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La CIA inventó una pistola que mataba por ataque cardiaco

Tras la intervención de Estados Unidos en el Golpe de Estado contra Allende, negada entonces una y otra vez, el Senado de Estados Unidos creó una comisión de investigación que se dirió contra la CIA. Quien había orquestado el Golpe no era la Casa Blanca, sino uno de sus tentáculos, casi sin permiso de sus jefes.

No habían pasado 25 años desde su fundación y la CIA ya tenía muy mala imagen, en un mundo que cada vez depende más de la imagen. Había que lavar esa imagen hasta donde fuera posible, una tarea que dirigió magistralmente el senador Frank Church, presidente de la comisión de investigación. Aquello no se podía repetir, es decir, la CIA debía seguir haciendo lo mismo, pero en el futuro debería tener más cuidado para no dejar huellas.

Para lavar la imagen de la CIA había que airear sus trapos sucios, que eran muchos. Se conocieron planes para asesinar a dirigentes políticos de todo el mundo, así como el espionaje intensivo a los propios estadounidenses.

Entre las hazañas, apareció una pistola de infarto, un arma macabra capaz de causar la muerte en cuestión de minutos sin dejar rastro. Salvo los más conspiranoicos, nadie pdría decir que alguien había sido asesinado por la CIA, sino que murió de muerte natural.

En este tipo de asuntos los científicos siempre resultan imprescindibles. La investigadora responsable de encontrar un veneno imposible de rastrear para usos criminales, incluida la pistola de infarto, fue Mary Embree, que se incorporó a la CIA con 18 años.

Embree empezó su carrera científica en la CIA diseñando micrófonos ocultos y otros equipos de vigilancia de audio. Fue más tarde cuando le ordenaron encontrar un veneno indetectable. Su investigación la llevó a concluir que las toxinas de los mariscos eran la opción perfecta.

Se integró en el Proyecto Mknaomi dedicado al desarrollo de armas biológicas para el arsenal estadounidense de la Guerra Fría, diseñado para envenenar cultivos y ganado. El laboratorio estaba en Fort Detrick, una instalación del ejército dedicada a la investigación de la guerra biológica. Los investigadores, dirigidos por otro científico, Nathan Gordon, químico de la CIA, mezclaron la toxina del marisco con agua y congelaron la mezcla en una pequeña bolita o dardo. El proyectil terminado se disparó con una pistola Colt M1911 modificada y dotada de un mecanismo de disparo eléctrico. Tenía un alcance efectivo de 100 metros y era casi totalmente silencioso.

Cuando se dispara a un objetivo, el dardo congelado se funde inmediatamente y libera su carga tóxica en el torrente sanguíneo de la víctima. Las toxinas de los moluscos que, en dosis concentradas, son capaces de desactivar completamente el sistema cardiovascular, se extienden al corazón de la víctima, imitando un ataque cardíaco y causando la muerte en cuestión de minutos.

Lo único que quedó fue un pequeño punto rojo donde el dardo había entrado en el cuerpo, indetectable para quienes no supieran buscarlo.

Años después de dejar la CIA, Embree afirmó que el arma modificada, conocida como “microbionoculador no discernible”, había sido probada en animales y prisioneros con gran éxito.

Nixon clausuró el Programa Mknaomi en 1970, pero Gordon había entregado 5,9 gramos de toxina de crustáceo -casi un tercio de la toxina producida en la época- y viales de toxina derivada del veneno de cobra a un laboratorio de Washington.

En una audiencia de la comisión del Senado, el director de la CIA, William Colby, llevó consigo la pistola, permitiendo a los miembros del comité manejar el arma.

No se sabe si el arma fue utilizada alguna vez.

La experiencia desestabilizadora de la CIA durante la Guerra Fría

La desestabilización a través de las redes sociales tiene sus antecedentes en la Guerra Fría, cuando la CIA creó periódicos, revistas, editoriales y radios para intoxicar en la URSS y los países del este de Europa con toda clase de bulos e infundios que llegan hasta hoy.

Desde los primeros años de la posguerra, la CIA se involucró en el mercado de la comunicación de masas. Creó Radio Europa Libre en 1950 y un año después Radio Libertad, con potentes emisoras en Munich, Alemania Occidental, con varios miles de técnicos estadounidenses y tránsfugas procedentes del este de Europa.

Radio Libertad emitía sólo hacia la Unión Soviética y Radio Europa Libre a otros países del este de Europa, excepto Yugoeslavia.

Ambas organizaciones tenían oficinas en Nueva York y afirmaban estar dotadas de fondos privados procedentes exclusivamente de fundaciones, empresas y el público. Sin embargo, durante años la financiación encubierta de las dos emisoras por parte de la CIA siempre fue un secreto a voces. En 1971 el senador Clifford P. Case denunció que en los últimos 20 años la CIA había gastado varios cientos de millones de dólares para mantener en funcionamiento Radio Europa Libre y Radio Libertad (1).

Case señaló que las subvenciones directas de la CIA pagaban “casi todos los costes”. A comienzos de los setenta proporcionó a las emisoras 30 millones de dólares sin la aprobación del Congreso. Todo se ejecutaba bajo diferentes fachadas, especialmente de instituciones, agencias de noticias y empresas de apariencia comercial.

La maquinaria de propaganda de la CIA fue dirigida por primera vez por el periodista Tom Braden y en ella participó durante muchos años Cord Meyer Jr., otro cabecilla. Ambos estaban bajo la férula del dirigente de las operaciones encubiertas desde 1948, el alcohólico Frank Wisner, que fue destituido diez años después de padecer uno de sus brotes sicóticos (2).

Con el MI6, Wisner promovió del derrocamiento de Mossadegh en Irán en 1953 tras haber organizado una campaña de intoxicación propagandística y altercados callejeros que acabaron con el regreso del Sha.

Un año después orquestó el Golpe de Estado contra Jacobo Arbenz en Guatemala, un plan ejecutado en colaboración con la United Fruit. Wisner no sólo apoyó al general Castillo Arenas para derrocar a Arbenz, sino que envió pilotos y mercenarios para combatir a las fuerzas leales al gobierno legítimo.

Cuando intentaba promover la desestabilización de Hungría en 1956, sufrió un ataque de esquizofrenia y fue ingresado en un hospital. Dos años después, fue relevado de sus responsabilidades y enviado a Londres como jefe de la antena local de la CIA.

En 1963 se retiró y dos años más tarde se suicidó en plena depresión sicótica.

Según sus estatutos, la unidad que dirigía Wisner, la Oficina de Coordinación Política, se encargaba de “la propaganda, la guerra económica; la acción directa preventiva, incluyendo el sabotaje, el antisabotaje, la demolición y las medidas de evacuación; la subversión contra los estados hostiles, incluyendo la asistencia a los grupos de resistencia clandestinos, y el apoyo a los elementos anticomunistas autóctonos en los países amenazados del mundo libre”, asegura Evan Thomas (3).

Por sistema, el gobierno de Estados Unidos rechazaría siempre cualquier responsabilidad por las manipulaciones de la Oficina de Wisner.

“Teníamos al menos un periódico en cada capital extranjera en un momento dado”, reconoció un agente de la CIA al New York Times en 1977 (4). La Agencia creó una formidable maquinaria propagandística que no se agotó con la caída de la URSS y demás países del este de Europa. La Agencia no sólo se creó para capturar información, sino para fabricarla y difundirla. Cuando la Oficina de Wisner se incorporó a la CIA, el 75 por ciento de los fondos estaban dedicados a la intoxicación y la manipulación de los medios de comunicación de todo el mundo.

El mundo lleva 70 años devorando los embustes de la CIA como si fueran noticias de primera calidad. Sin rasgarse las vestiduras lo más mínimo, reporteros, columnistas, analistas, tertulianos, universitarios… No son lo que parecen. No son otra cosa que diferentes disfraces de la CIA.

(1) https://www.nytimes.com/1971/01/24/archives/ban-sought-on-cia-aid-for-radio-free-europe-ban-is-sought-on-cia.html
(2) https://www.archyde.com/the-alcoholic-chief-of-cia-covert-operations-who-became-a-scourge-of-the-iron-curtain/
(3) https://www.amazon.com/Very-Best-Men-Daring-Early/dp/141653797X/ref=sr_1_1
(4) https://www.nytimes.com/1977/12/26/archives/worldwide-propaganda-network-built-by-the-cia-a-worldwide-network.html

La CIA experimentó sus técnicas de interrogatorio y tortura con niños huérfanos daneses

La CIA llevó a cabo experimentos secretos con cientos de huérfanos daneses a los que trató de inducir la locura, según el documental radiofónico danés “The Search for Myself” (1). En la década de los sesenta, el hospital de Cophenhage se prestó a formar parte del programa MK Ultra de lavado de cerebro. Algunas de las peores aberraciones que ha conocido la humanidad las cometieron los médicos, en nombre de la salud.

Per Wennick, el promotor del documental, afirma haber participado activamente en los experimentos MK Ultra. Le colocaron en una silla con electrodos conectados y le obligaron a escuchar ruidos fuertes y estridentes. Los sicarios de la CIA intentaban provocarle una reacción sicológica, dice.

“Fue muy incómodo”, dijo Wennick a la radio danesa. “Y no es sólo mi historia, es la historia de muchos niños”.

“Creo que es una violación de mis derechos como ciudadano en esta sociedad. Me parece muy extraño que algunas personas puedan saber más de mí de lo que yo mismo sé”.

Según el historiador, médico e investigador del Museo del Bienestar Danés, Jacob Knage Rasmussen, fue el único experimento conocido en la historia de Dinamarca que utilizó a niños bajo custodia del Estado para la investigación (2), y fue financiado por la CIA.

“No conozco ningún intento similar en Dinamarca o en Escandinavia. Se trata de una información atroz que contradice el Código de Nuremberg de 1947, que tras la Segunda Guerra Mundial debía establecer ciertas restricciones éticas para los experimentos en humanos. Entre otras cosas, se introdujo el consentimiento informado, que ahora es fundamental en el mundo de la investigación”, dijo Rasmussen a la radio danesa.

Subrayó la vulnerabilidad de los niños bajo custodia del Estado, que no tenían nadie a quién reclamar.

Según la radio danesa, la idea de experimentar con niños abandonados fue del sicólogo estadounidense Zarnoff A. Mednick, que era profesor de la Universidad de Michigan en aquella época. El proyecto de investigación fue cofinanciado por el Servicio de Salud de Estados Unidos. Sólo en el primer año, el proyecto recibió una ayuda de 4,6 millones de coronas danesas (700.000 dólares).

También fue financiado por el Fondo de Ecología Humana, a través de la Sociedad para la Investigación de la Ecología Humana de la Universidad de Cornell para apoyar la investigación encubierta sobre el lavado de cerebro.

También estuvo vinculado a la investigación realizada en el marco del programa MK Ultra (3), al que se incorporaron distintos “expertos”, incluyendo antropólogos que contribuyeron a las nuevas técnicas de interrogatorio y tortura que la CIA ha empleado hasta el día de hoy.

El psiquiatra danés Fini Schulsinger dedicó su tesis doctoral a estos experimentos en 1977, titulándola “Estudios para arrojar luz sobre el vínculo entre la herencia y el entorno en psiquiatría”.

Mientras investigaba para el documental, Wennick consiguió localizar 36 cajas en el centro psiquiátrico de Glostrup, en Hvidovre, en las que se detallaban los experimentos de la CIA con niños. Sin embargo, cuando el centro se enteró del documental, empezó a destruir las pruebas.

La radio danesa informa de que Kent Kristensen, profesor asociado de derecho sanitario en la Universidad del Sur de Dinamarca, señaló que la destrucción de los documentos era ilegal. “Creo que es un gran retroceso para los antiguos niños de los orfanatos que se interesan por trozos de su propia infancia el que se haga una historia total sobre sus propias vidas. Se les quita esa posibilidad si se destruye el material de investigación”, dijo Rasmussen a la radio.

La CIA violó repetidamente el Código de Nuremberg, una norma tan esencial como devaluada en la actualidad. Nadie rendirá cuentas por la explotación de estos niños y el asunto se barrerá bajo la alfombra, escapando al escrutinio de los principales medios de comunicación. Luego de nada sirve llorar y lamentarse.

(1) https://www.dr.dk/nyheder/indland/danske-boernehjemsboern-brugt-i-hemmelig-undersoegelse-stoettet-af-cia
(2) https://www.activistpost.com/2021/12/cia-experimented-on-hundreds-of-orphans-torturing-them-to-reveal-psychopathic-traits-report.html
(3) https://rai.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1467-8322.2007.00510.x

La Guerra Fría en el Congo y un sicario de la CIA: Mobutu

Setiembre de 1960. En plena Guerra Fría, la antigua colonia belga del Congo es independiente desde hace sólo tres meses. A Larry Devlin, jefe de la estación de la CIA en Leopoldville, ahora Kinshasa, le entregan un maletín con diferentes venenos, incluida una pasta de dientes tóxica, y le ordenan asesinar al Primer Ministro, Patrice Lumumba, según confesó al New York Times (1).

En 1973 Devlin apareció en las investigaciones del Comité Church del Senado estadounidense, después de que la CIA orquestara el Golpe de Estado contra Salvador Allende. Pero le cambiaron el nombre por el de “Victor S. Hedgeman”. También estuvo en Laos durante la Guerra de Vietnam. En fin, tenía una amplia experiencia en asesinatos y Golpes de Estado.

Lo contó en un libro publicado en 2007: “Jefe de Estación, Congo: combatiendo la Guerra Fría en una Zona Caliente” (2). Pero hay pocas cosas que no se supieran desde otro libro publicado en 1978 por otro espía de la CIA, John Stockwell: “En busca de enemigos: una historia de la CIA” (3). El autor se incorporó al espionaje en 1964 y sirvió en África durante doce años, desde Costa de Marfil hasta Angola, pasando por el Congo y Burundi.

Una parte de los informes de la CIA sobre el Congo ya se han declasificado. Con el país africano recién independizado, Devlin, que aparece en la foto anexa, aterriza bajo la cobertura de cónsul y comienza a informar a sus jefes: “Tarde o temprano Moscú tomará el control” del Congo, escribe a sus jefes de Langley. Los soviéticos mueven los hilos, añade. Allen Dulles, el director de la CIA, le responde personalmente: la “salida” de Lumumba “debe ser un objetivo prioritario y urgente para usted”, le dice a Devlin.

Con un presupuesto de 100.000 dólares, gigantesco para aquella época, Devlin los intenta todo. Organiza protestas contra Lumumba, intenta aislarlo políticamente y anima al Presidente Kasavubu a destituirlo. Pero Lumumba resiste y la CIA tiene que recurrir a otras vías.

La CIA encuentra a su pelele

Devlin se entrevista en el palacio presidencial con un antiguo periodista de apenas 30 años reconvertido en alto oficial del ejército congoleño: Joseph Mobutu, subjefe del Estado Mayor del Ejército, que no está de acuerdo con las inclinaciones internacionales de Lumumba, favorables al eje de los países no alineados. “El coronel Mobutu se quejó amargamente de que Lumumba intentaba involucrar al ejército en la política”, informa Devlin a sus jefes.

Era una versión diluida de la verdadera conversación entre ambos. En una entrevista en la radio estadounidense, unos 37 años después, Devlin reveló que Mobutu ya había planteado la posibilidad de un Golpe de Estado contra Lumumba. “El ejército está preparado para derrocar a Lumumba”. Pero a Mubutu le preocupaba el posible apoyo de Estados Unidos al golpe. “¿Puedo considerar que Estados Unidos nos apoya?”, pregunta. Devlin le responde: “Creo que lo apoyaremos”. Allen Dulles respalda a su hombre sobre el terreno: “Confío en usted”.

La CIA acababa de encontrar a su pelele. “Nos interesa apoyar al coronel Mobutu como contrapoder a Lumumba y animarle a trabajar para la eventual constitución de un gobierno civil moderado en el Congo”, escribe Devlin. Así, el espía propone ofrecer a Mobutu fondos para su uso personal para comprar su cooperación.

Unos días después Mobutu, recién nombrado jefe del ejército, ordena la detención de Lumumba y la salida de todos los diplomáticos soviéticos y checos de la capital congoleña en un plazo de 48 horas. Los americanos se frotan las manos.

Pero el plan militar fracasa y la CIA pasa a los suyo: el asesinato de Lumumba. Un tal Joe de Paris llega desde Langley con el maletín de los venenos, pero son las contradicciones propias las que acaban frustrando los proyectos emancipadores de Lumumba.

El 17 de enero de 1961 Mobutu entrega a Lumumba atado de pies y manos a su enemigo jurado, el dirigente katangués Moise Tshombe, y un pelotón comandado por un oficial belga lo ejecuta esa misma noche. Hasta 2014 el Departamento de Estado no reconoció oficialmente la participación de Estados Unidos en el derrocamiento y asesinato de Lumumba.

Pero Mobutu no logra hacerse con el poder inmediatamente y, entre tanto, cultiva sus estrechos contactos con la CIA. Cuando en 1967 Devlin abandonó el Congo, Mobutu pasó a despedirse y le regaló un retrato suyo, con una halagadora y elocuente dedicatoria: “A mi viejo y excelente amigo L. Devlin, por todo lo que el Congo y su líder le deben”.

La CIA fue siempre muy atenta con Mobutu. En mayo de 1963, incluso le invitó a Estados Unidos y le permitió visitar la sede de la CIA. Mimaron al sátrapa congoleño. Mobutu incluso consiguió una entrevista con el presidente Kennedy. En su álbum de fotos se le puede ver con todos los presidentes de Estados Unidos: Nixon, Carter, Reagan Bush…

La CIA compra una mascota africana

Mantener una piara de gorrinos, incluso en los países más pobres, cuesta mucho dinero, y aunque la CIA tenía un presupuesto multimillonario, no era plenamente consciente de la codicia de Mobutu y de su manejo del chantaje: “Joseph Mobutu nos presiona constantemente para conseguir más dinero para su ejército”, observa Devlin. En caso contrario, amenaza, el régimen podría colapsar.

El dinero de Mobutu ocupa una parte muy importante en las comunicaciones entre Devlin y sus jefes. El coronel congoleño necesitaba ayuda financiera “para pagar a sus tropas y a sus oficiales, así como gasolina para los desplazamientos de las tropas”, informa Devlin a sus jefes.

La CIA siempre se mostró dispuesta a gastar cualquier cantidad de dinero para comprar literalmente el gobierno de un país, y también a la oposición. No tiene reparos en hacerse cargo del destino del Congo: “Se podría presentar una lista de ministros a Mobutu pidiéndole sus sugerencias. Nuestro representante en Leopoldville está preparando esa lista”.

El golpista africano inventa un plan tras otro para chuparle el dinero a Washington. Un día, por ejemplo, afirma que “Moise Tshombé [dirigente de la provincia de Katanga, aliado de los colonialistas belgas] le había dado una cantidad de dinero no especificada para el ejército nacional congoleño, que había entregado al gobierno provisional, que lo había gastado en diversos dispendios sin el acuerdo del Ministro de Finanzas”. Pero ahora, escribe Devlin, “Mobutu tiene miedo de que se le pida que devuelva ese dinero que ya no tiene, que se sospeche que lo ha malversado y que esa sospecha alimente a la oposición”.

Sin duda, era una fábula, pero la CIA no hace preguntas. Paga a Mobutu lo que pide porque las mascotas garantizan lealtad. Naturalmente, Washington no se deja engañar. “Aunque el general Mobutu tenga muchas cualidades y haya conseguido cosas en el pasado, se puede considerar que su vanidad e irresponsabilidad han contribuido significativamente a la ineficacia y al desorden dentro del ejército”, señala Dean Rusk, jefe del Departamento de Estado.

Los imperialistas se cuidaban -sobre todo- de no involucrarse militarmente en el avispero congoleño. En 1964 sólo enviaron a Mobutu dos pilotos de cazabombarderos, contratados por la CIA, aunque el pelele africano pidió mucho más.

A veces el embajador cuestiona la generosidad de la CIA. “Devlin acaba de informarme de que Washington ha dado luz verde para confiar diez millones de francos belgas a Mobutu, sin ningún registro contable ni indicación del uso del dinero”. Era un cheque en blanco.

Para Mobutu cualquier pretexto es bueno para hacer caja. El 12 de octubre de 1965 el Presidente Kasavubu destituye brutalmente a su Primer Ministro, Moise Tshombé, haciendo saltar por los aires el equipo de la jefatura del Estado, que contaba con el apoyo de los imperialistas.

En el cuartel general de la CIA, algunos se sorprenden: “El 26 de octubre se hizo un pago al general Mobutu en reconocimiento a sus esfuerzos por apoyar los objetivos estadounidenses de mantener el dúo Kasavubu-Tshombé, aunque estos esfuerzos no tuvieron éxito”, señalan los mensajes. El pago había sido aprobado por la estación de la CIA en el Congo. El embajador estadounidense consideraba que el gasto era necesario porque el coronel “había recurrido a sus fondos personales para tratar de aliviar la tensión entre Kasavubu y Tshombé”.

Sencillamente, es imposible de creer que Mobutu hubiera pagado alguna vez una cuenta de su bolsillo.

Un negro es la última esperanza blanca

El 25 de noviembre de 1965 Mobutu se hizo con el poder mediante otro Golpe de Estado militar sin pedir permiso a sus amos estadounidenses, que no se lo echaron en cara. “Se disculpó sinceramente por no habernos avisado de sus planes”, escribe Devlin tras una reunión con Mobutu. El golpista congoleño tenía otro buen pretexto: no había una línea telefónica a su disposición el día antes del golpe para avisar a la CIA.

Pero, como buen y fiel caniche, se pone incondicionalmente a los pies de sus amos: “Espera consejos e instrucciones de Estados Unidos ahora y en el futuro”, señala Devlin, que considera -lógicamente- que este acto de lealtad debe ser debidamente recompensado: “Los fondos adicionales para Mobutu son más esenciales que nunca”.

Diez días después del golpe, Estados Unidos reconoce oficialmente a Mobutu. “El gobierno de Mobutu es la última oportunidad para el campo occidental en el Congo (y posiblemente en el África negra)”, escribe Devlin a sus jefes de la CIA. “Si cayera, hay pocas posibilidades de que sea sustituido por un régimen aceptable para Occidente. Creemos que es probable que el Congo se desintegre en una multitud de pequeños estados, algunos de los cuales caerían bajo la influencia del bloque comunista”.

Mobutu podía seguir extendiendo la mano con cualquier pretexto, sobre todo el de “luchar contra el comunismo”. Durante décadas la CIA seguirá financiando sin pestañear un régimen criminal, lacayo y vendido como pocos. Así lo demuestra, por ejemplo, un informe de 1966 que menciona otra montaña de dinero procedente de los fondos reservados: “Este dinero se gastó para asegurar el apoyo de los principales oficiales del Ejército Nacional Congoleño, para financiar a importantes dirigentes políticos y para proporcionar asistencia a los jefes provinciales y tribales que vinieron a visitar Leopoldville”.

¿Cuánto gastó la CIA para poner a un sátrapa al frente del antiguo Congo belga? En los archivos de la CIA las cantidades siguen estando clasificadas hasta el día de hoy. Según Jack Stockwell, fueron más de 20 millones de dólares sólo en los primeros años de su gobierno. Pero el gobierno de Mobutu llegó hasta finales del siglo pasado, así que hay que multiplicar esa cifra muchas veces.

(1) http://www.nytimes.com/2008/02/24/world/africa/24congo.html
(2) Larry Devlin, Chief of Station, Congo: Fighting the Cold War in a Hot Zone, https://www.goodreads.com/book/show/95199.Chief_of_Station_Congo
(3) John Stockwell, In Search of Enemies: a CIA Story, https://www.barnesandnoble.com/w/in-search-of-enemies-john-stockwell/1101828677

La CIA cada vez pierde más espías fuera de Estados Unidos

Decenas de agentes de la CIA han sido detenidos, ejecutados o comprometidos por agencias de inteligencia extranjeras de todo el mundo, dice el New York Times (*).

Entre ellos hay espías e informantes, estadounidenses y ciudadanos de otros países que trabajan para la CIA.

Los altos cargos de la CIA han reprendido a las sedes de contraespionaje de varios países por falta de formación, por subestimar las competencias de las agencias extranjeras y por reclutar personal sin tener en cuenta los posibles riesgos.

La CIA ha exigido a sus agentes que resuelvan todos los problemas identificados y mejoren el trabajo de los agentes en el extranjero. No se indica el número exacto de informantes comprometidos. Sin embargo, se informa de que Rusia, China, Pakistán e Irán se han vuelto mucho más eficaces a la hora de rastrear y neutralizar a los espías de la CIA, además de convertirlos en agentes dobles.

Según la CIA, no es sólo la habilidad de los competidores lo que ha llevado a los fracasos de los informantes, sino también la traición dentro de las filas de la contrainteligencia estadounidense. Se ha revelado que algunos funcionarios del departamento transfieren datos de los agentes a servicios especiales extranjeros y violan el secreto de los canales de comunicación.

(*) https://www.nytimes.com/2021/10/05/us/politics/cia-informants-killed-captured.html

Periodistas y espías se forman en las mismas escuelas de guerra sicológica

Un instituto universitario, el Departamento de Estudios de Guerra del King’s College de Londres, funciona como escuela de espionaje. Sus puestos de enseñanza están ocupados por actuales y antiguos funcionarios de la OTAN, oficiales del ejército y oficiales de inteligencia, con el fin de formar a la próxima generación de espías y oficiales de inteligencia. Sin embargo, ahora podemos revelar otro aspecto aún más preocupante de este departamento: los periodistas. Un número desproporcionado de los reporteros, productores y presentadores más influyentes del mundo, que representan a los medios de comunicación más conocidos y respetados -entre ellos el New York Times, la CNN y la BBC- han aprendido su oficio en las aulas de este departamento londinense, lo que plantea serias dudas sobre los vínculos entre el Cuarto Poder y el Estado de seguridad nacional.

Cada vez más, parece que las agencias de inteligencia de todo el mundo empiezan a valorar a los agentes con una sólida formación académica. Un estudio de 2009 publicado por la CIA describe el valor de “utilizar las universidades como medios de formación en materia de inteligencia”, escribiendo que “la exposición a un entorno académico, como el Departamento de Estudios de Guerra del King’s College de Londres, puede añadir varios elementos que pueden ser más difíciles de proporcionar dentro del sistema gubernamental”.

El documento, redactado por dos miembros del personal del King’s College, se jactaba de que el profesorado del departamento tenía “una amplia y completa experiencia en materia de inteligencia”. No era una exageración. Entre el profesorado actual del departamento de Estudios de Guerra se encuentran el ex secretario general de la OTAN, el ex ministro de Defensa del Reino Unido y oficiales militares del Reino Unido, Estados Unidos y otros países de la OTAN. “Aprecio profundamente el trabajo que estáis haciendo para formar y educar a nuestros futuros líderes de seguridad nacional, muchos de los cuales están en esta audiencia”, dijo Leon Panetta, entonces Secretario de Defensa de EE.UU. (y antiguo Director de la CIA), en un discurso en el departamento en 2013.

El King’s College de Londres también admite tener una serie de contratos en curso con el Estado británico, incluido el Ministerio de Defensa, pero se niega a revelar los detalles de estos acuerdos.

Aunque se trata de una universidad británica, el King’s College está muy orientado a los estudiantes estadounidenses. Actualmente hay 1.265 estudiantes estadounidenses matriculados, lo que representa alrededor del 4 por ciento del alumnado. Muchos graduados del Departamento de Estudios de la Guerra ocupan puestos importantes en los principales medios de comunicación estadounidenses. Andrew Carey, jefe de la oficina de la CNN en Jerusalén, por ejemplo, obtuvo un máster allí en 2012. La cobertura de Carey sobre el último ataque israelí a Gaza presentó al Estado del apartheid como una “respuesta“ a los ataques con cohetes de Hamás, en lugar de instigar la violencia. Un memorando interno filtrado que Carey envió a su personal el mes pasado en el momento álgido de los bombardeos les pedía que incluyeran siempre el hecho de que el Ministerio de Sanidad de Gaza está supervisado por Hamás, para que los lectores no empezaran a creer las cifras bien documentadas de las víctimas palestinas causadas por los días de bombardeos. “Tenemos que ser transparentes sobre el hecho de que el Ministerio de Sanidad de Gaza está dirigido por Hamás. Por lo tanto, cuando citamos las últimas cifras de víctimas y las atribuimos al Ministerio de Sanidad de Gaza, debemos incluir el hecho de que está dirigido por Hamás”, rezan sus instrucciones.

Una vez hechos públicos, sus comentarios suscitaron una amplia reacción. “Esta es una página sacada directamente del libro de jugadas de Israel. Sirve para justificar el ataque a civiles e instalaciones médicas”, comentó Dena Takruri, presentadora y productora principal de Al-Jazeera.

El New York Times, el periódico más influyente de Estados Unidos, también ha empleado a ex alumnos del Departamento de Estudios de Guerra. Christiaan Triebert (M.A., 2016), por ejemplo, es reportero en su equipo de investigaciones visuales. Incluso ganó un premio Pulitzer por “Revelaciones sobre Rusia y las acciones agresivas de Vladimir Putin en países como Siria y Europa”. La contratación de estudiantes de la escuela de espionaje para desprestigiar a Rusia parece ser una táctica habitual del Times, que también empleó a Lincoln Pigman entre 2016 y 2018 en su oficina de Moscú.

Josh Smith, corresponsal principal de la influyente agencia de noticias Reuters y anteriormente su corresponsal en Afganistán, también es un graduado del departamento en cuestión, al igual que Daniel Ford, del Wall Street Journal.

Pero quizá la figura mediática más influyente de la universidad sea Ruaridh Arrow. Arrow ha sido productor en varias de las principales cadenas de noticias de Reino Unido, como Channel 4, Sky News y la BBC, donde fue editor mundial y productor principal de Newsnight, el programa político estrella de la cadena. En 2019, Arrow dejó la BBC para convertirse en productor ejecutivo en NBC News.

Una escuela de guerra sicológica

Como es lógico, para una universidad con sede en Londres, el principal destino periodístico de los graduados del departamento de Estudios de Guerra es Reino Unido. De hecho, la BBC, la poderosa emisora estatal del país, cuenta con muchos ex alumnos del Departamento de Estudios de Guerra. Arif Ansari, jefe de noticias de la red asiática de la BBC, completó un máster analizando la guerra civil siria en 2017 y fue rápidamente seleccionado para un programa de desarrollo de dirección, lo que le puso a cargo de un equipo de 25 periodistas que cubren noticias principalmente para las grandes comunidades británicas de Oriente Medio y Asia del Sur.

Muchos miembros del personal de la BBC comienzan a estudiar en King’s años después de que sus carreras hayan despegado, compaginando su vida laboral con la búsqueda de nuevas cualificaciones. Ahmed Zaki, periodista sénior de BBC Global News, empezó su máster seis años después de entrar en la BBC. Ian MacWilliam -que pasó diez años en el Servicio Mundial de la BBC, el canal de noticias oficial del país a nivel mundial, especializado en regiones sensibles como Rusia, Afganistán y Asia Central- decidió estudiar en King’s más de 30 años después de haberse graduado por primera vez.

Otro influyente ex alumno de Estudios de Guerra en el Servicio Mundial es Aliaume Leroy, productor de su programa Africa Eye. La conocida presentadora de noticias de la BBC, Sophie Long, también se graduó en este departamento y trabajó para Reuters e ITN antes de incorporarse a la cadena pública.

“Es un secreto a voces que el Departamento de Estudios de Guerra del King’s College de Londres funciona como la escuela de acabado de los segurócratas angloamericanos. Así que quizás no sea sorprendente que los graduados de sus diversos cursos militares y de inteligencia también entren en un mundo de periodismo corporativo que existe para encubrir los mensajes de esas mismas agencias de ‘seguridad’”, dice Matt Kennard, un periodista de investigación de Declassified U.K., que ya ha expuesto los vínculos de la universidad con el Estado británico. “Sin embargo, esto es un peligro real y presente para la democracia. El imprimátur de la universidad da a la investigación del departamento una pátina de independencia cuando en realidad funciona como el brazo de investigación no oficial del Ministerio de Defensa de Reino Unido”, añadió.

El Departamento de Estudios de Guerra también forma a muchos periodistas y comentaristas internacionales, como Nicholas Stuart, del Canberra Times (Australia), la escritora pakistaní Ayesha Siddiqa, cuyo trabajo ha aparecido en el New York Times, Al-Jazeera, The Hindu y muchos otros medios, y la escritora israelí Neri Zilber, que colabora con el Daily Beast, The Guardian, Foreign Policy y Politico.

¿De qué va todo esto?

¿Por qué muchas de las figuras más influyentes de nuestros medios de comunicación están alojadas en un departamento bien conocido por sus vínculos con el poder del Estado, por sus profesores que son militares o ex funcionarios del gobierno en activo, y por su producción de espías y agentes para varias agencias de tres siglas? Esto no quiere decir que estos periodistas sean todos espías potenciales: no lo son. Se trata más bien de poner de manifiesto los estrechos y alarmantes vínculos entre el Estado de seguridad nacional y el cuarto poder en el que confiamos para controlar su poder y exigirle responsabilidades.

Los periodistas formados en este tipo de entorno son mucho más propensos a ver el mundo de la misma manera que sus profesores. Y es posible que sean menos propensos a desafiar el poder del Estado cuando los funcionarios a los que examinan son sus compañeros de clase o sus profesores.

Este tipo de preguntas abundan cuando existe un fenómeno de este tipo: ¿por qué tantos periodistas eligen estudiar en este departamento en particular, y por qué tantos de ellos llegan a ser tan influyentes?, ¿están controlados por las agencias de seguridad, sin saberlo o no?, ¿cómo son de independientes?, ¿se limitan a repetir los argumentos de los Estados británico y estadounidense, como hacen las publicaciones del Departamento de Estudios de Guerra?

En cuanto a la selección de los candidatos, la BBC ha admitido que, al menos hasta la década de 1990, llegó a acuerdos con el MI5, la agencia de espionaje nacional, para asegurarse de que no se contrataba en secreto a personas con inclinaciones izquierdistas y/o antibélicas, o con opiniones críticas con la política exterior y el imperio británicos. Cuando se le preguntó si esta política seguía vigente, la emisora declinó hacer comentarios, citando “cuestiones de seguridad”, una respuesta que probablemente no tranquilice a los escépticos.

“Aunque me parece muy interesante que una sola institución académica pueda desempeñar un papel tan importante en el reclutamiento de intelectuales activistas favorables al establishment y su transmisión a los medios de comunicación, no es tan sorprendente”, dice Oliver Boyd-Barrett, profesor emérito de la Escuela de Medios y Comunicación de Bowling Green State y experto en la colusión entre el gobierno y los medios de comunicación:

Las instituciones de élite han sido en el pasado, y podría decirse que todavía lo son hoy, importantes campos de juego para las agencias de inteligencia. La historia del Estado-nación moderno en general, y no sólo la de Estados Unidos, parece sugerir que las élites consideran que la unidad nacional -y, por tanto, la seguridad de las élites- sólo puede lograrse mediante una gestión cuidadosa y, a menudo, la supresión o desviación de la disidencia. Normalmente se destinan a este fin muchos más recursos de los que muchos ciudadanos, formados en la propaganda de la democracia, se dan cuenta o se preocupan por conceder.

Los muchachos de Bellingcat

Aunque los periodistas mencionados anteriormente no son espías, otras figuras de los Estudios de la Guerra que trabajan en el periodismo podrían ser descritas como tales, incluidos los que trabajan para el influyente y cada vez más famoso sitio web de investigación Bellingcat.

Cameron Colquhoun, por ejemplo, pasó casi una década en el GCHQ, la versión británica de la NSA, donde fue analista principal a cargo de las operaciones cibernéticas y antiterroristas. Se graduó en el King’s College de Londres y en el Departamento de Estado. Estos antecedentes no se revelan en su perfil de Bellingcat, que se limita a describirlo como director general de una empresa de inteligencia privada que “realiza investigaciones éticas“ para clientes de todo el mundo.

Nick Waters, investigador principal de Bellingcat, pasó cuatro años como oficial del ejército británico, incluso en Afganistán, donde ayudó a conseguir los objetivos del Estado británico en la región. Después se unió al Departamento de Estudios de Guerra y a Bellingcat.

Durante mucho tiempo, el fundador de Bellingcat, Eliot Higgings, desestimó las acusaciones de que su organización estaba financiada por la National Endowment for Democracy (NED) del gobierno estadounidense -una organización de la CIA- como una ridícula “conspiración”. Sin embargo, en 2017, admitió que era cierto. Un año más tarde, Higgins se incorporó al Departamento de Estudios de la Guerra como becario visitante. Entre 2016 y 2019, también fue miembro senior del Consejo Atlántico, el grupo de expertos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Parece que Higgins ha utilizado el departamento universitario como campo de reclutamiento, encargando a otros graduados en estudios de guerra como Jacob Beeders, Christiaan Triebert y Aliaume Leroy que escriban para su sitio.

La CIA tiene en muy alta estima a Bellingcat. “No quiero ser demasiado excesivo, pero nos encanta” Bellingcat”, dijo Marc Polymeropoulos, antiguo jefe adjunto de operaciones de la agencia para Europa y Eurasia. Otros oficiales explicaron que Bellingcat podría ser utilizado para exteriorizar y legitimar los argumentos antirrusos. “El mayor valor de Bellingcat es que luego podemos ir a los rusos y decirles ‘aquí tienes’ [cuando pidan pruebas]”, añadió Daniel Hoffman, antiguo jefe de estación de la CIA.

Bellingcat pillado in fraganti

Bellingcat actúa para encubrir los temas de conversación sobre seguridad nacional del Estado en la corriente principal, bajo la apariencia de periodistas de investigación neutrales.

Documentos recientemente filtrados muestran cómo Bellingcat, Reuters y la BBC cooperaron en secreto con el Ministerio de Asuntos Exteriores de Reino Unido (FCO) para socavar el Kremlin y promover el cambio de régimen en Moscú. Esto incluía la formación de periodistas y la promoción de medios de comunicación explícitamente antirrusos en Europa del Este. Lamentablemente, el FCO señaló que Bellingcat había quedado “algo desacreditado”, ya que difundía constantemente desinformación y estaba dispuesto a elaborar informes para cualquiera que tuviera dinero.

Sin embargo, una nueva propuesta del Parlamento Europeo publicada el mes pasado recomienda contratar a Bellingcat para que ayude a elaborar informes que sienten las bases de las sanciones contra Rusia, para excluirla de los organismos internacionales y para “ayudar a transformar a Rusia en una democracia”. En otras palabras, para derrocar al gobierno de Vladimir Putin.

Un vínculo periodístico académico

El Departamento de Estudios de Guerra también forma parte de este grupo pro OTAN y anti Rusia. Además de estar compuesto por soldados, espías y funcionarios, publica influyentes informes que asesoran a los gobiernos occidentales en política exterior y de defensa. Por ejemplo, un estudio titulado “La futura dirección estratégica de la OTAN“ aconseja a los Estados miembros que aumenten sus presupuestos militares y permitan el almacenamiento de armas nucleares estadounidenses en su territorio, con el fin de “compartir la carga”. También recomienda que la OTAN redoble su compromiso de oponerse a Rusia, al tiempo que advierte de la urgente necesidad de desarrollar una “política coherente“ para hacer frente a la amenaza china.

Otros informes de Estudios de Guerra afirman que Rusia está librando una “guerra informativa y psicológica“ a través de sus canales estatales RT y Sputnik, y aconsejan a Occidente que utilice sus medios técnicos para evitar que sus ciudadanos consuman esta propaganda extranjera.

Los académicos del King’s College de Londres también han resultado vitales para mantener en prisión al editor disidente Julian Assange. Un psiquiatra que trabajó con el departamento de Estudios de Guerra declaró ante el tribunal que el australiano sólo sufría una depresión “moderada“ y que su riesgo de suicidio era “manejable”, concluyendo que su extradición a Estados Unidos “no sería injusta”. Como reveló la investigación de Matt Kennard, el Ministerio de Defensa británico había financiado el instituto en el que trabajaba con 2,2 millones de libras (3,1 millones de dólares), aunque el psiquiatra en cuestión afirmó que su trabajo no estaba financiado directamente por el Ministerio de Defensa.

El King’s College de Londres promociona su departamento de Estudios de la Guerra tanto entre los graduados como entre los no graduados como un trampolín para la carrera de periodismo. En la sección de “perspectivas profesionales“ de su curso de maestría en estudios sobre la guerra, dice a los estudiantes interesados que “los graduados pasan a trabajar para ONG, el FCO, el Ministerio de Defensa, el Ministerio del Interior, la OTAN, las Naciones Unidas, o hacen carrera en el periodismo, las finanzas, el mundo académico, el servicio diplomático, las fuerzas armadas, etc.”

Del mismo modo, a los estudiantes universitarios se les dice que “obtendrán una comprensión profunda y sofisticada de la guerra y las relaciones internacionales, tanto como temas dignos de estudio como de preparación intelectual para la más amplia gama posible de opciones profesionales, incluyendo el gobierno, el periodismo, la investigación y las organizaciones humanitarias e internacionales”.

Cursos como “Nuevas guerras, nuevos medios de comunicación, nuevo periodismo“ combinan periodismo e inteligencia y están supervisados por académicos especializados en estudios bélicos.

No es de extrañar que el departamento haya formado a muchos políticos influyentes, incluidos jefes de Estado extranjeros y miembros del Parlamento británico. Sin embargo, los ámbitos de la política de defensa y de la política se solapan de forma considerable. El hecho de que el departamento que forma a los altos funcionarios del gobierno y a los agentes de las agencias secretas de tres siglas sea también el lugar que produce muchos de los periodistas en los que confiamos para enfrentarse y controlar a esos funcionarios es gravemente problemático.

Un respeto malsano por la autoridad

Por desgracia, en lugar de desafiar al poder, muchos medios de comunicación modernos amplifican su mensaje sin criticarlo. Los funcionarios del Estado y los agentes de inteligencia se encuentran entre las fuentes menos fiables, periodísticamente hablando. Sin embargo, muchas de las historias más importantes de los últimos años se basan en nada más que rumores de funcionarios que ni siquiera ponen sus nombres a sus afirmaciones.

El nivel de credulidad de los periodistas modernos hacia los poderosos fue resumido por la ex corresponsal de la CNN en la Casa Blanca, Michelle Kosinski, quien dijo el mes pasado: “Como periodista estadounidense, nunca esperas que tu propio gobierno te mienta, repetidamente, que tu propio gobierno retenga información que el público tiene derecho a conocer, y que tu propio gobierno espíe tus comunicaciones”.

Por desgracia, la credulidad se extiende a la colaboración con los servicios secretos en algunos casos. Los correos electrónicos filtrados muestran que Ken Dilanian, un reportero de seguridad nacional de Los Angeles Times, enviaba sus artículos directamente a la CIA para que los editara antes de su publicación. Lejos de ser penalizado en su carrera, Ken Dilanian es ahora corresponsal de seguridad nacional de NBC News.

Según Boyd-Barrett, los gobiernos dependen de “la ayuda de unos medios de comunicación penetrantes, conniventes y complacientes que, en los últimos tiempos -y en el contexto de la confusión masiva sobre las campañas de desinformación reales o supuestas en Internet- se están convirtiendo en guardianes cada vez más problemáticos del derecho del público a saber”.

El control de las redes sociales

En los últimos años, el Estado de seguridad nacional también ha aumentado su influencia sobre los gigantes de las redes sociales. En 2018, Facebook y el Atlantic Council establecieron una asociación en la que el gigante de Silicon Valley subcontrató parcialmente la gestión de los flujos de noticias de sus 2.800 millones de usuarios al Digital Forensics Lab del Consejo, aparentemente para ayudar a detener la propagación de noticias falsas en línea. El resultado, sin embargo, ha sido la promoción de medios corporativos “fiables“ como Fox News y CNN y la penalización de las fuentes independientes y alternativas, que han visto descender su tráfico de forma drástica. A principios de este año, Facebook también contrató al ex secretario de prensa de la OTAN y actual miembro del Consejo Atlántico, Ben Nimmo, como su jefe de inteligencia. El director de políticas de Reddit es también un antiguo funcionario del Consejo Atlántico.

Mientras tanto, en 2019, un alto ejecutivo de Twitter para la región de Oriente Medio salió a la luz como oficial en servicio activo de la 77 Brigada del Ejército británico, su unidad dedicada a las operaciones psicológicas y la guerra en línea. Lo más destacable de este acontecimiento es la casi total falta de atención que recibió por parte de la prensa convencional. En un momento en el que la injerencia extranjera en internet era quizá la noticia número uno del ciclo informativo, sólo un gran medio de comunicación, Newsweek, lo mencionó siquiera. Además, el reportero que cubrió la historia renunció unas semanas después, alegando una censura asfixiante y una cultura de deferencia a los intereses de seguridad nacional.

Ahora tenemos un panorama mediático en el que muchos de los periodistas más influyentes de Occidente están formados exactamente por las mismas personas, en el mismo departamento, que la nueva generación de agentes de seguridad nacional.

El hecho de que tantos espías, funcionarios del gobierno y periodistas encargados de exigirles responsabilidades en nuestro nombre provengan todos del mismo lugar no es un buen augurio para una democracia sana y abierta. Aprender codo con codo ha contribuido a crear una situación en la que el Cuarto Poder se ha vuelto extremadamente deferente con el llamado Estado Profundo, donde las palabras de un funcionario anónimo se toman como evangelio. El Departamento de Estudios de Guerra es sólo una parte de este fenómeno más amplio.

Alan MacLeod https://www.mintpressnews.com/spy-school-kings-college-london-churning-out-journalists/277582/

Dinamarca ayudó a Estados Unidos a espiar a dirigentes europeos de varios países

Dinamarca ayudó a Estados Unidos a espiar a varios altos dirigentes europeos, entre 2012 y 2014. Esta vigilancia preocuparía a los dirigentes de Alemania, Suecia, Noruega, Holanda y Francia, incluida la canciller alemana Angela Merkel.

La noticia fue revelada el domingo por la cadena de radio-televisión pública danesa Danmarks Radio (1). El gobierno danés estaba al corriente de estas actividades de sus servicios secretos al menos desde 2015, sin informar a sus aliados europeos. En esa fecha, el organismo encargado de controlar a la inteligencia danesa, alertado por un informante, abrió una investigación que finalizó en agosto pasado con la destitución de toda la cúpula del servicio secreto.

En 2015 la revista alemana Der Spiegel reveló que los servicios alemanes habían intervenido el teléfono de Laurent Fabius cuando era ministro francés de Asuntos Exteriores. Ambos gobiernos trataron de tapar el asunto, ya que estropeaba la imagen idílica de las relaciones franco-alemanas.

Todos espían a todos, pero lo más rocambolesco es que Dinamarca se espiaba a sí misma, según Deutsche Welle. El espionaje danés no estaba al servicio de su país sino de Estados Unidos y ayudó a la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) a espiar a los ministros daneses de Asuntos Exteriores y de Finanzas, así como a un fabricante de armas danés (2).

La filtración ha provocado una protesta entre los países europeos vigilados. El gobierno alemán indicó que estaba “en contacto con todos los interlocutores nacionales e internacionales para obtener aclaraciones”, según un comunicado. Suecia y Noruega también han pedido explicaciones y Macron calificó el espionaje como “inaceptable entre aliados, y menos aún entre aliados y socios europeos”.

La información, en sí misma, no es nueva, y se hace eco de las revelaciones de 2013 de Snowden de que la NSA había intervenido el teléfono móvil de la canciller alemana Angela Merkel.

Entonces Merkel expresó su malestar a Barack Obama y tachó de “inaceptable” el espionaje “entre amigos”. Por lo tanto, como dice Snowden en su cuenta de Twitter, Biden está preparado para responder cuando visite Europa, ya que estuvo involucrado en el escándalo la primera vez, ya que era el Vicepresidente en tiempos de Obama (3).

La NSA espía a los dirigentes europeos desde los años noventa y, entre ellos, al Banco Central, lo que indica la amplitud y la persistencia de la vigilancia estadounidense, incluso sobre sus aliados europeos.

(1) https://www.dr.dk/engagement/taet-paa/stil-spoergsmaal-om-den-danske-spionskandale-hvilke-konsekvenser-faar-den-for-vores-samarbejde-i-europa
(2) https://www.dw.com/en/danish-secret-service-helped-us-spy-on-germanys-angela-merkel-report/a-57721901
(3) https://t.co/TJL7gr6dy8

El espionaje británico dirige la campaña de intoxicación contra Rusia a través de la BBC y Reuters

La BBC y Reuters participan en un programa secreto del Foreign Office, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, según documentos filtrados en febrero. El objetivo es “debilitar la influencia del Estado ruso”.

El programa está apoyado por el servicio de inteligencia británico MI6 y por Bellingcat, un equipo de propagandistas de la OTAN.

Los documentos han sido publicados por The Grayzone y analizados detalladamente por Max Blumenthal (*), a quien el New York Times calificó de “tonto útil de Putin” por sus ataques a los nazis ucranianos durante la Guerra del Donbás.

La campaña de intoxicación tiene como diana a medios de comunicación rusos, como Sputnik y RT. Sus argumentos, además de evidentes, no son nada nuevos: Sputnik y RT son medios de comunicación públicos financiados por el gobierno ruso, lo mismo que la ETB, por poner un ejemplo.

La diferencia es que Sputnik y RT vienen socavando sistemáticamente la credibilidad de la propaganda imperialista, lo que ha hecho crecer su audiencia. En la medida en que se debilitan sus altavoces, se debilita el imperialismo y, por lo mismo, crece el prestigio de Rusia y de sus propios medios de información.

En otras palabras, Sputnik y RT no son más dependientes del gobierno ruso que la BBC y Reuters de los imperialistas. La diferencia es que una cosa es sabida y la otra sigue escondida, y quien oculta algo no merece ninguna credibilidad.

Al respecto, el artículo de The Grayzone es exhaustivo. Incluye documentos procedentes de empresas, administraciones y oficinas públicas británicas y, como no se explica su origen, sospecho que han sido obtenidos por los medios típicos del espionaje ruso y luego filtrados a Blumenthal.

Los documentos confirman algo que ya hemos expuesto aquí: la campaña de intoxicación contra Rusia la dirige el MI6, que ha creado un departamento secreto dentro del Foreign Office en el que los periodistas trabajan conjuntamente con espías y subcontratistas de inteligencia.

Oficialmente el departamento se llama CDMD (Desarrollo de Medios de Comunicación y Contra-Desinformación), aunque es más conocido como “Consorcio”.

El departamento tiene un programa “de formación” para periodistas rusos supervisado por Reuters, uno de cuyos objetivos es crear un “impacto positivo” en su “percepción del Reino Unido”. El otro es crear una red de agentes de influencia en el segmento de habla rusa de las redes sociales.

Hay varios ejemplos de ello, entre los que siempre hemos destacado el Caso Skripal, como modelo de intoxicación. El tan llorado Navalny también es un buen ejemplo. Al jefe de la organización anticorrupción de Navalny, Vladimir Ashurkov, le pilló el espionaje ruso en 2012 reuniéndose con un espía del MI6, James William Thomas Ford, que operaba desde la embajada británica en Moscú. Durante la reunión se le oye a Ashurkov pedir entre 10 y 20 millones de dólares para generar “una imagen diferente” de Rusia: corrupta, oligárquica, represora…

(*) https://thegrayzone.com/2021/02/20/reuters-bbc-uk-foreign-office-russian-media/

Más información:
— El gobierno británico dirige a los medios en la campaña de intoxicación contra Rusia
— El espionaje británico supervisa la contratación de los periodistas de la BBC
— Culebrón Skripal: últimas y apasionantes revelaciones sobre un temible coronel del no menos temible GRU
— La Nueva Guerra Fría de la CIA contra Rusia

La CIA exigió a Yemen la liberación de un dirigente de Al-Qaeda

La semana pasada el canal Al-Masirah, de los huthíes, divulgó una conversación telefónica entre el director de la CIA, George Tenet (que ocupó el cargo entre 1996 y 2004), y el Presidente yemení, Ali Abdullah Saleh (que ocupó el cargo entre 1990 y 2012). Luego la grabación se ha divulgado en internet (*).

En el audio Tenet exige a Saleh la liberación de un destacado dirigente de Al Qaeda. El cabecilla de la CIA pide la liberación “en un plazo de dos días de alguien que es muy importante para mí personalmente”, y que fue detenido en relación con el papel de Al-Qaeda en el ataque a un destructor naval estadounidense, el USS Cole, en 2000.

Sin embargo, cuando Saleh le pide su nombre del miembro de Al-Qaeda, Tenet le responde que es demasiado arriesgado revelar nombres por teléfono, y añadió que ambos sabían quién era ese individuo.

La grabación da una visión reveladora de cómo Estados Unidos está tomando medidas drásticas entre bastidores, incluso con los jefes de Estado que no tienen más remedio que firmarles cheques en blanco sin rechistar a la menor petición. El hecho de que esta revelación haya sido pasada por alto por todos los medios de comunicación occidentales, ya sean dominantes o supuestamente alternativos, es indicativo del pacto de silencio que pesa sobre la llamada “guerra contra el terrorismo”, que no es más que una instrumentalización del terrorismo para justificar la perpetua ocupación militar de Oriente Medio.

El atentado suicida de Al-Qaeda al que se refiere la llamada, ocurrido el 12 de octubre de 2000, mató a 17 marines estadounidenses e hirió a otros 39.

Según el actual jefe de inteligencia houthi en Yemen, el miembro de Al-Qaeda al que se refiere la llamada es Anwar Al-Awlaki, un clérigo nacido en Estados Unidos, convertido en propagandista. Posteriormente murió en un controvertido ataque con drones de Estados Unidos en 2011, aprobado por Obama.

El hijo de Al-Awlaki, de 16 años, también ciudadano estadounidense, murió en otro ataque de la CIA con drones dos semanas después, junto con su primo y varios otros civiles. En 2017, la hija de ocho años de Al-Awlaki fue a su vez asesinada en una redada de comandos ordenada por Trump.

Un comunicado emitido por las fuerzas huthíes afirma que la conversación es una prueba más de “las relaciones directas entre la CIA y los terroristas de Al-Qaeda y la cooperación de los funcionarios del gobierno de Saleh en esa relación”.

Saleh fue asesinado en 2017 tras cambiar de bando en la Guerra de Yemen, poniéndose del lado de la coalición saudí y abandonando el movimiento houthí al que estaba aliado, tras la toma de la capital Sanaa por parte de los rebeldes en 2014. Los huthíes y el gobierno de Saleh libraron seis guerras intermitentes entre 2004 y 2010.

(*) https://www.middleeastmonitor.com/20210318-houthi-official-cia-asked-yemens-saleh-to-release-al-qaeda-member/

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