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Los ataques fascistas contra las librerías durante la transición

¡ Muera la inteligencia !
A lo largo de la transición las librerías de las ciudades españolas fueron testigo de una escalada de agresiones sin precedentes por parte de grupos fascistas apoyados por los aparatos represivos del Estado, dentro de una «estrategia de la tesión» destinada a sembrar el pánico y paralizar el movimiento de masas.

El 6 de mayo de 1976 el diario El País titulaba una noticia: «Un centenar de atentados a librerías españolas». Unos días más tarde titulaba otra: «Una librería asaltada cada dos semanas». Nada menos que 33 establecimientos habían sido destrozados en los últimos dieciseis meses después de la muerte de Franco. La prensa de la época hablaba de «ola», «espiral» o «escalada» y el período que se extiende desde la muerte de Franco fue calificado como una «etapa negra» para los libreros. Las cifras utilizadas ascienden a 200 establecimientos afectados.

Algunas librerías son objeto de ataques en varias ocasiones, así como de intimidaciones de diverso grado, convirtiéndose en víctimas múltiples. La librería Tres i Quatre de Valencia ostenta un récord: el número de ataques fascistas más alto de Europa. A finales de 1976 había sufrido siete atentados. Otra librería, Pórtico, de Zaragoza, era veterana en agresiones: tuvo su primer ataque en 1946 y tres décadas después acumulaba ya cinco en pocos meses. La dos librerías Antonio Machado, tanto la de Sevilla como la de Madrid, también fueron atacadas en muchas ocasiones por los fascistas.

La librería Rafael Alberti de Madrid padeció cinco ataques. A finales de abril de 1976 provocó la cólera de los fascistas tras organizar un acto en el que el cantaor Manuel Gerena firmó sus obras. Primero les enviaron un anónimo: «Lo de Manuel Gerena ha colmado nuestra paciencia. Pronto os visitaremos». Ese primer anónimo se saldó con dos atentados el 30 de abril y el 8 de junio, que destruyeron completamente la librería siete meses después. En el primero utilizaron piedras para romper las lunas, que luego sustituyeron por un bloque de hormigón traido de alguna obra cercana, dada la ineficacia de las piedras. El bloque de hormigón, ante la resistencia de las lunas, tampoco fue eficaz, por lo que utilizaron las pistolas. Se identificaron cinco disparos que consiguieron perforar una de las cinco láminas de las lunas. Luego utilizaron una barra puntiaguda y un martillo. La finalidad era hacer un agujero para introducir una carga explosiva.

La librería fue víctima de dos atentados más. El 9 de julio los fascistas pintaron las paredes de la librería con varias cruces gamadas y una amenaza: «Volveremos». Finalmente estuvieron a punto de perforar con un punzón la luna antibalas. 


Tras nuevas amenazas de muerte contra el propietario el 14 de octubre y el 6 de noviembre, la librería fue objeto de un incendio. Para ello introdujeron gasolina bajo la puerta y prendieron fuego después.

Los ataques violentos sólo eran la punta de un iceberg. Además las librerías, revistas y periódicos debían hacer frente a los controles de la censura y a los riesgos de secuestros y de multas que la todavía vigente Ley de Prensa de 1966 albergaba.

Durante la transición los libreros fueron amenazados  permanentemente. Los fascistas les intimidaron y llenaron sus escaparates de pintadas. La amenaza iba a menudo acompañada de pintadas y el cóctel molotov era avalado por la presencia de cruces gamadas.

Los fascistas justificaban sus crímenes por la presencia en todas las librerías españolas de autores marxistas y progresistas en detrimento de los títulos de los escritores reaccionarios como Menéndez Pelayo, Maeztu, José Antonio y Onésimo Redondo.

En noviembre de 1971 se produjo el primero de los ataques, dirigido contra la librería «Cinc d’Oros» de Barcelona. En esta ocasión varios cócteles Molotov contra los escaparates del establecimiento provocaron un incendio ocasionando la destrucción de libros pero también de una reproducción del «Guernica» de Picasso.

En febrero de 1972 un segundo ataque esta vez contra la librería «Antonio Machado» de Madrid ocasionó el destrozo de las lunas de los escaparates y una serie de pintadas insultantes.

A partir de mayo de 1973 las acciones violentas comenzaron a extenderse a otros centros de interés relacionados con la cultura como revistas, editoriales y distribuidoras. Así, «El Ciervo» (1973), «Nova Terra» (1973), y «Enlace» (3 de julio de 1974) respectivamente, fueron objeto de incendios con consecuencias cada vez mayores.

En la madrugada del 14 de octubre de 1975 explotó una bomba en la sede de la editorial Ruedo Ibérico de París. El atentado no constituía un acto aislado contra editoriales en Francia ya que otras empresas habían sufrido la misma suerte: la editorial vasca de Hendaya Mugalde en dos ocasiones, en abril y mayo; la librería «Naparra» en Biarritz, y en París, las Ediciones Ebro.

Tras la muerte de Franco, 1976 fue el año el más intenso en acciones terroristas. De mayo a diciembre se produjeron 55 atentados a librerías, frente a 25 durante los meses de enero a junio del año 1977. Se trataba del envío de anónimos, amenazas verbales, llamadas telefónicas anunciando estallidos de artefactos, incendios provocados, ráfagas de metralleta, lanzamiento de botes de tinta y colocación de cargas explosivas, cuando no utilizan los excrementos para embadurnar los escaparates de las librerías.

El alcance de los ataques a las libdrerías queda claro en el siguiente telegrama de 1976, firmado por 27 librerías madrileñas y dirigido a los libreros afectados: «Frente actual escalada violencia extrema derecha, que alcanza a todos los pueblos de la Península, enviamos mensaje solidaridad y hacemos constar indignación ante impunidad de los hechos».

Es otra de las constantes que aparece siempre en el terror fascista de la transición: la impunidad de los criminales. La policía se cruza de brazos y los periódicos se limitan a utilizar términos tales como «unos desconocidos» o «incontrolados».

Sólo hubo una detención, que correspondió al incendio de la ya mencionada librería «Rafael Alberti» de Madrid. Sus autores fueron José Alberto García, Alfonso Moreno, Ricardo Manteca y Francisco José Alemany. Eran los mismos que el 5 de noviembre de 1971 destruyeron la galería de arte Theo, comprendidas una serie de litografías de Pablo Picasso. Aunque la prensa reveló entonces la identidad de los fascistas, en ningún momento establecieron sus vínculos con los servicios de información del franquismo, de la Guardia Civil, del Estado Mayor y de la Presidencia del Gobierno. Sus autores eran agentes de la policía de Madrid: Francisco José Alemany había sido informador de la policía en la universidad y Ricardo Manteca era un asalariado de la Dirección General de Seguridad. La ultraderecha siempre estuvo muy bien controlada.

La impunidad estuvo rodeada de una constelación absurda de siglas que fueron otras tantas cortinas de humo. En cuatro ocasiones la autoría la reivindica un supuesto «Comando Adolfo Hitler». Otra referencia que aparece con cierta frecuencia en los artículos de opinión es la de los Guerrilleros de Cristo Rey y las siglas GAS pertenecientes a los Grupos de Acción Sindical.

Las compañías de seguros se negaron a pagar los destrozos provocados y a cubrir el coste de las reparaciones por el carácter extraordinario de los daños, por lo que la indemnización recaía en el Consorcio de Reasegurados, compañía estatal dependiente del Ministerio de Hacienda que cobraba el 15 por ciento correspondiente a las primas de los seguros normales.


Ahora bien, para que tales indemnizaciones fueran acordadas era necesario un certificado de la policía como prueba del carácter político de los actos violentos cometidos. La condición previa al pago era que los culpables hubieran sido detenidos y condenados por un juez, lo cual no existió nunca tras alguno de los cientos de atentados.

Los ataques a las librerías nunca han cesado. En 1980 los fascistas volvieron a atacar la librería La Oveja Negra en el barrio de Quintana, en Madrid, que ya había sido atacada cuatro años antes. Unos quince o veinte fascistas armados con bates de béisbol y cadenas profirieron gritos de «¡Viva Cristo Rey!» y otros similares, arrojando una papelera a su interior y rompiendo las lunas. Uno de los cristales rotos hirió en la mano a una de las trabajadoras.

En 2005 se produjo otro ataque en Madrid cuando varias decenas de fascistas irrumpieron en la librería Crisol para reventar el acto de presentación del libro «Historia de las dos Españas», agrediendo violentamente a los asistentes y destrozando el local.

A los asistentes los fascistas les metieron panfletos en la boca, además de zarandear e intentar agredirles, entre gritos de “asesinos”, “genocidas”, patadas por doquier, y destrozos de las estanterías repletas de libros.

Uno de los atacantes era un sargento en activo del Ejército de Tierra. Todos ellos eran miembros de Falange Española.

El gobierno del PSOE colaboró con la dictadura militar argentina

¿Cuántas personas puede torturar, violar y asesinar un régimen cívico-militar en aproximadamente siete años? La dictadura argentina demostró que podía hacerlo con 30.000 almas. Lo consiguió a fuerza de tirar gente viva al mar, humillar sexualmente a mujeres y hombres o fusilar a jóvenes indefensos con un disparo en la nuca. Eso sí, después de obligarles a cavar su propia tumba. A comienzos de 1983, los gobiernos europeos eran plenamente conscientes de esas atrocidades. Pese a ello, hubo un presidente que permitió que se llegaran a acuerdos diplomáticos con los golpistas de Buenos Aires. Su nombre: Felipe González.

El gobierno que encabezó el socialista sevillano intercambió apoyos con la dictadura argentina en distintos organismos internacionales. Siguiendo la misma lógica que había aplicado su antecesor Adolfo Suárez, González no tuvo ningún reparo a la hora de recurrir al Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país para conseguir sillones en diferentes entidades. Las continuas denuncias que llegaban desde la embajada española en Buenos Aires no afectaron a este capítulo de las relaciones entre La Moncloa y la Casa Rosada, ocupada desde el 24 de marzo de 1976 por uno de los regímenes más sanguinarios que la historia de América Latina recuerde.

“Bien se puede hablar de denegación de justicia en Argentina y de demolición de los derechos humanos básicos de los detenidos y desaparecidos”, escribió el cónsul español en Buenos Aires, Mariano Vidal Tornes, en un informe catalogado como “secreto” que fue redactado el 28 de enero de 1983, casi dos meses después de que González asumiera como presidente en Madrid. “La justicia argentina, como en todos los regímenes dictatoriales, no es independiente: el nombramiento, promoción, fijación de haberes y hasta la misma seguridad física de los jueces, depende del Poder Ejecutivo que condiciona evidentemente la actuación de los mismos, que llegan por esta vía a altas cuotas de corrupción”, destacaba el funcionario.

En realidad, el entonces presidente González no necesitaba leer esos informes para confirmar lo que ya era una dramática evidencia: la dictadura había cometido atroces crímenes contra la población civil. Antes de acceder a La Moncloa, el líder del PSOE había apoyado distintos manifiestos en defensa de las libertades en Argentina. Cuando llegó a la Presidencia, prometió a las víctimas de origen español que seguiría dándoles su total apoyo, ahora desde el ámbito institucional.

“Ustedes saben que el Gobierno se ha solidarizado en todo momento con las familias de las víctimas de estos secuestros y estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para llegar al total esclarecimiento de los hechos. Tengan la seguridad de que seguiremos luchando en el mismo sentido, porque para los socialistas la defensa de los derechos humanos, ya sean individuales o colectivos, supone un objetivo universal”, respondió González a la presidenta de la Comisión de Españoles con Hijos Secuestrados en Argentina, Carmen Vidal de Fernández, en una carta fechada el 27 de abril de 1983.

Un día antes, el Ministerio de Exteriores español había hecho llegar una carta a la embajada argentina en Madrid, aunque no precisamente para reclamar por los desaparecidos. Según consta en un documento obtenido por este periódico, el gobierno solicitó a la dictadura de ese país que respaldase la nominación española a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). La respuesta del régimen argentino llegaría tres meses después: el 22 de julio de 1983, la embajada del país sudamericano informó que sus diplomáticos apoyarían la postulación española, aunque no le resultaría gratuito: a cambio, Madrid tendría que apoyar “la candidatura argentina para el mismo cargo”.

El gobierno del PSOE volvería a pactar respaldos diplomáticos con la dictadura argentina en al menos otras cinco ocasiones. De nada valieron los continuos informes que llegaban desde la embajada en Buenos Aires, advirtiendo sobre la decisión del moribundo régimen -el 10 de diciembre de 1983 entregaría el poder al presidente Raúl Alfonsín, elegido en las urnas- de ocultar la información relativa a los cerca de 30.000 desaparecidos, incluyendo los alrededor de 700 de origen español.

Mientras la Junta Militar daba los últimos pasos para garantizar la impunidad de los asesinos y torturadores, el Ejecutivo liderado por González alcanzaba nuevos pactos en organismos internacionales. El 23 de abril de 1983 –cuatro días antes de que González le escribiese a la presidenta de la Comisión de Españoles con Hijos Secuestrados en Argentina- el ministerio de Exteriores había solicitado el voto favorable de la dictadura para acceder “a uno de los puestos del Comité Ejecutivo de la Organización Mundial de Meteorología” (OMM) de cara a las elecciones que se iban a realizar en ese organismo al mes siguiente en Ginebra.

Según consta en el correspondiente documento, el candidato era Pedro González-Haba González, quien por entonces se desempeñaba como director del Instituto Español de Meteorología. “El gobierno español apreciará en alto grado el apoyo que ese gobierno conceda a dicha candidatura”, subrayaba la nota de Exteriores. Algunas semanas después, González-Haba conseguía acceder a ese cargo con el apoyo de 90 de los 146 países integrantes de la OMM.

España también recurrió a la dictadura argentina para postularse como sede del Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología, auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI). Sin embargo, la puesta en marcha de ese centro estaría repleta de dificultades y no se concretaría hasta 1987. Finalmente, la ciudad elegida para albergar sus instalaciones fue Trieste (Italia).

Del mismo modo, la diplomacia argentina también recurrió al gobierno de González para tratar de conquistar asientos en entidades internacionales. Para entonces, la Junta Militar sufría un amplio descrédito a nivel mundial, por lo que carecía de los suficientes aliados para lavar su imagen. Así y todo, las autoridades españolas –tal como ya había ocurrido durante el periodo de Suárez en La Moncloa- se mostraron extremadamente receptivas ante cada pedido de respaldo que se formulaba desde Buenos Aires.

Siguiendo la lógica del apoyo mutuo, el 23 de agosto de 1983 la dictadura se dirigió al ministerio de Exteriores español para hacerle saber que estaba dispuesta a canjear votos. En una nota identificada con el número 422, la embajada argentina ofrecía “el apoyo solicitado para la candidatura española en Unidroit (Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado) en el entendimiento de que el Gobierno español apoye la candidatura argentina para ocupar la vacante en la Junta de Desarrollo Industrial durante la XXXVIII Asamblea de la ONU”.

Una semana después, el ministro de Exteriores en el gobierno del PSOE, Fernando Morán, recibía una nota de su embajador en Argentina, Manuel Alabart. En ese cable cifrado, el diplomático daba detalles sobre la reunión que había mantenido ese mismo día con el presidente del Tribunal de las Fuerzas Armadas de ese país, el brigadier Augusto Jorge Hughes. “Ha señalado que la Ley de Pacificación es imprescindible y que la totalidad de las Fuerzas Armadas, monolíticamente, se sienten solidarias con lo actuado en la guerra antisubversión”, relataba el embajador. La impunidad ya estaba consagrada.

Fuente: http://www.publico.es/espana/gobierno-felipe-gonzalez-oculto-pactos.html

Contra la concepción mecanicista de la historia

Juan Manuel Olarieta
Es muy corriente que en cualquier debate sobre la república aparezca alguien que comenta: es indiferente que la forma de Estado sea monárquica o republicana porque otros países capitalistas, como Portugal o Francia, son repúblicas y la situación no cambia sustancialmente para la clase obrera.

Es una manera errónea, mecanicista, de analizar una situación. En una tesis así hay dos equivocaciones importantes. La primera es que transmite que, por el hecho de ser capitalistas, los Estados son iguales unos a otros. Pero es una tautología decir que todos los Estados capitalistas son capitalistas. Tienen en común que son capitalistas y se diferencian en todo lo demás, y precisamente eso que los diferencia es lo interesante, porque es lo concreto, el “análisis concreto de la situación concreta” que diría Lenin.

El otro error es que ese tipo de afirmaciones conduce a pensar que un Estado se compone de piezas que son intercambiables, como un vehículo en el taller de reparaciones. En un Estado también se puede quitar una rueda (la monarquía) para poner la de repuesto (la república) en su lugar, como si nada hubiera ocurrido.

También es frecuente escuchar ese mismo planteamiento mecanicista en la cuestión de la autodeterminación de las nacionalidades, de tal manera que la independencia de Galicia no consiste en otra cosa que en poner una aduana en el puerto de Padornelo y pedir visados de entrada y salida. No cambiarían ni la situación de Galicia ni la de España. Simplemente habría dos Estados donde antes sólo había uno. Uno sería el Reino de España y el otro la República de Galicia.

Se pueden poner muchos ejemplos de esa manera errónea de analizar los fenómenos sociales, como la equiparación entre el Partido Popular y el PSOE, que a veces se designa como PPSOE, para acabar concluyendo que ambos son iguales, lo cual siempre es cierto: son iguales luego también son distintos y es necesario entender ambas cosas a la vez, en qué son iguales y en qué son distintos.

Ahora se está poniendo de moda aludir a las contradicciones interimperialistas para poner en el mismo plano a Estados Unidos y a Rusia porque ambos son iguales; Trump y Putin quieren lo mismo, la hegemonía mundial. Según este tipo de planteamientos, la situación interna e internacional no cambiaría en absoluto si en lugar de uno tuviéramos al otro. Son los mismos perros con distintos collares…

Pero la peor versión mecanicista de la historia es la de su reversibilidad, que es cuando se da por supuesto que los acontecimientos pueden ir hacia atrás. Por ejemplo, con mucha ligereza hay quien escribe que Rusia ha retornado hacia el capitalismo, dando a entender que ahora está como estaba antes de 1917, lo cual es erróneo.

Tiene razón Putin cuando dice que Rusia no puede dar marcha atrás, una expresión a la que le da un doble sentido, que también es correcto. Por un lado, Rusia no puede borrar ni pasar por encima de su etapa soviética, por lo que es un país que conserva numerosas y muy importantes huellas de su pasado más reciente. Por el otro, tampoco puede volver a 1917 para rehacer la URSS como quien hace una fotocopia.

Cuando en todo el mundo se está celebrando el centenario de la Revolución de Octubre es necesario tener en cuenta que, tanto en Rusia como en cualquier otro país capitalista, la historia no se repite nunca. Del mismo modo y con la misma contundencia hay que tener en cuenta que la historia tampoco se puede borrar, que es lo que intenta el actual gobierno polaco con la de su país.

El empirismo anglosajón, que en todo el mundo forma parte de la ideología dominante, ha inculcado la doctrina de la tabla rasa, del papel en blanco y de que los acontecimientos surgen de la nada, mientras que Marx sostuvo todo lo contrario: “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”, escribió en su obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

Cada país tiene sus tradiciones y sus pesadillas, sobre las cuales la historia vuelve una y otra vez, dando la impresión de que los acontecimientos se repiten, “una vez como tragedia y otra como farsa”, escribió también Marx en la misma obra. En España una clase social trata de acabar con sus propias pesadillas para encubrir el origen de su dominación, la guerra civil, el franquismo, mientras que otros se esfuerzan por recuperarlas porque es la única manera de superarlas.

La burguesía de algunos países no puede digerir determinados capítulos de su historia, por lo que intentan borrarla o tergiversarla. Así ocurre en España con la Segunda República, la guerra, la posguerra y la transición. Por el contrario, el proletariado trata de recuperar la memoria histórica por lo que, una y otra vez, invoca para sí aquella época, de tal manera que la república y su bandera tricolor se convierten en una de sus señas de identidad más importantes.

No tiene nada que ver con la nostalgia. En España la república es el pasado al mismo tiempo que es el futuro. Naturalmente, nunca será la repetición de la Segunda República sino algo nuevo construido sobre aquella que los fascistas destruyeron a sangre y fuego. Sin duda alguna será una República Popular, expresión política de una revolución de tipo socialista.

Lo mismo cabe decir de la Revolución de Octubre. Los intentos de los imperialistas por suprimirla, borrarla de la historia o manipularla están condenados al fracaso, inexorablemente, porque es el acontecimiento más importante de la historia, de toda la historia de la humanidad. Es inevitable que en cualquier lugar del mundo el proletariado considere aquella Revolución como cosa propia, como una parte de sí mismo, de su propia historia y como la fuente inspiradora para construir una nueva sociedad.

Con mucha más razón se puede decir eso mismo del proletariado ruso, para quien la etapa soviética está aún mucho más marcada en su conciencia que aquí lo está la Segunda República. El futuro de un país pasa inevitablemente por su historia. En España por la república y en Rusia por los soviets. España volverá a ser republicana igual que Rusia volverá a ser soviética. No hay nadie capaz de impedirlo.

Hoy, cuando además del centenario de la Revolución de Octubre, celebramos también el aniversario de las elecciones que ganó el Frente Popular en febrero de 1936, es un buen momento para recordar la trascendencia histórica de estos acontecimientos.

Una de cada cuatro leyes que hoy están vigentes la firmó el criminal Franco

Todavía queda alguno que insiste en que el franquismo es cosa del pasado, pero casi una de cada cuatro de las 1.278 leyes que hoy están vigentes la firmó Franco de su puño y letra.

En total son casi 300 leyes, sin contar los decretos, órdenes y otras disposiciones jurídicas de muy diverso rango que también siguen vigentes desde que las aprobara algún gobierno o ministro franquista.

Desde 1960 el Boletín Oficial del Estado compila todas las disposiciones que se aprueban, tanto si están vigentes como si no lo están. Entre ese año y la muerte del criminal Franco en 1975 se promulgaron 1.444 leyes. Las que sobrerviven constituyen, pues, un 27 por ciento de lo legislado en este periodo.

Otras leyes franquistas, como el Código Penal, han estado vigentes hasta hace muy poco tiempo, por lo que gran parte de la represión se ha estado llevando a cabo bajo las reglas del franquismo, con policías del franquismo y procedimientos también franquistas.

Otro ejemplo es la ley franquista de secretos oficiales aprobada en 1968 que, hasta el año pasado, ningún diputado pensó siquiera en reformar nunca. ¿Para qué?

Lo mismo ocurre con la jurisprudencia, las sentencias del Tribunal Supremo que se invocan en cualquier pleito, que también siguen plenamente vigentes y se pueden leer en los repertorios jurídicos, como si el tiempo no hubiera pasado en absoluto.

Por fin, hay numerosas instituciones creadas por el franquismo que siguen en pie, funcionando a pleno rendimiento, la más conocida de las cuales es la Audiencia Nacional.

Al decir todas estas cosas parece que las nuevas leyes que han sustituido a las anteriores son mejores que ellas o incluso que son distintas al franquismo. Es otro error. Como difundió el New York Times cuando se aprobó la ley mordaza, “Vuelven los días oscuros de Franco”.

¿Vuelven o nunca se fueron? Ya es triste que un país tenga leyes que fueron aprobadas bajo un régimen asesino, pero es aún mucho peor que nos impongan nuevas leyes que son iguales o peores que aquellas.

El Estado actual y las normas por las que se regula son una pesadilla que sigue viva, a pesar de que insistan una y otra vez en decir lo contrario. Siempre hablan de los cambios que se han producido a lo largo de estos años, pero se callan lo que no ha cambiado.

Lo que ellos no han cambiado, hay que hacerlo cambiar de todas formas.

¿Es España un estado fascista?

Darío Herchhoren

Se que el tema es peliagudo, y lo he meditado mucho antes de escribir lo que pienso sobre esto, pero considero necesario expresar mi opinión sin tapujos y sin miedo a discrepar con otras opiniones distintas a la mía.

Como paso previo a comprender lo que esto significa es necesario despojarse de las imágenes terroríficas que producían los desfiles marciales de las SS en Alemania, con sus antorchas y sus estandartes, que estaban armados precisamente para producir terror.

Tampoco es necesario recordar a los fascistas italianos reunidos en la plaza para escuchar a un Benito Mussolini con el casco y el águila imperial romana en su intento vano por resucitar el antiguo imperio.

Pero si es necesario evocar sin descanso y para que sea recordado para la eternidad los campos de exterminio con sus cámaras de gas, sus hornos crematorios, sus montañas de zapatitos de niño, sus montones de pelo humano, sus panes de jabón fabricados con la grasa de los cuerpos de los judíos, sus tesoros constituidos por dientes y muelas de oro arrancados de las bocas de los desgraciados prisioneros de los campos de concentración.

La derrota de la República Española, y el triunfo del franquismo, que no es otra cosa que la versión hispana del nazismo y el fascismo, significó la ascensión de una confusa ideología a la que se llamó nacional catolicismo; y que se nutrió de las tradiciones más bárbaras que arrancan con los Reyes Católicos y las posteriores persecuciones de los «infieles» a manos de la Santa Inquisición.

En esto, España fue precursora, y se adelantó en varios siglos a los saqueos y robos del tercer Reich alemán.

Pero hay un hecho que marca la enorme diferencia entre el final del fascismo en Italia y Alemania y lo que ocurrió en España. En los dos primeros países el fascismo fue derrotado en la guerra mundial; y en cambio en España, el fascismo simuló su muerte, travistiéndose de «democracia», y pactando su transformación en lo que se llamó la «transición», que se nos quiere vender como una etapa de paz y entendimiento.

Debo recordar al lector que en la «pacífica» transición hubo alrededor de mil muertos a manos de las «fuerzas del orden» o de individuos cercanos a esas fuerzas. (Menos mal que eran fuerzas del orden; porque si hubieran sido fuerzas del desorden…).

Una de las características; y no la única ni la más importante; es que la Policía, la Guardia Civil y los ejércitos, nunca fueron depurados de sus elementos más violentos y retrógrados, ni lo fue la administración pública, donde todavía a día de hoy perviven formas y modos franquistas a manos de los mismos funcionarios del franquismo, o de sus hijos o nietos.

El continuador ideológico del franquismo que es el PP, anteriormente AP, mantiene en sus puestos a conocidas figuras del franquismo en la policía, los ejércitos y sobre todo la judicatura, donde cabe destacar a la siniestra Audiencia Nacional, que es la continuadora del tenebroso Tribunal de Orden Público, que sirvió para acabar con toda discrepancia política, social, cultural o sindical en España.

Pero lo más grave de todo esto, es que durante los casi 40 años de fascismo español, y en la posterior transición y «democracia» vigilada, todo el aparato ideológico del franquismo que está constituido por la prensa, la televisión, la enseñanza, buena parte del estamento universitario y sobre todo la iglesia católica y sus instituciones como el Opus Dei, la Conferencia Episcopal, siguen manteniendo un enorme poder económico a través de la escuela concertada, los colegios privados, los obispos y sobre todo de las enormes sumas de dinero que la iglesia católica recibe del estado español; permanece intacto, y ha hecho escuela dentro del aparato del estado, y por esa razón hoy asistimos a discursos como los de los obispos de Alcalá y de Córdoba, que se parecen mucho a las amables peroratas del General Queipo de Llano a través de las ondas radiales.

Así tenemos jueces que condenan «en conciencia» al margen de pruebas objetivas; a fiscales que acusan de gravísimos delitos a personas que les son simplemente incómodas (titiriteros, raperos, cantantes); y esa escuela tiene toda la apariencia de que va a continuar.

Es por eso que cuando algunos compañeros me dicen que España no es un estado fascista, les respondo que como el dios Jano, el fascismo tiene muchas caras, y que para que un estado sea fascista, no hacen falta desfiles con antorchas, ni cascos imperiales con águilas romanas, ni levantar el brazo en alto. Solo basta ver la realidad, que es abrumadora. Que cada uno saque las conclusiones que quiera.

Hace 71 años la ONU condenó a España por ser un Estado fascista

El 9 de febrero de 1946 la Asamblea General de la ONU aprobó en Nueva York la resolución 31 (I) que condenaba la dictadura fascista en España, prohibiendo su ingreso en el organismo internacional.

La justificación que se daba en ese documento se sustenta en que el régimen español había nacido al amparo de la Alemania nazi y la Italia fascista, cuyos principios eran totalmente incompatibles con los de la organización mundial.

Desde entonces España nunca ha dejado de ser un Estado fascista, heredero del que se impuso después de tres años de guerra civil. Por eso en febrero de 2014 la ONU rechazó que España no investigue ni enjuicie los crímenes cometidos durante la guerra civil de 1936 a 1939 y de la posterior dictadura.

La Comisión Permanente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó por unanimidad una condena del régimen franquista español en la que instaba al gobierno, entre otras tareas, a crear una comisión de investigación sobre los crímenes fascistas.

Todas las demandas de investigación han sido desatendidas por los herederos del régimen criminal porque los responsables de los crímenes son sus propios ancestros, es decir, por la continuidad de las mismas personas al frente del mismo Estado.

El informe “Los campos de concentración y el mundo penitenciario en España durante la guerra civil y el franquismo” calcula que entre 1936 y 1943 hubo aproximadamente 150.000 víctimas mortales en actos de represalia, campos de concentración y trabajo y cárceles.

Según el historiador Javier Rodrigo, del Instituto Universitario Europeo de Florencia, en España funcionaron 104 campos de concentración por los que pasaron entre 370.000 y 400.000 detenidos. Muchos de los prisioneros fallecieron por hambre o malas condiciones de reclusión.

Los desaparecidos del franquismo, según la Plataforma de Víctimas de Desapariciones Forzadas por el Franquismo, fueron 140.000 personas, entre víctimas de la Guerra Civil y de la posterior dictadura fascista.

El número de niños robados por el franquismo se estima en unos 30.000, una práctica que se prolongó hasta los años noventa y en la que participaron tanto los hospitales como la Iglesia católica.

http://www.telesurtv.net/news/Se-cumplen-70-anos-desde-que-la-ONU-condeno-el-franquismo-20160210-0004.html

La Desbandá: una de las mayores matanzas de la guerra civil tuvo lugar en Málaga

Fue un 7 de febrero, pero de 1937, cuando su madrastra, pues perdió a su madre con apenas tres años, mandó a Salvador Guzmán Urbano (Coín, provincia de Málaga, 1928) con un canasto de comida para el ayuntamiento de su pueblo. Su padre era el primer teniente de alcalde del gobierno en coalición del PCE y el PSOE.

Cuando llegó al salón de plenos, le impresionó mucho ver allí, en un rincón, cincuenta bombas y un soldado dormido encima de ellas.

Su padre le dijo: “Vuela para la casa y coge lo más imprescindible, que nos vamos de Coín”. A las 21.30, cuando llegó a su casa, se encontró a muchas mujeres llorando. Por la radio, con sus increíbles dotes para comunicar e infundir terror al enemigo, el general Queipo de Llano era claro: decía que el domingo estaría tomando café en la calle Larios de Málaga.

Salieron su padre, su madrastra, sus tres hermanos y él para coger el coche, un modelo parecido al Renault 4L, pero no pudieron irse hasta que no llegó la familia del alcalde a las 3 de la mañana. Cuando ya estuvieron todos, emprendieron la marcha. Diez personas apretadas en aquel vehículo, contando al jovencísimo chófer, de apenas veinte años.

Aquella noche también emprendió su huida Anita Leiva Márquez (Arroyo de la Miel, provincia de Málaga, 1923). Se echaron a la carretera sus cuatro hermanos, su madre, su padre y ella con poco más de lo que cabía en las alforjas de su burro. Escapaban porque su padre simpatizaba con el comunismo y la llegada de los sublevados era inminente. “¡Que vienen los fascistas! ¡Qué vienen los fascistas!”, se oía a gritos en las calles.

“En realidad mi padre no era nada, porque él no sabía ni leer ni escribir. No sabía hacer la O con un canuto. Pero llevaba esas ideas en la sangre, y los fascistas mataban a todos los rojos que pillaban. Ese miedo les empujó a escapar por los pinos de Torremolinos en busca de la carretera de Almería. La ciudad más oriental de Andalucía todavía estaba controlada por las fuerzas leales a la República y daba acceso al corredor del Mediterráneo que desembocaba en la frontera francesa.

Salvador y Anita son de los pocos supervivientes que quedan de la carretera de la muerte, también conocida como la desbandá, aunque a Salvador le repugne ese nombre: “Desbandá me recuerda a los pájaros, pero nosotros no éramos pájaros. Éramos criaturitas que escapábamos para que no nos matasen”. Aquel fue uno de los sucesos más trágicos de toda la Guerra Civil española. Por la carretera que unía Málaga con Almería anduvieron, corrieron, se refugiaron y sufrieron más de 300.000 personas, según las últimas investigaciones. La mayoría malagueños, pero también otros andaluces que pensaron que Málaga sería un lugar seguro y se equivocaron. Salvo algunos milicianos, todos civiles. Era el mayor éxodo de seres humanos de la historia de Europa hasta que llegó la guerra de los Balcanes para batir el triste récord.

Sin embargo, sigue siendo un tema poco reconocido fuera de Andalucía. Mientras Guernica, donde apenas murieron 200 personas, se erigió como símbolo de la barbarie de la guerra, la masacre de la carretera no empezó a tratarse en ámbitos académicos hasta la década de los 80. Antes, de esto sólo se hablaba, si se hablaba, de puertas para adentro en las familias que lo vivieron.

La historiadora Maribel Brenes da una de las claves para entender esto. Ella es la autora junto al arqueólogo Andrés Fernández de “1937. Éxodo Málaga-Almería: Nuevas fuentes de investigación”, la más reciente indagación que después de seis años buceando en los archivos militares y civiles asienta en casi un tercio de millón la cifra de desplazados después de analizar las conversaciones de los militares durante los bombardeos, duplicando las de investigaciones anteriores. Apunta a la vergüenza como principal motivo de este desconocimiento: “Sintieron vergüenza los de un bando por la masacre que cometieron y los del otro por no haber protegido a la población”.

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170206/191731531_0.html

Las ‘cosillas’ de vivir en un Estado fascista

Se ha armado revuelo a cuenta de la no-cesión del, por decirlo suavemente, ultraderechista Zozulya al Rayo y las protestas de su hinchada, mayoritariamente antifascista. Ciertamente, la mal entendida normalidad democrática del país exigía que Zozulya llegara a Vallekas, besara el escudo y aquí paz y después gloria.

Aunque nos repitan machaconamente que fútbol y política han de permanecer separados, como si el fútbol no se jugara en la polis y sí en una especie de vacío o limbo terrenal, hete aquí que pueden permanecer indisolublemente unidos, fútbol y política decíamos, si es caso de lavarle la cara a un sujeto neonazi y amigo de la guerra. Entonces sí, bienvenido sea el casamiento. Como cuando los palcos se llenan de políticos, perdón, autoridades, prestos a hacer negocietes.

Que la protesta de una afición de un barrio obrero que no quiere nazis en sus filas sea motivo de alarma, polémica y querella por parte de Tebas revela significativamente la naturaleza fascista de España. ¿Civismo? ¿Educación para la ciudadanía? Debería ser el propio Tebas, por su militancia en Fuerza Nueva, aquella banda de matones neofranquistas de camisa azul, quien debería estar inhabilitado para ejercer un cargo como el que ostenta y ser motivo de querella por una trayectoria nauseabunda en el ejercicio de sus funciones, desde las leyes concursales hasta su postura en el caso de Jimmy. Pero Franco venció en el 39, y de aquellos polvos estos lodos.

Y es que mientras se cumple un año de la razzia contra miembros de Indar Gorri, inmersos aún en proceso judicial y tachados de “banda criminal”, quienes sí  cuentan con dos muertos en su haber, el Frente Atlético, mostraban su pancarta en Gasteiz en la anterior jornada de liga. ¿Tebas? Silencio. ¿La Liga? Denunciando el cántico de Iraultza ‘¡Frente Atlético, asesino!’

Unos días después, a su vuelta a Sevilla, Zozulya era recibido como un héroe por los ultras béticos, los mismos que jaleaban los malos tratos de Rubén Castro  a su mujer. Es decir, ni siquiera respetaron su presunción de inocencia, sino que directamente legitimaron la violencia contra las mujeres. Casualidad, otro jugador, Lucas Hernández ha sido acusado de agredir a su pareja, siendo el propio Tebas quien llamara a respetar su presunción de inocencia, porque “esto pasó de madrugada y estamos por la mañana y casi queremos una condena”. Basta con apreciar qué actores tendrán una querella encima de la mesa y quiénes no para adivinar a quién quiere condenar (y a quienes absolver) el amigo Tebas. He ahí su vara de medir, por no decir podredumbre, ideológica.

Mención aparte para la prensa, que obvió interesadamente el comunicado de la plataforma de las peñas rayistas para centrarse en criminalizar a Bukaneros. Mientras, nos queda la duda de que haya sido el propio presidente del Rayo, Presa, una suerte de omnipresente cacique según narran las crónicas de sus aficionados, quien haya orquestado toda esta jugada para ponerles en el disparadero una vez más.

Por otro lado, en casa hemos tenido que aguantar cómo Deia y El Correo tachaban a Zozulya de “supuesto” ultraderechista. De paso, Deia nos hablaba de otra gente que tuvo presiones a la hora de fichar por un club, como Salva o Zubikarai. Olvidaba el diario jeltzale, quién sabe si deliberadamente, a Paul Abasolo, condenado por malos tratos y más tarde incomprensiblemente indultado por ZP. ¿Por qué? El populacho, esos mal pensados, sospechan de la alta cuna del abusador y la presión política de la derecha vasca. Mientras, el presidente del Portu defendía su fichaje y echaba balones fuera con ETA. De donde vienes, manzanas traigo.

En todo caso, y volviendo al caso del futbolista ucraniano, ¿qué iban a contarnos estos medios tras su cobertura de la guerra en Donbass y las “democráticas protestas” en el Maidan? La filiación neonazi y las loas al Batallón Azov por parte de Zozulya han pasado de puntillas, de ahí que Tebas declarara “parece que de geopolítica y de guerra ucraniana sabemos todos y aprendemos todos rapidísimamente. Dios quiera que este país no tenga una situación como tuvo Ucrania”. ¡Evidencias a Tebas! Él sí que conoce bien la realidad ucraniana, aunque nos hable en pasado y obvie los bombardeos de esta misma semana.

Inferimos, pues, que la normalidad reside en mantener vivo y legitimar el orden ultraderechista, sea en Ucrania o en España. Retorcer la realidad para que el verdugo se convierta en víctima de la “coacción” es lo de menos. Lejos queda aquello de “para ser demócrata hay que ser antifascista”.

https://alabinbonban.wordpress.com/2017/02/04/cosillas-de-vivir-en-un-estado-fascista/

La represión moral del franquismo y su pervivencia

Eduardo Montagut

El franquismo no solamente reprimió con acciones físicas (torturas, cárcel, depuraciones, confiscaciones, penas pecuniarias, trabajos forzados y ejecuciones) a los republicanos en la guerra y la posguerra, así como a todos los opositores durante el largo período histórico que duró la dictadura. El franquismo también empleó otros tipos de represión de tipo psicológico, moral y espiritual, constituyendo casi un modelo en este sentido. Algunas de sus consecuencias se siguen viviendo en la actualidad, lo que demostraría la fuerza y el éxito del franquismo en la labor de reprimir. En este trabajo hablaremos de ese segundo tipo de represión.

En primer lugar, nos encontraríamos las acciones que pretendían crear una imagen pública negativa de los republicanos y de los opositores. El empleo sistemático de los medios de comunicación en esta tarea fue paradigmático. El franquismo escarneció a todas y cada una de las figuras que no le eran afines, desde las más moderadas, como el propio conde de Barcelona, hasta las más radicales en el ámbito de la izquierda y los nacionalismos sin Estado. La calumnia y el odio que destilaban muchos artículos de prensa, comentarios radiofónicos y en el NO-DO y, luego en la televisión son materia para un estudio monográfico.

Pero, además, el éxito del franquismo en estas campañas es superior al de otras dictaduras afines y mucho más poderosas, pero que fueron derrotadas en la Segunda Guerra Mundial y que, por lo tanto, pudieron ser desenmascaradas en los nuevos sistemas democráticos. En España, a pesar del tiempo transcurrido desde la muerte del dictador y por la falta de voluntad de algunos sectores para construir o permitir construir una cultura democrática, muchas de esas imágenes siguen grabadas en amplios sectores sociales.

En paralelo a la construcción de esas imágenes negativas y su pervivencia en el tiempo estaría el fenómeno de la elaboración y vigencia de los mitos del franquismo (la anarquía en la República o la sovietización de España, el oro de Moscú, la entrevista de Hendaya, la cuestión judía, etc.) y que, como tales, no se sostienen ante el riguroso análisis historiográfico emprendido en las últimas décadas. Tanto unas como otros han sido en los últimos decenios remozados por la historiografía neofranquista. El insulto y desprecio hacia muchos personajes republicanos y/o de izquierdas del pasado siglo ha sido resucitado en libros, redes sociales y medios de comunicación.
Por otro lado, el franquismo ha conseguido seguir reprimiendo el buen nombre de muchas personas gracias al erario público vía Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, donde algunas biografías son un escándalo desde todos los puntos de vista, llenas de falsedades, manipulando las fuentes, y sin rigor historiográfico.

Por fin, el desprecio hacia el contrincante político, frente al sereno debate ideológico o político, y que se vive en nuestro país, es una clara herencia de esa represión moral que ejerció el franquismo. Ahora el medio se encuentra en las tertulias de la televisión y la radio, y en las redes sociales.

La dictadura también empleó los medios de comunicación para desinformar con el objetivo de minimizar o eliminar cualquier tipo de protesta interna o para tergiversar las que se producían fuera del país contra el dictador, para usarlas con fines instrumentales. En el primer caso, consiguió dar la imagen de una paz social y política completas. Se trataba de la represión de la realidad. En el segundo caso, pudo alimentar una de sus grandes obsesiones: la eterna conspiración internacional contra España y los españoles. En este sentido, la idea conspirativa fue tan bien inoculada que en nuestra democracia ha vuelto a ser empleada en más de un caso en los últimos tiempos.

Por fin, el franquismo prohibió cualquier tipo de reunión de activistas e impidió el acceso a los medios de comunicación a los opositores. Buscó la desmovilización, infiltrando elementos que fomentaban la disidencia y los conflictos entre los miembros de los grupos, saboteando acciones y terminando por reprimir directamente y físicamente las acciones emprendidas y a sus líderes. Algo de esto parece revivirse también en estos momentos.

http://nuevarevolucion.es/cultura-la-represion-moral-del-franquismo-pervivencia/

Los antifascistas de Nantes levantan barricadas contra el racismo

El viernes 3 de febrero el alcalde socialista de Nantes cedió una sala municipal en el centro de la ciudad para permitir una charla abiertamente racista, por invitación del GUD y el medio de extrema derecha Breizh Info. Desde hace meses las autoridades locales están aumentando la tensión mediante la organización de foros de grupos de extrema derecha.

El mismo día por la noche unos 500 antifascistas se movilizaron en las calles para evitar la conferencia racista. La manifestación salió desde la plaza Viarme y se dirigió a la calle Bretaña. Los racistas se atrincheraron en una sala pública, protegidos por decenas de policías vestidos de civil y armados.

Los antifascistas se manifestaron mientras gritaban alto y claro: ¡Nantes no es racista! El área que rodea la sala de conferencias estaba tomada por la policía. Lo más sorprendente fue el momento en el que la policía permitió a los fascistas armarse con cascos y barras de metal frente a la sala municipal. A pocos metros estaban los antidisturbios. Sólo los manifestantes antirracistas fueron perseguidos, acusados y detenidos sin previo aviso.

Después de la primera granada de gas lacrimógeno, la manifestación se divide y la ira estalla. Los antifascistas rompen la ventanas de los bancos, levantan barricadas y la policía dispara balas de goma para dispersar violentamente y controlar a los manifestantes. Seis personas fueron detenidas.

Pese a que la manifestación se vio truncada por las cargas policiales, fue un éxito innegable por su alta participación.

Por la noche, varios individuos de extrema derecha atacaron un bar y a varios transeúntes identificados como antifascistas. La concentración de extrema derecha en la sala municipal evidencia la alianza objetiva entre municipio, prefectura y grupos fascistas.

Para los próximos 25 y 26 de febrero los antifascistas también han convocado protestas en Nantes contra la reunión del Frente Nacional.

Fuente: https://freecollective.wordpress.com/

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