniobras, apuntadas contra Rusia por los imperialistas hace cien años, las apuntan hoy día contra las revoluciones democráticas en Venezuela, Cuba y otras naciones.

Entre los primeros que manifestaron su apoyo a la revolución, figuran en los documentos Los amigos de la Revolución rusa, organización que, a los pocos días de conocida la noticia, convocó un mitin con el propósito de instar al Congreso a establecer relaciones amistosas con el nuevo poder democrático y adoptar su demanda por una paz inmediata, libre de anexiones e indemnizaciones. En otra manifestación, “Paz, paz, queremos la paz”, clamaban 3.000 personas reunidas en el casino New Star en la avenida Park y la calle 107, en Nueva York, el 5 de diciembre, cuando el economista y activista político, doctor Issac Hourwich, ante la multitud, llamaba a la paz y exponía en su discurso las mentiras que diseminaba la prensa sobre la Revolución rusa. No por casualidad, el mismo grito resuena hoy día en Venezuela: ¡Queremos la paz, exclaman al unísono y repetidamente el gobierno y el pueblo venezolanos! Varios meses después, en 1918, el Chicago Daily News, periódico popular, no de izquierda, aunque cuestionaba el liderazgo bolchevique, abrazaba en un editorial el carácter de los sóviets: “Pero es absolutamente necesario para nosotros creer en los sóviets… de cada villa rusa vemos delegaciones asistiendo al sóviet provincial y de éste vemos delegados asistiendo al Congreso de Sóviets de toda Rusia, el sóviet se ha convertido en el sistema nervioso de comunicación y en el cerebro que decide en Rusia”. Hoy en día, cien años después, vemos en la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela una réplica del espíritu democrático de los Sóviets. Así como los bolcheviques lideraron transfiriendo el poder a los Sóviets, así mismo el gobierno de Venezuela se fundamenta en el poder del pueblo, en el poder de los más amplios sectores sociales venezolanos, aglutinados en la Asamblea Nacional Constituyente.

En particular, los partidos de izquierda estadounidenses, a pesar de sus discrepancias, sobre todo entre los que proponían adoptar a los sóviets en Estados Unidos y los que afirmaban que éstos no encajaban en las condiciones de esta nación, espontáneamente se unieron en bloque olvidando las diferencias, aunque sólo temporalmente, y reconocieron la organización más democrática que surgía de la ardua lucha por establecer un nuevo orden social: los Sóviets o Consejos Populares.

http://semanariovoz.com/la-noticia-la-revolucion-bolchevique-usa/

La CIA sigue torturando a los presos de Guantánamo 15 años después de su apertura

La tortura persiste en el presidio de Guantánamo, denunció el miércoles, Nils Melzer, relator especial sobre torturas de la ONU. Dijo que había encontrado pruebas de que Ammar al-Baluchi continúa siendo torturado por la CIA en Guantánamo.

La denuncia se produce casi una década después de que Estados Unidos asegurara que había prohibido las llamadas “técnicas de interrogatorio mejoradas”, un eufemismo para referirse a la tortura que fue aprobada por Bush.

Melzer afirmó que Estados Unidos está “en clara violación” del derecho internacional por “no procesar el delito de tortura bajo custodia de la CIA” y agregó que Estados Unidos envió “un mensaje peligroso de complacencia e impunidad a sus sicarios.

El Pentágono ha desmentido las afirmaciones de Melzer de que la práctica de la tortura continua en Guantánamo., pero un informe de 2014 del Comité de Inteligencia del Senado reconoció el uso de la tortura por parte de los Estados Unidos, contra los detenidos en la “guerra antiterrorista”.

Estados Unidos abrió el campo de concentración de Guantánamo en 2002 para albergar a los detenidos, junto con otro tipo de centros similares por todos el mundo, encerrados de manera secreta y sin juicio previo.

Desde su apertura, Guantánamo, también conocida como Gitmo, ha albergado a casi 800 detenidos torturados y en situación ilegal.

Obama admitió que la CIA había “torturado a personas” desde 2001. Antes de llegar a la presidencia, prometió cerrar el campo, pero al final no cumplió.

Hay 41 hombres retenidos en Guantánamo; 26 nunca han sido acusados de un delito, y cinco continúan detenidos a pesar de haber recibido autorización para ser liberados, según un informe de marzo de 2017 de la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos.

Rusia está mejor valorada que Estados Unidos en Oriente Medio

Según un estudio realizado por Pew Research Center, un 35 por ciento de los encuestados en Jordania, Túnez, Líbano, Israel y Turquía tenía una opinión positiva sobre Rusia y solo el 27 por ciento se decantaba por Estados Unidos.

El centro de investigación, con sede en Estados Unidos, encuestó a 6.204 personas en la primavera de 2017, cuyos datos publicó ayer la cadena estadounidense CNBC.

Rusia es, generalmente, impopular en la mayoría de los países de la región, pero aun así lleva una ventaja significativa a Estados Unidos en cuanto aprobación, conforme indica el estudio.

En general, el papel que llevan a cabo varias potencias influyentes en el Oriente Medio no es del agrado de la población local, dicen los autores del sondeo.

El 64 por ciento de los encuestados nombraron a Rusia como al país que más creció en importancia regional, posiblemente por su defensa de Siria. Turquía iba en segundo lugar con el 63 por ciento y Estados Unidos, en tercero, con el 62 por ciento.

Durante décadas, Estados Unidos fue la potencia hegemónica en Oriente Medio, pero en los últimos años, ese papel ha cambiado y su poder está declinando.

El 53 por ciento valora que la influencia regional de Irán ha crecido en comparación con hace diez años, mientras que menos de la mitad dice lo mismo de los regímenes de Israel y Arabia saudí, cuyos ejércitos llevan una campaña de represión contra los palestinos y los yemeníes, respectivamente.

En Israel solo el 48 por ciento considera que Estados Unidos cuenta con la mayor influencia en la zona, y el 52 por ciento restante estima que el papel de Washington ahora es menos importante o no ha variado en comparación con hace 10 años.

Dado que los israelíes, en gran parte, consideran que últimamente la Casa Blanca influye muy poco en los avatares regionales, resulta extraño que hace unos días Trump decidiera reconocer Al-Quds (Jerusalén) como la capital del régimen israelí.

http://www.hispantv.com/noticias/oriente-medio/362354/sondeo-pew-research-center-rusia-eeuu-oriente-medio

Estados Unidos: un país en plena fase de descomposición

Trump no ha hecho ni un ápice para aminorar los crímenes de odio que conmueven a la sociedad norteamericana, llevando a cabo una política en la que se mezclan los prejuicios por raza, religión, etnicidad, origen nacional, orientación sexual, género, identidad de género, discapacidad u otros estatus.

Hoy presume que está elervando el desarrollo del país y está generando empleos, gracias a una disparada producción y ventas armamentísticas, único camino para una significativa parte de la población que depende de ello para su sustento.

El patrioterismo que le ha llevado a enviar más hombres a Afganstán y mantener acosada militarmente a la República Popular Democrática de Corea en el exterior, tiene similares ejemplos de deshumanización en lo interno, al elevar a medio millón el número de mexicanos expulsados en los últimos tiempos, mantener la construcción del muro divisorio con México y eliminar ayuda de subsistencia a 160.000 haitianos y 5.000 nicaragüenses en lo interno, bajo el pretexto esto último de ahorrar dinero al país, cuando es solo una bicoca entre los enormes gastos militares.

Al mantenimiento del controvertido y nada claro derecho de cada norteamericano de poseer un arma, se conoce que en el estado de Georgia puede ser multado quien no la posea, a la vez que se dispara el número de drogadictos y solo son detenidos presuntos jefes y otros elementos latinoamericanos, sin que aparezca el nombre de un solo norteamericano implicado en el deleznable tráfico.

A las carnicerías de inocentes civiles que disfrutaban en fiestas al aire libre y discotecas, se suman la continuación de los ataques a feligreses dentro de las iglesias, los tiroteos en las escuelas, o sea, algo que ha estado ocurriendo todos estos años, cuya regularidad ofende a la sensibilidad humana.

Para Trump son enfermos mentales aquellos que asesinan con las armas vendidas bajo la protección de la Asociación Nacional del Rifle, los supremacistas blancos que asesinan a diestra y siniestra a ciudadanos negros, como hicieron en Charlottesville, Virginia.

En cuanto a la situación actual de los crímenes de odio en Estados Unidos, desde el inicio de la campaña de Donald Trump hasta un año después de asumir el poder, los delitos de este tipo se han incrementado en un 600 por ciento.

Existen en la actualidad más de 900 grupos u organizaciones vinculadas a supremacista blancos y proclives a cometer crímenes de odio, que, según la tendencia actual, hace de que sean objeto de nuevos comentarios, mientras personas como Donald Trump los estimulen.

http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/70733-eeuu-exclusion-y-opresion-van-de-la-mano

Estados Unidos es la mayor cárcel que ha conocido la historia

Con 2,2 millones de personas presas, Estados Unidos es el primer país en población carcelaria. Y gran parte de este número es población negra y latina. Desde las calles del país, decenas de organizaciones denuncian la discriminación existente en el sistema legal y penal estadounidense. Hablamos con Juan Cartagena, presidente de Latino Justice y una de las principales voces en la lucha contra el racismo institucional.

Estados Unidos es el país con mayor proporción de población penitenciaria, y de esta, una gran mayoría es latinoamericana y latina. ¿Hasta qué punto el sistema penal estadounidense está dirigido contra la población no blanca?

Vamos a empezar por el hecho de que este país tiene una actitud de castigar de forma muy severa a personas que han cometido errores que van contra las leyes penales. Es una actitud de castigo que sirve, no solamente para encarcelar personas, sino también para castigar mucho después de que salgan de prisión. Por una parte, a estas personas se les hace casi imposible encontrar trabajo, buscar vivienda pública y, en 48 de los 50 Estados, se les quita un derecho tan básico para la ciudadanía americana como es el derecho al voto. En 11 de estos Estados, se les quita el derecho a voto para siempre. En los otros hay diferentes maneras para restaurar este derecho después de un cierto tiempo.

En los dos Estados que permiten el voto a los presos, este se hace desde sus celdas, igual que en Puerto Rico, Canadá y Sudáfrica. Es solo un ejemplo de cómo este país en su totalidad sigue una actitud bastante severa en cuanto a castigar a personas que hayan cometido cualquier delito, muchas veces delitos no violentos, como posesión de drogas. En muchas ocasiones se castiga, incluso a personas que no tienen antecedentes, con sentencias de 10, 15 ó más de 20 años. En Estados Unidos tenemos, no solo la proporción de personas encarceladas más alta del mundo, sino también la cantidad total: 2,2 millones de personas están encarceladas hoy en día.

Estados Unidos es un país referente en cuanto a la privatización de las cárceles. Esta industria penitenciaria influirá en que la población de las cárceles sea tan alta.

Definitivamente, la cárcel es un negocio en diferentes maneras. En primer lugar existen corporaciones que tienen contratos con el Gobierno federal en particular. Esto afecta especialmente a la comunidad latina ya que la tasa de camas que existe en el sistema penitenciario privado es mucho más alta en los centros de detención de migrantes. Desde ese punto de vista, la inversiones del sector privado ha sido bastante alta. Con la administración del presidente Obama hubo un cambio. El gobierno federal estuvo a punto de terminar todos los contratos con el sector privado, pero cuando llegó Trump eso cambió drásticamente.

Me acuerdo, el anuncio se hizo en agosto de 2016. Entonces, ¿no se cumplíó esta promesa? ¿Las cárceles federales siguen siendo privadas?

Sí. Todo empezó por unos estudios que mostraban que la frecuencia de abuso a reos era mucho más alta en prisiones privadas que en las gestionadas por el gobierno. El Gobierno federal tuvo que pagar mucho dinero en indemnizaciones por los litigios que surgieron por violaciones de derechos a presos, por lo tanto, la Administración de Obama decidió terminar con estos contratos, pero con Trump se revocó esta decisión. Por otro lado, volviendo al tema de la industria penitenciaria y la alta población carcelaria, también la economía local de diferentes Estados muchas veces depende del hecho de contar con una prisión, sea de gestión pública o privada.

La prisión provee trabajo para las personas que trabajan en ellas, pero también para las industrias que se benefician de los las personas que visitan a familiares o amigos presos: restaurantes de comida rápida, hoteles, moteles, cadenas de autobuses… Existen pequeñas economías en sectores locales en los que el único negocio tal vez sea la prisión. Peor aún, el Gobierno federal, a la hora de determinar la población en el censo que vive en los distritos legislativos estatales para balancear la población para cada representante, cuenta también con las personas encarceladas como si fueran residentes del territorio donde está ubicada la cárcel, que suele estar a cinco o seis horas de los centros urbanos.

Volvamos ahora a la discriminación o criminalización de la población afroamericana y latina en el sistema penal. ¿Cuál es su punto de inicio?

Todo empieza precisamente con el perfil racial, es decir, el hecho de que la policía, ya sea estatal, federal o local, determina selectivamente cómo va a aplicar la ley penal, y muchas veces lo hacen basándose en estereotipos. Piensan que la cantidad de criminalidad en un vecindario tiene mucho que ver con la raza de las personas que viven en ese vecindario y tal vez con el hecho de que sean migrantes. Ese estereotipo ha sido probado muchas veces en las Cortes, incluso en litigios que hemos impulsado desde mi oficina. Es un prejuicio que no tiene sentido. Las personas cometen delitos sin importar su raza. El mejor ejemplo es el consumo de drogas. Se ha comprobado un sin número de veces que se da en igual proporción en cada raza y etnia en este país. Personas blancas americanas consumen, venden y compran drogas a sus vecinos blancos en proporciones iguales o incluso mayores que afroamericanos o latinos. Pero la aplicación de las leyes antidrogas se hace de manera totalmente selectiva.

Lo que se ve en las Cortes y en las cárceles es una gran mayoría de personas negras y latinoamericanas, la mayoría de veces por posesión de drogas. Segundo, también el sistema tiene mucho que ver con el poder económico, con tener dinero para pagar la fianza. Muchas personas están encarceladas porque no tienen dinero para pagar su libertad hasta que llegue la fecha de juicio. Las personas que se declaran culpables de delitos menores, que no tienen que ser por los que fueron acusados inicialmente, muchas veces lo hacen solo para salir libres de la cárcel antes, y no tienen acceso al dinero para pagar la fianza.

También hemos visto que mostrar mano dura contra el crimen es una ventaja en el terreno político. Hay muchos candidatos que prefieren encarcelar sin preocuparse de lo que las acciones que se dan las prisiones para rehabilitar a los presos. Lo hacen a propósito porque la mano dura siempre atrae votos. En las elecciones que tuvimos esta semana [la entrevista se realizó el 10 de noviembre] en New Jersey, Pensilvania y Virginia, los candidatos republicanos hicieron todo lo posible para pintar con una criminalidad excesiva a las comunidades migrantes de latinos: los relacionan con la mara Salvatrucha 13, utilizan imágenes de latinos indocumentados a las que a veces les pasan un filtro para oscurecer su piel diciendo que estas personas van a traer violencia… El campo político está bien controlado por mensajes y propaganda que mueven estos estereotipos de criminalidad latina.

Y esto también ha ido a peor con Trump.

Exacto, especialmente ha ido a peor con Trump. Trump cuando era candidato ya dijo que los latinoamericanos eran violadores y asesinos. Cuando vino a Nueva York [en julio] para expresar su mano dura contra las maras y dijo claramente a la policía que la próxima vez que detuvieran a personas de este perfil no se apuraran si golpeaban sus cabezas contra el techo de la patrulla, que no se preocuparan de tratarlos de manera justa. Lo dijo así, promoviendo el abuso policial.

Justo con el tema de la violencia policial, desde muchos colectivos estadounidenses se lleva mucho tiempo denunciando abusos, especialmente contra población negra y latina. ¿Alguna respuesta?

Si, pero muchas veces la respuesta viene de nosotros, de los abogados de derechos civiles y constitucionales que no estamos afiliados al Gobierno y tenemos la capacidad de impulsar demandas.

Ahora mismo tenemos litigios pendientes en las Cortes federales por perfil racial en contra de la Policía y fiscales. Este perfil racial se puede observar en cada una de las fases: en la decisión de arrestar o no arrestar, de meter en prisión, de acusar y de qué cargos, a la hora de marcar fianza o no, de procesar o no a la persona, hasta la sentencia. En cada una de estas fases el análisis demográfico muestra que la comunidad afroamericana en particular, y también muchas veces la latinoamericana tiene más proporción de personas que son tratadas de manera mucho más dura que los blancos, incluso cuando los blancos tengan antecedentes y una acusación inicial más graves. Se ve cómo en las Cortes muchas veces ser blanco en este país tiene muchas ventajas. Y lo hemos visto muchas veces.

Cuando llegamos al segundo mandato de Obama se intentó vigilar las prácticas policiales. La administración de Obama hizo cosas que nunca se habían visto antes: el propio gobierno presentó litigios contra diferentes departamentos de policía –lo hicieron en Puerto Rico, en Nueva Orleans, en Chicago, en Los Ángeles, en New Jersey y en Nueva York– y Obama fue el primer presidente de la historia de Estados Unidos que ha visitado una prisión federal y ha hablado directamente con los presos. Hubo un cambio que no fue tan rápido, pero lo hubo. Y ahora, no solamente tenemos al señor Trump, sino también el fiscal general que él mismo nombró, Jeff Sessions, de Alabama, que es muy conservador. Su actitud es como si estuviera en los años 40 ó 50, de mano dura con el crimen, sin dar tregua, cuando todo demuestra que esta necesidad insaciable de castigar está proveyendo menos seguridad pública.

La Administración general no ve un problema en que la tasa de encarcelación de Estados Unidos sea la más alta del mundo. Tenemos menos del 5 por ciento de la población mundial pero tenemos el 25 por ciento de todas las personas encarceladas del mundo y 42 por ciento de todos los que poseen armas a nivel mundial están en este país. No conozco a ninguna persona que no esté directamente afectada. Todo el mundo conoce a gente o tiene algún familiar en prisión. Yo mismo tengo familiares en las prisiones y he sufrido esta persecución por perfil racial caminando por la calle. Hay una presencia policial excesiva que tiene consecuencias. Hay 2,2 millones en las cárceles, pero además hay otros 70 millones que tienen antecedentes penales, que han pasado por la cárcel, han sido arrestadas en algún momento, han estado bajo vigilancia o han pagado una multa. Esas personas están buscando trabajo y en muchos Estados permiten preguntar en las solicitudes de empleo, no solamente si se ha estado preso por un delito, sino si alguna vez ha sido arrestado. Decir que sí la mayoría de veces resulta en que no consigas el empleo.

En Estados Unidos los jueces tienen bastante poder de interpretación, ¿puede tener también influencia que la judicatura sea mayoritariamente blanca o que en algunos Estados los jueces sean elegidos por la población?

En algunas partes del país los jueces son elegidos por los votantes, como los fiscales, y eso tiene unas consecuencias bastante grandes en el campo del sistema penal. Cada uno compite por ser más severo que el otro. Pero en los últimos 20 ó 30 años hasta los jueces se quejan de que no tienen poder para desviarse de las sentencias imperativas [sentencias mínimas obligatorias] que provee la legislatura. Por ejemplo, en este país hasta recientemente, para personas que consumen cocaína la sentencia fue más severa si es fumada –crack– que si se ingiere por la nariz o boca. Esa diferencia fue establecida por el Congreso durante la ola de consumo de crack. Todos sabían que el crack era más económico y su uso era más habitual en comunidades afroamericanas y latinas que en las comunidades blancas. En este tema, por ejemplo, un juzgado federal no tiene posibilidad de evitar esa condena mínima obligatoria y está obligado a sentenciar con la misma mano dura.Con 2,2 millones de personas presas, Estados Unidos es el primer país en población carcelaria. Y gran parte de este número es población negra y latina. Desde las calles del país, decenas de organizaciones denuncian la discriminación existente en el sistema legal y penal estadounidense. Hablamos con Juan Cartagena, presidente de Latino Justice y una de las principales voces en la lucha contra el racismo institucional.

Estados Unidos es el país con mayor proporción de población penitenciaria, y de esta, una gran mayoría es latinoamericana y latina. ¿Hasta qué punto el sistema penal estadounidense está dirigido contra la población no blanca?

Vamos a empezar por el hecho de que este país tiene una actitud de castigar de forma muy severa a personas que han cometido errores que van contra las leyes penales. Es una actitud de castigo que sirve, no solamente para encarcelar personas, sino también para castigar mucho después de que salgan de prisión. Por una parte, a estas personas se les hace casi imposible encontrar trabajo, buscar vivienda pública y, en 48 de los 50 Estados, se les quita un derecho tan básico para la ciudadanía americana como es el derecho al voto. En 11 de estos Estados, se les quita el derecho a voto para siempre. En los otros hay diferentes maneras para restaurar este derecho después de un cierto tiempo.

En los dos Estados que permiten el voto a los presos, este se hace desde sus celdas, igual que en Puerto Rico, Canadá y Sudáfrica. Es solo un ejemplo de cómo este país en su totalidad sigue una actitud bastante severa en cuanto a castigar a personas que hayan cometido cualquier delito, muchas veces delitos no violentos, como posesión de drogas. En muchas ocasiones se castiga, incluso a personas que no tienen antecedentes, con sentencias de 10, 15 ó más de 20 años. En Estados Unidos tenemos, no solo la proporción de personas encarceladas más alta del mundo, sino también la cantidad total: 2,2 millones de personas están encarceladas hoy en día.

Estados Unidos es un país referente en cuanto a la privatización de las cárceles. Esta industria penitenciaria influirá en que la población de las cárceles sea tan alta.

Definitivamente, la cárcel es un negocio en diferentes maneras. En primer lugar existen corporaciones que tienen contratos con el Gobierno federal en particular. Esto afecta especialmente a la comunidad latina ya que la tasa de camas que existe en el sistema penitenciario privado es mucho más alta en los centros de detención de migrantes. Desde ese punto de vista, la inversiones del sector privado ha sido bastante alta. Con la administración del presidente Obama hubo un cambio. El gobierno federal estuvo a punto de terminar todos los contratos con el sector privado, pero cuando llegó Trump eso cambió drásticamente.

Me acuerdo, el anuncio se hizo en agosto de 2016. Entonces, ¿no se cumplíó esta promesa? ¿Las cárceles federales siguen siendo privadas?

Sí. Todo empezó por unos estudios que mostraban que la frecuencia de abuso a reos era mucho más alta en prisiones privadas que en las gestionadas por el gobierno. El Gobierno federal tuvo que pagar mucho dinero en indemnizaciones por los litigios que surgieron por violaciones de derechos a presos, por lo tanto, la Administración de Obama decidió terminar con estos contratos, pero con Trump se revocó esta decisión. Por otro lado, volviendo al tema de la industria penitenciaria y la alta población carcelaria, también la economía local de diferentes Estados muchas veces depende del hecho de contar con una prisión, sea de gestión pública o privada.

La prisión provee trabajo para las personas que trabajan en ellas, pero también para las industrias que se benefician de los las personas que visitan a familiares o amigos presos: restaurantes de comida rápida, hoteles, moteles, cadenas de autobuses… Existen pequeñas economías en sectores locales en los que el único negocio tal vez sea la prisión. Peor aún, el Gobierno federal, a la hora de determinar la población en el censo que vive en los distritos legislativos estatales para balancear la población para cada representante, cuenta también con las personas encarceladas como si fueran residentes del territorio donde está ubicada la cárcel, que suele estar a cinco o seis horas de los centros urbanos.

Volvamos ahora a la discriminación o criminalización de la población afroamericana y latina en el sistema penal. ¿Cuál es su punto de inicio?

Todo empieza precisamente con el perfil racial, es decir, el hecho de que la policía, ya sea estatal, federal o local, determina selectivamente cómo va a aplicar la ley penal, y muchas veces lo hacen basándose en estereotipos. Piensan que la cantidad de criminalidad en un vecindario tiene mucho que ver con la raza de las personas que viven en ese vecindario y tal vez con el hecho de que sean migrantes. Ese estereotipo ha sido probado muchas veces en las Cortes, incluso en litigios que hemos impulsado desde mi oficina. Es un prejuicio que no tiene sentido. Las personas cometen delitos sin importar su raza. El mejor ejemplo es el consumo de drogas. Se ha comprobado un sin número de veces que se da en igual proporción en cada raza y etnia en este país. Personas blancas americanas consumen, venden y compran drogas a sus vecinos blancos en proporciones iguales o incluso mayores que afroamericanos o latinos. Pero la aplicación de las leyes antidrogas se hace de manera totalmente selectiva.

Lo que se ve en las Cortes y en las cárceles es una gran mayoría de personas negras y latinoamericanas, la mayoría de veces por posesión de drogas. Segundo, también el sistema tiene mucho que ver con el poder económico, con tener dinero para pagar la fianza. Muchas personas están encarceladas porque no tienen dinero para pagar su libertad hasta que llegue la fecha de juicio. Las personas que se declaran culpables de delitos menores, que no tienen que ser por los que fueron acusados inicialmente, muchas veces lo hacen solo para salir libres de la cárcel antes, y no tienen acceso al dinero para pagar la fianza.

También hemos visto que mostrar mano dura contra el crimen es una ventaja en el terreno político. Hay muchos candidatos que prefieren encarcelar sin preocuparse de lo que las acciones que se dan las prisiones para rehabilitar a los presos. Lo hacen a propósito porque la mano dura siempre atrae votos. En las elecciones que tuvimos esta semana [la entrevista se realizó el 10 de noviembre] en New Jersey, Pensilvania y Virginia, los candidatos republicanos hicieron todo lo posible para pintar con una criminalidad excesiva a las comunidades migrantes de latinos: los relacionan con la mara Salvatrucha 13, utilizan imágenes de latinos indocumentados a las que a veces les pasan un filtro para oscurecer su piel diciendo que estas personas van a traer violencia… El campo político está bien controlado por mensajes y propaganda que mueven estos estereotipos de criminalidad latina.

Y esto también ha ido a peor con Trump.

Exacto, especialmente ha ido a peor con Trump. Trump cuando era candidato ya dijo que los latinoamericanos eran violadores y asesinos. Cuando vino a Nueva York [en julio] para expresar su mano dura contra las maras y dijo claramente a la policía que la próxima vez que detuvieran a personas de este perfil no se apuraran si golpeaban sus cabezas contra el techo de la patrulla, que no se preocuparan de tratarlos de manera justa. Lo dijo así, promoviendo el abuso policial.

Justo con el tema de la violencia policial, desde muchos colectivos estadounidenses se lleva mucho tiempo denunciando abusos, especialmente contra población negra y latina. ¿Alguna respuesta?

Si, pero muchas veces la respuesta viene de nosotros, de los abogados de derechos civiles y constitucionales que no estamos afiliados al Gobierno y tenemos la capacidad de impulsar demandas.

Ahora mismo tenemos litigios pendientes en las Cortes federales por perfil racial en contra de la Policía y fiscales. Este perfil racial se puede observar en cada una de las fases: en la decisión de arrestar o no arrestar, de meter en prisión, de acusar y de qué cargos, a la hora de marcar fianza o no, de procesar o no a la persona, hasta la sentencia. En cada una de estas fases el análisis demográfico muestra que la comunidad afroamericana en particular, y también muchas veces la latinoamericana tiene más proporción de personas que son tratadas de manera mucho más dura que los blancos, incluso cuando los blancos tengan antecedentes y una acusación inicial más graves. Se ve cómo en las Cortes muchas veces ser blanco en este país tiene muchas ventajas. Y lo hemos visto muchas veces.

Cuando llegamos al segundo mandato de Obama se intentó vigilar las prácticas policiales. La administración de Obama hizo cosas que nunca se habían visto antes: el propio gobierno presentó litigios contra diferentes departamentos de policía –lo hicieron en Puerto Rico, en Nueva Orleans, en Chicago, en Los Ángeles, en New Jersey y en Nueva York– y Obama fue el primer presidente de la historia de Estados Unidos que ha visitado una prisión federal y ha hablado directamente con los presos. Hubo un cambio que no fue tan rápido, pero lo hubo. Y ahora, no solamente tenemos al señor Trump, sino también el fiscal general que él mismo nombró, Jeff Sessions, de Alabama, que es muy conservador. Su actitud es como si estuviera en los años 40 ó 50, de mano dura con el crimen, sin dar tregua, cuando todo demuestra que esta necesidad insaciable de castigar está proveyendo menos seguridad pública.

La Administración general no ve un problema en que la tasa de encarcelación de Estados Unidos sea la más alta del mundo. Tenemos menos del 5 por ciento de la población mundial pero tenemos el 25 por ciento de todas las personas encarceladas del mundo y 42 por ciento de todos los que poseen armas a nivel mundial están en este país. No conozco a ninguna persona que no esté directamente afectada. Todo el mundo conoce a gente o tiene algún familiar en prisión. Yo mismo tengo familiares en las prisiones y he sufrido esta persecución por perfil racial caminando por la calle. Hay una presencia policial excesiva que tiene consecuencias. Hay 2,2 millones en las cárceles, pero además hay otros 70 millones que tienen antecedentes penales, que han pasado por la cárcel, han sido arrestadas en algún momento, han estado bajo vigilancia o han pagado una multa. Esas personas están buscando trabajo y en muchos Estados permiten preguntar en las solicitudes de empleo, no solamente si se ha estado preso por un delito, sino si alguna vez ha sido arrestado. Decir que sí la mayoría de veces resulta en que no consigas el empleo.

En Estados Unidos los jueces tienen bastante poder de interpretación, ¿puede tener también influencia que la judicatura sea mayoritariamente blanca o que en algunos Estados los jueces sean elegidos por la población?

En algunas partes del país los jueces son elegidos por los votantes, como los fiscales, y eso tiene unas consecuencias bastante grandes en el campo del sistema penal. Cada uno compite por ser más severo que el otro. Pero en los últimos 20 ó 30 años hasta los jueces se quejan de que no tienen poder para desviarse de las sentencias imperativas [sentencias mínimas obligatorias] que provee la legislatura. Por ejemplo, en este país hasta recientemente, para personas que consumen cocaína la sentencia fue más severa si es fumada –crack– que si se ingiere por la nariz o boca. Esa diferencia fue establecida por el Congreso durante la ola de consumo de crack. Todos sabían que el crack era más económico y su uso era más habitual en comunidades afroamericanas y latinas que en las comunidades blancas. En este tema, por ejemplo, un juzgado federal no tiene posibilidad de evitar esa condena mínima obligatoria y está obligado a sentenciar con la misma mano dura.

—https://elsaltodiario.com/racismo/juan-cartagena-en-ee-uu-el-perfil-racial-se-observa-desde-el-momento-de-la-detencion-hasta-la-sentencia

Los ‘navy seals’ del Pentágono se embolsan el dinero destinado a pagar a los confidentes que tienen en Mali

El sargento Logan J. Melgar
El sargento Logan J. Melgar, el boina verde del ejército estadounidense de 34 años fue estrangulado en Bamako, la capital de Mali, el 4 de junio porque descubrió que los “navy seals” se embolsaban el dinero destinado a pagar a los confidentes que colaboran con ellos (*).

Melgar era un veterano de la Guerra de Afganistán que había participado en dos misiones de combate. El 4 de junio apareció estrangulado en las dependencia en las que vivía en la embajada estadounidense en Bamako en compañía de dos miembros de los “navy seals” que se encontraban en el Sahel en una misión secreta.

Los asesinos le ofrecieron al sargento participar en el botín, pero el boina verde declinó la proposición y se produjo un altercado que fue subiendo de tono. Aunque el relato es muy confuso, cuando el sargento dejó de respirar, los dos “navy seals” le sajaron la tráquea con la excusa de salvarle la vida.

No se sabe si tardó en morir, pero los asesinos le trasladaron una clínica francesa cercana en compañía de otro boina verde para buscar ayuda. Al llegar el sargento estaba muerto y el diagóstico fue asfixia.

Según los asesinos, Melgar estaba borracho mientras practicaban ejercicios de combate cuerpo a cuerpo. Pero en ningún informe se mencionan rastros de alcohol o drogas en su cuerpo. Un coocido ha manifestado que Melgar no bebía en absoluto.

El sargento se licenció en 2006 en Texas Tech y en 2012 se alistó en las fuerzas especiales del ejército de tierra, donde se diplomó el año pasado.

(*) https://www.thedailybeast.com/green-beret-discovered-seals-illicit-cash-then-he-was-killed

Los ‘espaldas mojadas’ que sirven en el ejército de Estados Unidos son carne de cañón

Los “patriotas” estadounidenses son como todos los demás: de boquilla. Sólo les gustan los desfiles, las banderas y los ceremoniales. No son héroes; ninguno quiere defender su patria tan amada con las armas en la mano y menos en Oriente Medio o el norte de África. “Que mueran otros en mi lugar”, piensan.

A causa de ello, los cuarteles se despueblan, las condiciones para entrar se relajan y la tropa se llena de delincuentes, drogadictos y psicópatas. En realidad los que sirven a “la patria” no pertenecen a ella sino que son “espaldas mojadas”, esos emigrantes latinoamericanos tan despreciados que han cruzado Río Grande para buscarse la vida y… los papeles, es decir, dejar una nacionalidad para tomar otra, la de Estados Unidos. Quizá creen que así dejarán de despreciarles y se convertirán en ciudadanos honorables. Un craso error.

Nadie mejor que el Pentágono sabe que los mercenarios que sirven en sus filas son carne de cañón, mercancía de usar y tirar. Lo que sale de la cloaca ha devolver a ella: al sur de Río Grande.

En un país que desde 1945 vive y muere de la guerra, como Estados Unidos, los veteranos son una institución, todo un sector social. El sábado un grupo de ellos celebró en la frontera su Día, el Día del Veterano, en Ciudad Juárez. Eran unos 300 que, a pesar de haber sido expulsados de Estados Unidos, cumplen puntualmente con un ritual: el de honrar a quienes como ellos sirvieron lealmente al ejército de Estados Unidos en toda clase de guerras imperialistas.

Ese mismo país al que sirvieron y que no es el suyo los utilizó, luego les condenó como criminales y finalmente les expulsó a su lugar de origen sin tener en cuenta sus años de servicio y servilismo. Algunos estuvieron en Irak y hasta en la guerra de Vietnam. Se unieron a las filas del ejército estadounidense porque les aseguraba un permiso de residencia y, naturalmente, una soldada.

Las estimaciones calculan que hay unos 11.000 inmigrantes no ciudadanos sirviendo en el ejército de Estados Unidos, esperanzados en la posibilidad de obtener la ciudadanía durante o inmediatamente después de su servicio. Pero no todos la consiguen. Según un informe de la Asociación Americana de Libertades Civiles publicado el año pasado, hay más de 300.000 veteranos no nacidos en el país que viven en Estados Unidos, de los cuales cerca de 97.000 no tienen la ciudadanía y pueden ser deportados.

Al regresar de sus expediciones militares, la carne de cañón echa raíces e incluso tiene descendencia nacida en Estados Unidos. Pero os mercenarios resultan más baratos si acaban en el banquillo. Les condenan por cometer algún delito y tras cumplir sus penas en la cárcel son deportados a México y pierden su pensión su derecho a la atención médica.

Acompañados de sus familiares, el sábado celebraron incluso una breve ceremonia de honores a la bandera estadounidense y posteriormente repartieron panfletos con su triste biografía a los automóviles que hacían fila para cruzar el puesto fronterizo, entre Ciudad Juárez y El Paso, Texas. En las octavillas reclamaban asistencia médica como compensación por los años de servicio en el ejército.

“Nosotros servimos a un país que nos defraudó”, lamenta José Francisco López Moreno, de 64 años que combatió en Vietnam y fue deportado en 2004 a México. “Es muy injusto. Nos separaron de nuestras familias y estamos solos acá, sin ayuda médica, sin ayuda financiera y sin ninguna clase de ayuda, mientras todos los veteranos en Estados Unidos gozan de su pensión militar, de atención medica y de todos los servicios”, agregó el veterano.

La organización Casa de Apoyo a Veteranos Deportados de Juárez, que abrió en abril pasado en esta ciudad fronteriza para asistir quienes acaban de expulsar, calcula que en México hay cerca de 300 veteranos deportados, 28 de ellos en Ciudad Juárez. Varios de ellos fueron expulsados por posesión de drogas.

Los veteranos no tramitaron su ciudadanía porque creyeron, de manera errónea, que la obtendrían de manera automática tras enrolarse a filas. Sin embargo, a pesar a haber sido deportados, siguen amando a Estados Unidos, en donde crecieron. “De aquí hasta que muera yo, aunque muera de este lado, siempre va a seguir el amor a la bandera de Estados Unidos, esa era mi vida”, confesó Iván Ocón, quien en 2003 fue enviado a Irak, pero el año pasado terminó deportado a México.

Ocón asegura que cuando fue deportado se sintió “como si me hubieran dejado caer una casa arriba, encima o algo, porque es como un peso muy grande que te den la espalda después de eso”. Confiesa abiertamente su ingenuidad: “Uno piensa que no te van a deportar, porque fuiste parte de algo más grande, pero no, al último te echan de todos modos”.

Ahora dirige la casa de apoyo. “Que nos dejen regresar, eso es lo que le pedimos a Donald Trump, nosotros peleamos por su país”, dice. “Es muy triste, todo el tiempo que yo estuve triste en mi casa, esperándolo que regresara de la guerra y cuando volvió yo pensé que todo iba a estar bien y lo deportaron”, aseguró la madre de Iván, María Ocón Avalos.

Para Héctor Barajas, dirigente de la organización, fue “muy significativo” participar en el acto en la frontera. “Es lo más cercano que podemos llegar, estamos a unos metros de territorio americano”, dice. Ni siquiera sabe que México también es territorio americano.

Una de las demandas de estos veteranos deportados es que se les encuentre una vía que les facilite el acceso en Estados Unidos a la atención médica a la que tienen derecho por su tiempo en filas.

Refieren el caso de Jaime Orozco, un exsoldado de 57 años que participó en la Guerra de Corea y necesita atención médica que podría haber recibido en Estados Unidos si no hubiera sido deportado hace 12 años. Su hermano Manuel Orozco, que se unió en solidaridad con los excombatientes, dice que “necesita unos análisis, es algo grave, si no agarra esta operación se puede morir”.

En lo que va del año, dos delegaciones de congresistas estadounidenses han visitado en Tijuana, México, el centro que dirige Barajas a fin de oír sus historias y analizar iniciativas legislativas para que por lo menos conserven sus derechos sanitarios pese a estar fuera del país.

Héctor Barajas fue llevado a Estados Unidos cuando era un niño y en 1984 obtuvo el permiso de residencia. Cuando cumplió 18 años, se alistó en el ejército donde sirvió durante seis años. Salió del ejercito con honores en 2001, y luego fue condenado por disparar una pistola en un vehículo. Nadie resultó herido en el incidente y Héctor Barajas cumplió dos años de prisión. Sin embargo, fue deportado inmediatamente después de su liberación en 2004.

El día de la independencia de Estados Unidos lo celebró en la frontera de Tijuana. “El 4 de julio es una fiesta que celebramos en los Estados Unidos”, dijo el veterano deportado. “Donde yo estoy viviendo actualmente no cambia mi sentido de hogar, el patriotismo y mi lealtad”.

Héctor Barajas fundó la Casa de Apoyo a los Veteranos Deportados, también conocida como “The Bunker”, en Tijuana. Allí se proveen recursos básicos a los veteranos, encuentran compañía, comida y refugio temporal. También promueven cambios en la legislación estadounidense para detener la deportación a los antiguos mercenarios, que no tienen derecho a las compensaciones que les corresponderían si vivieran en los Estados Unidos, aunque tienen las mismas dificultades que los veteranos nacidos en Estados Unidos: quedar desempleados o padecer el síndrome de estrés postraumático.


http://www.univision.com/noticias/deportaciones/servimos-a-un-pais-que-nos-defraudo-veteranos-deportados-a-mexico-claman-ayuda-de-eeuu

Trabajadores de Estados Unidos duermen en automóviles por no poder pagar un alquiler

Silicon Valley, ubicado en la costa de California, es mundialmente conocido como el hogar de las empresas más ricas del mundo. No obstante, pocos saben que esta “meca” tecnológica alberga también un creciente número de trabajadores que incansablemente persiguen el “Sueño Americano” pero no tienen una vivienda dónde resguardarse.

No se trata de los llamados “homeless”, gentes que, por diversos motivos, abandonaron la economía y ahora viven en las calles, sino de hombres y mujeres que tienen trabajo, a veces dos o tres al mismo tiempo, pero no son capaces de pagar el más modesto alquiler de una vivienda. Estas personas han llegado a definir una subcultura completamente nueva de estadounidenses, que no se conocía desde hace varias décadas: son los “trabajadores sin hogar”.

Impulsado por docenas de compañías de alto nivel en el “ranking” Forbes 100 –como Apple, Alphabet (Google), Hewlett Packard, Oracle y muchas más–, Silicon Valley representa un tercio de todas las inversiones de capital de riesgo en Estados Unidos. Entonces, ¿cómo explicar el fenómeno inquietante de los empleados, maestros, trabajadores de mantenimiento, plomeros y muchos otros del sector de servicios que viven en automóviles y caravanas aparcadas en estacionamientos porque su salario no es suficiente para pagar el costo de un alquiler básico?

La renta media en el área metropolitana de San José es de 3.500 dólares al mes, pero el salario promedio es de 12 dólares por hora en servicios de comida y de 19 dólares por hora en asistencia médica, una cantidad que ni siquiera cubriría los costos de la vivienda.

La historia de Ellen Tara James-Penney, de 54 años, es desgarradora. Profesora de la Universidad Estatal de San José, gana 28.000 dólares al año por impartir cuatro cursos de inglés y acumula 143.000 dólares en deuda estudiantil después de obtener dos títulos. La mujer también redacta y corrige documentos y prepara lecciones en su gigantesco Volvo. Por la noche, inclina hacia atrás el asiento del conductor y se prepara para dormir con uno de sus dos perros, Hank, a su lado. Su marido, Jim, que es demasiado alto para el automóvil, duerme afuera en una choza junto con el otro perro, Buddy. Y no es un caso único.

Mountain View, por ejemplo, poblado que habitan unas 80.000 personas, tiene diseminados por sus calles más de 300 vehículos que sirven de estrecho alojamiento para individuos y aun familias enteras. Según el sitio web oficial de la ciudad, la falta de vivienda casi se duplicó en dos años, al pasar de 139 en 2013 a 276 en 2015. Estas cifras aumentaron aún más en todo el condado en 2017.

A menudo, los residentes locales suelen culpar a estas personas sin hogar por el empeoramiento de las condiciones en la zona. Se preguntan muchos de ellos: ¿Por qué simplemente no se mudan a un lugar donde los hábitos de gasto de los ultra ricos no hayan desencadenado una fuerte inflación? Y aunque parece haber algo de sentido común en ese razonamiento, el problema no es tan simple, ya que se extiende más allá de las fronteras de Silicon Valley.

La falta de vivienda es ahora notoria en todo el país, pero especialmente en California. Cuatro de las 10 ciudades con mayor índice de personas sin hogar se encontraban en California (Los Ángeles, San Diego, San Francisco y San José). La ciudad de Nueva York ocupó el primer puesto.

Enterrado bajo noticias alentadoras acerca de un mercado accionarial en ascenso y sueldos ejecutivos que roban el aliento, el drama de las personas sin hogar sigue creciendo en números, al punto de que ha llevado a muchos gobiernos locales a declarar estados de emergencia, una medida generalmente reservada para desastres naturales. Arriba y abajo en la costa californiana, en particular, los funcionarios están luchando por soluciones.

“Tengo en mi ciudad un desempleo de 0 por ciento y tengo miles de personas sin hogar, que en realidad están trabajando y que simplemente no pueden pagar una vivienda. No hay ningún sitio para que esta gente se mude. Cada vez que abrimos un nuevo lugar, se llena”, explica el concejal Mike O’Brien, de la ciudad de Seattle, al Washington Post.

“Esta no es una crisis de desempleo, que esté llevando a la pobreza por aquí”, dijo Tom Myers, el director ejecutivo de Community Services Agency, una organización sin fines de lucro con sede en Mountain View. “La gente está trabajando”, aseveró.

Lo que no tienen es dónde vivir.

https://actualidad.rt.com/actualidad/254734-trabajadores-silicon-valley-dormir-autos-alquiler

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