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El gobierno asalta la fiscalía para impedir que la corrupción se investigue

Carlos Enrique Bayo

Ya se lo dijo Ignacio González al ministro de Justicia en agosto pasado: “Yo no me corto en decirle a Rafa [Catalá]: ‘Oye Rafa…’. ¿Sabes? El aparato del Estado y los medios de comunicación van aparte: o los tienes controlados o estás muerto”.

El expresidente de la Comunidad de Madrid –hoy preso en Soto del Real– se lo estaba diciendo por teléfono (pinchado) a Eduardo Zaplana –exministro de Aznar– y justo antes había detallado cuál era el primer paso a dar: “Vamos a ver, yo creo que a ver si podemos colocar el tema del fiscal Anticorrupción, ¿sabes? Y… yo creo que va a ser él. Si sale es cojonudo. Se llama Moix, es un tío… serio y bueno”. Dicho y hecho.

Ciertamente, Manuel Moix había sido hasta entonces más que bueno… para Ignacio González. Y tan específicamente para él como que cuando ocupaba el cargo de fiscal superior de Madrid archivó en 2009 la denuncia –sobre el pelotazo en el campo de golf del Canal– que habría destapado la trama del caso Lezo y que Moix desestimó sin practicar ni la más sencilla y rutinaria comprobación en Hacienda que solicitaban los denunciantes (Parque Sí en Chamberí), tal como ha revelado InfoLibre.

Moix no hizo averiguación ninguna –pues habría destapado de inmediato que el hermano, Pablo hoy también preso, y el cuñado, imputado y en libertad tras pagar 100.000 euros de fianza– se estaban forrando como comisionistas de ese absurdo proyecto urbano que está hoy ante la Justicia. Pero el hoy fiscal jefe Anticorrupción no se cortó en afirmar por escrito que no existía “ni indicio, ni rastro, ni la más leve sospecha” de irregularidad por parte de González. Vaya, “un tío… serio y bueno”.

Así que ése debió ser uno de los méritos de la carrera de Moix que el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, valoraría cuando decidió imponerlo al frente de Anticorrupción por encima de media docena de candidatos mucho más cualificados en ese campo. Y sin duda también estimaría Maza valiosas otras decisiones de Moix como fiscal superior de Madrid, desde la de ponerse del lado del empresario Miguel Ángel Flores y del Ayuntamiento de Ana Botella en el caso del Madrid Arena (donde perecieron cinco chicas), hasta la de tratar de impedir la divulgación de los correos de Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid, que han sido muy esclarecedores en los casos de las tarjetas black y de las preferentes.

Un asalto en todos los frentes

Seis meses después de aquella conversación telefónica intervenida por los fiscales que investigaban el caso Lezo, Maza se decidió por el candidato preferido por el imputado González como el más idóneo para poner orden en Anticorrupción. Porque en cuanto Mariano Rajoy logró formar gobierno tras las elecciones del 20-D, el revalidado ministro Catalá desencadenó un asalto a la Fiscalía en todos los frentes para frenar las investigaciones de las tramas de corrupción política.

Primero destituyó a Consuelo Madrigal –quien se oponía a la designación de Moix y consideraba mucho más idóneo a Alejandro Luzón– y colocó en su puesto a Maza –involucrado en el montaje jurídico de Schola Iuris organizado por el comisario Villarejo–, quien no sólo cumplió enseguida los deseos de Ignacio González sino que hizo cambios cruciales en la jefatura de las dos Salas más importantes: en Anticorrupción puso a Moix y en la Audiencia Nacional, a Jesús Alonso, sustituyendo a Javier Zaragoza, quien la dirigía desde 2006.

Y resulta que Jesús Alonso también tiene relación con Zaplana: el exministro de Aznar acudió a su toma de posesión como teniente fiscal de la Audiencia Nacional, el 22 de abril de 2013, según varios testigos de aquella ceremonia, cuyas fotos oficiales evitaron la imagen del dirigente del PP. Incluso, relatan, “hubo varios fiscales que no se quisieron sentar cerca de Zaplana” entre el reducido público que acudió al acto.

El motivo es que el exministro de Trabajo aparece también en las grabaciones del caso Naseiro (entonces tesorero del PP), en 1990, trama de corrupción descubierta en Valencia y en la que se acreditaba la financiación paralela de los partidos políticos, que se repartían proporcionalmente a su representación parlamentaria las comisiones (del 3% o 5%) y las donaciones de grandes empresas.

Estas fiscalías tan sensibles (Anticorrupción y Audiencia Nacional) figuran también en la conversación interceptada en el caso Lezo entre Ignacio González y el exvocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) Enrique Arnaldo Alcubillas, cuando hablan de la posible destitución de Madrigal como fiscal general: “Se la van a follar”, llega a decir González tras hablarlo con el magistrado y también exvocal Enrique López.

Enrique Arnaldo revela en su conversación con González que el gobierno va a “mover la pieza principal y luego las dos que van al lado, que son la Fiscalía de la Audiencia Nacional y la Fiscalía Anticorrupción. La gente de la Nacional sí que pretende que salga Zaragoza, que es uno de los elementos más principales. Esta operación, que yo sepa, está preparada. Es una garantía que siga Rafael [Catalá] porque ya lo conoce”, según reveló El Español. Todo ello se confirmó después en la realidad de las acciones ejecutadas por el ministro y su fiscal general.

El fiscal general toma el mando de todos los casos

Aunque casi más importante –y mucho menos conocida– fue la decisión de la Secretaría Técnica de la Fiscalía, que depende directamente del fiscal general del Estado y constituye su principal organismo de control del conjunto del Ministerio Público, de impartir órdenes a todos los fiscales de España para que, a partir de ahora, los casos que afecten a aforados –políticos con cargos electos– sean dirigidos por dicha Secretaría

Una orden paralela y sospechosamente similar a la que dictó Moix nada más llegar a la jefatura de Anticorrupción: él sería a partir de ese instante el único portavoz en todas las causas de corrupción política, y las supervisaría personalmente una a una, para que ninguna actuación ni imputación se hiciese sin su censura previa. Hasta ese momento, y durante los 13 años en los que Antonio Salinas fue fiscal jefe (hasta su jubilación), eran los fiscales los que informaban a la prensa, con mejor o peor acierto, y los que tomaban las decisiones operativas en el día a día de las investigaciones con bastante autonomía.

A partir de la toma de posesión de Maza, el caos se ha instaurado en el Ministerio Público. Como explica Álvaro García Ortiz, presidente de la Unión Progresista de Fiscales, hasta la llegada de Maza, la Fiscalía se basaba en la confianza en los profesionales, que asumían su responsabilidad, con un jefe que se limitaba a coordinar sus trabajos. En cambio, el modelo que se pretende imponer ahora concentra todo el poder en una sola mano, sin que el Estatuto Orgánico vigente prevea contrapesos ante los excesos de poder más allá de requerir que un jefe entregue las órdenes por escrito.

Para García Ortiz, que ha pedido abordar la crisis en Anticorrupción en el Consejo Fiscal que se celebra este miércoles y jueves, el segundo modelo que se pretende imponer se basa en el control absoluto:

“Cada paso debe ser supervisado y visado y existe un control absoluto por parte de la jefatura y por la escala jerárquica. El cambio hacia un modelo más jerarquizado es el que provoca el choque. Se pretende concentrar el poder de la Fiscalía en una mano y sin contrapesos”.


‘Lo que ocurre es la quiebra total del Estado de Derecho’

Al mismo tiempo, fuentes fiscales subrayan: “Estamos absolutamente perplejos ante el grado de penetración de la corrupción” que evidencia el caso Lezo.

“Corrupción siempre ha existido. Lo más grave es que el sistema judicial sea contaminado, como ocurre aquí, porque es la quiebra total del Estado de Derecho”, añaden estas fuentes de la Fiscalía. Y alertan: “Pasa al igual que en los Estados fallidos, donde existe una simbiosis entre corrupción, poder político, económico y penetración en la Justicia”, informa Julia Pérez.

Las conversaciones interceptadas en la Operación Lezo y los pasos dados por Moix en ese mismo sentido en sus primeros 53 días de mandato son claros indicios de que “el gobierno está interesado en acotar las investigaciones de las tramas de corrupción”, interpreta otra fuente fiscal, alarmada por la deriva en Anticorrupción y muy crítica con las directrices de Moix.

Al mismo tiempo, en la Fiscalía se está desarrollando una dura confrontación interna sobre el modelo de Ministerio Público del futuro, ahora que el ministro Catalá ha anunciado la intención del gobierno del PP de traspasar la instrucción de las causas penales de los jueces a los fiscales. ¿Qué confianza se podrá tener en la independencia de ese nuevo método de investigación judicial, cuando el Ejecutivo está precisamente apretando las tuercas desde la jerarquía de los fiscales?

Así que la primera orden autoritaria de Moix –quien también anunció su intención de poner freno a excesos, como que en los registros la Policía se lleve todo tipo de documentos y pruebas más allá de lo indicado en la orden o que sean los agentes los que digan a los fiscales en sus escritos los delitos de los imputados– generó la primera crisis interna en Anticorrupción.

Moix provoca una crisis tras otra con sus interferencias

La segunda decisión de Moix creó su primera crisis mediática: ordenó a las fiscales del caso Púnica que no instaran la imputación del presidente de Murcia ahora dimitido, Pedro Antonio Sánchez, del PP. Pero el juez del caso en la Audiencia (Eloy Velasco) envió una exposición razonada al Tribunal Superior de Justicia de Murcia sobre su implicación en ese caso de corrupción y el político conservador acabó dimitiendo, pues además acabó siendo imputado en otra causa (el caso Auditorio) en la región.

Cabe preguntarse, ¿prometió Sánchez dimitir si llegaba a ser imputado porque confiaba en que el gobierno impediría su imputación? Al fin y al cabo, sabía que la Fiscalía iba a oponerse a que fuera investigado mucho antes de que eso se anunciase. ¿Se lo filtró el gobierno, igual que alguien del Ejecutivo le filtró a Ignacio González que sus teléfonos estaban intervenidos?

La tercera crisis provocada por Moix arrancó con la celebración de una Junta de Fiscales de Anticorrupción por una petición inusual: los fiscales del caso Lezo se acogieron al artículo 27 del Estatuto Orgánico, que prevé que el superior entregue una orden por escrito en caso de discrepancia. Moix convocó la Junta y perdió por mayoría abrumadora: 21 de los 24 fiscales presentes se opusieron a su criterio.

El pulso comenzó cuando Moix intentó frenar un registro concreto en el Canal de Isabel II –de donde manaba el dinero de la trama Lezo– para evitar que se incautara documentación de la compra de la empresa Inassa, en 2001, y otras operaciones de la época porque afectan a la etapa de Alberto Ruiz-Gallardón como presidente de la Comunidad de Madrid, algo que podría acabar con un nuevo caso en la Audiencia contra otro altísimo dirigente del PP.

La orden de Moix de “desvincular cronológicamente” este registro por “falta de conexión directa” con el caso Lezo fue contestada por los dos fiscales encargados del caso: Carlos Iañez y Carmen García Cerdá (esta última fiscal en Púnica). Ambos expusieron en la Junta que el debate sobre la “conexidad” de los documentos en este registro ya se había resuelto gracias a un dictamen de la Audiencia Nacional y Moix tuvo que dar marcha atrás.

Pero además, Moix impuso que se retirase la imputación del delito de “organización criminal” tanto contra el expresidente de la Comunidad de Madrid como al resto de investigados en la Operación Lezo, así que los fiscales no pudieron incluirlo en sus acusaciones a los detenidos, y sólo se ha sostenido esa acusación porque así lo ha decidido el juez Velasco.

La cuarta crisis mediática surgió con el inesperado relevo de los fiscales del caso 3% de corrupción en Catalunya, José Grinda y Fernando Bermejo, en el caso de supuesta financiación ilegal de CDC que se investiga en un juzgado de El Vendrell.

Luego llegó la quinta crisis, con la filtración a la Cadena Ser de que había pedido la cabeza de Carlos Iañez, fiscal principal de Lezo. Ante el escándalo mediático, Moix se apresuró a desmentirlo y la Fiscalía difundió como prueba que se había renovado a Iañez en su comisión de servicio, ya que tiene su plaza en Granada. Ahora bien, aquella renovación se produjo el 6 de abril, días antes de la Junta de Fiscales y de que, tras perderla, Moix intentara vengarse de Iañez.

El origen de este enésimo escándalo fue la discusión que se produjo en el despacho de Moix previa a la convocatoria de la Junta de Fiscales. Iañez, indignado por las continuas intromisiones obstruccionistas del fiscal jefe –quien nada más tomar posesión ya trató de anular las escuchas telefónicas de la Operación Lezo–, le espetó a Moix que si él era un problema, se volvía a Granada. Y exigió orden por escrito y reunión de la Junta de Fiscales.

‘Espero tu dimisión, en tres días, sobre mi mesa’

Después, cuando Iañez fue a recoger la orden escrita del fiscal jefe de que no se incautara documentación de la compra de la empresa Inassa, Moix le dijo que si lo dejaba ahí y no recogía la orden, no habría medidas disciplinarias contra él y seguiría en el caso Lezo. Iañez le respondió que insistía en ampararse en el artículo 27, que quería la orden escrita y, en el calor de la discusión, dijo a su superior que estaba cansado: “Esto es insostenible; si es un problema me voy para mi casa”.

Finalmente, se celebró la Junta de Fiscales y se incautó la documentación de Inassa, filial colombiana del Canal de Isabel II y de la cual se desviaron 23 millones de euros en una sola operación. Pero el martes, 25 de abril, cuando Iañez acudió al despacho de Moix a recoger su permiso para viajar a Granada durante el puente de mayo, el fiscal jefe de Anticorrupción le dijo al entregársela: “Espero que cumplas tu palabra y tenga dentro de tres días tu dimisión encima de la mesa”.

Iañez le respondió, sorprendido, que aquello lo había dicho en un calentón, pero que no tenía intención de dimitir cuando invocó el artículo 27 del Estatuto; máxime cuando la mayoría de sus compañeros le había apoyado.

La sexta crisis llegó muy poco después. Como Grinda y Bermejo se habían acogido, a su vez, a otro artículo del Estatuto (el 23) para que el fiscal general tuviera que consultar con el Consejo Fiscal antes de apartarlos del caso 3% en Catalunya, Moix inició los trámites para que fueran investigados por supuestas coacciones a un imputado, sin siquiera escucharlos antes para contrastar los hechos, como era su obligación. Más todavía: según se ha sabido después, el fiscal jefe incluso interrogó al imputado (Rafael Pallardó) para recabar su versión y reforzar su actuación contra los dos fiscales, algo insólito por parte de quien tiene el deber de amparar a sus subordinados y que no tiene precedentes en la Fiscalía.

Pero no es ésa la única causa en la que Moix ha actuado por su cuenta, sin informar a sus subordinados y dando toda la apariencia de que está intrigando con los imputados en contra de los fiscales anticorrupción: incluso antes de reunirse en secreto con Pallardó, el fiscal jefe recibió en su despacho a los hermanos Ramon e Higini Cierco, propietarios de la Banca Privada d’Andorra (BPA) e investigados por presunto blanqueo de capitales en su entidad filial Banco Madrid. Una vez más, Moix lo hizo a espaldas de los fiscales que llevan el caso (Grinda y Rosa).

La guinda de todo este pasteleo es que Pallardó y los hermanos Cierco comparten el mismo abogado: Javier Iglesias, cercano al PP y en cuyo despacho citó el comisario Villarejo a Josep Pujol Ferrusola para intimidarlo en el marco de la Operación Cataluña de la brigada política de Interior montada por el exministro Fernández Díaz. Y, para rizar el rizo, resulta que los Cierco han denunciado al director de la Unidad de Inteligencia Financiera de Andorra, y al excomisario Marcelino Martín Blas –exjefe de Asuntos Internos enfrentado con esa brigada política–, acusándoles, de coaccionarles para que dieran datos bancarios sobre la familia Pujol. ¡Y apoyan su acusación en informes policiales internos sin firmar que acaba de atribuirse, ante notario, el propio comisario Villarejo!

Todas estas crisis –sin la menor duda provocadas por maniobras del fiscal jefe Anticorrupción y que en la práctica obstaculizan investigaciones sobre casos de corrupción política– tienen que ser abordadas en el Consejo Fiscal este miércoles y jueves. Una sesión doble que constituirá de hecho una séptima crisis y que abrirá la vía hacia la octava maravilla de esta nueva era en la Fiscalía: las comparecencias ante el Congreso de los Diputados de Catalá y de Maza, el próximo 10 de mayo, para dar explicaciones –si es que existe alguna lógica– de tanto despropósito.

Porque, en su huida hacia delante, Moix cometió otra torpeza, que en realidad es un presunto delito: admitió públicamente al ser entrevistado en la Ser que se había colocado un micrófono oculto en el despacho de Ignacio González, hecho que estaba protegido por el secreto del sumario y que compromete la causa, ya que la defensa del expresidente de la CAM variará sin duda su estrategia en base a la revelación del fiscal jefe. Por eso el Código Penal castiga la “revelación de secretos”.

Pero aún más grave es que el juez Alejandro Abascal ordenó esa acción insólita de entrar por la noche en el despacho del hoy encarcelado para colocar el micro escondido precisamente porque los imputados habían sido advertidos de que estaban siendo investigados (por “una juez amiga de la casa”, dicen en una grabación) y el propio González utilizaba un móvil encriptado, al saber que había sido intervenido por orden judicial.

Hay actuaciones discutibles, pero esta cadena de hechos es incontrovertible: el gobierno ha metido mano en la Fiscalía y pretende estrangularla en una estratagema desesperada por evitar que la corrupción de los más altos dirigentes del PP haga estallar el partido en pedazos.

¿Cómo tiene Rajoy el descaro de exigir a los demás que respeten la independencia judicial?

http://www.publico.es/politica/pp-parasita-justicia-gobierno-asalta.html

La manipulación política de los fiscales en las investigaciones de corrupción

La jueza Mercedes Alaya
El miércoles la jueza que inició la investigación de los ERE de Andalucía, Mercedes Alaya, pronunció una conferencia en el Hotel Las Arenas de València. A la juez la apartaron de la investigación de los ERE por las continuas discusiones con la magistrada titular del juzgado que lleva esta causa y, como todos los que acaban rebotados, se ha soltado la lengua.

Al ser preguntada sobre las grabaciones entre el expresidente madrileño Ignacio González y el que fue su homólogo valenciano Eduardo Zaplana en las que hablan de poner y quitar jueces, la magistrada afirmó: Claro que mueven los jueces a su antojo. Yo estoy en la Sección Séptima porque no se me permitió quedarme porque el Consejo General del Poder Judicial votó unánime, PP y PSOE, y por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía”.

Alaya con respecto a estas declaraciones, primero pensó que se hablaba de mover fiscales, sobre lo que dijo que, “no se puede utilizar a los fiscales como lacayos”, a lo que añadió que “no pueden existir cosas como las que hemos visto con un ministro del Interior”.

Si hubo alguna institución contra la que la juez Alaya apuntó durante su disertación, sin duda fue contra la Fiscalía. Con respecto a los fiscales Anticorrupción aseguró que “no mueven un dedo si no reciben órdenes de Madrid, porque lo he vivido”, dijo en clara referencia al caso de los ERE. Explicó que “el Ministerio Fiscal tiene dos problemas, la jerarquía y la unidad de actuación”. “El Gobierno elige al fiscal general del Estado, y este a los de Anticorrupción. El Gobierno está presente en todos los casos de corrupción.

Y añadió que “los fiscales son implacables en los delitos comunes, pero no se comportan de la misma manera en los casos de corrupción”. La juez andaluza sostuvo que “conceder la instrucción a un Ministerio Fiscal absolutamente politizado dejará al juez como si fuese una figura de piedra. No hay garantías de que nos llegue la realidad de lo que se ha investigado”.

Es partidario de que “el pueblo se involucre [mediante la acusación popular], porque nos podemos encontrar que el fiscal ponga fin a una investigación siguiendo órdenes del Gobierno”.

Alaya confesó que no está afiliada a ninguna asociación judicial porque no está de acuerdo con el sistema. En referencia a los partidos políticos, afirmó que “tras el 15M hay un pacto de no agresión entre los grandes partidos para asegurarse la supervivencia”. Pero la juez, famosa por los ERE de Andalucía, traslada ese pacto de no agresión a su tierra, de la que afirma que PP y PSOE  vienen a decir: “no comentes mis abusos, yo no comento los tuyos”.

Los medios de comunicación no salieron mejor parados que la Fiscalía o los partidos políticos. Según Alaya, “los medios de comunicación están a favor del poder”. “Los partidos políticos dan órdenes para hablar muy poco de temas judiciales”, añadió.

Toma el dinero y cinga

Bianchi
O «Take the money and run» de las primeras cintas de Woody Allen («Toma el dinero y corre»). El primer objetivo de la llamada «Transición» fue lampedusiano: cambiar algo para que todo siga, más o menos, igual. Para ello había que limpiar la fachada al viejo y decrépito fascismo de partido único ampliando para ello su base social legalizando partidos políticos burgueses de viejo cuño o advenedizos que, previamente, debían pasar por lo que se conoció como «ventanilla», una especie de horca caudina fascista que venía a suplir el juramento a los principios del Movimiento Nacional falangista bajo otro ropaje. Pasaron todos por esa humillación menos justamente los partidos de la órbita franquista que de  fascistas pasaron, por arte de birlibirloque, a «demócratas» sin necesidad de demostrar ningún label o pedigrí: milagros de la modélica Transición española.

El Partido Comunista de España (PCE) renunció a sus principios democráticos e ideológicos (ya lo había hecho mucho antes con Carrillo) y asumió la bandera monárquica renunciando a un referéndum sobre la forma de Estado a cambio de ser legalizado. El PSOE renunció al marxismo (nunca lo fue ni siquiera con un Pablo Iglesias, el fundador, más seguidor de Lasalle que de Marx). En realidad, nadie era lo que decía ser. Todo era una impostura.

Los partidos nacionalistas, catalán y vasco, lo mismo; es más, apenas dieron señales de vida durante el franquismo (lo mismo que un PsoE dopado y «reconstruido» a toda máquina por la Fundación Ebert alemana auspiciado por la CIA y todo supervisado por los poderes fácticos franquistas españoles). Pero, ahora lo vemos, no se dio un cheque en blanco y sin contrapartidas al Régimen franquista. A cambio de tragar, al menos en las formas ya que el contenido capitalista no se discutía para nada, algunos sapos de índole política (la bandera, la monarquía, etc.) se puso una condición no escrita:licencia para robar (aparte de para matar que siempre han tenido y le llaman, los más cínicos, el «monopolio de la violencia» por parte del Estado del que omiten su carácter de clase), a lo que no se opusieron los franquistas.

La cosa era algo así, dicho burdamente, como vosotros, los falangista-opusdeístas-tecnócratas-franquistas ya habéis robado bastante, y ahora nos toca a nosotros, los «demócratas». En otras palabras: que nos bajemos los pantalones no os va a salir gratis (como pasa ahora, por ejemplo, en el escenario vasco), así que reclamamos nuestro «derecho» (?) a nuestras mamandurrias, mordidas y chanchullos. Hay para todos, dijeron los fachas. A los viejos ladrones se unieron los nuevos. A los Villar Mir y los Pujol los Ignacio González, Bárcenas, Granados, Camps, Gurtels, Púnicas, Lezos, etc., etc., etc.

Es tanto lo robado y de tan sistemática y escandalosa manera que el propio Régimen del 39 (o «del 78», concederé para que no se diga) ha tenido que hacerse un «lifting» y calafateado de bajos encerrando a unos cuantos alibabás para salvar el culo y hacer ver que «el Estado de Derecho funciona». Y que «el que la hace, la paga», la última parida de Mariano desde Montevideo tomándose un mate con el felón Pepe Mújica, por cierto. Podría establecerse una ley que ofrezco gratis a nuestros cientos de miles de seguidores, a saber: «La ley del choriceo», que consiste en que la cantidad chorimangada es inversamente proporcional al cumplimiento del Estado de Derecho o, dicho de otra manera, cuánto más trinques más se demuestra la fortaleza de la «democracia». Pues, ¿no acaban de registrar el domicilio de un intocable como Jordi Pujol Soley además de encarcelar a su primogénito Jordi Pujol Ferrussola? ¿Qué más pruebas queréis, descreídos, escépticos, conspiranoicos, santomases (por el apóstol que tocó la llaga del Ungido para creer que había resucitado de entre los muertos)?

En China -me susurran por aquí- los fusilan no sin antes hacer que devuelvan lo robado. Aquí, afortunadamente, somos más «civilizados».


Salve, César, buona sera.

Los chorizos también lloran

B.

Como los ricos de aquel culebrón de los años 80. Ver llorar a una «dama de hierro» (iron maiden) como Esperanza Aguirre por Ignacio González quien, a su vez, pusiera en su día a funcionar su aparato lacrimal cocodrilesco por Espe, es señal de que algo huele a podrido en el solar patrio. Si a esto le agregamos la citación a declarar de un paladín de la «democracia» como Francisco Franco Marhuenda ya, señores, podemos despedirnos de esta malhadada democracia que, mal que bien, funciona y se han dado a sí mismo los españolitos de a pie (me voy a dar una ducha de democracia y, de paso, me ponga cuarto y mitad de democracia, que un día es un día, aivalaostia, como dicen en Bilbao). Si un pilar del Estado de Derecho como Marhuenda cae, adiós democracia. La prueba de fuego de una democracia no es que no haya corrupción, sino que, habiéndola, se destape, como ocurre en España: la democracia sale reforzada. Es más: si no hubiera corrupción a manta, no habría democracia, que es lo que no hay, pues no sé, en Corea del Norte, por ejemplo. Por eso yo no quiero ser norcoreano (surcoreano -país podrido de corrupción, pero, ah, democrático, cuidadín- igual sí, oiga).

Como ven los miles y miles y cientos de miles de lectores de este insobornable blog que sólo se casa con la causa del proletariado, caso que exista, hay dudas, por lo visto, y la Revolución con mayúscula, y con la minúscula también, si verdaderamente lo es, también aquí sabemos hacer «populismo», aunque del malo, lo admitimos. El bueno, el populismo sano y bienhechor, se lo dejamos a los chicos de «Podemos» tipo Espinar, o «Kichi», a los que este tipo de corruptelas les vienen de perlas para asomar la alicaída cabeza con «tramabuses» y demás infantiladas que señalan, son los únicos, a los corruptos. Es otra forma de vivir (políticamente, vamos a decir piadosamente) de la corrupción, pero, ¿cómo decir?, al revés, vale decir, esto es, dame una corruptela que llevarme a la boca para enseñar media teta como la «Marianne» del cuadro de Delacroix en la revolución francesa de 1830. Es lo lúdico de la democracia, que haya casos de corrupción para monopolizar su denuncia. Su imperfección nos alienta y nos da vidilla.

La Espe llorando, joé, esto se pone interesante, divertido. Yo que Mariano (Rajoy), andaría con ojo pues esta no anda con ostias y no se cae con los palos del sombrajo, sino con todo el equipo.

Bah, ya será menos, Bianchi, me dicen por aquí.

Arrivederci Roma.

Corrupcion y neocolonialismo en África

Darío Herchhoren
Llevo estudiando temas de África desde los años 60 del pasado siglo, y tengo la certeza de que a partir de la muerte de Patricio Lumumba ha habido un retroceso de los procesos de descolonización africanos que empezaron a aflorar a partir de 1933 con ocasión del triunfo del nazismo en las elecciones alemanas, y el posterior rearme alemán, con vistas a lanzarse a lo que fue la segunda guerra mundial.

Todas las potencias europeas  que habían adquirido inmensos territorios en África luego de la Conferencia de Berlín de 1885, donde se repartieron el continente negro; a la vista de lo que se avecinaba en Europa comenzaron por un lado a aflojar las presiones sobre sus colonias, con “mejoras” en las condiciones de vida de los colonizados, que pasaron de ser pésimas a ser solo malas, y por otro lado a incorporar a los nativos africanos a sus ejércitos sobre todo como suboficiales y oficiales en las escalas subalternas, es decir nunca más allá del grado de capitán, y todo ello motivado por el interés de desactivar los deseos de independencia que comenzaban a aflorar, precisamente a partir del aflojamiento de la presión que ya hemos mencionado.

Pero sin duda lo que cambió totalmente el rumbo de las antiguas colonias africanas, fue la situación de ruina económica y destrucción que sufrió Europa occidental, y el enorme poderío que adquirió la URSS y la aparición del bloque socialista.

A partir de 1945, que es el año de finalización de la guerra mundial, Inglaterra, Francia e Italia comienzan un período de pérdida de influencia en África, y ven impotentes como sus antiguas colonias se desprenden del poder imperial. Como abono de esta tesis, podemos ver que países como España y Portugal, que no participaron en forma directa en el conflicto mundial perdieron sus colonias muchos años después. En Portugal fue necesaria la Revolución de los claveles en 1974, para que Portugal perdiera sus colonias africanas de Angola, Mozambique y Guinea Bissau. España abandonó Río de Oro (actualmente Sahara occidental) en un acuerdo secreto y vergonzoso entre el rey emérito Juan Carlos (entonces príncipe de España) y el podrido rey Hassan II de Marruecos.

Con motivo de la creación en la ONU del Comité de descolonización unido a que los pueblos africanos defienden con las armas su derecho a la independencia, surgen nuevos líderes que llevan adelante políticas antiimperialistas. Kuame Nkruma en Ghana, Patricio Lumumba en el Congo, Samora Machel en Mozambique, Agostinho Neto en Angola, Siad Barré en Somalía, Ben Bella en Argelia, Amilcar Cabral en Guinea Bissau, Mengistu Haile Mariam en Etiopía y más tarde Nelson Mandela en un proceso donde se produce el traspaso del poder de los blancos a los negros, sudafricanos  por medios poco claros, donde el ejército sudafricano derrotado en Angola, se pone a las órdenes de aquellos a quienes antes persiguió, asesinó y torturó sin que se haya depurado, es algo que  nos llama la atención.

Todos estos hombres, que hemos mencionado fueron traicionados por sus compañeros de confianza, o traicionaron ellos mismos a sus pueblos, y muchos de ellos pagaron con su vida el haber sido consecuentes. En esto nunca debemos olvidar a hombres como Tomas Sankara o Patricio Lumumba, o Agostinho Neto.

¿Que ha pasado? Algo muy simple. Estos nuevos gobiernos africanos no pudieron resistir la enorme presión neocolonial sobre sus enormes riquezas minerales y fueron seducidos con enormes y gordas propinas que generosamente les daban las grandes compañías mineras que explotan el subsuelo africano. El caso sudafricano es paradigmático: Nelson Mandela mientras vivió era venerado por su pueblo como a una divinidad. Sin embargo hay una cara oscura en Mandela, ya que nada cambió para la inmensa mayoría negra sudafricana.

En Soweto siguen viviendo en barracones, sin agua corriente, pobres, sin escuelas suficientes, sin una sanidad para todos; mientras aumentan sin cesar las ganacias de las empresas mineras. ¿A cambio de qué se disfruta de “paz social” en Sudáfrica? Mandela ya no vive para contarlo y su sucesor Jacob Zuma ha sido acusado reiteradamente de corrupción y por primera vez en Sudáfrica hay una huelga general desde la independencia. Ya era hora. Habrá que buscar una escoba muy ancha para barrer tanta basura.

El enriquecimiento ilícito de las élites debe ser denunciado y deberán ser sometidos a procesos para depurar responsabilidades y buscar nuevos líderes no corrompidos. Como muestra basta un botón: un banco chipriota, el Banco Mauser, ha impreso ya para su venta bonos del tesoro (¿qué tesoro?) de Guinea Bissau, por valor de 5.000 millones de euros, y el estado de Guinea Bissau recibirá el diez por ciento de esa suma, pero dentro de 20 años deberá devolver los 5.000 millones de euros más sus intereses. ¿Cómo los pagará? Es imposible. Deberá contratar otro préstamo para pagar el anterior. Así funcionan las “ayudas” en el Tercer Mundo.

El sargento Romero Béjar: de ‘pata negra’ en Intxaurrondo a narco en Algeciras

El 15 de noviembre del año pasado fue detenido el sargento José Romero Béjar, alias “El Moro”, antiguo miembro del Grupo Omega de la Guardia Civil, los “pata negra” del cuartel de Intxaurrondo de San Sebastián.

Al sargento le detuvieron en la Operación Jinete como integrante de una organización compuesta por 11 personas dedicadas al tráfico de drogas. Estaba destinado en la Comandancia de Algeciras y en la vivienda que tenía en una urbanización gaditana escondía medio millón de euros en la cara oculta de una estantería. Un auténtico “zulo”. Tuvieron que utilizar un taladro para romper el hormigón.

Su página en Facebook delataba su alto nivel de vida, impropio de un suboficial de la Guardia Civil: en él se podían ver caballos, embarcaciones y casas de lujo.

Además de introducir droga, la organización desmantelada contaba con infraestructura para el blanqueo de capitales. En la investigación aparecen implicadas varias sedes bancarias, que habrían participado en el lavado del dinero negro y entre los detenidos figura el empresario tarifeño Antonio Guerrero.

A principios de los años ochenta “El Moro” estuvo destinado en el cuartel de Intxaurrondo a las órdenes del comandante Galindo. Diez años después fue imputado por la Audiencia Nacional en los sumarios referentes a la guerra sucia y su nombre apareció en el sumario del caso Lasa y Zabala.

El silencio fue su mejor aliado. El propio General Galindo le exculpó a él y al resto de sus subordinados en una declaración firmada antes de entrar en la cárcel por su condena en el caso Lasa y Zabala. Salió limpio de todas las acusaciones.

Antes de su detención, el último mensaje que colocó en su muro personal de Facebook fue para apoyar una iniciativa en la internet para proclamar héroe nacional al general Galindo.

Su experiencia en el Terrorismo de Estado le dio la suficiente experiencia para entrar en la élite de la Guardia Civil: el Grupo Omega creado por Luis Roldán para las tareas más “especiales”.

En 1996 el sargento llegó al cuartel de Tarifa para “luchar” contra el narcotráfico y en 2002 el alcalde de Los Barrios, del PSOE, le nombró Jefe de la Policía Municipal de la manera acostumbrada, por la cara, ya que no poseía la titulación necesaria para el puesto. Tuvo que volver al cuartel de Tarifa a seguir “luchando” contra el narcotráfico… y llenando el “zulo” de billetes.

http://www.elindependiente.com/politica/2016/11/14/bejar-pata-negra-de-intxaurrondo-detenido-por-narcotrafico-en-algeciras/

Los monarcas españoles se enriquecieron con el tráfico de esclavos durante siglos

La esclavitud se reintrodujo en España en los años siguientes a la llamada “Reconquista”. Derrotados por la guerra, muchos islamistas fueron reducidos a la esclavitud. El Decreto de 1609 de expulsión de los moriscos incluyó en el Reino de Valencia una excepción: quedaban excluídos los que fueran esclavos, que seguirían perteneciendo a sus dueños.

Como siempre, lo que determinó la expulsión de aquella parte de la población no fue su religión sino su condicón de clase.

La población esclava era mucho más importante de lo que los historiadores han querido hacer creer. En Valencia uno de cada tres habitantes era esclavo, en Barcelona uno de cada diez, una proporción parecida a la de Sevilla y Cádiz.

A partir del siglo XV empezaron a llegar esclavos procedentes de África. Se calcula que aquí los negreros negociaron la compraventa de unos 700.000 esclavos entre los siglos XVI y XX. El mayor propietario de esa “mercancía” era la Corona, que los explotaba en sus minas y galeras. La monarquía española siempre ha vivido del robo y el tráfico ilegal de esclavos, a quienes marcaba salvajemente con hierros candentes con los sellos del rey de turno, como si fuera ganado.

Pero el verdadero negocio del tráfico negrero llegó con la colonización de América. El exterminio de la población autóctona provocó una necesidad de mano de obra barata, que se llevó desde África.

Sobre todo fueron los Borbones quienes comenzaron a participar en el siglo XVIII en el tráfico de esclavos a gran escala. Felipe V, alias “El Guarro”, fue el primero. Firmó un suculento contrato con la Real Compañía de Guinea, también de nacionalidad francesa, por el que percibía el 25 por ciento de los beneficios de la empresa esclavista. Su socio era su primo, otro Borbón, el rey de Francia Luis XV.

La regente María Cristina de Borbón y su segundo esposo, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, Duque de Riansares, consiguieron labrar una fortuna colosal con el comercio de esclavos, que no tenían antes de llegar a España. El coronel gaditano Manuel Pastor Fuentes desempeñó un papel fundamental en el negocio negrero que la monarquía tenía en Cuba. Fue quién implantó el pago de una cuota por cada esclavo importado, que después él mismo se encargaba de trasladar a María Cristina de Borbón. Por eso su hija, la reina Isabel II le nombró senador vitalicio y le otorgó el título de Conde de Bagaes.

Al ser despojada de la Regencia por Espartero, Maria Cristina salió de España en 1840 como la mujer más rica de Europa. Pero la dejaron marchar con el dinero que había robado.

El Presidente del Gobierno Leopoldo O’Donnell dirigió la Capitanía General de Cuba entre 1843 y 1848, donde desató una cruel represión tras una revuelta esclava en la isla, conocida como la “Conspiración de la escalera”. En Cuba O’Donnell controlaba y se lucraba del tráfico de esclavos. Por cada “pieza” desembarcada recibía 51 pesos de los negreros. Amasó una fortuna de 500.000 pesos durante su estancia en la isla, el equivalente a diez millones de reales en la moneda española de la época.

España fue el último país en abolir la esclavitud porque el negocio era una fuente de enriquecimiento personal de los Borbones, la aristocracia y los altos dirigentes del ejército colonial español. Como el tráfico de esclavos era ilegal, las grandes fortunas de este país amasaron sus riquezas con uno de los peores crímenes que la humanidad ha conocido. Pero en este país, ¿a quién le ha importado la legalidad?

En África lo más ‘moderno’ sigue siendo lo más antiguo: el neocolonialismo

La línea aérea congoleña ECair, fundada en 2011, ya está en suspensión de pagos. Luego algún cretino dirá que los africanos no son buenos gestores y, en efecto, la gestión ha consistido en algo muy poco original, llevarse el dinero a Suiza, pero hay que decir que los administradores de la empresa eran… suizos.

Así lo ha confesado la cadena de televisión pública de Suiza. Han sido cinco años de saqueo cotidiano de dinero, incluidos los 400 millones de euros de fondos públicos con los que se inauguró la empresa “africana”, encargada de “modernizar” el país.

En África lo más “moderno” sigue siendo lo más antiguo: el neocolonialismo. La línea aérea se formó en base a dos empresas suizas, una de las cuales, COEM (CO Engineering & Management) se encargaba de la asistencia técnica y la otra lograba que una parte de la flota volara con pabellón helvético.

La primera es una empresa registrada en Lugano, Suiza, en 2012 y su papel fue meterse el dinero congoleño en el bolsillo suizo. Tras su constitución, COEM firmó un contrato con el ministro congoleño de Obras Públicas Jean Jacques Bouya, director de ECair y sobrino del Presidente Denis Sassou Nguesso. La directora general era Fatima Beyina-Moussa, hija de otro ministro del gobierno congoleño, el co-director era italiano, Marco V., y el adjunto era belga, Johan M. Sin embargo, la empresa estaba compuesta de antiguos dirigentes de Lufthansa Consulting.

De 2013 hasta el año pasado, COEM se embolsó 22 millones de euros a costa de Congo, un dinero que fue parar a una cuenta en Emiratos Arabes Unidos y a la Banca Popolare di Sondrio, en Lugano, Suiza.

La segunda empresa es Privat Air, que tiene su sede en el aeropuerto de Ginebra y firmó con la línea aérea congoleña el contrato del siglo, consistente en cobrar mucho por no hacer nada. Sólo en 2014 se embolsaron 60 millones de euros.

A su vez, el 51 por ciento de dicha empresa es propiedad de un fondo especulativo británico, SilverArrow Capital, que ha cambiado la gestión y la contabilidad, encontrándose con importantes sorpresas que han dado lugar a la apertura de un sumario en los juzgados de Lugano. La fiscalía considera que las empresas suizas han incurrido en una malversación de fondos.

Mientras, en Brazzaville, la capital congoleña, no creen que los juzgados europeos puedan hacer nada por ellos y los trabajadores de ECair han empezado a protestar delante de la sede de la empresa. Llevan ocho meses sin cobrar. Sus sueldos oscilan entre 150.000 y 300.000 francos CFA, es decir, entre 230 y 460 euros mensuales.

Pero COEM no sólo administraba ECair sino que era adjudicataria de numerosas obras públicas emprendidas por el gobierno congoleño, tales como carreteras, hoteles y edificios públicos. Un auténtico saqueo de la riqueza del país africano.

http://www.rts.ch/info/suisse/8474630-des-millions-d-argent-public-congolais-siphonnes-via-des-societes-suisses.html

El envenenamiento con los pesticidas que se utilizan en la agricultura causa 200.000 muertes cada año

Un informe de la Relatora Especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, Hilal Elver, afirma que el envenenamiento con los pesticidas que se utilizan en la agricultura causa 200.000 muertes al año.

La relatora resalta el “enorme poder” del “oligopolio de la industria química”, donde tres grandes multinacionales, Bayer-Monsanto, Syngenta-ChemChina y Dow-Dupont, controlan más del 65 por ciento de las ventas mundiales de plaguicidas y el 61 por ciento de las ventas comerciales de semillas.

El informe critica a los monopolios acusándoles de negar de forma sistemática la magnitud de los daños que provocan, así como de desarrollar tácticas agresivas y poco éticas en el ámbito de la mercadotecnia. Bayer-Monsanto, Syngenta-ChemChina se niegan a divulgar sus propios estudios sobre los efectos nocivos de sus productos.

Elver acusa a las grandes multinacionales del sector de organizar campañas para desprestigiar a los científicos que sugieren esos peligros del uso de plaguicidas, y alerta de la existencia de “puertas giratorias” entre los organismos que elaboran las normas para el sector y la industria.

“Otras prácticas flagrantes son, por ejemplo, infiltrarse en los organismos federales de regulación”, señala el informe, que descalifica la venta en países en desarrollo de productos prohibidos en el propio, y cita el caso del monopolio Syngenta, que vende el polémico compuesto paraquat pese que lleva años prohibido en Suiza (sede de la compañía) y otros países.

“Los pesticidas peligrosos implican un costo considerable para los Gobiernos y tienen consecuencias desastrosas para el medio ambiente, la salud humana y la sociedad en su conjunto, afectando a diversos derechos humanos y sometiendo a determinados grupos a un riesgo mayor de ver vulnerados sus derechos”, asegura el documento, que reconoce muertes por intoxicación, graves efectos para las personas y para el planeta, contaminación y degradación del suelo” y de las presiones de los monopolios sobre los Estados.

Para ilustrar el efecto negativo de los pesticidas, en su informe la Relatora Especial hace referencia, entre otros muchos, a casos como el uso del DCBP (un producto hoy prohibido y considerado cancerígeno) en plantaciones bananeras de todo el mundo, que dio lugar a casos de esterilidad en trabajadores expuestos en Davao (Filipinas).

Muchas empresas agroalimentarias aseguran que con el crecimiento drástico de la población humana, los plaguicidas son imprescindibles para la industria alimentaria. Sin embargo, Hilal Elver sostiene que tales afirmaciones son un mito.

La relatora advierte que los plaguicidas “no tienen nada que ver” con la tarea de acabar con el hambre, y matiza que los problemas que la humanidad afronta hoy en día no están relacionados con capacidades de la producción sino con la pobreza, la desigualdad y la distribución.

Los capitalistas y los policías locales a su servicio forman una mafia en Mallorca

Cursach, El Padrino de Mallorca
La investigación judicial sobre la corrupción en la Policía Local de Palma ha destapado una auténtica “organización criminal” de policías y funcionarios municipales a sueldo de los capitalistas de negocios nocturnos que amenazaban y extorsionaban a dueños de locales de la competencia. El juez que instruye este caso, ha enviado a prisión al magnate del ocio nocturno de Mallorca, Bartolomé Cursach, dueño de las discotecas más grandes y más importantes de la isla.

El juez acusa al empresario y a más de una decena de policías de formar una organización criminal dedicada a proteger los negocios de Cursach, hundir a sus competidores e incumplimir sistemáticamente las normas municipales. El juez justifica el envío a prisión de Bartolomé Cursach por su alto poder adquisitivo y por “el riesgo de fuga” y de que intente “atemorizar” a los testigos de la causa al más puro estilo mafioso.

Cursach es el empresario de ocio nocturno más importante de la isla, poseedor de un imperio que aglutina históricas discotecas de Mallorca, locales de restauración, hoteles y gimnasios. Un hombre que lleva más de 40 años en el mundo de la noche y que llegó a ser el máximo accionista del Real Mallorca.

El juez le sitúa en la cúspide de una organización criminal, en la que contaba con policías a su servicio, algunos durante más de 30 años, que hacían desaparecer los expedientes y sanciones sobre sus locales y amedrentaban mediante las amenazas y las extorsiones a los empresarios de la competencia. Mientras las discotecas de su grupo sólo recibían un 12 por ciento de las actas levantadas sobre los locales de ocio nocturno de Palma, sus competidores contaban con índices del 60 por ciento o el 100 por ciento. Sus sanciones apenas representaban un 7 por ciento del total y en 2014 sumaron apenas 6.000 euros. Sin embargo, esas sanciones se incrementaron hasta los 17.000 en 2015 y se dispararon a los 184.000 euros en multas cuando se levantó el secreto de sumario sobre la causa el año pasado.

El juez revela en ese auto numerosos testimonios: testigos protegidos, extrabajadores de Cursach y empresarios de la competencia que narran los episodios de amenazas y el trato de favor que recibía por parte de la Policía. Habla el magistrado de una práctica de “extorsión sistematizada”.

El juez apunta que la táctica del empresario está basada en “machacar” a sus competidores valiéndose de policías comprados que trabajan a su servicio. Unas andanzas que empezaron en los años 80, según algunos testigos, y que le llevaron a hacerse con uno de los mejores locales de la isla, la discoteca Pachá que obtuvo “a muy bajo precio” tras acosar a los anteriores dueños. Cursach, según el juez, tenía mandos a sueldo que le avisaban de las inspecciones, destruían las denuncias, guiaban a la clientela para entrar en sus locales e incluso trasladaban a los carteristas y trileros que podían manchar la imagen de sus locales. También hacían la vista gorda con los aforos, como en la conocida discoteca Tito’s que no ha recibido sanciones y según un testigo, es una “trampa mortal en caso de accidente” porque no cumple con la normativa de seguridad.

Los policías a su servicio “eran agasajados con fiestas privadas en las que había alcohol, cocaína y mujeres”, llegando en una ocasión a cerrar la discoteca Kiss para ellos. En otras ocasiones recibían prebendas para disfrutar de sus otros negocios, como el gimnasio que posee en Palma, cenas en sus restaurantes o sobres con dinero en metálico. Además, los agentes montaron negocios de seguridad, tapicería, limpieza y suministros que prestaban servicios a los negocios del empresario.

El caso se lleva investigando desde hace tres años y ha dado lugar incluso a que el fiscal Anticorrupción que lo instruye, Miguel Ángel Subirán, tenga que llevar pistola a diario, ya que ha sufrido amenazas y seguimientos desde que comenzó a investigar el asunto. El robo de su moto, registros en su vivienda, acoso en lugares como el cine y el gimnasio. Todo ello le llevó, tanto a él como al juez Penalva, a pedir un permiso de armas a la Delegación del Gobierno para poder llevar pistola.

Son numerosos los relatos de testigos que han sufrido amenazas después de comparecer ante el juez con el objetivo de que retirasen su testimonio. También de policías que han denunciado las prácticas mafiosas de sus colegas. El juez ya ha dado el primer paso para juzgar a cuatro policías implicados en la causa por vejaciones homófobas a una compañera de unidad a la que amedrentaron para que abandonara su puesto en la Policía Local.

Fuente: http://cadenaser.com/emisora/2017/03/07/radio_mallorca/1488870669_853505.html

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