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El gobierno israelí impone el pasaporte sanitario a los niños a partir de los tres años

El 29 de julio el gobierno israelí impuso el pasaporte sanitario, que permite el acceso a determinados lugares sólo a las personas totalmente vacunadas, “curadas del virus” o con un test negativo.

Ahora el control policial se extiende a los niños con edad comprendida entre los 3 y los 12 años. Forma parte de las nuevas restricciones, según anunció el gobierno el miércoles por la noche.

El domingo Israel creó centros para realizar pruebas rápidas de antígenos en todo el país, a cargo del servicio de emergencias Magen David Adom (MDA), e hizo obligatoria la cuarentena para las personas que regresen de la mayoría de los países del mundo, estén o no vacunadas.

Los controles en los centros cuestan 52 shekels (unos 17 euros) y permiten al titular obtener un pasaporte sanitario expedido por el Ministerio de Sanidad, válido durante 24 horas. “Lo pagará el Estado para los niños de 3 a 12 años a partir del 18 de agosto, cuando la medida entre en vigor”, dijo la oficina del Primer Ministro en un comunicado.

Israel fue uno de los primeros países en lanzar una campaña de vacunación masiva en diciembre, gracias a un acuerdo con el gigante farmacéutico Pfizer. El acuerdo permitió al Estado hebreo acceder rápidamente a millones de dosis pagadas a cambio de información confidencial sobre los efectos adversos de la vacuna.

A pesar de la vacunación el número de “casos” ha seguido en aumento, especialmente entre los vacunados.

El gobierno australiano propone ir de puerta en puerta para realizar pruebas masivas de coronavirus

“Estamos preparados para hacer lo que hay que hacer”, dijo Daniel Andrews, Primer Ministro de Victoria, incluso ir “puerta por puerta” para realizar las pruebas obligatorias de coronavirus a los australianos.

Andrews hizo estos comentarios en una rueda de prensa mientras Australia continúa con su ridícula política de “covid cero”, que impone medidas draconianas de confinamiento con el pretexto de un puñado de “nuevos casos”.

“No estamos en un punto en el que tengamos que ir de puerta en puerta”, dijo Andrews. “No estamos en un punto en el que necesitemos que suburbios enteros salgan a examinarse. Si llegamos a ese punto, no dudaremos. Creo que hemos demostrado, de hecho sé que hemos demostrado que estamos preparados para hacer lo que hay que hacer, sea popular o no”, añadió.

Dado que en algunas partes del país los militares están imponiendo a la fuerza las medidas de confinamiento y cuarentena, cabe preguntarse cómo tratarán a quienes no quieran someterse a las pruebas.

Con sus argumentos ya no embaucan a nadie, y si dan el paso de imponer la obligatoriedad de las pruebas de coronavirus puerta a puerta, lo siguiente será la obligatoriedad de las vacunas puerta a puerta.

Andrews señaló que quienes se nieguen a ser vacunados serán discriminados y permanecerán indefinidamente sujetos a las normas de confinamiento de facto. “Es una conversación difícil de mantener con la gente ahora, en un tono casi amenazante, cuando la gente que quiere vacunarse no puede hacerlo porque no tenemos suficiente material. Pero llegará un momento en que creo que las restricciones se aplicarán a los que no se han vacunado, en lugar de que las restricciones se apliquen a todos nosotros”, dijo.

“Para entrar en un recinto, para asistir a un evento importante, para participar plenamente como cliente, como poseedor de una entrada, como consumidor, como espectador, como quieras verlo, estar vacunado significará que entras, y estar vacunado significará que no”, amenazó.

Australia ha impuesto uno de los confinamientos más brutales del mundo desarrollado, con la exigencia de llevar mascarilla al aire libre, lo que ha provocado innumerables detenciones y escenas impactantes como la de la semana pasada en Brisbane, donde un anciano sufrió un infarto tras ser acosado por la policía por no llevar mascarilla mientras hacía ejercicio al aire libre.

El gobierno también ha ordenado a los australianos que se mantengan alejados de sus nietos y que no entablen conversación entre ellos, aunque lleven mascarilla.

Las personas que publican informaciones críticas sobre el confinamiento en las redes pueden ser multadas con hasta 11.000 dólares en virtud de una nueva ley.

Mientras tanto, algunos australianos están siendo llevados a la fuerza a manicomios contra su voluntad si no están de acuerdo con las explicaciones oficiales sobre el coronavirus.

Bielorrusia: el país con las cifras más bajas de mortalidad sin necesidad de imponer restricciones

Con meses de retraso, Bielorrusia ha publicado las cifras generales de mortalidad hasta marzo de 2021, que son un buen indicador del impacto real de la pandemia en un país que se ha hecho famoso por su negativa a imponer restricciones, mascarillas, distancia social, confinamiento o hidrogel. El 25 de diciembre del año pasado Lukashenko declaró que no iban a vacunar a nadie contra el coronavirus.

“La mortalidad por todas las causas es comparable a la de anteriores olas fuertes de gripe estacional”, dice el Swiss Policy Research, lo cual explica que los medios de comunicación occidentales dejaran de informar repentinamente sobre la pandemia en Bielorrusia a principios del verano del año pasado (1). No se produjo el desastre que querían anunciar.

Oficialmente, 1.424 personas murieron por el coronavirus en 2020 y 2.247 a finales de marzo de 2021. Son cifras absolutas muy bajas, mucho más de lo que pronosticaban los modelos epidemiológicos para el caso de no imponer el confinamiento ni medidas de restricción. En proporción a la población, en Bielorrusia han muerto siete veces de personas que en España.

Ya sabemos lo que dirán los listillos de siempre para tapar sus vergüenzas: que las cifras oficiales no son reales o que están tan falsificadas como las que han mostrado los demás gobiernos de mundo. Incluso hay piratas que dicen haberse introducido en los servidores del Ministerio de Sanidad, donde constaría un número 17 veces mayor de victimas.

Sin embargo, desde hace décadas las estadísticas de mortalidad son una tradición en muchos países y generalmente se consideran fiables, sobre todo si se comparan con las de los países vecinos.

También hay que decir que aunque el gobierno no ha impuesto ninguna restricción forzosa, voluntariamente una parte de la población ha cambiado su comportamiento. Por ejemplo, ha reducido su movilidad. No obstante, ese cambio voluntario de comportamiento ha sido limitado en comparación con otros paises.

“La tasa de mortalidad del país es una de las más bajas de Europa”, reconocía en setiembre del año pasado el British Medical Journal (2). Ante unas cifras reducidas de muertos y “casos”, la revista científica tuvo que ponerse a buscar alguna explicación y cree encontrarla en… la URSS de los viejos tiempos.

La URSS, y por lo tanto Bielorrusia, tenía (y tiene) una capacidad hospitalaria, muy superior a países tan emblemáticos, como Alemania o Reino Unido, que cuesta mucho dinero mantener, pero que Lukashenko siempre ha financiado. Según la revista, dicha capacidad “permitió aislar a la gente desde el principio”.

La explicacion, es naturalmente, falsa y deriva en otra falsificacion: el extraordinario sistema hospitalario bielorruso permitió la realización de pruebas de coronavirus desde el 25 de enero del año pasado. Cuando los demás países carecían de medios para los test, Bielorrusia comenzó a fabricar sus propios tests rápidos. En mayo ya había elaborado reactivos de producción propia para las PCR.

Aunque esto habla muy bien de la capacidad industrial y sanitaria de Bielorrusia, muy superior a la española, no puede explicar nada. Una epidemia no se alivia con tests.

Otra de las explicaciones mejora un poco la “explicación científica” del British Medical Journal: en Bielorrusia hay muy pocos asilos, lo que tiene que obligarnos a preguntar: ¿por qué hay tantos hospitales y tan pocos asilos?

Por fin, el artículo critica que en Bielorrusia llamen a las enfermedades por su nombre: a las nemonías de toda la vida no las llaman “covid” para inflar los “brotes” y las cifras de “casos”.

Junto a lugares como Dakota del Sur, Florida, Suecia y Tanzania, Bielorrusia es otro un ejemplo que evidencia que las restricciones no sirven para nada y, en consecuencia, de que las previsiones que se llevaron a cabo al comienzo de la pandemia, como las del Imperial College de Londres, eran falsas.

Cuando la realidad no confirma las previsiones de la teoría, lo que hacen los epidemiólogos no es cambiar la teoria sino cambiar las realidad y, sobre todo las cifras ue muestran su fracaso.

En términos de mortalidad, los resultados son los mismos, tanto si los gobiernos imponen restricciones, como si no. La cuestión es sicológica: al no imponer restricciones, se hubieran laventado voces diciendo que el gobierno es el responsale de las muertes por no hacer nada. Siempre es mejor aparentar y agitarse sin parar.

A partir de sus modelos, ayer el servicio británico de salud volvió a la carga con algo insólito: las vacunas han evitado 23,4 millones de infecciones en Inglaterra. La sanidad cada vez habla menos de lo que ha pasado y más sobre lo que podría haber pasado. Se llama ciencia-ficción.

(1) https://swprs.org/covid-in-belarus-and-russia-update/
(2) https://doi.org/10.1136/bmj.m3543

La pandemia y sus vacunas comenzaron a fraguarse cuando se patentaron hace 20 años

¿Y si el nuevo coronavirus no tuviera en realidad nada de novedoso? ¿Y si la denominada pandemia no fuera otra cosa que una campaña de coerción y terror con el objetivo de hacer grandes negocios? ¿Y si las pruebas de todo esto se encuentran en el Registro Público de Archivos de Patentes de Estados Unidos?

¿Escalofriante? Más bien un hecho comprobable, según el doctor David Martin, director general y fundador de M-CAM Inc., una empresa internacional aseguradora y de análisis de activos intangibles que abarca la financiación de la innovación y la auditoría de la calidad de las patentes.

Sobre la supuesta novedad del coronavirus este especialista sostiene que fue una “ilusión fabricada”. De ello dan cuenta “73 patentes emitidas entre 2008 y 2019, que tienen los elementos supuestamente novedosos del SARS CoV-2, específicamente en lo que se refiere al sitio de clivaje polibásico, el dominio de unión al receptor de ACE2 y la proteína espiga”, detalló Martin en una reciente entrevista  mantenida con el abogado Reiner Fuellmich, que encabeza el Comité Alemán de Investigación del Coronavirus. “La única publicación –“A novel bat coronavirus reveals natural insertions at the S1/S2 cleavage site of the Spike protein and a possible recombinant origin of HCoV-19”– que se convirtió en el trabajo que se ha utilizado de forma rutinaria para identificar el nuevo virus, no reporta nada nuevo”, subrayó Martin, exprofesor adjunto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia, quien añadió que el problema es que incluso si aceptásemos que hay neumonías idiopáticas y que hay algún conjunto de síntomas inducidos por el patógeno, “no tenemos una sola evidencia publicada que nos diga que cualquier cosa en el subclado SARS-CoV-2 tenga alguna diferencia clínica respecto de cualquier cosa que se haya conocido y publicado antes de noviembre de 2019 en las 73 patentes presentadas a partir de 2008”.

“Todo eso está disponible en el Registro Público de Archivos de Patentes, que cualquier persona de la audiencia puede revisar y el Public Pair (Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos) tiene no sólo las pruebas, sino también los documentos reales, que tengo también en mi poder”, aseguró.

Para llegar a tales hallazgos, Martin y su equipo revisaron las más de 4.000 patentes que se han emitido en torno al coronavirus SARS (Síndrome Respiratorio Severo Agudo). “Hemos hecho una revisión muy completa de la financiación de todas las manipulaciones del coronavirus, que dieron lugar al SARS como subclado de la familia del coronavirus beta”, puntualizó.

Según precisó Martin, al confeccionar el documento que reúne todos estos descubrimientos tomaron las secuencias genéticas reales reportadas como nuevas por el Comité Internacional de Taxonomía de los Virus (ICTV, por sus siglas en inglés) de la Organización Mundial de la Salud y las contrastaron con los registros de patentes que estaban disponibles en la primavera de 2020. “Lo que encontramos, como verán en este informe, son más de 120 pruebas que sugieren que la declaración de un nuevo coronavirus era en realidad una falacia completa. No había ningún coronavirus nuevo”, insistió.

De hecho, Martin encontró registros en los archivos de patentes de secuencias atribuidas a lo que se consideró ahora novedoso, que se remontaban a patentes que se solicitaron ya en 1999.

La primera vacuna la diseñó Pfizer en 2000

Tampoco el concepto de la novedosa vacuna desarrollada contra el coronavirus es nuevo, de acuerdo con la investigación del especialista en patentes.

En ese sentido, afirmó que la primera vacuna patentada para el coronavirus fue en realidad buscada por Pfizer, la cual consistía específicamente en esta proteína S o espiga. “Es exactamente lo mismo que, supuestamente, nos hemos apresurado a inventar ahora. La primera solicitud fue presentada el 28 de enero de 2000, hace 21 años”, remarcó.

“La idea de que misteriosamente nos tropezamos con la forma de intervenir en las vacunas no sólo es ridícula, sino que es increíble porque Timothy Miller, Sharon Clapford, Albert Paul Reed y Elaine Jones, el 28 de enero de 2000, presentaron lo que se emitió como la patente de Estados Unidos 6372224, que era la vacuna contra el virus de la proteína de la espiga: una vacuna para el coronavirus canino, que es en realidad una de las múltiples formas de coronavirus”, prosiguió Martin, para luego detallar que los primeros trabajos hasta 1999 se centraron en el ámbito de las vacunas para animales.

Coronavirus para una vacuna contra el sida

Más tarde, según relató el director de M-CAM, Anthony Fauci y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés) encontraron que debido a su maleabilidad el coronavirus resultaba un candidato potencial para las vacunas contra el VIH.

“El SARS no es en realidad una progresión natural de una modificación genética del coronavirus. De hecho, muy específicamente en 1999, Anthony Fauci financió una investigación en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill para crear un coronavirus infeccioso de replicación defectuosa, ajustado específicamente al epitelio pulmonar humano”, aseveró Martin, quien puntualizó que tal definición consta en una solicitud de patente presentada el 19 de abril de 2002 (bajo el número 7279327). “En otras palabras, construimos la enfermedad SARS y la patentamos el 19 de abril de 2002”, reiteró y aclaró que esto fue antes de que hubiera un supuesto brote en Asia.

Martin explicó que el receptor de la ACE, el dominio de unión ACE2, la proteína espiga S1 y otros elementos de lo que hemos llegado a conocer como este patógeno, no sólo fueron diseñados, sino que pueden ser modificados sintéticamente en el laboratorio, utilizando nada más que las tecnologías de secuenciación de genes, al tomar el código informático y convertirlo en un patógeno o un intermedio del patógeno. “Esa tecnología se financió exclusivamente, en los primeros tiempos, como un medio por el cual podríamos aprovechar realmente el coronavirus como vector para una vacuna contra el VIH”, remarcó.

Pero, a su vez, el especialista en patentes de innovación explicó que, en los primeros días del año 2000, a su organización se le pidió que vigilara las violaciones del Tratado de Armas Biológicas y Químicas. Por este motivo, a lo largo del otoño de 2001 comenzaron a monitorear un enorme número de patógenos bacterianos y virales que estaban siendo patentados a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el NIAID y el programa de enfermedades infecciosas de los servicios armados de los Estados Unidos (AMRIID) y una serie de otras agencias a nivel internacional que colaboraban con ellos.  “Nuestra preocupación era que el coronavirus estaba siendo visto no sólo como un potencial agente manipulable para su uso como vector de vacunas, sino que también estaba siendo claramente considerado como un candidato a arma biológica. De modo que nuestro primer informe público sobre esto tuvo lugar antes del brote de SARS, a finales de 2001”, reveló Martin.

La expresión ‘nueva normalidad’ la acuñan las farmacéuticas en 2004

Al parecer, ni siquiera el actualmente publicitado slogan de “Nueva normalidad” es nuevo. Según apuntó el titular de M-CAM, el laboratorio Merck ya en una conferencia de 2004 titulada “SARS y bioterrorismo. Bioterrorismo, enfermedades infecciosas emergentes, antimicrobianos, terapéuticos e inmunomoduladores” introdujo la noción de “La nueva normalidad”.

“La primera introducción de la campaña de la nueva normalidad, en la que se trataba de conseguir que la gente aceptase una vacuna universal contra el coronavirus y la gripe se adoptó en realidad el 6 de enero de 2004. Así que ha existido durante bastante tiempo”, señaló.

Asimismo, se refirió a otro de los protagonistas que -de alguna manera- “anticipó” lo que viviríamos en la actualidad: el zoólogo británico y presidente de EcoHealth Alliance, Peter Daszak, quien forma parte de los equipos de la OMS y de The Lancet que investigan los orígenes de la pandemia de coronavirus de Wuhan y que además se ha señalado que tiene vínculos profesionales y financieros de larga data con el Instituto de Virología de Wuhan.

“Mi cita favorita de esta pandemia es una declaración hecha en 2015 por Peter Daszak, reportada en The National Academies Press, el 12 de febrero de 2016: ‘Tenemos que aumentar la comprensión pública de la necesidad de contramedidas médicas, tales como una vacuna universal contra los coronavirus. Una vía clave son los medios de comunicación y la economía seguirá el revuelo mediático que se cree. Debemos usar ese bombo publicitario a favor nuestro para ir a los temas reales. Los inversores responderán si ven beneficios al final del proceso’”.

Martin prosiguió diciendo que Daszak “es la persona que estaba corroborando independientemente la no-teoría de la no-fuga china de laboratorio. No hubo ninguna fuga de laboratorio. Esto se trató de convertir intencionalmente la proteína espiga en un arma biológica para inyectar a la gente y hacerla adicta a una vacuna universal contra el coronavirus. Esto no tiene nada que ver con un patógeno que se haya liberado y cada uno de los estudios que se ha lanzado para tratar de verificar una fuga de laboratorio es algo para desviar la atención”.

Por lo tanto, consideró que la actual situación no es una crisis de salud pública, sino una campaña de marketing oportunista para abordar un objetivo declarado. “Ellos dijeron que necesitaban conseguir que el público aceptase una contramedida de vacuna contra el coronavirus y que los medios de comunicación le dieran publicidad a esto, ya que luego los inversores seguirían, allá donde vieran beneficios. No precisas nada más en lo que basarte para explicar los acontecimientos de los últimos 20 meses que la declaración real del verdadero responsable”, remarcó.

Vacunas que no vacunan

Martin también mencionó lo “ridículo” de la historia de que esta vacuna es de alguna manera profiláctica o preventiva. Sostuvo que esa clase de afirmación “se burla del 100% de la evidencia, porque la evidencia deja muy claro que no ha habido ningún esfuerzo por parte de ninguna empresa farmacéutica para combatir el virus”.

“Se trata de hacer que la gente se inyecte con la proteína espiga, conocida por su carácter dañino -añadió-. Así que la historia creada como fachada es que si se obtiene una expresión de una proteína espiga, uno va a tener algún tipo de alivio sintomático general. Pero el hecho es que nunca ha habido una intención de vacunar a una población si usamos la definición dentro del universo de la vacunación”.

En la misma línea, apuntó que cuando Anthony Fauci trataba desesperadamente de conseguir que se publicaran algunas de sus “vacunas de ARN sintético”, sus propias patentes fueron rechazadas por la oficina de patentes, que respondió que el argumento presentado era “persuasivo en la medida en que un péptido antigénico estimule una respuesta inmune que puede producir anticuerpos que se unen a un péptido o proteína específica, pero no es persuasivo en lo que respecta a una vacuna”.

“La respuesta inmunitaria producida por una vacuna debe ser algo más que una simple respuesta inmunitaria. Debe también ser protectora. Como se señaló en la anterior Acción de la Oficina, el estado del arte reconoce que el término vacuna es un compuesto que previene la infección. El solicitante no ha demostrado que la vacuna reivindicada al instante cumpla incluso el estándar más bajo establecido en la especificación, y mucho menos la definición estándar para ser operativa. Por lo tanto, las reivindicaciones cinco, siete y nueve no son operativas, ya que la vacuna contra el VIH (que es en lo que estaba Fauci trabajando), no es una utilidad patentable”, argumentó la oficina de patentes.

“Así que el propio Anthony Fauci fue informado por la oficina de patentes de que lo que proponía como vacuna no cumplía el estándar de patentes, el estándar legal o el estándar clínico”, subrayó Martin, para luego lamentarse: “Planteé estas cuestiones a partir de 2002, después del susto del ántrax, y la tragedia es que ahora estamos sentados en un mundo donde tenemos cientos de millones de personas que están siendo inyectados con una secuencia de computadora que es un patógeno estimulante, que se vende bajo lo que la oficina de patentes, la profesión médica, y la FDA y sus propias normas clínicas, no sugieren que sea una vacuna. Pero mediante el uso del término estamos ahora sometiendo a cientos de millones de personas a lo que se sabía que era, ya en 2005, un arma biológica”.

Una gran oportunidad lucrativa

La maquiavélica trama relatada por Martin a Fuellmich incluye además detalles sobre solicitudes de patentes realizadas por los CDC de Estados Unidos y diversos laboratorios que dejan al descubierto el modo en que se manejó información confidencial y se fueron moviendo las piezas con fines comerciales, anticipando lo que vendría.

Hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el documento “A World at Risk”, trazó un escenario en septiembre de 2019 sobre lo podría pasar “si hubiese una liberación accidental o intencional de un patógeno respiratorio”, meses antes de que hubiese un supuesto patógeno.

“Ya entonces escribían que deberíamos tener una experiencia global coordinada de una liberación de un patógeno respiratorio, que para septiembre de 2020 debía poner en marcha una capacidad global para la gestión de las relaciones públicas, el control de las multitudes y la aceptación de un mandato de vacuna universal”, concluyó.

Algunas de las patentes que menciona Martin a lo largo de la entrevista son: 6372224, 7220852, 7776521

Agustina Sucri https://kontrainfo.com/pandemia-un-montaje-que-comenzo-a-fraguarse-hace-20-anos-y-las-patentes-que-lo-prueban/

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado

La pandemia, sea real o ficticia, que a efectos políticos tanto da, no ha sido la causa de nada nuevo, de nada que no se conociera antes, sino simplemente el catalizador de proyectos que el capitalismo tenía sobre la mesa para afrontar la mayor crisis que ha conocido a lo largo de su historia.

“A grandes males, grandes remedios”, dice el refrán y, en efecto, si no hubiera habido pandemia, se la hubieran tenido que inventar, lo mismo que la armas de destrucción masiva que Saddam Hussein tenía en su poder y que dieron lugar a la famosa frase de Karl Rove, el portavoz de la Casa Blanca entonces:

“Ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras [Ustedes] estudian esa realidad —juiciosamente, si quiere— actuaremos de nuevo, creando otras nuevas realidades, que podrá estudiar de nuevo, y así las cosas continuarán. Somos [los creadores] de la historia […] Y Ustedes, todos ustedes, sólo tendrán que estudiar lo que hemos [creado]”.

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado. Es el reverso de la crisis que ya ha comenzado, una crisis a la vez económica, política e internacional. Es una crisis que no pueden mitigar de ninguna manera; a lo único que pueden aspirar es a sofocar el descontento social que va generar en el mundo entero.

La salud ha sido el pretexto para poner en marcha medidas represivas que no hubiera sido posible justificar de ninguna otra manera. Además, la salud ha permitido que el reformismo se convirtiera en el más sólido puntal del estado de guerra y las restricciones. Los grupos reformistas han afirmado muy claramente -incluso- que la represión implementada era poca y que estaban dispuestos a apoyar más restricciones, porque la salud es lo primero y está por encima de todo y de todos.

Para justificar su sucia labor de apoyo, los reformistas han vuelto a airear el fantasma de la “ultraderecha”, de manera que cualquier crítica era tachada de “negacionismo” y, en consecuencia, asimilada al fascismo. De esa manera el reformismo apoya la represión y quien la combate es un fascista; por lo tanto, son los fascistas los que luchan contra la represión…

Ese tipo de planteamientos han causado una enorme confusión, con la aparición de un nuevo arsenal de vocablos y neologismos, señal inequívoca de la profundidad de la crisis.

En medio de la misma, la burguesía ha puesto en marcha sus planes en apenas un año. Sólo con comprobar las que ya están en funcionamiento, cabe asegurar que marcarán para siempre el futuro de las formas de dominación y control social, especialmente en los países capitalistas avanzados. Lo que antes parecía ciencia ficcion, propia del cine fantástico, ya ha sido introducido entre los hábitos de millones de personas.

A los materialistas les gusta decir que la conciencia va por detrás del desarrollo de los acontecimientos, y aquí tienen uno de los mejores ejemplos. Da igual el tiempo que tarde la niebla en disiparse. Una nueva realidad se nos ha venido encima. En buena parte está trufada de tecnología y de informática, aunque eso no cambia en absoluto el hecho de que se trata de medidas de control social y de dominación política que no sustituyen a las anteriores, sino que las complementan.

El Senado francés lo ha explicado con mucha claridad: a diferencia de las restricciones “físicas”, que no se pueden soportar si se prolongan en el tiempo, las digitales son permanentes y en consecuencia, cumplen el mismo papel mucho más eficazmente (*):

“Las oportunidades de uso de las tecnologías digitales son inmensas, y la crisis de Covid-19 sólo ha dado una muestra de los muchos casos de uso posibles a corto, medio y largo plazo.

“Aunque la pandemia de Covid-19 no ha terminado, y es probable que no sea ni la última ni la más fuerte, sería irresponsable no aprovechar estas oportunidades. Las restricciones generalizadas de las libertades ‘físicas’ en los últimos meses son cada vez más insostenibles. No son sostenibles ni siquiera muy eficaces en comparación con lo que permitiría un uso más sistemático de la tecnología digital.

“El uso de la tecnología digital permitiría un control preciso del cumplimiento de las medidas sanitarias, a escala individual y en tiempo real: a cambio, las restricciones podrían dirigirse a un número reducido de personas, y ser más limitadas en el tiempo, sin dejar de ser lo más eficaces posible. Quizás el día de mañana, gracias a la tecnología digital, podamos recuperar nuestras libertades ‘físicas’ más rápidamente, o incluso no renunciar a ellas nunca, y tener pandemias sin confinamiento, aunque no haya vacuna ni tratamiento”.

No se trata de algo exclusivo de las crisis sanitarias sino a cuaquier clase de crisis y, por lo tanto a cualquier situación política y social, porque las crisis las definen los gobiernos respectivos, tanto si son reales, como si son simuladas, o si son exageradas:

“Los casos de uso más evidentes [de las herramientas informáticas] se refieren al control del cumplimiento de las normas destinadas a limitar la transmisión del virus (pase sanitario, toques de queda, confinamientos, cuarentenas, etc.), lo que implica el cruce de tres tipos de datos: los datos de identificación, los datos médicos y los datos de localización (desde los más intrusivos, con el seguimiento por GPS, hasta los más ligeros y ocasionales, con el acceso condicionado a determinados lugares, pasando por los datos de localización relativa con el rastreo de contactos).

“La utilidad de las herramientas digitales en la gestión de crisis va más allá del ámbito sanitario y se extiende a otros tipos de crisis […] que tienen en común que presentan un peligro elevado e inminente para la población, lo que exige una respuesta rápida y eficaz. Pueden ser el resultado de un ataque deliberado (convencional o terrorista, en particular bioterrorista), pero también de un accidente industrial o de una catástrofe natural […] Todas estas situaciones pueden requerir la rápida identificación de las personas, la evaluación de su estado de salud o de los riesgos a los que se enfrentan, y su localización precisa para poder prestarles ayuda”.

A buen entendedor…

(*) http://www.senat.fr/rap/r20-673/r20-6738.html

Singapur ingresa en un siquiátrico a una persona que se negó a ponerse mascarilla

Un británico detenido por negarse a llevar una mascarilla en el metro de Singapur, Benjamin Glynn, ha sido internado en un siquiátrico tras calificar de “repugnante” su situación judicial.

Fue detenido el 7 de mayo y juzgado el 19 de julio. Le revocaron la fianza de 2.700 libras esterlinas y se enfrenta a nuevas acusaciones por no llevar la mascarilla en su comparecencia ante el tribunal.

Al comenzar su juicio, Glynn, de 39 años, dijo que no se declaraba culpable ni inocente de los cargos que se le imputaban. “Me niego a ser un esclavo”, añadió mientras los opositores a las mascarillas le apoyaban desde la tribuna del público. “Creo que no tiene sentido que se me juzgue simplemente porque no llevo mascarilla”.

El fiscal Timotheus Koh pidió al tribunal que evaluara el estado mental del padre de dos hijos, y añadió que la familia de Glynn había descrito un “marcado cambio” en sus acciones desde que comenzó la pandemia.

“El comportamiento del acusado en el tribunal habla por sí mismo”, dijo el fiscal, a lo que Glynn respondió en alta voz: “Mi mente está muy clara. Estoy muy despierto. Sé lo que digo”. Afirmó que fue “libre” durante el juicio y añadió que “los cargos no se me pueden aplicar a mí”.

Glynn trabaja en Singapur desde 2017 por cuenta de una empresa británica con sede en el país asiático.

Fue grabado infringiendo la orden de llevar mascarilla antes de que los policías le localizaran después de que el vídeo se hiciera viral. El acusado dijo que desde entonces su familia había regresado a su casa en Leeds sin él. “Quiero dejar el país de todas formas, sólo déjenme ir”, dijo.

Glynn, que no contó con un abogado que le defendiera, se refirió a Abdul Rashid Abdul Rahman, que originalmente era su defensor, como su “consejero legal”. Pero el juez Eddy Tham prohibió a Rahman defender a Glynn porque no estaba legalmente cualificado.

El juez ordenó que Glynn fuera ingresado en el Instituto de Salud Mental para su control siquiátrico hasta que el juicio se reanude el 19 de agosto.

Mientras se lo llevaban, el acusado gritó que la policía lo había perseguido “como una manada de animales” y que la decisión judicial “no es justa”.

Las acusaciones contra Glynn incluyen tres delitos, dos de molestias y desórdenes públicos, en virtud de la Ley de Medidas de Emergencia contra la pandemia. Un cuarto cargo se refiere a su decisión de renunciar a la mascarilla fuera del edificio del tribunal.

La acusación de molestias conlleva una pena máxima de cárcel de un año y una multa de hasta 2.600 libras, mientras que la condena por infringir las restricciones de la pandemia podría suponer una pena de seis meses y una multa de 5.300 libras.

—https://www.telegraph.co.uk/world-news/2021/08/05/briton-refused-wear-mask-singapore-remanded-mental-health-facility/

Incendian un vacunódromo y una farmacia en Martinica cuando los colonos imponen el toque de queda

En las colonias antillanas de Guadalupe y Martinica, el porcentaje de población que ha recibido las dos dosis de la vacuna no llega al 16 por ciento. Pero la desconfianza de los colonizados contra los colonos ha ido mucho más alla: el 31 de julio en Martinica incendiaron un vacunódromo y una farmacia, justo el día en que el prefecto impuso el toque de queda.

Los antillanos tienen muy buenas razones para desconfiar. Entre 1981 y 1993 los cultivos de plátanos fueron rociados con clordecona, un pesticida organoclorado que entonces se utilizaba para tratar las plagas de gorgojos.

La clordecona es un contaminante orgánico extremadamente persistente en el medio ambiente, que puede ser muy tóxico. Aunque se clasificó como carcinógeno humano en 1979, no se prohibió hasta 1993 y se ha utilizado sobre todo en las Antillas.

La Francia colonial y sus instituciones sanitarias demostraron que en las colonias la salud importaba muy poco. Hicieron la vista gorda, permitiendo la proliferación del cáncer.

La desconfianza se ha instalado, pues, en las Indias Occidentales y el colonialismo quiere restablecer el orden y castigar a los insumisos. A partir de hoy el prefecto de Guadalupe, Alexandre Rochatte, ha impuesto un nuevo confinamiento de tres semanas y un toque de queda que comienza a las 20:00 horas y acaba a las 5:00 de la mañana.

Los bares deben permanecer cerrados, incluso las terrazas al aire libre, y las personas no se pueden desplazar más allá de un radio de 10 kilómetros de su residencia.

¿Por qué motivo? Por unos supuestos rebrotes que nadie ha visto en ningún sitio. El sindicato UGTG de Guadalupe afirma que “hay cuatro personas en cuidados intensivos y las cuatro están vacunadas”.

En las colonias antillanas no pueden atribuir ninguna muerte al coronavirus. Cero. Pero cuando no hay muertos los “expertos” tienen que recurrir a los “casos”, los “brotes” y las “curvas”.

Es extraordinariamente absurdo aparentar una “lucha” contra virus que no mata, pero hay quien se sigue tragando las tonteorías de los “expertos” y aplaude con las orejas cada una de las medidas represivas que aprueban los gobiernos de turno, dentro y fuera de las colonias.

El periódico con más tirada de Europa se disculpa por desatar una campaña de pánico durante la pandemia

El redactor jefe del periódico con más tirada de Europa, Bild, se ha disculpado públicamente por una cobertura mediática de la pandemia basada en el miedo, especialmente dirigido a los niños, a los que dijeron que “iban a matar a su abuela”.

En una alocución ante las cámaras (1), Julian Reichelt reconoció que las noticias fueron “como un veneno” que hicieron sentir a los lectores como sii fueran “un peligro mortal para la sociedad”.

Reichelt se dirigió especialmente a los niños aterrorizados por un alarmismo informativo que ha provocado una explosión de depresión y suicidios infantiles en todo el mundo.

“A los millones de niños de este país [Alemania] de los que nuestra sociedad es responsable, quiero expresar aquí lo que ni nuestro gobierno ni nuestro canciller se atreven a decirles. Les pedimos que nos perdonen”, dijo Reichelt.

“Perdonadnos por esta política que, durante el último año y medio, os ha hecho víctimas de la violencia, el abandono, el aislamiento y la soledad.

“Hemos persuadido a nuestros hijos de que asesinarán a su abuela si se atreven a ser lo que son, niños. O si se encuentran con sus amigos. Nada de esto se ha demostrado científicamente.

“Cuando un Estado roba los derechos de un niño, debe demostrar que con ello lo protege de un peligro concreto e inminente. Esta prueba nunca se ha aportado. Se ha sustituido por la propaganda que presenta al niño como vector de la pandemia”.

El redactor destaca que quienes intentaron ofrecer perspectivas más tranquilizadoras sobre la pandemia “nunca fueron invitadas a la mesa de debate” e instó a los lectores a “no creer en la mentira” cuando se enfrentan a las proclamas alarmistas del gobierno.

Reichelt pide al gobierno que abra los colegios y polideportivos, advirtiendo que quienes imponen brutales medidas de confinamiento “tendrán sobre su conciencia y dejarán en los libros de historia una multitud de almas inocentes”.

El periódico Bild tiene una tirada diaria de 1,24 millones de ejemplares, lo que le convierte en el más vendido de Europa.

Los confinamientos, pasaportes sanitarios y la represión de las manifestaciones en la calle, en general, han metido al gobierno alemán en una seria crisis política. El espionaje alemán vigila de cerca a los manifestantes contra las restricciones sanitarias y el pasaporte de vacunas porque están implicados en una conspiración para subvertir el gobierno (2).

Los alemanes protestaban contra los planes de hacer la vida imposible a los no vacunados, prohibiéndoles la entrada a lugares públicos, como restaurantes, cines y estadios.

Como ya hemos informado en otra entrada, el Relator Especial de la ONU sobre la Tortura va a abrir una investigación por la muerte de un manifestante y una redada masiva de detenidos que carece de precedentes.

(1) https://www.brighteon.com/a1e21534-3c8f-4a2a-b345-0646ec351ee4
(2) https://summit.news/2021/04/29/germanys-domestic-spy-agency-is-monitoring-anti-lockdown-protesters/

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