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Se cumplen 30 años del asesinato de Thomas Sankara

La figura del líder burkinés, de cuyo asesinato se cumplirán tres décadas el próximo 15 de octubre, se ha convertido en un mito vigente que trasciende las fronteras de África. Mientras, su muerte sigue sin estar clara.

Su rostro está en camisetas, chapas y pegatinas allá donde se mire. Sus discursos se escuchan una y otra vez en la sede de movimientos ciudadanos y en las aulas de las universidades. Dirigentes de todos los rincones del continente, estudiantes y campesinos citan sus frases. Fue el presidente de un pequeño y pobre país africano tan solo durante cuatro años, pero su legado revolucionario ha traspasado las fronteras de Burkina Faso y está hoy presente y vivo en el mundo. Este 15 de octubre se cumplen 30 años de su muerte por orden de su amigo y compañero de armas, una traición en toda regla. Aún se busca su cadáver. Si Latinoamérica tuvo a su Che Guevara, África vibra con su Thomas Sankara.

Sentado sobre una precaria silla de un maquis (bar) que se asoma a la avenida Babanguida de la capital burkinesa, Fidèle Toé saborea una bebida fría. Amigo personal de Thomas Sankara, del que fue su director de gabinete y luego ministro de Trabajo, sonríe cuando le preguntan por él. “¿Su legado? Es inmenso y está muy presente, no sabría por dónde empezar”, asegura. Basta con cruzar la calle y caminar un poco para llegar a la sede del Partido Sankarista, que se proclama heredero de sus ideas. Tanto como los jóvenes que forzaron la caída de Blaise Compaoré con un alzamiento popular en noviembre de 2014 y que le tenían presente en cada discurso, en cada ceremonia. Como los actuales gobernantes del país, que pretenden hacer justicia sobre su muerte tras tres décadas de silencio y bloqueo. Como cantantes, artistas e intelectuales de media África. Todos lo reivindican.

En Dakar, el rapero Didier Awadi compone y graba sus canciones en su estudio llamado “Sankara”. El reggaeman marfileño Tiken Jah Fakoly se considera de la generación del capitán burkinés y le rinde homenaje en cada concierto, en cada entrevista. “Le llevaremos siempre en el corazón”, dijo recientemente. Hace solo un año, el expresidente ghanés Jerry Rawlings, su amigo personal, lo expresó con nitidez en Uagadugú durante el 29º aniversario de su muerte: “Sus ideas están de actualidad”. Y el economista senegalés Ndongo Sylla le considera un “precursor de la buena gobernanza y un modelo de la gestión virtuosa de las finanzas públicas”. Pero, ¿cuáles son esas ideas?, ¿qué fue lo que hizo para que su legado siga vivo pese a que fue intencionadamente ocultado y arrastrado por el barro?

En 1983 el joven capitán Sankara, con solo 33 años, se convertía en presidente de Alto Volta tras un golpe de Estado. Además de destacado miembro de la Agrupación de Oficiales Comunistas, era un antiimperialista, panafricanista y feminista convencido. Creía en las capacidades del continente y de sus gentes, pero sabía que había que empezar por uno mismo. Sus políticas definían un pensamiento claramente revolucionario: renombró a su país como Burkina Faso (el país de los hombres íntegros), confiscó las tierras a los latifundistas para dárselas a los campesinos, organizó grandes campañas de alfabetización y vacunación, prohibió la mutilación genital femenina y los matrimonios forzosos…

Si alguien conoce bien en España su figura ese es el escritor Antonio Lozano, autor de la galardonada novela El caso Sankara. “Muchos fueron los logros de la revolución sankarista”, explica, “la lucha contra la corrupción fue uno de los más espectaculares y el primero en dar ejemplo fue él mismo, manteniendo su modesto sueldo de capitán, adoptando como coche oficial el más barato del país en ese momento, dejando claro que los tiempos del nepotismo quedaban atrás al prohibir a sus familiares directos el acceso a la función pública. La lucha en favor de la igualdad de género fue otra de las grandes batallas de Sankara y las medidas que tomó en ese ámbito revolucionaron la situación de la mujer en la sociedad burkinesa. Los avances en el campo de la economía –con una reforma agraria que logró el autoabastecimiento en cereales–, de la educación o de la sanidad fueron objetivos clave de la profunda renovación del país que Sankara se había propuesto”.

No fue solo el Renault 5 como coche oficial, también ordenó a sus ministros viajar en clase turista (“Vais a llegar al mismo tiempo que los demás”, les dijo) y les instó a vestir y consumir productos locales, empezando por él mismo. En julio de 1987 intervino en una cumbre de la Organización para la Unidad Africana (OUA) en Adís Abeba para pedir a los líderes africanos que se negaran a pagar la deuda externa, un yugo que impedía avanzar a los jóvenes estados. Y añadió: “Si Burkina Faso es el único país que lo hace, yo no estaré en la próxima conferencia”.

Tres meses después lo habían asesinado de manera brutal junto a 12 de sus colaboradores y a instancias de su camarada y amigo Blaise Compaoré. Para entonces, su discurso generaba inquietud en el exterior y sus acciones habían pinchado en hueso en el interior. Él sabía que su final podía estar cerca. “Aunque los revolucionarios, como los individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrá matar sus ideas”, había dicho días antes.

La revolución de las ideas

A juicio de Lozano, “quizá fue en la transformación de las mentalidades donde la obra de Sankara ha pervivido con más fuerza. El burkinés pasó de ser el eslabón más bajo de la cadena de la miseria saheliana para convertirse en el protagonista de una aventura política insólita que despertaba la admiración de millones de africanos. Sankara era el presidente que todos querían para sí, el referente que demostraba que África sí puede avanzar en la transformación política y social por sus propios medios”. Precisamente por eso lo asesinaron, opina el escritor afincado en Gran Canaria.

Para entonces, “la revolución vivía ciertas derivas, como juicios populares sin posibilidad de defensa, ejecuciones o despidos masivos”, asegura Toé, “era imposible controlar a todos los colaboradores, la gente estaba entusiasmada y se cometieron excesos”. Y los enemigos del régimen, la clase media amenazada, aquellos que defendían intereses extranjeros o los jefes tradicionales que vieron recortados sus privilegios, aplaudieron la desaparición de Sankara. Sin embargo, para la combativa izquierda africana fue un impacto brutal. Al igual que Sylvanus Olympio, Patrice Lumumba, o Amílcar Cabral, otro líder africano que se había atrevido a alzar la voz frente a Occidente caía asesinado. Tres décadas después, su cadáver sigue sin aparecer.

A juicio de Bruno Jaffré, considerado su mejor biógrafo, Sankara fue el último dirigente revolucionario de la África contemporánea. No es fruto del azar que la única primavera africana que realmente terminó con la caída de un dictador estos últimos años tuviera lugar en Burkina Faso en 2014. El lema de esta insurrección popular fue “La patria o la muerte”, el eslogan de Sankara. Su mensaje se trasmitió a las siguientes generaciones, permaneció vivo en la memoria de los burkineses y fue esta memoria la que salió a la luz durante la caída del régimen de Compaoré, la que dio fuerza a los manifestantes. Pero también es una leyenda para una parte de la juventud de otros países africanos. Su nombre es conocido por todos, incluso si no se conoce en profundidad la amplitud de las reformas que puso en marcha, según dijo en una reciente entrevista concedida al periódico Liberation.

Su cuerpo y los de una docena de colaboradores con los que estaba reunido fueron desmembrados y enterrados, supuestamente, en una fosa común localizada en el cementerio de Dagnoën, en Uagadugú, a donde cada 15 de octubre acuden miles de personas a rendirle homenaje. Sin embargo, el silencio y el bloqueo impuestos por el nuevo régimen impidieron que avanzara la investigación sobre su muerte hasta que la sublevación popular de noviembre de 2014 derroca a Compaoré y el camino queda expedito para localizar sus restos.

En busca de la verdad

El proceso de identificación del cadáver se inicia en 2015 con la exhumación de los cuerpos, la toma de muestras y la realización de pruebas de ADN, primero en Francia y luego en un laboratorio de Santiago de Compostela. Sin embargo, los resultados no son concluyentes y no se puede establecer ningún perfil genético. Para mayor embrollo, un estudio topográfico realizado en marzo pasado en los terrenos del Conseil de l’Entente, el lugar donde asesinaron a Sankara y a sus camaradas, revelaba la existencia de tumbas no identificadas. Automáticamente, el juez de instrucción François Yaméogo abre una investigación. La paradoja es que este descubrimiento se produce a raíz de los trabajos previos para la construcción de un memorial en honor de Sankara.

Considera Jaffré en la citada entrevista que su pensamiento está vigente porque “cuando releemos su discurso sobre la deuda externa encontramos las problemáticas que se imponen ahora a numerosos países europeos, como Grecia. ¿No es la deuda un instrumento de sumisión? El discurso de Sankara recoge los argumentos de quienes militan contra la legitimidad de esas deudas. Rechazó someterse al FMI y la ayuda condicionada a las reformas dictadas desde el exterior. Era antiimperialista sin ser dogmático. La mundialización, la omnipresencia de los dictados del FMI y del Banco Mundial siguen siendo desafíos del mundo actual. Por otra parte, Sankara, influido por el ecologista René Dumont, es el primer dirigente político que denunció la responsabilidad humana en la degradación del medioambiente. Pero también defendió la emancipación de las mujeres, rechazó la alienación cultural, lo que no significaba la negación de la cultura dominante pero sí la valorización de una doble cultura, y se preocupó por la dependencia económica de su país, impulsando la industria de transformación del algodón, principal recurso de Burkina Faso”.

Para Antonio Lozano, “el discurso de que África no puede salir adelante sin la tutela occidental sigue vivo, y así seguirá mientras los recursos naturales del continente sean indispensables para el funcionamiento de la maquinaria industrial del Norte. Aceptar referentes como el de Sankara contradice a las claras ese discurso que tanto ha calado en el imaginario de la ciudadanía occidental, como ya antes lo habían hecho los estereotipos fabricados para justificar la esclavitud primero, la colonización después. Sankara debía desaparecer para dejar de ser la esperanza de los pueblos africanos, la voz que reclamaba la unidad del continente, que clamaba contra la injusticia de la deuda externa y se oponía a su pago”.

A su juicio, el nombre de Compaoré ha terminado hundido en el lodo de los dictadores corruptos africanos, mientras que el de Sankara, hoy más que nunca, se sigue alzando como uno de los referentes indispensables de la política del continente, aunque por desgracia no exista en estos momentos nadie en Burkina Faso con el carisma necesario para tomar el relevo de la profunda transformación emprendida por el presidente de los pobres en los años 80. En torno a él y a su obra se elevó un muro de silencio que aún permanece en pie y que tiene el objetivo de que su nombre no signifique nada fuera de las fronteras del continente negro, donde sigue siendo el líder que todos querrían para sus pueblos. Con vistas al 30 aniversario de su asesinato, desde diferentes ciudades del mundo se sigue trabajando para abrir en ese muro fisuras que dejen pasar la voz del hombre que dio a su país el nombre de aquello en que lo quiso convertir: la tierra de los hombres íntegros.

—José Naranjo http://mundonegro.es/ideas-no-murieron/


Una imagen muy poco habitual del dirigente africano

Más información:
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— Golpe de Estado en Burkina Faso

Los buscadores de oro exterminan a una tribu indígena brasileña del Amazonas

En agosto 10 miembros de una tribu desconocida del Amazonas que se encuentra en vías de extinción fueron asesinados por buscadores de oro brasileños, llamados “garimpeiros”.

La matanza ocurrió en el valle de Javari, en la zona brasileña del Amazonas y la tribu se mantenía aislada, sin contactos con el mundo exterior.

Recolectaban huevos en el río Jandiatuba, al oeste de Brasil, cuando tropezaron con los garimpeiros. La matanza hubiera pasado desapercibido de no ser por que los criminales se enorgullecieron de ello en el bar de una aldea vecina.

La Funai, institución brasileña de asuntos indígenas, ha abierto una ivestigación y dos garimpeiros han sido detenidos y trasladados a la ciudad de Tabatinga para declarar ante la policía.

Los garimperios se vanagloriaban de haber troceado los cadáveres para arrojarlos al río y llevaban una pagaya como trofeo, una especie de remo largo, según ha relatado Leila Burger Sotto-Maior, responsable de la Funai, al New York Times.

Es el segundo caso de matanza de indígenas en seis meses en la región, donde viven 2.000 indígenas agrupados en 20 comunidades diferentes.

El fiscal se ha curado en salud diciendo que la investigación no tiene visos de prosperar porque la región es muy grande y de difícil acceso.

La ONG Survival International acusa al gobierno de la matanza, la que califica como genocidio. La protección de la población indígena está garantizada por la Constitución brasileña, pero es papel mojado. No hay ningún interés en defender a los indígenas, por lo que los presupuestos de la Funai se han reducido.

Los indígenas están indefensos, a merced tanto de multinacionales como de aventureros sin escrúpulos que invaden sus tierras y territorios de caza y pesca.

Los ladrones invitan a los robados al banquete

Darío Herchhoren

Antesdeayer 28 de agosto de 2017, se reunieron en París los presidentes y/o primeros ministros de Francia, Alemania, Italia y España para tratar de coordinar una política común contra el terrorismo, y para parar la inmigración ilegal. Convendría aclarar el término inmigración. Inmigrante es aquel que busca en un país que no es el suyo mejores condiciones de vida y de trabajo. De esto saben mucho los españoles que inmigraban en masa a Argentina, Méjico, Uruguay, Chile y Cuba, y más adelante a Alemania, Bélgica, Francia y Suiza. Lo que los gobiernos representados en la reunión de París llaman inmigrantes son en realidad refugiados, que huyen de una situación de guerra, de la muerte y el exterminio.

La aplicación de uno u otro término no es baladí, ya que si se trata de refugiados es de aplicación la Convención de Ginebra de 1951, la cual obliga a los países firmantes de la misma, y todos los reunidos lo son, a admitir a esos solicitantes de asilo o refugio, y a estudiar uno a uno cada caso en particular, lo cual llevaría años, y mientras esa situación no se resuelva el estado requerido debe otorgar a los solicitantes un trato especial consistente en proporcionar vivienda, alimentación, sanidad y educación a todos ellos. Si en cambio se trata de inmigrantes, cada estado puede negarse a admitirlos, sobre todo cuando se utiliza el adjetivo “ilegal”.

Lo más curioso de la reunión de París, es que todos los invitados fueron (¿fueron o aún lo son?) potencias coloniales en África. España en Marruecos y en Fernando Poo; Alemania en Namibia y en Togo; Italia en Somalía, Libia y Eritrea; y la más rapaz; Francia en Senegal, Costa de Marfil, Mali, Chad, la República Centroafricana, Camerún, Guinea Conakri. Es decir, que todos los países europeos asistentes a dicha reunión fueron y son todavía saqueadores inmisericordes del continente africano. Su responsabilidad es enorme en las condiciones de vida (¿o condiciones de muerte?) de esos pueblos; que ahora quieren impedir que vengan a su territorio.

Otra de las cosas que también llaman la atención, es que a esa reunión, exclusiva para blancos ricos, fueron invitados los presidentes y/o primeros ministros de países saqueados como Nigeria, Chad y Libia. La foto de “familia”, los muestra, salvo al de Libia, con sus trajes tradicionales, que desentonan con el resto. La pregunta que hay que hacerse es ¿para qué los invitaron?. La respuesta es muy simple: les pidieron a los robados en esa reunión de ladrones, que apliquen mano dura a sus paisanos que quieran llegar al “paraiso” europeo; es decir que hagan de perros guardianes de sus propios y desesperados pueblos para que los “demócratas” de toda la vida puedan seguir gozando del robo, la malnutrición, el analfabetismo, las enfermedades y otros “beneficios” de la colonización.

Esclavos del Caribe fueron infectados con viruela como parte de experimentos médicos del colonialismo

Durante la época colonial en el Caribe del siglo XVIII, John Quier, un médico británico infectó a cientos de esclavos con viruela para diversos experimentos científicos, según ha revelado Londa Schiebinger, profesora de Historia de la Universidad de Stanford, en su reciente libro titulado “Curas secretas de esclavos”.

Schiebinger asegura que Quier, que prestaba servicios como médico en una plantación en Jamaica, utilizó a 850 esclavos como “conejillos de indias” a mediados del siglo XVIII.

La historiadora compara los hechos con el Caso Tuskegee de 1932, un experimento de la sífilis emprendido por el Gobierno de Estados Unidos, en el que 600 personas participaron sin saber realmente la enfermedad que tenían y nunca recibieron tratamiento. Sin embargo, en este caso los esclavos no fueron engañados, sino sus propietarios.

La historiadora explica que para la época los esclavos estaban protegidos de la explotación médica excesiva, y “la voluntad de sus dueños prevalecía sobre el consejo de un médico”. Es por ello que Quier, tras asegurar que había desarrollado una “cura perfecta” para el pian –infección tropical de la piel, los huesos y las articulaciones–, logró que los amos entregaran a sus esclavos, ante el “temor a perderlos”. Así es como los contagió con viruela.

Considerado uno de los precursores de la vacuna contra la viruela, Quier aprovechó para intentar responder preguntas que la medicina europea desconocía: si era seguro o no inyectar con el virus a mujeres embarazadas, recién nacidos o personas que sufrieran de otras enfermedades.

Incluso, indagó en cuestiones tan controvertidas como si sus experimentos con viruela en “mujeres negras” eran válidos para las mujeres inglesas. Todo esto lo llevó a introducir el virus repetidamente en las mismas personas, a pesar de las consecuencias.

—https://actualidad.rt.com/actualidad/247549-esclavos-caribe-infectar-viruela-experimentos

Las sublevaciones de los pueblos africanos contra el colonialismo (la rebelión maji maji)

A cualquiera que hoy en día visite Tanzania, la esencia de África en palabras de Javier Reverte, le resultará difícil imaginarse que ese paraíso de la vida animal (Serengueti, Ngorongoro…) donde los antepasados del Hombre dieron sus primeros pasos (Olduvái) y en el que ahora se puede probar una de las experiencias viajeras más intensas y recomendables, un safari (al fin y al cabo el significado de esta palabra swahili es viaje), hace menos de siglo y cuarto estaba envuelto en una brutal guerra -valga la redundancia- que tiñó de sangre su tierra y constituyó uno de los episodios más tristes de la historia tanzana: la Rebelión Maji Maji.

A principios del siglo XX, ese país era una colonia europea, como casi todo el resto del continente. Se llamaba Tanganika y estaba integrada, junto con lo que hoy son Ruanda, Burundi y la parte septentrional de Mozambique, en el África Oriental Alemana, uno de los territorios coloniales que tenían los germanos en esas latitudes (los otros eran Africa Alemana del Sudoeste -o sea, la actual Namibia-, Togoland -formado por Togo y Ghana- y Camerún). Eran zonas dispersas y relativamente pobres, los restos del despojo que habían dejado británicos y franceses para contentar las aspiraciones imperialistas de Bismarck en la Conferencia de Berlín de 1884.

Tanganika carecía de minas y de bosques madereros, así que la única forma de explotarla que resultara rentable era dedicándola a la agricultura, aprovechando la fertilidad de su suelo. El problema estaba en convencer a los indígenas de la necesidad de cultivar tierras en vez de pastorear ganado, como era tradición entre muchos pueblos que, además, tenían en esa ocupación la clave no sólo de su economía sino también de sus usos sociales. De hecho, la cuestión iba más allá porque lo que se ordenó plantar para obtener un beneficio apreciable fue algodón, una planta completamente ajena a la tradición africana que tenía sus principales centros de producción en América.

Los pueblos tanzanos se encontraron, pues, con la orden de cambiar radicalmente su actividad, lo que puso patas arriba todo. Primero, porque dedicarse al algodón de forma intensiva, como demandaban las autoridades coloniales, implicaba abandonar la agricultura de subsistencia que proporcionaba el complemento familiar alimentario, lo que dejaba a la gente sin esa cobertura; y segundo, porque ante las reticencias se estableció un sistema de cuotas de producción -controlado por los jefes tribales- que en la práctica equivalía al trabajo forzoso.

Así, los nativos debían permanecer en las plantaciones durante meses dedicados exclusivamente al algodón, quedando en manos de las mujeres la roturación, siembra y recolección de sus modestas parcelas; como ellas ya tenían su propio rol en la vida tribal, la estructura socioeconómica popular empezó a desmoronarse causando un descontento que se ampliaba con los tributos que exigía la autoridad colonial (y que también incluían la prestación obligatoria para obras públicas). En tales circunstancias el malestar se extendió como la pólvora y sólo faltaba una chispa que la encendiera para desatar la tragedia.

Llegó a principios de 1905, cuando una fuerte sequía amenazó con destruir los cultivos familiares abocando a todos al hambre y los dirigentes alemanes no tuvieron asertividad para permitir a los hombres su regreso a casa a afrontar la situación. El crisol del descontento fue, como pasaba a menudo en África, un hechicero; su nombre era Kinjikitile Ngwale y decía estar poseído por un espíritu llamado Hongo que reclamaba la expulsión de los blancos. Las dramáticas circunstancias hacían que la gente estuviera dispuesta a escuchar a cualquiera que prometiera una solución y, así, Ngwale se convirtió en líder moral del sentimiento subversivo, autorrebautizándose como Bokero e incitando a la rebelión.

Enfrentarse al poder militar de Alemania parecía tarea imposible a priori, por eso el hechicero proporcionó a los sublevados un arma secreta: el maji maji que a la postre daría nombre al movimiento. Maji significa agua en swahili y, junto con mijo, maíz y aceite, era el componente básico de una poción mágica que, a la manera de la de Panorámix, volvería invencibles a quienes la tomasen, ya que tendría la extraordinaria facultad de convertir en el líquido elemento las balas disparadas por el enemigo.

Eso debía compensar la falta de armamento disponible, ya que lanzas, flechas y piedras no parecían un equipo adecuado para enfrentarse al todopoderoso Schutztruppe (el ejército colonial). Consecuentemente, miles de maji maji -como se los llamó- se levantaron contra el dominio teutón llevando atados en la frente manojos de mijo y lanzándose contra los pequeños fortines que los alemanes habían construido de forma repartida y algo aislada por la colonia para controlarla ante su insuficiencia de efectivos.

Primero se levantó una tribu de Kilwa, luego se fueron uniendo otras y en cuestión de semanas el sur de la colonia estaba en ebullición. Desde el ataque que abrió las hostilidades, el realizado a Samanga en julio de 1905, fueron varios bastiones los que sufrieron ataques a lo largo del verano; si bien el número de bajas recibidas no fue alto, el miedo se extendió entre la población blanca, sobre todo después del incendio de varias granjas y de la muerte del obispo de Dar es Salaam, Speiss, junto a los misioneros que le acompañaban en un viaje, sobre los que cayeron los maji maji sin piedad.

Los alemanes reaccionaron con virulencia, deteniendo y ejecutando a Bokero. Pero la caja de los truenos ya estaba abierta y la numerosa tribu Ngoni se unió a la rebelión. Ante aquel nuevo peligro, el 21 de octubre una columna germana les salió al paso en Mahenge, donde poco antes ya había masacrado a miles de maji maji con ametralladoras, y de nuevo se cobró una rápida victoria. Ese mismo otoño empezaron a llegar refuerzos desde la metrópoli y otras colonias como Papúa y Melanesia que, unido a los contingentes de askaris (soldados nativos), formaron un considerable ejército dispuesto para la represión de la revuelta. Incluso se reclutaron guerreros zulúes y sudaneses.

Bajo el mando del gobernador Gustav Adolf von Götzen, un aristócratico militar y explorador que una década antes había recorrido las tierras ruandesas y estado en la Guerra de Cuba como observador, avanzaron sistemáticamente destruyendo todo a su paso en una táctica de tierra quemada; ello supuso miles de muertos en acción para los indígenas que intentaban impedirlo desesperadamente pero que sólo obtuvieron victorias parciales como la del río Rufiki. Para la primavera, Alemania ya había recuperado el control de toda la parte sudoccidental de la colonia y la confianza de los maji maji en su poción empezó a debilitarse ante la cruda realidad de las armas teutonas y la hambruna que afligía a sus familias, deliberadamente provocada por los militares alemanes mediante la destrucción de sus campos de cultivo y la matanza de ganado.

Aún así, la insurgencia persistió en forma de guerrillas, emboscando contingentes enemigos aquí y allá. Pero ya eran únicamente picotazos intrascendentes y reducidos a la zona sur de Tanganika. En agosto de 1907 el gobernador puso fin oficial a las operaciones con un parte de bajas muy significativo: muertos sólo se registraron 23 alemanes -contando a los misioneros citados- y 289 askaris. Las cifras de fallecidos maji maji son imposibles de determinar con precisión, calculándose entre 75.000 y 300.000, según incluyan tanto a los caídos en combate como a los que lo hicieron por hambre (por tanto, también familiares).

La Rebelión Maji Maji no alcanzó tanta repercusión mediática como la que había tenido poco antes la de los herero y namaqua de Namibia, por ejemplo, aunque los métodos y resultados fueron parecidos hasta el punto de que la colonia tardó veinte años en recuperarse, y eso con un giro radical de su política, que pasó a ser modélica en comparación con las de las colonias de otras naciones. Curiosamente, la confianza ciega en una poción milagrosa que otorgaba invulnerabilidad fue recuperada más tarde por el movimiento Mau Mau de Kenia y más recientemente por los Mai Mai del Congo. Con la misma efectividad.

http://www.labrujulaverde.com/2017/08/la-rebelion-maji-maji-de-tanganika-y-su-terrible-represion-por-los-alemanes
 

57 años del asesinato de Lumumba por los imperialistas

Hace 57 años agentes de los servicios secretos belgas y de la CIA introdujeron el cuerpo de Patrice Lumumba en un barril de ácido y lo hicieron desaparecer. El Congo pudo haber ido hacia una democracia y, por el contrario, fue hacia una de las peores dictaduras africanas del siglo XX.

Patrice Lumumba fue el primer jefe de gobierno de la República Democrática del Congo. Buscó la descolonización de su país en manos de Bélgica y destruir totalmente el poder colonialista europeo presente en África, erradicar el ultraje y el expolio que durante siglos había sufrido el continente.

En 1958 se orientó decididamente hacia la lucha por la descolonización del Congo por las escasas posibilidades de acción social que le permitían las autoridades coloniales belgas y así fundó el Movimiento Nacional Congolés, partidario de crear un Estado independiente y laico, cuyas estructuras políticas unitarias ayudaran a superar las diferencias tribales creando un sentimiento nacional.

Tras la independencia de Bélgica, el 30 de junio de 1960, el Congo celebró elecciones, y Patricio Lumumba, líder de la lucha independentista, llegó a la presidencia con un programa nacionalista y de izquierda.

Lumumba no pudo impedir que la retirada del ejército belga diera paso conflicto político con pronunciamientos militares, ataques a la población blanca y disturbios generalizados.

La rebelión fue especialmente grave en la región minera de Katanga, que se declaró independiente bajo el liderazgo de Tschombé; Lumumba denunció que esta secesión había sido promovida por el gobierno belga en defensa de los intereses de la compañía minera que explotaba los yacimientos de la región.

Lumumba pidió ayuda a la Organización de Naciones Unidas (ONU), que envió un pequeño contingente de cascos azules incapaces de restablecer el orden, y por eso pidió el apoyo de la Unión Soviética, con lo que amenazó directamente los intereses occidentales.

El presidente de Estados Unidos, Eisenhower, dio entonces orden de eliminarlo. Y envió al agente de la CIA, Frank Carlucci, quien luego sería secretario de Defensa de Ronald Reagan.

Un golpe de Estado derrocó a Lumumba en septiembre de 1960. Fue torturado brutalmente y fusilado por mercenarios belgas, que disolvieron su cuerpo en ácido y esparcieron sus restos para que no fuera reconocido.

En noviembre de 2001, el Parlamento de Bélgica reconocía la responsabilidad de su Estado en la muerte de Patricio Lumumba.

Lumumba fue asesinado de esa manera por la gran lucha política e ideológica que realizó para dar a conocer la unidad como instrumento y vía para el logro de la liberación por parte de los pueblos africanos, de los yugos coloniales que se mantenían en el momento en que libró su lucha y que aún se mantienen, incluyendo entre ellos al neocolonialismo naciente y al imperialismo norteamericano que ya comenzaba a meterse en los países africanos para sumarse a los saqueadores de las riquezas de ese continente.

El pensamiento de Patrice Lumumba constituyó un peligro para las potencias occidentales explotadoras de los pueblos africanos. Medio siglo después, las autoridades estadounidenses reconocieron su implicación en el derrocamiento y asesinato del dirigente congoleño.

http://www.telesurtv.net/news/Patrice-Lumumba-el-heroe-asesinado-de-Africa-20160116-0031.html

España se prepara para hacer frente a Marruecos en la lucha por el petróleo de Canarias y el Sáhara


Las primeras exploraciones petrolíferas en las costas de Canarias pusieron encima de la mesa el espinoso asunto de la delimitación de las aguas jurisdiccionales entre Marruecos y España, que pueden conducir a una guerra entre vecinos. El asunto del Sáhara y el estatuto africano de Ceuta y Melilla son las otras aristas de un conflicto que ningún partido ni político se atreve a airear.

Los españoles jamás en su vida han visto un plano de las Islas Canarias que responda a su ubicación real en África, pero sólo 100 kilómetros separan a Fuerteventura de la costa de Marruecos.

Si los lectores recuerdan la reacción del gobierno de Aznar ante la “invasión” marroquí de la isla de Perejil en 2002, sabrán de lo que estamos hablando.

Según el Derecho Internacional, cada país puede delimitar sus aguas jurisdiccionales comprendidas entre las 200 y 350 millas marinas (entre 370 y 630 kilómetros) y en 2007 Marruecos ratificó la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (Montego Bay), por lo que disponía de diez años para delimitar sus aguas jurisdiccionales.

Es lo que acaba de llevar a cabo, aprobando dos leyes que delimitan su espacio marítimo, incluído el del Sáhara, frente a las Islas Canarias.

Este fin de semana el portavoz del gobierno marroquí, Mustafá El Jalfi, aseguró que las leyes pretendían “incorporar el espacio marítimo que hay frente a las costas del Sáhara dentro del arsenal jurídico nacional”, o sea, dentro de Marruecos, con el fin de cimentar la tutela sobre dichas aguas y acabar con todas las alegaciones que ponen en duda la soberanía de Marruecos sobre ellas.

La agencia oficial MAP añade que el gobierno va a realizar las operaciones técnicas de delimitación jurisdiccional a lo largo de la costa atlántica, incluyendo las costas del Sáhara dentro de la “zona económica exclusiva”.

En mayo de 2014 el gobierno español autorizó a Repsol para llevar a cabo las prospecciones petrolíferas, que luego fueron tan protestadas, a 60 kilómetros de las costas canarias.

En 2013 la Unión Europea se declaró incompetente para mediar entre Marruecos y España en caso de un eventual litigio por la delimitación jurisdiccional en el Océano Atlántico para explotar eventuales yacimientos petrolíferos.

De momento España ha reforzado -no muy discretamente- su presencia militar en Canarias. La pesadilla de la Legión volverá a Fuerteventura, donde el Puerto del Rosario se ha convertido en una “zona militar”. En 2012 un general español al mando en las Islas, César Muro Benayas, advirtió que el ejército se prepara para una escalada de la tensión con Marruecos. “La cuestión del petróleo, que se va a plantear próximamente, será una fuente de inestabilidad y acentuará la tensión”, admitió el general.

Las empresas que trafican ilegalmente con los fosfatos robados al Sáhara están acorraladas

Los fosfatos son una de las riquezas más importantes del Sáhara, que España vendió al colonialismo marroquí en 1975. En diciembre del año pasado el Tribunal de la Unión Europea excluyó al Sáhara de los acuerdos de asociación y liberalización comercial con Marruecos como mecanismo de presión para que inicie el proceso de descolonización.

En la actualidad el Tribunal de la Unión Europea revisa un expediente contra la empresa británica LT Ugland, domiciliada en la isla de Man, que se dedica al transporte por carretera “en vrac”, es decir, con carga no embalada, conteniendo fosfatos extraídos en el Sáhara, lo que tiene la condición de comercio ilegal desde el punto de vista de la normativa internacional.

La semana pasada, en declaraciones al diario económico noruego Finansavisen, la empresa ha admitido que abandonará el transporte de fosfatos procedentes del Sáhara.

El año pasado ocurrió algo similar con el buque de la sociedad Molly Manx, que transportaba cerca de 54.000 toneladas de fosfatos para la empresa neozelandesa Ravensdown, que fabrica fertilizantes.

La empresa noruega Belships también ha anunciado su intención de acabar con el comercio ilegal de recursos procedentes del Sáhara.

El carguero Cherry Blossom también fue bloqueado en un puerto de la República Sudafricana y a mediados de este mes un alto tribunal que la retención era absolutamente legal, por lo que no puede zarpar a mar abierto.

La Unión Africana se ha posicionado muy claramente a favor de la descolonización del Sáhara, aislando al gobierno de Rabay y poniéndolo contra las cuerdas. África no admite la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.

La Resolución 34/37 de 1979 de la ONU se posicionó en el mismo sentido: cualquier acuerdo sobre el territorio y los recurso naturales del Sáhara necesita el consentimiento del pueblo saharaui.

Por fin, después de casi medio siglo, Marruecos empieza a verse acorralado y deberá poner fin a la ocupación ilegal del Sáhara. Cada año el saqueo de los fosfatos del Sáhara le reporta a Marruecos 200 millones de dólares.

Otan igual a ISIS, Al-Qaeda, UE, FMI, red Gladio y otras yerbas (malas)

Darío Herchhoren

Por si alguna duda cabía, el llamado «estado islámico» ha atacado ahora a Filipinas. Coincide con los cambios del gobierno filipino que encabeza Rodrigo Duterte, con respecto a las relaciones con USA, con China y con Rusia.

Es necesario recordar que el martirizado pueblo filipino, es uno de los mayores exportadores de sirvientes del mundo, y de mano de obra barata en Dubai, Arabia Saudí, Barhein y los Emiratos Árabes.

La historia de la nación filipina, está plagada de desgracias. Su población predominantemente de raza amarilla está diseminada en las miles de islas que componen el archipiélago filipino, y su población es eminentemente rural, dedicándose en su mayoría a la agricultura del arroz que forma parte de la dieta básica del pueblo, y a la cría de ganado vacuno de la raza cebú.

Una de sus mayores desgracias fue la conquista del archipiélago por la corona española, que esclavizó a sus habitantes, los diezmó, y les llevó enfermedades como la sífilis y la viruela. Otra actividad muy propia de los filipinos es la pesca de bajura, ya que Filipinas carece de una flota pesquera de altura.

Con la caída del imperio español en 1898, y conforme a los tratados de paz entre España y el naciente imperio USA, Cuba, Filipinas y la isla de Guam en el pacífico pasaron a ser colonias norteamericanas. Es decir que cambiaron de amo. Cuba consiguió a cambio de dejarse algunos pelos en la gatera la independencia, aunque restringida por la enmienda Platt, que le permitía a los USA intervenir en la isla cuando lo considerara oportuno, en 1903.

Filipinas en cambio siguió en la situación de coloniaje hasta que Japón atacó Filipinas derrotando provisionalmente a los USA. El pueblo filipino se defendió bravamente de los fascistas japoneses y cuando ya Japón agotado se retira, los USA introducen a Ferdinand Marcos, haciéndolo presidente de Filipinas, e inaugurando un período de terror, corrupción y neocolonización como nunca se había visto antes en Filipinas.

Marcos cae como consecuencia de las fuertes movilizaciones populares en su contra y se organizan elecciones que gana Cory Aquino, la viuda de Benigno Aquino, que inicia una serie de gobiernos de corte neoliberal que no resuelven ninguno de los problemas filipinos, tales como la propiedad de la tierra, el acceso a la vivienda, a la sanidad o a la educación.

La llegada de Rodrigo Duterte a la presidencia de Filipinas, implica un giro copernicano en la política del país e inaugura un cambio de época. Rompe con la dependencia hacia los USA, y comienza a relacionarse con China y con Rusia, aunque sin romper la alianza militar con los USA, pero alejándose ostensiblemente de ella. Inicia contactos con Rusia viajando a Moscú, y compra tanto en Rusia como en China material militar de ese origen, y parece que intenta dejar atrás a los antiguos amos. En ese contexto, y como por arte de magia el «estado islámico» inicia operaciones militares en Filipinas, atacando a dos poblaciones, donde es rápidamente reprimido por el ejército nacional.

Es curioso como ese «estado islámico» no ataca a Israel, ni a Marruecos, ni a Bahrein. Justamente ataca a aquellos que quieren seguir una política independiente del imperio. Para aquellos ciegos que no quieren ver, y que nos hablan de «oposición moderada», de «fuerzas democráticas sirias» del «Observatorio Sirio de Derechos Humanos» (con sede en Londres), les vendría bien ver la entrevista que le hizo la cadena Rusia Today a Rodrigo Duterte, donde desenmascara a todos estos defensores de los derechos humanos.

Recuerdo como el fascista Reagan se mostraba preocupado por las violaciones de los derechos humanos de los indios misquitos en Nicaragua; y de como Sarkozy estaba preocupado por los derechos humanos de los libios; y de como Trinidad Jimenez, ministra de Asuntos Exteriores española en tiempos de Zapatero mostraba su indignación acusando a Gadafi de atacar a su propio pueblo. La lista sería infinita pero la paciencia del lector no. Defendamos los derechos humanos pero no a esos defensores porque son simples hipócritas.

Óscar López Rivera: en libertad tras 36 años en las cárceles de Estados Unidos

Tras estar condenado a 36 años de reclusión, el preso independentista puertorriqueño Óscar López Rivera fue liberado ayer. Fue detenido en 1981 acusado de conspiración por los tribunales estadounidenses tras ser vinculado con las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Puerto Rico (FALN), una organización que luchaba por la independencia de la isla, territorio convertido en colonia del gobierno de Estados Unidos desde 1898.

“Mi espíritu, dignidad y mi honor están mucho más incólumes hoy que el día que entré a prisión”, fueron sus primeras palabras a los medios de comunicación al salir de la cárcel.

López Rivera fue trasladado el 9 de febrero a Puerto Rico, en reclusión domiciliaria en el hogar de su hija Clarisa, en Santurce, después de que se autorizara su regreso a la isla y en enero pasado le fuera conmutada por Obama la pena a cambio de que cumpliera cuatro meses más de su condena a 70 años.

Tres horas después se celebró una fiesta de bienvenida en el sector universitario de Río Piedras, “La fiesta de Oscar”, en la que participaron diversos artistas, como parte del recibimiento popular.

Su abogada Jan Susler aclaró que el combatiente puertorriqueño podrá reencontrarse con sus antiguos compañeros de lucha, a los que podrá abrazar, por fin.

Hoy viajará a Chicago, ciudad estadounidense en la que radicó desde los 15 años hasta su encarcelamiento, donde la comunidad boricua le rendirá reconocimiento y pondrá su nombre a una calle en el área de Humboldt Park. Después, regresará a Puerto Rico para estar el sábado en el municipio de San Sebastián, en el centro montañoso de la isla, donde nació y creció hasta su adolescencia.

López Rivera, nacido el 6 de enero de 1943, planifica viajar a varios países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, entre otros, para agradecer la solidaridad que brindaron a la lucha por su liberación. 

López Rivera permaneció 12 años en régimen de aislamiento y sin contacto con el exterior, ni siquiera con sus familiares. No lograron doblegarle. Es un ejemplo para todos los movimientos de liberación nacional del mundo. ¡Bienvenido!

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