La web más censurada en internet

Etiqueta: Colonialismo (página 3 de 16)

El gobierno de Mali acusa Francia ante la ONU de entregar armas a los yihadistas

La disputa entre el gobierno de transición maliense y Francia llega ahora al Consejo de Seguridad de la ONU. El ministro de Asuntos Exteriores, Addoulaye Diop, ha enviado una carta al Consejo de Seguridad en la que acusa al ejército francés de “proporcionar información a los terroristas a través de vectores aéreos”.

El gobierno maliense dice haber observado “violaciones repetidas y frecuentes del espacio aéreo maliense por parte de las fuerzas francesas” y acusa a París de utilizar vehículos aéreos como drones, helicópteros militares y aviones de combate sin autorización de las autoridades malienses. El gobierno afirma que el ejército de Mali, dotado de nuevas capacidades, “ha registrado más de 50 casos deliberados de violación del espacio aéreo maliense” por parte de aviones extranjeros.

La carta señala que la actividad del ejército francés se resume en “incursiones en los servicios de control del tráfico aéreo, casos de apagado de transpondedores para eludir el control, aterrizaje de helicópteros en localidades fuera de los aeródromos sin autorización previa y numerosos vuelos de aviones de inteligencia y drones que vuelan a gran altura”. Según la denuncia de Bamako, el objetivo de estos vuelos es el espionaje, la intimidación e incluso la subversión.

La carta cita ejemplos que van desde abril hasta hoy. La violación más reciente, según el documento dirigido al Consejo de Seguridad de la ONU, se ha producido este mes de agosto. En la noche del 6 al 7 “un helicóptero aterrizó en las cercanías del bosque de Ougrich, al sur de Lerneb y Aratene, cerca de Goundam, región de Tombuctú, y llevó a bordo a dos elementos de Ibrahim Ag Baba, lugarteniente de Abou Talha, jefe del Emirato de Tombuctú, con destino desconocido”.

La noche siguiente un helicóptero Chinook sobrevoló a las tropas del ejército de Mali procedentes de Gao que se desplazaban a 37 kilómetros de Tessit, en sentido contrario a la progresión. “Sorprendido en sus actividades, el Chinook ganó altura de repente. Las comprobaciones del Puesto de Mando Conjunto del Teatro (PCIAT) no permitieron confirmar el origen de la aeronave”, subraya el gobierno maliense, añadiendo que el mismo día 8 de agosto “una patrulla del ejército de Mali salió de Labbezanga para buscar en vano un paquete lanzado por Barjan [ejército francés] a 3 kilómetros al este de dicho puesto”.

Desde el anuncio de la retirada del ejército francés, “las aeronaves militares malienses se ven regularmente obstaculizadas por maniobras de retraso destinadas a reducir su eficacia y alargar su tiempo de reacción”.

El gobierno maliense dice tener pruebas de que “estas violaciones flagrantes del espacio aéreo maliense han sido utilizadas por Francia para recoger información en beneficio de los grupos terroristas que operan en el Sahel y para lanzarles armas y municiones”.

Mali denuncia estos actos de Francia, que constituyen una agresión y una violación de la Resolución 3314 de la ONU.

El gobierno de Bamako invita al Consejo de Seguridad de la ONU a trabajar para que “la República Francesa cese inmediatamente sus actos de agresión contra Mali” y se ajuste a la legalidad internacional. La carta concluye advirtiendo que, en caso de persistir en esta postura “que socava la estabilidad y la seguridad”, Mali se reserva el derecho a “utilizar la autodefensa”, de acuerdo con el artículo 51 de la Carta de la ONU.

—https://www.maliweb.net/nations-unies/mali-le-gouvernement-saisit-lonu-et-accuse-larmee-francaise-de-fournir-des-renseignements-aux-terroristes-2988028.html

El levantamiento antiimperialista de Mau Mau, Kenia (III)

El levantamiento se intensificó aún más el 26 de marzo, cuando los combatientes de Mau Mau llevaron a cabo dos ataques importantes. El primero fue un asalto a la comisaría de Naivasha, que resultó en una derrota humillante para la policía y la liberación de 173 prisioneros, muchos de ellos Mau Mau, de un campo de detención adyacente. Leer más

El levantamiento antiimperialista de Mau Mau, Kenia (II)

A principios de los años cincuenta, los elementos más jóvenes y radicales del movimiento nacionalista en Kenia habían comenzado a separarse de los que hacían campaña por la reforma constitucional. Estos africanos eran generalmente Kikuyu que habían sido reducidos a ocupantes ilegales en su propia tierra por las leyes introducidas por los británicos, y estaban cada vez más desilusionados con el cambio conservador propugnado por organizaciones como la KAU. Leer más

El fraude de la vacunación y la ‘erradicación’ de la viruela

Si alguien viniera a usted y quisiera cortar el brazo de su hijo con un cuchillo, y luego usar agujas de marfil no esterilizadas (que pueden haber sido usadas en cientos de personas ya) para poner una mezcla séptica no esterilizada de gérmenes, mezclados con glicerina y pústulas de animales muertos, es muy probable que se niegue a ello, sin embargo, esta es la realidad de más de 100 años de vacunación contra la viruela. Leer más

El levantamiento antiimperialista de Mau Mau, Kenia (I)

El levantamiento de Mau Mau comenzó en 1952 como reacción a las desigualdades e injusticias en la Kenia controlada por los británicos. La respuesta de la administración colonial fue una feroz represión de los rebeldes, que resultó en muchas muertes. Para 1956, el levantamiento había sido aplastado de manera efectiva, pero el alcance de la oposición al régimen británico había quedado claramente demostrado y Kenia estaba encaminada hacia la independencia, que finalmente se logró en 1963. Leer más

Mali llama a los africanos a la resistencia contra las potencias europeas

Hace cuatro días la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) amenazó a Senegal con sanciones si seguía tomándose a la ligera las sanciones occidentales impuestas a través de la CEDEAO a Malí, que ha llegado tan lejos en su lucha contra la ocupación francesa que es capaz de montar una sólida defensa aérea para proteger sus cielos, y en este sentido cuenta con el apoyo de Rusia y, por supuesto, de Argelia.

De hecho, tres meses después de la imposición de las sanciones, los objetivos de la CEDEAO han fracasado: ni el Estado ni la población senegalesa han aceptado respetarlas, mientras que el comercio sigue floreciendo entre ambos países.

Los medios de comunicación senegaleses dejan claro que si la CEDEAO comete la torpeza de querer sancionar a una economía sólida como la de Senegal, que es una de las más florecientes de su zona, los senegaleses romperán el embargo antimalí con los baúles llenos de dinero, dice a prensa local (*).

Es cierto que esta determinación de romper las injustas sanciones contra Malí no puede ser contrarrestada por la ONU, Estados Unidos o Francia.

El fracaso de la campaña de máxima presión contra Malí presagia otros fracasos. Al igual que Burkina y Níger, Senegal se burla de las sanciones contra Malí y, ayudado por Argelia, ridiculizó el primer experimento de sanción de Estados Unidos y la OTAN en el continente negro.

Pero el miedo de las viejas potencias coloniales va más allá. Dado que Rusia no está lejos de Senegal y está emprendiendo excelentes relaciones con Mali, existe el temor de que Senegal se convierta en un centro africano contra las sanciones de Estados Unidos contra Rusia. Después de todo, los iraníes han recibido una gran ayuda de los senegaleses en este sentido y los rusos podrían lograr lo mismo.

El lunes, después de meses de jugar al escondite, Lavrov admitió abiertamente lo que era un secreto a voces: que los mercenarios de Wagner están presentes en Mali, así como en Libia. La presencia se ha llevado a cabo sobre una “base comercial”, añadió Lavrov en una entrevista con Mediapart.

“Mi querido colega Jean-Yves Le Drian, así como Josep Borrell, en septiembre de 2021, me dijeron directamente que Rusia no tiene nada que hacer en África, ni por medios públicos ni por medios privados, porque África es una zona [de interés] de la UE y de Francia”, dijo Lavrov. También explicamos que en Libia “esta empresa militar privada fue invitada por las autoridades de Tobruk, donde se encuentra el Parlamento”, continuó. Y añadió: “Están presentes allí de forma comercial, al igual que en Mali”.

Inicialmente la llegada de Wagner a Mali fue para servir de guardaespaldas de los militares que dieron el Golpe de Estado. Luego se extendió a la lucha contra el yihadismo en el Sahel y ahora ha acabado por expulsar al ejército francés de la región, donde permanecía desde hace nueve años.

Pero no sólo son los gobiernos los que reclaman la llegada de las tropas rusos. Las manifestaciones populares en Mali favorables a su llegada se han extendido a Senegal y comprenden la exigencia de que se vayan los franceses.

La situación en Mali no se puede separar de la segunda traición del gobierno español hacia el Sáhara, ni de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Argelia y Marruecos, que describen el retroceso de Estados Unidos y la Unión Europea en el Magreb.

Incluso Antonio Guterres en su último informe sobre Mali critica la “presunta presencia de una empresa militar privada extranjera que opera junto a las fuerzas de seguridad malienses”, en referencia a Wagner.

La Junta Militar de Mali ha subido el tono de las críticas contra Francia, a la que acusa de “espionaje” y “subversión”. Los acuerdos de defensa firmados entre ambas partes en 2014 se han roto.

(*) https://cameroonvoice.com/news/2022/05/02/le-mali-appelle-lafrique-a-la-resistance-debat/

La participación francesa en las matanzas de Ruanda de 1994

Una lectora nos envía el siguiente comentario a nuestras informaciones sobre la intervención de los colonialistas franceses en el genocidio de Ruanda:

Perdonadme que sea tan pesada, pero he vuelto a ver vuestra información sobre los informes que acusan a Francia de responsabilidades en el genocidio de Ruanda y me gustaría deciros que Survie, la ONG que propaga esa narrativa, está teledirigida desde los servicios secretos británicos (expertos en inventar historias falsas “creíbles”) y el Pentágono.
De verdad, sé que es complicado porque Francia ha tenido y tiene un rol nefasto en toda África, principalmente en sus excolonias, pero Ruanda no es una de ellas. ¿Quiso meter la pezuña porque siempre ansió traspasar la frontera de su excolonia más al sur, Congo Brazzaville, y ampliar su influencia hacia el África austral? Sí, pero el intento le salió fatal. Fue consciente en todo momento de que se enfrentaba a las potencias anglosajonas, EEUU/UK y el estado sionista, y que no podía ganar por la violencia, así que su estrategia fue apostar todo a la diplomacia y las negociaciones de Arusha, para ganar influencia, pero los hegemones la arrollaron como una apisonadora, y encima le echaron la culpa para envenenar sus posibilidades para el futuro.
No ha sido hasta 2021, cuando ha logrado besar las botas de Kagame, admitiendo esta falsa narrativa, porque sabe muy bien desde los años 90 que Ruanda es el gendarme -delegado de las US-UK corporations- de las riquezas del Congo RDC, para acceder a las materias primas congoleñas. Kagame es el principal responsable del genocidio aunque se le presentó y presenta todavía como el salvador. Financiado, apoyado y protegido en todo momento por EEUU, Uk e Israel.
De verdad que no quiero aleccionar, pero los investigadores africanos que más respeto conocen este terreno por el que se camina en los Grandes Lagos y tienen muy calados a algunos personajes franceses como esta ONG y algunos periodístas y políticos, que parecen anticoloniales, pero que son totalmente teledirigidos o tontos, como podríamos decir de muchos progresistas/pacisfistas/de izquierda españoles que defienden la OTAN y demonizan a Putin. Algunos son agentes de desinformación financiados y dirigidos y parte del aparatus de guerra del US Dep de Estado, pero otros, muchos muchísimos, solo son tontos y se creen esa narrativa a pies juntillas.
Adjunto tres páginas de un libro de Patrick Mbeko, donde habla de Survie, pero puedo haceros una lista interminable de pruebas de que no es una fuente de información de fiar. También en la página de Juan Carrero y Joan Casoliva podéis leer algo sobre esta organización.
https://l-hora.org/es/?s=Survie
Perdonadme de nuevo el rollo y espero no ofender a nadie, nada más lejos de mi intención.
Un saludo

Gracias por tu aportación, sobre todo porque los asuntos africanos, que es donde el imperialismo realmente se desnuda, interesan muy poco y es difícil atraer la atención de los lectores. En el caso de Ruanda es todavía peor porque en aquel momento, 1994, los ojos estaban puestos en la Guerra de los Balcanes.

En relación con tu comentario tenemos que decir que nuestras informaciones sobre la matanza de Ruanda en 1994 no se basan en los informes de Survie, ni directa ni indirectamente. A diferencia de otros, a nosotros las fuentes nos preocupan lo imprescindible; lo que realmente nos interesa es la información.

En el caso de Ruanda lo que afirmamos es que Francia participó en la matanza de 800.000 personas, según cifras de la ONU, a pesar de lo cual perdió el control del país. La llegada de Kagame, en efecto, relevó a los viejos colonialistas por los nuevos: Estados Unidos y Reino Unido, fundamentalmente.

Pero las responsabilidades de los nuevos no aminora la de los antiguos, que empiezan por François Mitterand, entonces Presidente de la República, y acaban en los escalones inferiores. Es cierto que las investigaciones judiciales que llevaron a cabo los jueces Bruguiere y Trevidic no son fiables porque aquí los conocemos bien en su faceta “antiterrorista”, en la que se cebaron con los refugiados antifascistas españoles.

Como hemos explicado en otra entrada, lo mismo hizo la Audiencia Nacional, darle la vuelta al asunto. “Se equivocó de genocidio”, lo que no es ninguna casualidad en tribunales de represión política bien conocidos.

Lo mismo cabe decir de otro tipo de investigaciones seudocientíficas, como la que se publicó el año pasado, diseñadas para lavar la mala conciencia: “Francia no es cómplice del genocidio”. Es una conclusión más jurídica que política. No hubo genocidio y, en consecuencia, no hubo complicidad. Pero más allá de la jerga jurídica, de lo que no cabe ninguna duda es que murieron 800.000 ruandeses y el mundo pregunta -o debería- por la responsabilidad francesa en esas muertes.

Un antiguo coronel dijo al periódico Le Monde: “Los militares [franceses] ayudaron y entrenaron a los que luego dirigieron el genocidio, aunque nadie podía imaginarlo entonces. ¿Eramos conscientes de lo que se avecinaba? No nos hicimos esa pregunta [entonces]. Por lo tanto, no tenemos nada que oponer a las acusaciones del Presidente Kagame contra Francia. Sólo podemos alegar nuestra buena fe” (1).

¿Fue sin querer?, ¿es posible matar a 800.000 personas sin mala intención?

Desde el punto de vista historiográfico, con el paso del tiempo las evidencias contra Francia se acumulan, a medida que los responsables militares comienzan a hablar y a escribir libros sobre el asunto (2). Las tropas francesas estaban en Ruanda con una única misión explícita: impedir lo que finalmente ocurrió.

Por lo tanto, a nosotros la responsabilidad de Francia nos parece bastante clara y el hecho de denunciarla no nos impide denunciar que, en efecto, los anglosajones crearon y armaron al Frente Patriótico Ruandés de Paul Kagame, que inició una guerra contra los franceses y los hutus, y que la misma culminó con el asesinato del Presidente Juvenal Habyarimana en 1994, que fue el detonante de las grandes matanzas posteriores.

Lo uno no quita lo otro.

(1) https://www.lemonde.fr/international/article/2014/04/03/l-armee-francaise-hantee-par-le-genocide-rwandais_4394681_3210.html
(2) http://editions-sydney-laurent.fr/livre/general-jen-ai-pris-pour-mon-grade/

Los últimos descubrimientos sobre el asesinato del secretario general de la ONU en 1961

En unos archivos franceses desclasificados ha aparecido una carta de la OAS (Organización del Ejército Secreto) de 1961 amenazando de muerte al Secretario General de la ONU, Dag Hammarskjöld, seis semanas antes de que muriera en un “accidente” de avión en el norte de Rodesia, la actual Zambia.

El diplomático sueco murió el 18 de septiembre de 1961, junto con otras quince personas, en un DC-6 que le llevaba a Ndola, Rodesia del Norte, para poner fin a los combates en la provincia secesionista de Katanga, en el Congo, donde luchaban muchos mercenarios franceses.

La OAS fue un grupo terrorista partidario del colonialismo francés en Argelia. Se fundó en Madrid en febrero de 1961 y, a partir de esa fecha, los atentados se multiplicaron en Argelia y en Francia. Entre 1961 y 1962 la OAS asesinó a unas 2.000 personas, en su mayoría civiles, en atentados en Francia y Argelia, e incluso intentó asesinar a De Gaulle en dos ocasiones. Tras desaparecer, volvió a Madrid, donde por encargo de los gobiernos, cometió algunos de los atentados de la transición política.

Más de sesenta años después de que su avión se estrellara en el norte de Rodesia, la muerte de Hammarskjöld sigue siendo un misterio. Las circunstancias de aquella “catástrofe aérea” nunca se han aclarado. Durante sus ocho años al frente de la ONU, de 1953 a 1961, se había ganado muchos enemigos entre las potencias coloniales. Se había distanciado de Francia y Gran Bretaña al interferir en la crisis del Canal de Suez en 1956 para conseguir un alto el fuego entre las tropas egipcias y las británicas y francesas. También fue condenado por Francia por pedir la remisión de la guerra de Argelia al Consejo de Seguridad. Estados Unidos y Reino Unido también cuestionaron su futuro al frente de la ONU.

ONU: 60 años mirando para otro lado

Desde París la OAS envió una carta a la sede de la ONU en Nueva York, a la atención de Hammarskjöld. Era una sentencia de muerte. Un facsímil de la carta estaba latente en el fondo documental del antiguo Secretario de Asuntos Africanos y Malgaches del Elíseo, Jacques Foccart. El expediente contiene la correspondencia del Servicio de Documentación Exterior y de Contraespionaje (SDECE), la antigua denominación de los servicios de inteligencia franceses de 1944 a 1982.

La primera página de la carta dice lo siguiente: “París, Sr. D. Hammarskjoeld, Sus actividades en Oriente, en el norte de África, en el Congo y en todas partes nos han demostrado más de una vez su parcialidad y su falta de objetividad. Hace poco, su forma de actuar en Túnez, tomando la causa del gángster Bourguiba, como lo hizo con el asunto de Suez, con Nasser, suscitó la indignación de toda Francia, y de todo el mundo civilizado. En el Congo el miedo que tenías a los rusos te hizo cambiar de opinión y apoyarlos. Por supuesto que tienes una deuda de gratitud con los árabes por su depravada moral, y todo el mundo sabe que te joden cada vez que estás en los países árabes. Tus fiestas de pederastia en El Cairo y Beirut y Badgad son conocidas por todos y eres una vergüenza para la raza humana. Su posición hacia los rusos está dictada por el miedo, ¿y esto es notorio? Sin embargo, si usted tiene derecho a disponer de su cu, eso es asunto suyo, pero no tiene derecho a faltar a la verdad. En consecuencia, aplicando la sentencia que se aplicó a uno de sus predecesores (el conde Berdanotte, creo) la comisión de la OEA le ha juzgado y condenado a muerte. Se adjunta la sentencia. Se aplicará pase lo que pase. De profundis”.

La segunda página ofrece la sentencia: “O.A.S. El comité directivo reunido hoy en París tras haber escuchado el informe […] sobre la actuación del Sr. Hammarskjoeld en Túnez apoyando las tesis del gángster Bourguiba, como había apoyado los principios del otro gángster Nasser durante el asunto de Suez, constatando que es urgente poner fin a su nefasta intromisión, decide: el Sr. Dag Hammarskjoeld, Secretario General de las Naciones Unidas, es condenado a muerte en el día de hoy”.

Una investigación local, empañada por las anomalías, concluyó que el accidente fue causado por un error del piloto. Al año siguiente, una segunda investigación, encargada por la ONU, se negó a emitir un dictamen. La investigación fue relanzada en 2016 por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tras las declaraciones de testigos africanos que siempre fueron ignoradas. Encargado de llevar a cabo la investigación, el ex juez del Tribunal Supremo de Tanzania, Mohamed Chande Othman, instó a algunos Estados miembros a “realizar una inspección exhaustiva de sus archivos, en particular los de sus servicios de inteligencia”. En su informe, publicado en 2019, concluye que hay pruebas que sugieren que el avión fue atacado por “elementos externos”.

Sin embargo, varios países clave, Estados Unidos, Reino Unido y Sudáfrica, siguen reteniendo información, afirmando que han revisado sus archivos pero que no han encontrado nada concluyente. Francia también dio largas, antes de designar a Maurice Vaisse para llevar a cabo una investigación que no investigó nada.

Los mercenarios franceses de la OAS en Katanga

Si la sentencia de muerte de la OEA estaba en poder de la inteligencia francesa, la pregunta es obvia: ¿informó el gobierno francés a la ONU y al Secretario General de las amenazas que pesaban sobre ella? Pero hay otras dudas, también de calado, relacionadas con la intervención de mercenarios franceses en la Guerra del Congo. En 1961 la OEA estaba presente en Katanga entre la veintena de soldados y ex militares enviados al país centroafricano.

En junio de 1961 la inteligencia militar de la misión de la ONU en el Congo, la ONUC, alertó sobre esa presencia de “elementos peligrosos”. El teniente coronel noruego Björn Egge, jefe de la inteligencia militar de la ONU, y Conor Cruise O’Brien, representante de la ONU en Katanga, los enumeraron en un telegrama del 20 de junio: Roger Faulques, Yves de la Bourdonnaye, Léon Egé, Edgard Tupet-Thomé, Bob Denard, Roger Emeyriat y André Bousquet.

El comandante Faulques participó en la guerra de Indochina y la batalla de Argel. Le acusaron de las torturas a los prisioneros del FLN, el movimiento independentista argelino. Volvió a ser reclutado en febrero de 1961 por el ministro de Defensa Pierre Messmer y el coronel Roger Trinquier para participar en la guerra contra el Congo.

Yves de la Bourdonnaye, paracaidista que testificó en el juicio de los insurgentes por la sangrienta “semana de las barricadas” en Argel, el 30 de enero de 1960, asumió la dirección de la célula G5 (guerra psicológica) del ejército katangés y apareció como asesor oficioso del ministro del Interior katangés, Godefroid Munongo, al que Roger Faulques estaba muy unido.

Edgard Tupet-Thomé también fue asesor del ministro de Defensa katangués, Joseph Yav, y miembro de la OAS en Francia. Antes de abandonar Katanga, los testigos le oyeron decir en voz alta en el vestíbulo del hotel Leopold II de Elisabethville, actual Lubumbashi: “¿La ONU? No hay problema. 20 kilos de plástico y yo me encargo”.

Léon Egé era un veterano del BCRA, la Oficina Central de Inteligencia y Acción que asistía a De Gaulle en Londres, que luego participó en la guerra de Indochina. Le amenazó al coronel Egge en el consulado francés en Katanga, junto con Tupet-Thomé y La Bourdonnaye. Le llamaron “el último bastión de la influencia blanca en África”. Según el telegrama que envió Egge, los tres mercenarios consideraban “a todos los blancos de la ONU como traidores a su raza. Pronto entrará un cuchillo aquí”.

Dos días después del accidente que costó la vida a Hammarskjöld, Egé escribió desde Salisbury, ahora llamada Harare, la capital de Zimbabue, a un representante de Katanga en París informándole de la muerte del secretario general de la ONU. Era miembro de la OAS y reclutaba de mercenarios en Portugal.

Liquidar a los dirigentes de la ONU

El 30 de agosto de 1961, Conor Cruise O’Brien advirtió a sus superiores que su adjunto, el francés Michel Tombelaine, un antiguo periodista con fama de ser muy izquierdista, había recibido amenazas. “El siguiente mensaje acaba de llegar en un sobre, con matasellos de Elizabethville», escribió Cruise O’Brien. La carta decía: «28 de agosto de 1961 – Tombelaine UN Elisabethville. Ultimátum de 48 horas para abandonar Katanga o de lo contrario. O.A.S./Katanga”.

La amenaza se agravó unos días después. Ello precipitó una intervención armada de la ONU, preludio de 18 meses de violentos combates ocasionales entre las fuerzas de paz y los mercenarios katangueses. El 6 de septiembre de 1961, una secretaria local con la cara hinchada, Therese Erfield, se refugió en la sede local de la ONU y denunció que su amante, un mercenario francés llamado Henri-Maurice Lasimone, la había golpeado y amenazado con matarla, y que formaba parte de un grupo mercenario recién formado dirigido por el comandante Roger Faulques. Su intención, dice Therese Erfield, era colocar bombas de explosivo plástico contra los edificios de la ONU.

Según un relato de los servicios de inteligencia de la ONU, el grupo elaboró una lista de dirigentes de la ONU que debían ser asesinados, entre los que se encontraban Cruise O’Brien y Tombelaine. No se menciona al jefe militar de la ONU, el general irlandés Sean Mac Eoin, pero en la mañana del 17 de septiembre, su DC-6, el mismo que iba a transportar a Hammarskjöld esa misma tarde, fue blanco de disparos de ametralladora cuando despegaba de Elisabethville.

La conexión con el gobierno racista sudafricano

Las circunstancias del accidente apoyan la hipótesis de que la OAS fue responsable, aunque sea parcialmente. En la noche del 17 al 18 de septiembre de 1961, cuando el avión se estrelló en la selva, un joven sudafricano que pasaba por allí en moto, Wren Mast-Ingle, se acercó a los restos, para ser inmediatamente tiroteado por los mercenarios blancos que le precedían. Se fijó en los vistosos uniformes de los individuos y sus extrañas gorras con solapas. Confrontado 58 años más tarde con diversos tipos de uniformes camuflados, identificaría sin lugar a dudas las vestimentas que llevaban los paracaidistas franceses en Argelia y sus típicas gorras Bigeard.

Un veterano belga de Katanga, Victor Rosez, también vio esas vestimentas en la comisaría de Ndola unos días después del accidente. Media docena de mercenarios vestidos de civil los habrían entregado, de forma hilarante, a los complacientes agentes de policía de Rodesia del Norte.

Más tarde, una serie de testimonios enterrados durante mucho tiempo en los archivos belgas, británicos, suecos y de la ONU mencionarían también a un pequeño grupo de mercenarios franceses vistos en los alrededores de Ndola en el momento del accidente.

El 5 de abril de 1962, el antiguo Director de Información Pública de la ONU, el australiano George Ivan Smith, asesor de Hammarskjöld, escribió a Conor Cruise O’Brien: “Estoy cada vez más convencido de que hubo un vínculo directo con la OAS”. En diciembre siguiente, el diario escocés The Scotsman, al reseñar las memorias de Cruise O’Brien, recientemente publicadas, escribió sobre él que “sigue considerando posible que Hammarskjöld y su escolta fueran asesinados por miembros franceses de la OAS”.

“Ahora entiendo que durante todo este tiempo un comando de guerra psicológica dirigido por el notorio comandante francés Faulques estaba estacionado en Ndola”, escribió Knut Hammarskjöld, sobrino de Dag, al diplomático George Ivan Smith el 5 de febrero de 1963, en una carta.

Muchos años después, el 19 de agosto de 1998, en Sudáfrica, el arzobispo Desmond Tutu, reveló el descubrimiento en los archivos de los servicios secretos sudafricanos, de un complot en 1961 contra el avión de Hammarskjöld en el que participaron el MI5 británico, la CIA estadounidense y el director de esta última, Allen Dulles. El complot incluía una empresa de fachada, el Instituto Sudafricano de Investigación Marítima, una bomba escondida en el avión y un grupo de mercenarios en tierra comandados por un hombre conocido como “Congo Red”.

La comisión sudafricana entregó los documentos al Ministerio de Justicia, donde desaparecieron.

En 1961 Francia y el régimen sudafricano de apartheid adoptaron la misma posición ante la descolonización del Continente Negro y apoyaron militarmente a Katanga. Los mercrenarios franceses pasaron por Johannesburgo de camino a Elisabethville, donde se encontraron con sus homólogos afrikáners. El 9 de abril de 1962, George Ivan Smith escribió a Conor Cruise O’Brien: “Este mercenario francés, Lasimone, hablaba de un plan a largo plazo de Faulques para obtener apoyo a gran escala del extremo sur del continente. Por todo lo que pude corroborar, probablemente estaba en contacto con los estrategas de Salan y preveía las dificultades que se avecinaban para la OAS, cuando se agotaran las armas y las municiones”.

Maurin Picard https://afriquexxi.info/article4967.html

El Frente Polisario podría llevar a Pedro Sánchez ante el Tribunal Penal Internacional

La postura expresada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, podría costarle un proceso judicial ante el Tribunal Penal Internacional por “complicidad en crímenes de guerra”, ha dicho el abogado del Frente Polisario, Gilles Devers, en una declaración a la televisión argelina.

Devers se mostró sorprendido por el cambio de posición de España en la cuestión del Sáhara Occidental. “El viraje de la posición de España es una gran sorpresa. No esperábamos ver al dirigente socialista ponerse en las botas de Franco”, sumándose a la posición adoptada por el antiguo dictador español en 1975, lamentó el abogado.

Haciendo hincapié en que España, designada por la ONU, sigue siendo la potencia administradora del territorio no autónomo del Sáhara Occidental, Devers recordó que entonces Madrid “abandonó este mandato mediante un acuerdo con Marruecos en toda ilegalidad”. Se avergonzaron tanto que “no publicaron los famosos acuerdos de Madrid”, añadió.

Devers se refirió a las implicaciones legales del cambio de postura de Madrid, señalando que el Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se arriesga a ser procesado ante el Tribunal Penal Internacional.

“Se plantea la cuestión de procesar a Pedro Sánchez ante el Tribunal Penal Internacional por complicidad en crímenes de guerra, porque apoya la adquisición de territorio saharaui por una fuerza armada”, dijo.

Devers insiste en el hecho de que “la adquisición de territorio por la fuerza armada es un crimen de guerra que está definido por el estatuto del Tribunal Penal Internacional”, del que España es miembro.

“El estatuto del Sáhara Occidental es una cuestión de derecho internacional y es lamentable ver cómo el socialista Sánchez se alinea con las posiciones de Trump al decidir unilateralmente sobre la soberanía de un territorio”, denunci.

Devers destacó que España “tiene un importante papel que desempeñar en la paz de esta región” y, al alimentar el discurso belicista de Marruecos, que quiere imponerse por la fuerza armada, el gobierno de Madrid “está asumiendo una gran responsabilidad”.

También ante la televisión argelina, el Presidente saharaui y Secretario General del Frente Polisario, Brahim Ghali, calificó el apoyo del gobierno español al plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental de “lamentable y vergonzoso”.

La CIA en la recolonización encubierta de África

En 1958, un año después de independizarse del dominio colonial, Ghana acogió una conferencia de dirigentes africanos, la primera reunión de este tipo en el continente. Por invitación del recién elegido primer ministro de Ghana, Kwame Nkrumah, que aparece en la foto de portada, asistieron más de 300 dirigentes de 28 territorios africanos, entre ellos Lumumba, del todavía Congo belga, y Frantz Fanon, que entonces vivía en la Argelia francesa. Fue una época de potencial ilimitado para un grupo de personas decididas a trazar un nuevo rumbo para sus tierras. Pero el anfitrión quiere que sus invitados no olviden los peligros que les acechan. “No olvidemos tampoco que el colonialismo y el imperialismo pueden seguir llegando a nosotros de otra forma, no necesariamente desde Europa”.

Los agentes que Nkrumah temía ya estaban presentes. Poco después de comenzar el acto, la policía ghanesa detuvo a un periodista que se había escondido en una de las salas de conferencias cuando, al parecer, intentaba grabar una sesión a puerta cerrada. Como se descubrió más tarde, el periodista trabajaba en realidad para una organización de fachada de la CIA, una de las varias organizaciones representadas en el evento.

La académica británica Susan Williams pasó años documentando estos y otros ejemplos de operaciones encubiertas de Estados Unidos en los primeros años de la independencia africana. El libro resultante, “Malicia blanca: la CIA y la recolonización encubierta de África” (*), es quizá la investigación más exhaustiva realizada hasta la fecha sobre la participación de la CIA en África a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. En más de quinientas páginas, Williams rebate las mentiras, los engaños y los alegatos de inocencia de la CIA y otras agencias estadounidenses para revelar un gobierno que nunca dejó que su incapacidad para comprender las motivaciones de los dirigentes africanos le impidiera intervenir, a menudo con violencia, para socavarlos o derrocarlos.

Aunque aparecen algunos otros países africanos, “Malicia blanca” trata esencialmente de dos países que preocupaban a la CIA en aquella época: Ghana y la actual República Democrática del Congo. El atractivo de Ghana para la agencia se basaba simplemente en su lugar en la historia. Al ser la primera nación africana en obtener la independencia, en 1957, y el hogar de Nrukmah -el defensor de la autodeterminación africana más respetado de la época-, el país era inevitablemente una fuente de intriga. El Congo se liberó de sus ataduras coloniales poco después, en 1960. Por su tamaño, su posición cerca de los bastiones de la dominación blanca en el sur de África y sus reservas de uranio de alta calidad en la mina de Shinkolobwe, en la provincia de Katanga, el país se convirtió rápidamente en el siguiente foco de interés -e injerencia- de la CIA en África.

“Este es un punto de inflexión en la historia de África”, dijo Nkrumah a la Asamblea Nacional de Ghana durante una visita del Primer Ministro congoleño Lumumba, pocas semanas después de que comenzara la autonomía del Congo. “Si permitimos que la independencia del Congo se vea comprometida de alguna manera por las fuerzas imperialistas y capitalistas, estaremos exponiendo la soberanía e independencia de toda África a un grave riesgo”.

Nkrumah comprendía muy bien la amenaza y las personas que estaban detrás de ella. Sólo unos meses después de su discurso, Lumumba fue asesinado por un pelotón de fusilamiento belga y congoleño, abriendo la puerta a décadas de tiranía prooccidental en el país.

El asesinato de Lumumba se recuerda ahora como uno de los puntos más bajos de los primeros años de la independencia africana, pero la falta de documentación ha permitido a los investigadores partidistas restar importancia al papel de la CIA. Esta falta de responsabilidad ha permitido que la Agencia aparezca sin culpa, al tiempo que ha reforzado una visión fatalista de la historia africana, como si el asesinato de un funcionario electo fuera sólo otra cosa terrible que “le ocurrió” a un pueblo que no estaba en absoluto preparado para afrontar el reto de la independencia.

Pero, como muestra Williams, la CIA fue de hecho uno de los principales artífices del complot. Pocos días después de la visita de Lumumba a Ghana, Larry Devlin, jefe de la agencia en el Congo, advirtió a sus superiores de un vago complot de toma de posesión en el que participaban soviéticos, ghaneses, guineanos y el Partido Comunista local. Es “difícil determinar los principales factores de influencia”, dijo. A pesar de la total falta de pruebas, estaba seguro de que el “período decisivo” en el que el Congo se alinearía con la Unión Soviética no estaba “muy lejos”. Poco después, Eisenhower ordenó verbalmente a la CIA que asesinara a Lumumba.

Al final, los agentes de la CIA no dirigieron el pelotón de fusilamiento para matar a Lumumba. Pero como deja claro Williams, esta distinción es menor si se tiene en cuenta todo lo que hizo la agencia para ayudar al asesinato. Tras inventar y difundir la falsa trama de una toma de poder prosoviética, la CIA explotó su multitud de fuentes en Katanga para proporcionar información a los enemigos de Lumumba, haciendo posible su captura. Ayudaron a llevarlo a la prisión de Katanga, donde estuvo recluido antes de su ejecución. Williams incluso cita unas líneas de un informe de gastos de la CIA recientemente desclasificado para demostrar que Devlin, el jefe de la estación, ordenó a uno de sus agentes que visitara la prisión poco antes de que se dispararan las balas.

Cuando Nkrumah se enteró del asesinato de Lumumba, lo sintió “de una manera muy vívida y personal”, según June Milne, su asistente de investigación británica. Pero por muy horrible que fuera la noticia para él, el estadista ghanés no se sorprendió.

White Malice es un triunfo de la investigación de archivos, y sus mejores momentos son cuando Williams deja hablar a los actores de ambos bandos. Aunque los libros sobre la independencia de África suelen presentar a Nkrumah y a sus compañeros como paranoicos y desesperadamente idealistas, al leer sus palabras junto a una montaña de pruebas de las fechorías de la CIA, uno comprende que el miedo y el idealismo eran respuestas totalmente pragmáticas a las amenazas de la época. La visión de Nkrumah sobre la unidad africana no era la quimera de un político ingenuo e inexperto; era una respuesta necesaria a un esfuerzo concertado para dividir y debilitar el continente.

En el propio país de Nkrumah, el gobierno estadounidense no parece haber llevado a cabo una política de asesinatos directos. Pero sí actuó de otras maneras para socavar al dirigente ghanés, justificando a menudo sus estratagemas con el mismo tipo de racionalizaciones paternalistas que los británicos habían utilizado antes. Estos esfuerzos culminaron en 1964, cuando los especialistas en África Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos enviaron un memorando a G. Mennen Williams, jefe del Departamento de Estado de Estados Unidos. Mennen Williams, jefe de asuntos africanos del departamento, titulado “Propuesta de programa de acción para Ghana”. El memorándum establecía que Estados Unidos debía iniciar “esfuerzos intensos” que incluyeran “guerra psicológica y otros medios para disminuir el apoyo a Nkrumah en Ghana y fomentar la creencia entre el pueblo ghanés de que el bienestar y la independencia de su país requieren su destitución”. En otro expediente de ese año, un funcionario de la Oficina de Relaciones de la Commonwealth británica menciona un plan, aparentemente aprobado en los niveles más altos del Servicio Exterior, para “ataques a Nkrumah secretos y no atribuibles”.

El nivel de coordinación entre los gobiernos de dentro y fuera de Estados Unidos puede haber escandalizado a Nkrumah, quien, hasta el final de su vida, estaba al menos dispuesto a creer que la CIA era una agencia deshonesta, que no rendía cuentas a nadie, ni siquiera a los presidentes estadounidenses.

“Malicia blanca” deja pocas dudas, si es que las hay, de que la CIA hizo un gran daño a África en los primeros días de su independencia. Pero mientras Williams presenta numerosos casos en los que la CIA y otras agencias socavaron gobiernos africanos, a menudo de forma violenta, la estrategia más amplia de la CIA en África -aparte de negar uranio y aliados a la Unión Soviética- sigue siendo opaca. Lo que llamamos “colonización”, tal y como la practican Gran Bretaña, Francia, Bélgica y otros países, implica una vasta maquinaria de explotación -escuelas para formar a los niños en la lengua de los amos, ferrocarriles para agotar los recursos del interior-, todo ello mantenido por un ejército de funcionarios.

Pero incluso en el Congo, la presencia de la CIA era relativamente pequeña. Los enormes presupuestos y la libertad para hacer casi todo lo que quisiera en nombre de la lucha contra el comunismo le dieron una influencia desmesurada en la historia de África, pero sus cifras nunca rivalizaron con las burocracias coloniales a las que debía sustituir.

Williams muestra cómo la CIA conspiró con empresarios que se beneficiaban de los gobiernos africanos prooccidentales en el Congo y Ghana. Pero lejos de ser una práctica sistemática de extracción, los planes de la agencia para África parecen a menudo llenos de contradicciones.

Esto es especialmente cierto tras el asesinato de Lumumba; un exceso de secretismo sigue impidiendo un recuento completo. Pero los documentos que han sido arrancados de las manos de la Agencia detallan una multitud de operaciones aéreas de la CIA en el Congo, en las que participaron aviones propiedad de empresas de fachada de la CIA y pilotos que eran a su vez personal de la CIA. Durante un periodo de agitación, la agencia parecía estar en todas partes del país a la vez. “Pero”, escribe Williams, “es una situación confusa en la que la CIA parece haber estado en varios caballos a la vez yendo en diferentes direcciones”. La agencia “apoyó la guerra de [el presidente secesionista de Katangan, Moses] Tshombé contra la ONU; apoyó la misión de la ONU en el Congo; y apoyó la fuerza aérea congoleña, el brazo aéreo del gobierno de Leopoldville”.

Por contradictorios que parezcan estos esfuerzos, todos ellos, escribe Williams, “contribuyeron al objetivo de mantener todo el Congo bajo la influencia estadounidense y proteger la mina de Shinkolobwe de cualquier incursión soviética”.

Incluso si estos planes contradictorios compartieran un objetivo común, no es descabellado preguntarse si debemos considerarlos como colonialismo —neo o no— o más bien como la respuesta esquizofrénica de una agencia ebria de poder. En “Malicia blanca”, la capacidad de la CIA para cometer asesinatos y sembrar la discordia se pone de manifiesto. Sin embargo, su capacidad para gobernar lo es menos.

(*) https://www.publicaffairsbooks.com/titles/susan-williams/white-malice/9781541768284/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies