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Miles de trabajadores violan el toque de queda y salen a las calles de Bangladesh para exigir el pago de sus salarios

Miles de trabajadores han salido a las calles de la capital de Bangladesh, Daca y de otras ciudades para protestar por los impagos de las empresas textiles para las que trabajan, y cuyas prendas abarrotan las tiendas que varias marcas de moda tienen diseminadas por todo el mundo, después de que el gobierno haya decretado el confinamiento.

Violando las restricciones de movimientos, trabajadores de hasta 40 fábricas han protestado en la capital, así como en otras ciudades como Ashulia, Gazipur o Narayanganj, para exigir el pago de sus salarios tal y como se les había prometido antes del 16 de abril.

Los trabajadores han bloqueado algunas calles y han cortado el tráfico. Han denunciado la imposibilidad de llegar a fin de mes y cumplir con sus obligaciones si no reciben cuanto antes los salarios que se les adeudan.

Los trabajadores aseveran que van a continuar con sus protestas hasta que se hagan efectivos todos los pagos, a pesar del toque de queda, según asegura el diario local “New Age”.

El gobierno de Bangladesh ha instado a los capitalistas a que paguen los salarios cuanto antes, ya que la mayoría de las casi 4.000 fábricas que hay por todo el país están cerradas.

El sector de la confección en Bangladesh emplea a más de cuatro millones de personas en el país asiático, en su mayoría mujeres, uno de los colectivos con mayor riesgo de exclusión social en el país y que, al igual que el resto de trabajadores textiles tienen, que hacer frente al cierre de empresas en medio de una pronunciada precariedad laboral y social.

https://www.europapress.es/internacional/noticia-miles-trabajadores-textiles-salen-calles-bangladesh-exigir-pago-salarios-20200417040257.html

Los ‘delatores’ inundan a la policía francesa con denuncias telefónicas contra sus vecinos

‘Nos quedamos en casa, haz tú lo mismo’
El sindicato de policía “Alternative” asegura que el 70 por ciento de las llamadas a la policía en las ciudades grandes proceden de “delatores” que vigilan si sus vecinos cumplen el toque de queda.

La palabra ‘delatores’ es una traducción literal del comunicado del sindicato policial, fechado el 14 de abril (1).

Las centralitas de la policía están desbordadas por las denuncias de quienes vigilan del comportamiento de sus vecinos durante la cuarentena. Hay quien remite la denuncia ya prácticamente acabada, con fotos y vídeos incluidos para demostrar que el vecino viola el toque de queda.

La propia Prefectura de París ha pedido a los soplones que dejen de llamar por teléfono a la policía para chivarse. Las delaciones obligan a la policía a intervenir, produciéndose una hipertrofia de denuncias relacionadas con el coronavirus que alejan a la policía de intervenir en los delitos más graves.

El alcalde del distrito 20, Frédérique Calandra, ha dicho lo mismo: que los vecinos se olviden su celo inquisidor.

El alcalde de Saverne ha hecho la misma petición porque los vecinos “denuncian a los niños que juegan en la calle, a un vecino que ha sacado el perro cinco veces a lo largo del día, a los que hacen un barbacoa…”

El diario 20 Minutos habla de una “caza de brujas” que va desde los domicilios a las redes sociales, donde también hay protestas por los mensajes que no respetan el canon doctrinal (2).

Son las secuelas de la histeria, dice la siquiatra Anne Raynaud.

“Alternative” señala que, sin embargo, hay una disparidad según cada región. El porcentaje de llamadas cae al 50 por ciento en Nueva Aquitania, con una tendencia “a la baja”, pero en Burdeos las “delaciones” alcanzan hasta el 90 por ciento de las llamadas recibidas después de las 16 horas.

“En nuestra zona los residentes pasan todo el tiempo en casa y, por lo tanto, también mucho más tiempo en la ventana. Los barrios de narcotráfico son más visibles que de costumbre debido al confinamiento del resto de la población, por lo que todos se sienten justificados para llamarnos. También tienen menos miedo a las represalias que de costumbre. Así que, sí, tenemos un gran aumento en las llamadas de informes. Pero eso tampoco es catastrófico”, dice un alto dirigente de la policía asignado a una comisaría de los suburbios de París.

No será catastrófico para la policía, pero sí lo es para la sociedad, incluso para pequeñas comunidades de vecinos. Este tipo de delaciones permiten saldar viejos ajustes de cuentas, pequeñas venganzas, pequeñas mentiras que pueden amargar la vida a cualquiera. El chivateo destruye para siempre la convivencia entre los vecinos.

En otros casos, los vecinos llaman a la policía para matar el aburrimiento. La tele cansa, la siesta cansa, la ventana cansa… Incluso cansa escuchar el “Resistiré” todas las tardes.

(1) https://www.francetvinfo.fr/sante/maladie/coronavirus/confinement-la-delation-represente-jusqu-a-70-des-appels-dans-certaines-grandes-agglomerations-selon-le-syndicat-
(2) https://www.20minutes.fr/societe/2762167-20200417-coronavirus-pourquoi-denonciations-non-respect-confinement-pullulent-elles

Esas epidemias que se ensayan previamente para que luego nada sea una sorpresa: el caso del ántrax

La empresa farmacéutica BioPort fue un chanchullo desde el mismo momento de su constitución. Su único propósito era apoderarse de una empresa pública de Michigan que tenía la licencia exclusiva para fabricar la única vacuna contra el carbunco, llamado ántrax en los países anglosajones, que había sido aprobada por la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos).

Aquí lo llamaríamos amiguismo, puertas giratorias y enchufes, pero el caso es que una vez logrado su propósito en 1996, BioPort quiso expandir el negocio que tenía con el ejército de la mano del almirante William Crowe, antiguo Jefe del Estado Mayor Conjunto, y otros oficiales del ejército que funcionaban como cabilderos.

El chollo duró muy poco tiempo. En el verano de 2001 la empresa estaba al borde de la quiebra por una serie de escándalos de corrupción y porque la vacuna había causado graves problemas de salud a los soldados, algunos de ellos muy graves. Pidió un un rescate de 24 millones de dólares y el Pentágono lo apoyó aduciendo “preocupaciones de seguridad nacional”.

Una auditoría interna descubrió que gran parte del dinero concedido a BioPort no estaba contabilizado. Los problemas de salud causados por la vacuna no se habían resuelto. La empresa no había renovado sus instalaciones de producción y había perdido su licencia.

Estaba al borde de la disolución, cuando el 11 de setiembre de 2001 dios obró otro de sus milagros en forma de atentados a las Torres Gemelas, al Pentágono y… envíos de ántrax por correo.

¿Aún no había una vacuna para aquella plaga? Había que devolver la licencia a BioPort y el Pentágono debía renovar el contrato. Así lo exigieron las grandes cadenas de comunicación, que se encargaron de difundir la correspondiente alarma. Había que dejar al margen los viejos problemillas de los laboratorios de BioPort porque se había producido una situación de emergencia.

Pero a la empresa no le bastaba con volver al punto de partida; quería más. Quería asegurarse una venta masiva de vacunas al Pentágono para que las almacenaran, no sólo para los militares, sino también para los civiles, los trabajadores de correos, la policía y muchos otros que podrían correr peligro si se repitieran los ataques con ántrax.

Uno de los principales promotores de la ampliación de los contratos de BioPort, Jerome Hauer, trabajaba entonces para el el servicio de salud pública. Era un hombre con muchas caras, además de la sanitaria. Por ejemplo, era miembro de la inteligencia antiterrorista. No sólo sabía de antemano que se iban a producir los ataques con ántrax, sino que había participado en la simulación Dark Winter (Invierno Oscuro) que había pronosticado esos mismos ataques tres meses antes.

¿No les suenan familiares esos ensayos previos de “epidemias” que luego se cumplen como si fueran una profecía? La Universidad John Hopkins escribió todo un manual sobre la simulación que se llevó a cabo en la base aérea de Andrews (1). ¿Es sólo pura coincidencia?, ¿qué papel desempeñaba una universidad en un ensayo militar?

Junto Hauer, también participaron en la simulación James Woolsey, antiguo director de la CIA, y una periodista del New York Times, Judith Miller, que fue quien desató en los medios el bulo de las armas de destrucción masiva en Irak.

Unos meses más tarde de todo aquello, Hauer fue nombrado para un puesto de reciente creación dentro del sistema público de salud, supervisando la nueva reserva de guerra bioquímica de la que BioPort se beneficiaría considerablemente.

Pero era necesario maquillarse un poco y en 2004 BioPort cambia el nombre por Emergent Biosolutions, que siguió contratando sicarios dentro de los servicios públicos de salud, ente ellos el propio Hauer, que hoy es uno de los cabecillas de la empresa.

La farmacéutica forma parte del holding CEPI (Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias), es decir, que cuenta con el apoyo de Bill Gates y trabaja en la fabricación de una vacuna contra el coronavirus.

La nueva Emergent Biosolutions se ha beneficiado de la fuerte adicción a los opiáceos que causó “la mayor crisis sanitaria de la Historia reciente de Estados Unidos”, según El Mundo (2). La empresa tiene la patente del único medicamento aprobado para el tratamiento de las sobredosis y está llevando ante los tribunales a quienes producen genéricos porque el beneficio capitalista no está en curar ni en salvar vidas, sino en la patente.

(1) http://www.centerforhealthsecurity.org/our-work/events-archive/2001_dark-winter/Dark%20Winter%20Script.pdf
(2) https://www.elmundo.es/internacional/2019/01/06/5c30e18121efa0d70f8b466a.html

https://www.mintpressnews.com/how-emergent-solutions-plans-corner-covid-19-cure-market/266615/

En China las enfermedades respiratorias tienen su origen en la contaminación, no en los virus

En China la contaminación del aire y la tierra es un problema mayúsculo. El gobierno realiza estudios periódicamente que se mantienen en secreto.

No obstante, algunos datos han trascendido y se sabe que en comparación con las muestras recogidas en la década de los noventa, en China la contaminación del suelo por metales pesados se ha expandido por las regiones orientales, densamente pobladas, dice el South China Morning Post (1).

La población está cada vez más preocupada por la seguridad de las cosechas y las hortalizas que se cultivan en suelos contaminados.

En 2006 el Ministerio de Medio Ambiente admitió que más del 10 por ciento de las tierras agrícolas del continente estaban contaminadas y que unos 12 millones de toneladas de cereales se contaminaban anualmente con metales pesados.

En 2013 casi la mitad del arroz cultivado en Guangzhou estaba contaminado con cadmio, un metal pesado que puede dañar los riñones y los huesos.

Aquel año el Ministerio chino de Tierras y Recursos trazó un mapa de la contaminación de todo el país para medir el nivel de metales pesados en el suelo.

Recogieron muestras por toda la geografía y analizaron los niveles de 78 elementos químicos que se encuentran tanto en la capa superior del suelo -menos de 25 centímetros de profundidad- como en muestras de al menos un metro de profundidad.

En los tramos medio e inferior del río Yangtze, donde está Wuhan, encontraron altos niveles de cadmio, mercurio, plomo y arsénico. El informe también dice que en algunas ciudades se encontraron “niveles anormales de radiación”, sin dar más detalles.

Un estudio publicado en 2012 en el “Journal of Immigrant & Refugee Studies” decía que los inmigrantes chinos en Nueva York tienen niveles más altos de plomo, cadmio y mercurio en su sangre que los de otros países asiáticos.

En 2015 un equipo médico de la Universidad de California sostuvo que 1,6 millones de personas mueren cada año en China por problemas de corazón, pulmón y derrames cerebrales debido a la contaminación del aire, lo cual supone 4.000 personas al día (2).

Podríamos decir que mueren más a causa de ello diariamente que de coronavirus en cuatro meses, pero no se trata de dos fenómenos paralelos porque las muertes imputadas al coronavirus en China tienen su origen en la contaminación del aire y, en especial, en Wuhan y la región de Hubei, muy especialmente a causa de la presencia de SO2.

En una nueva entrevista la profesora Karin Moelling, directora del Instituto de Virología de la Universidad de Zurich, subrayó el papel de factores locales especiales como la contaminación del aire y la densidad de población.

(1) https://www.scmp.com/news/china/article/1260215/land-ministry-map-extent-soil-contamination-heavy-metals
(2) https://www.theguardian.com/world/2015/aug/14/air-pollution-in-china-is-killing-4000-people-every-day-a-new-study-finds

Muertos de miedo: la crisis, la histeria y el confinamiento conducen al suicidio

La histeria desatada a escala mundial está causando verdaderos dramas humanos. En un reportaje publicado la semana pasada, el periódico Ouest France relata “la angustia oculta de los héroes enfrentados al coronavirus” (1), una descripción que parece extraída de la Segunda Guerra Mundial.

El pánico alcanza a la población, pero también a los trabajadores de la sanidad, hasta el punto de que Francia está creando equipos de ayuda psicológica para apoyar al personal de enfermería que lucha contra su propia angustia en unas condiciones de trabajo realmente crudas. Son enfermeros, conserjes y médicos a quienes se les ha puesto en el ojo del huracán de la manera más miserable que cabe imaginar.

El periódico cuenta la historia de una videoconferencia en presencia de un psiquiatra. “De repente, en medio de la videoconferencia, se reunieron a varios cientos de médicos de emergencias, como una ducha fría. Gélidos, incluso. El evento no llegó a los titulares ni a los médicos del CHU [hospital universitario]. ‘Tuvimos una enfermera que se rebanó la garganta’. Fue hospitalizada en emergencia absoluta. Creyó que había contaminado a su marido, que estaba teniendo ataques de tos’. Pierre Vidhailhet, psiquiatra del Hospital Universitario de Estrasburgo, susurraba estas palabras”.

Un drama que no es noticia y que se desarrolla en el silencio de los hospitales, dice France Ouest.

El médico de 60 años del club de fútbol del Stade de Reims, Bernard González, se suicidó el 5 de abril en su casa. El médico había estado confinado en su casa con su esposa desde el anuncio del gobierno y dejó una nota en la que explicaba que había “contraído el coronavirus”.

Las reacciones han ido en aumento. El alcalde de Reims, conmocionado, dijo a la prensa: “Estoy conmovido por su desaparición porque es alguien que conozco desde hace años […] Más allá del médico del Stade de Reims, era el médico de mucha gente en Reims y era conocido por sus cualidades humanas y profesionales. La familia del fútbol y la gente de Reims le echarán de menos”.

Thomas Schaefer, el ministro de finanzas de Hesse, en Alemania, se suicidó el 29 de marzo. Tenía 54 años y estaba muy comprometido con la lucha contra el coronavirus. Estaba casado y tenía dos hijos. Le encontraron muerto cerca de las vías del ferrocarril.

La fiscalía de Wiesbaden ha indicado el suicidio. “Hoy podemos asumir que estaba profundamente preocupado”, dijo un político cercano a Angela Merkel y miembro de la CDU como Schaefer.

En Italia ya se han suicidado tres enfermeras. Una de ellas dejó una nota en la que decía que había dado positivo en las pruebas y que no quería contaminar a nadie.

En el hospital de Galdakao, en Bizkaia, un ingresado con un diagnóstico positivo de coronavirus se arrojó por la ventana desde un octavo piso el 25 de marzo.

En Londres una joven autista de 19 años, Emily Owen, se suicidó porque no soportaba el impacto síquico de la cuarentena.

En California los sicólogos advirtieron del riesgo de suicidio asociado a la crisis económica, la histeria y el confinamiento, situaciones que generan ataques de pánico, angustia y preocupación en amplios sectores sociales, incluidos los niños (2).

En contra los tarados que dirigen la sanidad en Estados Unidos, los sicólogos recomiendan fomentar al máximo las relaciones sociales.

(1) https://www.ouest-france.fr/sante/virus/coronavirus/coronavirus-dans-les-hopitaux-l-angoisse-cachee-des-heros-confrontes-au-covid-19-6803662
(2) https://www.efe.com/efe/usa/sociedad/psicologas-alertan-de-posibles-suicidios-y-efectos-en-la-salud-mental/50000101-4200078

El lugar más cercano al infierno: Fort Detrick

Fort Detrick es una base del ejército estadounidense situada a menos de 100 kilómetros de Washington. Se creó en 1942, en plena guerra mundial, para ser el centro de la guerra biológica y desde entonces no ha hecho más que crecer, completando unos 600 edificios que ocupan 5.000 hectáreas de terreno.

El ejército puso a un bioquímico de la Universidad de Wisconsin, Ira Baldwin, al frente. Al principio Fort Detrick no fue gran cosa porque el imperialismo lo apostó todo a su monopolio del arma nuclear.

En la primavera de 1949 el ejército creó un pequeño equipo de químicos, al que llamó División de Operaciones Especiales. Su misión era encontrar usos militares para las bacterias tóxicas, un campo totalmente nuevo para la guerra.

Paralelamente, la CIA empezó a capturar espías del otro lado del Telón de Acero a los que trataba de interrogar bajo el efecto de drogas o, como se decía entonces, del “suero de la verdad”. Le ocurría lo mismo con los tránsfugas, de los que no tenía certeza de si realmente habían cambiado de bando o si se trataba de maniobras de intoxicación.

Allen Dulles, que dirigía las operaciones encubiertas de la CIA y que luego sería ascendido a jefe de la central de espionaje, aprobó los primeros planes MK (control mental), que inicialmente se llamaron Bluebird (Pájaro Azul), luego Artichoke (Alcachofa) y finalmente MK-ULTRA.

En 1951 Dulles puso al frente de la división al químico Sidney Gottlieb, del que ya hemos hablado en otra entrada.  Gottlieb era un tipo muy extraño que podría haber encabezado una película de terror. Era un inmigrante deforme que vivía en una cabaña aislada sin agua corriente y se levantaba antes del amanecer para ordeñar sus cabras.

Gottlieb le propuso a Dulles que negociara un acuerdo entre la CIA y el ejército, con un reparto de funciones: el ejército era la fábrica y la CIA el destinatario de las nuevas armas químicas y biológicas.

Así es como la CIA creó un laboratorios químico dentro de Fort Detrick para obligar a las cobayas y a los detenidos a “confesar la verdad”. El equipo de Gottlieb probó una asombrosa variedad de combinaciones de drogas, a menudo en conjunción con torturas como las descargas eléctricas o la privación sensorial.

Las cobayas las sacaban a la fuerza de prisiones y hospitales, incluida una prisión federal en Atlanta y un centro de investigación de adicciones en Lexington, Kentucky.

Al principio llevaban las cobayas a Fort Detrick, pero luego la CIA extendió Fort Detrick por Europa y Asia central, siguiendo un modelo que desde 2001 se haría famoso en Guantánamo y otros centros de tortura habilitados en bases militares del ejército estadounidense en todo el mundo.

Es posible que la primera prisión secreta de la CIA estuviera en el sótano de un chalet en la ciudad alemana de Kronberg, donde los científicos de la CIA trabajaban con antiguos verdugos nazis, también expertos en interrogatorios.

En uno de los experimentos administraron múltiples dosis de LSD a siete prisioneros en Lexington, Kentucky, durante 77 días seguidos. En otro, a los norcoreanos capturados les administraron drogas depresivas seguidas de potentes dosis de estimulantes. Luego les exponían a la privación de sueño, calor intenso y corrientes eléctricas.

Los experimentos causaron un número desconocido de muertes y muchas cobayas humanas acabaron recluidos en siquiátrico.

Una de las víctimas más conocidas de los experimentos fue Frank Olson, del que también hemos hablado aquí. Olson era uno de los espías de la CIA que siempre trabajó en Fort Detrick. Cuando abandonar la CIA, Gottlieb le convirtió en otra cobaya a la fuerza, drogándole con LSD. Una semana después, Olson murió tras caer de la ventana de un hotel en Nueva York, una muerte atribuida al suicidio por la CIA. La familia de Olson cree que lo tiraron por la ventana para mantener en secreto los experimentos que se llevaban a cabo en Fort Detrick.

La química no cumplió las expectativas de Gottlieb y los fármacos pasaron a formar parte del arsenal de venenos de la CIA. Una parte los integraban agentes patógenos que podían causar enfermedades como la viruela, la tuberculosis y el ántrax, así como varias toxinas orgánicas, entre ellas el veneno de serpiente y una molécula paralizante extraída de los moluscos. También desarrolló un veneno para matar a Fidel Castro y al dirigente congoleño Patrice Lumumba. Otro tipo de sustancias y gases estaban dirigidas a destruir los cultivos agrícolas mediante la difusión de plagas.

Cuando en 1959 se empezaron a conocer los secretos que guardaba Fort Detrick, los manifestantes tomaron por costumbre reunirse allá una vez a la semana. En un manifiesto decían que “ninguna justificación racional de la ‘defensa’ puede justificar los estragos de la destrucción masiva de la agricultura y las enfermedades que resultan de ella”.

En 1970 Nixon ordenó la destrucción las reservas existentes de toxinas biológicas, lo que se llevó a cabo en buena parte. Se salvó un lote de un tóxico extraído de los moluscos, conocido por el nombre de saxitoxina, una cianotoxina de tipo alcaloide con efectos neurotóxicos.

Dos botes que contenían cerca de 11 gramos de saxitoxina, suficiente para matar a 55.000 personas, estaban en el depósito de Gottlieb en Fort Detrick. Antes de que los técnicos del ejército pudieran retirarlos, dos oficiales de la división de operaciones especiales los metieron en el maletero de un coche y los llevaron a la Oficina de Medicina y Cirugía de Washington, donde la CIA mantenía un pequeño almacén de productos químicos.

Uno de los asistentes de Gottlieb testificó más tarde que ordenó esta operación sin informar a su jefe. Cuando se descubrió y destruyó la saxitoxina en 1975, Gottlieb se había retirado.

https://www.politico.com/magazine/story/2019/09/15/cia-fort-detrick-stephen-kinzer-228109

Más información:
– El científico que puso las nuevas formas de tortura a disposición de la CIA: Sidney Gottlieb
– Ewen Cameron, la ciencia al servicio de la tortura
– Frank Olson: el caso del asesino asesinado por sus iguales
– Guía práctica del perfecto criminal
– Las secuelas psíquicas de los lavados de cerebro financiados por la CIA en Canadá
– 13 experimentos macabros con seres humanos perpetrados por Estados Unidos

Desmantelan un hospital de campaña en Seattle que no ha atendido a ningún enfermo de coronavirus

El hospital de campaña vacío de Seattle
El hospital de campaña construido apresuradamente por el Pentágono en el estadio de fútbol profesional de Seattle ha cerrado sin que tuviera que asistir nunca a ningún enfermo, dijo el gobernador del estado de Washington, Jay Inslee.

La realidad no ha confirmado las previsiones alarmistas y el hospital improvisado se ha desmantelado sólo tres días después de abrir sus puertas a los pacientes. No es necesario ni lo ha sido nunca. Los equipos médicos militares han estado tres días de vacaciones pagadas. El único objetivo del hospital de campaña fue alarmar a la población. Cuando los focos se han apagado, el hospital ha desaparecido.

El equipo médico del Centro de Eventos de CenturyLink Field está siendo devuelto a la FEMA, la Agencia Federal de Gestión de Emergencias, para que se pueda destinar a otros fines disitntos.

El estado de Washington vio la primera muerte por coronavirus en los Estados Unidos el 29 de febrero.

El estado pidió a la FEMA y al Cuerpo de Ingenieros del Ejército que reconvirtieran el estadio de fútbol en un hospital de campaña “antes de que nuestras estrategias de remoción física se implementen por completo y nos preocupaba mucho que nuestros hospitales se vieran abrumados con los casos de Covid-19″, dijo el gobernador.

Inslee se unió a la alcaldesa de Seattle Jenny Durkan para elogiar el trabajo del 627 Centro Médico del Ejército en Fort Carson, Colorado, que estableció el hospital de campaña.

“Estos soldados pusieron sus vidas patas arriba para ayudar a la gente de Washington en un momento en que más los necesitábamos. Desde entonces, ha quedado claro que otros estados los necesitan más que nosotros”, añadió Inslee.

Durkan dijo que actualmente los hospitales públicos son suficientes para lidiar con el coronavirus. “Estamos tomando la decisión correcta al permitir que otras ciudades tengan esos recursos y capacidad”, dijo. “Aunque Seattle ha luchado mucho por estos recursos, es evidente que otras comunidades necesitan desesperadamente estas instalaciones y personal médico de alta calidad”.

https://www.yahoo.com/news/armys-seattle-field-hospital-closes-165646379.html

Coronavirus, hambre y clases sociales

Darío Herchhoren

Desde la aparición de la pandemia del coronavirus, las radios, las emisoras de televisión, los periódicos en papel y los sesudos tertulianos, han estado bombardeándonos, con sus verdades de perogrullo sobre la existencia de la enfermedad, sobre lo que son los virus, sobre las investigaciones para hallar una vacuna eficaz, y sobre los rebuznos y eructos de Donald Trump y Bolsonaro.

Las noticias que se difunden nos hablan de cientos de infectados por día, de muertos, de altas médicas y de víctimas de la enfermedad en las personas del personal sanitario que pacientemente y con medios escasos atienden el aluvión de personas que día a día llenan las camas de hospitales. En algunos de esos casos, y siguiendo el relato del personal sanitario la situación se ha convertido en dramática, mostrando las carencias y falencias del sistema de salud.

Pero hace muy pocos días hemos escuchado al director de UNICEF, el organismo de la ONU para la infancia dando una cifras francamente espeluznantes sobre la muerte de niños de menos de un año de vida por día. Según esa información cada segundo muere un niño de hambre, lo cual quiere decir que en un minuto mueren 60 niños, en una hora mueren 3600 niños, y cada 24 horas mueren 86400 niños, salvo error u omisión.

Si comparamos esa cantidad de muertos con los provocados por la pandemia de covid 19, debemos concluir, que los fallecidos por la pandemia, constituyen una cantidad muy pequeña. Pero esa conclusión se transforma en indignación cuando nos paramos a reflexionar sobre la posibilidad de evitar esos terribles resultados si las políticas sanitarias y alimentarias fueran las correctas.

¿Cómo evitar esas muertes evitables? En primer lugar poniendo los medios para que eso no ocurra. ¿Y cuáles son esos medios? Básicamente invirtiendo dinero en cantidad suficiente en sanidad, construyendo redes de alcantarillado y agua potable, dotando de hospitales y dispensarios a aquellos paises que los necesitan, alimentando a las poblaciones, y sobre todo reduciendo los gastos militares y redistribuyendo la renta en forma equitativa para que esto no pase. Con lo que cuesta mantener un portaaviones por día se evitarían las muertes de niños que hemos mencionado.

Todo esto nos lleva a una primera conclusión con respecto al coronavirus: Se trata de una pandemia que fué generada ex profeso para batir al enemigo, y ese enemigo era China que ponía en peligro la hegemonía de los EEUU con su potente industria, y con la construcción de la nueva ruta de la seda y la franja, que uniría mediante ferrocarril de alta velocidad el lejano oriente con Europa, permitiendo el transporte de personas y cargas a bajo precio, poniendo en peligro las maquilas de occidente. Como ejemplo de esto quiero mencionar que durante la segunda guerra mundial, los fascistas japoneses arrojaron sobre China millones de pulgas infectadas con peste bubónica, que causaron miles de óbitos entre la población no beligerante. La peste bubónica es una enfermedad que transmiten las ratas, previamente infectadas por pulgas, y que cursa con terribles dolores articulares sobre todo en la cadena ganglionar, hasta producir una muerte y una agonía terribles.

Los japoneses también intentaron generar esa enfermedad en el territorio USA, pero los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, terminaron por frustrar ese propósito.

Otro de los superficiales y estúpidos comentarios sobre la pandemia es que la misma no reconoce clases sociales. Es una pura falsedad. Las enfermedades se ceban siempre sobre aquellos que tienen menos defensas, y se da la circunstancia de que las clases sociales más desfavorecidas, que viven en peores viviendas, se alimentan peor, tienen a su alcance una medicina más pobre y elemental, están siempre más expuestas a sufrir enfermedades. Los pobres, solo por ser pobres se mueren antes. ¿Es lo mismo nacer y vivir en África, que nacer y vivir en Nueva York? Aunque en Nueva York haya gente que malvive en barrios como el Bronx y el West End, siempre estarán mejor que un africano que viva en Soweto. La enfermedad es cierto que no reconoce clases sociales, pero los seres humanos si reconocen esas diferencias. Es una cuestión social y como tal debe tratarse. Si queremos evitar situaciones indeseadas como la que estamos atravesando ya sabemos cuál es el camino.

Transitémoslo.

Internan en un siquiátrico a un médico suizo que se opone al toque de queda

El médico suizo Thomas Binder
El sábado Thomas Binder, un médico de 58 años fue detenido en Wettingen, Cantón de Argovia, con un aparatoso despliegue de unidades especiales que en Suiza sólo se ha visto en los casos graves de terrorismo.

El médico es especialista en cardiología y medicina interna y lanzó una petición de ayuda en Facebook y Twitter, afirmando que frente a su consulta había una unidad antiterrorista de policía que pretendía detenerle.

Los medios de comunicación aprovecharon el internamiento del médico para difundir la versión policial en exclusiva, según la cual el médico amenazó a las autoridades.

El pretexto es absurdo: las amenazas son un delito, no son suficientes para ordenar una detención y mucho menos en un siquiátrico.

La cadena de televisión privada Tele M1 le puso el micrófono a un portavoz de la policía, que se justificó diciendo que tienen que tomarse en serio las amenazas, aprovechando la ocasión para dar una vuelta de tuerca inverosímil a la represión: sospechaban que el médico tenía un arma, dijo el portavoz.

Naturalmente, las sospechas no se confirmaron; no hay tal arma, el médico ha sido ingresado en un hospital psiquiátrico después de su detención y la fiscalía ha abierto una investigación criminal.

El doctor es conocido en Suiza por su oposición a las doctrinas oficiales sobre el coronavirus y a las medidas aprobadas por el Consejo Federal. Sostenía que la pandemia era un “resfriado simple” y en su cuenta de Twitter llamó “payaso” al virólogo alemán Christian Drosten.

Su detención ha levantado una ola de protestas, lo mismo que cuando denunció que las fotos tomadas después de los ataques químicos de 2018 en Duma, en Siria, eran falsas.

https://www.medinside.ch/de/post/polizei-verhaftet-arzt

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El médico fue liberado después de permanecer seis días en el siquiátrico

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Más información:
– Primera mujer internada en un siquátrico en Alemania por oponerse a la cuarentena
– Terrorismo de Estado con pretextos sanitarios: Sajonia interna en hospitales siquiátricos a quienes rechazan la cuarentena
 


El italiano Darío Musso también fue internado en un siquiátrico durante
cuatro días, donde le mantuvieron a la fuerza con sedantes

Primera mujer internada en un siquátrico en Alemania por oponerse a la cuarentena

La abogada Beate Bahner
Beate Bahner, una abogada especializada en derecho sanitario de Heidelberg, ha sido internada a la fuerza en un siquiátrico.

Conocida en Alemania como “Coronoia”, en los últimos días Bahner había lanzado llamamientos a manifestarse para exigir el levantamiento del toque de queda.

A Bahner le acusan de ponerse en peligro ella misma o a los demás y el Tribunal Constitucional ha rechazado un recurso que exigía su liberación.

En un archivo de audio enviado a su hermana y publicado en Telegram, Bahner dice que ha fracasado lamentablemente en salvar el orden democrático fundamental libre en Alemania del “peor ataque mundial y del establecimiento a la velocidad del rayo de la tiranía más inhumana que el mundo haya conocido jamás”.

A las 7 de la tarde del domingo publicó un comunicado en su página web anunciando que se tomaría un descanso de unas semanas. Luego salió a la calle corriendo porque se sintió amenazada por dos personas que había a la puerta de su casa.

En la calle pidió ayuda a unos automovilistas, rogándoles que avisaran a la policía. Cuando llegaron, la detuvieron y la ingresaron el siquiátrico, según dice la prensa alemana, que recoge la declaración de los policías que participaron en la detención.

La policía asegura que Bahner dio “una impresión muy confusa”.

https://www.t-online.de/nachrichten/deutschland/id_87699240/corona-polizei-bringt-coronoia-anwaeltin-beate-bahner-in-die-psychiatrie-.html

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Después de tres días de encierro, la abogada fue liberada del siquiátrico el miércoles 15 de abril, aunque ahora la policía le acusa de haberles propinado varias patadas durante la detención. Han reconvertido su ‘locura’ en ‘delito’.

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Más información:
– Internan en un siquiátrico a un médico suizo que se opone al toque de queda

 – Terrorismo de Estado con pretextos sanitarios: Sajonia interna en hospitales siquiátricos a quienes rechazan la cuarentena
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