La web más censurada en internet

Etiqueta: Antifascismo (página 4 de 71)

Carrero Blanco, ese hombre (respuesta a Carlos Hernández de Miguel)

El pasado 9 de junio, el periodista Carlos Hernández de Miguel, conocido por sus trabajos sobre los españoles en los campos de concentración nazis, publicaba un artículo sobre la figura del almirante Carrero Blanco (*).

En su artículo, comienza haciendo referencia a su biografía: su carrera militar, su paso por Marruecos, la Guerra Civil y la dictadura. Éste es el punto que nos interesa. Hernández destaca el posicionamiento filonazi de Carrero (que no es de extrañar). Pero, ese análisis del hombre “más franquista que Franco” es bastante superficial y no nos dice nada más que no sepamos: que Carrero era un fascista convencido, que era antisemita, que era anticomunista, que escondió nazis y colaboró con ellos… ¿Acaso no se sabía?

Carrero y su entorno

Cuando en 1940 Carrero Blanco elabora uno de los primeros informes sobre la participación española en la Guerra Mundial al lado del Eje: desaconseja cualquier intervención porque España no está en condiciones de combatir, indicando que el ejército británico podría intervenir sobre las islas Canarias, Guinea o el bloqueo del puerto de Vigo. ¿Fue sobornado por los servicios secretos británicos como gran parte de la cúpula franquista, tal y como descubrió Ángel Viñas en los archivos de York? Hoy en día no existen evidencias de ello, como sí existen de otros generales sobornados como Queipo, Varela o Kindelán, el mismo al que el gobierno del PSOE le puso su nombre a una cátedra en Aviación (1).

No es que Carrero Blanco fuera un superhéroe que buscaba defender el país ante cualquier amenaza. Se trata de una persona que analiza qué es lo que puede aportar España a la guerra: nada. Se trata de un hombre de estado. Del estado fascista nacido de un país en ruinas en abril de 1939. Si la República fue una revolución, Franco fue el encargado de la Restauración. Y Carrero Blanco, un hombre de ese estado restaurador encargado de tejer todas las redes necesarias para su mantenimiento. Por ejemplo, fue Carrero el encargado de las entrevistas en 1948 entre Juan de Borbón y Franco llegaran a buen puerto, pero los resultados fueron distintos. Es decir, 20 años antes de que Juan Carlos I fuera nombrado sucesor de Franco, Carrero ya pensaba en el porvenir de la dictadura. Era un fascista con una gran visión de futuro.

Carrero fue ascendido a Jefe de Estado Mayor tras las luchas mafiosas que tenía el franquismo en su interior, principalmente entre militares y falangistas. Recordemos que los primeros fueron sobornados por los servicios secretos británicos para que no España no entrara en el conflicto, y los falangistas de la mano de Serrano Suñer tenían como objetivo un alineamiento total con el Eje. Parece que el ascenso de Carrero al Estado Mayor obedece más a una visión de Estado por parte del almirante que, por la confianza ciega, que dice Hernández de Miguel tenía Franco en Carrero.

Las décadas de los 50, 60 y 70 se caracterizaron a nivel mundial por las descolonizaciones y por la Guerra Fría. Es decir, por la derrota de Occidente en los territorios ocupados en el s. XIX y por un mundo bipolar. A ese mundo no era ajeno el fascismo español, ni Carrero Blanco, ni Franco que había elegido ser el “bastión de Occidente”. Pero España no era una potencia como sí lo eran las que estaban perdiendo sus colonias en África o Asia. Y el fascismo español jugaba entre el alineamiento total con Occidente y una cierta postura de no alineamiento. No es casual que el Che viniera a España para entrevistarse con Franco y ofrecerle la entrada en el Movimiento de los No Alineados (2). Otra cosa fue el resultado final (no llegaron a entrevistarse).

Carrero, al igual que Estados Unidos, era un anticomunista furibundo. Pero Carrero tenía, al igual que una parte muy minoritaria de la élite del franquismo, ciertos sueños de independencia económica, política e industrial. Carrero no era un tecnócrata del Opus Dei que vendería a su madre por un contrato. Carrero representaba a una élite que se quería dirigirse de igual a igual con las potencias occidentales. No para combatirlas, sino para ser como ellas.

‘Una región tan española como Cuenca’

Así definía Carrero el Sáhara en una visita realizada en 1958 a la colonia. Fue el creador de un estatus especial para las colonias que buscaba introducirlas en el mismo lugar y condiciones que las del resto del país. Como dice el refranero español… “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. ¿Era un libertador Carrero? Era un hombre de estado que pretendía anteponerse a una posible independencia del Sáhara.

¿Cómo? Incluyéndola al igual que una provincia más, como lo son Canarias o Ceuta y Melilla (Puerto Rico es un Estado Libre Asociado a los EEUU) y para darle un aspecto democrático, se crea también un partido político único donde están las élites saharauis que se pliegan a España. Aparentemente, la democracia es total en el Sahara: las figuras políticas saharauis juran una Constitución, la franquista (el Fuero de los Españoles), tienen un parlamento propio, tienen un partido (PUNS, Partido de Unidad Nacional del Sáhara donde su bandera incluye el símbolo tamazigh), etc.

El Plan Islero

Puede gustar más o menos, pero el desarrollo de un arma nuclear es garantía de independencia. Dentro de ese contexto de descolonización que comentamos más arriba, numerosas excolonias y países que habían dependido de las metrópolis comenzaron el desarrollo de energía nuclear. Tal fue el caso de Egipto bajo el gobierno de Nasser, el de Perón en Argentina, etc.

España comenzó en los años 60 su propio proyecto nuclear. Un proyecto que pretendía romper con la dependencia que se tenía de Europa en materia energética con el objetivo de la autosuficiencia. El problema radica en que la libre producción de energía nuclear y la tenencia de armas nucleares sólo puede estar en manos de las potencias occidentales. Un país que tenga acceso a armas nucleares puede discutir en igualdad de condiciones con las potencias de Occidente. Como decíamos arriba, Carrero quería que España entrara en ese selecto club de potencias imperialistas, pero entre los planes de Carrero y esa élite que representa y los planes de EEUU y Occidente hay un abismo.

Una colonia no puede tener armamento nuclear. Por ello, a Nasser le dio un golpe de estado un militar bajo órdenes de la embajada norteamericana en El Cairo, y a Perón se lo dio un grupo de militares bajo órdenes de la misma embajada en Buenos Aires.

Y en el caso español… “Spain is different”. Aquí había un matiz. ¿Qué golpe militar vas a dar si ya has dado un golpe de estado contra el gobierno legítimo 40 años antes? ¿A quién vas a destituir?

Carrero Blanco y el PSOE

Los años 70 en España es la década donde las huelgas y manifestaciones se multiplican, donde el régimen franquista que tanto había ganado buscaba una salida. Se junta también que Franco está haciéndose mayor y hay que buscar una salida controlada. El escenario social que vive el país fuerza a las élites a movilizarse y pensar en una voladura controlada del régimen.

“En el congreso de agosto de 1970 en Toulouse, González defendería la renovación basada en los socialistas del interior, ganando la votación. El congreso de 1972, también en Toulouse, registró ya el enfrentamiento con Rodolfo Llopis -representante de los ‘históricos’, herederos del PSOE de la República-, adoptándose las resoluciones renovadoras, aunque la dirección quedara en manos de un colectivo donde Nicolás Redondo era primus inter pares. Entre estos dos congresos tiene lugar la intervención de Carrero a favor de González” (3).

Esa voladura tiene que estar en manos de gente de confianza. Gente que, si hay un cambio de poder en España, saben que no les van a defraudar. El PCE no podía ser esa gente de confianza porque, aunque el carrillismo quisiera pactar en cualquier condición, las bases del PCE eran más difíciles de controlar que las PSOE. En definitiva, el PCE había sostenido el peso de la oposición al franquismo desde la Guerra y el PSOE era un partido desaparecido, que al crearlo de la nada es mucho más fácil de manipular.

¿Cómo pudo crear el PSOE una estructura nacional cuando no tenía medios ni militantes suficientes para esa estructura? ¿Quién trazó el plan de que el PSOE tenía que ser la fuerza de la oposición? Parecer ser que Carrero creador del SECED (espionaje franquista), vio en el PSOE la continuidad de la dictadura (no hace falta un militar dictador para vivir en dictadura) sin que se vieran amenazados los intereses de las élites de este país.

El final

EL 20 de diciembre de 1973, Carrero Blanco voló por los aires por una bomba colocada por ETA. El día anterior tuvo una entrevista con Henry Kissinger (secretario de Estado de Estados Unidos) donde se discutió el Sáhara y el programa nuclear español.

Este artículo es una respuesta al escrito de Carlos Hernández de Miguel (*), donde el periodista prefiere mencionar una faceta conocida por todos: que el franquismo colaboró con los nazis (el PSOE también los escondió), que era antisemita, anticomunista, etc. ¿Algo nuevo?

En definitiva, Carrero Blanco era un enviado de una parte de las élites españolas que buscaba colocar a España dentro del plano de las potencias europeas, poder discutir con ellas de igual a igual, controlar colonias igual que lo hacía Francia o Gran Bretaña. Pero el imperialismo y Occidente tenían y tienen otros planes para España: algo que Carrero Blanco no pareció entender hasta el 20 de diciembre de 1973.

Lo que sí quiero preguntarle al propio Hernández de Miguel es: ¿por qué no ha hecho referencia a la intervención de Carrero Blanco en el surgimiento del PSOE? ¿Tendrá que ver que Hernández de Miguel fue el Jefe de Prensa del Gabinete de Zapatero?

(*) Hernández de Miguel: https://www.eldiario.es/sociedad/carrero-blanco-marino-filonazi-antisemita-pudo-liderar-franquismo-franco_130_9065742.html

(1) Congreso aprueba quitar honores a Alfredo Kindelán y el nombre de su cátedra (La Vanguardia)
(2) El Che se paseó por Madrid tres veces durante el régimen franquista (El Periodico)
(3) https://www.elmundo.es/cronica/2014/09/28/54269d6922601d21548b4573.html

Estados Unidos se prepara para el regreso de los nazis derrotados en la Guerra de Ucrania

Con un historial probado de violencia, los nazis estadounidenses están ganando experiencia de combate con armas avanzadas fabricadas en Estados Unidos en una guerra por delegación en el extranjero. Lo dice el Departamento de Seguridad Nacional, que ha reunido información sobre los estadounidenses que se han unido a las filas de los más de 20.000 voluntarios extranjeros en Ucrania.

El FBI acusó a varios nazis estadounidenses asociados al movimiento Rise Above después de que se entrenaran con el Batallón Azov y su ala civil, el Cuerpo Nacional, en Kiev. Pero eso fue hace casi cuatro años. Hoy día los federales no tienen ni idea de cuántos nazis estadounidenses están involucrados en la guerra de Ucrania, ni de lo que están haciendo allí.

Pero el gobierno de Biden está permitiendo que el gobierno ucraniano reclute estadounidenses -incluidos extremistas violentos- en su embajada en Washington y en los consulados del país. Al menos un notorio nazi que lucha en Ucrania ha recibido una importante promoción por parte de los principales medios de comunicación, mientras que otro, actualmente buscado por crímenes violentos cometidos en Estados Unidos, logró misteriosamente evadir al FBI que buscaban los crímenes de guerra cometidos anteriormente en el este de Ucrania.

Según un documento de la Patrulla de Aduanas y Fronteras, las autoridades federales están preocupadas por los RMVE-WS, o “extremistas violentos con motivación racial-supremacistas blancos”, que regresan a Estados Unidos armados con nuevas tácticas aprendidas en el campo de batalla ucraniano.

“Los grupos nacionalistas ucranianos, incluido el Movimiento Azov, están reclutando activamente a extremistas violentos por motivos raciales o étnicos -supremacistas blancos- para que se unan a varios batallones de voluntarios neonazis en la guerra contra Rusia”, dice el documento. “Individuos del RMVE-WS en Estados Unidos y Europa han anunciado su intención de unirse al conflicto y están organizando su entrada en Ucrania a través de la frontera polaca”.

El documento, redactado por la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras, la Oficina de Inteligencia y otras instituciones de Seguridad Nacional, contiene relatos de entrevistas realizadas por la policía a ciudadanos estadounidenses que se dirigían a Ucrania para luchar contra Rusia.

Uno de esos voluntarios, entrevistado a principios de marzo, “admitió haber entrado en contacto con la Legión Nacional Georgiana, pero decidió no unirse al grupo porque se le acusaba de crímenes de guerra”, dice el documento. En cambio, el voluntario “esperaba obtener un contrato de trabajo con el Batallón Azov”.

La entrevista se realizó casi un mes antes de que fueran denunciados otros crímenes de guerra cometidos por la Legión Georgiana. Sin embargo, la acusación del voluntario también puede referirse a la ejecución ilegal de dos hombres que habían intentado cruzar un puesto de control ucraniano, o a otro delito no denunciado y conocido por personas de dentro de las redes de voluntarios.

Una de las principales “lagunas de inteligencia” enumeradas en el documento se refiere a la falta total de supervisión del gobierno de Estados Unidos en la guerra por delegación que está patrocinando en Ucrania. La campaña armamentística de la OTAN no ha ofrecido ninguna garantía de que las armas occidentales no caigan en manos de los nazis. ¿Qué tipo de entrenamiento están recibiendo los combatientes extranjeros en Ucrania para que acaben proliferando en las milicias y grupos nacionalistas blancos con sede en Estados Unidos?

La revista “Politico” trató de minimizar e incluso desacreditar el contenido explosivo del documento insertando la advertencia de que el documento del Departamento de Seguridad Nacional “se hace eco de uno de los principales puntos de propaganda del Kremlin”. Pero como muestra este informe, la presencia de neonazis estadounidenses empedernidos en las filas del ejército ucraniano está lejos de ser propaganda del Kremlin.

De matón callejero fascista a mercenario en una unidad respaldada por Estados Unidos

Entre los nacionalistas blancos estadounidenses más destacados que sirven actualmente en el ejército ucraniano se encuentra Paul Gray. El veterano del ejército estadounidense pasó casi dos meses luchando en la Legión Nacional Georgiana, una unidad militar ucraniana que ha sido celebrada por los legisladores estadounidenses por cometer múltiples crímenes de guerra.

Además de haber servido en el ejército estadounidense, Gray es un veterano de varias batallas callejeras contra grupos de izquierda en Estados Unidos. El pasado mes de abril, fue trasladado a un hospital en un “lugar no revelado” de Ucrania por las heridas sufridas en combate. Esta vez sus oponentes no eran antifascistas enmascarados, sino soldados del ejército ruso.

Sin duda, Gray no es sólo un padre de familia suburbano enfadado al que los medios de comunicación califican de fascista porque se puso a despotricar en una conferencia de padres y profesores. Es un antiguo miembro de varios grupos fascistas, como el ya desaparecido Partido Tradicionalista de los Trabajadores, American Vanguard, Atomwaffen Division y Patriot Front.

Es también un antiguo soldado de la 101 División Aerotransportada, condecorado con un Corazón Púrpura y desplegado varias veces en Irak. Estaba dispuesto a dar lecciones y entrenamiento en el campo de batalla a los ucranianos que participaban en una guerra por delegación contra Rusia, apoyada por Estados Unidos. El pasado mes de enero, durante su estancia en Ucrania, se unió a la Legión Georgiana, una organización dirigida por un notorio señor de la guerra que ha mantenido visitas amistosas con destacados miembros del Congreso de Estados Unidos, al tiempo que se jactaba de autorizar horribles crímenes de guerra en Ucrania.

Gray es uno de los al menos 30 estadounidenses que luchan actualmente en la Legión Georgiana. Esta unidad se encuentra, por tanto, en el corazón del conducto que está canalizando armas estadounidenses y militantes fascistas extranjeros al ejército ucraniano, mientras el Congreso y los medios de comunicación estadounidenses lo alientan.

La cadena Fox entrevistó a Gray no menos de seis veces, presentándolo como un heroico soldado de élite que se sacrifica en defensa de la democracia. Pero no informó a sus espectadores de la identidad de Gray hasta su última aparición, ocultando así su pasado neonazi.

Para los tejanos que fueron testigos de los desmanes callejeros de las organizaciones fascistas locales en los últimos cinco años, Gray era una cara conocida. En 2018 fue citado por la policía local por invadir el campus de la Universidad pública de Texas en San Marcos. En ese momento, repartía octavillas del Frente Patriótico, una organización fascista dirigida por Thomas Rousseau. Mientras que Gray, junto con otras dos personas, fue identificado por la universidad, se ocultaron los nombres de otras cinco personas, lo que llevó a acusar a “la universidad de proteger a los supremacistas blancos”.

Macarras nazis de distintos colores

Rousseau ascendió a través de las filas de Vanguard America, una organización en crecimiento dentro del nacionalismo blanco. Pero el grupo se desmoronó rápidamente después de que uno de sus miembros, James Alex Fields, de 19 años, embistiera con su coche a decenas de personas que protestaban en la ya famosa concentración “Unite the Right” en Charlottesville en 2017, tras ser fotografiado con un escudo con el emblema de la organización. El ataque dejó a un manifestante muerto y a Fields encerrado de por vida. El fundador de Vanguard America, Rousseau, abandonó posteriormente el grupo para formar el Patriot Front.

Gray se unió a Patriot Front para proporcionar entrenamiento de combate a sus compañeros veteranos. También ayudó al grupo a desbaratar la Feria del Libro Anarquista de Houston en 2017. Ha estado relacionado con el Partido Tradicionalista de los Trabajadores, uno de los principales organizadores de la manifestación “Unite the Right” en Charlottesville, así como con la División Atomwaffen, una organización neonazi cuyos miembros se entrenaron con el Batallón Azov de Ucrania, y que ha sido designada como organización terrorista ilegal por Reino Unido y Canadá.

En los registros de chat filtrados, Atomwaffen celebró las sangrientas hazañas de un miembro que asesinó a un estudiante judío gay en diciembre de 2017. Otro miembro masacró a los padres de su propia novia. Otro miembro de Atomwaffen, Devon Arthurs, asesinó a sus compañeros de casa neonazis ese mismo año después de que se burlaran de él por haberse convertido al islam.

Una de las víctimas de Arthurs, Andrew Oneschuk, había aparecido en el podcast oficial del Batallón Azov un año antes de su asesinato. El anfitrión animó al adolescente y a otros estadounidenses a ir a Ucrania para unirse al Batallón Azov, algo que Oneschuk ya había intentado hacer en 2015, sin éxito.

Los detalles de la implicación de Gray con Atomwaffen y el Partido Tradicionalista de los Trabajadores quedaron sin explicar, pero colaboró con la organización neonazi Vangaurd America, así como con Patriot Front.

En 2017 ayudó a organizar un mitin en el que participaron Vanguard America y Mike “Enoch” Peinovich, un destacado bloguero de la supremacía blanca. El evento fue anunciado como “un movimiento de blancos afines que se unen para luchar contra las hordas enfermas de escoria antiblanca, antifascista y comunista que parasitan y subvierten a la buena gente de Bat City”. El Daily Stormer, un popular blog neonazi, saludó la confabulación fascista como una reunión de “hombres blancos orgullosos que se levantaron y hablaron contra los judíos y sus hordas sin reservas”.

Antes de la reunión fascista, Gray consiguió convencer al representante estatal de Texas, Matt Schaefer, para que patrocinara el mitin, prometiéndole que el evento era para apoyar a “los dirigentes conservadores y las políticas que buscan”. Más tarde, Schaefer se disculpó por haber accedido a la petición de Gray, alegando que le habían “mentido”. Con el tiempo, Gray llegó a ser tan prominente en los ambientes neonazis de Texas que se convirtió en el objetivo de los grupos “antifa” locales, que lo denunciaron y difundieron fotos suyas en concentraciones fascistas. También revelaron que en Facebook le habían “gustado” varias páginas neonazis, entre ellas Liftwaffe, un “grupo de halterofilia de temática nazi” que lleva el nombre de la fuerza aérea alemana nazi.

En una de las fotos se puede ver a Gray en 2017 con una camiseta con el logotipo del podcast neonazi Exodus Americanus. Ese mismo año, la hermana de Gray abrió una cafetería en el este de Austin que se convirtió en el objetivo de las protestas contra la gentrificación. Gray reunió a tres de sus amigos, todos ellos veteranos militares, para enfrentarse a los manifestantes. Cuando más tarde apareció en el podcast Exodus Americanus, sus anfitriones lo presentaron como “nuestro amigo de Texas” y “uno de los nuestros”, y describieron a los manifestantes como “hordas marrones” y “el escuadrón local de frijoles”.

Durante la entrevista, Gray contó que él y sus amigos “hicieron retroceder” a los manifestantes. Uno de los presentadores cerró la entrevista recitando el eslogan “El poder para los blancos”.

A principios de 2021, Gray viajó a Kiev (Ucrania) y abrió un gimnasio, lo que le ayudó a integrarse en la cultura de las artes marciales mixtas, popular entre los nazis locales.

Las televisiones adulan a los neonazis

A principios de febrero de 2022, cuando se acercaba la guerra con Rusia, el conocido neonazi estadounidense se unió a la Legión Georgiana y comenzó a entrenar a civiles y voluntarios en técnicas militares estadounidenses. Sus hazañas las cubrió de elogios una emisora de la NBC en San Antonio (Texas), que afirmó: “Desde el frente de Ucrania, el veterano Paul Gray utiliza su vasta experiencia militar para empoderar a una nación”.

La cadena Fox también descubrió a Gray en ese momento. Lo retrató como un Rambo estadounidense que llevaba a los ucranianos a la batalla contra la maquinaria de guerra de Putin. En las dos primeras semanas de marzo, la cadena presentó a Gray en cuatro ocasiones, lo que le dio una amplia oportunidad para hablar de la expansión de la “democracia” y establecer paralelismos favorables entre Ucrania y su estado natal, Texas.

El 1 de marzo, cuando Gray fue entrevistado por primera vez en Fox News, el reportero Lucas Tomlinson señaló que “sólo quiso darnos su nombre de pila”. Dos días después, fue entrevistado de nuevo en Fox, donde describió la guerra en Ucrania como “su 1776”. Según Gray, la Legión Georgiana “entrena a cientos de personas cada día. Estamos ahí fuera. Hay estadounidenses, británicos, canadienses y toda la gente de los países libres de Europa y América y más allá”.

Al preguntarle si hay una “insurgencia en marcha”, Gray respondió que “la gente estaba allí haciendo todo lo posible para ayudar a sus soldados en el frente y para ayudar a sus vecinos en algún tipo de insurgencia si es necesario”.

Gray concluyó la entrevista con un llamamiento para que se envíen más armas estadounidenses a Ucrania, a la que llamó “el arsenal de la democracia”. El presentador de la Fox, Pete Hegseth, preguntó a Gray si estaba dispuesto a matar rusos, pero el combatiente extranjero no quiso responder a la pregunta, cambiando de tema y discutiendo con Hegseth el hecho de que ambos sirvieron en la 101 División Aerotransportada.

El 8 de marzo, Tomlinson, de la cadena Fox, recordó un viaje que hizo al “campo de entrenamiento” de la Legión de Georgia, donde conoció a Gray. “Dijo que había un pelotón de americanos allí. Cuando le pedí que me lo enseñara, no me lo quiso mostrar, pero dice que hay 30 estadounidenses que se han unido a él”.

De nuevo, el 12 de marzo, Fox entrevistó a Gray. Mientras que en entrevistas anteriores Gray utilizaba el emblema de la Legión Georgiana como telón de fondo, ahora había sido desplegado en Kiev y llevaba su parche mientras sostenía un rifle. Durante la entrevista, Gray acusó a Rusia de crímenes de guerra y genocidio contra los ucranianos, a los que calificó como “los más fuertes de los europeos”, y volvió a pedir a Estados Unidos que envíe su “arsenal de democracia” y “ayude a los ucranianos con el espacio aéreo”.

En las cuatro primeras apariciones de Gray en Fox News, su nombre no se hizo público. Sin embargo, dos medios de comunicación locales identificaron al favorito de Fox por su nombre completo durante el mismo periodo. Ninguno de estos informes mencionó su estrecha relación con los neonazis.

Después del 29 de marzo, Gray desapareció de los medios de comunicación durante casi un mes. Sólo reapareció tras ser herido en combate el 27 de abril, cuando fue entrevistado en Coffee or Die, la revista de la Black Rifle Coffee Company, popular entre las fuerzas del orden y los militares reaccionarios. Gray dijo al corresponsal de Coffee or Die, Nolan Peterson: “Estábamos preparados para un tanque en la carretera cuando la artillería nos alcanzó. Un muro de hormigón me protegió, pero luego se me cayó encima.

Gray y su compañero Manus McCaffery fueron trasladados al hospital “en un lugar no revelado”, según Peterson, que afirma que ambos estaban “trabajando en equipo para apuntar a tanques y vehículos rusos con misiles antitanque Javelin de fabricación estadounidense”.

Las fotos facilitadas por Gray a la publicación le muestran a él y a McCaffery posando en Ucrania con dos parches parlantes en sus uniformes. Uno de ellos parecía representar a la organización fascista Sector Derecho, pero la espada que suele figurar en el emblema del grupo fue sustituida por un casco de gladiador. La otra cresta representaba un fascio literal.

Forbes también informó de que Gray y McCaffery habían sido heridos en Ucrania, pero al igual que Coffee or Die, no mencionó sus afiliaciones neonazis. Gray declaró que tiene previsto volver al campo de batalla en cuanto se recupere.

Unos 19 días después de su lesión, Fox volvió a hablar con Gray. La cadena no mencionó el pasado neonazi del combatiente extranjero, pero por primera vez se refirió a él por su nombre completo en dos segmentos de emisión. Uno de los reportajes de la Fox destaca el arma elegida por Gray: el misil antitanque Javelin, de fabricación estadounidense, mostrándolo junto a un tanque ruso que supuestamente ha destruido. “Muerte confirmada”, dice un Gray autocomplaciente.

Cuando Paul Gray se alistó en la Legión Nacional Georgiana, se unió a miles de voluntarios extranjeros deseosos de luchar contra los rusos en el campo de batalla ucraniano. El dirigente de la Legión, el señor de la guerra georgiano Mamuka Mamulashvili, es un antiguo luchador de artes marciales mixtas que comparte el entusiasmo de Gray por el combate cuerpo a cuerpo. Mamulashvili, que se encuentra en su quinta guerra contra la Federación Rusa, habría sido enviado a Ucrania ante la insistencia de Mikheil Saakashvili, ex presidente georgiano encarcelado que lleva mucho tiempo actuando en Estados Unidos.

Los miembros del Congreso de las principales comisiones de política exterior recibieron a Mamulashvili en sus oficinas del Capitolio. Y los nacionalistas ucranianos-americanos recaudaron dinero para su Legión Georgiana en las calles de Nueva York. Gray se une ahora a una creciente lista de veteranos de la Legión Georgiana con antecedentes nazis. Esa lista incluye a Joachim Furholm, un activista fascista noruego que estuvo brevemente encarcelado tras intentar robar un banco en su país natal.

Después de unirse a la Legión Georgiana, Furholm intentó en repetidas ocasiones reclutar a neonazis estadounidenses en las filas del Batallón Azov, que le había preparado un alojamiento cerca de Kiev, así como “instalaciones de entrenamiento para los voluntarios extranjeros que intentaba reclutar”.

“Ucrania es un laboratorio para el fascismo. Son las condiciones perfectas”. Es como una placa de Petri para el fascismo. Estas son las condiciones perfectas”, dijo Furholm sobre Ucrania en una entrevista de podcast. Refiriéndose a Azov, dijo que “realmente pretenden ayudar al resto de Europa a apoderarse de nuestras tierras legítimas”.

Furholm pidió a los oyentes que se pusieran en contacto con él en Instagram. Cuando un joven de Nuevo México le tendió la mano, el noruego le instó a unirse a la lucha en Ucrania: “Ven aquí, amigo, hay una pistola y una cerveza esperándote”.

Las apariciones de Furholm en los medios de comunicación no se limitaron a los podcasts neonazis marginales. Después de dar un discurso en un mitin de Azov en 2018, fue entrevistado por la Radio Free Europe del gobierno estadounidense.

El nazi que intentó asesinar a su mujer con armamento pesado

Hay un veterano de la Legión Georgiana cuyas hazañas violentas lo han hecho más famoso que incluso Furholm. Es un veterano del ejército estadounidense llamado Craig Lang. Es un asesino buscado que sigue el rastro de Estados Unidos desde la frontera venezolana hasta Ucrania.

Craig Lang es un veterano de Irak y Afganistán que fue herido en este último teatro. Tras regresar a su casa para recibir tratamiento médico, se enzarzó en una discusión con su mujer embarazada, que se vengó enviándole un vídeo en el que aparecía manteniendo relaciones sexuales con otros hombres. Lang recogió rápidamente un chaleco antibalas, gafas de visión nocturna y dos rifles de asalto, dejó su base en Texas y condujo directamente a Carolina del Norte, donde vivía su esposa.

Allí rodeó su piso con minas terrestres e intentó asesinarla. El intento fallido de venganza de Lang le valió una baja deshonrosa y una pena de prisión que se redujo a un breve periodo de unos meses, ya que el ejército conocía su historial de enfermedad mental.

Tras su liberación, Lang siguió yendo y viniendo de la cárcel antes de dirigirse a Ucrania, donde conoció a otro veterano del ejército, Alex Zwiefelhofere. Los dos hombres se unieron a la organización fascista Sector Derecho en 2015, mientras que Lang habría reclutado a decenas de combatientes en Occidente.

En 2016 Lang estuvo luchando junto a la Legión Nacional Georgiana en la región oriental de Donbass, concediendo entrevistas en nombre de la unidad. Mientras estaba en el frente en 2017, Lang y otros seis estadounidenses fueron investigados por el Departamento de Justicia y el FBI bajo la sospecha de “cometer o participar en torturas, tratos crueles o inhumanos, o asesinatos de personas que no estaban (o estaban dejando de estar) tomando parte activa en las hostilidades y/o infligirles intencionadamente grandes daños corporales”.

Lang y los demás sospechosos “tomaron prisioneros a los no combatientes, les dieron puñetazos, patadas, los golpearon con un calcetín lleno de piedras y los mantuvieron bajo el agua”. Lang, de quien se dice que es el “principal instigador” de la tortura, “puede incluso haber matado a algunos de ellos antes de enterrar sus cuerpos en tumbas sin nombre”. Un ciudadano estadounidense a las órdenes de Lang mostró a los investigadores del FBI un vídeo en el que Lang golpeaba, torturaba y finalmente mataba a un vecino. Otro vídeo muestra a Lang golpeando y ahogando a una joven después de que un compañero le inyectara adrenalina para que no perdiera el conocimiento mientras se ahogaba. Lang presuntamente cometió estos delitos como miembro del Sector Derecho.

De Ucrania a África y Venezuela para seguir ‘matando comunistas’

Mientras la guerra de baja intensidad continuaba en el este de Ucrania, en la región de Donbas, se decía que Lang y Zwiefelhofere se habían “cansado de la monotonía de la guerra de trincheras”. En una búsqueda desesperada de acción de combate de alta intensidad, el dúo viajó a África, aparentemente para luchar contra Al-Shabaab, pero fue rápidamente deportado por las autoridades kenianas.

De vuelta a Estados Unidos, el dúo decidió viajar a Venezuela para derrocar a su gobierno socialista y “matar comunistas”. Para financiar su expedición y obtener armas y municiones, publicaron un anuncio en el que decían vender armas. Cuando una pareja de Florida respondió al anuncio, condujeron hasta el Estado del Sol y los asesinaron en su casa, robándoles 3.000 dólares. No está claro cómo Lang consiguió salir de Estados Unidos tras cometer el asesinato, ni tampoco por qué no fue detenido inmediatamente para ser interrogado por el FBI en el marco de la investigación de crímenes de guerra de la oficina en Donbás. De algún modo, el delincuente buscado consiguió cruzar de Estados Unidos a Colombia y volver a Ucrania.

Varios meses después de los asesinatos, Lang y Zwiefelhofer llegaron a Cúcuta (Colombia), una ciudad fronteriza con Venezuela que servía de base para operaciones de desestabilización contra el gobierno de Caracas. Allí se unieron a una banda de insurgentes que pretendía atacar al ejército venezolano. Zwiefelhofer fue detenido a su regreso a Estados Unidos, mientras que Lang logró escapar de la justicia al regresar a Ucrania.

Aunque está en busca y captura para su extradición a Estados Unidos, el abogado de Lang, Dmytro Morhun, dijo que su cliente aparentemente había regresado al campo de batalla. Al informar sobre la pertenencia de Lang a una “brigada de voluntarios” no identificada, señaló que también había reaparecido en las redes sociales con una nueva cuenta de Twitter en la que aparecía una foto suya “vistiendo un uniforme militar ucraniano y blandiendo un arma antitanque”.

La cuenta de Twitter de Lang ofrece una fuerte pista sobre su pertenencia a Sector Derecho, la antigua banda callejera ahora incorporada al ejército ucraniano. Se trata de la misma unidad a la que pertenecía Lang cuando supuestamente torturó a una mujer hasta la muerte.

La impactante saga de Craig Lang, que en su día fue un tema candente, desapareció convenientemente del radar mediático tras la invasión rusa de Ucrania a finales de febrero. El artículo de Politico del 24 de mayo contenía su primera mención en los medios de comunicación convencionales durante meses, con su nombre enterrado en el artículo.

Por su parte, Gray sigue recibiendo una brillante cobertura mediática a pesar de que se han descubierto sus vínculos con organizaciones neonazis. Mientras tanto, los treinta estadounidenses que supuestamente lucharon junto a él siguen sin ser identificados.

Como ha reconocido en privado el Departamento de Seguridad Nacional, es probable que nazis como Gray y sus compatriotas vuelvan pronto al frente de batalla, trayendo consigo una serie de tácticas de combate y nuevas conexiones con una red internacional de militantes fascistas y criminales de guerra. Lo que sucederá entonces es una incógnita.

Alex Rubinstein https://www.mintpressnews.com/dhs-concerned-nazi-paul-gray-returning-to-us-fighting-in-ukraine/280989/

Los nazis ucranianos son los residuos del fracaso de las operaciones antisoviéticas de la CIA

En 2017 la CIA publicó unos 13 millones de páginas de documentos desclasificados, entre ellos sobre la Guerra Fría y la Organización de Nacionalistas Ucranianos y el Ejército Insurgente Ucraniano (OUN-UPA). Entre los documentos publicados hay una referencia del 4 de febrero de 1948 al dirigente de la OUN, Stepan Bandera: “Era miembro de la organización terrorista OUN y estaba relacionado con el asesinato de [Bronislaw] Peracki, ministro del Interior polaco”.

Tras el asesinato de Peracki, el gobierno polaco detuvo a casi todos los dirigentes de la OUN, incluido Bandera, y los condenaron a muerte. Pero la sentencia no se ejecutó.

Documentos de archivo de la CIA indican que el servicio secreto estadounidense financió a la OUN después de la Segunda Guerra Mundial para contrarrestar a la Unión Soviética. Sin embargo, las cantidades y los nombres de los bancos a través de los cuales se canalizó la financiación aparecen suprimidos de los documentos.

Los servicios de inteligencia occidentales se interesaron por los movimientos y grupos antisoviéticos de Europa del Este inmediatamente después del final de la Segunda Guerra Mundial. Decenas de miles de ucranianos acabaron en campos de desplazados en las zonas de ocupación occidentales de Alemania, Austria e Italia.

Muchos de ellos eran miembros de la OUN-UPA o simpatizantes de los nacionalistas ucranianos. Tras la derrota de las principales fuerzas del UPA en Polonia y la Ucrania soviética, muchos de los banderistas supervivientes huyeron hacia el oeste, infiltrándose en la zona controlada por los estadounidenses a través de Checoslovaquia. Moscú ofreció a los estadounidenses extraditar a la URSS a los criminales implicados en el movimiento nacionalista. Pero los estadounidenses ignoraron la petición de la URSS.

En 1948 la CIA, en colaboración con los servicios de inteligencia de Inglaterra, Alemania Occidental e Italia, puso en marcha una operación cuyo nombre en clave era “Cartel”. El jefe del servicio de seguridad de la OUN, Mikola Lebed, fue elegido como contacto principal en ese momento. Los servicios de inteligencia estadounidenses y británicos proporcionaron apoyo financiero y material, así como campos de entrenamiento, adiestraron a los agentes y luego los llevaron en avión a Rusia. La operación pronto recibió el nombre de “Aerodynamic”.

Tras recabar información, Occidente llegó a la falsa conclusión de que en Ucrania occidental existía un movimiento de resistencia masivo con apoyo popular. De hecho, las grandes unidades de Bandera ya habían sido derrotadas y las fuerzas restantes habían pasado a la clandestinidad y estaban perdiendo rápidamente su eficacia en el combate. Los servicios especiales anglo-británicos intentaron ampliar sus operaciones para apoyar y desarrollar el movimiento ucraniano.

Sin embargo, el MGB de la URSS derrotó a sus “socios” occidentales. En particular, los agentes occidentales enviados para establecer vínculos con los banderitas fueron desenmascarados y desaparecieron. En total, en el curso de las actividades operativas de contrainteligencia soviética desde 1951 hasta 1959, en el marco de la Operación Link, fueron neutralizados 33 agentes de la CIA y de la inteligencia británica. Algunos de ellos fueron convertidos y utilizados en operaciones de radio, transmitiendo desinformación a Occidente.

Los estadounidenses y los británicos, al darse cuenta de que la operación había fracasado debido a la oposición del enemigo, volvieron a centrarse en 1954 en la guerra informativa e ideológica contra los rusos a través de un programa llamado “Prologue”. A principios de la década de 1980, el nombre en clave pasó a ser “Qrdynamic”, luego “Pddynamic” y “Qrplumb”. La operación no se cerró definitivamente hasta 1990.

La edición estadounidense de Politico, en un artículo de su columnista Casey Michel titulado “Una operación secreta de la CIA para apoyar la independencia de Ucrania”, informa de una «nueva estrategia» de Estados Unidos hacia Rusia y Ucrania.

El autor recuerda la “Operación Medias Rojas” y los Mi-6 de la CIA, en la que se introdujeron agentes en el oeste de Ucrania utilizando aviones de transporte para establecer vínculos con las bandas locales de la OUN-UPA. Los agentes fueron reclutados en las filas de los nacionalistas ucranianos. Los estadounidenses sabían con quiénes estaban contactando: los acólitos de Hitler.

“Eran los verdaderos nazis”, señaló un oficial de operaciones de la CIA. Y lo que es peor, porque muchos de ellos hacían el trabajo sucio para los nazis.

Pero eso no les molestó.

Los agentes reunieron importante información sobre las defensas soviéticas y se esperaba que apoyaran el desarrollo del movimiento nacionalista en Ucrania, extendiendo su influencia desde el oeste al este y, finalmente, a Bielorrusia, Polonia y el Báltico. El objetivo principal era dividir el imperio soviético. En el centro de la operación se encontraba un levantamiento a gran escala en Ucrania. Si hubiera tenido éxito, Ucrania se habría convertido en una base de operaciones estadounidense. Decenas de agentes participaron en la misión, que se convirtió en una de las mayores operaciones encubiertas de Estados Unidos en Europa.

Sin embargo, como reconoce el autor, “la CIA sufrió una de las más amargas derrotas de la época de la Guerra Fría”.

La misión de varios años fue un fracaso. La inteligencia soviética logró interceptar prácticamente a todos los agentes occidentales. Fueron eliminados o capturados, algunos fueron reclutados. Así, los estadounidenses y los británicos continuaron la operación e incluso financiaron las falsas estructuras de la “clandestinidad ucraniana” creadas por los soviéticos. Al mismo tiempo, se enviaba desinformación a Occidente a través de ellos. Estados Unidos trató de olvidar este fracaso.

La razón principal de este fracaso es que cuando los países occidentales comenzaron su operación, el movimiento de resistencia en Ucrania ya había sido casi derrotado. Los supuestos grupos de resistencia estaban engañados o completamente controlados por la seguridad del Estado soviético. Pero los estadounidenses no lo sabían. Además, para que la sublevación tuviera éxito se necesitaba un fuerte ejército externo. Occidente no estaba preparado para un enfrentamiento armado con la URSS.

Hoy, según el autor, la situación en Ucrania ha cambiado fundamentalmente: “Hay un nuevo actor sobre el terreno: el ejército ucraniano, que está bien establecido (no sin la ayuda de los países occidentales). Este es un factor decisivo que ayudará a Kiev a mantener su posición frente a Moscú. Occidente proporciona colectivamente ayuda material a Kiev. Sin embargo, Ucrania corre el riesgo de quedar dividida”.

—https://topwar.ru/196698-kak-cru-poterpelo-porazhenie-v-odnoj-iz-naibolee-znachitelnyh-tajnyh-operacij-v-evrope.html

La foto de portada muestra a los soldados de la unidad militar 3229 del Ministerio de Seguridad del Estado de la URSS en el bosque Korostensky en 1949, durante la liquidación de las unidades de la UNO-UPA en el oeste de Ucrania

Rusia no blanqueará los crímenes cometidos por los nazis ucranianos

El Parlamento ruso votará una ley para prohibir cualquier intercambio de prisioneros con los nazis del Batallón Azov. El personal militar que forma parte del ejército regular y no ha cometido crímenes de guerra está protegido por la Convención de Ginebra. Los neonazis no se incluyen dentro de esa categoría y el derecho internacional humanitario no ampara a los criminales de guerra.

La Duma está sentando las bases de los juicios contra los criminales de guerra nazis capturados en Mariupol. Para ello ha establecido una diferencia de principio entre las fuerzas armadas regulares, que son prisioneros de guerra, acogidos a las normas internacionales y el derecho huamnitario, y las bandas paramilitares nazis, que van a ser juzgadas por los crímenes cometidos desde 2014.

Además de los 300 soldados ucranianos que salieron de la acería Azovstal, el Ministerio de Defensa ruso asegura que se han rendido otros 700 más, entre ellos 29 heridos. En total, el Ministerio estima que unos 2.000 soldados ucranianos pueden haber estado escondidos en Azovstal.

Varios miembros de la Duma se han pronunciado abiertamente en contra de que los nazis ucranianos se incluyan en los intercambios de prisioneros entre ambas partes. El diputado Oleg Morozov, Presidente del Comité de Control de la Duma, dijo que recomendarán no intercambiar a los nazis del Batallón Azov. “Trataremos a los heridos, respetaremos la Convención sobre prisioneros y los trataremos con humanidad. Pero no dejaremos que nadie se vaya. Cada uno tendrá lo que se merece, según el tribunal. Los crímenes de los nazis no se blanquean, ni sus tatuajes corporales”.

Esa es también la posición del Presidente de la Duma, Viacheslav Volodin: “Los criminales nazis no deben ser intercambiados. Hoy, los comités plenarios de la Duma Estatal se han encargado de resolver la cuestión de la prohibición del intercambio de criminales nazis. Nuestro país trata con humanidad a quienes se han rendido o han sido capturados. Pero en lo que respecta a los nazis, nuestra posición no debe cambiar: son criminales de guerra y debemos hacer todo lo posible para llevarlos ante la justicia”.

El diputado Andrei Kartalopov, Presidente del Comité de Defensa de la Duma, dijo que van a presentar al respecto un proyecto de resolución en la Duma. Volodin le pidió al diputado Wasserman que lo preparara, para que pudiera ser votado, después de que este último afirmara que el intercambio de un solo nazi del Batallón Azov sería considerado por Occidente como una de sus victorias.

El asalto a la acería Azovtsal no será una epopeya

El asalto ruso a los subterráneos de la acería Azovtsal de Mariupol estaba destinado a ser la gran epopeya de la Guerra de Ucrania, a la altura de El Álamo, cuando John Wayne y los suyos desafiaron a un ejército mexicano, muy superior en número. Nos espera una serie de Netflix, pero aún es pronto para escribir el final.

El destino de quienes se han refugiado en los sótanos, los nazis del Batallón Azov y sus jefes de la OTAN, es el mismo de Ucrania. No tienen la más mínima oportunidad, pero el Pentágono les ha prohibido rendirse porque una serie de éxito no puede tener ese final. Tienen que resistir, pero no hasta el último aliento, como en El Álamo.

Rusia les niega cualquier salida honrosa, una evacuación sin alzar las manos, hacia un país, como Turquía, que se ha ofrecido de mediador. Se les ha acabado el rancho y han empezado a comerse los cerdos a los que han encerrado con ellos. Pero los cerdos tampoco tienen comida.

Las familias ven un final desolador y vuelven sus miradas contra Zelensky, el “Garant” (garante) de la constitución y la ley en Ucrania. La viceprimera ministra ucraniana, Iryna Vereshchuk, está censurando sus mensajes en las redes sociales. Ya no hay noticias de ellos.

Para inflar el drama hace sólo unos días decían que había 3.000 hombres encerrados; ahora Vereshchuk ha reducido a cifra a la tercera parte. “Compartimos su preocupación”, dice invariablemente la web oficial del Estado Mayor ucraniano cuando un familiar busca alguna información.

A algunos los han llevado hasta el Vaticano para hacerse la foto con el Papa y llenar de lástima las portadas de los noticiarios. Pero las imágenes les han traicionado. Esos mismos familiares aparecen en otras fotos con las banderas nazis y los fusiles de asalto del Batallón en las manos.

En una entrevista el fundador y primer comandante del Batallón, Andriy Biletsky, dice que la ONU se negó a evacuar a los nazis, alegando que iba en contra de su política de atender a los combatientes heridos: “Son soldados, por lo que tienen dos salidas. O se rinden o mueren” (*).

Los integrantes del Azov no tienen una profesión civil, ya que se alistaron a los 16 ó 17 años. Se trata de una tropa muy joven. “Algunos de ellos todavía eran escolares en 2014… un número significativo de combatientes de Azov son nacionalistas ucranianos ideológicos”, añadió el dirigente nazi. Es lo mismo que dice La Sexta: no son nazis, sólo “ultranacionalistas”.

No saben hacer nada; no son nada sin un arma en la mano. En la misma entrevista Biletsky también reconoce que el Batallón es una unidad adiestrada por instructores de la OTAN durante ocho años completos, 24 horas al día, los 7 días de la semana.

Las fotos de los heridos, publicadas por los medios de comunicación ucranianos, muestran a personas de mediana edad, posiblemente mercenarios. El diario británico The Guardian escribe que piden ayuda a la Cruz Roja. Rusia se la ha ofrecido pero la han rechazado. Es algo que tampoco puede ir al guión de la serie que se está escrbiendo.

El Batallón Azov, como el pistolero de Buffalo que mató a 10 personas en un supermercado, está defendiendo a la raza blanca. “Sí, soy fascista”, escribió en un manifiesto de 180 páginas. En Estados Unidos y en Ucrania la OTAN necesita a esos voluntarios para proteger a una raza blanca amenazada.

Hasta The War Zone, una publicación de financiada por el Pentágono, se interesa por un guión a la carta. “A pesar de semanas de incesantes ataques aéreos y terrestres, las fuerzas ucranianas dicen que siguen controlando la mayor parte de la planta siderúrgica de Azovstal”, asegura un reportaje. “Planean luchar hasta el último hombre”, añade. El relato no puede ser más peliculero: “Los rusos pudieron entrar en la fábrica porque un trabajador de Azovstal traicionó a Ucrania y les habló de los túneles subterráneos que conducían a ella”.

(*) https://svpressa.ru/war21/article/333830/


Esta mañana las tropas ucranianas que permanecen en la acería han llegado a un acuerdo con las rusas para evacuar a los heridos a un hospital de Donetsk. El acuerdo se ha negociado sin la participación del gobierno de Zelensky ni del ejército ucraniano.

Diez soldados ucranianos salieron con banderas blancas de uno de los agujeros. En total el número de soldados atrapados en la acería es de 2.227, de los que 51 heridos se han rendido. 20 de ellos son incapaces de caminar. Según fuentes rusas sobre el terreno, además de los heridos se han rendido 300 integrantes del Batallón.

Mujeres secuestradas y violadas por los nazis ucranianos

Este artículo de archivo fue escrito el 5 de abril de 2016, a raíz de un encuentro con Natasha, una prisionera política, que logró escapar del Donbass ocupado a Donetsk. Su detención arbitraria fue llevada a cabo por una unidad independiente de Pravy Sektor, que la llevó a un lugar infernal, donde se violaba a las mujeres y se torturaba y asesinaba a la gente. No estaba lejos de Novogrodivka, en la retaguardia del frente de Donetsk.

Los más de veinte días que pasó en un sucio callejón sin salida entre torturados y asesinados fueron el equivalente a toda una vida. Es sin duda uno de los peores testimonios recogidos por Laurent Brayard en su momento, y esta única entrevista demuestra la verdadera naturaleza del régimen ucraniano, desde el Maidan hasta hoy.

Pero lo peor es que esta mujer fue entrevistada en Donetsk por la Cruz Roja, la ONU y funcionarios de la OSCE. Hoy esta gente respira y vive con lo que ha escuchado. Cómo pueden vivir con esta carga en su conciencia es otra cuestión. Es peor que un descenso a los infiernos, una inmersión en una película de terror, aunque sea real.

Una sencilla mujer del Donbass sumergida en el horror

Natacha, de 55 años, llega una mañana a nuestras oficinas. Son otros presos torturados los que le han indicado el trabajo que hago. Modesta y casi tímida, no se atreve a sentarse. Me pasaría más de dos horas escuchando el espantoso testimonio que me da, la historia de una simple mujer atrapada en una vorágine de tortura y violencia de Pravy Sektor y la Ucrania del Maidan. Este testimonio es sin duda el más duro que he escuchado, y eso que he escuchado demasiados.

“Nací en el Donbass y he vivido allí toda mi vida, vivía en una aldea cerca de Pervomaiskoe, no muy lejos de Makeevka y Donetsk. Era controladora de la compañía local de gas y, aunque nunca me interesó la política, participé en la organización del referéndum para la federalización de Ucrania en la primavera de 2014. Hay que decir que también fui concejal de mi pueblo. A pesar de ello, cuando vimos venir a las tropas ucranianas, no huí, no era consciente de lo que me iba a pasar. Por supuesto que estaba a favor de la RPD [República Popular de Donesk], de la insurgencia, pero no tenía ninguna actividad subversiva. Seguí con mi trabajo. Con una pequeña moto recorría bajo el fuego y los disparos toda la zona asignada para cortar las tuberías de gas, a menudo durante los bombardeos y lo hice hasta el 27 de enero de 2015, el día que me detuvieron”.

“Cuatro o cinco tipos fuertes con pasamontañas vinieron a mi casa gritando. Lo registraron todo y no encontraron nada, pero en mi teléfono había muchas direcciones de los puntos de gas a cortar y números correspondientes a las lecturas. Dijeron que era una coordinadora de la artillería del Ejército Republicano. No pude defenderme. Llovieron los golpes y me llevaron en un vehículo. Me habían tapado la cabeza y los ojos con cinta adhesiva, además de una bolsa. Durante el viaje, mientras estaba tumbada en la parte de atrás, un hombre no dejaba de interrogarme y de golpearme en la cabeza. Me llevaron a una sede de Pravy Sektor entre Celidovo y Novogrodovka, donde comenzó la tortura”.

En la antesala de la muerte y el infierno

“Estuve detenida 19 días, siete de ellos sin comer, sólo vitaminas en un vaso de agua y 11 días con las manos atadas, y hasta hoy tengo secuelas. Me golpearon con palos y con las manos desnudas, me rompieron casi todos los dientes superiores. Me tiraron al suelo y me golpearon en sesiones terribles. No vi a un médico hasta el undécimo día, no se me permitía ir al baño, solía hacer mis necesidades encima. En 19 días perdí muchos kilos y no podía caminar. Me rompieron y giraron todas las uñas y tengo un quiste en la espalda de tanto patear. También me acuchillaron ligeramente con un cuchillo y lo presionaron contra mi frente para obtener respuestas. Por la noche me metieron en un sótano, estábamos en las instalaciones de una mina. Podía escuchar los gritos de los torturados, muchos hombres pero también algunas mujeres. Estos gritos resonarán en mi cabeza toda mi vida”.

“Cuando me llevaron, pasé por una habitación en la que yacía una mujer joven de unos 25 años, su nombre era Carla o Christina, o algo así. Estaba completamente desnuda y atada en una cama, los torturadores venían y la violaban según sus deseos, ella lloraba débilmente llamando a su madre Mamiulia, Mamiula, no me hagas más daño, por favor. Era aterrador, era como un sueño. Fue aterrador, los torturadores me dijeron que era una francotiradora y que no tenía que saber más. La violaron durante mucho tiempo. Al final gemía y cuando la violaron, pude oír los postes de la cama golpeando la pared. Yo estaba al otro lado. Luego me encerraron en un sótano. Un día la joven torturada desapareció. No sé qué hicieron con ella. En este nuevo agujero me quedé dos días. No había calefacción, no podía dormir por el frío. El lugar estaba cubierto de sangre seca. Los agujeros de bala acribillaban literalmente una de las paredes. Era sin duda un lugar de tortura y ejecución de prisioneros. Se podían ver decenas de condones usados por todo el suelo, arrojados allí después de las violaciones. Había otras chicas gritando pero no podía verlas”.

Violaciones por esbirros de Pravy Sektor a manos de la policía política del SBU

“Me sacaron del sótano en estado demacrado y me encadenaron en un gimnasio donde había otra mujer llamada Galina Stepenienka. Tenía la cabeza hinchada y me dijo que había sido violada y golpeada repetidamente por soldados borrachos. Se nos prohibió hablar entre nosotros, bajo pena de muerte, pero pudimos hacerlo. Me quedé allí, de vez en cuando entraba un soldado y nos daba patadas o nos insultaba. Me dieron comida, un médico militar ucraniano me desató las manos al undécimo día, ya no podía usarlas. Me llevaron a un baño, pero no pude lavarme durante 19 días. El decimoctavo día colocaron a un joven preso en nuestra habitación, no muy golpeado, rápidamente comprendimos que era un falso preso y un chivato, de todas formas qué tenía que decir, ¡no había hecho nada! Todas las noches podíamos seguir oyendo los gritos de niñas violadas y torturadas, o de hombres maltratados”.

“El decimonoveno día, me llevaron en un estado lamentable a Druzhovka, cerca de Kramatorsk, a una especie de cuartel general del SBU o algo así. Allí la gente no estaba encapuchada, prepararon una declaración en la que yo reconocía mis actividades separatistas y el hecho de ser coordinador de artillería, estaba dispuesto a todo después de ese trato y entonces no importaba. Firmé el papel. Pensé que me iban a llevar a la cárcel como a otra mujer de allí llamada Yulia Michiouka en Mariupol o en otro lugar, pero me soltaron en mitad de la noche. Me llevó a casa un joven soldado ucraniano que estaba asustado por mi aspecto y por lo que me habían hecho. Me dijo que Pravy Sektor seguía en la zona en la que yo vivía y que, aunque el tribunal me hubiera liberado, iba a desaparecer como mucha de la gente de mi pueblo; de hecho, habíamos visto desaparecer a gente como Sergei Vasilyevich Reznik, Vladimir Banderenka o Alexander Uzakov y docenas de otros”.

La Cruz Roja, la ONU y la OSCE lo sabían todo

“Era el 14 de febrero, me fui a casa con órdenes de no salir, pero entendí que tenía que huir. En aquella época, no había pases ni autorizaciones para los autobuses que cruzaban el frente, así que simplemente cogí mi bolso, el dinero que tenía y me subí a un autobús. Fue entre el 16 y el 18 de febrero de 2015. Como aún no estaba registrado en los cruces, crucé la línea del frente con el miedo en el estómago y me encontré en Donetsk el mismo día. Desde entonces vivo en un albergue del gobierno y con ayuda humanitaria de la Federación Rusa y de mi hija. Encontré un trabajo como cocinero, pero por un salario de 1.730 rublos a tiempo parcial, estoy sobreviviendo. Todas mis pertenencias se han quedado en la zona ocupada. Me escuchó Charline Frantz, una trabajadora de la Cruz Roja suiza, y también un comisario de la ONU, también había un francés, quizás de la Unión Europea, tengo su tarjeta de visita en alguna parte… Una cosa es cierta: escucharon mi testimonio, pero no lo vi venir”.

El testimonio de Natacha termina de nuevo tras los pasos de la Cruz Roja, con Charline Frantz. Pero también con la ONU y con funcionarios europeos, probablemente de la OSCE. En las altas esferas, las autoridades europeas y occidentales, por no hablar de la Cruz Roja, lo saben, por lo que conocen la verdad sobre las torturas, las violaciones, las ejecuciones. Mientras tanto, los periodistas siguen negando el horror de los terribles actos cometidos por Kiev, su ejército, sus servicios de seguridad y hasta ahora ninguno de los corresponsales de los grandes medios de comunicación ha salido con el más mínimo testimonio, aunque esté al alcance de la mano, sobre los crímenes contra la humanidad que son perpetrados por Ucrania en el Donbass y en Ucrania. ¿Continuará el silencio por mucho tiempo?

Seis años después, no sólo sigue el silencio… sino que los periodistas utilizan la desinformación y la edición proporcionada por Ucrania para intentar invertir los papeles.

Laurent Brayard https://www.donbass-insider.com/fr/2022/05/12/natacha-viols-et-tortures/

1945: la rendición de la Alemania nazi

En 1943, los estadounidenses, los británicos y los soviéticos acordaron que la rendición de la Alemania nazi no se negociaría por separado y que sería incondicional. A principios de la primavera de 1945, Alemania estaba prácticamente derrotada y los Aliados se preparaban para recibir colectivamente su rendición incondicional. Pero, ¿dónde tendría lugar esta ceremonia de rendición: en el Frente Oriental o en el Frente Occidental?

Aunque sólo sea por razones de prestigio, los aliados occidentales preferían que la Alemania nazi reconociera su derrota en algún lugar del frente occidental. Las conversaciones secretas que británicos y estadounidenses mantenían ya en ese momento (es decir, en marzo de 1945) con los alemanes en la neutral Suiza, en flagrante violación de los acuerdos aliados y con el nombre en clave de Operación Sunrise, prometían ser útiles en este contexto. Podrían conducir a una rendición alemana en Italia, que era el objetivo original de las conversaciones, pero también podrían conducir a un acuerdo sobre la futura rendición alemana, una rendición general y supuestamente incondicional. Los detalles intrigantes, como el lugar de la ceremonia, podrían determinarse de antemano y sin la participación de los soviéticos. De hecho, había muchas posibilidades en este sentido, ya que los propios alemanes seguían acercándose a los estadounidenses y a los británicos con la esperanza de concluir un armisticio por separado con las potencias occidentales o, si esto resultaba imposible, llevar al cautiverio estadounidense o británico el mayor número posible de unidades de la Wehrmacht mediante rendiciones “locales”, es decir, la rendición de unidades menores o mayores del ejército alemán en zonas restringidas del frente.

La Gran Guerra de 1914-1918 terminó con un armisticio claro e inequívoco, que tomó la forma de una rendición incondicional de Alemania. La capitulación se firmó en el cuartel general del mariscal Foch, en el pueblo de Rethondes, cerca de Compiègne, el 11 de noviembre, poco después de las 5 de la mañana, y los cañones callaron a las 11 de esa misma mañana. La Segunda Guerra Mundial, en cambio, terminó, al menos en Europa, en intriga y confusión. Tanto es así que aún hoy circulan muchas ideas erróneas sobre el momento y el lugar de la rendición alemana. De hecho, la Segunda Guerra Mundial terminó en el teatro europeo no con una, sino con una serie de rendiciones alemanas, una verdadera orgía de rendición. E incluso después de las firmas, a veces se tardaba mucho tiempo en terminar las hostilidades.

Todo comenzó en Italia el 29 de abril de 1945, con la rendición de todos los ejércitos de Alemania en el suroeste de Europa a las fuerzas aliadas dirigidas por el mariscal de campo británico Harold Alexander. La ceremonia tuvo lugar en la ciudad de Caserta, cerca de Nápoles. Entre los firmantes del lado alemán estaba el general de las SS Karl Wolff. Fue él quien dirigió las negociaciones con los agentes secretos estadounidenses en Suiza sobre cuestiones delicadas como la neutralización de los antifascistas italianos; en los planes americano-británicos para la Italia de la posguerra, no había lugar para estos antifascistas. Stalin había descubierto esta “Operación Amanecer” y expresó su aprensión por el acuerdo que se estaba elaborando entre los aliados occidentales y los alemanes en Italia. Sin embargo, finalmente dio su bendición a la rendición. El armisticio se firmó el 29 de abril, pero no preveía un alto el fuego hasta el 2 de mayo. Esto daría a los estadounidenses o británicos el tiempo suficiente para dirigirse a Trieste, donde las tropas alemanas luchaban contra los partisanos yugoslavos de Tito; Tito tenía buenas razones para creer que Trieste pasaría a formar parte de Yugoslavia después de la guerra, y probablemente tenía en mente el dicho de que la posesión vale por el título. Sin embargo, los estadounidenses y los británicos querían evitarlo. Una unidad neozelandesa llegó a Trieste “tras una frenética carrera desde Venecia” el 2 de mayo y ayudó a obligar a los alemanes de la ciudad a rendirse la noche siguiente. Una crónica neozelandesa del acontecimiento relata de forma eufemística que sus hombres “llegaron justo a tiempo para liberar la ciudad con unidades del ejército de Tito”, pero admite que el objetivo era impedir que los comunistas yugoslavos tomaran Trieste por su cuenta y establecieran su propia administración militar, lo que habría reforzado su derecho a la zona.

En Gran Bretaña, mucha gente sigue creyendo firmemente que la guerra contra la Alemania nazi terminó con la rendición alemana en el cuartel general de otro mariscal de campo británico, Montgomery, en el brezal de Luneburg, en el norte de Alemania. Sin embargo, esta ceremonia tuvo lugar el 4 de mayo de 1945, al menos cinco días antes de que las armas callaran en Europa. Y esta rendición sólo se aplicó a las tropas alemanas que habían estado luchando contra el 21 Grupo de Ejército británico-canadiense de Montgomery en los Países Bajos y el noroeste de Alemania hasta ese momento. Como medida de precaución, los canadienses aceptaron la rendición de todas las tropas alemanas en Holanda al día siguiente, 5 de mayo, en una ceremonia en Wageningen, una ciudad de la provincia de Gelderland, en el este de los Países Bajos. Para los británicos, por supuesto, era importante y gratificante creer que los alemanes habían tenido que suplicar un alto el fuego en el cuartel general de su querido “Monty“; para él, el prestigio asociado al acontecimiento compensaba un poco el hecho de que su reputación había sufrido considerablemente por el fiasco de la Operación Market Garden. Montgomery había patrocinado este intento de cruzar el Rin en la ciudad holandesa de Arnhem en septiembre de 1944.

En Estados Unidos y Europa Occidental, el acontecimiento de Lüneburg Heath se considera, con razón, una capitulación estrictamente local. Es cierto que, en cierto modo, se reconoce como un preludio de la rendición final alemana y del consiguiente alto el fuego. Pero para los estadounidenses, los franceses, los belgas y otros, esta rendición final de Alemania tuvo lugar en el cuartel general del general Eisenhower, comandante supremo de todas las fuerzas aliadas en el Frente Occidental, en un modesto edificio escolar de la ciudad de Reims en las primeras horas del 7 de mayo de 1945. Sin embargo, el armisticio no iba a entrar en vigor hasta el día siguiente, el 8 de mayo, y sólo a las 23.01 horas. Por esta razón, las ceremonias conmemorativas en Estados Unidos y Europa Occidental siguen celebrándose el 8 de mayo.

Por muy importante que fuera, el acto de Reims no era todavía la ceremonia de rendición definitiva. De hecho, con el permiso del sucesor de Hitler, el almirante Dönitz, los portavoces alemanes habían llamado a la puerta de Eisenhower para intentar una vez más concluir un armisticio sólo con los aliados occidentales o, en su defecto, intentar rescatar más unidades de la Wehrmacht de las garras soviéticas mediante rendiciones locales en el Frente Occidental. Eisenhower no estaba personalmente dispuesto a consentir más rendiciones locales, y mucho menos una rendición general de Alemania sólo ante los Aliados Occidentales. Pero apreciaba las posibles ventajas para el bando occidental si de alguna manera el grueso de la Wehrmacht acababa en cautividad británica y estadounidense en lugar de con los soviéticos. Además, se dio cuenta de que se trataba de una oportunidad única para inducir a los desesperados alemanes a firmar la rendición general e incondicional en su cuartel general en forma de documento conforme a los acuerdos interaliados; este detalle, obviamente, haría mucho por mejorar el prestigio de Estados Unidos.

En Reims, por lo tanto, se jugó un escenario bizantino. En primer lugar, un oscuro oficial de enlace soviético, el general de división Ivan Susloparov, llegó desde París para salvar la apariencia de la necesaria colegialidad aliada. En segundo lugar, aunque los alemanes tenían claro que no se podía hablar de una rendición por separado en el Frente Occidental, se hizo una concesión en forma de acuerdo para que el armisticio no entrara en vigor hasta pasadas cuarenta y cinco horas. Esto se hizo en respuesta al deseo de la nueva dirección alemana de dar al mayor número posible de unidades de la Wehrmacht una última oportunidad de rendirse a los estadounidenses o a los británicos. Este intervalo dio a los alemanes la oportunidad de transferir tropas desde el este, donde los intensos combates continuaban sin cesar, al oeste, donde, tras las ceremonias de firma en Lüneburg y luego en Reims, casi no se disparó más. Los alemanes, cuya delegación estaba encabezada por el general Jodl, firmaron el documento de rendición en el cuartel general de Eisenhower a las 2.41 horas del 7 de mayo, pero los cañones no debían ser silenciados hasta las 11.01 horas del 8 de mayo. Y sólo después de que la capitulación alemana se hiciera efectiva, los comandantes locales estadounidenses dejaron de permitir que los alemanes que huían escaparan detrás de las líneas aliadas occidentales. Por lo tanto, se puede decir que el acuerdo alcanzado en la ciudad de Champagne no fue una rendición completamente incondicional.

El documento firmado en Reims dio a los estadounidenses precisamente lo que querían, es decir, el prestigio de una rendición general alemana en el Frente Occidental en el cuartel general de Eisenhower. Con su sueño de una rendición a los aliados occidentales solo aparentemente fuera de alcance, los alemanes también obtuvieron lo mejor que podían esperar: un “aplazamiento de la sentencia”, por así decirlo, de casi dos días. Mientras tanto, los combates continuaron casi exclusivamente en el frente oriental, y un sinnúmero de soldados alemanes aprovecharon la oportunidad para desaparecer detrás de las líneas británico-estadounidenses.

Sin embargo, el texto de la capitulación de Reims no era del todo coherente con la redacción de una capitulación general alemana acordada anteriormente por los estadounidenses y británicos y los soviéticos. También es dudoso que el representante de la URSS, Susloparov, estuviera realmente cualificado para cofirmar el documento. Además, es comprensible que los soviéticos no estuvieran nada contentos de que se permitiera a los alemanes seguir luchando contra el Ejército Rojo durante casi dos días más, mientras que en el Frente Occidental la lucha estaba prácticamente terminada. Todo esto dio la impresión de que lo que se había firmado en Reims era en realidad una rendición alemana sólo en el Frente Occidental, un acuerdo que violaba los acuerdos aliados. Para aclarar las cosas, se decidió celebrar una ceremonia de rendición final, de modo que la rendición alemana en Reims se revelara retroactivamente como una especie de preludio de la rendición final y/o como una rendición puramente militar, aunque los estadounidenses y los europeos occidentales siguieran conmemorándola como el verdadero final de la guerra en Europa.

Fue en Berlín, en el cuartel general del mariscal Zhukov, donde se firmó la rendición política y militar definitiva y general de Alemania el 8 de mayo de 1945; o lo que es lo mismo, que la rendición alemana concluida el día anterior en Reims fue debidamente ratificada por todos los aliados. Los firmantes por parte de Alemania, siguiendo las instrucciones del almirante Dönitz, fueron los generales Keitel, von Friedeburg (que también estuvo presente en Reims) y Stumpf. Como Zhukov tenía un rango militar inferior al de Eisenhower, éste tenía una excusa perfecta para no asistir a la ceremonia en los escombros de la capital alemana. Envió a su adjunto británico, el mariscal de campo Tedder, a la firma, lo que obviamente restó brillo a la ceremonia de Berlín en favor de la de Reims. Para los soviéticos y la mayoría de los europeos del Este, la Segunda Guerra Mundial en Europa terminó con la ceremonia de Berlín del 8 de mayo de 1945, que condujo a la deposición de las armas al día siguiente, el 9 de mayo. Para los estadounidenses, y para la mayoría de los europeos occidentales, “lo real” fue y sigue siendo la rendición de Reims, firmada el 7 de mayo y efectiva el 8 de mayo. Mientras que los primeros siempre conmemoran el final de la guerra el 9 de mayo, los segundos lo hacen invariablemente el 8 de mayo. En cuanto a los holandeses, lo celebran el 5 de mayo, fecha de la ceremonia en la sede canadiense de Wageningen. Que uno de los mayores dramas de la historia del mundo haya llegado a un final tan confuso e indigno en Europa es consecuencia, como escribe el historiador estadounidense Gabriel Kolko, de la forma en que los estadounidenses y los británicos trataron de obtener todo tipo de ventajas, grandes y pequeñas, para sí mismos -a costa de los soviéticos- de la inevitable rendición alemana.

La razón por la que nunca se firmó un verdadero tratado de paz con Alemania fue que los vencedores -los aliados occidentales, por un lado, y los soviéticos, por otro- no pudieron ponerse de acuerdo sobre el destino de Alemania. Como resultado, pocos años después de la guerra, surgieron dos estados alemanes, lo que descartó de hecho la posibilidad de un tratado de paz que reflejara un acuerdo aceptable para todas las partes implicadas. Un tratado de paz con Alemania podría haber permitido resolver definitivamente todas las cuestiones pendientes después de la guerra, como la cuestión de la frontera oriental de Alemania. Pero tal acuerdo sólo fue factible cuando la reunificación de las dos Alemanias se convirtió en una propuesta realista, es decir, tras la caída del Muro de Berlín. Esto hizo posible las negociaciones “Dos más Cuatro” del verano y otoño de 1990. En el transcurso de estas negociaciones, los dos estados alemanes, por un lado, encontraron formas de reunificar Alemania. Por otra parte, los cuatro grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial -Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética- impusieron sus condiciones a la reunificación de Alemania y aclararon el estatus del país recién reunificado, teniendo en cuenta no sólo sus propios intereses, sino también los de otros Estados europeos afectados, como Polonia. Como resultado de estas negociaciones, se firmó un convenio en Moscú el 12 de septiembre de 1990. Aunque sólo sea por eso, puede considerarse el tratado de paz que puso fin oficialmente a la Segunda Guerra Mundial, al menos en lo que respecta a Alemania.

Fue entonces, en 1990, cuando los soviéticos se comprometieron a retirar sus tropas de todos los países de Europa del Este que habían sido sus “satélites”, y han cumplido esa promesa; también disolvieron el Pacto de Varsovia. Las tropas estadounidenses, en cambio, han permanecido en Alemania desde entonces, y el Congreso de Estados Unidos acaba de decidir formalmente que permanecerán allí indefinidamente, a pesar de que la mayoría de los alemanes desearían que los yanquis regresaran a casa. Estados Unidos tampoco ha respondido a la disolución del Pacto de Varsovia con la disolución de la OTAN. Esta alianza se había creado supuestamente para defender a Europa de una amenaza soviética, y esa amenaza había dejado de existir. Además, Washington incumplió su promesa de no ampliar la OTAN hasta las fronteras de Rusia a cambio de la retirada de las tropas del Ejército Rojo; en su lugar, Polonia, los países bálticos y la República Checa, entre otros, fueron inscritos como miembros de la alianza. Con la OTAN sirviendo claramente a propósitos ofensivos, incluso en lugares lejanos como Afganistán, el empuje de la alianza en las partes orientales de Europa parecía cada vez más amenazante para los rusos. No es difícil entender por qué Moscú consideró inaceptable la prevista integración de Ucrania en la OTAN. Así es como surgió la actual guerra en Ucrania. Esperemos que este conflicto, a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, termine pronto con un armisticio inequívoco y un sólido tratado de paz.

Jacques R. Pauwels http://www.jacquespauwels.net/

8 de mayo de 2022. Un luminoso Día de la Victoria contra el fascismo en Madrid

Hoy hemos vivido en Madrid una jornada histórica.

Este domingo, 8 de mayo, y por séptimo año consecutivo, se convocaba la Marcha del Regimiento Inmortal, por la comunidad Rusa de Madrid y, esta vez, apoyada por diversas organizaciones políticas y movimientos sociales.

La Marcha, como todos los años, tenía como objetivo conmemorar el Día de la Victoria del Ejército Rojo contra el fascismo, concretada en la firma de la capitulación incondicional del ejército alemán ante la URSS, así como honrar la memoria de los héroes y de los 27 millones de muertes con las que el pueblo soviético pagó su gigantesca hazaña.

Este año era muy especial.

La propaganda de guerra y la denigración de todo lo ruso  efectuadas por el Gobierno «progre»  repetidas clonicamente por todos los grandes medios de comunicación , venían fabricando un ambiente enrarecido. 

Todo ello era utilizado por el importante grupo de fascistas ucranianos, que siguiendo la senda de sus homólogos en Ucrania, venían acosando con  todo tipo de amenazas a toda persona que defendiera y se considerara parte de la cultura rusa y de su lengua.

Todo ello se exacerbó los días previos a la Marcha que había sido comunicada a la Delegación del Gobierno, recibiendo respuesta positiva, pese a las presiones en contra de los fascistas que llegaron hasta la reina Leticia (sic). 

Los nazis convocaron una concentración en el lugar de comienzo de la Marcha a la misma hora que fue prohibida.

El pánico que se generó y la rusofobia cuidadosamente fabricada por el poder, disuadieron a muchas personas de asistir. Aún así, cerca de 1000 personas, con la conciencia de estar llevando a la práctica los ideales y objetivos de quienes nos precedieron y dieron su vida en la lucha contra el fascismo, llenamos el Paseo del Prado, tensos y alegres y, sobre todo, con la sensación del deber cumplido.  

No fuimos pocos los hombres y mujeres de Madrid, y venidos también de otras ciudades del Estado, los que hemos desfilado portando con orgullo el estandarte con la foto de los numerosos combatientes republicanos caídos en las filas de Ejército Rojo, mientras intentábamos acompañar las hermosísimas canciones de la Gran Guerra Patria.

Muchas cosas unen a nuestros pueblos. Hoy, otra vez, nos hermanan la lucha contra el fascismo y contra el imperialismo.

Judíos y nazis

Los rusos han logrado en Ucrania lo que no consiguieron en Siria: enfadar a los sionistas. El asunto comenzó con unas declaraciones de Lavrov ante una pregunta tópica: ¿cómo es posible calificar a Ucrania de Estado fascista si su Presidente es judío?

La pregunta recupera un debate lastimoso en el que se asimila el fascismo al antisemitismo. Extrañamente, en una entrevista con un medio italiano, Lavrov quiso salir del atolladero de la peor manera posible: equiparando a Zelensky con Hitler, del que dicen que por sus venas corría la “sangre judía”, igual que por la de otros corre sangre musulmana, o cristiana, o budista.

A partir de ahí esos debates se pierden en un océano de disparates, en el que se adentra el portavoz oficial del Kremlin, Dmitry Peskov, con un comunicado en el que asegura que el 40 por cien de los judíos que murieron en los campos de concentración del III Reich eran “ciudadanos rusos”. Pero, ¿eran rusos o eran soviéticos?, ¿los asesinaron por ser judíos o por ser soviéticos?, ¿por las dos cosas quizás?

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Yair Lapid, se empeña en darle la razón a Lavrov: el actual gobierno israelí apoya al régimen nazi de Kiev, que es tanto como acusar a una parte de los propios judíos, los sionistas, de antisemitismo.

El ministro israelí declaró literalmente: “Los judíos no se asesinaron [a sí mismos] durante el Holocausto. Culpar a los judíos del antisemitismo es un nivel flagrante de racismo contra los judíos”. A las arenas pantanosas del antisemitismo se le suma otro tópico aún peor: la Segunda Guerra Mundial fue provocada por un odio cerril de los nazis hacia los judíos, a los que intentaron exterminar.

Así es como se ha creado la leyenda de que nazis y judíos siempre estuvieron y estarán en bandos separados. Donde hay judíos no puede haber nazis, y a la inversa.

En medio de la Guerra de Ucrania, la polémica es un como un concurso de torpes, empeñados en parapetarse detrás de los actores del drama que, como Zelensky, son poco más que figurantes. Pero los figurantes tienen cierta importancia porque ayudan a cambiar el decorado. En la actualidad Zelensky encubre la verdadera naturaleza del Estado ucraniano detrás de sus orígenes judíos, y lo mismo hace otro nazi, el Presidente de Letonia, que también tiene raíces judías, a pesar de lo cual los desfiles de las Waffen SS no plantean ningún obstáculo, como tampoco a la OTAN o a la Unión Europea.

Afortunadamente Ucrania ha perdido la guerra, pero si la ganara, los sionistas se harían las víctimas porque en sus propios informes sobre el antisemitismo en el mundo, Ucrania ha ocupado siempre el primer lugar en cuanto al número de agresiones nazis contra museos, sinagogas y cementerios.

En 2017 el informe del ministro de Relaciones con la Diáspora de Israel, Naftali Bennett, que ahora es Primer Ministro, indicó que en Ucrania se había multiplicado el número de actos de vandalismo en monumentos conmemorativos y lugares sagrados de los judíos.

El Congreso Judío Mundial catalogó al partido ucraniano Svoboda, encabezado por Oleg Tyagnibok, como una organización neonazi, lo que no impidió que se convirtiera en el cuarto partido del Parlamento de Kiev en 2012.

Israel ha cometido una torpeza de alcance histórico. El gobierno israelí ha entregado armas, municiones y enviado asesores militares a Ucrania. Los mercenarios israelíes están integrados en las unidades neonazis ucranianas, como Kraken o la milicia “Libertad”, formada por miembros de Svoboda.

Si los sionistas pasan el día rodeados de nazis, no deberían lamentar que les acusen de ser uno de ellos, por más que se escondan tras el “menorah”. No podrán decir que no son cómplices del antisemitismo. Si las armas que han suministrado a Ucrania se vuelven contra ellos, no podrán excusarse diciendo que no sabían quién iba a apretar el gatillo y quién iba a ser la víctima.

Finalmente, que los dirigentes israelíes condenen los supuestos “crímenes de guerra” cometidos por los rusos en Ucrania, confirma el deterioro de las relaciones entre ambas partes. Pero es un sarcasmo brutal que Israel, un Estado colonial edificado sobre la limpieza étnica, acuse de crímenes de guerra a nadie.

El brutal batallón neonazi ucraniano Aydar, maestros de torturas y atracos

Durante años, el batallón neonazi Aydar tuvo aterrorizado no solo a la población civil del este de Ucrania, sino incluso a los agentes de seguridad. Y no es para menos: bajo la vista gorda del Estado tenía su propia cárcel y centro de torturas y cuando operaba en el área, cientos de personas desaparecían sin dejar rastro.

Aunque el grupo empezó como un batallón de voluntarios en la lucha contra el Donbás, acabó siendo una parte del ejército de Ucrania que durante años se dedicó a los atracos, violaciones, secuestros y torturas.

Actualmente el grupo neonazi ucraniano que  forma parte del ejército de Ucrania. Es el 24 batallón de asalto, conocido mejor como Aydar, el grupo neonazi para el cual las leyes no existen.

“No es Europa. Es un poco distinto… Estamos en guerra. La ley cambió, los procedimientos se han simplificado. Si quiero, puedo arrestarte aquí mismo, ponerte un saco sobre la cabeza y encerrarte en un sótano por 30 días por sospecha de que ayudas a los separatistas”, dijo el comandante del batallón Aydar a un representante de Amnistía Internacional.

Un grupo neonazi temido por la policía

Los casos en los que distintos grupos neonazis perpetran crímenes a plena vista de las autoridades no son algo nuevo, y en muchos de estos casos, los agentes de las fuerzas de seguridad simplemente no se oponían a lo que veían. Un ejemplo de ello fueron los ataques del infame S14. Sin embargo, en el caso del batallón Aydar todo es diferente.

Los agentes de policía no se oponían a los extremistas del batallón Aidar por compartir su postura, sino porque literalmente les tenían miedo, y había buenas razones para sentir temor.

El 15 de enero de 2015 tres integrantes del grupo extremista se emborracharon en el café del poblado Polovinkino y empezaron a disparar indiscriminadamente con sus fusiles de asalto. Los agentes de policía tuvieron que acudir al lugar y detener a los alborotadores, pero tan solo una hora más tarde la comisaría donde los tenían detenidos se convirtió en un escenario de una película de Hollywood.

Los compañeros de los neonazis detenidos rodearon el edificio. Estaban armados con fusiles de asalto, granadas de mano y lanzagranadas. Su exigencia era simple: que liberen a sus compañeros de inmediato. Ante tales circunstancias, los agentes de la policía se vieron obligados a obedecer.

Otro caso tuvo lugar el 29 de marzo de 2015 cuando dos policías fueron baleados con fusiles de asalto mientras se encontraban en su auto. Según múltiples testimonios, así como el informe de los propios agentes, los atacantes estaban en un vehículo que llevaba los símbolos del batallón Aydar.

De hecho, la situación llegó a tal punto que el gobernador de la región de Lugansk, Genadi Móskal, tuvo que recurrir al ministro de Defensa, al jefe del Cuartel General, al ministro de interiores y al fiscal general de Ucrania. Móskal pidió a Kiev que se pusiera fin al desmadre total perpetrado por los miembros del batallón.

Los neonazis imponen su voluntad al gobierno

El miedo sentido por los agentes de la policía de la región de Lugansk es totalmente comprensible, pues el batallón Aydar no solo salía impune de sus crímenes, sino también lograba imponer su voluntad a los dirigentes del país. Aquí destacan dos casos prominentes que muestran la fuerza real que ejerce el grupo a pesar de carecer de representantes en el Parlamento.

Un caso de presión involucró al propio presidente del país, que en aquel entonces era Petro Poroshenko. El 20 de junio de 2014 el mandatario anunció un alto al fuego en el este de Ucrania. La respuesta de los grupos ultraderechistas no se hizo esperar: el día 29 los integrantes de los batallones Dnepr, Donbás y Aydar organizaron una manifestación en el centro de Kiev.

Su exigencia era simple: poner fin al armisticio, anunciar un estado de alerta en el país y abastecer con más armamento a los batallones de voluntarios. Dos días más tarde, Poroshenko anunció la reanudación de los combates en Donbás.

Otro caso ocurrió el 29 de enero de 2015 cuando el excomandante del grupo, Serguei Melnichuk, declaró que el batallón había sido formalmente disuelto el día 26. La reacción de los miembros del grupo extremista tampoco se hizo esperar. Ya el 30 de enero los partidarios de Aydar bloquearon una de las principales calles de Kiev e intentaron asaltar el Ministerio de Defensa.

El ataque fue repelido y tras unas negociaciones, el 2 de febrero la órden de disolver el batallón fue cancelada. Un mes más tarde un representante del ministerio de Defensa anunció que sobre la base del batallón voluntario Aydar se había formado oficialmente el 24 batallón de asalto del ejército de Ucrania. Así un grupo neonazi se convirtió oficialmente en parte de las Fuerzas Armadas del país, y lo hizo por su propia voluntad.

‘Fábrica de salchichas’: el infierno creado por Aidar

Quizás uno de los aspectos más notorios en la actividad del batallón es el hecho de que administraba una auténtica cárcel que se parecía más a un campo de concentración o centro de torturas. Las graves secuelas que sufrían los pocos supervivientes le merecieron la fama del infierno sobre la Tierra y el nombre popular de “fábrica de salchichas” por estar en las instalaciones de lo que era antes una fábrica carnicera en el poblado Polovínkino.

En este lugar, que también servía de base para el batallón (con la llegada de las tropas rusas huyeron de allí), acababan muchas personas: combatientes de la República Popular de Lugansk, presuntos colaboradores de los separatistas y civiles a los que extorsionaban. Obviamente, en función de cada caso el objetivo de la retención y de las torturas variaba.

—https://mundo.sputniknews.com/20220505/1125146509.html (censurado desde España)
https://www.elextremosur.com/nota/37234-maestros-de-torturas-y-atracos-el-brutal-batallon-neonazi-ucraniano-aidar/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies